Las noticias estos días en Afganistan son como mínimo preocupantes, y potencialmente pueden representar el principio de otra larga pesadilla de insurgencias y guerrillas en un país con un largo historial de violencia.
Algo que no es demasiado extraño, si uno mira las cifras. Los talibanes, siendo muy generoso, tienen 20.000 milicianos en armas; los aliados 53.000. El problema para las tropas internacionales es que Afganistan es un país un poco más grande que España, rematadamente montañoso, y con una larga tradición de meter el dedo en el ojo a cualquier ejército que pase por ahí haciendo turismo. Hay mucho sitio, y muchos montes, donde esconderse, especialmente cuando el ejército que se supone debe perseguir guerrilleros está bajo el mando de una pila de democracias con pocas ganas de juerga.
La opinión pública de la mayoría de países occidentales andan bastante escasos de entusiasmo militar estos días. Allá por el 2001 casi nadie se opuso a la invasión de Afganistan, en gran parte porque tenía sentido hacerlo. Incluso los alemanes, que después de 1945 no habían movido un dedo militarmente ni una sóla vez, se apuntaron a la juerga.
El problema llegó más tarde, el 2003, cuando los Estados Unidos y cuatro amigotes se lanzaron a por Irak, y dieron a las aventuras exteriores una mala imagen. Las democracias son, tradicionalmente, muy efectivas ganando guerras; los políticos saben que los votantes entienden qué es ganar y qué es perder cuando se trata de liarse a tiros, así que los dirigentes sólo se meten a tortas si saben que van a ganar. Tras el patético fracaso americano en Irak (al paso que van, habrán conseguido que Irán tenga un amigo nuevo en la región, nada más), los votantes de muchas democracias occidentales han empezado a mirar el conflicto afgano como una potencial repetición del desastre en el Tigris y Eufrates. Si los nativos están cabreados con nosotros, hacemos las maletas y para casa.
Lo que es una lastima, porque es una guerra que sí es relevante, y sí necesita todo el apoyo que uno puede ofrecer. Es cierto que los americanos han cometido un error tras otro, concentrando fuerzas donde no pueden ganar ya (y no, un Irak estable y amigo de Irán no es una victoria) y dejando de lado el territorio que realmente se puede convertir en fuente de problemas.
Cuando hablamos de potenciales enemigos es casi obligado hacer una distinción entre dos potenciales riesgos. El primero es viejo, conocido y relativamente fácil de controlar: el viejo estado-nación. Es Rusia, Irán, o China; un gobierno más o menos organizado, un territorio, unos cuantos millones de personas detrás, y la idea más o menos clara que no les caemos bien, quieren ser más poderosos, pero que son relativamente racionales al pelear con nosotros. Un estado nación puede ser malvado, pero no es estúpido; entiende los mensajes básicos del palo y la zanahoria, y no usará la violencia a no ser que no tenga otra salida.
El segundo problema es -relativamente- nuevo, y parece que los Estados Unidos no han acabado aún de entenderlo del todo: los no estados. Grupos de locos detrás de una idea que viven en lugares sin estado; lo suyo es usar la violencia como propaganda y punto, sin tener miedo que alguien tome represalias contra su organización. Básicamente, porque no tienen ninguna: tienen militantes y tienen sus tiendas de campaña, pero no tienen súbditos / ciudadanos que defender o territorio (industrias, infraestructuras, granjas) que cubrir. Lo suyo es hacer anuncios a bombazos, debilitar gobiernos (que sí tienen que defender cosas) y ver su idea cuaja.
Este segundo grupo es fácil de contener en cierto sentido, pero difícil de extinguir. En España tenemos experiencia en ello: ETA no se va nunca, pero es incapaz de ser nada más que una molestia. Las democracias occidentales pueden sobrevivir el terrorismo; la cuestión es como sacarse la molestia de encima. Para ello es necesario evitar que los terroristas lugares sin estado donde esconderse (complicado) y trabajo policial más o menos a la vieja usanza; quizás con un poco más de entusiamo (si eres el Mossad) si decides que eso del estado de derecho no tiene importancia fuera de tu propio país.
Afganistán es un sitio donde necesitamos que haya un estado de forma desesperada, nos guste o no. Al paso que vamos, parece que será cuestión de esperar a que Estados Unidos decida dejar de perder el tiempo en Irak y se concentré en este frente, pero no sería mala idea que los europeos se pongan las pilas.
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martes, septiembre 02, 2008
lunes, agosto 11, 2008
Telegrama a la rusa
No he hablado demasiado del jaleo que están armando los rusos por Georgia, en parte porque en Estados Unidos no se ha hablado demasiado de ello, en parte porque tenía la vaga esperanza que se aclarara quién empezó bombardeando a quién. Lo cierto es que ambas cuestiones son básicamente irresolubles: los medios americanos no van a prestar atención a nada durante las olimpiadas, y parece relativamente claro que los dos países estaban buscándose las cosquillas desde hacía una temporadita.
Como todo en relaciones internacionales, es un conflicto más complicado de lo que parece, pero esencialmente derivado de una estrategia más o menos racional de los actores implicados. El hecho que los actores sean racionales no implica que uno de ellos no haya cometido un horroroso fallo de cálculo, y que será la víctima en la versión rusa de un telegrama diplomático a sus vecinos.
Georgia parece que estaba más o menos convencida que tenía amigos importantes. La ex-república soviética estaba intentando entrar en la OTAN; en la última cumbre, de hecho, le prometieron que iba a entrar algún día, aunque alemanes y franceses no andaban demasiado entusiasmados. Los Georgianos de hecho tenían (andan desesperados por sacarlos de allí ahora) 2.000 soldados en Irak, jugando a "mejor amigo de los EUA" por Oriente Medio. Por un motivo u otro, los políticos de este pequeño estado parece que estaban bastante convencidos que los Estados Unidos estaban ahí apoyándoles, así que se decidieron a hacer el mandril con Rusia.
El problema, claro está, es que los rusos se olieron que las bravuconadas georgianas eran un farol, y que la OTAN y occidente tienen bien pocas ganas de proteger a nadie ahí abajo; parafraseando a Bismarck, "Osetia no vale los huesos de un solo granadero de Pomerania". De hecho, con Estados Unidos metido en dos guerras y con elecciones presidenciales este año, Bush ni se ha tomado la molestia de volver de China, con lo bien que se lo está pasando.
Los rusos se han lanzado a la guerra por tres muy buenos motivos. El primero, y más obvio, es que la van a ganar de calle; Georgia es un enano militar sin amigos, así que se comerá los tortazos que le den sin poder hacer nada. El segundo, la guerra envía un mensaje muy claro a todas las ex-repúblicas soviéticas / satélites variados que se acabó esto de tomarse el gobierno de Moscú a broma; Rusia no sólo no tiene el más mínimo reparo de dar leña a quien se porte mal, sino que además con el país nadando en petrodólares tiene los recursos para hacerlo.
Tercero, es un mensaje bien claro a la OTAN que la expansión al este tiene un límite muy claro, y no saldrá gratis. Si occidente quiere ampliar la alianza hacia los vecinos de Rusia, defender a esos vecinos no saldrá gratis. Rusia no está para meterse con Polonia, Alemania o Francia, pero los fragmentos de la antigua Unión Soviética son su patio de atrás; en esa región, puede y quiere intervenir. Si la OTAN cree que vale la pena ir a la guerra con Rusia por esos países, estan invitados.
Evidentemente, incluso la Rusia actual, nadando en petrodólares no tiene la más mínima opción de ganar una guerra contra ningún ejercito competente. La cuestión, sin embargo, no es ir a la guerra con Rusia o no, sino la amenaza implícita de sus armas nucleares. Si Rusia está perdiendo un conflicto, siempre puede romper la baraja y romper la vajilla; aunque confíes que no estarán tan locos como para hacerlo, uno tiene que estar muy, muy seguro que está metiéndose en una pelea por un muy buen motivo para correr ese riesgo.
Rusia estos días está lanzando un mensaje bien claro, marcando los límites de su esfera de influencia. La verdad, me parece que no es mala idea hacerles un poco de caso. Hay cosas por las que vale la pena entrar en un conflicto, hay cosas que no. Muchas ex-repúblicas soviéticas entran en la segunda categoría.
Como todo en relaciones internacionales, es un conflicto más complicado de lo que parece, pero esencialmente derivado de una estrategia más o menos racional de los actores implicados. El hecho que los actores sean racionales no implica que uno de ellos no haya cometido un horroroso fallo de cálculo, y que será la víctima en la versión rusa de un telegrama diplomático a sus vecinos.
Georgia parece que estaba más o menos convencida que tenía amigos importantes. La ex-república soviética estaba intentando entrar en la OTAN; en la última cumbre, de hecho, le prometieron que iba a entrar algún día, aunque alemanes y franceses no andaban demasiado entusiasmados. Los Georgianos de hecho tenían (andan desesperados por sacarlos de allí ahora) 2.000 soldados en Irak, jugando a "mejor amigo de los EUA" por Oriente Medio. Por un motivo u otro, los políticos de este pequeño estado parece que estaban bastante convencidos que los Estados Unidos estaban ahí apoyándoles, así que se decidieron a hacer el mandril con Rusia.
El problema, claro está, es que los rusos se olieron que las bravuconadas georgianas eran un farol, y que la OTAN y occidente tienen bien pocas ganas de proteger a nadie ahí abajo; parafraseando a Bismarck, "Osetia no vale los huesos de un solo granadero de Pomerania". De hecho, con Estados Unidos metido en dos guerras y con elecciones presidenciales este año, Bush ni se ha tomado la molestia de volver de China, con lo bien que se lo está pasando.
Los rusos se han lanzado a la guerra por tres muy buenos motivos. El primero, y más obvio, es que la van a ganar de calle; Georgia es un enano militar sin amigos, así que se comerá los tortazos que le den sin poder hacer nada. El segundo, la guerra envía un mensaje muy claro a todas las ex-repúblicas soviéticas / satélites variados que se acabó esto de tomarse el gobierno de Moscú a broma; Rusia no sólo no tiene el más mínimo reparo de dar leña a quien se porte mal, sino que además con el país nadando en petrodólares tiene los recursos para hacerlo.
Tercero, es un mensaje bien claro a la OTAN que la expansión al este tiene un límite muy claro, y no saldrá gratis. Si occidente quiere ampliar la alianza hacia los vecinos de Rusia, defender a esos vecinos no saldrá gratis. Rusia no está para meterse con Polonia, Alemania o Francia, pero los fragmentos de la antigua Unión Soviética son su patio de atrás; en esa región, puede y quiere intervenir. Si la OTAN cree que vale la pena ir a la guerra con Rusia por esos países, estan invitados.
Evidentemente, incluso la Rusia actual, nadando en petrodólares no tiene la más mínima opción de ganar una guerra contra ningún ejercito competente. La cuestión, sin embargo, no es ir a la guerra con Rusia o no, sino la amenaza implícita de sus armas nucleares. Si Rusia está perdiendo un conflicto, siempre puede romper la baraja y romper la vajilla; aunque confíes que no estarán tan locos como para hacerlo, uno tiene que estar muy, muy seguro que está metiéndose en una pelea por un muy buen motivo para correr ese riesgo.
Rusia estos días está lanzando un mensaje bien claro, marcando los límites de su esfera de influencia. La verdad, me parece que no es mala idea hacerles un poco de caso. Hay cosas por las que vale la pena entrar en un conflicto, hay cosas que no. Muchas ex-repúblicas soviéticas entran en la segunda categoría.
miércoles, febrero 27, 2008
Breves notas balcánicas

¿Soy el único que cuando escucho a Rusia oponerse a la partición de Serbia me entra una especie de sudor frío? Sé de sobras que estamos en el 2007 y que el contexto, la tecnología, las alianzas y el mundo en general son radicalmente distintos a esos días de julio de 1914. Aún así, es ligeramente inquietante tener a cancilleres europeos hablando de los Balcanes otra vez, con esos viejos nombres, los recuerdos de tantas guerras y esa alegre indiferencia de muchos comentaristas.
Sinceramente, no creo que todo este jaleo acabe en nada, pero tener la Unión Europea ejerciendo de Austria, los rusos de... bueno, Rusia, y estar otra vez hablando de tortas en una zona donde ya todo el mundo se ha dado demasiadas da un pelín de miedo. La historia, en contra de lo que dicen muchos, no se repite (demasiado). Espero.
En fin, con el Imperio Austro-Húngaro viviamos mejor. Lo dicho. Malditas minorías irredentas....
viernes, diciembre 28, 2007
Pakistán: la hora del miedo
No creo que haga falta repetirlo, pero sí, Benazir Bhutto ha sido asesinada en Pakistán. No me voy a meter a discutir lo específico demasiado. No soy un experto sobre la política del país y la verdad, en días como hoy cuesta encontrar buenos comentaristas; los todólogos salen de hasta debajo de las piedras.
Aún así, vale la pena detenerse a señalar algunas cosas que me parece se están dejando un poco de lado. Primero, me parece curioso escuchar tantos lamentos sobre la desgraciada historia del país, pero tan pocos análisis sobre qué es lo que no ha funcionado, llevando a Pakistán al callejon sin salida en que está metido. India y Pakistán nacen más o menos a la vez en 1947, separándose de forma más bien desordenada tras la ocupación colonial británica. Pakistán perderá más territorio en 1971, cuando Bangladesh se separa con ayuda india, pero los dos países tienen un punto de partida relativamente parecido.
¿Por qué Pakistán se mete en dictaduras constantes, mientras que la India parece ser una democracia más o menos estable? ¿Por qué Pakistán está cerca de la guerra civil, mientras que sus vecinos del sur mantienen al país unido? No es por falta de diversidad en el lado indio, un país con 122 idiomas distintos (sólo contando los que tienen más de 100.000 hablantes), problemas sociales o pobreza general (India es un 30% más rica por cápita; no gran cosa). Incluso los niveles de desigualdad entre ambos paises son parecidos y relativamente moderados (Gini 0.30-0.32) para su nivel de renta. Joder, India tiene incluso un nutrido número de tarados poniendo bombas, pero el conflicto nunca parece llegar a amenazar el país.
Si esperáis que os ilumine con una respuesta, la verdad, me tenéis sobrevalorado. Lo cierto es que no lo tengo nada claro. No creo que se puede atribuir únicamente al islamismo; el planeta está lleno de países con mayoría musulmana que son perfectamente estables. No necesariamente democracias (es lo que tiene esto de la paz a veces), pero que no flirtean con la guerra civil o el cambio de régimen cada dos por tres. Si uno mira la lista de países de de la Conferencia Islámica, Pakistán es remarcablemente pobre, con la mayoría de países por debajo suyo siendo casi igual de patéticos en cuanto estabilidad; aún así, hay algunos miembros más prósperos (caso de Algeria) también adictos a meterse en líos.
Uno puede mirar este problema desde el punto de vista de la ciencia política, el de la democracia como equilibrio. Un sistema político sólo sobrevive si todos los actores implicados aceptan las reglas del juego, y los que no lo hacen no tienen capacidad (o redaños) de atacar el sistema. La democracia sobrevive si todo el mundo que puede atacarla cree que la alternativa autoritaria es o demasiado arriesgada (fracasa tu golpe de estado y eres encarcelado), demasiado cara de mantener (es demasiado caro reprimir a todos esos universitarios cabreados) o ineficiente (las dictaduras son siempre más corruptas). Si sucede lo contrario... golpe de estado al canto.
Pakistán, supongo, tiene el problema de un equilibrio imposible. Los militares creen que la democracia es demasiado arriesgada, ya que acabaría con sus privilegios de oligarquía pudiente. Los radicales islámicos sólo quieren la democracia como un paso intermedio a la teocracia, como hacían los socialistas de antaño. Los militares son lo suficiente fuertes como para derribar democracias de forma consistente, pero no para estabilizar la alternativa. Los islamistas son lo suficiente fuertes como para tener una dictadura contra las cuerdas, pero saben que no sobrevivirían a las urnas, ya que andan lejos de ser mayoritarios.
El resultado es lo que vemos. La dictadura no es capaz de mantener el país estable; no tiene el apoyo de la mayoría, y no es capaz de reprimir unos radicales islámicos que casi disfrutan siendo ejecutados. La democracia no acaba de llegar nunca, ya que los militares no están dispuestos a ceder nada y los islamistas no tienen el más mínimo aprecio por el sistema. Y siendo un país pobre, el coste de un conflicto abierto es relativamente menor, ya que hay literalmente menos riqueza que destruir, y la guerra a base de AK-47 y suicidas es ridículamente barata.
Las acciones de todos los actores metidos en el jaleo en Pakistán son por tanto tristemente racionales. El conflicto existe porque no hay ningún bando capaz de ganarlo, y no hay solución que dé un arreglo aceptable para todos. Los islamistas pueden continuar intentando ganar a base de pegar tiros porque los militares no pueden ganarlos, los militares seguirán metiendo el dedo en el ojo a los demócratas si estar en el ejercito sigue siendo la mejor manera de hacerse rico (el hecho que la economía de Pakistán no esté desarrollada garantiza que eso sea así), y los demócratas no tienen ni las armas, ni el peso social, ni la capacidad de ganar conversos a base de repartir los beneficios de la modernidad y el capitalismo.
¿La solución?. Estaría encantado de compartirla si la supiera. La verdad, no parece que Pakistán sea un sitio propenso a la estabilidad, a no ser que cambien mucho las cosas. Un economía más diversificada, moderna y próspera ayudaría mucho; ser militar debe dejar de ser la mejor manera de hacer dinero. El problema es que el crecimiento no lo puede crear una Musharraf; en eso ha fracasado por completo... pero una democracia no puede hacerlo tampoco, ya que "moriría" rápido en un golpe de estado. Y no hablemos de una teocracia, un billete de primera hacia la irrelevancia económica más profunda.
Parece mentira, pero creo que la salida que pretendía Bhutto (y Estados Unidos), una dictablanda moviéndose poco a poco hacia una democradura, y a largo plazo pasando a ser una democracia era más o menos razonable. El problema, claro está, es que todo el mundo implicado tiene motivos para desconfiar de los otros... y que no ha funcionado.
Malos tiempos para la lírica. Que Dios nos pille confesados.
Aún así, vale la pena detenerse a señalar algunas cosas que me parece se están dejando un poco de lado. Primero, me parece curioso escuchar tantos lamentos sobre la desgraciada historia del país, pero tan pocos análisis sobre qué es lo que no ha funcionado, llevando a Pakistán al callejon sin salida en que está metido. India y Pakistán nacen más o menos a la vez en 1947, separándose de forma más bien desordenada tras la ocupación colonial británica. Pakistán perderá más territorio en 1971, cuando Bangladesh se separa con ayuda india, pero los dos países tienen un punto de partida relativamente parecido.
¿Por qué Pakistán se mete en dictaduras constantes, mientras que la India parece ser una democracia más o menos estable? ¿Por qué Pakistán está cerca de la guerra civil, mientras que sus vecinos del sur mantienen al país unido? No es por falta de diversidad en el lado indio, un país con 122 idiomas distintos (sólo contando los que tienen más de 100.000 hablantes), problemas sociales o pobreza general (India es un 30% más rica por cápita; no gran cosa). Incluso los niveles de desigualdad entre ambos paises son parecidos y relativamente moderados (Gini 0.30-0.32) para su nivel de renta. Joder, India tiene incluso un nutrido número de tarados poniendo bombas, pero el conflicto nunca parece llegar a amenazar el país.
Si esperáis que os ilumine con una respuesta, la verdad, me tenéis sobrevalorado. Lo cierto es que no lo tengo nada claro. No creo que se puede atribuir únicamente al islamismo; el planeta está lleno de países con mayoría musulmana que son perfectamente estables. No necesariamente democracias (es lo que tiene esto de la paz a veces), pero que no flirtean con la guerra civil o el cambio de régimen cada dos por tres. Si uno mira la lista de países de de la Conferencia Islámica, Pakistán es remarcablemente pobre, con la mayoría de países por debajo suyo siendo casi igual de patéticos en cuanto estabilidad; aún así, hay algunos miembros más prósperos (caso de Algeria) también adictos a meterse en líos.
Uno puede mirar este problema desde el punto de vista de la ciencia política, el de la democracia como equilibrio. Un sistema político sólo sobrevive si todos los actores implicados aceptan las reglas del juego, y los que no lo hacen no tienen capacidad (o redaños) de atacar el sistema. La democracia sobrevive si todo el mundo que puede atacarla cree que la alternativa autoritaria es o demasiado arriesgada (fracasa tu golpe de estado y eres encarcelado), demasiado cara de mantener (es demasiado caro reprimir a todos esos universitarios cabreados) o ineficiente (las dictaduras son siempre más corruptas). Si sucede lo contrario... golpe de estado al canto.
Pakistán, supongo, tiene el problema de un equilibrio imposible. Los militares creen que la democracia es demasiado arriesgada, ya que acabaría con sus privilegios de oligarquía pudiente. Los radicales islámicos sólo quieren la democracia como un paso intermedio a la teocracia, como hacían los socialistas de antaño. Los militares son lo suficiente fuertes como para derribar democracias de forma consistente, pero no para estabilizar la alternativa. Los islamistas son lo suficiente fuertes como para tener una dictadura contra las cuerdas, pero saben que no sobrevivirían a las urnas, ya que andan lejos de ser mayoritarios.
El resultado es lo que vemos. La dictadura no es capaz de mantener el país estable; no tiene el apoyo de la mayoría, y no es capaz de reprimir unos radicales islámicos que casi disfrutan siendo ejecutados. La democracia no acaba de llegar nunca, ya que los militares no están dispuestos a ceder nada y los islamistas no tienen el más mínimo aprecio por el sistema. Y siendo un país pobre, el coste de un conflicto abierto es relativamente menor, ya que hay literalmente menos riqueza que destruir, y la guerra a base de AK-47 y suicidas es ridículamente barata.
Las acciones de todos los actores metidos en el jaleo en Pakistán son por tanto tristemente racionales. El conflicto existe porque no hay ningún bando capaz de ganarlo, y no hay solución que dé un arreglo aceptable para todos. Los islamistas pueden continuar intentando ganar a base de pegar tiros porque los militares no pueden ganarlos, los militares seguirán metiendo el dedo en el ojo a los demócratas si estar en el ejercito sigue siendo la mejor manera de hacerse rico (el hecho que la economía de Pakistán no esté desarrollada garantiza que eso sea así), y los demócratas no tienen ni las armas, ni el peso social, ni la capacidad de ganar conversos a base de repartir los beneficios de la modernidad y el capitalismo.
¿La solución?. Estaría encantado de compartirla si la supiera. La verdad, no parece que Pakistán sea un sitio propenso a la estabilidad, a no ser que cambien mucho las cosas. Un economía más diversificada, moderna y próspera ayudaría mucho; ser militar debe dejar de ser la mejor manera de hacer dinero. El problema es que el crecimiento no lo puede crear una Musharraf; en eso ha fracasado por completo... pero una democracia no puede hacerlo tampoco, ya que "moriría" rápido en un golpe de estado. Y no hablemos de una teocracia, un billete de primera hacia la irrelevancia económica más profunda.
Parece mentira, pero creo que la salida que pretendía Bhutto (y Estados Unidos), una dictablanda moviéndose poco a poco hacia una democradura, y a largo plazo pasando a ser una democracia era más o menos razonable. El problema, claro está, es que todo el mundo implicado tiene motivos para desconfiar de los otros... y que no ha funcionado.
Malos tiempos para la lírica. Que Dios nos pille confesados.
martes, noviembre 13, 2007
Diplomacia de país serio
No hace demasiado, Hugo Chávez dije que el presidente de Estados Unidos era el diablo. Lo dijo en Nueva York, delante de literalmente todo el mundo, en las Naciones Unidas. Llamo a consultas Estados Unidos a su embajador? No; Patrick Duddy, su embajador, sigue por Caracas, a pesar que el gran, adorado líder de su país (adorado es un decir; su popularidad anda por debajo de los peores registros de Nixon) fue ultrajado y vejado en público.
Quizás hablar del imperio es dar a España demasiado crédito. En el año 2006, Chávez llamó imperialista a Tony Blair, diciendo que se fuera al infierno. ¿Llamó el Reino Unido a su embajador? No, Catherine Royle sigue ahí. Tampoco hicieron nada, por cierto, después de que cierto ministro de defensa español llamará a su primer ministro "perfecto gilipollas", cosa que no deja de ser una afrenta.
¿Qué clase de país llama su embajador a consultas por esta clase de conflictos? Turquía, cuando la acusan de haber cometido un (muy obvio) genocidio hace 90 años. Polonia, cuando alguien les llamó homófobos. Marruecos, cuando un jefe de estado visita dos ciudades autónomas. Todo países serios, sólidos y que practican la diplomacia al más alto nivel. En otras palabras, el PP está pidiendo que España se dedique a llevar sus relaciones internacionales con el mismo estilo y elegancia que un niño en plena pataleta.
Quizás hablar del imperio es dar a España demasiado crédito. En el año 2006, Chávez llamó imperialista a Tony Blair, diciendo que se fuera al infierno. ¿Llamó el Reino Unido a su embajador? No, Catherine Royle sigue ahí. Tampoco hicieron nada, por cierto, después de que cierto ministro de defensa español llamará a su primer ministro "perfecto gilipollas", cosa que no deja de ser una afrenta.
¿Qué clase de país llama su embajador a consultas por esta clase de conflictos? Turquía, cuando la acusan de haber cometido un (muy obvio) genocidio hace 90 años. Polonia, cuando alguien les llamó homófobos. Marruecos, cuando un jefe de estado visita dos ciudades autónomas. Todo países serios, sólidos y que practican la diplomacia al más alto nivel. En otras palabras, el PP está pidiendo que España se dedique a llevar sus relaciones internacionales con el mismo estilo y elegancia que un niño en plena pataleta.
domingo, noviembre 11, 2007
El Rey pluscuamperfecto
Tras el absolutamente legendario "momento YouTube" que el Rey nos brindó ayer, un comentario rápido. Hay algo casi tan patético como la insistencia e insultos de Chávez: la espectacular, y totalmente fuera de lugar, adoración unánime al Rey en todo este asunto.
Primero de todo, el Rey no estuvo en su papel. Juan Carlos no es un cargo electo, y no tiene autonomía ni autoridad para ir por el mundo tomando decisiones sobre política exterior. En cumbres de este estilo, el Rey es un repetidor solemne de las líneas que le pasan desde Moncloa y el ministerio de exteriores, y listo. Lo de ayer, por mucho que Chávez sea un imbécil, no es algo que deberíamos haber visto. Fue una reacción cascarrabias y lejos de la solemnidad del evento. Por mucho que el presidente venezolano sea un impresentable, el jefe de estado no debe comportarse como uno que está hablando de política en un bar.
Lo aún más triste es el hecho que los medios estén dando toda la coba del mundo al Rey, y estén ignorando a quien realmente tomó la palabra y estaba poniendo las cosas en su sitio, Zapatero. Esto sonará a socialista pelota desbocado, pero me parece bastante obvio: el presidente español estaba defendiendo con buenas maneras a un tipo que le ha llamado de peligro público para arriba, y realmente estaba poniendo a Chávez en su sitio. Para un populista patético como es el venezolano, que la aristrocracia más alta de la antigua potencia colonial te diga que te calles es casi un regalo del cielo. Zapatero estaba haciendo lo que debía, no el Rey.
Y no, todo esto no es culpa de Zapatero. La reacción del PP es sencillamente absurda. La culpa que el presidente de Venezuela sea un imbécil, aunque parezca mentira, no es del inquilino de la Moncloa.
Primero de todo, el Rey no estuvo en su papel. Juan Carlos no es un cargo electo, y no tiene autonomía ni autoridad para ir por el mundo tomando decisiones sobre política exterior. En cumbres de este estilo, el Rey es un repetidor solemne de las líneas que le pasan desde Moncloa y el ministerio de exteriores, y listo. Lo de ayer, por mucho que Chávez sea un imbécil, no es algo que deberíamos haber visto. Fue una reacción cascarrabias y lejos de la solemnidad del evento. Por mucho que el presidente venezolano sea un impresentable, el jefe de estado no debe comportarse como uno que está hablando de política en un bar.
Lo aún más triste es el hecho que los medios estén dando toda la coba del mundo al Rey, y estén ignorando a quien realmente tomó la palabra y estaba poniendo las cosas en su sitio, Zapatero. Esto sonará a socialista pelota desbocado, pero me parece bastante obvio: el presidente español estaba defendiendo con buenas maneras a un tipo que le ha llamado de peligro público para arriba, y realmente estaba poniendo a Chávez en su sitio. Para un populista patético como es el venezolano, que la aristrocracia más alta de la antigua potencia colonial te diga que te calles es casi un regalo del cielo. Zapatero estaba haciendo lo que debía, no el Rey.
Y no, todo esto no es culpa de Zapatero. La reacción del PP es sencillamente absurda. La culpa que el presidente de Venezuela sea un imbécil, aunque parezca mentira, no es del inquilino de la Moncloa.
viernes, noviembre 09, 2007
La crisis financiera se vuelve "interesante"
Quién le ha visto y quién le vé. El euro, esa monedita de la que tanto listillo se mofaba cuando andaba a 0,83 céntimos de dólar, hoy ha superado $1,47 en su tipo de cambio. Igual que el tener el euro por allá abajo no quería decir gran cosa sobre los actores implicados en el 2001, lo cierto es que este dato, por si sólo, no nos aporta demasiado. Es necesario ver de dónde viene, y hacia dónde nos lleva una cifra como esta para entender qué está pasando.
Por una vez, no todo es culpa de las hipotecas. Estan han jugado un papel importante, pero parte el tremendo cambio en los tipos de cambio en los últimos meses viene de fuera de Estados Unidos; más concretamente de China, y su cada vez más tozudo aprecio por mantener su moneda ridículamente depreciada.
A china le gusta que el yuan, su moneda, no sea demasiado cara. Los costes de sus fábricas son en su propia moneda, y el crecimiento de su economía se basa en exportar tanto como pueden. Si a la ventaja competitiva de tener salarios bajos se le añade tener una moneda que es un saldo los productos que exportan se venden sólos.
El problema, claro está, es que mantener la moneda artificialmente baja genera desequilibrios. China exporta muchísimo; eso se traduce en una balanza de pagos con un superávit enorme. En condiciones normales, todas estas divisas que el país recibe cuando otros compran sus trastos entrarían en la economía y se convertirían a moneda local. Esto crea una demanda de yuanes, ya que hay gente que quiere cambiar sus dólares o euros a esta moneda para poder gastarlo dentro del país, más demanda, sube el precio, y la moneda gana valor.
El problema es que las autoridades chinas no quieren que eso suceda, al menos de momento. El país se está haciendo de oro a base de exportar, ¿para qué frenar este crecimiento con una apreciación que genera paro?. Lo que hace el banco central chino en este caso es coger las divisas, quedárselas, e imprimir más moneda china, sin "pagar", digamos, el precio derivado de la mayor demanda en moneda local. No convierten divisas en yuanes, imprimen nueva moneda, manteniendo la moneda depreciada a base de crear liquidez e inflación. Dado que el crecimiento de la productividad en China es considerable, los precios si bien han subido no se han salido de madre (con excepciones; el mercado inmobiliario parece Benidorm), pero eso no puede durar eternamente.
¿Cuál es el resultado de todo esto? Si hay un desequilibrio y uno de los dos lados de la ecuación no está ajustando, es obvio que el peso del cambio caerá únicamente en el otro. Estados Unidos, importador feroz hasta hace no mucho tiempo (y con un déficit comercial gigante, gracias a su sobrevalorada moneda) ha empezado el ajuste: si China exporta demasiado y no aprecia su moneda, seremos nosotros los que tenemos una depreciación monstruosa.
Mientras tanto la zona euro, otra región tradicionalmente exportadora, ve como su moneda ajusta al alza de manera desproporcionada; China está "secando" el mercado de divisas, pero Europa no lo hace, así que su moneda toma digamos un rebote "doble" siguiendo el ajuste del dólar. No es que el euro esté muy, muy fuerte; es el hecho que el dólar está depreciándose más de lo que lo haría normalmente dada la tozudez de los chinos.
¿Escenarios de futuro? Bueno, no soy tan bueno; aquí si que no llego. El problema es saber qué haran las autoridades chinas: si ajustan pronto, y con suavidad, tendrán algo de paro, y cierto frenazo económico, y relativamente poco daño. Si ajustan más tarde, corren el riesgo de meterse en hiperinflación y en una contracción dura. Si siguen ahogando la inflación, el desequilibrio continúa, y el riesgo es que metan al resto del mundo a depreciar sus monedas con ganas, forzándoles a ajustar por las malas.
Todo depende, como comenta Brad DeLong, en cómo deciden las autoridades chinas y qué quieren primar: ¿pleno empleo? ¿bajos salarios? ¿inflación baja? ¿mayor consumo?. Tarde o temprano la ley de la gravedad les forzará a tomar decisiones, así que veremos cómo va.
Por una vez, no todo es culpa de las hipotecas. Estan han jugado un papel importante, pero parte el tremendo cambio en los tipos de cambio en los últimos meses viene de fuera de Estados Unidos; más concretamente de China, y su cada vez más tozudo aprecio por mantener su moneda ridículamente depreciada.
A china le gusta que el yuan, su moneda, no sea demasiado cara. Los costes de sus fábricas son en su propia moneda, y el crecimiento de su economía se basa en exportar tanto como pueden. Si a la ventaja competitiva de tener salarios bajos se le añade tener una moneda que es un saldo los productos que exportan se venden sólos.
El problema, claro está, es que mantener la moneda artificialmente baja genera desequilibrios. China exporta muchísimo; eso se traduce en una balanza de pagos con un superávit enorme. En condiciones normales, todas estas divisas que el país recibe cuando otros compran sus trastos entrarían en la economía y se convertirían a moneda local. Esto crea una demanda de yuanes, ya que hay gente que quiere cambiar sus dólares o euros a esta moneda para poder gastarlo dentro del país, más demanda, sube el precio, y la moneda gana valor.
El problema es que las autoridades chinas no quieren que eso suceda, al menos de momento. El país se está haciendo de oro a base de exportar, ¿para qué frenar este crecimiento con una apreciación que genera paro?. Lo que hace el banco central chino en este caso es coger las divisas, quedárselas, e imprimir más moneda china, sin "pagar", digamos, el precio derivado de la mayor demanda en moneda local. No convierten divisas en yuanes, imprimen nueva moneda, manteniendo la moneda depreciada a base de crear liquidez e inflación. Dado que el crecimiento de la productividad en China es considerable, los precios si bien han subido no se han salido de madre (con excepciones; el mercado inmobiliario parece Benidorm), pero eso no puede durar eternamente.
¿Cuál es el resultado de todo esto? Si hay un desequilibrio y uno de los dos lados de la ecuación no está ajustando, es obvio que el peso del cambio caerá únicamente en el otro. Estados Unidos, importador feroz hasta hace no mucho tiempo (y con un déficit comercial gigante, gracias a su sobrevalorada moneda) ha empezado el ajuste: si China exporta demasiado y no aprecia su moneda, seremos nosotros los que tenemos una depreciación monstruosa.
Mientras tanto la zona euro, otra región tradicionalmente exportadora, ve como su moneda ajusta al alza de manera desproporcionada; China está "secando" el mercado de divisas, pero Europa no lo hace, así que su moneda toma digamos un rebote "doble" siguiendo el ajuste del dólar. No es que el euro esté muy, muy fuerte; es el hecho que el dólar está depreciándose más de lo que lo haría normalmente dada la tozudez de los chinos.
¿Escenarios de futuro? Bueno, no soy tan bueno; aquí si que no llego. El problema es saber qué haran las autoridades chinas: si ajustan pronto, y con suavidad, tendrán algo de paro, y cierto frenazo económico, y relativamente poco daño. Si ajustan más tarde, corren el riesgo de meterse en hiperinflación y en una contracción dura. Si siguen ahogando la inflación, el desequilibrio continúa, y el riesgo es que metan al resto del mundo a depreciar sus monedas con ganas, forzándoles a ajustar por las malas.
Todo depende, como comenta Brad DeLong, en cómo deciden las autoridades chinas y qué quieren primar: ¿pleno empleo? ¿bajos salarios? ¿inflación baja? ¿mayor consumo?. Tarde o temprano la ley de la gravedad les forzará a tomar decisiones, así que veremos cómo va.
martes, noviembre 06, 2007
Queriendo que ganen los ¿buenos?
Pakistán tiene un problema. Bueno, varios. Ya sé que no os descubro nada nuevo, pero una dictadura militar torpe sentada encima de un polvorín de mala leche profunda, odios religiosos, tensiones sociales nacidas de la modernización y demasiada gente con ganas de mandar, todo ello aderezado con armas nucleares, no deja de ser una combinación muy poco conveniente.
Lo más triste del desastre en cámara lenta que vemos estos días, sin embargo, no es tanto la represión, los potenciales gobiernos horribles que pueden emerger o el hecho que todo el desaguisado parece patéticamente inevitable. El gran problema es la cara de tonto profundo que se le ha quedado al líder del mundo libre al darse cuenta que haga lo que haga, estará probablemente mintiendo, metiendo la pata y/o haciendo algo contraproducente, básicamente porque se han metido en un callejón sin salida.
La fuerza retórica, el justificante moral que guía a Estados Unidos estos días es la democracia. El problema es que ahora se ven en la tesitura de estár apoyando un tipo que es cláramente un mal menor (en comparación a lo que sería el riesgo de otra república islámica), pero que no deja de ser un dictador. Haciendo las cosas peores, viven en una situación de mal si apoyan, mal si dejan de hacerlo; cada día que la dictadura continúa, los radicales ganan fuerza moral al acusar a Estados Unidos de hipocresia, pero si la dictadura cae, no hay nadie que se atreva a predecir dónde el país irá a parar.
Lo más triste de todo, sin embargo, es que la solución menos arriesgada para Estados Unidos (y cualquier país que vea un nido de tarados con la bomba con malos ojos) es de hecho la más moralmente repugnante: dejar que un dictador ejerza de dictador. Pakistán ha sido hasta hace relativamente poco una dictadura relativamente cutre; represiva, pero sin pasarse. Si uno quiere evitar la potencial pesadilla de una república islámica radical, la salida más sencilla es dejar que los Musharraf (o algún nuevo general más popular y "fresco") cargue con todo, reprima con fuerza, y estabilice el país a tortazo limpio.
¿Hay otras salidas? Tratar de mover el país hacia una democracia puede que sea una opción. El problema, sin embargo, es que la democracia era más fácil de implementar hace cinco años que ahora. Pakistán no es que sea una tierra demasiado fértil para un régimen representativo (demasiado pobre, desigual y cerrada al exterior), y ciertamente todo este tiempo con generales controlando el país no harán las cosas más fáciles. Una democracia, sin embargo, tiene la virtud de poner a las minorías en su sitio; es mucho mas difícil para un grupo de radicales clamar que ellos son el pueblo y echarse al monte cuando se cuentan votos que bajo una dictadura.
Evidentemente, eso no quiere decir que el perdedor en un voto acepte el resultado. Y en un país que tiene a los militares controlando el 50% del PIB, parece bastante claro que cualquier candidato que gane deberá cumplir ciertos "requisitos" para no ser víctima de un golpe de estado. Y claro, quien cumpla esas condiciones es probable que tenga la misma clase de oposición, las mismas tentaciones de dictador, etcétera, etcétera, etcétera.
Conclusión: la política exterior de Estados Unidos está rota. Uno no puede luchar una guerra, decir que sólo acepta unos valores, y apoyar alegremente otros sin meterse en problemas. Les pasó con el Irán del Sha, y parecen estar dirigiéndose otra vez al mismo callejón sin salida. Hay motivos muy sólidos y racionales detrás del viejo principio de no injerencia. Evitar crear incentivos perversos a gobiernos en situaciones insostenibles es uno de ellos. Una chapuza -otra más- de la desastrosa política exterior del peor presidente que ha visto Estados Unidos en más de cien años.
Lo más triste del desastre en cámara lenta que vemos estos días, sin embargo, no es tanto la represión, los potenciales gobiernos horribles que pueden emerger o el hecho que todo el desaguisado parece patéticamente inevitable. El gran problema es la cara de tonto profundo que se le ha quedado al líder del mundo libre al darse cuenta que haga lo que haga, estará probablemente mintiendo, metiendo la pata y/o haciendo algo contraproducente, básicamente porque se han metido en un callejón sin salida.
La fuerza retórica, el justificante moral que guía a Estados Unidos estos días es la democracia. El problema es que ahora se ven en la tesitura de estár apoyando un tipo que es cláramente un mal menor (en comparación a lo que sería el riesgo de otra república islámica), pero que no deja de ser un dictador. Haciendo las cosas peores, viven en una situación de mal si apoyan, mal si dejan de hacerlo; cada día que la dictadura continúa, los radicales ganan fuerza moral al acusar a Estados Unidos de hipocresia, pero si la dictadura cae, no hay nadie que se atreva a predecir dónde el país irá a parar.
Lo más triste de todo, sin embargo, es que la solución menos arriesgada para Estados Unidos (y cualquier país que vea un nido de tarados con la bomba con malos ojos) es de hecho la más moralmente repugnante: dejar que un dictador ejerza de dictador. Pakistán ha sido hasta hace relativamente poco una dictadura relativamente cutre; represiva, pero sin pasarse. Si uno quiere evitar la potencial pesadilla de una república islámica radical, la salida más sencilla es dejar que los Musharraf (o algún nuevo general más popular y "fresco") cargue con todo, reprima con fuerza, y estabilice el país a tortazo limpio.
¿Hay otras salidas? Tratar de mover el país hacia una democracia puede que sea una opción. El problema, sin embargo, es que la democracia era más fácil de implementar hace cinco años que ahora. Pakistán no es que sea una tierra demasiado fértil para un régimen representativo (demasiado pobre, desigual y cerrada al exterior), y ciertamente todo este tiempo con generales controlando el país no harán las cosas más fáciles. Una democracia, sin embargo, tiene la virtud de poner a las minorías en su sitio; es mucho mas difícil para un grupo de radicales clamar que ellos son el pueblo y echarse al monte cuando se cuentan votos que bajo una dictadura.
Evidentemente, eso no quiere decir que el perdedor en un voto acepte el resultado. Y en un país que tiene a los militares controlando el 50% del PIB, parece bastante claro que cualquier candidato que gane deberá cumplir ciertos "requisitos" para no ser víctima de un golpe de estado. Y claro, quien cumpla esas condiciones es probable que tenga la misma clase de oposición, las mismas tentaciones de dictador, etcétera, etcétera, etcétera.
Conclusión: la política exterior de Estados Unidos está rota. Uno no puede luchar una guerra, decir que sólo acepta unos valores, y apoyar alegremente otros sin meterse en problemas. Les pasó con el Irán del Sha, y parecen estar dirigiéndose otra vez al mismo callejón sin salida. Hay motivos muy sólidos y racionales detrás del viejo principio de no injerencia. Evitar crear incentivos perversos a gobiernos en situaciones insostenibles es uno de ellos. Una chapuza -otra más- de la desastrosa política exterior del peor presidente que ha visto Estados Unidos en más de cien años.
miércoles, septiembre 05, 2007
Más retórica neocolonial
Otra vez una empresa española se pilla los dedos invirtiendo en un país poco serio, otra vez la culpa es del gobierno. Como sucedió con Bolivia, al PP sólo le falta pedir que Zapatero envie cañoneras y bloquee los puertos de esos salvajes de ultramar para que acepten la bondad del verdadero capitalismo español.
A ver, liberales de tercera: cuando una empresa privada invierte en una república datilera, bananera o altiplinista cualquiera allá dónde Chanquete perdió su barco, saben el riesgo que corren. Si les sale bien, el dinero lo ganan ellos. Si les sale mal, el dinero también lo pierden ellos. A no ser que uno pretenda aplicar la doctrina Monroe en el Mediterráneo (renombrada ahora "doctrina Ánsar"), que lo diga clarito, sacando el pecholata imperialista de toda la vida a relucir como debe.
Ni política exterior ni historias: el gobierno español no está para proteger a los capitalistas con ganas de marcha de posibles gobiernos rapaces y/o estúpidos en el tercer mundo. Si te lanzas al oceano del capitalismo mundial, te toca saber nadar sin papá estado.
A ver, liberales de tercera: cuando una empresa privada invierte en una república datilera, bananera o altiplinista cualquiera allá dónde Chanquete perdió su barco, saben el riesgo que corren. Si les sale bien, el dinero lo ganan ellos. Si les sale mal, el dinero también lo pierden ellos. A no ser que uno pretenda aplicar la doctrina Monroe en el Mediterráneo (renombrada ahora "doctrina Ánsar"), que lo diga clarito, sacando el pecholata imperialista de toda la vida a relucir como debe.
Ni política exterior ni historias: el gobierno español no está para proteger a los capitalistas con ganas de marcha de posibles gobiernos rapaces y/o estúpidos en el tercer mundo. Si te lanzas al oceano del capitalismo mundial, te toca saber nadar sin papá estado.
miércoles, junio 20, 2007
Irak: soluciones posibles e imposibles
El otro día escribía en un artículo sobre Oriente Medio como Estados Unidos había ganado todas las batallas pero seguía perdiendo la guerra. El análisis en general me sigue pareciendo correcto (no cambio de opinión tan rápido, vamos) pero lo que realmente me parece atroz es como despacho al final la idea que una dictadura podría ser una solución aceptable al conflicto en Irak. Luís Gómez, con cierta razón, respondió con un ataque de apoplejia aguda, en gran parte porque no me entendió lo que decía, pero sobretodo porque la verdad no es que me explicara demasiado bien.
Bien, supongo que es hora de desarrollar un poco el argumento. Espero que Luís, que cuando habla de la región normalmente dice cosas sensatas, me lo critique como se merece. Empezaré, como de costumbre, con una lista. En Irak ahora mismo hay en mi opinión cuatro escenarios posibles, dentro de una estimación más o menos sensata:
a.) Status quo:
Las cosas siguen como están, de forma más o menos indefinida. Esto es, los Estados Unidos siguen con la ocupación, los iraquíes siguen dándose de tortas entre ellos, y el país se mantiene en una guerra civil de (relativamente) baja intensidad gracias a estabilidad (relativa) que dan las tropas americanas. Es un resultado bastante horrible; estamos hablando de centenares de muertos civiles al día (imaginad España con un par de 11-M y Hipercor cada mañana), dos millones de desplazados (de una población de 27 millones) y una autoridad estatal entre patética y nula.
Es muy dudoso que los americanos puedan mejorar la situación con los niveles de tropas actuales a medio plazo; sencillamente, no tienen suficientes soldados para mantener los niveles de presión actuales más allá de septiembre, y de hecho aún con el último incremento de tropas la violencia ha vuelto a repuntar desde mayo. Por no hablar de Irán y sus cariñosos envíos de armas; para ellos mantener la guerra caliente es fácil.
b.) Partición:
No comentaré demasiado, ya que no parece estar en la agenda de Washington ni de broma. En parte porque uno tendría tres problemas en vez de uno, en parte porque Siria e Irán tendrían dos estados satélite de regalo. Y eso sin resolver el problema de la violencia; no es seguro que la partición no se convirtiera en un baño de sangre al estilo India-Pakistán.
c. ) Democracia estable:
Sin duda el mejor de los resultados posibles, y el que obviamente los iraquíes desean mayoritariamente, cuando no están huyendo de algún miliciano local. El problema es la factura necesaria para obtener este resultado.
Siendo realistas, la única manera para darle a la democracia iraquí una mínima posibilidad de supervivencia es que Estados Unidos duplique su nivel de gasto militar, ponga medio millón de soldados sobre el terreno para estabilizar el país, suelte un par de sopapos a Irán para que dejen de incordiar, y el mundo entero se trague una crisis del petroleo cuando Irán y los Saudíes traten de descarrilar el invento. Si se produce el milagro y los iraquiés son capaces de parir una constitución que evite que la estructura económica y social del país acabe con el régimen democrático, entonces, y sólo entonces (y estoy hablando de un arreglo político rematadamente complicado), Irak tiene alguna opción.
¿El problema? Políticamente es insostenible. Si Bush pide esto al país ahora mismo será echado a patadas de la Casa Blanca, en vista de la enorme chapuza que ha sido todo este asunto. El resto de occidente no va a pagar la factura de los errores de Estados Unidos (seremos demócratas, pero no idiotas), y obviamente ni Hillary, ni Giulani, ni Obama, ni Bloomberg van a lanzarse a desfacer entuertos como Johnson hizo en Vietnam en una guerra que no es suya. Y más en algo que puede que funcione, puede que no, o puede que acabe en una guerra abierta con Irán, Pakistán y un pollo a escala planetaria de narices.
d.) Dictadura más o menos camuflada:
La última opción, y la más patéticamente realista, es la vuelta al status quo previo a la invasión. Irak como país estable, férreamente vigilado por la comunidad internacional, lo suficiente fuerte como para mantenerlo fuera de la órbita iraní y... bajo el puño de hierro de un dictador aliado.
Es una solución patéticamente cínica, pero la verdad, me temo que la más realista. Estados Unidos escoge uno de los bandos enfrentados en Irak que no sea especialmente ofensivo (laico, antiislámico, antiiraní. Ostras, los baathistas), lo arma hasta los dientes, y le deja que haga un golpe de estado que instaure una dictadura, con las tropas americanas cooperando sin que se note demasiado. Un poco de represión (razonable, sin pasarse), unas palmaditas en la espalda, y hala, ya nos podemos largar. Quizás sea necesario llegar a un acuerdo con Irán (garantías que el nuevo régimen no volverá a las andadas guerreras de antaño, levantar algunas sanciones a cambio de que no intervengan), y nada, un retorno al viejo y sencillo mundo de los régimenes autoritarios amigos.
Conclusiones:
Moralmente deleznable, pero política y estrategicamente la opción D es lo único remotamente realista. La opción A (status quo) es insostenible, y sólo refuerza a Irán, que tiene libertad de acción absoluta al carecer Estados Unidos de tropas para meterse en otro conflicto. La opción B no está sobre la mesa, y es probable que favorezca a los iraníes igual. La C es doblar la apuesta; el resultado estaría en el aire pero los costes políticos y económicos la hacen imposible. Queda D, la dictadura pactada bajo la mesa con Irán. Una solución triste, derrota clara y un final patético a una guerra que era probablemente una mala idea y que fue ejecutada del peor modo posible.
¿Es la mejor salida? Me temo que ya no estamos en una situación en que esta pregunta tenga sentido. No podemos volver el reloj atrás y repetir la invasión con medio millón de soldados; el electorado americano ya no está para esas cosas. No podemos arreglar el problema sin hacer sacrificios gigantescos, y no podemos abandonar el país a tontas y a locas dejando la puerta abierta para que Irán ponga un gobierno títere. Creo en la democracia, y la verdad, ojalá Irak hubiera salido bien, pero como están las cosas ahora, ni doblando la apuesta garantizaríamos que las cosas funcionasen.
Es hora de minimizar daños y dejar el quijotismo en la puerta.
Bien, supongo que es hora de desarrollar un poco el argumento. Espero que Luís, que cuando habla de la región normalmente dice cosas sensatas, me lo critique como se merece. Empezaré, como de costumbre, con una lista. En Irak ahora mismo hay en mi opinión cuatro escenarios posibles, dentro de una estimación más o menos sensata:
a.) Status quo:
Las cosas siguen como están, de forma más o menos indefinida. Esto es, los Estados Unidos siguen con la ocupación, los iraquíes siguen dándose de tortas entre ellos, y el país se mantiene en una guerra civil de (relativamente) baja intensidad gracias a estabilidad (relativa) que dan las tropas americanas. Es un resultado bastante horrible; estamos hablando de centenares de muertos civiles al día (imaginad España con un par de 11-M y Hipercor cada mañana), dos millones de desplazados (de una población de 27 millones) y una autoridad estatal entre patética y nula.
Es muy dudoso que los americanos puedan mejorar la situación con los niveles de tropas actuales a medio plazo; sencillamente, no tienen suficientes soldados para mantener los niveles de presión actuales más allá de septiembre, y de hecho aún con el último incremento de tropas la violencia ha vuelto a repuntar desde mayo. Por no hablar de Irán y sus cariñosos envíos de armas; para ellos mantener la guerra caliente es fácil.
b.) Partición:
No comentaré demasiado, ya que no parece estar en la agenda de Washington ni de broma. En parte porque uno tendría tres problemas en vez de uno, en parte porque Siria e Irán tendrían dos estados satélite de regalo. Y eso sin resolver el problema de la violencia; no es seguro que la partición no se convirtiera en un baño de sangre al estilo India-Pakistán.
c. ) Democracia estable:
Sin duda el mejor de los resultados posibles, y el que obviamente los iraquíes desean mayoritariamente, cuando no están huyendo de algún miliciano local. El problema es la factura necesaria para obtener este resultado.
Siendo realistas, la única manera para darle a la democracia iraquí una mínima posibilidad de supervivencia es que Estados Unidos duplique su nivel de gasto militar, ponga medio millón de soldados sobre el terreno para estabilizar el país, suelte un par de sopapos a Irán para que dejen de incordiar, y el mundo entero se trague una crisis del petroleo cuando Irán y los Saudíes traten de descarrilar el invento. Si se produce el milagro y los iraquiés son capaces de parir una constitución que evite que la estructura económica y social del país acabe con el régimen democrático, entonces, y sólo entonces (y estoy hablando de un arreglo político rematadamente complicado), Irak tiene alguna opción.
¿El problema? Políticamente es insostenible. Si Bush pide esto al país ahora mismo será echado a patadas de la Casa Blanca, en vista de la enorme chapuza que ha sido todo este asunto. El resto de occidente no va a pagar la factura de los errores de Estados Unidos (seremos demócratas, pero no idiotas), y obviamente ni Hillary, ni Giulani, ni Obama, ni Bloomberg van a lanzarse a desfacer entuertos como Johnson hizo en Vietnam en una guerra que no es suya. Y más en algo que puede que funcione, puede que no, o puede que acabe en una guerra abierta con Irán, Pakistán y un pollo a escala planetaria de narices.
d.) Dictadura más o menos camuflada:
La última opción, y la más patéticamente realista, es la vuelta al status quo previo a la invasión. Irak como país estable, férreamente vigilado por la comunidad internacional, lo suficiente fuerte como para mantenerlo fuera de la órbita iraní y... bajo el puño de hierro de un dictador aliado.
Es una solución patéticamente cínica, pero la verdad, me temo que la más realista. Estados Unidos escoge uno de los bandos enfrentados en Irak que no sea especialmente ofensivo (laico, antiislámico, antiiraní. Ostras, los baathistas), lo arma hasta los dientes, y le deja que haga un golpe de estado que instaure una dictadura, con las tropas americanas cooperando sin que se note demasiado. Un poco de represión (razonable, sin pasarse), unas palmaditas en la espalda, y hala, ya nos podemos largar. Quizás sea necesario llegar a un acuerdo con Irán (garantías que el nuevo régimen no volverá a las andadas guerreras de antaño, levantar algunas sanciones a cambio de que no intervengan), y nada, un retorno al viejo y sencillo mundo de los régimenes autoritarios amigos.
Conclusiones:
Moralmente deleznable, pero política y estrategicamente la opción D es lo único remotamente realista. La opción A (status quo) es insostenible, y sólo refuerza a Irán, que tiene libertad de acción absoluta al carecer Estados Unidos de tropas para meterse en otro conflicto. La opción B no está sobre la mesa, y es probable que favorezca a los iraníes igual. La C es doblar la apuesta; el resultado estaría en el aire pero los costes políticos y económicos la hacen imposible. Queda D, la dictadura pactada bajo la mesa con Irán. Una solución triste, derrota clara y un final patético a una guerra que era probablemente una mala idea y que fue ejecutada del peor modo posible.
¿Es la mejor salida? Me temo que ya no estamos en una situación en que esta pregunta tenga sentido. No podemos volver el reloj atrás y repetir la invasión con medio millón de soldados; el electorado americano ya no está para esas cosas. No podemos arreglar el problema sin hacer sacrificios gigantescos, y no podemos abandonar el país a tontas y a locas dejando la puerta abierta para que Irán ponga un gobierno títere. Creo en la democracia, y la verdad, ojalá Irak hubiera salido bien, pero como están las cosas ahora, ni doblando la apuesta garantizaríamos que las cosas funcionasen.
Es hora de minimizar daños y dejar el quijotismo en la puerta.
lunes, junio 18, 2007
Irán y las reglas del juego
Una de las grandes ironías de la política exterior americana estos años ha sido que ganando todas las batallas van camino de perder la guerra. Lo más deprimente para Estados Unidos (y occidente, dicho sea de paso) es que en el estado que les está derrotando no ha usado uno sólo de sus soldados para dejar en evidencia los errores de juicio de la administración Bush.
El 11 de septiembre, en contra de lo que muchos dicen, no cambió todo; lo único que cambió de forma decisiva es la forma de hacer política en Estados Unidos. Los atentados transformaron un presidente vacilante, mal valorado y con problemas graves para pasar cualquier legislación en el Congreso en un poder incontestable e incontestado, con una capacidad nunca vista para hacer y declarar la guerra. El error, y grave, es que a nadie se le ocurrió plantearse si realmente lo que les pedía el ejecutivo tenía algún sentido, o era la respuesta correcta.
La intervención en Afganistán, con sus problemas, tenía sentido. Bin Laden recibía cobijo, era un estado débil que patrocinaba atentados contra terceros países, y era un caso especialmente grave de dictadura islámica radical. Los talibanes habían vulnerado el principio de no agresión por omisión, así que el ataque se lo ganaron a pulso. Se invadió, con mala planificación y tropas insuficientes (algo que para variar estamos pagando ahora) y se cometió el error de eternizar la ocupación, pero se eliminó a un régimen que realmente había lanzado un ataque.
El siguiente paso, sin embargo, fue el error grave, y el auténtico regalo para Irán. La invasión de Irak fue literalmente ser el matón de patio de colegio que pega al chaval cojo, feo y con gafas para demostrar su fuerza; se atacó un estado que no tenía absolutamente nada que ver con nada de lo que había sucedido, que estaba esencialmente incapacitado y convertido en un protectorado de segunda, y que tenía un control más o menos ténue de su territorio, pero todavía efectivo. La entrada a saco de las tropas americanas, de nuevo sin planes claros, de nuevo insuficientes, no hizo más que aniquilar esa débil autoridad estatal, dejando un vacio enorme.
Como en la naturaleza, los sistemas políticos aborrecen el vacío. Lo detestan. El problema grave es cuando más de una fuerza trata de ocupar ese espacio, y no llega a estabilizarse. La competencia entre sistemas políticos, poderes casi-organizados que pretenden gobernar, crea siempre violencia; el Estado como ente garante del orden es un monopolio natural. Cuando múltiples facciones se lanzaron a una lucha por dominar el país en Irak, Irán no tuvo más que empezar a escoger entre sus clientes favoritos para sembrar cizaña, y asegurarse que saldría ganando.
Primero, haciendo la presencia americana en Irak enormemente costosa; el gobierno americano no puede permitirse, por motivos de prestigio e interés propio, que el país caiga en una eterna guerra civil, así que está obligado a quemar tropas y recursos en una guerra que desde el principio no tenía ningún valor estratégico para ellos. Segundo, en caso que los americanos se cansen, Irán estará apostando a caballo ganador, y acabará probablemente disfrutando de la existencia de un gobierno integrista amigo en su país vecino. Tercero, y aún más importante, la eterna ocupación ha limitado muchísimo la capacidad militar de Estados Unidos. Las fuerzas armadas americanas nunca estuvieron diseñadas para dedicarse a aventuras coloniales, y su estructura voluntaria hace cualquier expansión enormemente cara.
Por añadido, Irán ha recibido un regalo aún más valioso derivado de la invasión, el debilitamiento del principio de no injerencia en las relaciones internacionales. Con la administración Bush lanzando ataques a terceros basados en Casus Belli patéticamente ficticios, hablando de "cambios de régimen" alegremente y con occidente tratando a los palestinos como niños malcriados (y reaccionando como tales cuando Hamas ganó unas eleccciones), Irán ha decidido meterse en los asuntos de sus vecinos sin el más mínimo reparo. Total, occidente hace lo mismo. Y su gendarme mayor está metido hasta las cejas en una guerra que nos está saliendo gratis.
¿Qué salidas quedan?. La verdad, una vuelta a viejos principios. Los principios de no injerencia y no intervención pueden sonar crueles y cínicos, pero estaban en el centro de las convenciones del sistema internacional por un buen motivo. Ante todo, evitan esta clase de absurdos problemas irresolubles donde un estado como Irán puede jugar a bolos con la política de sus vecinos usando como justificación el hecho que Estados Unidos está haciendo lo mismo con tanques. La regla de que uno sólo le pega de tortas a otro en caso de que el otro esté metiéndose donde no le llaman es una idea sólida.
Irán no empezó a meterse donde no le llaman tras la invasión de Afganistán; incluso ellos entienden lo que significa responder a un ataque. Cuando Estados Unidos pasó a hacer experimentos democráticos, sin embargo, las cosas cambiaron rápido.
La vuelta al pragmatismo, me temo, será un retorno a la dictadura en Irak y posiblemente en Afganistan. Unos y otros llegarán a un pacto implícito de de apoyar al caudillo ganador, darle el gobierno, y dejar que mantenga la estabilidad como le plazca, siempre que no incordie a los vecinos. Cambiar todo para que nada cambie. Las dictaduras nunca son buenas noticias, pero desde luego son una solución mejor que una guerra civil infinita en todo el territorio.
El 11 de septiembre, en contra de lo que muchos dicen, no cambió todo; lo único que cambió de forma decisiva es la forma de hacer política en Estados Unidos. Los atentados transformaron un presidente vacilante, mal valorado y con problemas graves para pasar cualquier legislación en el Congreso en un poder incontestable e incontestado, con una capacidad nunca vista para hacer y declarar la guerra. El error, y grave, es que a nadie se le ocurrió plantearse si realmente lo que les pedía el ejecutivo tenía algún sentido, o era la respuesta correcta.
La intervención en Afganistán, con sus problemas, tenía sentido. Bin Laden recibía cobijo, era un estado débil que patrocinaba atentados contra terceros países, y era un caso especialmente grave de dictadura islámica radical. Los talibanes habían vulnerado el principio de no agresión por omisión, así que el ataque se lo ganaron a pulso. Se invadió, con mala planificación y tropas insuficientes (algo que para variar estamos pagando ahora) y se cometió el error de eternizar la ocupación, pero se eliminó a un régimen que realmente había lanzado un ataque.
El siguiente paso, sin embargo, fue el error grave, y el auténtico regalo para Irán. La invasión de Irak fue literalmente ser el matón de patio de colegio que pega al chaval cojo, feo y con gafas para demostrar su fuerza; se atacó un estado que no tenía absolutamente nada que ver con nada de lo que había sucedido, que estaba esencialmente incapacitado y convertido en un protectorado de segunda, y que tenía un control más o menos ténue de su territorio, pero todavía efectivo. La entrada a saco de las tropas americanas, de nuevo sin planes claros, de nuevo insuficientes, no hizo más que aniquilar esa débil autoridad estatal, dejando un vacio enorme.
Como en la naturaleza, los sistemas políticos aborrecen el vacío. Lo detestan. El problema grave es cuando más de una fuerza trata de ocupar ese espacio, y no llega a estabilizarse. La competencia entre sistemas políticos, poderes casi-organizados que pretenden gobernar, crea siempre violencia; el Estado como ente garante del orden es un monopolio natural. Cuando múltiples facciones se lanzaron a una lucha por dominar el país en Irak, Irán no tuvo más que empezar a escoger entre sus clientes favoritos para sembrar cizaña, y asegurarse que saldría ganando.
Primero, haciendo la presencia americana en Irak enormemente costosa; el gobierno americano no puede permitirse, por motivos de prestigio e interés propio, que el país caiga en una eterna guerra civil, así que está obligado a quemar tropas y recursos en una guerra que desde el principio no tenía ningún valor estratégico para ellos. Segundo, en caso que los americanos se cansen, Irán estará apostando a caballo ganador, y acabará probablemente disfrutando de la existencia de un gobierno integrista amigo en su país vecino. Tercero, y aún más importante, la eterna ocupación ha limitado muchísimo la capacidad militar de Estados Unidos. Las fuerzas armadas americanas nunca estuvieron diseñadas para dedicarse a aventuras coloniales, y su estructura voluntaria hace cualquier expansión enormemente cara.
Por añadido, Irán ha recibido un regalo aún más valioso derivado de la invasión, el debilitamiento del principio de no injerencia en las relaciones internacionales. Con la administración Bush lanzando ataques a terceros basados en Casus Belli patéticamente ficticios, hablando de "cambios de régimen" alegremente y con occidente tratando a los palestinos como niños malcriados (y reaccionando como tales cuando Hamas ganó unas eleccciones), Irán ha decidido meterse en los asuntos de sus vecinos sin el más mínimo reparo. Total, occidente hace lo mismo. Y su gendarme mayor está metido hasta las cejas en una guerra que nos está saliendo gratis.
¿Qué salidas quedan?. La verdad, una vuelta a viejos principios. Los principios de no injerencia y no intervención pueden sonar crueles y cínicos, pero estaban en el centro de las convenciones del sistema internacional por un buen motivo. Ante todo, evitan esta clase de absurdos problemas irresolubles donde un estado como Irán puede jugar a bolos con la política de sus vecinos usando como justificación el hecho que Estados Unidos está haciendo lo mismo con tanques. La regla de que uno sólo le pega de tortas a otro en caso de que el otro esté metiéndose donde no le llaman es una idea sólida.
Irán no empezó a meterse donde no le llaman tras la invasión de Afganistán; incluso ellos entienden lo que significa responder a un ataque. Cuando Estados Unidos pasó a hacer experimentos democráticos, sin embargo, las cosas cambiaron rápido.
La vuelta al pragmatismo, me temo, será un retorno a la dictadura en Irak y posiblemente en Afganistan. Unos y otros llegarán a un pacto implícito de de apoyar al caudillo ganador, darle el gobierno, y dejar que mantenga la estabilidad como le plazca, siempre que no incordie a los vecinos. Cambiar todo para que nada cambie. Las dictaduras nunca son buenas noticias, pero desde luego son una solución mejor que una guerra civil infinita en todo el territorio.
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