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jueves, noviembre 27, 2008

De cierres y éxodos

Los que sufren mis peroratas por Lorem Ipsum ya lo habéis oido, pero esta bitácora va a morir pronto. Tras años de servicio a la patria y el mundo a través de blogger, Egócrata, el hombre, el mito, cuelga el teclado y el ratón. Materias Grises echa el cierre.

La desaparición de Egócrata de la blogosfera, sin embargo, no es necesariamente mala o definitiva. A partir de mañana o pasado (según lo glorioso que sea el pavo de acción de gracias) Roger Senserrich, el listillo detrás del pseudónimo, resucitará la muy gloriosa cabecera bitacoril en un un sitio más grande, más luminoso, más ilustrado y con -espero- mucho más tráfico: Materias Grises, esta vez en Lorem Ipsum.

Me reuniré ahí con un grupo de gente que cito constantemente (Citoyen, Kantor...) en una página llena de artículos interesantísimos, análisis detallados, reflexiones profundas y glorioso liderazgo intelectual. Juan Antolín, ese faro de occidente, ese genio ilustrado, ha tenido la probablemente desastrosa idea de creerse que sé de lo que hablo, así que ha tenido a bien de invitarme al chiringuito que tienen por ahí montado.

La verdad, si me traslado es por tres motivos. El primero, Lorem Ipsum es realmente un proyecto magnífico que se echaba de menos en España. La página está llena de artículos excelentes, que son un placer de leer incluso cuando no estás de acuerdo con ellos. El último artículo de Kantor, sin ir más lejos, es de esos que me gustaría haber escrito a mí, y que debería generar infinitos debates. Si estoy por ahí, a lo mejor se me contagia eso de tener ideas.

Segundo, el pobre Juan Antolín me ha dicho que puedo escribir de lo que quiera. Esto significa que podré seguir advirtiendo al mundo de la amenaza del FLGJ, el inminente apocalipsis zombie, el ataque de los robots asesinos y el retorno del Gran Cthulu en un sitio con mayor audiencia. Y tercero, y más importante, Lorem Ipsum tiene más visitas que este rinconcito de internet. Dado que estoy en esto básicamente para hacerme famoso, no tengo más remedio que trasladarme.

En fin, amigos, actualicen sus marcadores y favoritos. Nos cambiamos de dirección. Espero que dentro de unos días incluso podamos importar los artículos que tenemos aquí a la nueva bitácora, si Wordpress de decide a colaborar.

lunes, noviembre 24, 2008

Partidos a la francesa

Es una de esas cosas que repetimos por aquí a menudo, pero nada sale gratís. Ni en economía (que le pregunten al contribuyente americano, que lleva todo este otoño salvando bancos en crisis), ni en política. Como es costumbre en Francia, el partido socialista se ha pasado las últimas dos semanas a tortazos, disfrutando el estupendo y placentero sistema de primarias electorales.

Es tarde, tengo sueño y parece que Citigroup está a punto de estirar la pata (hablando de contribuyentes americanos gastando dinero, me toca otra vez pasar por caja), así que me remitiré a un viejo artículo sobre selección de líderes en partidos políticos como punto de partida. Básicamente, el PSF está intentando aplicar un sistema que parece justo en teoría, pero que es muy torpe en la práctica cuando se aplica en un partido europeo.

Las primarias funcionan -de hecho, son básicamente imprescindibles- en partidos muy poco estructurados como los partidos americanos. Los partidos aquí son más un paraguas ideológico que un grupo organizado al estilo europeo; simplificando un poco, son una coalición de individuos con ambiciones individuales con ideas políticas vágamente parecidas entre sí. Dependiendo de la región y la zona veremos sub-partidos más estructurados y organizados (en las ciudades, los partidos son burocracias que harían a Pepe Blanco llorar de alegría), pero a escala nacional son una confederación de ambiciones. Las primarias en Estados Unidos no están resolviendo una disputa entre grupos organizados; estos básicamente no existen.

Los partidos políticos franceses son, dentro de lo que cabe, lo más parecido al desorden individualista que vemos en Estados Unidos que podemos encontrar en Europa. Son organizaciones relativamente débiles y personalistas, con una militancia no demasiado numerosa (incluso comparados con España). Aún así, son partidos políticos relativamente ordenados que viven bajo una ley electoral espantosa; tienen una estructura, organización, militantes y facciones, y son un agregado más rico y profundo que los atomizados partidos americanos. Una tendencia o corriente en un partido francés acostumbra a ser un chiringuito de adoración al líder de esa facción, sí, pero es también un grupo de gente que le apoya en la organización, no sólo que le votan cuando toca.

¿Qué quiero decir con esto? Que un sistema de primarias directo en el que el ganador se lleva todo no es necesariamente una buena idea. Es el equivalente político a que después de unas elecciones generales todos los que han votado al partido perdedor tuvieran que dar todos sus bienes a los ganadores; la facción perdedora tiene una base de poder real (son alcaldes respetados, diputados con experiencia, presidentes y consejeros autonómicos que trabajan duro, secretarios de agrupación y concejales que conocen su distrito y ganan apoyos), y es básicamente absurdo pensar que van a callar y obedecer sin rechistar siempre.

En el PP, sin ir más lejos, Esperanza Aguirre no puede dejar de ser presidenta autonómica o dejar de aplicar el programa que la llevó a su cargo; si contradice a Rajoy a ella le trae al pairo. Sus jefes son los votantes, no la dirección del partido. Si el partido hubiera tenido primarias y Rajoy hubiera vencido a Aguirre, la presidenta n puede dejar de hacer su trabajo en la comunidad, y este puede contradecir a Rajoy. Del mismo modo si Borrell tras ganar las primarias estaba trabajando y diciendo cosas que contradecían o hacían imposible el trabajo del aparato regional (menos descentralización, cabreando al PSC; trasvases, cabreando a los aragoneses) no es esperable que los militantes y líderes del resto del partido se lobotomicen para complacerle.

¿Es el sistema de primarias un imposible en partidos organizados? No del todo, pero tiene problemas muy graves. Si no se utiliza más a menudo es básicamente porque no da una ventaja competitiva sólida al partido en las urnas; no hay demasiados partidos europeos que tomen el riesgo de divisiones que conlleva.

Por supuesto, el PSF siendo lo que es, ni se han esperado en que emerjan contradicciones y conflictos para empezar a liarse de tortas post-primarias. Royal, ya va camino de los tribunales. La clase política francesa es, como de costumbre, autista, tozuda, opaca, malcriada y encantadora.

miércoles, septiembre 17, 2008

República Popular Americana


En una muestra de comunismo militante y fervor revolucionario imponente, el Camarada Bush y el glorioso aparato revolucionario de la Reserva Federal han continuado colectivizando los medios de producción del país para mayor gloria del estado.

O, dicho en otras palabras, la reserva federal acaba de prestar 85.000 millones de dólares a la aseguradora A.I.G, a cambio de obtener el control del 80% de la compañía.

Sí, ya sé, esto entra dentro de esa explicación que dí hace tiempo (y dioses, me estoy cansando de enlazar este artículo) que dice que algunas empresas financieras no pueden irse a la quiebra. Lo que ha hecho la Reserva Federal es perfectamente lógico. De hecho, era probablemente totalmente necesario; no creo que tuvieran otra salida. Si A.I.G, que se dedicó estúpidamente a asegurar contra pérdidas instrumentos exóticos de deuda cargados de hipotecas basura, acababa muriendo de forma horrible, se iba a llevar por delante inevitablemente a medio sistema financiero. ¿Todos esos bancos con mala deuda, real o ficticia? Si el mercado anda paranoico ahora, imaginad cómo sería con todo el mundo haciendo trapecismo sin red.

Esto no quita, sin embargo, que la situación en que se ha metido Estados Unidos estas últimas semanas es francamente extraña. Es francamente bananera, de hecho. A lo tonto, entre la reserva y el gobierno federal, ya han nacionalizado más de la mitad de la deuda hipotecaria, a la compañía de seguros más grande del mundo, tienen en respiración asistida aceptando bonos dudosos como colateral a quién sabe cuantos bancos (vía ventanilla de crédito en la reserva federal), y anda ya haciendo planes para inyectar 50.000 milloncejos a los fabricantes de coches.

Y lo que les queda. La verdad, me parece que incluso Nouriel Roubini (el economista más aguafiestas del mundo, que lleva demasiados días acertando) va paso de quedarse sin ideas sobre ideas catastróficas. El contribuyente americano va camino de ser el orgulloso propietario de una cantidad ingente de dinosaurios financieros (¡soy accionista! ¡Bien!) en bancarrota (errr...), algo que -me parece- es una señal relativamente clara que alguien la ha cagado pero bien en algún sitio.

Lo más espantoso de todo esto es que las recetitas que un servidor daba allá por marzo del 2007 (patéticamente obvias, pero oye, recetitas) ahora no harían una mierda a corto plazo. Los errores regulatorios que dejaron el sistema abierto a una burbuja crediticia alocada, nacida de la falta de transparencia de los mercados deben arreglarse, pero ahora ya es tarde. Las cosas están en modo pánico, alarmas aullando, control de daños, parches contra la descompresión, la nave espacial se precipita al agujero negro a toda pastilla con el contador de autodestrucción berreando y los robots rebelándose contra los humanos mientras el héroe está drogado, herido y prisionero de las malvadas diosas del cuero de Phobos y todo parece perdido.

Fuera de los manuales. En territorio totalmente desconocido. Las cosas puede que vaya a peor, puede que todo implosione, puede que tengamos unos meses de lento descalabro y una recesión medianilla, puede que todo se haya acabado y mañana salga el sol. Ni idea. No he leído ni un articulista o escuchado un experto que se atreva a decir dónde coño vamos.

Que Dios nos pille confesados.

Nota al margen: no os preocupeís por las nacionalizaciones. Los americanos se las arreglaran para hacer que alguien pague el pato, de un modo u otro. Por cierto, nótese que los accionistas de AIG probablemente perderán hasta los calzoncillos. Al menos eso.

martes, septiembre 02, 2008

Sobreviviendo a Gustav

Una nota rápida sobre Gustav, y la respuesta de las autoridades americanas: las cosas han funcionado bien. Sí, es un contraste enorme comparado con el desastre de Katrina, y sí, Gustav era menos potente, pero no deja de ser una muestra de cómo funcionan las cosas en Estados Unidos.

Primero de todo, es un sitio donde se hacen las cosas bien cuando se ponen a ello. No deja de ser un país capaz de hacer las cosas bien cuando quieren, a pesar de los pesares. Segundo, es una muestra de algo de lo que hablaba no hace mucho: las instituciones americanas funcionan a base de liderazgo, no de procedimiento. Si los jefes de las agencias y ejecutivos son buenos y están prestando atención activa a un problema, las cosas salen bien; si no, las cosas sencillamente no funcionan.

En España, Francia o Alemania, una organización como protección civil funcionará más o menos igual, independientemente de quien sea el ministro de interior de turno o la atención que le preste Zapatero. La burocracia será más o menos ágil, los funcionarios más o menos torpes, pero la respuesta será relativamente mecánica y consistente. Si la burocracia es mala, la respuesta será uniformemente torpe, y así será hasta que sea reformada en un proceso lento y lleno de resistencias. Si es buena, ya puedes tener un mono como director del tinglado, la respuesta será buena.

Con Gustav, el gobierno americano en bloque estaba prestando atención al problema. Las cosas salieron bien, por una vez. Buenas noticias.

lunes, junio 30, 2008

De reputaciones y amistades

Es un tópico gastado decir que es necesario tener una buena reputación para llegar lejos. De hecho, a veces se dice que con tener buena fama basta (cría fama y échate a dormir) para que las cosas le vayan bien a uno; todo el mundo puede nombrar al menos un actor o futbolista que viven de ello.

Siendo la reputación tan importante, sin embargo, hay relativamente pocos estudios más o menos empíricos sobre cómo crearla y mantenerla. Existen modelos formales a patadas (dilema del prisionero repetido indefinidamente, etcétera), pero pocos ejemplos concretos sobre cómo ser hacer que la gente crea que eres maravilloso.

Este estudio que me encontré el otro día es un intento curioso y creo que bastante lógico. El diseño es bastante simple, haciendo encuestas periódicas a estudiantes en una clase de negociación sobre quién es el compañero más fiable y cooperante y quién es el más despiadado. Lo que separa a este estudio, sin embargo, es que añaden otra variable, la popularidad individual de los estudiantes.

La idea es sencilla: para que la gente crea que eres bueno, no basta con hacer el bien; es necesario que la gente lo vea. Esta visibilidad se consigue con el método más clásico de hacer propaganda, que es tener un montón de amigos y conocidos que puedan difundir tus magníficas cualidades en el mercado de reputación local. Si alguien quiere tener la reputación de justo, ecuánime y colaborador no tiene que empezar a plantar árboles, salvar niños en peligro y curar el cáncer; primero tiene que hacer un montón de amigos -preferiblemente periodistas, si le va el estrellato- y entonces, y sólo entonces, acariciar un par de gatos. Si uno tiene una red de contactos sólida, la buena nueva se distribuirá rápida y eficazmente. Si uno es un paria social, no lo hará.

Evidentemente, es sólo un estudio, y una explicación posible. Es curioso, sin embargo, ver un mecanismo lógico detrás del éxito de los "picos de oro" en muchos entornos competitivos. No estamos en un mundo para gente tímida.

Y sí, como todos los frikis que seguramente me están leyendo, alguien me tendría que haber explicado esto cuando tenía 14 años. En fin, gente, ya se sabe que las Ciencias Sociales siempre llegan tarde.

viernes, junio 27, 2008

Intrusismo profesional: los genes afectan el voto

En una muestra que en la Ciencia Política cabemos todos (más que nada porque supongo que la mayoría de politólogos no hacemos gran cosa), un estudio reciente parece demostrar que uno de los factores más importantes para predecir el nivel de participación de un individuo son sus genes. Dicho en otras palabras, la probabilidad de votar o abstenerse en unas elecciones deriva en parte de la biología y la herencia genética que tu padre y tu madre te dejaron.

Votar es, hasta cierto punto, un misterio. Es básicamente una acción irracional: pierdo el tiempo el día de las elecciones haciendo algo que tiene un efecto insignificante en el resultado de los comicios. Los politólogos tenemos un montón de explicaciones más o menos creativas para explicar por qué la gente va y vota (la mayoría con extensiones creativas de lo que significa la palabra "racionalidad"), pero los modelos tienden a ser, con pocas excepciones, cualquier cosa menos elegantes. La disciplina no es capaz de explicar por qué la gente vota, algo bastante triste.

Sin embargo, parece que alguien se le ha ocurrido tratarlo de explicar desde la biología. Usando el truco más viejo del investigador genético medio (utilizar gemelos idénticos, comparándolos con gemelos no idénticos, etcétera) y con una muestra relativamente decente, el resultado es que parece que los genes tienen un peso explicativo importante, explicando sobre el 70% de la decisión de ir a votar.

Evidentemente, es un primer estudio, y aún tiene que leerse con cierta cautela. Parece que estudios sucesivos están confirmando estos patrones, algo que dejará a muchos científicos sociales con un vago sentimiento de inutilidad y tristeza. Por descontado, tenemos un patrón, pero no un mecanismo causal; sabemos que los genes nos hacen más participativos, que el destino nos lo marcan las estrellas y que somos esclavos de la biología, así que tenemos que explicar... no sé, cosas. Por qué votan republicano. No sé.

En fin, ligeramente deprimente. Interesante, no nos engañemos. Pero ligeramente deprimente. Menos mal que me dedico a otras cosas, y no a eso de los modelos de voto.

lunes, junio 23, 2008

Las aventuras de Rajoy, héroe sin rival

El PP tuvo su congreso, y hubo paz. Eso es lo que parece en el exterior, viendo las votaciones, los discursos, las ovaciones y la orgullosa muestra de unidad y adoración al líder que vimos estos días. Rajoy, tras pasarse tres meses luchando contra toda clase de dragones, llegó a la última de sus doce pruebas para encontrarse nada más que un teatro lleno, un montón de fotógrafos, y gener aplaudiendo.

Rajoy triunfante, héroe sin rival. ¿O no?

La verdad, no creo que descubra nada a nadie si revelo que lo visto en el congreso tiene bastante de teatro y mucho de ficción. La cantidad de votos en blanco es bastante reveladora. Como los viejos soldados que "avanzan hacia la retaguardia" para poder luchar en otra guerra, los disidentes del PP han preferido no meterse en una batalla que sabían que no podían ganar. En un partido político no puedes hacer nada peor que parecer un perdedor, así que en vista que Rajoy y el aparato habían hecho un buen trabajo cerrando puertas al congreso, nadie movió un pelo. Nadie se arriesga a dar un paso al frente si cree que el resto de los aguerridos rebeldes le van a dejar más sólo que la una, así que el ataque de cagarrinas de todos esos conservadores ultrajados ha sido importante.

¿Qué podemos esperar del PP ahora? Básicamente, Rajoy vuelve a depender de si mismo para sobrevivir hasta el 2012. Toda la racionalidad de su giro al centro se basa en mejorar los resultados electorales; el líder del PP pide al partido que confíe en él, cierre los ojos, y le siga a la tierra prometida de la victoria en las urnas. Si el partido saca un buen resultado en las elecciones vascas, gallegas y europeas, la estrategia de Rajoy se verá gloriosamente recompensada. Si se la pega en las urnas... bueno, no habrá falta de gente con ganas de lincharle.

Ahora es cuando viene la belleza del asunto, y el problema latente para la nueva cúpula del PP. Si quieren sobrevivir en el cargo, tienen que ganar elecciones. Eso significa que si soy un tipo no demasiado satisfecho con la dirección, de hecho casi me interesa que las pierdan. Si además de tener cierto interés morboso en derrotas electorales soy alguien con nombre y apellidos en la vida del partido (esto es, bien conocidillo) y cierto ánimo kamikaze, me puedo dedicar a convocar ruedas de prensa, decir burradas, y hacer el troll con entusiasmo, a ver si hago daño al partido. El PP anda falto de Rosa Díez, vamos.

Lo más divertido es que todo notable con ganas de gresca tiene que resolver de hecho un pequeño dilema. Si el partido va bien en las encuestas, salir a la palestra y hacer ruido quedará francamente mal; si pierden, le echarán la culpa, y si ganan, nunca más se comerá una rosca. Si la cosa está ajustadilla o el partido va por detrás, sin embargo, no habrá falta de voluntarios con ganas de salir a partirle la cara al jefe. Por su bien, Rajoy tiene que ponerse a hacer oposición rápido; si las encuestas no acompañan, estará otra vez en problemas rápido.

Un último detalle, por cierto, sobre todo lo aprobado en este congreso: las primarias. Que Dios les pille confesados si tienen que aplicarlo alguna vez con elecciones competitivas. Escribí hace tiempo sobre los pros y los contras de cada sistema para escoger al líder de un partido, y me parece que francamente los del PP se lanzan a un sistema de primarias sin saber a qué se exponen. A veces funcionan bien, a veces no funcionan en absoluto. Lo que si que es seguro es que son cualquier cosa menos un sistema ordenado, cuerdo y elegante para hacer que un partido funcione como un bloque sólido.

El PP tiene una considerable tradición de tener sistemas de gobierno relativamente cerrados y opacos. No es que sean estricamente justos, pero los utilizan históricamente por una buena razón: la derecha española no acaba de entrar de forma natural bajo unas solas siglas, y tiene que ser metida a presión dentro del edificio de Génova para que no se desparrame horriblemente. En un sistema parlamentario no es una buena idea tener un partido tan diverso escogiendo el líder con votaciones 55-45; la tentación de dar un portazo y salir del cortijo (o hacer la vida imposible al ganador) es demasiado fuerte.

Que le pregunten a José Borrell.

lunes, junio 16, 2008

La racionalidad de los notables

Los notables de un partido político acostumbran a ser gente pragmática. Uno se pega de leñazos con cincuenta mil militantes, sufre miles de reuniones aburridas y se somete a la tortura refinada que es una campaña electoral para ir por el mundo proclamando la buena nueva de la verdad ideológica revelada. Con lo que te ha costado llegar a la poltrona, lo último que uno desea es ir por el mundo llamando a todo el mundo antiespañol y teniendo posturas ideológicas "curiosas" que hacen que el electorado se quede con cara de espanto.

La decisión de los barones territoriales del PP de apoyar a Rajoy es básicamente racional, y sigue un principio muy básico: a los políticos les gusta ganar elecciones. Los barones tenían la opción de escoger entre la linea Aguirre/FJL de un partido, un discurso, un martillo de herejes, todos siguiendo la voz infalible y todopoderosa de Madrid, o un liderazgo más flexible, descentralizado y propenso a que cada comunidad tenga una voz ligeramente distinta de Rajoy. El cálculo de los candidatos autonómicos ha sido relativamente sencillo: leen los resultados de Galicia, Cataluña, Canarias, Baleares, Andalucia, Aragón y País Vasco, toman nota de la tendencia general, y deciden que lo del discurso único no les va, si no eres de Madrid o una comunidad del área del trasvase del Ebro.

La gente de Aguirre parece que no ha entendido que en el PP hay gente que tiene otros objetivos en la vida aparte de llegar a la Moncloa. No han sido capaces de provocar ningún movimiento significativo entre los notables del partido, más allá de alguna estrella mediática con un patético historial en las urnas (San Gil y el PP de Euskadi), en parte sospecho por su tozuda cerrazón a hacer que el PP actúe siguiendo la racionalidad del sistema autonómico. Si encima el partido empieza ir mejor en las encuestas, incluso con el presuntamente muerto Rajoy, aún menos motivo para cambiar de acera.

En un mundo normal, con un grupo disidente bien organizado, y contando con el enorme, gigantesco apoyo mediático que tenían, la esperanza de vida política de Rajoy hubiera sido muy, muy escasa. Aguirre y los suyos, sin embargo, han hecho un discurso bronco, inflexible, catastrofista y poco dado a ser incluyente, a la vez que han demostrado una cobardía considerable a la hora de salir al escenario y dar la cara. Lo tenían todo a favor: un Rajoy agotado y con pocas ganas de seguir, una derrota electoral clara, una situación económica poco favorable, todos los medios a su favor... y sólo han conseguido debilitar el partido, hacer ruido, y quedarse exactamente donde estaban.

Cuando Aguirre la pifió dando un ultimátum a Rajoy por el tema de las listas ya deberíamos haber intuido que la lideresa era cualquier cosa menos un genio político brillante. En su patética campaña para derribar al jefe lo ha confirmado.

lunes, junio 09, 2008

Ya de vuelta: notas rápidas

Después de un -estupendo- fin de semana en que nos hemos tragado 1.600 Km conduciendo a través de tres estados (y sólo tres estados; este país es ridículamente grande) unas notas rápidas sobre algunas cosas que merecen comentario:

1. Huelga de transportistas: ya les vale. El precio del petroleo está subiendo para todo el mundo, no sólo para los camioneros. Sí, es su principal coste, y sí, el mercado está tan atomizado que eso complica mucho subir precios. Precisamente por eso el sector de transporte por carretera es tan competitivo comparado con otros medios de transporte; es un mercado que funciona bien.

¿Significa que no debe ser regulado, y que el gobierno debe chuparse la huelga y listos? Sí y no. No creo que el gobierno deba dar concesiones bajo presión, pero puede que valga la pena revisar algunas cosas, ya que este mercado me parece que tiene un cierto problema de monopolio de la demanda, no de la oferta. El equivalente más cercano sería el mercado laboral; expliqué por qué era un monopsomio y cierta regulación tiene sentido. No digo que en el caso de los camioneros esto se produzca, pero valdría la pena estudiarlo. En caso que así sea, la asimetria de poder de negociación merecería cierta regulación, y cosas como precios mínimos (una especie de convenio colectivo o salario mínimo) quizás tuvieran sentido. Sólo quizás.

2. Costa es un cagado: parece que Costa no tiene ganas de ejercer de kamikaze contra Rajoy; no quiere salir a perder por otros. La bola de nieve no ha creado una avalancha, al menos de momento. No me extrañaría que ahora que dice que no reciba más apoyos y gente animándole en privado de críticos aún en el armario, y el ciclo no muera del todo. Si Esperanza Aguirre quiere guerra, que sacrifique uno de los suyos.

3. La química os hará justos: manipular la química del cerebro hace a a la gente más altruista... o menos. Hay una circuitería compartida que nos hace generosos, pero parece se la puede inducir al cortocircuito con brebajes raros. Curioso.

4. Cumpliendo con el ritual, declaro que este año España puede ganar la Eurocopa. En un par de semanas, cumpliendo con el ritual, declararé lo patéticos que somos.

lunes, junio 02, 2008

A los "críticos" les da el tembleque

Como decía el otro día, uno de los efectos secundarios graves de la naturaleza opaca de la organización del PP es que nadie sabe la fortaleza de los apoyos del jefe. Esto es un problema para el líder del partido, que tiene pocos argumentos para contestar a los potenciales rebeldes en su partido, pero también puede una fuente de debilidad para los insurrectos, especialmente si no se organizan bien.

¿Qué incentivos tiene un notable de un partido político en una situación como a la que se enfrenta Rajoy? Un líder provincial del PP tiene básicamente tres opciones: apoyar a Mariano, hacer ruido en su contra o callarse y decir que todo el conflicto no va con él. Las tres opciones tienen un coste y beneficio potencial, que dependerá de quién gane el liderazgo. Para acabar de complicar las cosas, la elección de un notable individualmente no sólo afecta el resultado final de la votación en un congreso, sino también lo que hacen los otros delegados: si todo el mundo está apoyando a Mariano, ser la voz disidente tu solito no queda demasiado bien. En cambio si todo el mundo está tratando de apuñalar al líder, ser el último matado defendiéndolo es una receta para ser defenestrado junto con tu jefe. El quedarse callado también tiene sus riesgos. Gane quien gane, un notable puede ser víctima del resentimiento del ganador, decepcionado por su neutralidad cobarde e interesada.

La tropa aguirrista se enfrenta ahora al problema que necesita hacer el ruido suficiente para provocar una reacción en cadena de notables apostando a caballo ganador, con el problema que la única señal sobre la fortaleza de su candidatura alternativa es el número de notables que le apoyan. Un notable neutral indeciso tiene un determinado "umbral de protesta", dependiendo de lo cabreado que esté; si no ve un número específico de gente uniéndose a la revuelta, no se moverá. Aguirre puede que tenga un número suficiente de apoyos; el problema para ella es que esos apoyos sólo saldrán del armario si hay muchos otros que han salido antes. Los insurrectos ya hacen lo imposible por crear un ruido ensordecedor, pero parece que todo el estruendo mediático no está siendo suficiente.

Es por eso que enviar a Costa en misión suicida estaba sobre la mesa, por cierto. Provocar un voto secreto es un método estupendo de bajar el umbral de muchos notables llenos de dudas. El problema, claro está, es que Costa puede que no tenga vocación de comando político suicida. Veremos lo que sucede, pero podemos esperar más estruendo y furia hasta el congreso. Rajoy puede que sobreviva, al menos por ahora.

lunes, mayo 26, 2008

Las aventuras de Rajoy, guerrero de la carretera

El PP anda ya en modo pre-Mad Max. Con Pedrojota hablando de armas nucleares, supongo que sería buena idea hablar ya de tácticas de asesinato político para empezar a aclararnos. La situación no ha cambiado; ahora es hora de hablar del arte del golpe de estado. A continuación, las reglas del asesinato partidista, sacadas de una larga lista de mamporrazos observados en otros partidos europeos.

1. Roma no paga a los traidores. Los partidos políticos aman la disciplina de partido. Es un acto reflejo; es un arreglo que funciona, es un mecanismo racional para gestionar una organización, y es una regla simple que los notables de un partido aplican cuando andan perdidos. A efectos prácticos, eso quiere decir que un partido es poco propenso a darle la corona al tipo que haya despeñado al jefe, por muy impopular que este fuera. Es cuestión de enviar un aguerrido voluntario kamikaze para que te abra la puerta.

2. No hace falta ganar en votos para derrotar al jefe. Si en un congreso se presenta un piltrafilla de cuarta categoría (llamémosle Costa) como alternativa al jefe, el líder no debe ganar ese congreso; debe machacar a su oponente sin piedad. Si no lo hace y un grupo significativo del partido decide no apoyar al jefe, especialmente cuando su rival es un mandril, el presi quedará con un idiota. En política quedarte con cara de tonto es casi tan malo ser un perdedor. El jefe puede acabar dimitiendo igual.

3. Nunca juegues en campo contrario. Si esto se va a solucionar a tortas o votos en público, nunca te pelees en un estadio donde el jefe escoge los jueces. Si el congreso ha sido montado por el aparato del partido, y este aparato fue lo suficiente listo como para moverse rato y cerrar las votaciones de los delegados antes que pudieras hacer nada, actua con cuidado. Asegúrate de emboscar al presi en un sitio oscuro con tus amigotes mediáticos para que llegue bien tocado.

4. Exagera todo lo que puedas. Cada tipo que te apoya vale por 500. Tus flechas bloquearan la luz del sol. Tienes más de 1000 elefantes, necromancia a nivel 21 y Cthullu te ama. ¡Temed a Shub-Nigurath!

5. Usa el gámbito Scattegories. Si no aceptan "X" como lideresa o gran pope del partido, me largo con mis fieles a otro grupo parlamentario. El problema "ligero" es que a veces te contestan "pues vale" y te vas a morir cual Colom, Rahola, Jenkins o Chevenement en un rincón, olvidado por todoss.

6. Pide que tu jefe baile. No hay nada mejor para un líder con problemas que tener que hablar en público y hacer cosas. Sea un discurso, sea un debate sobre el estado de la nación, sea bailar claqué en la tele, seguro que algo hará mal. No hay nada más placentero que magnificar cualquier error ajeno, por estúpido que sea.

7. El sepukku mola. No hay nada mejor que convencer al jefe que se salga del medio él solito, clavándose la espada él solo sin molestar a nadie. Siempre le puedes dar un reconocimiento enviándolo al cielo con un homenaje. Si tienes sentido del humor, el cielo está en Estrasburgo.

Hay más; id añadiendo. Todo sea para dar ideas al PP y que sigan con el espectáculo. Por cierto, ¿alguien saben cómo la economía y qué hace el gobierno? No he leído nada de ello en los periódicos desde hace tiempo. Zapatero tiene, desde luego, una potra que no se aguanta.

viernes, mayo 23, 2008

Las aventuras de Rajoy, héroe de Numancia

Pobre de mí. Citoyen me pregunta por aquí que trate de explicar qué narices está sucediendo en el PP, quién es aliado de quién, y cuál es el sentido profundo de la existencia de Mariano Rajoy. ¿Aspira realmente este tipo el fabuloso hombre piñata? Veamos.

Sinceramente, ando casi tan perdido como todo el mundo. Tengo una teoría ligeramente rebuscada y espero que razonablemente lógica sobre qué explica esta merienda canibal en que se ha convertido el partido gaviotil (pronto buitre) de la derecha española. Vayamos por partes.

Primero, Rajoy es de hecho un moderado. Es un tipo pragmático, que aspira ante todo a ganar elecciones. Quiere ser presidente del gobierno, y para ello se aplica la cita Marxista (rama Groucho) de "estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros". No es que sea capaz de abrazar el comunismo por unos votos, pero digamos que no tiene demasiados reparos en ser menos arribaespañista si eso le da la presidencia del gobierno. Es una criatura de partido, nacida durante la larga travesía hacia el centro del aznarismo pre-imperial; conservador, sí, pero tampoco nada demasiado integrista.

Durante la pasada legislatura, tras perder las elecciones de forma sorprendente, Rajoy se encuentra que manda en el partido, pero nadie sabe exactamente por qué. Sí, Aznar lo nombró heredero, etcétera, pero ¿quién ama al bueno de Mariano realmente?. Nadie realmente sabe qué apoyos tiene.

Al mismo tiempo un sector del partido bastante ruidoso decide seguir con los dictados de los años finales del aznarato, el rollo "liberal" versión FJL. Con la "protección" de la derecha mediática vociferante y aprovechando de la debilidad relativa de Rajoy, que no tiene una base clara, esta gente pueden controlar con relativa facilidad el discurso del partido. El bueno de Mariano seguramente cree que todas esas declaraciones apocalípticas no dan votos, pero también sabe que liarse a guantazos con medio partido, con el trauma que llevan, haría imposible su objetivo de llegar a la Moncloa. No le queda más que resignarse, seguirles la corriente, y a ver si gana a base de mantener el partido tranquilo y centrado en tratar de morder a los socialistas.

El pequeño problema, claro está, es que llegan las elecciones y el partido vuelve a morder el polvo. Con la derrota, el bueno de Mariano mira las encuestas, ve que si en vez de perseguir nacionalistas imaginarios hubieran hablado de economía quizás hubieran ganado, y decide que ya vale de tanta tontería, es hora de moderarse. La derecha mediática montañesa y sus amiguetes ven esto, deciden que esto de centrarse es cosa de traidores, gallardones y gente de mal vivir, y deciden liarse a tortas con el jefe.

El problema para el PP, ahora mismo, es que no hay manera humana de saber cómo es el partido realmente. ¿Es la mayoría del partido un grupo de gente pragmática, que creen que centrarse y moderarse es lo que te da las elecciones? ¿O son los que creen que sólo se ganan elecciones con ideas (y si se pierden, tanto da) mayoría? Ambos bandos, ahora mismo, andan metidos en una compleja danza ritual de berridos, mostrar plumaje y parecer fiero y fuerte que viene a ser básicamente un juego de señal.

Esto parece muy bonito, claro está, pero esta danza antropófaga de la derecha montañesa tiene otros alicientes. Del mismo modo que nadie sabe realmente cuánto apoyo tiene Rajoy, lo mismo sucede con el nutrido grupo de aspirantes a la poltrona que andan revoloteando y soltando puñaladas. Todos ellos estan estos días dando mandobles y echando guiños a FJL y Pedrojota a ver si caen en gracia, con la lideresa, por descontado, en el centro de la pista. La cuestión es salir al ruedo, tratar de darle el mayor tortazo a Rajoy -con elegancia- que uno pueda, y quedar como fuerte y valerosa y Mariano como tonto y debilucho. No es ya cuestión de ganar el favor de la mayoría; ahora se trata de dejar al presidente del partido tan malherido que no le dejen entrar ni en los bares de su pueblo.

De hecho, no ha cambiado nada desde marzo: no es que acertara cuando decía que habrían tortas, es que era bastante evidente. Lo que parece bastante claro es que con la que está cayendo en el plano económico, tener al PP todo distraido en estas alegres festividades no les debe estar haciendo favores en las encuestas. Ah, la división de los partidos. Que bonito espectáculo.

miércoles, mayo 21, 2008

Más sobre la máquina alucinante

El increíble motor de la campaña de Obama de la que hablaba el otro día, internet, tiene dos vertientes: movilización, y recaudar pasta a espuertas. Joshua Green escribió este artículo no hace mucho con más detalles sobre el invento, para todos los frikis de la política futurista y las interwebs 2.0.

Muy 2.0. Uno de los diseñadores de la página de Obama es uno de los fundadores de Facebook, que se metió en política en su año sabático. Muy interesante.

Actualización: enlace corregido. Perdón...

lunes, mayo 12, 2008

Las aventuras de Rajoy, misterioso hidalgo a la fuga

Mariano Rajoy debe tener el cogote más apetitoso del país, en vista del número de collejas que le están cayendo. Medio partido parece obsesionado en demostrar al mundo todas las formas posibles de hacer que tu jefe quede en ridículo, con una especial predilección por el suicidio político creativo en todas sus formas.

El de ayer, sin embargo, es de los que realmente duelen. Nada de políticos pasados de rosca diciendo adiós para el alivio de -casi- todos (Acebes y Zaplana), esta vez es una de las niñas bonitas de los guardianes de la fe de la derecha verdadera, María San Gil. La mismísima Esperanza no ha tardado en echar auténticos camiones de sal a la herida, con el colegio papel radiofónico clamando traición a España desde las azoteas.

Con todo este espectáculo de ruido y furia de estos días, la verdad me extraña que Rajoy no haya enviado a todo el mundo a la mierda, puesto a otro moderado en su poltrona, y emigrado a Galicia a escribir sus memorias. A este paso, de hecho, no me extrañaría que hiciera eso, estilo González-Almunia en el 96.

El problema, claro está, es que eso no es cerrar una crisis; es alargarla... y eso es lo que Aguirre quiere a estas alturas. El sector liberal-españolazo del PP cree (con razón) que una guerra de desgaste le favorece, y que el congreso no es necesariamente su última oportunidad. Cada vez que meten el dedo en el ojo a Mariano, su valoración en las encuestas de resiente. No tienen que ganar ahora mismo; les basta hacer que su líder sea un juguete roto. Mientras Aguirre tenga barones regionales y notables de partido dispuestos a sacrificarse por la causa (y con el PP fuera del gobierno, hay mucho famosillo sin nada que perder), a Rajoy le van a dar de tortas.

La verdad, empiezo a creer que lo único que puede salvar a Rajoy y los moderados a estas alturas es pedir abiertamente un congreso competitivo. Pedir que Aguirre y los suyos salgan de la cueva y se la jueguen, y que sea lo que Dios quiera. Una guerra de desgaste es insostenible para el partido en general, y Rajoy en particular. En un partido tan opaco como el PP, es más fácil hacer ruido como opositor que demostrar fortaleza como líder, así que como antes deje las cosas claras sobre la fuerza real de cada uno, mejor.

jueves, mayo 01, 2008

El problema de los ex-políticos

Estos días hemos visto dos casos bastante evidentes de ex-políticos saltando al sector privado de un modo que suena ligeramente forzado: Zaplana a Telefónica y (más sospechoso) David Taguas a la patronal de las constructoras. Ambos son personas se supone extraordinariamente inteligentes, muy bien preparadas y con una valiosa (para qué nos vamos a engañar) red de contactos.

Evidentemente cuando un político salta al sector privado siempre tenemos la sospecha que su nuevo despacho no es más un pago de favores pasados. La cuestión es, tratar de lidiar con este problema no es demasiado fácil.

Estamos ante otro caso de una ley, en este caso la de incompatibilidades, que si bien es muy razonable sobre el papel es bastante difícil de aplicar de forma aceptable en el planeta Tierra. Queremos que nuestros políticos sean independientes, imparciales y competentes y que estén cercanos a los problemas de los ciudadanos. A su vez, queremos evitar que la clase política sea una casta funcionarial de políticos profesionales que se pasan la vida haciéndose favores entre ellos y dándose pensiones y prebendas majestuosas. Si tenemos un tipo competente, un gran gestor, tenemos también a alguien que tiene un valor enorme para cualquier empresa en el mercado privado. Si tenemos lo segundo nos toca sufrir la clase política oligofrénica que sufren los italianos de vez en cuando.

No podemos hacer la clase política totalmente impermeable al sector privado. Para empezar, no queremos que la única posibilidad que un secretario de estado se compre un yate sea saqueando las arcas públicas. Tampoco podemos convertir la política en una especie de carrera burocrática cerrada sin ningún contacto con el exterior. Sin embargo, tenemos que evitar que un cargo público haga su trabajo pensando en el jugoso contrato que le espera en un par de años, ganado a base de favores.

La ley de incompatibilidades española busca un cierto equilibrio, permitiendo volver al sector privado en sectores que uno ha regulado, pero estableciendo un plazo de dos años para hacerlo. Si uno ha trabajado en el ministerio de economía o en presidencia del gobierno, sin embargo, uno tiene que tomarse lo de "sector" de forma muy limitada, o estará viviendo del aire durante dos años. No es que sea un problema para un ex-ministro o presidente del gobierno (que tienen su pensión y siempre pueden escribir un libro o dedicarse a dar conferencias), pero para muchos cargos públicos es algo más complicado. Los límites sobre lo regulado y lo que no son siempre difíciles de definir, dejando la puerta abierta para demasiados grises.

¿Se pueden controlar estas cosas de forma razonable? La verdad, no sé cómo. Si alguien tiene una solución razonable para el reciclaje de políticos en democracia, que la diga. No parece que hayan sido capaces de arreglarlo en ningún sitio que conozca.

jueves, abril 24, 2008

La Bulgaria del Mediterráneo

El PP, escogiendo sus compromisarios para su congreso. No creo que nadie que conozca cómo funcionan los partidos se sorprenda demasiado, la verdad. Y sí, es "democrático". En teoría.

Que no desesperen los amantes de Espe, de todos modos. A veces estos inventos dan resultados curiosos e inesperados. Que le pregunten a José Bono.

Otra de divisiones para el PP (y el PSOE)

Ayer tuvimos un auténtico festival de declaraciones contradictorias de los barones autonómicos del PP y del PSOE, en algo que parece por fin dividir a ambos partidos de forma lógica: la financiación autonómica.

Hablé de ello en la última legislatura, cuando Madrid, Baleares y Valencia se pusieron a lloriquear desconsoladamente cuando escucharon la propuesta catalana sobre la distribución del dinero entre autonomías. Los tres presidentes autonómicos del PP mantuvieron prietas las filas hace tres años, actuando en contra de los intereses de sus votantes, pero con la barra libre de crítica feliz que se ha convertido el partido estos días ahora sí que actuan como era esperable.

Simplemente, un sistema de financiación que favorezca a los catalanes es un sistema de financiación que favorece a baleares, valencianos y madrileños. Cuando la propuesta de Antoni Castells es de hecho sorprendente lógica y razonable, aún más: se garantiza un mínimo común mediante redistribución a todas las autonomías, se introducen mecanismos que eviten que una comunidad baje impuestos y se queje que no tiene recursos, y si alguien quiere pagarse algún lujo, que suba sus impuestos y no le llore a Solbes.

Evidentemente, no sólo los barones del PP andan protestando. Las autonomías pobres del PSOE están reaccionando airadas contra el PSC, del mismo modo que los barones del PP están criticando a sus compañeros de partido. La verdad, creo que las críticas están justificadas (ya que perderán recursos) pero no tienen razón: es obvio que el sistema está roto.

Estos días el estado recauda a los individuos, reparte el dinero a los territorios y el nivel de gasto de cada gobierno autonómico es decidido según una extraña formula redistributiva, no según lo que opinen los votantes. Es mejor que cada uno recaude lo que quiere, cada autonomía pague los servicios que sus votantes le pidan, y el gobierno redistribuya a base de garantizar que el mínimo de servicios que vote el Congreso se cumpla. Si alguien quiere extras, sube sus impuestos, no crea políticas y después se queja a Solbes. Y todos contentos.

Ah, y por algo Rajoy es "amigo" de los malvados separatistas estos días. Estos barones rebeldes necesitan es cariño que sólo un líder puede proporcionar antes de un congreso.

miércoles, abril 16, 2008

La hermosa ficción de las leyes

Hablando con Geógrafo Subjetivo estos días sobre los partidos políticos y sus divisiones internas, me doy cuenta que viene siendo hora que los politólogos contemos un pequeño secreto. Los juristas y abogados por ahí fuera insisten en negarlo, pero es hora de decirlo: el 99% de las leyes son mentira. Inútiles. Papel mojado. No sirven para nada. Marillosamente ficticias.

La explicación es relativamente sencilla. Todos los participantes en una organización, país o engendro sectario partidista con un reglamento, legislación o constitución empiezan tomando una decisión muy sencilla: ¿Seguimos las normas en los libros, o no?

La pregunta parece tener una respuesta fácil, pero no lo es tanto. Las reglas, no hace falta decirlo, nunca son del todo neutrales; dan poder a unos, dan y quitan derechos a otros, y hacen legal o ilegal determinadas conductas. La ley dice, por ejemplo, que no podemos vender cocaína y cobrar a tiendas para darles "protección". Esas reglas, sin embargo, no siempre se cumplen, y hay gente que las quebranta, en algunos lugares abiertamente, por un motivo u otro. También ha dicho que un país es una democracia y los militares no pueden mandar en muchos sitios, y no hace falta que explique qué sucede demasiado a menudo.

La pregunta no es, por tanto, qué dice la ley, sino si esta es respetada o no. Las normas son seguidas a veces y parecen regir el comportamiento de los actores implicados, pero a veces son alegremente ignoradas y las cosas parecen decidirse siguiendo otras normas no escritas.

Un ejemplo es el comportamiento de las tribus urbanas, y cómo "firman" contratos. Un pandillero no va a un abogado para que redacte un contrato de arrendamiento de una esquina para vender drogas para que lo firme el ayuntamiento; en todo caso lo que hace es pactar (a veces siguiendo rituales raros, si eres un mafioso ruso) con un jefecillo local que te ceda el espacio, a cambio de una cuota por protección y pacto de silencio. El contrato está escrito en sangre; si el pandillero lo vulnera lo pagará caro. Legalmente, nada de lo que hace el pandillero está en los libros; las normas que rigen en la calle, sin embargo, están bastante claras, en gran parte porque la policía es incapaz de mantener un monopolio efectivo de la violencia.

De hecho, podemos decir que las normas escritas sólo son respetadas cuando están reflejando una determinada estructura de poder. Las leyes, constituciones, reglamentos, reflejan un determinado equilibrio institucional, y este equilibrio es real o ficticio según refleje la realidad o no. Si la constitución tiene una determinada relación con la realidad (digamos, que los militares creen que no vale la pena gobernar esos desagradecidos ateos relativistas rojos), la democracia prospera. Si no la tiene (los grandes terratenientes temen ser expropiados por la horda roja y llaman a los coroneles), la cosa se va al carajo.

Este hecho puede provocar ciertas paradojas. No importa lo mucho que endurezcas la ley que penaliza las extorsiones, por ejemplo; si los tenderos temen más a la mafia de lo que confían en la protección policial, las cosas seguirán igual. Jefferson y Madison pueden parir tu constitución, que si tu país está lleno de cretinos no irás a ninguna parte. Y las normas de elección del líder de un partido político, por ejemplo, pueden ser perfectamente irrelevantes; si la estructura de poder del partido detrás de todos esos comités, delegados y extrañas contorsiones de democracia indirecta dice que el líder apesta, el susodicho líder caerá de un modo u otro, no importa como. Probablemente sin seguir las normas oficiales o nada por el estilo.

De hecho, puede que ni siquiera acaben votando, y el jefe acabe dimitiendo tras llevarse unas cuantas collejas en público. Que le pregunten a Margaret Thatcher.

Dicho en pocas palabras: la ley sólo funciona cuando todo el mundo tiene incentivos razonables para seguirla. Y esos incentivos son a menudo algo tan sencillo como que reflejen bien quién manda. Sí, esto significa que la ley a veces sólo pueda ser seguida cuando es profundamente idiota... y que leyes perfectamente razonables sean ignoradas porque la verdad, no son prácticas para nadie. Por ahí anda la democracia interna de los partidos a menudo, tristemente.

martes, abril 15, 2008

El votante desconfiado y los partidos

Ayer por GS se hablaba de unidad y división de los partidos. Se comenta, y muy acertadamente, que los votantes se quejan que los partidos son demasiado oligárquicos y demasiado disciplinados, pero sin embargo están igualmente dispuestos a castigar a aquellos partidos que se lían a tortazos con conflictos internos.

Este hecho es en cierto modo una paradoja: los votantes se quejan que los partidos dictaduras internas, pero no soportan la idea que debatan en público. Lo que no es, sin embargo, es una herencia del franquismo o una característica extraña de la cultura política en España.

Para empezar, la lista de partidos y coaliciones castigadas por sus divisiones internas en Europa es larga y gloriosa. Preguntadle a los laboristas desde finales de los setenta hasta que llego Tony Blair a poner paz, los conservadores desde la caída de Thatcher hasta anteayer, cuando finalmente pararon de sacudirse garrotazos en público, los Gaullistas y sus alegres divisiones de partido en los ochenta, el 95% de los gobiernos italianos, el SPD y Lafontaine buscando sus esencias, y podría seguir hasta nombrar todos los partidos de Europa en algún momento de su historia. Los votantes odian que los partidos discutan, y es así en todas partes.

¿Por qué sucede esto? Los votantes tienen motivos sólidos y totalmente racionales para hacer estas cosas. El primero, y más sencillo, es que uno no sabe exactamente qué esta comprando al votar a un partido dividido. ¿Estoy votando al neocañí de Espe, una moderación centrista Gallardoniana o una derecha clásica estilo Rajoy? ¿Si voto Laborista en los ochenta, mandará Kinnock o mandarán todos esos sindicalistas que se pasan el día de huelga en huelga? ¿Qué me garantiza si voto a John Major que sus "amigos" dentro del partido se lo carguen a media legislatura como hicieron con Thatcher?

El electorado sabe que la economía pide estabilidad, y tener a un gobierno más preocupado en decidir quién manda y quién decide que no en pasar leyes y medidas es básicamente una mala idea. Es más fácil para un gobierno mantener la disciplina interna cuando está en el poder, pero no garantiza nada. Que le pregunten a UCD o a Felipe González.

El segundo motivo es un poco más complicado. Para un votante que quiere que los partidos escuchen todas las voces internas, la decisión de castigar la disensión interna es de hecho racional. El motivo lo explicaba no hace demasiado en otro artículo. Básicamente, si el líder de un partido sabe que los votantes castigarán salvajemente cualquier conflicto interno, eso será un incentivo para ser tan incluyente como sea posible. El dilema para el jefe se reduce básicamente a decidir si prefiere escuchar y adoptar las ideas de sectores del partido más "puristas" y alejarse del centro, o pelearse con ellos e intentar ser tan moderado y cercano al (mítico) votante mediano como sea posible.

Si los votantes no penalizan el conflicto interno en absoluto, el presidente de un partido lo tiene claro: ignoremos a las corrientes, minorías y tendencias, y populismo a todo tren. Si lo votantes en cambio son implacables, el líder va a tratar de cooptar tanta gente como pueda en la ejecutiva, alejándose del centro y creando una dirección más representativa de lo que es el partido. El electorado racionalmente prefiere un partido unido, porque es incluyente, que un partido dividido, porque revela un liderazgo autista y poco tolerante con otras opiniones.

A todo esto, no todos los partidos son iguales, evidentemente. Hay partidos que tienen la desgracia de tener tantas opiniones y tendencias que se pasan el día en el ring (Izquierda Unida); hay otros que están llenos de gente tan desesperada de ganar unas elecciones que el líder puede decir todas las burradas que quiera sin que nadie le cuestione (el PP en el 95-96, tras perder demasiadas veces).

Aún así, me parece bastante claro que es bastante racional y razonable que los votantes odien los partidos que pierden el tiempo en guerras internas. Es una mala señal, desde cualquier punto de vista.

A todo esto, respondo también al artículo sobre el postmodernismo con este enlace. ;-).

lunes, abril 07, 2008

El discreto encanto de las matemáticas de partido

En El País describen hoy el encantador sistema de reparto de delegados del PP para su congreso, y lo cierto es que no se puede decir que sea demasiado inspirado. Lo tiene todo: un espantósamente alto mínimo de delegados por provincia (6), un porcentaje de ponderación (siempre una mala idea) que prima al número de militantes en un región (75%) sobre los resultados que el partido saca (25%), y básicamente una arimética que hace todo cálculo real sobre quién manda ligeramente difícil.

Es un sistema poco práctico, por encima de todo, que demuestra una de las viejas verdades de los congresos en un partido: si alguien se tiene que preocupar sobre las reglas del juego, es que las cosas van bastante mal, especialmente en partidos con una tradición oscurantista en la selección de líderes como es el caso del PP.

Hasta ahora, estoy bastante seguro que en el Partido Popular nadie ligeramente relevante se había preocupado sobre cómo funcionaba un congreso desde la "gloriosa" era Hernández-Mancha. Los líderes siempre salían de cónclaves donde todo estaba atado y bien atado, con el partido más o menos de acuerdo sobre quién debe mandar. Durante el Aznarato, toda la maquinaria estaba bien lubricada con el lento pero constante aumento del poder territorial del PP durante esos años. Estos días, el contraste será entre los líderes que pueden presumir de resultados (Madrid, Valencia y Murcia) y los que no, pero sin embargo tienen el mismo poder de decisión.

Como comento a menudo, la lógica detrás de la selección de líderes en los partidos es básicamente la lógica del ganador: si puedes ganar elecciones, el partido te ama; si no puedes, siempre puedes escribir un libro ahora que estás jubilado. En el PP de estos días tendremos un perdedor desganado (Rajoy) confiando en el apoyo de perdedores (Andalucía, Galicia, Cataluña) para defender su liderazgo ante una lideresa desatada con una delegación probablemente infrarrepresentada. Para hacer las cosas aún más divertidas, los posibles rivales de Aguirre (Camps) vienen de regiones con parecido déficit de votos en el congreso.

No es una receta para un congreso ordenado, la verdad. Yo del PP abrazaría el caos, trataría de tener cada facción del partido con un candidato, y resolvería esto a tortas, como hombrecitos. Las siguientes generales están muy lejos; mejor eviscerarse unos a otros en público ahora, que no les hará (demasiado) daño, que aplazar lo inevitable, esperando que Rajoy estrelle el partido en otras elecciones, víctima de su apatía y el ruido de fondo.

No veo, por cierto, la posibilidad de una escisión la veo bastante remota. El PP es un partido esencialmente pragmático, que quiere ante todo ganar elecciones. Como dice GS, una escisión garantiza que eso no suceda. Por mucho que Aguirre clame ser "liberal" y tener ideas distintas, ella sabe de sobras que la probabilidad de llegar a Moncloa es exponencialmente mayor en el 2012 ó 2016 dentro del PP que fuera.

Y no, yo tampoco entiendo qué le ven a Aguirre.