Consejo de parvulario al PP, de un cínico a otro: uno puede ser un cerdo manipulador capaz de hacer cualquier cosa por llegar al poder, siempre que te calles y no lo digas en voz alta. Y ya que estamos, recordar a Gabriel Elorriaga que estamos en el 2008, y gracias a ese milagro tecnológico que son las internets virtuales cybercafé estas, si uno dice una burrada en Londres, su estupidez retumba en todo el mundo.
La verdad, no hay nada como reconocer que estás usando el fantasma de la inmigración de forma puramente electoralista, y que todas las estupideces que ha soltado a un medio no precisamente socialistoide sean confirmadas por quien te entrevistó palabra por palabra. Y oye, ya le digo al señor Elorriaga que soy un cínico y que lo del electoralismo no me molesta, pero incluso en lo de vender ideas hay clases.
Una cosa es decir lo que la gente quiere oir, algo que al fin y al cabo es la base de la democracia: el gobernante haciendo lo que quiere el electorado. Otra cosa muy distinta, y ciertamente menos aceptable, es decir burradas ficticias para asustar el electorado con fantasmas imaginarios, especialmente cuando esas estupideces son a veces inquietantemente cercanas a una llamada a la intolerancia. Y aún peor cuando lo que no buscas es el voto de nadie, sólo intentar que la gente no vote. Eso es una manipulación alegre, descarada y cínica de la base del sistema; es basar tu estrategia no en hacer lo que los votantes quieren, sino en hacer que no quieran nada.
Y la verdad, una vez soltada la burrada ya puedes desmentir lo que quieras. Ya has reconocido en público, delante de un medio que no tiene motivo alguno para hacerte quedar mal, que lo que buscas no es el voto, sino la catatonia de los votantes . Elorriaga ha venido a decir, más o menos de forma directa, que el PP apuesta por la estupidez del electorado. Ese votante socialista que no sabe lo que quiere lo vamos a asustar tanto que no querrá salir de casa y decir lo que piensa.
Todo es me lleva a pensar, de todos modos, en lo difícil de exportar que resultan ser las campañas políticas. Se ha hablado mucho estos días de Antonio Solá, el "padre" de la niña de Rajoy. El tipo tiene un historial decente ganando elecciones en América Latina, pero parece que muchos de sus mensajes de campaña en España no acaban de funcionar.
La política, el voto, es relativamente parecida en todas partes; controlar agenda, hacer que los votantes vayan a las urnas con algo que favorece en mente, sacar más votos que el contrario. El problema es que en política, más que en ningún otro sitio, los matices son importantes, y estos varían muchísimo de un sitio a otro. El recurso de la niña funciona bien en Méjico, donde se valora muchísimo más la cercanía y la familiaridad del mensaje, pero se estrella en España, un país bastante más propenso a mofarse de todo lo que suene sentimentaloide. Del mismo modo que en Estados Unidos alguien puede clamar su habilidad para ser un líder fuerte y atraer aplausos, en España el loco que diga esto se le echará a patadas del escenario, no sea que le entre la vena de caudillo.
De un tiempo a esta parte, el PP parece muy entusiasmado (y lo dicen ellos) copiando todo lo copiable de otros países, a veces de forma no demasiado selectiva. Desde Aznar tienen esta extraña fijación republicanoide de ser los más duros del barrio en política exterior y contra el terrorismo, algo que no acaba de cuajar en un país que tiene más bien pocas ínfulas imperiales. Algo parecido les sucedió con el matrimonio homosexual, el aborto, o este caso utilizar la política del miedo como arma política. Los españoles son muy liberales comparados con casi cualquier otro país, y tienen una larga tradición mental de temer a la derecha por muy buenos motivos; son mensajes que funcionan en otros países, pero se estrellan irremediablemente en culturas políticas distintas.
Ya he comentado otras veces el extraño (y para nada fortuito) parecido entre las campañas de Zapatero en el 2004 y Obama este año, con su mezcla de buenismo (no necesariamente vacio) y búsqueda de consensos. La estrategia de fondo es parecida; ambos candidatos están respondiendo a un contexto donde la polarización ha acabado con la paciencia de los votantes. La retórica, sin embargo, no puede ser más distinta: Zapatero apelaba a lo nuevo, a hacer de España una democracia mejor, a romper con el pasado, mientra Obama apela a la heroica, a su condición de continuador de las grandes figuras del pasado americano, una culminación de todo lo bueno del país.
Si uno habla en Estados Unidos de romper con el pasado, le toman por imbécil. Los americanos están muy orgullosos de lo que representa su país, y creen con fervor que si las cosas van mal es porque no están respetando sus viejos ideales. Si uno habla en España del pasado, de respetar a los viejos grandes hombres, la gente te mirará raro, pensando que hablas de Don Juan de Austria; no es un país que esté demasiado orgulloso de sus últimos 200 años de historia, y ni siquiera es capaz de admirar la transición de forma uniforme. Si bien la idea básica es muy parecida, la retórica es totalmente distinta, ya que el electorado no tiene nada que ver.
Resumiendo: desconfiad de los asesores extranjeros y de los mensajes mágicos. Todos los hombres son iguales, pero insisten en hablar lenguas distintas. Y sí, eso implica que en Cataluña, Galicia y Euskadi el mensaje no debe ser el mismo. Basta mirar los resultados electorales del "partido nacional" que es el PP para comprobarlo.
sábado, marzo 01, 2008
viernes, febrero 29, 2008
Nada como la sanidad privada
El otro día el New York Times publicaba una noticia que debería hacer pensar a algunos. Muchos americanos están evitando hacerse pruebas genéticas y hablar del historial médico de la familiar con sus médicos para evitar que su aseguradora les suba el precio de la póliza. Es decir, están evitando dar información que les podría salvar la vida, ayudando a los médicos a saber qué dolencias les podrían afectar, porque tienen miedo que si la compañía de seguros saben que su propensión a tener una enfermedad es elevada les hará pagar más o echará con alguna excusa.
Y lo peor, no es un miedo infundado; ya han habido casos. La cuestión es que subir las primas a quien tiene riesgos mayores tiene sentido económico; el problema es que condena a todos aquellos que sencillamente han tenido mala suerte en la ruleta genética a pagar más o no tener seguro. Si el mercado excluye a gente desde nacimiento, por el mero hecho que su espermatozoide y óvulo eran malillos, me parece relativamente evidente que el estado tiene que intervenir de algún modo.
Negarlo es negar la igualdad de oportunidades, simple y llanamente.
Y lo peor, no es un miedo infundado; ya han habido casos. La cuestión es que subir las primas a quien tiene riesgos mayores tiene sentido económico; el problema es que condena a todos aquellos que sencillamente han tenido mala suerte en la ruleta genética a pagar más o no tener seguro. Si el mercado excluye a gente desde nacimiento, por el mero hecho que su espermatozoide y óvulo eran malillos, me parece relativamente evidente que el estado tiene que intervenir de algún modo.
Negarlo es negar la igualdad de oportunidades, simple y llanamente.
jueves, febrero 28, 2008
Camino de una trampa
No hay cargo público con peor suerte que Ben Bernanke. Ser el sucesor de uno de los economistas más irracionalmente adorados de la historia de la Reserva Federal, Alan Greenspan, ya es tiene que ser duro. Heredar una situación económica poco atractiva hace las cosas peores. Darse cuenta que entre todos le han dejado sin margen de maniobra es aún peor.
Repasemos todos los problemas que tiene el bueno de Bernanke estos días, y es para ponerse a llorar. Empezamos por el desastre del sistema financiero, lleno de inversores y prestamistas aterrados y deuda basura oculta en sitios oscuros.
El antecesor de Bernanke mantuvo alegre e irresponsablemente los tipos de interés muy bajos durante demasiado tiempo, en parte para mayor gloria personal, en parte para compensar el hecho que el melón de la Casa Blanca se metía a gastar (y crear déficit) en cosas que no ayudaban la economía, como guerras y malas bajadas de impuestos. Mientras tanto todo aquel que tenía que regular que los mercados de la deuda e hipotecas andaba dormida al volante, sea negando que hubiera una burbuja, sea clamando que el mercado sin vigilancia ya se las apañaría bien.
Los tipos de interés bajos y el enorme gasto público aceleraron la economía de mala manera, reduciendo la disponibilidad de capitales en Estados Unidos y forzando al país a importar capital a espuertas. El déficit exterior y el dinero barato (por bajos tipos de interés) acabaron por depreciar el dólar, creando otra serie de problemas.
Para empezar, el petróleo se hizo aún más caro, en un momento en que el barril no es que estuviera bien de precio. Con los precios de la energía subiendo, Bernanke tuvo que encima aguantar la tortura de ver como la política sobre la materia de la administración Bush era un despropósito absurdo: apostar por el etanol. Suena muy moderno y es muy popular en los estados rurales, pero subvencionarlo no ha hecho más que reventar el mercado de cereales con enormes distorsiones y poner aún más presión sobre los precios en los alimentos, sin hacer el más mínimo efecto en el precio del crudo.
Y encima, para hacer las cosas aún más agradables, todos los problemas te caen en la mesa de golpe, frenando la economía de repente, y en un año en que las elecciones presidenciales garantizan que la mayoría de políticos no están por la labor, y tontos como este te mortifican con estas chorradas.
Para combatir esto, tienes un palillo en forma de tipos de interés, y rollo de cinta aislante que es un poco de regulación bancaria. Venga, McGyver, arregla el problema. Solo.
Hoy Bernanke tiene bien pocas alternativas. Si baja los tipos de interés corre el riesgo de aumentar la inflación, depreciar aún más el dólar y ver como todo el estímulo se pierde en el aumento de precios. Si sube los tipos corre el riesgo de disminuir la anémica demanda, frenar aún más la economía y ver como cualquier potencial beneficio antiinflacionario desaparece al cargarse el consumo. Y cualquier reforma (y hay algunas urgentes) en el mercado financiero se estrella con un congreso y presidente que están divididos sin remedio, con la Casa Blanca aún encallada en una especie de fe ciega en que si cierras los ojos los problemas desaparecerá.
¿Divertido, verdad? Los "problemas" de España son mucho menos aterradores que este juego de fustraciones. El déficit público no está ahí, la moneda no añade presión inflacionaria (más bien lo contrario), la crisis inmobiliaria no incluye tasas de morosidad elevadas (siguen a mínimos históricos), el sistema financiero es sólido y gane quien gane las elecciones, no tiene que negociar (demasiado) en el congreso para pasar reformas. Sí, conseguir financiación exterior es más difícil ahora que antes, la inflación sigue doliendo (aunque es menor que la de EUA) y el reajuste producido por el brusco frenazo de la construcción son un problema, pero estoy seguro que Bernanke estaría encantado de cambiar el pollo que tiene por la "crisis" española.
El pequeño problema para España, claro está, es que a veces sirve de poco tener la casa en orden cuando los gobernantes de la mayor economía de la tierra han hecho el mandril ocho años y te contagian la gripe. En fin, ser político es duro.
Repasemos todos los problemas que tiene el bueno de Bernanke estos días, y es para ponerse a llorar. Empezamos por el desastre del sistema financiero, lleno de inversores y prestamistas aterrados y deuda basura oculta en sitios oscuros.
El antecesor de Bernanke mantuvo alegre e irresponsablemente los tipos de interés muy bajos durante demasiado tiempo, en parte para mayor gloria personal, en parte para compensar el hecho que el melón de la Casa Blanca se metía a gastar (y crear déficit) en cosas que no ayudaban la economía, como guerras y malas bajadas de impuestos. Mientras tanto todo aquel que tenía que regular que los mercados de la deuda e hipotecas andaba dormida al volante, sea negando que hubiera una burbuja, sea clamando que el mercado sin vigilancia ya se las apañaría bien.
Los tipos de interés bajos y el enorme gasto público aceleraron la economía de mala manera, reduciendo la disponibilidad de capitales en Estados Unidos y forzando al país a importar capital a espuertas. El déficit exterior y el dinero barato (por bajos tipos de interés) acabaron por depreciar el dólar, creando otra serie de problemas.
Para empezar, el petróleo se hizo aún más caro, en un momento en que el barril no es que estuviera bien de precio. Con los precios de la energía subiendo, Bernanke tuvo que encima aguantar la tortura de ver como la política sobre la materia de la administración Bush era un despropósito absurdo: apostar por el etanol. Suena muy moderno y es muy popular en los estados rurales, pero subvencionarlo no ha hecho más que reventar el mercado de cereales con enormes distorsiones y poner aún más presión sobre los precios en los alimentos, sin hacer el más mínimo efecto en el precio del crudo.
Y encima, para hacer las cosas aún más agradables, todos los problemas te caen en la mesa de golpe, frenando la economía de repente, y en un año en que las elecciones presidenciales garantizan que la mayoría de políticos no están por la labor, y tontos como este te mortifican con estas chorradas.
Para combatir esto, tienes un palillo en forma de tipos de interés, y rollo de cinta aislante que es un poco de regulación bancaria. Venga, McGyver, arregla el problema. Solo.
Hoy Bernanke tiene bien pocas alternativas. Si baja los tipos de interés corre el riesgo de aumentar la inflación, depreciar aún más el dólar y ver como todo el estímulo se pierde en el aumento de precios. Si sube los tipos corre el riesgo de disminuir la anémica demanda, frenar aún más la economía y ver como cualquier potencial beneficio antiinflacionario desaparece al cargarse el consumo. Y cualquier reforma (y hay algunas urgentes) en el mercado financiero se estrella con un congreso y presidente que están divididos sin remedio, con la Casa Blanca aún encallada en una especie de fe ciega en que si cierras los ojos los problemas desaparecerá.
¿Divertido, verdad? Los "problemas" de España son mucho menos aterradores que este juego de fustraciones. El déficit público no está ahí, la moneda no añade presión inflacionaria (más bien lo contrario), la crisis inmobiliaria no incluye tasas de morosidad elevadas (siguen a mínimos históricos), el sistema financiero es sólido y gane quien gane las elecciones, no tiene que negociar (demasiado) en el congreso para pasar reformas. Sí, conseguir financiación exterior es más difícil ahora que antes, la inflación sigue doliendo (aunque es menor que la de EUA) y el reajuste producido por el brusco frenazo de la construcción son un problema, pero estoy seguro que Bernanke estaría encantado de cambiar el pollo que tiene por la "crisis" española.
El pequeño problema para España, claro está, es que a veces sirve de poco tener la casa en orden cuando los gobernantes de la mayor economía de la tierra han hecho el mandril ocho años y te contagian la gripe. En fin, ser político es duro.
miércoles, febrero 27, 2008
Breves notas balcánicas

¿Soy el único que cuando escucho a Rusia oponerse a la partición de Serbia me entra una especie de sudor frío? Sé de sobras que estamos en el 2007 y que el contexto, la tecnología, las alianzas y el mundo en general son radicalmente distintos a esos días de julio de 1914. Aún así, es ligeramente inquietante tener a cancilleres europeos hablando de los Balcanes otra vez, con esos viejos nombres, los recuerdos de tantas guerras y esa alegre indiferencia de muchos comentaristas.
Sinceramente, no creo que todo este jaleo acabe en nada, pero tener la Unión Europea ejerciendo de Austria, los rusos de... bueno, Rusia, y estar otra vez hablando de tortas en una zona donde ya todo el mundo se ha dado demasiadas da un pelín de miedo. La historia, en contra de lo que dicen muchos, no se repite (demasiado). Espero.
En fin, con el Imperio Austro-Húngaro viviamos mejor. Lo dicho. Malditas minorías irredentas....
martes, febrero 26, 2008
Elecciones Estepaís (IX): puntuando el debate
No he visto el debate entero. De hecho, me lo he perdido casi todo; estos americanos y su manía de trabajar y no perder el tiempo han impedido que pudiera estar perdiendo el tiempo en la oficina escuchando la música celestial del discurso político educado (uno, que es de políticas). Paradójicamente, eso me pone en una situación muy parecida a la de no pocos votantes, que dependerán de lo que oigan en la radio y televisión esta mañana (no en los periódicos: los que los leen vieron el debate) para saber quién "ganó".
Lo dice Lluís Bassets en El País, y es algo que repito a menudo: el debate casi nunca lo gana nadie; los titulares del día siguiente son los que cuentan. En las horas posteriores al debate, si saben lo que hacen, un nutrido grupo de opinadores, todólogos y responsables de prensa de ambos partidos se habrán dedicado a hablar (off the record, por descontado) con todo aquel periodista dispuesto a escucharles señalando todas y cada una de las maravillosas estocadas dialécticas que su campeón en armas han inflingido en su rival.
En el mundo mediático español, tan lleno de trolls unicejos monopartidistas, la verdad es que es un trabajo probablemente poco agradecido. El puñado de columnistas con reputación de equidistaníes (y los desertores ocasionales de la causa rival, caso del Mundo) se habrán llevado un montón de peloteo, sintiéndose muy importantes. El Santo Grial para ambos partidos, sin embargo es el titular, la línea de victoria obvia y clarita que es fácil de vender a todos esos redactores cansados, faltos de tiempo e ideas y que quieren un tener un veredicto antes de irse a dormir. En el mundo moderno, ese veredicto es el de las encuestas, y parece que en eso Zapatero ha ganado de forma relativamente clara.
El titularcillo para casi todos los medios y periodistas más o menos "neutrales" de forma ocasional (Herrera, Del Olmo, la mayoría de las televisiones) será decir que el presidente ha ganado en los cuatro sondeos, por cuatro, doce, seis y quince puntos; una media de 9,25. Solbes le saco 10 puntos a Pizarro, así que a Rajoy la cosa no le ha ido demasiado mejor.
A pesar del margen parecido, no creo que la derrota mediática post-debate sea tan clara como la paliza que se llevo el pobre Pizarro, que la verdad tampoco estuvo tan mal. Al de Teruel los medios de la derecha (y no pocos miembros del PP) le ven como una especie de enchufado con pasta, una especie de capricho de un líder que no respetan demasiado. Rajoy, sin embargo, sigue siendo el jefe, un potencial (aunque improbable) presidente del gobierno; si gana, no quieres ser el que le puso a parir, y si pierde, no quieres que tus compañeros de partido te recuerden por ser el gracioso que le pegó una patada en la boca después que tropezara en el debate.
La reacción más probable será algo que hemos escuchado otras veces, eso que Rajoy es un gran parlamentario pero que ayer no estaba del todo fino, no acabó de machacar del todo o que fue demasiado educado y honorable y dejó escapar a Zapatero con vida. Un poco como Fernando Torres (pre-Liverpool), que es muy bueno pero nunca hace nada, sólo que en político de la oposición. Añadiendo, como de costumbre, que al PP todos le odian y que por tanto no puede ganar nunca, algo que de tan obvio debería dar que pensar a los que usan tan triste excusa. A media tarde mañana tendremos al PP suspirando la ocasión perdida y a los socialistas todo orgullosos diciendo no se qué de moral, tendencia y ritmo, ritmo, ritmo de la nooooche.
Lo que no dejará de ser ligeramente triste, y vuelvo a la columna de Bassets. El tipo, pobrecillo, pone como ejemplo de debate ganado por goleada el día después uno de Mondale y Reagan en Estados Unidos en 1984. Dukakis debatió y manejo a los todólogos como los ángeles. No hace falta que recuerde quién acabó ganando las elecciones.
En fin, basta ya de tacticas y chorradas. Me parece que debería hablar de políticas y propuestas concretas más, y menos de detalles periféricos; parezco un todólogo tonto de la Ser de los que tanto critico. Por favor, preguntad. Decidme sobre qué propuestas queréis que pontifique con la gracia y alegría que un troll con gafas y martillo intelectual pueden operar. Estoy hasta las cejas de táctica, leches.
Lo dice Lluís Bassets en El País, y es algo que repito a menudo: el debate casi nunca lo gana nadie; los titulares del día siguiente son los que cuentan. En las horas posteriores al debate, si saben lo que hacen, un nutrido grupo de opinadores, todólogos y responsables de prensa de ambos partidos se habrán dedicado a hablar (off the record, por descontado) con todo aquel periodista dispuesto a escucharles señalando todas y cada una de las maravillosas estocadas dialécticas que su campeón en armas han inflingido en su rival.
En el mundo mediático español, tan lleno de trolls unicejos monopartidistas, la verdad es que es un trabajo probablemente poco agradecido. El puñado de columnistas con reputación de equidistaníes (y los desertores ocasionales de la causa rival, caso del Mundo) se habrán llevado un montón de peloteo, sintiéndose muy importantes. El Santo Grial para ambos partidos, sin embargo es el titular, la línea de victoria obvia y clarita que es fácil de vender a todos esos redactores cansados, faltos de tiempo e ideas y que quieren un tener un veredicto antes de irse a dormir. En el mundo moderno, ese veredicto es el de las encuestas, y parece que en eso Zapatero ha ganado de forma relativamente clara.
El titularcillo para casi todos los medios y periodistas más o menos "neutrales" de forma ocasional (Herrera, Del Olmo, la mayoría de las televisiones) será decir que el presidente ha ganado en los cuatro sondeos, por cuatro, doce, seis y quince puntos; una media de 9,25. Solbes le saco 10 puntos a Pizarro, así que a Rajoy la cosa no le ha ido demasiado mejor.
A pesar del margen parecido, no creo que la derrota mediática post-debate sea tan clara como la paliza que se llevo el pobre Pizarro, que la verdad tampoco estuvo tan mal. Al de Teruel los medios de la derecha (y no pocos miembros del PP) le ven como una especie de enchufado con pasta, una especie de capricho de un líder que no respetan demasiado. Rajoy, sin embargo, sigue siendo el jefe, un potencial (aunque improbable) presidente del gobierno; si gana, no quieres ser el que le puso a parir, y si pierde, no quieres que tus compañeros de partido te recuerden por ser el gracioso que le pegó una patada en la boca después que tropezara en el debate.
La reacción más probable será algo que hemos escuchado otras veces, eso que Rajoy es un gran parlamentario pero que ayer no estaba del todo fino, no acabó de machacar del todo o que fue demasiado educado y honorable y dejó escapar a Zapatero con vida. Un poco como Fernando Torres (pre-Liverpool), que es muy bueno pero nunca hace nada, sólo que en político de la oposición. Añadiendo, como de costumbre, que al PP todos le odian y que por tanto no puede ganar nunca, algo que de tan obvio debería dar que pensar a los que usan tan triste excusa. A media tarde mañana tendremos al PP suspirando la ocasión perdida y a los socialistas todo orgullosos diciendo no se qué de moral, tendencia y ritmo, ritmo, ritmo de la nooooche.
Lo que no dejará de ser ligeramente triste, y vuelvo a la columna de Bassets. El tipo, pobrecillo, pone como ejemplo de debate ganado por goleada el día después uno de Mondale y Reagan en Estados Unidos en 1984. Dukakis debatió y manejo a los todólogos como los ángeles. No hace falta que recuerde quién acabó ganando las elecciones.
En fin, basta ya de tacticas y chorradas. Me parece que debería hablar de políticas y propuestas concretas más, y menos de detalles periféricos; parezco un todólogo tonto de la Ser de los que tanto critico. Por favor, preguntad. Decidme sobre qué propuestas queréis que pontifique con la gracia y alegría que un troll con gafas y martillo intelectual pueden operar. Estoy hasta las cejas de táctica, leches.
lunes, febrero 25, 2008
Primary Colors (XXXIX): de la mediocridad, virtud
La campaña de Hillary Clinton está llena de gente muy bien pagada. Es esa clase de gente que todos los frikis licenciados en políticas queremos ser cuando seamos mayores; tipos que se hacen millonarios asesorando a candidatos y organizando campañas en grandes, enormes elecciones presidenciales que duran meses y meses. En el caso de Hillary últimamente están cobrando ingentes cantidades de dinero para ir perdiendo (el dinero no te da la Casa Blanca, dicen), pero vaya.
Lo que es bastante obvio es que si haces tanto dinero, se espera que seas capaz de sacar mensajes brillantes para que tu candidato los venda, y mantenerlos de forma sostenida. Les pagan para saber qué funciona y qué falla, se supone. Ha sido una sorpresa mayúscula ver a Hillary Clinton estos días atacando a Obama de tres maneras distintas en los tres últimos días, como si andaran probando al azar a ver si algo funciona y suena la flauta. Aún más extraño ha sido ver a Clinton usar un mensaje que Aznar utilizó en los noventa: criticar a tu oponente por ser brillante.
Hacer de la mediocridad virtud es una táctica extraña. Básicamente Hillary lleva una semana criticando a Obama usando el siguiente razonamiento: "el tipo habla muy bien en público, pero las grandes palabras no aportan soluciones; votadme a mí, que soy aburrida de cojones, pero consecuentemente mucho más competente".
Lo cierto es que como mensaje parece haber dejado a la campaña de Obama un poco confundida; tiene que ser una sensación extraña ser criticado por ser un orador brillante. Llevan los últimos días debatiendose entre responder diciendo que hablar bien no te hace un imbécil en privado o contestar explicando la extensa lista de propuestas concretas de su candidato. La primera respuesta te hace parecer arrogante, la segunda obliga a Obama a ser más concreto y menos brillante.
Obama parece haber finalmente decidido responder defendiendo a sus votantes, preguntándose si esas acusaciones de Hillary significan que todos lo que le apoyan están alucinando o no saben lo que hacen. Como defensa es relativamente decente, aunque estás hablando a quién ya te ha votado, algo que puede generar dudas a quien no lo ha hecho.
Aún así, es cuestionable que esta línea de ataque sea realmente efectiva. Sí, estás forzando a tu rival a ponerse a la defensiva, pero al hacerlo estás recordando a los votantes precisamente por qué Obama les gusta, y encima le das la oportunidad para que hable sobre sus propuestas concretas de forma constante. La crítica de falta de ideas puede ser efectiva si tu blanco es un tipo que no las tiene; Obama sin embargo es un friki político amante del detalle. De hecho han sido capaces de contestar machacando a Hillary en algunos temas en que sus posiciones no son populares, como el NAFTA (libre comercio con Méjico y Canadá, firmado por su marido; aunque la verdad el tratado ha sido bueno), algo que no debería darles alegrías.
Más preocupante aún, el mensaje de Hillary ha sido poco consistente. Ayer era sarcástica, en el debate hablaba de experiencia, y Dios sabe qué línea de argumentación utilizarán hoy. No puedes ir de un lado a otro de este modo sin hacer que tu candidata parezca ligeramente bipolar o un poco demasiado desesperada, y eso se nota; la prensa ya anda hablando de crisis de moral y despedidas.
Mañana debaten de nuevo, veremos si Clinton sigue poniéndose sentimental (no) diciendo adiós. Las encuestas en Texas dan ahora mismo un empate (recordad que Clinton tenía 20 puntos de ventaja hace una un par de semanas) y en Ohio siete puntos (eran 25 antes de Wisconsin) para Clinton. Obama aún no lo tiene ganado, pero la verdad es que Hillary tiene que mejorar. Veremos.
Lo que es bastante obvio es que si haces tanto dinero, se espera que seas capaz de sacar mensajes brillantes para que tu candidato los venda, y mantenerlos de forma sostenida. Les pagan para saber qué funciona y qué falla, se supone. Ha sido una sorpresa mayúscula ver a Hillary Clinton estos días atacando a Obama de tres maneras distintas en los tres últimos días, como si andaran probando al azar a ver si algo funciona y suena la flauta. Aún más extraño ha sido ver a Clinton usar un mensaje que Aznar utilizó en los noventa: criticar a tu oponente por ser brillante.
Hacer de la mediocridad virtud es una táctica extraña. Básicamente Hillary lleva una semana criticando a Obama usando el siguiente razonamiento: "el tipo habla muy bien en público, pero las grandes palabras no aportan soluciones; votadme a mí, que soy aburrida de cojones, pero consecuentemente mucho más competente".
Lo cierto es que como mensaje parece haber dejado a la campaña de Obama un poco confundida; tiene que ser una sensación extraña ser criticado por ser un orador brillante. Llevan los últimos días debatiendose entre responder diciendo que hablar bien no te hace un imbécil en privado o contestar explicando la extensa lista de propuestas concretas de su candidato. La primera respuesta te hace parecer arrogante, la segunda obliga a Obama a ser más concreto y menos brillante.
Obama parece haber finalmente decidido responder defendiendo a sus votantes, preguntándose si esas acusaciones de Hillary significan que todos lo que le apoyan están alucinando o no saben lo que hacen. Como defensa es relativamente decente, aunque estás hablando a quién ya te ha votado, algo que puede generar dudas a quien no lo ha hecho.
Aún así, es cuestionable que esta línea de ataque sea realmente efectiva. Sí, estás forzando a tu rival a ponerse a la defensiva, pero al hacerlo estás recordando a los votantes precisamente por qué Obama les gusta, y encima le das la oportunidad para que hable sobre sus propuestas concretas de forma constante. La crítica de falta de ideas puede ser efectiva si tu blanco es un tipo que no las tiene; Obama sin embargo es un friki político amante del detalle. De hecho han sido capaces de contestar machacando a Hillary en algunos temas en que sus posiciones no son populares, como el NAFTA (libre comercio con Méjico y Canadá, firmado por su marido; aunque la verdad el tratado ha sido bueno), algo que no debería darles alegrías.
Más preocupante aún, el mensaje de Hillary ha sido poco consistente. Ayer era sarcástica, en el debate hablaba de experiencia, y Dios sabe qué línea de argumentación utilizarán hoy. No puedes ir de un lado a otro de este modo sin hacer que tu candidata parezca ligeramente bipolar o un poco demasiado desesperada, y eso se nota; la prensa ya anda hablando de crisis de moral y despedidas.
Mañana debaten de nuevo, veremos si Clinton sigue poniéndose sentimental (no) diciendo adiós. Las encuestas en Texas dan ahora mismo un empate (recordad que Clinton tenía 20 puntos de ventaja hace una un par de semanas) y en Ohio siete puntos (eran 25 antes de Wisconsin) para Clinton. Obama aún no lo tiene ganado, pero la verdad es que Hillary tiene que mejorar. Veremos.
sábado, febrero 23, 2008
Elecciones Estepaís (VIII): un juego de pulgadas
Una nota rápida sobre el debate Solbes-Pizarro del otro día. He estado escuchando demasiadas muestras de euforia desbordada, con gente hablando que la paliza fue un cambio substancial en la campaña.
A ver, no negaré que fue una soberana paliza. Solbes tiene que ser muy buena persona, porque un político con más mala leche hubiera sacado a Pizarro llorando del plató con lo perdido que estuvo a ratos. Pero debemos recordar varias cosas. Para empezar lo que decía el otro día, que los debates valen poco. Los cinco millones de espectadores que lo vieron son (no lo neguéis) probablemente hinchas frikis de un partido político, más interesados en ver quién gana o quién pierde y apoyar a su equipo que en dejarse convencer. Pensad sobre cuánta gente mira un Sevilla - Atlético de Madrid por la tele (una cifra parecida) y cuántos de estos espectadores lo estan mirando para decidir quién pondrán en la quiniela la semana siguiente.
Segundo, esto es una campaña electoral, y las cosas se deciden y mueven lenta y pausadamente. Si no hay un suceso o pifia extraordinario, un electorado cambia de opinión poco a poco, de uno en uno y desde luego no porque los políticos se entusiasmen porque el rival ha perdido la iniciativa táctica. La decisión de voto es mucho menos barroca y rebuscada de lo que se pretende, y desde luego mucho menos ordenadita, racional y uniforme de lo que vemos en los medios.
Hablaré más sobre ello mañana.
A ver, no negaré que fue una soberana paliza. Solbes tiene que ser muy buena persona, porque un político con más mala leche hubiera sacado a Pizarro llorando del plató con lo perdido que estuvo a ratos. Pero debemos recordar varias cosas. Para empezar lo que decía el otro día, que los debates valen poco. Los cinco millones de espectadores que lo vieron son (no lo neguéis) probablemente hinchas frikis de un partido político, más interesados en ver quién gana o quién pierde y apoyar a su equipo que en dejarse convencer. Pensad sobre cuánta gente mira un Sevilla - Atlético de Madrid por la tele (una cifra parecida) y cuántos de estos espectadores lo estan mirando para decidir quién pondrán en la quiniela la semana siguiente.
Segundo, esto es una campaña electoral, y las cosas se deciden y mueven lenta y pausadamente. Si no hay un suceso o pifia extraordinario, un electorado cambia de opinión poco a poco, de uno en uno y desde luego no porque los políticos se entusiasmen porque el rival ha perdido la iniciativa táctica. La decisión de voto es mucho menos barroca y rebuscada de lo que se pretende, y desde luego mucho menos ordenadita, racional y uniforme de lo que vemos en los medios.
Hablaré más sobre ello mañana.
Elecciones Estepaís (VII): la tontería de la limitación de mandatos
Ignacio Urquizu, buen amigo y escribidor ocasional por esta bitácora, publica hoy un magnífico artículo en El País sobre una de las más extrañas obsesiones de la derecha española, la limitación de mandatos.
Nada que los lectores fieles de esta bitácora no sepan, vamos. Pero el artículo es excelente. No se dice a menudo, pero sí, puede que sea algo que debilita los partidos. Hay mucho listillo por ahí que se cree imprescindible y quiere que eso que "tras mi salida, el desastre" sea totalmente cierto.
Nada que los lectores fieles de esta bitácora no sepan, vamos. Pero el artículo es excelente. No se dice a menudo, pero sí, puede que sea algo que debilita los partidos. Hay mucho listillo por ahí que se cree imprescindible y quiere que eso que "tras mi salida, el desastre" sea totalmente cierto.
En caso de duda, utilizar jerga
De todos los ejemplos de mala ciencia del mundo, el más enternecedor de todos es el de la ofuscación. Si estamos diciendo algo que probablemente es una bobada, nada mejor que lanzar una cantidad espectacular de palabras altisonantes y estadísticas complicadas a ver si cuela.
No es que no me suene el mecanismo. Joder, hay más de un artículo por hay firmado por un servidor que tiene páginas enteras llenas de jerga inútil, a veces en respuesta a asignaturas basadas en escribir libros enteros en esta clase de basura (teoría de la democracia... ugh). Lo más patético del asunto es que parece que algunos negacionistas del cambio climático han decidido que la ciencia no les gusta, así que han decidido invertarse una nueva. Disfruten del más nuevo peñazo de ofuscación ridícula aquí mismo.
Los pardillos de LD citan todo orgullos un artículo que analiza una teoría científica mediante una auditoría. Es como si leyéramos la Biblia asegurando que respeta los principios de contabilidad de una caja de ahorros y monte de piedad.
Sin meterme en detalles, empecemos por el hecho que el autor de la burrada en cuestión es profesor de márketing y no tiene la más remota idea sobre el tema en el que está tratando. Aparte de que sólo discute un sólo capítulo del informe (8) y que muchas de sus críticas están resueltas en otros sitios, claro. Lo que es más divertido es que su método de evaluar la teoría es cualquier cosa menos científico; su criterio es establecer 140 condiciones que hacen que una predicción sea "válida". Lo divertido es que los modelos de cambio climático no son predicciones, son teorías; un distinción nada trivial.
Una teoría es una explicación sobre un mecanismo causal. La teoría de la gravitación universal no "predice" el futuro; explica que en todo caso si vemos unas determinadas condiciones (dos cuerpos, masa, etcétera) tendremos fuerzas de atracción. Una teoría científica no hace futurología; lo que dice es que si tenemos unas determinadas condiciones, basadas en unos determinados supuestos y manteniendo todo lo demás estable, deberíamos ver una cosa determinada al final. Hay teorías mejores, con un mejor mecanismo causal y que cubren más variables, y hay teorías peores, que se corresponden menos con lo que vemos en realidad.
Una buena teoría puede hacer predicción, si podemos "echarla a andar" partiendo desde supuestos conocidos. Pelota flotando en el vacio cerca de estrella que pesa una burrada. Pum, atracción. El problema es que a menudo no podemos definir el momento cero de forma lo suficiente precisa al no tener todos los datos posibles, que es lo que sucede con los modelos y teorías del cambio climático. El punto de partida son supuestos y cientos de escenarios, y a partir de todo ello se estima y refina un posible resultado realista.
La chorrada que repite LD y allegados que suelta Amstrong al tratar las teorías y modelos científicos como si fueran ejercicios de predicción es ignorar el hecho que cualquier estudio científico de la realidad parte del hecho que esa realidad es imposible de medir completamente. Evidentemente, es muy sencillo criticar a teorías científicas pidiendo que cumplan una larga retahilia de criterios subjetivos imposibles y quedarse tan ancho.
La cuestión, esa crítica no es ciencia, y no invalida un ápice la teoría.
No es que no me suene el mecanismo. Joder, hay más de un artículo por hay firmado por un servidor que tiene páginas enteras llenas de jerga inútil, a veces en respuesta a asignaturas basadas en escribir libros enteros en esta clase de basura (teoría de la democracia... ugh). Lo más patético del asunto es que parece que algunos negacionistas del cambio climático han decidido que la ciencia no les gusta, así que han decidido invertarse una nueva. Disfruten del más nuevo peñazo de ofuscación ridícula aquí mismo.
Los pardillos de LD citan todo orgullos un artículo que analiza una teoría científica mediante una auditoría. Es como si leyéramos la Biblia asegurando que respeta los principios de contabilidad de una caja de ahorros y monte de piedad.
Sin meterme en detalles, empecemos por el hecho que el autor de la burrada en cuestión es profesor de márketing y no tiene la más remota idea sobre el tema en el que está tratando. Aparte de que sólo discute un sólo capítulo del informe (8) y que muchas de sus críticas están resueltas en otros sitios, claro. Lo que es más divertido es que su método de evaluar la teoría es cualquier cosa menos científico; su criterio es establecer 140 condiciones que hacen que una predicción sea "válida". Lo divertido es que los modelos de cambio climático no son predicciones, son teorías; un distinción nada trivial.
Una teoría es una explicación sobre un mecanismo causal. La teoría de la gravitación universal no "predice" el futuro; explica que en todo caso si vemos unas determinadas condiciones (dos cuerpos, masa, etcétera) tendremos fuerzas de atracción. Una teoría científica no hace futurología; lo que dice es que si tenemos unas determinadas condiciones, basadas en unos determinados supuestos y manteniendo todo lo demás estable, deberíamos ver una cosa determinada al final. Hay teorías mejores, con un mejor mecanismo causal y que cubren más variables, y hay teorías peores, que se corresponden menos con lo que vemos en realidad.
Una buena teoría puede hacer predicción, si podemos "echarla a andar" partiendo desde supuestos conocidos. Pelota flotando en el vacio cerca de estrella que pesa una burrada. Pum, atracción. El problema es que a menudo no podemos definir el momento cero de forma lo suficiente precisa al no tener todos los datos posibles, que es lo que sucede con los modelos y teorías del cambio climático. El punto de partida son supuestos y cientos de escenarios, y a partir de todo ello se estima y refina un posible resultado realista.
La chorrada que repite LD y allegados que suelta Amstrong al tratar las teorías y modelos científicos como si fueran ejercicios de predicción es ignorar el hecho que cualquier estudio científico de la realidad parte del hecho que esa realidad es imposible de medir completamente. Evidentemente, es muy sencillo criticar a teorías científicas pidiendo que cumplan una larga retahilia de criterios subjetivos imposibles y quedarse tan ancho.
La cuestión, esa crítica no es ciencia, y no invalida un ápice la teoría.
jueves, febrero 21, 2008
Nota al margen: Obama y sus ideas.
He estado oyendo voces diciendo que Obama es una especie de piltrafilla legislativo, algo que no es cierto en absoluto. Aquí y aquí podeis encontrar una buena colección de enlaces a todo lo que ha hecho en el senado, que no es poco. Como diría aquel, programa, programa, programa.
Parece mentira que algunos ahora critiquen un tipo por hablar bien en público. Como si uno no puede ser buen orador y listo al mismo tiempo, vamos.
Parece mentira que algunos ahora critiquen un tipo por hablar bien en público. Como si uno no puede ser buen orador y listo al mismo tiempo, vamos.
miércoles, febrero 20, 2008
Primary Colors (XXXVIII): buscando a todos
Obama sigue ganando, y de forma cada vez más convincente. Dejando de lado Hawaii, estado dónde vivió durante años, ayer le clavó a Hillay Clinton unos más que convincentes 17 puntos de ventaja en Wisconsin.
La victoria es significativa por varios motivos. Primero, es un estado que en un principio no le "cuadraba" a Obama: 87.5% blanco, con una población mayoritariamente trabajadora y pocos universitarios.
Segundo, Obama esta vez sí ha ganado en todos los grupos; ni siquiera el voto femenino se inclinó para Hillary (Obama sacó un 50%). Poco a poco los Clinton están perdiendo el apoyo de todos los grupos que consideran imprescindibles para ganar: rentas bajas, clase obrera y mujeres le dieron definitivamente la espalda en Wisconsin, siguiendo a esos hombres blancos que en teoría no votarían por un afroamericano.
Tercero, es la décima victoria consecutiva de Obama, algo que parece dejar claro que la vieja forma de hacer política de los Clinton está fallando. Tradicionalmente las campañas americanas se construyen a base de segmentar el electorado y buscar los votos de forma estratégica. Es por este motivo que se da toda esta importancia a los grupos sociales, bloques de voto y el quién- apoya- a -quién. "Voto latino", "swing states", "soccer moms", "NASCAR dads" y todo este encaje de bolillos que repiten los expertos tan a menudo.
La campaña de Clinton ha trabajado siguiendo estas recetas. Hay estados que cuentan, hay estados que no. Hay votantes que podemos ganar, hay votantes que damos por perdidos. Hay delegados por los que competimos, hay delegados que ignoramos alegremente. Obama, por el contrario, ha hecho una campaña literalmente de ir a por todos. No ha ignorado ningún estado; gaste mucho o poco dinero, su campaña ha estado organizando gente en todas partes (en un uso espectacular de internet; no lo valoré suficiente), poniendo voluntarios en todos lados y básicamente trabajando en todo el país.
El resultado ha sido el previsible, aunque ha pillado por sorpresa a todo el mundo: Obama va ganando a base de sacar petroleo en sitios donde nadie estaba buscando. A base de perder por relativamente poco en los lugares "estratégicos" (California, Nueva Jersey, Massachusetts) y ganar de forma consistente (y cada vez más clara) en todas partes, el tipo va ganando, y está en una posición de ventaja para ganar estas elecciones.El mes de febrero ha sido una victoria tras otra para Obama, que lejos de creer que los estados "cruciales" de Tejas y Ohio lo eran todo no ha hecho más que poner esfuerzo y energía en todas partes.
Diez victorias consecutivas después domina la cuenta de delegados, tiene a la prensa a sus pies y sólo puede perder la carrera electoral si Hillary gana al menos un 65% de todos lo delegados que quedan, algo que va mucho más allá de lo improbable. Si Obama no comete un error de bulto antes del 4 de marzo, puede ganar Ohio (muy similar a Wisconsin) y ser competitivo o incluso ganar en Tejas y cerrar la puerta a Clinton de forma definitiva.
Tengo que hacer números, pero estoy casi por decir que Obama ha ganado usando la más vieja de las tácticas políticas: Downs y su votante mediano. En vez de hacer una campaña calculada, específica y especializada, el tipo sencillamente ha ido a buscar votos a todas partes; el objetivo no han sido grupos o clientelas, pero una mayoría amplia. Y a base de ignorar a nadie, ha acabado creando una mayoría.
¿La previsión? Pues la verdad, aún no me atrevo a descartar a Clinton, pero lo tiene cada vez más crudo. Estoy por darles un 65-35 ya en vez de un 60-40. Nadie se esperaba que los Clinton, políticos veteranos curtidos en mil batallas, cometieran tantísimos errores, dándole victorias gratis a su oponente una y otra vez. Lo tienen difícil, pero nunca se sabe. El 4 de marzo, más.
La victoria es significativa por varios motivos. Primero, es un estado que en un principio no le "cuadraba" a Obama: 87.5% blanco, con una población mayoritariamente trabajadora y pocos universitarios.
Segundo, Obama esta vez sí ha ganado en todos los grupos; ni siquiera el voto femenino se inclinó para Hillary (Obama sacó un 50%). Poco a poco los Clinton están perdiendo el apoyo de todos los grupos que consideran imprescindibles para ganar: rentas bajas, clase obrera y mujeres le dieron definitivamente la espalda en Wisconsin, siguiendo a esos hombres blancos que en teoría no votarían por un afroamericano.
Tercero, es la décima victoria consecutiva de Obama, algo que parece dejar claro que la vieja forma de hacer política de los Clinton está fallando. Tradicionalmente las campañas americanas se construyen a base de segmentar el electorado y buscar los votos de forma estratégica. Es por este motivo que se da toda esta importancia a los grupos sociales, bloques de voto y el quién- apoya- a -quién. "Voto latino", "swing states", "soccer moms", "NASCAR dads" y todo este encaje de bolillos que repiten los expertos tan a menudo.
La campaña de Clinton ha trabajado siguiendo estas recetas. Hay estados que cuentan, hay estados que no. Hay votantes que podemos ganar, hay votantes que damos por perdidos. Hay delegados por los que competimos, hay delegados que ignoramos alegremente. Obama, por el contrario, ha hecho una campaña literalmente de ir a por todos. No ha ignorado ningún estado; gaste mucho o poco dinero, su campaña ha estado organizando gente en todas partes (en un uso espectacular de internet; no lo valoré suficiente), poniendo voluntarios en todos lados y básicamente trabajando en todo el país.
El resultado ha sido el previsible, aunque ha pillado por sorpresa a todo el mundo: Obama va ganando a base de sacar petroleo en sitios donde nadie estaba buscando. A base de perder por relativamente poco en los lugares "estratégicos" (California, Nueva Jersey, Massachusetts) y ganar de forma consistente (y cada vez más clara) en todas partes, el tipo va ganando, y está en una posición de ventaja para ganar estas elecciones.El mes de febrero ha sido una victoria tras otra para Obama, que lejos de creer que los estados "cruciales" de Tejas y Ohio lo eran todo no ha hecho más que poner esfuerzo y energía en todas partes.
Diez victorias consecutivas después domina la cuenta de delegados, tiene a la prensa a sus pies y sólo puede perder la carrera electoral si Hillary gana al menos un 65% de todos lo delegados que quedan, algo que va mucho más allá de lo improbable. Si Obama no comete un error de bulto antes del 4 de marzo, puede ganar Ohio (muy similar a Wisconsin) y ser competitivo o incluso ganar en Tejas y cerrar la puerta a Clinton de forma definitiva.
Tengo que hacer números, pero estoy casi por decir que Obama ha ganado usando la más vieja de las tácticas políticas: Downs y su votante mediano. En vez de hacer una campaña calculada, específica y especializada, el tipo sencillamente ha ido a buscar votos a todas partes; el objetivo no han sido grupos o clientelas, pero una mayoría amplia. Y a base de ignorar a nadie, ha acabado creando una mayoría.
¿La previsión? Pues la verdad, aún no me atrevo a descartar a Clinton, pero lo tiene cada vez más crudo. Estoy por darles un 65-35 ya en vez de un 60-40. Nadie se esperaba que los Clinton, políticos veteranos curtidos en mil batallas, cometieran tantísimos errores, dándole victorias gratis a su oponente una y otra vez. Lo tienen difícil, pero nunca se sabe. El 4 de marzo, más.
martes, febrero 19, 2008
El triste adiós de Fidel Castro
Fidel Castro lo deja, y tristemente, se va de la mejor manera posible para una dictadura. Normalmente un gobierno autoritario "bien" gestionado (esto es, que reprime de forma lo suficiente entusiasta para ser estable) está en una situación de riesgo cuando debe cambiar de presidente/ caudillo / secretario general.
La sucesión exige un reequilibrio de las coaliciones de gente con muy mala leche que dominan una dictadura, con el aliciente añadido que es cuando "muere" el último jefe que todos esos generales y funcionarios de partido ambiciosos pueden aspirar a ser el nuevo comandante. Eso hace que el régimen pierda cohesión, y crea una apertura para una transición a la democracia, algo que parece que no veremos en Cuba a corto plazo.
La situación ideal para una transición a la democracia en Cuba hubiera sido, evidentemente, que Castro muriera de golpe sin tener tiempo de nombrar un sucesor. El súbito vacio de poder hubiera puesto a mucha gente muy ambiciosa a trabajar para serrar el suelo bajo los pies de Raúl Castro, un líder mucho menos natural que Fidel. El problema es que el viejo cabrón no sólo no se murió rápido, sino que dejó todo atado y bien atado escogiendo a un tipo igual o más cruel que él mismo. La transición será relativamente sencilla ahora, dejando pocas oportunidades para que el régimen muestre sus grietas.
Evidentemente, no todo son malas noticias. Para empezar, Raúl no es precisamente un chaval; tiene buena salud, pero sus buenos 76 añitos le pesarán tarde o temprano. Por añadido, la dictadura cubana tarde o temprano se quedará sóla; Hugo Chávez ya ha demostrado que como potencial dictador eterno de Venezuela es bastante incompetente (perdiendo referéndums y tal) así que el chollo del petroleo barato les durará pocos años. Y con suerte el próximo presidente de Estados Unidos no será un melón (McCain, Obama y Clinton tienen cerebros funcionales) y se tomarán el siguiente traspaso de poderes como una oportunidad seria.
A no ser que el sucesor de Raúl sea Alejandro Castro, su hijo, y tengamos una nueva Casa Real entre las dictaduras comunistas del mundo. A saber.... Veremos como se desarrollan los acontecimientos, pero no soy optimista ahora mismo en cuanto a ver una transición a la democracia.
Nota al margen: Cuba es una democracia "natural", por cierto. Poca dependencia de recursos naturales, una sociedad bastante igualitaria... Son una democracia probable a medio plazo. Hay esperanza.
La sucesión exige un reequilibrio de las coaliciones de gente con muy mala leche que dominan una dictadura, con el aliciente añadido que es cuando "muere" el último jefe que todos esos generales y funcionarios de partido ambiciosos pueden aspirar a ser el nuevo comandante. Eso hace que el régimen pierda cohesión, y crea una apertura para una transición a la democracia, algo que parece que no veremos en Cuba a corto plazo.
La situación ideal para una transición a la democracia en Cuba hubiera sido, evidentemente, que Castro muriera de golpe sin tener tiempo de nombrar un sucesor. El súbito vacio de poder hubiera puesto a mucha gente muy ambiciosa a trabajar para serrar el suelo bajo los pies de Raúl Castro, un líder mucho menos natural que Fidel. El problema es que el viejo cabrón no sólo no se murió rápido, sino que dejó todo atado y bien atado escogiendo a un tipo igual o más cruel que él mismo. La transición será relativamente sencilla ahora, dejando pocas oportunidades para que el régimen muestre sus grietas.
Evidentemente, no todo son malas noticias. Para empezar, Raúl no es precisamente un chaval; tiene buena salud, pero sus buenos 76 añitos le pesarán tarde o temprano. Por añadido, la dictadura cubana tarde o temprano se quedará sóla; Hugo Chávez ya ha demostrado que como potencial dictador eterno de Venezuela es bastante incompetente (perdiendo referéndums y tal) así que el chollo del petroleo barato les durará pocos años. Y con suerte el próximo presidente de Estados Unidos no será un melón (McCain, Obama y Clinton tienen cerebros funcionales) y se tomarán el siguiente traspaso de poderes como una oportunidad seria.
A no ser que el sucesor de Raúl sea Alejandro Castro, su hijo, y tengamos una nueva Casa Real entre las dictaduras comunistas del mundo. A saber.... Veremos como se desarrollan los acontecimientos, pero no soy optimista ahora mismo en cuanto a ver una transición a la democracia.
Nota al margen: Cuba es una democracia "natural", por cierto. Poca dependencia de recursos naturales, una sociedad bastante igualitaria... Son una democracia probable a medio plazo. Hay esperanza.
lunes, febrero 18, 2008
Elecciones Estepaís (VI): hablando de economía
Leyendo las encuestas y las noticias de campaña desde España, andaba yo pensando por qué el PSOE está insistiendo en una estrategia que parece quitarles la iniciativa. Me refiero a cómo está reaccionando el gobierno a las noticias negativas sobre la evolución de la economía.
La reacción natural de los políticos (y opinadores asociados; no es que yo no haga lo mismo) cuando llegan malas noticias sobre la evolución de la economía es decir que es una cosa pasajera, una pequeña aberración estadística que durará unos meses pero que no debe preocuparnos. No deja de ser cierto, pero como estrategia de comunicación te crea el problema que te obliga a responder lo mismo un mes tras otro hasta que el bache pasa y la economía se recupera. Si la cosa dura poco eso no es problema, pero si se alarga acabarás con una cara de tonto de espanto, y lo que es peor, la inciativa de tu campaña la tendrá el Instituto Nacional de Estadística, no tu gobierno.
¿Qué alternativas tiene un gobierno que afronta unas elecciones metido en una crisis económica? Sonará bizarro, pero a veces decir la verdad es una buena idea. Llamémosle apelar al masoquismo del electorado, en cierto modo. El gobierno debe decir con claridad qué sucede: la economía mundial va mal; una mala gestión del mercado de crédito por parte de las autoridades americanas, sumada a la insaciable demanda de petroleo de China e India y el final de una burbuja inmobiliaria heredada del PP y los tipos bajos del BCE nos han puesto en un problema. Todo eso es cierto.
Lo que debe decir el gobierno con fuerza, sin embargo, es que todo esto lo teníamos previsto, tenemos margen presupuestario, sabemos cómo afrontarlo, y aquí tenéis un montón de políticas públicas, iniciativas de progreso, programas de empleo y prestaciones específicas para quien lo está pasando mal para asegurar que todos juntos capeamos el temporal. Es duro y tocará apretar los dientes un rato, pero nosotros somos el médico adecuado para cuidar al enfermo durante la enfermedad, honesto, directo y bien preparado, no como el lunático que grita en la puerta alegrándose cada vez que alguien se va al paro.
La estrategia le funcionó a González en 1993, a los conservadores británicos (contra todo pronóstico) tras cargarse a Thatcher y Schroeder en Alemania en el 2002, entre otros distinguidos supervivientes. Joder, los laboristas británicos se pasaron 13 o 14 años ganando elecciones usando el berrido al electorado como estrategia política. ¿Es una infalible? Evidentemente, no. Para poder usar esa retórica el gobierno tiene que haber sido relativamente previsor al hablar de economía (no lo ha sido) y tener una figura creíble, adusta y que pueda ejercer de cirujano duro pero compasivo (la tienen: Solbes).
Lo que es seguro es que es mejor ser proactivo y dar una imagen de control y fuerza que no tirarse a cubierto cada vez que salen los datos del paro.
La reacción natural de los políticos (y opinadores asociados; no es que yo no haga lo mismo) cuando llegan malas noticias sobre la evolución de la economía es decir que es una cosa pasajera, una pequeña aberración estadística que durará unos meses pero que no debe preocuparnos. No deja de ser cierto, pero como estrategia de comunicación te crea el problema que te obliga a responder lo mismo un mes tras otro hasta que el bache pasa y la economía se recupera. Si la cosa dura poco eso no es problema, pero si se alarga acabarás con una cara de tonto de espanto, y lo que es peor, la inciativa de tu campaña la tendrá el Instituto Nacional de Estadística, no tu gobierno.
¿Qué alternativas tiene un gobierno que afronta unas elecciones metido en una crisis económica? Sonará bizarro, pero a veces decir la verdad es una buena idea. Llamémosle apelar al masoquismo del electorado, en cierto modo. El gobierno debe decir con claridad qué sucede: la economía mundial va mal; una mala gestión del mercado de crédito por parte de las autoridades americanas, sumada a la insaciable demanda de petroleo de China e India y el final de una burbuja inmobiliaria heredada del PP y los tipos bajos del BCE nos han puesto en un problema. Todo eso es cierto.
Lo que debe decir el gobierno con fuerza, sin embargo, es que todo esto lo teníamos previsto, tenemos margen presupuestario, sabemos cómo afrontarlo, y aquí tenéis un montón de políticas públicas, iniciativas de progreso, programas de empleo y prestaciones específicas para quien lo está pasando mal para asegurar que todos juntos capeamos el temporal. Es duro y tocará apretar los dientes un rato, pero nosotros somos el médico adecuado para cuidar al enfermo durante la enfermedad, honesto, directo y bien preparado, no como el lunático que grita en la puerta alegrándose cada vez que alguien se va al paro.
La estrategia le funcionó a González en 1993, a los conservadores británicos (contra todo pronóstico) tras cargarse a Thatcher y Schroeder en Alemania en el 2002, entre otros distinguidos supervivientes. Joder, los laboristas británicos se pasaron 13 o 14 años ganando elecciones usando el berrido al electorado como estrategia política. ¿Es una infalible? Evidentemente, no. Para poder usar esa retórica el gobierno tiene que haber sido relativamente previsor al hablar de economía (no lo ha sido) y tener una figura creíble, adusta y que pueda ejercer de cirujano duro pero compasivo (la tienen: Solbes).
Lo que es seguro es que es mejor ser proactivo y dar una imagen de control y fuerza que no tirarse a cubierto cada vez que salen los datos del paro.
sábado, febrero 16, 2008
Elecciones estepaís (V): debates
Habrá debate en España. Es lo más normal del mundo en todas partes, pero en España es noticia; por algún motivo extraño los políticos españoles temen el debate, viéndolo como una especie de horror gótico a evitar.
La verdad, aunque son imprescindibles (aunque sea para abaratar las campañas electorales) no son tan relevantes, y aún menos en un sistema político como el español. Y en contra de la absurda mitificación de algunos, para un candidato mínimamente competente no son un "desafio", "duelo" o "reto" tan complicado. Un político profesional (y más en un sistema parlamentario como España) lleva toda la vida haciendo esas cosas, que por cierto si pueden ser entrenadas.
¿Qué efectos sobre el voto tiene un debate entre candidatos? Pues la verdad, exceptuando casos en que alguien comete un error atroz (pegar una bofeta al openente, desnudarse, chillar como un lunático, preguntar dónde está y qué está haciendo aquí), el efecto es en general muy, muy limitado. Por lo que sabemos, un debate tiene dos efectos más o menos relevantes: por un lado da a conocer a los candidatos, y por el otro refuerza las impresiones de los espectadores.
El primero es importante sobretodo en un país como Estados Unidos, dónde los candidatos pueden ser relativamente desconocidos. Para no pocos espectadores la primera vez que oyen hablar a un candidato durante más de dos minutos (especialmente para el que se presenta contra un presidente en activo) es en el debate presidencial. El efecto es relativamente limitado, pero es importante; para algunos votantes el debate es la primera impresión.
En España, sin embargo, este efecto es más limitado. El presidente del gobierno es bien conocido, evidentemente, pero en un sistema parlamentario el jefe de la oposición también es una figura bastante visible. Habrá muy poca gente que vea a Rajoy por primera vez en el debate, y quienes no lo hayan oído hablar demasiado antes, seguramente tendra una vaga idea sobre quién es, y una cierta opinión formada.
Lo que me lleva al segundo punto, el debate como reforzador de percepciones. La mayoría de votantes se sientan delante del televisor con una série de ideas preconcebidas; tienen una opinión de Zapatero, una opinión de Rajoy, se ven a si mismo de una determinada manera y tienen unas determinadas creencias e ideología. Cuando escuchamos un discurso, no importa lo racionales que seamos, interpretamos y evaluamos las ideas según el prisma de ideas y creencias previo. Si yo creo que todos los inmigrantes son unos criminales la idea de un examen no me parecerá mal; si creo que el PP me va a privatizar la sanidad, cuando oiga "racionalizar" en boca de Rajoy lo interpretaré como un ataque inminente a los hospitales públicos.
Eso se traduce que con muy pocas excepciones, un votante acabará el debaté más convencido de votar a su candidato o decepcionado que su candidato ha perdido el debate, pero raramente considerando cambiar de acera. Incluso en las palizas más obvias, descaradas y evidentes en debates en los últimos años (como la histórica masacre en los tres debates Bush-Kerry en el 2004) cambiaron pocos votos; los que creían que Bush era mejor se encogieron de hombros y pensaron que Kerry era un pedante, y los que votaban a Kerry se convencieron aún más que Bush era burro.
¿Son los debates irrelevantes? No, en absoluto. Tienen un efecto en la campaña, pero de forma mucho más sutil que el convencimiento directo de votantes. El más relevante es el hecho que afectan la agenda de los medios; se dice a menudo que un debate no se "gana" o "pierde" en la mesa, si no después, cuando los "expertos" opinan sobre quién ha ganado. El efecto no es tanto en la percepción de victoria o derrota, sino cómo la discusión sobre el debate afecta a los temas de campaña; si un candidato ha quedado especialmente mal hablando de un tema específico (terrorismo, sanidad, cambio climático) ese tema va a ser machacado sin compasión durante los días posteriores.
Eso puede ser bueno a veces para el perdedor del debate. Volviendo al 2004 John Kerry puso en ridículo de forma repetida a Bush hablando de política exterior, algo de lo que se habló muchísimo en los días sucesivos. Antes (y después) del debate, por desgracia, la mayoría de los votantes creían que Bush era mejor en ese tema, así que Kerry perdió la oportunidad que en la campaña se hablara de problemas en los que él era más fuerte. A pesar que la opinión del electorado sobre las credenciales en política exterior de Kerry mejoraron, no fue suficiente como para ponerle por delante.
Evidentemente, hay indecisos. Algunos de ellos incluso se sientan a ver el debate con la intención sincera de ser convencidos por algún político. Y sí, algunos deciden su voto gracias al debate. Pero en agregado, el efecto real de hablar dos horas en la tele es más bien limitado. Sinceramente, no hay tanto votante friki prestándoles atención de veras. Joder, el ejemplo que citan en LD es el de un debate que no le dió la victoria electoral a quien lo ganó...
La verdad, aunque son imprescindibles (aunque sea para abaratar las campañas electorales) no son tan relevantes, y aún menos en un sistema político como el español. Y en contra de la absurda mitificación de algunos, para un candidato mínimamente competente no son un "desafio", "duelo" o "reto" tan complicado. Un político profesional (y más en un sistema parlamentario como España) lleva toda la vida haciendo esas cosas, que por cierto si pueden ser entrenadas.
¿Qué efectos sobre el voto tiene un debate entre candidatos? Pues la verdad, exceptuando casos en que alguien comete un error atroz (pegar una bofeta al openente, desnudarse, chillar como un lunático, preguntar dónde está y qué está haciendo aquí), el efecto es en general muy, muy limitado. Por lo que sabemos, un debate tiene dos efectos más o menos relevantes: por un lado da a conocer a los candidatos, y por el otro refuerza las impresiones de los espectadores.
El primero es importante sobretodo en un país como Estados Unidos, dónde los candidatos pueden ser relativamente desconocidos. Para no pocos espectadores la primera vez que oyen hablar a un candidato durante más de dos minutos (especialmente para el que se presenta contra un presidente en activo) es en el debate presidencial. El efecto es relativamente limitado, pero es importante; para algunos votantes el debate es la primera impresión.
En España, sin embargo, este efecto es más limitado. El presidente del gobierno es bien conocido, evidentemente, pero en un sistema parlamentario el jefe de la oposición también es una figura bastante visible. Habrá muy poca gente que vea a Rajoy por primera vez en el debate, y quienes no lo hayan oído hablar demasiado antes, seguramente tendra una vaga idea sobre quién es, y una cierta opinión formada.
Lo que me lleva al segundo punto, el debate como reforzador de percepciones. La mayoría de votantes se sientan delante del televisor con una série de ideas preconcebidas; tienen una opinión de Zapatero, una opinión de Rajoy, se ven a si mismo de una determinada manera y tienen unas determinadas creencias e ideología. Cuando escuchamos un discurso, no importa lo racionales que seamos, interpretamos y evaluamos las ideas según el prisma de ideas y creencias previo. Si yo creo que todos los inmigrantes son unos criminales la idea de un examen no me parecerá mal; si creo que el PP me va a privatizar la sanidad, cuando oiga "racionalizar" en boca de Rajoy lo interpretaré como un ataque inminente a los hospitales públicos.
Eso se traduce que con muy pocas excepciones, un votante acabará el debaté más convencido de votar a su candidato o decepcionado que su candidato ha perdido el debate, pero raramente considerando cambiar de acera. Incluso en las palizas más obvias, descaradas y evidentes en debates en los últimos años (como la histórica masacre en los tres debates Bush-Kerry en el 2004) cambiaron pocos votos; los que creían que Bush era mejor se encogieron de hombros y pensaron que Kerry era un pedante, y los que votaban a Kerry se convencieron aún más que Bush era burro.
¿Son los debates irrelevantes? No, en absoluto. Tienen un efecto en la campaña, pero de forma mucho más sutil que el convencimiento directo de votantes. El más relevante es el hecho que afectan la agenda de los medios; se dice a menudo que un debate no se "gana" o "pierde" en la mesa, si no después, cuando los "expertos" opinan sobre quién ha ganado. El efecto no es tanto en la percepción de victoria o derrota, sino cómo la discusión sobre el debate afecta a los temas de campaña; si un candidato ha quedado especialmente mal hablando de un tema específico (terrorismo, sanidad, cambio climático) ese tema va a ser machacado sin compasión durante los días posteriores.
Eso puede ser bueno a veces para el perdedor del debate. Volviendo al 2004 John Kerry puso en ridículo de forma repetida a Bush hablando de política exterior, algo de lo que se habló muchísimo en los días sucesivos. Antes (y después) del debate, por desgracia, la mayoría de los votantes creían que Bush era mejor en ese tema, así que Kerry perdió la oportunidad que en la campaña se hablara de problemas en los que él era más fuerte. A pesar que la opinión del electorado sobre las credenciales en política exterior de Kerry mejoraron, no fue suficiente como para ponerle por delante.
Evidentemente, hay indecisos. Algunos de ellos incluso se sientan a ver el debate con la intención sincera de ser convencidos por algún político. Y sí, algunos deciden su voto gracias al debate. Pero en agregado, el efecto real de hablar dos horas en la tele es más bien limitado. Sinceramente, no hay tanto votante friki prestándoles atención de veras. Joder, el ejemplo que citan en LD es el de un debate que no le dió la victoria electoral a quien lo ganó...
jueves, febrero 14, 2008
Se tiene que hace más
Buen artículo de Público, poniendo cifras reales en los problemas imaginados y/o ficticios que viene proclamando el PP. A los que creen que los delitos cometidos por menores son un problema atroz, que los inmigrantes sólo traen consigo barbarie y poligamia, o sobre el problema del velo islámico, quizás deberían repasar estas cifras.
La única crítica: ¿Por qué los periódicos no hacen estas cosas más a menudo? Todos los periódicos (incluido Público) pierden el tiempo con un entusiasmo encomiable en repetir auténticas memeces, repitiendo críticas y comentarios totalmente irrelevantes y discutiendo nimiedades de estrategia y táctica electoral. Muchas declaraciones de políticos son puramente anécdotas que no cambian nada, y todas esas cabalas sobre iniciativa, posicionamiento y arimética es análisis, no noticias, y debería estar en la sección de opinión (o en esta bitácora, aficionada a menudo a repetir lo irrelevante).
Los periodistas se quejan a menudo que los políticos hablan mucho de chorradas insignificantes, brindis al sol y no bajan nunca al planeta tierra. Noticia: si les prestáis la misma atención cuando hablan de cosas concretas, realistas y cuando repiten burradas simiescas, sois parte del problema. Espabilen, coño.
Una muestra: la percepción de inseguridad ciudadana ha aumentado, pero los índices de delincuencia han bajado sin parar en los últimos cuatro años. De hecho comparado con nuestros vecinos el número de delitos es muy, muy bajo; España es un país muy seguro. ¿Por qué los medios no dicen cláramente que cuando el PP habla de crimen, mienten?
La única crítica: ¿Por qué los periódicos no hacen estas cosas más a menudo? Todos los periódicos (incluido Público) pierden el tiempo con un entusiasmo encomiable en repetir auténticas memeces, repitiendo críticas y comentarios totalmente irrelevantes y discutiendo nimiedades de estrategia y táctica electoral. Muchas declaraciones de políticos son puramente anécdotas que no cambian nada, y todas esas cabalas sobre iniciativa, posicionamiento y arimética es análisis, no noticias, y debería estar en la sección de opinión (o en esta bitácora, aficionada a menudo a repetir lo irrelevante).
Los periodistas se quejan a menudo que los políticos hablan mucho de chorradas insignificantes, brindis al sol y no bajan nunca al planeta tierra. Noticia: si les prestáis la misma atención cuando hablan de cosas concretas, realistas y cuando repiten burradas simiescas, sois parte del problema. Espabilen, coño.
Una muestra: la percepción de inseguridad ciudadana ha aumentado, pero los índices de delincuencia han bajado sin parar en los últimos cuatro años. De hecho comparado con nuestros vecinos el número de delitos es muy, muy bajo; España es un país muy seguro. ¿Por qué los medios no dicen cláramente que cuando el PP habla de crimen, mienten?
miércoles, febrero 13, 2008
Primary Colors (XXXVII): el ritmillo
Los americanos le llaman momentum. En El País le llaman inercia, iniciativa. Yo, la verdad, prefiero llamarlo algo un poco más hispánico; el ritmillo.
Obama tiene el ritmillo. Tras sacar un empate glorioso el pasado martes, llegando desde atrás, de lejos, y empatando contra casi todos los pronósticos, el tipo ganó en las cuatro primarias de este fin de semana de calle (Washington, Louisiana, Nebraska y Maine) y acaba de ganar las tres votaciones del martes (Maryland, Virginia, Washington DC) en plan apisonadora. El aire de ganador de Obama es innegable, y las primarias, de golpe y porrazo, parecen estar cada vez más difíciles para Hillary Clinton.
Desde el martes pasado, todo parece salirle mal a Hillary. Después de ser incapaz de dar el golpe decisivo prometido el supermartes, el miércoles se conoció que su campaña estaba muy corta de dinero, hasta el punto que tuvo que darle un préstamo de cinco millones de dólares de su propio bolsillo. La máquina de recaudar fondos de campaña de los Clinton se encallaba sin remedio, mientras que Obama recibía dinero sin parar de cientos de miles de activistas sin problemas (parece que subestimé la importancia de internet; Obama está sacando petroleo). La campaña de Hillary bombardeó a sus filas de correos electrónicos pidiendo dinero (recibí cuatro en dos días; estoy apuntado a todo), pero la semana acabó igual, con Obama por delante.
El fin de semana la cosa fue aún peor. Obama ganó a Hillary con claridad en todas partes, incluyendo tres estados blancos como la nieve en cuanto a distribución racial. El domingo el día acababa con la noticia que Patty Solís Doyle (latina, por cierto), la jefa de campaña de los Clinton "dimitía" para "pasar tiempo con su familia" (y dejando a muchos políticos latinos que apoyaban a Clinton bien cabreados). Y para acabarlo de rematar, hoy se llevan un repaso atroz en las tres elecciones (incluyendo Maryland, que en teoría era un estado para Clinton), y otro de sus jefes de campaña dimite de puntillas entre toda la carnaza.
La cosa suena mal, pero se pone aún peor. Obama ha ganado prácticamente todos los grupos demográficos menos mujeres blancas, todos los niveles de ingresos, y básicamente dejaba a Clinton sin excusa posible. Y aún más preocupante, Hillary está por detras en número total de delegados de cara a la convención.
Sí y no. Los medios de comunicación americanos están aplaudiendo con las orejas a O Rei Obama, nuevo favorito, y ya preguntándose qué milagro tiene que hacer Hillary para evitar el naufragio. En febrero quedan dos primarias, Wisconsin (donde Obama va por delante en las encuestas) y Hawaii (Obama es de ahí). La campaña de Clinton lleva diciendo desde hace un par de días que no pasa nada, todo normal, y que van a ganar el 4 de marzo en Tejas y Ohio y confirmar su nominación.
Los periodistas escuchan y fruncen el ceño. Si no sucede nada inesperado, Hillary estará de aquí siete días con nueve derrotas, cero victorias, y la duda constante de por qué va a ganar ahora, si lleva tanto tiempo perdiendo. Tejas es enorme; hacer publicidad requiere presupuestos abultados, y Clinton tiene menos dinero. Lo mismo sucede con Ohio. Sí, la composición demográfica de los dos estados favorece a Hillary, y las encuestas le dan entre 12 (Tejas) y 17 (Ohio) puntos de ventaja ahora mismo, pero Obama ha estado más lejos en muchos sitios y ha acabado ganando de calle.
La verdad: los periodistas exageran. Obama tiene el ritmillo, pero no tiene la nominación ganada ni de lejos. Para empezar, Tejas y Ohio son de aquí tres semanas; dos semanas después de Wisconsin, que puede ser otra derrota de Clinton. En una campaña como estas primarias, dos semanas es una eternidad, y pueden pasar muchísimas cosas. Obama parece estar en firme control del debate en la campaña; la discusión es sobre cambio y esperanza, no experiencia y politiqueo. Una metida de pata grave, un comentario equivocado o un desastre imprevisto (cae la bolsa, explota un avión, muere Britney Spears) y a saber cómo acabamos.
Por añadido, la cuenta de delegados en los demócratas es proporcional. Obama está por delante, pero aún ganando todos estos estados, Hillary está muy, muy cerca. Tiene más votos, más delegados, ha ganado más estados, pero aún queda tanto partido que es difícil decir que lo tiene ganado.
De todos modos, por primera vez desde que empezó la campaña, le doy un 60% a Obama de acabar ganando. Hillary lo tiene complicado. No puede atacar, ya que no hace más que recalcar su imagen de persona antipática. No puede decir que tiene experiencia, ya que la gente parece querer cambio por encima de todo. No puede decir que es mejor candidata, ya que Obama saca mejores resultados contra McCain de calle. Y no pueden apelar al voto de grupo (mujeres, latinos), ya que su voto está erosionándose en estos sectores incluso ahora.
Los Clinton son políticos extraordinarios, y la verdad, no me extrañaría que tengan algo en mente que se me escapa. Tejas y Ohio parecen favorecerles. Aun así al paso que van, Obama va camino de darles una sorpresa desagradable en marzo. Otra más.
Nota al margen: los republicanos, por cierto, siguen igual. McCain ha ganado, pero anda que el sector conservador no le va a dar la vara. Pobre tío... Por cierto, el tipo ha cometido un error de impresión hoy; ha empezado su discurso de victoria tres o cuatro minutos antes que Obama acabara el suyo. El contraste de pasar de escuchar a un tipo joven, vital, inspirado a un viejo aburrido de 72 años hablando de terroristas y del miedo que debemos tener ha sido patético.
Oh, y Hillary ha perdido dos tipos más de su campaña mientras escribía. Joer.
Obama tiene el ritmillo. Tras sacar un empate glorioso el pasado martes, llegando desde atrás, de lejos, y empatando contra casi todos los pronósticos, el tipo ganó en las cuatro primarias de este fin de semana de calle (Washington, Louisiana, Nebraska y Maine) y acaba de ganar las tres votaciones del martes (Maryland, Virginia, Washington DC) en plan apisonadora. El aire de ganador de Obama es innegable, y las primarias, de golpe y porrazo, parecen estar cada vez más difíciles para Hillary Clinton.
Desde el martes pasado, todo parece salirle mal a Hillary. Después de ser incapaz de dar el golpe decisivo prometido el supermartes, el miércoles se conoció que su campaña estaba muy corta de dinero, hasta el punto que tuvo que darle un préstamo de cinco millones de dólares de su propio bolsillo. La máquina de recaudar fondos de campaña de los Clinton se encallaba sin remedio, mientras que Obama recibía dinero sin parar de cientos de miles de activistas sin problemas (parece que subestimé la importancia de internet; Obama está sacando petroleo). La campaña de Hillary bombardeó a sus filas de correos electrónicos pidiendo dinero (recibí cuatro en dos días; estoy apuntado a todo), pero la semana acabó igual, con Obama por delante.
El fin de semana la cosa fue aún peor. Obama ganó a Hillary con claridad en todas partes, incluyendo tres estados blancos como la nieve en cuanto a distribución racial. El domingo el día acababa con la noticia que Patty Solís Doyle (latina, por cierto), la jefa de campaña de los Clinton "dimitía" para "pasar tiempo con su familia" (y dejando a muchos políticos latinos que apoyaban a Clinton bien cabreados). Y para acabarlo de rematar, hoy se llevan un repaso atroz en las tres elecciones (incluyendo Maryland, que en teoría era un estado para Clinton), y otro de sus jefes de campaña dimite de puntillas entre toda la carnaza.
La cosa suena mal, pero se pone aún peor. Obama ha ganado prácticamente todos los grupos demográficos menos mujeres blancas, todos los niveles de ingresos, y básicamente dejaba a Clinton sin excusa posible. Y aún más preocupante, Hillary está por detras en número total de delegados de cara a la convención.
Sí y no. Los medios de comunicación americanos están aplaudiendo con las orejas a O Rei Obama, nuevo favorito, y ya preguntándose qué milagro tiene que hacer Hillary para evitar el naufragio. En febrero quedan dos primarias, Wisconsin (donde Obama va por delante en las encuestas) y Hawaii (Obama es de ahí). La campaña de Clinton lleva diciendo desde hace un par de días que no pasa nada, todo normal, y que van a ganar el 4 de marzo en Tejas y Ohio y confirmar su nominación.
Los periodistas escuchan y fruncen el ceño. Si no sucede nada inesperado, Hillary estará de aquí siete días con nueve derrotas, cero victorias, y la duda constante de por qué va a ganar ahora, si lleva tanto tiempo perdiendo. Tejas es enorme; hacer publicidad requiere presupuestos abultados, y Clinton tiene menos dinero. Lo mismo sucede con Ohio. Sí, la composición demográfica de los dos estados favorece a Hillary, y las encuestas le dan entre 12 (Tejas) y 17 (Ohio) puntos de ventaja ahora mismo, pero Obama ha estado más lejos en muchos sitios y ha acabado ganando de calle.
La verdad: los periodistas exageran. Obama tiene el ritmillo, pero no tiene la nominación ganada ni de lejos. Para empezar, Tejas y Ohio son de aquí tres semanas; dos semanas después de Wisconsin, que puede ser otra derrota de Clinton. En una campaña como estas primarias, dos semanas es una eternidad, y pueden pasar muchísimas cosas. Obama parece estar en firme control del debate en la campaña; la discusión es sobre cambio y esperanza, no experiencia y politiqueo. Una metida de pata grave, un comentario equivocado o un desastre imprevisto (cae la bolsa, explota un avión, muere Britney Spears) y a saber cómo acabamos.
Por añadido, la cuenta de delegados en los demócratas es proporcional. Obama está por delante, pero aún ganando todos estos estados, Hillary está muy, muy cerca. Tiene más votos, más delegados, ha ganado más estados, pero aún queda tanto partido que es difícil decir que lo tiene ganado.
De todos modos, por primera vez desde que empezó la campaña, le doy un 60% a Obama de acabar ganando. Hillary lo tiene complicado. No puede atacar, ya que no hace más que recalcar su imagen de persona antipática. No puede decir que tiene experiencia, ya que la gente parece querer cambio por encima de todo. No puede decir que es mejor candidata, ya que Obama saca mejores resultados contra McCain de calle. Y no pueden apelar al voto de grupo (mujeres, latinos), ya que su voto está erosionándose en estos sectores incluso ahora.
Los Clinton son políticos extraordinarios, y la verdad, no me extrañaría que tengan algo en mente que se me escapa. Tejas y Ohio parecen favorecerles. Aun así al paso que van, Obama va camino de darles una sorpresa desagradable en marzo. Otra más.
Nota al margen: los republicanos, por cierto, siguen igual. McCain ha ganado, pero anda que el sector conservador no le va a dar la vara. Pobre tío... Por cierto, el tipo ha cometido un error de impresión hoy; ha empezado su discurso de victoria tres o cuatro minutos antes que Obama acabara el suyo. El contraste de pasar de escuchar a un tipo joven, vital, inspirado a un viejo aburrido de 72 años hablando de terroristas y del miedo que debemos tener ha sido patético.
Oh, y Hillary ha perdido dos tipos más de su campaña mientras escribía. Joer.
martes, febrero 12, 2008
Reformas tributarias sin hacer ruido
El gobierno ha subido los impuestos por valor de 6.000 millones de euros, y parece que casi nadie se ha dado cuenta. Y lo ha hecho de forma eficiente, concentrando esta subida en los que más tienen.
¿Cómo lo ha hecho? Luchando contra el fraude fiscal. De hecho le ha salido tan bien que van a redoblar sus esfuerzo en esta materia, con hacienda y seguridad social trabajando juntos cazando a morosos. Hay bastante evidencia que el coste de investigar estos impuestos perdidos es siempre menor que el incremento en la recaudación; si encima estamos haciendo el sistema más equitativo al tener a todo el mundo pagando su parte, queda poco que decir. La economía sumergida puede que sea de un 20 a un 25% del PIB en España, así que mirad cuanto margen tenemos cazando a gorrones antes de tener que subir impuestos en serio.
De la noticia del país hay una cosa que me extraña, sin embargo. ¿Por qué se concentrarán en las regiones más dinámicas? El nivel de fraude no creo que esté correlacionado con el nivel de actividad o riqueza; de hecho sospecho (y hay bastante evidencia en ese sentido) que esa relación va en sentido contrario. La única excepción en este caso sería el fraude inmobiliario, que tiene una distribución geográfica bastante definida, y probablemente sigue el mismo patrón que los casos de corrupción urbanística.
En fin, me encantaría que hacienda hiciera públicos los datos de fraude; hay mucho que estudiar.
¿Cómo lo ha hecho? Luchando contra el fraude fiscal. De hecho le ha salido tan bien que van a redoblar sus esfuerzo en esta materia, con hacienda y seguridad social trabajando juntos cazando a morosos. Hay bastante evidencia que el coste de investigar estos impuestos perdidos es siempre menor que el incremento en la recaudación; si encima estamos haciendo el sistema más equitativo al tener a todo el mundo pagando su parte, queda poco que decir. La economía sumergida puede que sea de un 20 a un 25% del PIB en España, así que mirad cuanto margen tenemos cazando a gorrones antes de tener que subir impuestos en serio.
De la noticia del país hay una cosa que me extraña, sin embargo. ¿Por qué se concentrarán en las regiones más dinámicas? El nivel de fraude no creo que esté correlacionado con el nivel de actividad o riqueza; de hecho sospecho (y hay bastante evidencia en ese sentido) que esa relación va en sentido contrario. La única excepción en este caso sería el fraude inmobiliario, que tiene una distribución geográfica bastante definida, y probablemente sigue el mismo patrón que los casos de corrupción urbanística.
En fin, me encantaría que hacienda hiciera públicos los datos de fraude; hay mucho que estudiar.
lunes, febrero 11, 2008
Primary Colors: Ronda de preguntas
Perdonadme el título de la entrada, pero no soy Egocrata ni voy a intentar hablar sobre política americana (entre otras cosas porque no es tema que se me dé bien). La finalidad de este post es lanzar una pregunta a Egocrata, para que me dé su punto de vista. De hecho, aunque luego vaya a matarme, os animo a todos vosotros que le preguntéis sobre "Primary Colors", a ver si así crea un post para respondernos a todas nuestras preguntas. Si me permitís empiezo yo:
En vista de los resultados del supermartes parece ser que los demócratas estén fuertemente divididos entre dos candidatos, de hecho aun no está claro quien va a poder presentarse a las elecciones generales. Leí hace unos días que preguntaban a la Mujer de Obama que en caso de que ganase Clinton si iba a votarla a ella, su respuesta fue que se lo pensaría. Si todos los que apoyan a Obama (o Clinton), en caso de que pierda, tienen que pensar que harán con su voto no veo muy claro el futuro de los demócratas. Por lo que parece esta división de candidatos ¿puede favorecer de alguna manera al partido republicano, concretamente a McCain?
Por favor Egocrata, ilústrame.
Actualización: ronda de preguntas y respuestas en los comentarios.
En vista de los resultados del supermartes parece ser que los demócratas estén fuertemente divididos entre dos candidatos, de hecho aun no está claro quien va a poder presentarse a las elecciones generales. Leí hace unos días que preguntaban a la Mujer de Obama que en caso de que ganase Clinton si iba a votarla a ella, su respuesta fue que se lo pensaría. Si todos los que apoyan a Obama (o Clinton), en caso de que pierda, tienen que pensar que harán con su voto no veo muy claro el futuro de los demócratas. Por lo que parece esta división de candidatos ¿puede favorecer de alguna manera al partido republicano, concretamente a McCain?
Por favor Egocrata, ilústrame.
Actualización: ronda de preguntas y respuestas en los comentarios.
domingo, febrero 10, 2008
Primary Colors (XXXVI): cuestiones de raza
Un comentario rápido, fruto de las impresiones del momento en las primarias de hoy (Obama parece que ha ganado las tres, por cierto). Hay un patrón que se está repitiendo en los resultados de estas votaciones: Obama saca unos resultados estupendos en el electorado blanco en los estados del norte, medio oeste, suroeste y en la costa del pacífico, y saca unos resultados bastante más patéticos entre votantes blancos en los estados del sur.
Los periodistas no se acaban de atrever a decirlo en voz alta, pero parece que las cuestiones raciales son importantes... en los estados dónde siempre lo han sido.
A todo esto, me parece que los republicanos me quieren hacer quedar mal. McCain ha ganado en Washington, pero se ha llevado una paliza de muerte en Kansas y parece que va a perder Lousiana. Sigo pensando que lo tiene ganado, pero Huckabee va camino de poner al partido republicano en la tesitura de nominar a un tipo que ha sido incapaz de ganar en el sur. Seguiremos informando.
Los periodistas no se acaban de atrever a decirlo en voz alta, pero parece que las cuestiones raciales son importantes... en los estados dónde siempre lo han sido.
A todo esto, me parece que los republicanos me quieren hacer quedar mal. McCain ha ganado en Washington, pero se ha llevado una paliza de muerte en Kansas y parece que va a perder Lousiana. Sigo pensando que lo tiene ganado, pero Huckabee va camino de poner al partido republicano en la tesitura de nominar a un tipo que ha sido incapaz de ganar en el sur. Seguiremos informando.
Elecciones estepaís (IV): discursos
Tanto hablar, escuchar y alabar discursos de políticos americanos me ha llevado a pensar en un par de cosas. Para empezar, para qué sirve ser un buen orador. Todo el mundo lo valora mucho, pero la verdad, hemos visto muchos políticos incapaces en esta materia ganando elecciones; vale pena pararse a pensar qué aporta tener labia. Una vez despejada esa duda, por qué los discursos en España son tan flojos. Y para terminar, una propuesta a todos estos adictos a la política que corren por la red, para un bonito concurso de redacción.
La primera pregunta y la segunda van parejas. Ser un gran orador es útil en política; sospecho, sin embargo, que los beneficios de agitar a las masas con tu inflamada retórica son distintos según el sistema político en el que nos movemos.
Lo comentaba el otro día, pero en Estados Unidos todo el mundo anda muy obsesionado con la idea de liderazgo. Todo necesita un líder que controle, empuje, inspire y dirija incluso el proceso más insignificante. Departamentos enteros se disuelven porque no se dejan liderar y viven demasiado anclados en el procedimiento burocrático. Un político tiene que ser un líder, una especie de causa primera que mueve sin ser movido, que empuja a otros actuar gracias a su mera presencia.
La verdad, en parte tienen razón; con la manía que tienen los americanos de atomizar cualquier manifestación de autoridad administrativa hasta lo más minúsculo, la capacidad de convencer a gente que haga lo que digas sin que estén en una posición subalterna es muy importante. Esto se extiende a todos lo niveles, incluyendo en nivel más alto del gobierno federal; el presidente no es el jefe de ningún partido en el Congreso, y no tiene disciplina de voto que valga para pasar leyes. Para poder pasar leyes de su gusto, debe ser capaz de empujar, apretar, convencer y torturar a cientos de representantes y senadores, sin tener otra autoridad que la de su púlpito y el hecho de haber ganado unas elecciones distintas.
Y aquí entra probablemente la necesidad de ser un buen orador, especialmente en un sistema como el americano. Un presidente o jefe de mayoría del Congreso gana o pierde batallas en las cámaras, pero la guerra la gana a menudo en la opinión pública. Cuando Bush trató de reformar el sistema de pensiones (con una propuesta atroz, por cierto), el hombre se lanzó a dar discursos por medio país, parando en los distritos de senadores y representantes que tenían dudas sobre qué votar. La idea era, evidentemente, convencer a los votantes para que los políticos cambiaran su voto, siguiendo las encuestas; mientras tanto los que se oponían a la reforma bombardearon esos mismos distritos con publicidad y actos en contra.
Bush, no hace falta que lo repita mucho, es un orador entre triste y patético... y no acabó convenciendo a nadie. Una vez se diluyó el efecto del 11-S y la euforia militarista que llevó el país a Irak, el tipo realmente no ha sido capaz de pasar un miserable reforma, en gran parte porque no tiene una capacidad real de convencer a nadie de nada.
¿Qué sucede en un sistema como el español? Bueno, ser un buen orador te da una pequeña ventaja, pero muy relativa. Durante la campaña electoral tus discursos salen por la tele de vez en cuando, a trocitos dispersos. Quedar bien y salir todo presidencial te da puntos, pero el efecto real sobre el voto es probablemente marginal, uno de las decenas de elementos del carácter de los candidatos que los votantes tienen en cuenta.
Una vez pasadas las elecciones, sin embargo, la importancia de dar discursos disminuye. Zapatero cuando quieres pasar legislación no tiene que convencer a casi nadie; negocia con unas élites pequeñitas de unos partidos que tienen unos intereses claros y más o menos complementarios, pero no tiene que recurrir a la labia y a hablar al electorado demasiado a menudo. Sólo en algunos temas muy específicos que necesitan de amplio consenso o negociación con agencias y gobiernos no subalternos (autonomías, vamos) un presidente del gobierno tiene que asegurarse que la opinión pública le apoya, evitando así que otros partidos hagan sangre.
No hace falta decirlo, pero cuando el gobierno del PSOE ha necesitado consenso, con la excepción de la ley de (enormemente popular) ley de dependencia no ha conseguido hacer gran cosa de forma limpia o elegante. No diré que es exclusivamente por la falta de capacidad oratoria de Zapatero (al PP ya le podías tocar la lira esta legislatura en muchos temas, que no se darían por aludidos), pero me parece curioso que el partido socialista no haya parecido entender el hecho que a veces se tiene que ser más activo hablando con el electorado.
Los políticos en España por tanto tienden a dar menos valor a la oratoria por un buen motivo: dar buenos discursos no es tan importante en España como lo es en otros sistemas políticos. Eso no significa, sin embargo, que tengan que olvidar la poesía como hacen ahora; aunque sea por piedad con los artistas que les cantan (snif) o con los matados que nos tragamos todo lo que dicen (presente) no estaría mal que se explayaran un poco.
Aquí va entonces, una propuesta/concurso para la blogosfera, para todos aquellos potenciales políticos que andan ahí fuera. Escribid un discurso para un candidato. Me da igual para quién; si es para vuestro candidato mejor. Seguid el modelo de duración de la era Youtube; de cuatro a siete minutos (cinco o seis párrafos), apto para ser televisado y que tenga el tono inspirador, épico y magnífico que echáis de menos en España. Tiene que ser siguiendo las líneas de campaña de los candidatos (es decir, que si Zapatero lo quiere usar, pueda hacerlo), así que nada de ideas absurdas.
A ver si os animais; víctimas para hoy son Geógrafo Subjetivo, Citoyen, y el mismo Diablo. Si, os quiero mal.
La primera pregunta y la segunda van parejas. Ser un gran orador es útil en política; sospecho, sin embargo, que los beneficios de agitar a las masas con tu inflamada retórica son distintos según el sistema político en el que nos movemos.
Lo comentaba el otro día, pero en Estados Unidos todo el mundo anda muy obsesionado con la idea de liderazgo. Todo necesita un líder que controle, empuje, inspire y dirija incluso el proceso más insignificante. Departamentos enteros se disuelven porque no se dejan liderar y viven demasiado anclados en el procedimiento burocrático. Un político tiene que ser un líder, una especie de causa primera que mueve sin ser movido, que empuja a otros actuar gracias a su mera presencia.
La verdad, en parte tienen razón; con la manía que tienen los americanos de atomizar cualquier manifestación de autoridad administrativa hasta lo más minúsculo, la capacidad de convencer a gente que haga lo que digas sin que estén en una posición subalterna es muy importante. Esto se extiende a todos lo niveles, incluyendo en nivel más alto del gobierno federal; el presidente no es el jefe de ningún partido en el Congreso, y no tiene disciplina de voto que valga para pasar leyes. Para poder pasar leyes de su gusto, debe ser capaz de empujar, apretar, convencer y torturar a cientos de representantes y senadores, sin tener otra autoridad que la de su púlpito y el hecho de haber ganado unas elecciones distintas.
Y aquí entra probablemente la necesidad de ser un buen orador, especialmente en un sistema como el americano. Un presidente o jefe de mayoría del Congreso gana o pierde batallas en las cámaras, pero la guerra la gana a menudo en la opinión pública. Cuando Bush trató de reformar el sistema de pensiones (con una propuesta atroz, por cierto), el hombre se lanzó a dar discursos por medio país, parando en los distritos de senadores y representantes que tenían dudas sobre qué votar. La idea era, evidentemente, convencer a los votantes para que los políticos cambiaran su voto, siguiendo las encuestas; mientras tanto los que se oponían a la reforma bombardearon esos mismos distritos con publicidad y actos en contra.
Bush, no hace falta que lo repita mucho, es un orador entre triste y patético... y no acabó convenciendo a nadie. Una vez se diluyó el efecto del 11-S y la euforia militarista que llevó el país a Irak, el tipo realmente no ha sido capaz de pasar un miserable reforma, en gran parte porque no tiene una capacidad real de convencer a nadie de nada.
¿Qué sucede en un sistema como el español? Bueno, ser un buen orador te da una pequeña ventaja, pero muy relativa. Durante la campaña electoral tus discursos salen por la tele de vez en cuando, a trocitos dispersos. Quedar bien y salir todo presidencial te da puntos, pero el efecto real sobre el voto es probablemente marginal, uno de las decenas de elementos del carácter de los candidatos que los votantes tienen en cuenta.
Una vez pasadas las elecciones, sin embargo, la importancia de dar discursos disminuye. Zapatero cuando quieres pasar legislación no tiene que convencer a casi nadie; negocia con unas élites pequeñitas de unos partidos que tienen unos intereses claros y más o menos complementarios, pero no tiene que recurrir a la labia y a hablar al electorado demasiado a menudo. Sólo en algunos temas muy específicos que necesitan de amplio consenso o negociación con agencias y gobiernos no subalternos (autonomías, vamos) un presidente del gobierno tiene que asegurarse que la opinión pública le apoya, evitando así que otros partidos hagan sangre.
No hace falta decirlo, pero cuando el gobierno del PSOE ha necesitado consenso, con la excepción de la ley de (enormemente popular) ley de dependencia no ha conseguido hacer gran cosa de forma limpia o elegante. No diré que es exclusivamente por la falta de capacidad oratoria de Zapatero (al PP ya le podías tocar la lira esta legislatura en muchos temas, que no se darían por aludidos), pero me parece curioso que el partido socialista no haya parecido entender el hecho que a veces se tiene que ser más activo hablando con el electorado.
Los políticos en España por tanto tienden a dar menos valor a la oratoria por un buen motivo: dar buenos discursos no es tan importante en España como lo es en otros sistemas políticos. Eso no significa, sin embargo, que tengan que olvidar la poesía como hacen ahora; aunque sea por piedad con los artistas que les cantan (snif) o con los matados que nos tragamos todo lo que dicen (presente) no estaría mal que se explayaran un poco.
Aquí va entonces, una propuesta/concurso para la blogosfera, para todos aquellos potenciales políticos que andan ahí fuera. Escribid un discurso para un candidato. Me da igual para quién; si es para vuestro candidato mejor. Seguid el modelo de duración de la era Youtube; de cuatro a siete minutos (cinco o seis párrafos), apto para ser televisado y que tenga el tono inspirador, épico y magnífico que echáis de menos en España. Tiene que ser siguiendo las líneas de campaña de los candidatos (es decir, que si Zapatero lo quiere usar, pueda hacerlo), así que nada de ideas absurdas.
A ver si os animais; víctimas para hoy son Geógrafo Subjetivo, Citoyen, y el mismo Diablo. Si, os quiero mal.
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