La idea brillante de Rajoy para tratar de hacer que la reforma del estatuto se vote en referéndum en toda España tiene todos los grados de tonteria posibles. Es un tontería legal, una tontería retórica y una tontería política, con más visos de huida hacia delante que otra cosa.
Primero, legalmente una iniciativa legislativa popular no puede pedir que algo se vote en referéndum. Estas iniciativas permiten que tras recoger medio millón de firmas, se presente al congreso una proposición de ley que debe votar la cámara. El escenario sería entonces el PP llevando a cortes una propuesta que sería desestimada sin demasiados problemas por el resto de la cámara, sin excepciones; no hay partido nacionalista o regionalista que se acerque a Rajoy estos días.
Más allá de esto, ¿Qué debería decir la propuesta a firmar? No se puede redactar una ley que reforme el sistema de aprobación de una reforma estatutaria. La única manera de cambiar ese proceso es cambiar la constitución o el mismo estatuto; una ley ordinaria, por muchas firmas que tenga detrás, se estrellaría contra el constitucional casi automáticamente. Aún sólo tratando de votar la parte de financiación autonómica (que es lo único que podría afectar al resto de España, y con muchas reservas), el artículo 87.3 excluye leyes orgánicas y tributarias de todo este circo de firmas.
En otras palabras, lo de Rajoy o es un farol o una maniobra de kamikaze político con todas las letras, pero no tiene nada de sabia estrategia política. Si sigue adelante con ella, el PP se está lanzando con todo el equipo contra el marco legal vigente, empotrándose con las firmas que recoja contra un tribunal constitucional que clamará al cielo por la estupidez que le reclaman. Si tira marcha atrás, se quedará con el culo al aire, el partido igual de asilvestrado, y una cara de tonto de impresión.
En el PP definitivamente han perdido los papeles. Toda pretensión de simular un respeto por la defensa del marco jurídico se va por la ventana cuando están dispuestos a contradecir la constitución a cambio de recogidas de firmas populistas e insultos a Zapatero. Esto no es oposición, esto es pasearse por la Carretera de San Jerónimo con un ariete.
martes, enero 24, 2006
lunes, enero 23, 2006
Negociando el estatuto (II): el pacto en sí
Tras el folclore táctico del post anterior, es hora de entrar en materia, y hablar de la parte sustantiva del pacto de este fin de semana. Como todo, es necesario empezar desmontando mitos, para acabar hablando de la ley en sí. Veamos.
Sobre la mitología y falsas concepciones, ni es un cierre del sistema autonómico, ni es una mala noticia que no lo sea. El conflicto de competencias entre diferentes niveles de gobierno es endémico de todos los sistemas federales, forma parte de su misma esencia. El gobierno americano está cada semana argumentando casos en el tribunal supremo, a tortas con los estados, y no supone un problema. Alemania reforma la constitución de manera rutinaria para pulir el sistema federal cada vez que los tribunales tumban algo, y nadie tiene ataques de nervios. En Canadá han ido votando sobre secesiones de vez en cuando, incluso, y lo han hecho sin estridencias ni pánicos constantes. Contando que España es federal de facto, todos estos debates y problemas que tenemos ahora, y continuaremos teniendo, no son ni serán un problema grave. Mientras los conflictos se sigan solucionando de manera civilizada, aprobando estatutos y retocándolos como dice la misma ley, la descentralización seguirá funcionando bien.
Debemos ir quitándonos de la cabeza esto que las democracias son sistema armónicos en que los acuerdos son fáciles, las leyes estables y las constituciones perfectas e idealmente equilibradas. Las cosas no son así en ningún sitio. Una democracia, por su misma naturaleza, es un sistema donde la gente chilla mucho, acepta los acuerdos mientras no tiene mayoría absoluta, y trata de hacer todo lo posible porque lo que cree necesario suceda. Las leyes están para cumplirlas, sí, pero también para cambiarlas cuando una mayoría suficiente de la población cree que ya no son útiles. Siempre hay temas abiertos, siempre hay gente que quiera cambiar constituciones, y siempre hay berridos, y eso es así porque las sociedades cambian, y la gente vota en consecuencia.
Sobre la parte sustantiva del acuerdo, varias cosas. Primero, el término "nación" muere en un mar de irrelevancia en un soso preámbulo. Decir que "los catalanes dicen que son una nación", aparte de jurídicamente irrelevante, es como proclamar que "Rajoy tiene barba" en un texto legal. Fantástico, el estatuto dice que se voto eso. Efectos, ninguno. En el articulado, que es la única parte con efectos jurídicos, se queda el inofensivo nacionalidad actual.
Sobre la parte económica, la "agencia tributaria consorciada" es una buena noticia. Aunque la actividad recaudatoria sigue dependiendo del estado, ya era hora que los gobiernos autonómicos no forales puedan saber qué está ingresando este en su territorio. No es algo público, y debería serlo.
Aparte de este detalle, el capítulo de qué recibe la Generalitat tiene muchos menos cambios de lo que parece. Aunque se aumenta la participación del gobierno catalán en muchos impuestos hasta el 50%, eso no deja de ser una plasmación del reparto actual del gasto público en España (gobierno central 21%, seguridad social 31%, autonomías y municipios 48%). En todo caso, lo que la cesión consigue es que este reparto sea mucho más automático y dependa menos de los desvarios del gobierno central de turno. Sigue sin transferir dinero de muchos tributos (sociedades sigue siendo integramente federal), así que el reparto de dinero será menos espectacular de lo que nacionalistas y populares dicen.
Lo que no se ha especificado todavía es qué sucede si el estado se decide a subir o bajar impuestos de los que la Generalitat recauda una parte. Si se reforma el IRPF, el gobierno catalán tiene menos recursos de golpe, sin que tenga nada a decir sobre el tema. La solución ideal es que el tramo de la Generalitat no sea fijo, sino variable; si el impuesto baja, que tengan la capacidad de subir el tributo merced de ese 50% que reciben. O si manda la derecha y quieren recortarlo, que puedan renunciar a parte de ese 50% de ingresos para que quede en el bolsillo de los ciudadanos. Me temo que esto no se ha discutido, con lo que estaremos dentro de unos años otra vez con multitud de comunidades protestando cada vez que se les recortan sus ingresos con una bajada de impuestos en Madrid.
Lo que si no me acaba de gustar es la deuda histórica. En los próximos años, Cataluña debe recibir inversión estatal en una proporción igual a su peso en el PIB (18,5%). Si bien es cierto que la región tiene enormes déficits en infraestructura (puerto, carreteras, cercanías, aeropuerto...) que están estrangulando su economía, y que los niveles de inversión han sido menores desde hace tiempo, el criterio escogido es arbitrario. Sería mucho más justo por población (16%), y ya sería un salto enorme respecto al nivel actual (11%). Aún así, una mayor vitalidad de la economía catalana es algo que no hará daño a nadie, y más contando las tasas de uso de muchas grandes infraestructuras en las zonas que más dinero han recibido los últimos años. Madrid, Valencia y Cataluña necesitan más cemento de manera urgente, si no se quiere asfixiar su capacidad de crear riqueza.
Sobre la mitología y falsas concepciones, ni es un cierre del sistema autonómico, ni es una mala noticia que no lo sea. El conflicto de competencias entre diferentes niveles de gobierno es endémico de todos los sistemas federales, forma parte de su misma esencia. El gobierno americano está cada semana argumentando casos en el tribunal supremo, a tortas con los estados, y no supone un problema. Alemania reforma la constitución de manera rutinaria para pulir el sistema federal cada vez que los tribunales tumban algo, y nadie tiene ataques de nervios. En Canadá han ido votando sobre secesiones de vez en cuando, incluso, y lo han hecho sin estridencias ni pánicos constantes. Contando que España es federal de facto, todos estos debates y problemas que tenemos ahora, y continuaremos teniendo, no son ni serán un problema grave. Mientras los conflictos se sigan solucionando de manera civilizada, aprobando estatutos y retocándolos como dice la misma ley, la descentralización seguirá funcionando bien.
Debemos ir quitándonos de la cabeza esto que las democracias son sistema armónicos en que los acuerdos son fáciles, las leyes estables y las constituciones perfectas e idealmente equilibradas. Las cosas no son así en ningún sitio. Una democracia, por su misma naturaleza, es un sistema donde la gente chilla mucho, acepta los acuerdos mientras no tiene mayoría absoluta, y trata de hacer todo lo posible porque lo que cree necesario suceda. Las leyes están para cumplirlas, sí, pero también para cambiarlas cuando una mayoría suficiente de la población cree que ya no son útiles. Siempre hay temas abiertos, siempre hay gente que quiera cambiar constituciones, y siempre hay berridos, y eso es así porque las sociedades cambian, y la gente vota en consecuencia.
Sobre la parte sustantiva del acuerdo, varias cosas. Primero, el término "nación" muere en un mar de irrelevancia en un soso preámbulo. Decir que "los catalanes dicen que son una nación", aparte de jurídicamente irrelevante, es como proclamar que "Rajoy tiene barba" en un texto legal. Fantástico, el estatuto dice que se voto eso. Efectos, ninguno. En el articulado, que es la única parte con efectos jurídicos, se queda el inofensivo nacionalidad actual.
Sobre la parte económica, la "agencia tributaria consorciada" es una buena noticia. Aunque la actividad recaudatoria sigue dependiendo del estado, ya era hora que los gobiernos autonómicos no forales puedan saber qué está ingresando este en su territorio. No es algo público, y debería serlo.
Aparte de este detalle, el capítulo de qué recibe la Generalitat tiene muchos menos cambios de lo que parece. Aunque se aumenta la participación del gobierno catalán en muchos impuestos hasta el 50%, eso no deja de ser una plasmación del reparto actual del gasto público en España (gobierno central 21%, seguridad social 31%, autonomías y municipios 48%). En todo caso, lo que la cesión consigue es que este reparto sea mucho más automático y dependa menos de los desvarios del gobierno central de turno. Sigue sin transferir dinero de muchos tributos (sociedades sigue siendo integramente federal), así que el reparto de dinero será menos espectacular de lo que nacionalistas y populares dicen.
Lo que no se ha especificado todavía es qué sucede si el estado se decide a subir o bajar impuestos de los que la Generalitat recauda una parte. Si se reforma el IRPF, el gobierno catalán tiene menos recursos de golpe, sin que tenga nada a decir sobre el tema. La solución ideal es que el tramo de la Generalitat no sea fijo, sino variable; si el impuesto baja, que tengan la capacidad de subir el tributo merced de ese 50% que reciben. O si manda la derecha y quieren recortarlo, que puedan renunciar a parte de ese 50% de ingresos para que quede en el bolsillo de los ciudadanos. Me temo que esto no se ha discutido, con lo que estaremos dentro de unos años otra vez con multitud de comunidades protestando cada vez que se les recortan sus ingresos con una bajada de impuestos en Madrid.
Lo que si no me acaba de gustar es la deuda histórica. En los próximos años, Cataluña debe recibir inversión estatal en una proporción igual a su peso en el PIB (18,5%). Si bien es cierto que la región tiene enormes déficits en infraestructura (puerto, carreteras, cercanías, aeropuerto...) que están estrangulando su economía, y que los niveles de inversión han sido menores desde hace tiempo, el criterio escogido es arbitrario. Sería mucho más justo por población (16%), y ya sería un salto enorme respecto al nivel actual (11%). Aún así, una mayor vitalidad de la economía catalana es algo que no hará daño a nadie, y más contando las tasas de uso de muchas grandes infraestructuras en las zonas que más dinero han recibido los últimos años. Madrid, Valencia y Cataluña necesitan más cemento de manera urgente, si no se quiere asfixiar su capacidad de crear riqueza.
Negociando el estatuto: una de pactos (I)
Fin de semana entretenido y fascinante en la negociación del estatuto, con un juego de maniobras por parte del gobierno que han dejado fuera de juego a más de uno. El baile de negociaciones ha sido un tanto confuso para muchos, que no son capaces de entender que "secreto" y "explicado en rueda de prensa" no son términos compatibles para describir un acuerdo. Lo cierto es que la estrategia de reuniones del gobierno ha tenido su mérito. Veamos.
¿Por qué ha pactado Zapatero con CiU, y no con ERC?. Primero, para dar al gobierno el titular que Carod no está de acuerdo con el pacto. El cabreo del partido más vilipendiado de la democracia es bueno para el PSOE en el resto de España, y además es bastante inofensivo para Maragall en Cataluña, ya que recupera a CiU como posible pareja de baile. Segundo, no a Zapatero no se le escapa que el partido de Mas es un socio mucho más cómodo que ERC para el gobierno y mucho más cercano al votante medio catalán que los republicanos, algo que favorecerá al PSC en el principado.
El factor más importante, sin embargo, es que deja al negociador más tozudo solo. ERC ha confiado en estirar la cuerda tanto como sea posible para arrancar concesiones, dejando al PSOE la puerta abierta para flanquearles alegremente. Protestar les servirá de poco, ya que ahora que sus rivales nacionalistas se han hecho ya la foto, se les ha acabado la posibilidad de acuerdo. El PP puede tratar de demonizar ahora a CiU todo lo que quiera, pero es el mismo partido con el que llegaron a un acuerdo de legislatura en 1996. Aparte, cuando uno ya ha establecido que el mal es Carod, cambiar de enemigo no es tan fácil.
Lo más divertido de todo el jaleo, sin embargo, ha sido la cantidad de voces disonantes que han aparecido en el PP de golpe. Josep Piqué, que aún tiene la esperanza que algún día le dejen trabajar en paz en Cataluña, ha dicho que el pacto es bueno, algo que ha atraido la ira de Acebes casi de inmediato. Buena suerte, porque un nutrido grupo de representantes autonómicos de su partido ya andan pidiendo el mismo estatuto. Quizás el PP también quiere desintegrar España en sus ratos libres.
Tanta voz disonante, sin embargo, no creo que sea suficiente para mover el partido a sumarse al acuerdo. Algo que CiU señala que excluiría al PP de cualquier posibilidad de coalición con ellos en el futuro. Que no se arrepientan de aquí unos años de la actitud de estos días. Buena suerte saliendo del laberinto.
¿Por qué ha pactado Zapatero con CiU, y no con ERC?. Primero, para dar al gobierno el titular que Carod no está de acuerdo con el pacto. El cabreo del partido más vilipendiado de la democracia es bueno para el PSOE en el resto de España, y además es bastante inofensivo para Maragall en Cataluña, ya que recupera a CiU como posible pareja de baile. Segundo, no a Zapatero no se le escapa que el partido de Mas es un socio mucho más cómodo que ERC para el gobierno y mucho más cercano al votante medio catalán que los republicanos, algo que favorecerá al PSC en el principado.
El factor más importante, sin embargo, es que deja al negociador más tozudo solo. ERC ha confiado en estirar la cuerda tanto como sea posible para arrancar concesiones, dejando al PSOE la puerta abierta para flanquearles alegremente. Protestar les servirá de poco, ya que ahora que sus rivales nacionalistas se han hecho ya la foto, se les ha acabado la posibilidad de acuerdo. El PP puede tratar de demonizar ahora a CiU todo lo que quiera, pero es el mismo partido con el que llegaron a un acuerdo de legislatura en 1996. Aparte, cuando uno ya ha establecido que el mal es Carod, cambiar de enemigo no es tan fácil.
Lo más divertido de todo el jaleo, sin embargo, ha sido la cantidad de voces disonantes que han aparecido en el PP de golpe. Josep Piqué, que aún tiene la esperanza que algún día le dejen trabajar en paz en Cataluña, ha dicho que el pacto es bueno, algo que ha atraido la ira de Acebes casi de inmediato. Buena suerte, porque un nutrido grupo de representantes autonómicos de su partido ya andan pidiendo el mismo estatuto. Quizás el PP también quiere desintegrar España en sus ratos libres.
Tanta voz disonante, sin embargo, no creo que sea suficiente para mover el partido a sumarse al acuerdo. Algo que CiU señala que excluiría al PP de cualquier posibilidad de coalición con ellos en el futuro. Que no se arrepientan de aquí unos años de la actitud de estos días. Buena suerte saliendo del laberinto.
Preguntas sin respuesta: ¿Qué sugieren los liberales para combatir a los nacionalismos?
Siento cierta curiosidad por conocer el plan alternativo de la derecha para "combatir el auge del nacionalismo periférico destructor" que les parece tener tan aterrados. Si su postura es la cerrazón inflexible del PP de la segunda legislatura de Aznar, con sus constantes ataques a ERC y demás, me gustaría recordarles que con ello consiguieron que los republicanos pasaran de uno a ocho diputados, y de la oposición a la Generalitat.
Me muero de ganas por saber qué sugieren. Si quieren más antinacionalismo periférico exacerbado, también me gustaría saber por qué subir el volumen de las críticas y cambiar leyes electorales no acabarán aumentando aún más el apoyo a esos partidos llenos de monstruos que ven por todos lados.
Quizás el hecho que haya gente que no está a gusto en España les revienta. No sé.
Me muero de ganas por saber qué sugieren. Si quieren más antinacionalismo periférico exacerbado, también me gustaría saber por qué subir el volumen de las críticas y cambiar leyes electorales no acabarán aumentando aún más el apoyo a esos partidos llenos de monstruos que ven por todos lados.
Quizás el hecho que haya gente que no está a gusto en España les revienta. No sé.
viernes, enero 20, 2006
Urbanismo y ciudades (III): policía, suburbios y redistribución
Tercera parte de la serie de posts sobre urbanismo y ciudades (I, II) y continuación a las notas sobre geografía económica (I, II). Seguimos en ello...
Una de las paradojas más curiosas de algunos sectores de la izquierda es la visión que gastar dinero en policia y seguridad ciudadana es un política represiva, retrógrada y conservadora. De hecho, es todo lo contrario. El crimen en las grandes ciudades afecta, en su inmensa mayoría, a las personas de rentas bajas de manera desproporcionada. Aunque en las noticias sólo veamos robos a chalets y asesinatos de chicas rubitas de casa buena, la inmensa mayoría de delincuencia es gente pobre contra gente pobre, en una porcentaje muchísmo más alto que robos y demás a gentes de clase media o alta. Poner más policia en la calle en los sitios donde hay delincuencia favorece sobretodo a las rentas bajas, no a las altas, y es un gasto público de hecho tremendamente redistributivo.
Que sea redistributivo, sin embargo, no significa que sea el modo más eficiente de reducir la criminalidad. Si bien la policia ayuda (y en último término, es imprescindible), hay otros factores que inciden también en el problema, muchos de ellos no demasiado evidentes. Uno de ellos es la configuración urbana de una ciudad.
Una de las cosas que sorprenden de las ciudades americanas (de las que New Haven es un ejemplo claro) es los pocos comercios, bares y restaurantes que hay en la mayor parte de las ciudades. Incluso en barrios relativamente densos o con altas concentraciones de gente, en casi todas partes uno tiene que andar bastante para ir a cualquier lado. En la mentalidad local, eso se traduce en que todo el mundo coge el coche para ir a cualquier sitio, y muy a menudo, se va a un híper de las afueras a comprar, en vez de quedarse por el barrio. El hay demasiada gente por las calles y no haya demasiados locales en ningún sitio hace que andar por ahí fuera sea ligeramente solitario, y por la noche no demasiado tranquilizador a veces.
Cosa que lleva de nuevo a la policia y vigilancia. En un barrio con multitud de comercios, siempre hay más ojos mirando. Ya sea compradores paseando o tenderos atendiendo, cualquier gamberrada o atraco se expone a ser vista por mucha gente, al contrario que en una calle vacia de New Haven. Por añadido, cada uno de los comerciantes de la zona estará desesperado por asegurarse que en su calle nunca pasan cosas raras y en conocer a la gente, teniendo un interés fortísimo en que no se cometan delitos y se reparen los desperfectos. Como decía Jane Jacobs, la mayor parte de la vigilancia en cualquier ámbito urbano no lo realizan los policias, sino los mismos habitantes interesados en mantener el orden. En otras palabras, la estructura de la ciudad importa, y mucho, en la distribución y los niveles de criminalidad de esta.
Las ciudades americanas, con sus amplios suburbios inertes, centros urbanos sin apenas comercios y servicios, y pocas zonas de uso mixto, son el peor escenario posible para controlar la delincuencia. El problema central es que la policía no tiene nadie que les ayude en su trabajo, ya que no hay un tejido social ni actividad suficiente en las calles para apoyarles. La red invisible de tenderos y vecinos, bares y parroquianos, vida en la calle, que aseguraba que todo el mundo en el barrio se preocupara que las cosas funcionaran como deben ya no está allí, haciendo que todo el trabajo recaiga en la gente de uniforme. Como menor la actividad, más difícil es la vigilancia, haciendo la calle aún menos deseable incrementando el crimen, y vaciándola aún más. El resultado, eriales sin vida tanto en los centros urbanos empobrecidos como en los suburbios de clase media, hacen controlar el crimen un trabajo horriblemente difícil.
En estos contextos es cuando aparecen uno de los elementos más tristemente célebres de los barrios sin vida, las bandas urbanas. En cierto sentido, una banda es un substituto perverso de la policia. En situaciones donde el control cívico del crimen es escaso y la policia no tiene suficiente presencia, grupos de matones pueden "federarse" para controlar una determinada zona. A cambio de no meterse con quienes les dan su apoyo (pagando protecciones, tolerando el tráfico de drogas), una banda garantiza un cierto orden social a base de pegarle una paliza a aquellos que no actuan según lo que ellos dicen. Si son lo suficiente efectivos para conseguir un monopolio de la violencia en el barrio, una banda puede operar con casi total impunidad, al ser la policia incapaz de conseguir ninguna clase de cooperación. Y sí, las "guerras" entre bandas es para garantizar ese monopolio de la violencia en una zona, no por otra cosa.
El problema de la desertización y muerte de barrios enteros es habitualmente mayor en las zonas más pobres, ya que son las que tienen un mayor número de individuos dispuestos a delinquir, y no es exclusivo, ciertamente, de las ciudades americanas, pero sí es más grave, y deriva en el enorme segregación que tienen estas. Aún así, estos problemas los vemos en los suburbios de París o en otras ciudades europeas, en mayor o menor medida.
¿Es la inversión de esta tendencia una receta mágica contra el crimen? No, evidentemente no es la única causa de este. Las sociedades más igualitarias tienden a tener menos delincuencia, sin ir más lejos; ser Suecia es aún deseable para estas cosas. Aún así, este ciclo de "muerte" cívica de un barrio es un factor crucial en muchos barrios. Y la gentrification no es una solución mágica, pero es sin duda más deseable.
Una de las paradojas más curiosas de algunos sectores de la izquierda es la visión que gastar dinero en policia y seguridad ciudadana es un política represiva, retrógrada y conservadora. De hecho, es todo lo contrario. El crimen en las grandes ciudades afecta, en su inmensa mayoría, a las personas de rentas bajas de manera desproporcionada. Aunque en las noticias sólo veamos robos a chalets y asesinatos de chicas rubitas de casa buena, la inmensa mayoría de delincuencia es gente pobre contra gente pobre, en una porcentaje muchísmo más alto que robos y demás a gentes de clase media o alta. Poner más policia en la calle en los sitios donde hay delincuencia favorece sobretodo a las rentas bajas, no a las altas, y es un gasto público de hecho tremendamente redistributivo.
Que sea redistributivo, sin embargo, no significa que sea el modo más eficiente de reducir la criminalidad. Si bien la policia ayuda (y en último término, es imprescindible), hay otros factores que inciden también en el problema, muchos de ellos no demasiado evidentes. Uno de ellos es la configuración urbana de una ciudad.
Una de las cosas que sorprenden de las ciudades americanas (de las que New Haven es un ejemplo claro) es los pocos comercios, bares y restaurantes que hay en la mayor parte de las ciudades. Incluso en barrios relativamente densos o con altas concentraciones de gente, en casi todas partes uno tiene que andar bastante para ir a cualquier lado. En la mentalidad local, eso se traduce en que todo el mundo coge el coche para ir a cualquier sitio, y muy a menudo, se va a un híper de las afueras a comprar, en vez de quedarse por el barrio. El hay demasiada gente por las calles y no haya demasiados locales en ningún sitio hace que andar por ahí fuera sea ligeramente solitario, y por la noche no demasiado tranquilizador a veces.
Cosa que lleva de nuevo a la policia y vigilancia. En un barrio con multitud de comercios, siempre hay más ojos mirando. Ya sea compradores paseando o tenderos atendiendo, cualquier gamberrada o atraco se expone a ser vista por mucha gente, al contrario que en una calle vacia de New Haven. Por añadido, cada uno de los comerciantes de la zona estará desesperado por asegurarse que en su calle nunca pasan cosas raras y en conocer a la gente, teniendo un interés fortísimo en que no se cometan delitos y se reparen los desperfectos. Como decía Jane Jacobs, la mayor parte de la vigilancia en cualquier ámbito urbano no lo realizan los policias, sino los mismos habitantes interesados en mantener el orden. En otras palabras, la estructura de la ciudad importa, y mucho, en la distribución y los niveles de criminalidad de esta.
Las ciudades americanas, con sus amplios suburbios inertes, centros urbanos sin apenas comercios y servicios, y pocas zonas de uso mixto, son el peor escenario posible para controlar la delincuencia. El problema central es que la policía no tiene nadie que les ayude en su trabajo, ya que no hay un tejido social ni actividad suficiente en las calles para apoyarles. La red invisible de tenderos y vecinos, bares y parroquianos, vida en la calle, que aseguraba que todo el mundo en el barrio se preocupara que las cosas funcionaran como deben ya no está allí, haciendo que todo el trabajo recaiga en la gente de uniforme. Como menor la actividad, más difícil es la vigilancia, haciendo la calle aún menos deseable incrementando el crimen, y vaciándola aún más. El resultado, eriales sin vida tanto en los centros urbanos empobrecidos como en los suburbios de clase media, hacen controlar el crimen un trabajo horriblemente difícil.
En estos contextos es cuando aparecen uno de los elementos más tristemente célebres de los barrios sin vida, las bandas urbanas. En cierto sentido, una banda es un substituto perverso de la policia. En situaciones donde el control cívico del crimen es escaso y la policia no tiene suficiente presencia, grupos de matones pueden "federarse" para controlar una determinada zona. A cambio de no meterse con quienes les dan su apoyo (pagando protecciones, tolerando el tráfico de drogas), una banda garantiza un cierto orden social a base de pegarle una paliza a aquellos que no actuan según lo que ellos dicen. Si son lo suficiente efectivos para conseguir un monopolio de la violencia en el barrio, una banda puede operar con casi total impunidad, al ser la policia incapaz de conseguir ninguna clase de cooperación. Y sí, las "guerras" entre bandas es para garantizar ese monopolio de la violencia en una zona, no por otra cosa.
El problema de la desertización y muerte de barrios enteros es habitualmente mayor en las zonas más pobres, ya que son las que tienen un mayor número de individuos dispuestos a delinquir, y no es exclusivo, ciertamente, de las ciudades americanas, pero sí es más grave, y deriva en el enorme segregación que tienen estas. Aún así, estos problemas los vemos en los suburbios de París o en otras ciudades europeas, en mayor o menor medida.
¿Es la inversión de esta tendencia una receta mágica contra el crimen? No, evidentemente no es la única causa de este. Las sociedades más igualitarias tienden a tener menos delincuencia, sin ir más lejos; ser Suecia es aún deseable para estas cosas. Aún así, este ciclo de "muerte" cívica de un barrio es un factor crucial en muchos barrios. Y la gentrification no es una solución mágica, pero es sin duda más deseable.
jueves, enero 19, 2006
Respondiendo a Mariano Alierta: ¿Qué ha hecho el PSOE con tanto dinero?
Se refiere el señor al extraordinario incremento de la recaudación fiscal en el año 2005, claro esta. La respuesta es muy sencilla: nada. Y es así por una muy buena razón.
No hace falta mirar demasiados indicadores económicos para darse cuenta que la economía española crece a muy buen ritmo; quizás incluso un poco demasiado deprisa para lo que le convendría. La balanza de pagos indica que necesitamos importar capital para seguir gastando al ritmo que lo hacemos, el endeudamiento familiar sigue alto, y los precios de la vivienda, aunque frenándose un poco, siguen creciendo a buen ritmo. Como consecuencia, la inflación sigue siendo alta, ya que la demanda agregada y todas esas cosas tan serias siguen siendo muy altas.
¿Qué armas tiene un gobierno para combatir estos problemas? En condiciones normales, básicamente tres. La primera, y más habitual, los tipos de interés. El Banco Central sube el precio del dinero, se frena la demanda inmobiliaria, la gente se endeuda menos, baja el consumo y se frena la inflación. Si se hace con cuidado y sin pasarse de frenada, la desaceleración es suave y relativamente poco dolorosa. La segunda arma es una devaluación de la moneda. El precio de las importaciones crece, se exporta más, se mejora la balanza comercial, y se atraen menos inversiones y dinero exterior. Tiene problemas, como perjudicar a los importadores de manera desproporcionada y ser inflacionista, pero habiendo como hay países que han vivido de eso durante décadas (la Italia pre-Euro) no deja de estar todo mal.
El problema, claro está, es que España no puede hacer ahora mismo ni una cosa ni la otra. La moneda es Europea, no nacional, así que no podemos devaluarla. Los tipos de interés se fijan en Frankfurt, no en casa, así que no podemos jugar con ello. Al gobierno, por lo tanto, sólo le queda una pieza en el arsenal, la política fiscal. Y más concretamente, apretarse el cinturón del gasto, es decir, generar superávits.
Ahora mismo, dicho en términos muy vulgares, en la economía española hay demasiado dinero para lo que producimos, un "exceso" de actividad económica que crea los desequilibrios que listaba arriba. Eso genera un montón de recaudación adicional para el gobierno. Ahora bien, para evitar que la economía se recaliente en exceso, lo que puede hacer es sencillamente no gastarlo , usarlo para pagar la deuda pública o dejarlo en un calcetín para cuando vengan tiempos peores. Y eso es lo que está haciendo.
En contra de lo que dicen algunas voces, por tanto, el gobierno sí está trabajando en contra de la inflación, aunque su política sea no gastar demasiado. Si ese exceso de recaudación se reinvirtiera, como pide cínicamente el señor Alierta, lo único se crearía sería aún más inflación y desequilibrios económicos, no un arreglo a esos problemas. Sería muy fácil para el gobierno gastarse este dinero (más de un 1% del PIB) o bajara la presión fiscal, y crecer por encima del 4%, pero sólo empeoraría las cosas. Aún así, es necesario mencionar que hay otras formas menos inmediatas y más a largo plazo para reducir la inflación, como incrementar la productividad y aumentar la competencia en los mercados... y aquí si que queda mucho por hacer.
A todo esto, España entra en el Euro para evitarse tormentas monetarias y tener que torturarse con tipos de interés de dos dígitos para combatir la inflación y atraer inversiones, entre otras cosas. A pesar de los inconvenientes, nos ha ido de cine.
No hace falta mirar demasiados indicadores económicos para darse cuenta que la economía española crece a muy buen ritmo; quizás incluso un poco demasiado deprisa para lo que le convendría. La balanza de pagos indica que necesitamos importar capital para seguir gastando al ritmo que lo hacemos, el endeudamiento familiar sigue alto, y los precios de la vivienda, aunque frenándose un poco, siguen creciendo a buen ritmo. Como consecuencia, la inflación sigue siendo alta, ya que la demanda agregada y todas esas cosas tan serias siguen siendo muy altas.
¿Qué armas tiene un gobierno para combatir estos problemas? En condiciones normales, básicamente tres. La primera, y más habitual, los tipos de interés. El Banco Central sube el precio del dinero, se frena la demanda inmobiliaria, la gente se endeuda menos, baja el consumo y se frena la inflación. Si se hace con cuidado y sin pasarse de frenada, la desaceleración es suave y relativamente poco dolorosa. La segunda arma es una devaluación de la moneda. El precio de las importaciones crece, se exporta más, se mejora la balanza comercial, y se atraen menos inversiones y dinero exterior. Tiene problemas, como perjudicar a los importadores de manera desproporcionada y ser inflacionista, pero habiendo como hay países que han vivido de eso durante décadas (la Italia pre-Euro) no deja de estar todo mal.
El problema, claro está, es que España no puede hacer ahora mismo ni una cosa ni la otra. La moneda es Europea, no nacional, así que no podemos devaluarla. Los tipos de interés se fijan en Frankfurt, no en casa, así que no podemos jugar con ello. Al gobierno, por lo tanto, sólo le queda una pieza en el arsenal, la política fiscal. Y más concretamente, apretarse el cinturón del gasto, es decir, generar superávits.
Ahora mismo, dicho en términos muy vulgares, en la economía española hay demasiado dinero para lo que producimos, un "exceso" de actividad económica que crea los desequilibrios que listaba arriba. Eso genera un montón de recaudación adicional para el gobierno. Ahora bien, para evitar que la economía se recaliente en exceso, lo que puede hacer es sencillamente no gastarlo , usarlo para pagar la deuda pública o dejarlo en un calcetín para cuando vengan tiempos peores. Y eso es lo que está haciendo.
En contra de lo que dicen algunas voces, por tanto, el gobierno sí está trabajando en contra de la inflación, aunque su política sea no gastar demasiado. Si ese exceso de recaudación se reinvirtiera, como pide cínicamente el señor Alierta, lo único se crearía sería aún más inflación y desequilibrios económicos, no un arreglo a esos problemas. Sería muy fácil para el gobierno gastarse este dinero (más de un 1% del PIB) o bajara la presión fiscal, y crecer por encima del 4%, pero sólo empeoraría las cosas. Aún así, es necesario mencionar que hay otras formas menos inmediatas y más a largo plazo para reducir la inflación, como incrementar la productividad y aumentar la competencia en los mercados... y aquí si que queda mucho por hacer.
A todo esto, España entra en el Euro para evitarse tormentas monetarias y tener que torturarse con tipos de interés de dos dígitos para combatir la inflación y atraer inversiones, entre otras cosas. A pesar de los inconvenientes, nos ha ido de cine.
Manejando la palanca fiscal: reforma tributaria
El gobierno plantea una reforma del IRPF, reduciendo el número de tramos del impuesto y la carga sobre las clases medias, para su entrada en vigor el año 2007. Acompañando esta reforma, también se prevee una rebaja del impuesto de sociedades, aún de contornos menos definidos.
¿A qué se deben estos retoques? Como toda acción de gobierno, a varios puntos. Primero, la primera declaración de la renta bajo el nuevo impuesto se rellenaría en el 2008, curiosamente año electoral. Rebajar impuestos antes de elecciones es una larga y honorada tradición, ejercida con entusiasmo por Rodrigo Rato en el pasado, y que toda democracia disfruta cada cuatro años. En el caso de España, las rebajas fiscales tienen algo de milagroso, ya que no disminuyen la recaudación real en comparación al principio de la legislatura. Debido a la inflación, los salarios suben lentamente cada año sin que los tramos del IRPF se ajusten, haciendo que de hecho los impuestos vayan incrementándose. Gran parte de los recortes que veremos a final de legislatura son de hecho una corrección cuatrianual de esta subido oculta.
Esto no hace sin embargo de la reforma fiscal algo irrelevante. Como en toda reforma, lo importante son los detalles, y en este caso el gobierno sigue una de las tendencias internacionales en materia de fiscalidad, la simplificación. Con el paso del tiempo, economistas y recaudadores de impuestos varios se han percatado que la creación de exenciones, moratorias, créditos fiscales y demás parafernalia dirigida a incentivar algo (desde compra de viviendas a planes de pensiones) acaban siendo casi invariablemente fuentes de regresivo fraude fiscal. Si por ejemplo un depósito a largo plazo tributa peor que un plan de fondo de retiro con inversor de flujo, lo que uno acaba haciendo es creando una legión de enteradillos escondiendo dinero en en dichos fondos, no un verdadero cambio a mejor.
De las primeras informaciones, parece que si bien el IRPF no tendrá demasiados cambios (la reducción de tramos hace el sistema más claro sin reducir la progresividad ya que sube hasta 9.000 € el mínimo exempto), los instrumentos de ahorro y el impuesto de sociedades sí que van a recibir este tratamiento en plan serio. La verdad, me haría muy feliz ver una poda en profundidad de algunas deducciones en la declaración de la renta, aunque todo apunta que se retocarán para hacerlas más progresivas (caso de las deducciones por hijo o vivienda). En el caso de sociedades, la bajada del tipo impositivo se compensará con la eliminación de esenciones variadas, de esas que favorecen a los que tienen lectores habituales del BOE en la empresa, algo que siempre hace las cosas más transparentes.
Sobre el papel (y según experiencias en otros países), la simplificación del sistema fiscal es una buena noticia. Por una parte, porque como más fácil sea pagar impuestos, sean estos altos o bajos, más fácil es hacer negocios para todo el mundo. Los recursos que una empresa puede estar gastando en contables a la caza de evitar pagar impuestos y la gestión creativa de nóminas siempre están mejor empleados en otro sitio. A su vez, es más fácil para nuevos inversores, locales o de fuera, prosperar si no tienen que preocuparse en competir con expertos en ingeniería fiscal. Como más sencillas son las cosas a la hora de trabajar en un país, más energías se pueden dedicar a otras cosas.
Segundo, y casi igual de importante, es constatar que la recaudación fiscal tiende a ser un instrumento de redistribución bastante pobre. Eso sucede por dos razones. La primera, es mucho más fácil (y le sale mucho más a cuenta) para una persona de renta alta perder el tiempo tratando de evadir impuestos que para la clase media. La segunda, hay muchos impuestos que son muy difíciles de hacer progresivos (del IVA a hidrocarburos o tabaco), y que distorsionan el sistema. Como resultado, casi todos los países (Suecia y paraísos nórdicos varios incluidos) tienen sistemas impositivos bastante proporcionales, redistribuyendo la renta sobretodo con el gasto público.
Una reforma que elimina posibles agujeros donde evadir impuestos, hace exemptos a más ciudadanos de renta baja de pagarlos, y reduce el número de dolores de cabeza fiscales sobre la mesa para todos es una buena idea, ciertamente. Y si se excluye el segundo punto, es buena incluso para alguien de derechas. Veremos como se acaba de concretar lo avanzado hoy.
¿A qué se deben estos retoques? Como toda acción de gobierno, a varios puntos. Primero, la primera declaración de la renta bajo el nuevo impuesto se rellenaría en el 2008, curiosamente año electoral. Rebajar impuestos antes de elecciones es una larga y honorada tradición, ejercida con entusiasmo por Rodrigo Rato en el pasado, y que toda democracia disfruta cada cuatro años. En el caso de España, las rebajas fiscales tienen algo de milagroso, ya que no disminuyen la recaudación real en comparación al principio de la legislatura. Debido a la inflación, los salarios suben lentamente cada año sin que los tramos del IRPF se ajusten, haciendo que de hecho los impuestos vayan incrementándose. Gran parte de los recortes que veremos a final de legislatura son de hecho una corrección cuatrianual de esta subido oculta.
Esto no hace sin embargo de la reforma fiscal algo irrelevante. Como en toda reforma, lo importante son los detalles, y en este caso el gobierno sigue una de las tendencias internacionales en materia de fiscalidad, la simplificación. Con el paso del tiempo, economistas y recaudadores de impuestos varios se han percatado que la creación de exenciones, moratorias, créditos fiscales y demás parafernalia dirigida a incentivar algo (desde compra de viviendas a planes de pensiones) acaban siendo casi invariablemente fuentes de regresivo fraude fiscal. Si por ejemplo un depósito a largo plazo tributa peor que un plan de fondo de retiro con inversor de flujo, lo que uno acaba haciendo es creando una legión de enteradillos escondiendo dinero en en dichos fondos, no un verdadero cambio a mejor.
De las primeras informaciones, parece que si bien el IRPF no tendrá demasiados cambios (la reducción de tramos hace el sistema más claro sin reducir la progresividad ya que sube hasta 9.000 € el mínimo exempto), los instrumentos de ahorro y el impuesto de sociedades sí que van a recibir este tratamiento en plan serio. La verdad, me haría muy feliz ver una poda en profundidad de algunas deducciones en la declaración de la renta, aunque todo apunta que se retocarán para hacerlas más progresivas (caso de las deducciones por hijo o vivienda). En el caso de sociedades, la bajada del tipo impositivo se compensará con la eliminación de esenciones variadas, de esas que favorecen a los que tienen lectores habituales del BOE en la empresa, algo que siempre hace las cosas más transparentes.
Sobre el papel (y según experiencias en otros países), la simplificación del sistema fiscal es una buena noticia. Por una parte, porque como más fácil sea pagar impuestos, sean estos altos o bajos, más fácil es hacer negocios para todo el mundo. Los recursos que una empresa puede estar gastando en contables a la caza de evitar pagar impuestos y la gestión creativa de nóminas siempre están mejor empleados en otro sitio. A su vez, es más fácil para nuevos inversores, locales o de fuera, prosperar si no tienen que preocuparse en competir con expertos en ingeniería fiscal. Como más sencillas son las cosas a la hora de trabajar en un país, más energías se pueden dedicar a otras cosas.
Segundo, y casi igual de importante, es constatar que la recaudación fiscal tiende a ser un instrumento de redistribución bastante pobre. Eso sucede por dos razones. La primera, es mucho más fácil (y le sale mucho más a cuenta) para una persona de renta alta perder el tiempo tratando de evadir impuestos que para la clase media. La segunda, hay muchos impuestos que son muy difíciles de hacer progresivos (del IVA a hidrocarburos o tabaco), y que distorsionan el sistema. Como resultado, casi todos los países (Suecia y paraísos nórdicos varios incluidos) tienen sistemas impositivos bastante proporcionales, redistribuyendo la renta sobretodo con el gasto público.
Una reforma que elimina posibles agujeros donde evadir impuestos, hace exemptos a más ciudadanos de renta baja de pagarlos, y reduce el número de dolores de cabeza fiscales sobre la mesa para todos es una buena idea, ciertamente. Y si se excluye el segundo punto, es buena incluso para alguien de derechas. Veremos como se acaba de concretar lo avanzado hoy.
De políticas y tecnócratas: "Yes, Minister"
Uno de los problemas a los que se enfrenta cualquier político cuando se acerca por primera vez a una consejería o un ministerio es la sólida certeza que todos sus subordinados están mejor informados que él. Muchos de los funcionarios que habitan en el edificio han estado allí desde tiempo inmemorial, viendo pasar ministros uno detrás de otro mientras ellos siguen a lo suyo, gestionando el departamento tranquilamente. El ministro en cuestión siempre puede recurrir a gente de partido, asesores externos o cosas por el estilo, que estarán a menudo tan perdidos como él, pero al menos le daran algo de consuelo.
La mejor manera de explicar qué sucede cuando políticos y burocracia chocan es referirme al que es probablemente el mejor programa de televisión dedicado a la política jamás realizado, "Yes, Minister". Esta serie de la BBC sigue las tribulaciones del nuevo ministro de asuntos administrativos, Jim Hacker, y su inacabable lucha contra su secretario, Sir Humphrey Appleby, y sus cínicas guerras de papeleo.
Los intereses de uno, evidentemente, no son los intereres del otro. Hacker vive obsesionado por impulsar políticas populares, mientras Sir Humphrey se concentra en asegurar y ampliar el poder de la pequeña horda de funcionarios del departamento, y asegurarse que las políticas del ministro acaban por ser las que el departamento prefiere. Hablando de redactar informes sobre posibles iniciativas, el burócrata señala a un colega que es en su mejor política incluya palabras como "barato", "sencillo", "popular" y "rápido", mientras que en las que el político prefiere hable de "caro", "complejo", "controvertido" y "lento". Si el plan del ministro es especialmente catastrófico para sus intereses, la palabra a añadir es "valiente", que es como controvertido, sólo que acabando carreras políticas.
El programa es un auténtico catálogo de interferencia burocrática: poner el informe relevante el último de la caja de materias a tratar, inundar al ministro de información inutil, ocultar al ministro informes realizados con excusas variadas (desde no dañar al político anterior, ya que los funcionarios son neutrales, a pasearlo de comité en comité), cargar la agenda del político con docenas de compromisos absurdos para que no trabaje en lo que él quiera, y un largo etcétera de zancadillas, excusas y puñaladas traperas para mantener las cosas como están. Todo, evidentemente, oculto tras toneladas de jerga administrativa, legal y emocional, y recordando de manera insistente que una vez en el consejo de ministros, lo que se necesita es dinero, dinero y dinero.
¿Están los políticos condenados a ser víctimas de la burocracia? Como respondería Sir Humphrey, si y no. Un ministro con iniciativa, ganas de hacer cosas y cierta tozudez innata puede abrirse paso y hacer reformas. Para empezar, el político es una figura mediática, y los funcionarios no. En caso de resistencia, siempre se puede recurrir al comunicado de prensa y a los periodistas para empujar a una burocracia dubitativa a hacer cosas. Por añadido, el ministro no está necesariamente sólo y sin consejo. En algunos países (caso de España) los políticos pueden reclutar a funcionarios para que ejerzan de secretarios de estado, debiendo más lealtad al político que a sus ex-colegas. Por añadido, los partidos políticos son a su vez una burocracia con cierta permanencia, y con experiencia, en democracias antiguas, en como lidiar con el alegre y tozudo obstruccionismo de según que ministerios.
El problema al que se enfrentan los políticos en este escenario es una variante de lo que en la jerga de las ciencias sociales se llaman problemas de principal - agente. Estas situaciones se producen cuando un actor con autoridad (principal) debe ordenar a un subalterno con una agenda no necesariamente igual a la de su jefe (agente) que haga alguna acción. Si el agente tiene demasiadas ideas propias y el principal insuficientes medidas para controlarlo, tenemos un problemas. La terrible inflación de salarios de CEOs y demás peces gordos empresariales no es necesariamente algo bueno para los accionistas, pero que puede estar fuera de su control si el consejo de administración está del lado (y comparte la subida de ingresos) del jefe. Un político que no busca la reelección está en una situación parecida respecto su electorado; como no teme sanción, nada le impide ir a la guerra y la gloria personal en digamos Irak, o cualquier otro lugar olvidado.
Cuando alguien aboga por pedir opiniones a expertos, o que la administración haga un estudio, siempre debe tener en cuenta los dos filos de la tecnocracia. Cuando los expertos tienen intereses personales distintos de quienes encargan el informe, eso puede ser bueno, y por eso tenemos un cuerpo de funcionarios no dependiente del cambio de ministros para que la neutralidad esté asegurada. Ahora bien, cuando esos funcionarios tienen como interés personal el propio, la tecnocracia también puede ser un problema. Uno nunca encontrará inspectores laborales que no defiendan controles más estrictos, contables que no quieran más salvaguardas, técnicos de medio ambiente que no quieran más parques naturales, e ingenieros civiles que no quieran menos.
Es tarea de los políticos, muchas veces, asegurarse que el ruido de los expertos no oculta lo que favorece a todo el mundo. Y es tarea de todo jefe, votante o accionista de desconfiar de quien debe recibir órdenes.
La mejor manera de explicar qué sucede cuando políticos y burocracia chocan es referirme al que es probablemente el mejor programa de televisión dedicado a la política jamás realizado, "Yes, Minister". Esta serie de la BBC sigue las tribulaciones del nuevo ministro de asuntos administrativos, Jim Hacker, y su inacabable lucha contra su secretario, Sir Humphrey Appleby, y sus cínicas guerras de papeleo.
Los intereses de uno, evidentemente, no son los intereres del otro. Hacker vive obsesionado por impulsar políticas populares, mientras Sir Humphrey se concentra en asegurar y ampliar el poder de la pequeña horda de funcionarios del departamento, y asegurarse que las políticas del ministro acaban por ser las que el departamento prefiere. Hablando de redactar informes sobre posibles iniciativas, el burócrata señala a un colega que es en su mejor política incluya palabras como "barato", "sencillo", "popular" y "rápido", mientras que en las que el político prefiere hable de "caro", "complejo", "controvertido" y "lento". Si el plan del ministro es especialmente catastrófico para sus intereses, la palabra a añadir es "valiente", que es como controvertido, sólo que acabando carreras políticas.
El programa es un auténtico catálogo de interferencia burocrática: poner el informe relevante el último de la caja de materias a tratar, inundar al ministro de información inutil, ocultar al ministro informes realizados con excusas variadas (desde no dañar al político anterior, ya que los funcionarios son neutrales, a pasearlo de comité en comité), cargar la agenda del político con docenas de compromisos absurdos para que no trabaje en lo que él quiera, y un largo etcétera de zancadillas, excusas y puñaladas traperas para mantener las cosas como están. Todo, evidentemente, oculto tras toneladas de jerga administrativa, legal y emocional, y recordando de manera insistente que una vez en el consejo de ministros, lo que se necesita es dinero, dinero y dinero.
¿Están los políticos condenados a ser víctimas de la burocracia? Como respondería Sir Humphrey, si y no. Un ministro con iniciativa, ganas de hacer cosas y cierta tozudez innata puede abrirse paso y hacer reformas. Para empezar, el político es una figura mediática, y los funcionarios no. En caso de resistencia, siempre se puede recurrir al comunicado de prensa y a los periodistas para empujar a una burocracia dubitativa a hacer cosas. Por añadido, el ministro no está necesariamente sólo y sin consejo. En algunos países (caso de España) los políticos pueden reclutar a funcionarios para que ejerzan de secretarios de estado, debiendo más lealtad al político que a sus ex-colegas. Por añadido, los partidos políticos son a su vez una burocracia con cierta permanencia, y con experiencia, en democracias antiguas, en como lidiar con el alegre y tozudo obstruccionismo de según que ministerios.
El problema al que se enfrentan los políticos en este escenario es una variante de lo que en la jerga de las ciencias sociales se llaman problemas de principal - agente. Estas situaciones se producen cuando un actor con autoridad (principal) debe ordenar a un subalterno con una agenda no necesariamente igual a la de su jefe (agente) que haga alguna acción. Si el agente tiene demasiadas ideas propias y el principal insuficientes medidas para controlarlo, tenemos un problemas. La terrible inflación de salarios de CEOs y demás peces gordos empresariales no es necesariamente algo bueno para los accionistas, pero que puede estar fuera de su control si el consejo de administración está del lado (y comparte la subida de ingresos) del jefe. Un político que no busca la reelección está en una situación parecida respecto su electorado; como no teme sanción, nada le impide ir a la guerra y la gloria personal en digamos Irak, o cualquier otro lugar olvidado.
Cuando alguien aboga por pedir opiniones a expertos, o que la administración haga un estudio, siempre debe tener en cuenta los dos filos de la tecnocracia. Cuando los expertos tienen intereses personales distintos de quienes encargan el informe, eso puede ser bueno, y por eso tenemos un cuerpo de funcionarios no dependiente del cambio de ministros para que la neutralidad esté asegurada. Ahora bien, cuando esos funcionarios tienen como interés personal el propio, la tecnocracia también puede ser un problema. Uno nunca encontrará inspectores laborales que no defiendan controles más estrictos, contables que no quieran más salvaguardas, técnicos de medio ambiente que no quieran más parques naturales, e ingenieros civiles que no quieran menos.
Es tarea de los políticos, muchas veces, asegurarse que el ruido de los expertos no oculta lo que favorece a todo el mundo. Y es tarea de todo jefe, votante o accionista de desconfiar de quien debe recibir órdenes.
miércoles, enero 18, 2006
Y eso del respeto a la legalidad, ¿dónde?
El PP y su presunto aprecio por la legalidad algo de chiste. Tanto llorar que si ley de partidos, que si respetar la constitución, que si enviar a Atutxa a los tribunales, y resulta que cuando una ley no les gusta, se la pasan por el forro como el que más. Vamos, que aunque el gobierno y el parlamento del país aprueben que los dichosos papeles de Salamanca vuelven a sus propietarios, ellos son más listos que nadie y dicen que no les da la gana.
Ahora espero ver eso que "el ayuntamiento de Salamanca debe cumplir la ley, porque las leyes están para cumplirlas" en la horda de columnistas que exigían por ahí que a Batasuna se le aplicara el estatuto de combatiente enemig... digo, la ley de partidos. ¿Verdad que no lo van a hacer? Sólo les queda decir eso que no es un gobierno legítimo.
El PP se está quedando rápidamente sin munición retórica que no sea irse al monte antisistema. A este paso, en cuatro años estarán haciendo declaraciones dignas de que se les aplique la ley antipartidos, vamos. El tono ya no es de oposición; están clamando que el mundo se extingue, el sol se apaga y nievan ranas, y todo por culpa de los nacionalistas, sin ya poner ni una palabra que no sea una consigna vacia en su vocabulario. Todo se reduce a "pactan/se rinden con ETA", "opresión catalanista" y "muerte de la nación", con toques de "ZP es un golpista" y "el FLGJ está ahí fuera". Si piensan que con estas cuatro o cinco chorradas conseguirán llegar al gobierno, especialmente una vez se apruebe el estatuto y no haya pasado nada, lo llevan claro.
Si, las elecciones las pierde el gobierno, no la oposición. Pero si la oposición parece una pila de locos de atar con camisa de fuerza (y con tanto alabar a los militares y clamar el apocalípsis, no andan muy lejos) no hay manera que las cosas cambien.
No hace demasiado, hablaba que Rajoy estaba girando el partido a la derecha por miedo que el sector duro del PP le segara la hierba de debajo de los pies. Ahora parece que incluso el más limitado intento de moderación, como presentar enmiendas a una reforma, ha sido alegremente ignorada por la inmensa mayoría del partido y medios afines. Empieza a parecerme que el líder del PP ha dado por imposible mantener el rumbo del partido cerca del centro, y ha dejado que de facto los locos dirijan el manicomio ultimamente. Como para llevarles la contraria y meter el partido en una guerra interna, vamos. La dirección del PP está en un rincón, rezando para que los destrozos electorales no se vayan de madre y el estatuto naufrague. No hay plan B; si no hay crisis de gobierno, están muertos.
Menudo panorama.
Ahora espero ver eso que "el ayuntamiento de Salamanca debe cumplir la ley, porque las leyes están para cumplirlas" en la horda de columnistas que exigían por ahí que a Batasuna se le aplicara el estatuto de combatiente enemig... digo, la ley de partidos. ¿Verdad que no lo van a hacer? Sólo les queda decir eso que no es un gobierno legítimo.
El PP se está quedando rápidamente sin munición retórica que no sea irse al monte antisistema. A este paso, en cuatro años estarán haciendo declaraciones dignas de que se les aplique la ley antipartidos, vamos. El tono ya no es de oposición; están clamando que el mundo se extingue, el sol se apaga y nievan ranas, y todo por culpa de los nacionalistas, sin ya poner ni una palabra que no sea una consigna vacia en su vocabulario. Todo se reduce a "pactan/se rinden con ETA", "opresión catalanista" y "muerte de la nación", con toques de "ZP es un golpista" y "el FLGJ está ahí fuera". Si piensan que con estas cuatro o cinco chorradas conseguirán llegar al gobierno, especialmente una vez se apruebe el estatuto y no haya pasado nada, lo llevan claro.
Si, las elecciones las pierde el gobierno, no la oposición. Pero si la oposición parece una pila de locos de atar con camisa de fuerza (y con tanto alabar a los militares y clamar el apocalípsis, no andan muy lejos) no hay manera que las cosas cambien.
No hace demasiado, hablaba que Rajoy estaba girando el partido a la derecha por miedo que el sector duro del PP le segara la hierba de debajo de los pies. Ahora parece que incluso el más limitado intento de moderación, como presentar enmiendas a una reforma, ha sido alegremente ignorada por la inmensa mayoría del partido y medios afines. Empieza a parecerme que el líder del PP ha dado por imposible mantener el rumbo del partido cerca del centro, y ha dejado que de facto los locos dirijan el manicomio ultimamente. Como para llevarles la contraria y meter el partido en una guerra interna, vamos. La dirección del PP está en un rincón, rezando para que los destrozos electorales no se vayan de madre y el estatuto naufrague. No hay plan B; si no hay crisis de gobierno, están muertos.
Menudo panorama.
Jugando con antiguos videojuegos.
Debo confesar que me gusta jugar con el ordenador, quizás antes jugaba más y ahora por falta de tiempo lo he dejado bastante. Recuerdo que en mi infancia me encantaban los juegos tipo Aventuras Graficas, donde tenías que guiar a un personaje en sus aventuras. Eran juegos con un gran guión (algunos lo compartían con alguna película), y donde se mezclaba lo lógico con lo absurdo. Podéis encontrar una lista de estos juegos aquí, pero no os aseguro que esté completa. Muchas compañías explotaron este tipo de género durantes finales de los 80 y buena parte de los 90, quizás las dos más importantes son Sierra Entertainment y LucasArts (anteriormente conocida como LucasFilsms). Personalmente soy un gran aficionado a las aventuras de LucasArts, de esta compañía son famosas las sagas de Indiana Jones, Monkey Island o Maniac Mansion, así como otros juegos tan absurdos como Sam & Max Hit The Road, Full Throttle o Grim Fandango. Como se tratan de juegos antiguos (algunos de ellos con 8 años de antigüedad) es difícil poder jugarlos en los ordenadores de hoy en día, básicamente porque estaban pensados para maquinas anticuadas que corrían con el sistema operativo DOS. Para intentar solucionar este problema, hace tiempo salió un pequeño programa llamado ScummVM que a partir de los datos del juego permitía volver a jugar con ellos. Este programa está disponible para múltiples sistemas operativos (Windows, Linux, MacOSX, OS/2, BeOs, etc.). No sólo esta disponible para estos SO, sino que también esta disponible para plataformas de hardware distintas, de esta manera podemos encontrar versiones para la PSP, teléfonos móviles (con sistema Symbian S60, S80, S90 o UIQ), y también para PDAs. No me he podido resistir a la gran tentación y acabé por instalarlo en la PDA, y ya de paso añadí algunos juegos. Después de probarlo puedo confirmar que el software en la PDA funciona realmente bien. Si, tiene sus limitaciones, la pantalla es bastante pequeña, aun así permite jugar sin muchas dificultades ya que permite definir la orientación vertical o horizontal del juego. Para aquellos que os gustan este tipo de juegos, os animo que os descarguéis el programa y lo probéis. Pero debo advertiros que aparte del programa también necesitáis el juego, con lo que si no lo tenéis, no podréis jugar... a menos que encontréis la manera de conseguirlo. Y si tenéis PDA que mejor que pasar los ratos aburridos en el transporte publico jugando un ratito.
"En una sociedad multilingüe no hay nada que se monolingüe"
Bargalló dijo esto hace un rato, en una intervención admirablemente falta de absolutismos. Viniendo de un presunto totalitario imperialista psicótico republicano, afirmar que el monolingüismo no es algo aceptable ni deseable en Cataluña es bastante significativo.
La cuestión central del debate es aceptar compromisos. El multilingüismo, como dice el Conseller, no es totalmente satisfactorio para nadie. Él no puede ver en Barcelona cine doblado al catalán ni tener un móvil en ese idioma. Un castellanohablante de L'Hospitalet se encontrará que un funcionario en una ventanilla le responde en catalán, a no ser que le pida que cambie de idioma, aunque irá al cine tranquilo. Y yo, que soy un pedante, estoy harto que las películas las doblen a cualquier cosa, e insistiré en mis salas gafosas en versión original subtitulada.
El problema lingüístico no existe en Cataluña, por mucho que se empeñe la Cope, ya que la gente ha aceptado que con absolutismos y sistemas separados no se llega a ninguna parte. En el colegio todo el mundo aprende los dos idiomas (y con índices de comprensión lectora idénticos al resto de España en ambos) y en la vida cotidiana todo el mundo se mueve usando ambos. Ni un catalanista tendrá todo siempre en catalán como siempre ha deseado, ni un españolista tendrá todo sólo en castellano, como en los viejos tiempos en que todo era tan sencillo y patrio. El modelo catalán es que todo el mundo cede y todos se aguantan, y se acepta que si se deja una cosa a medias, es por el bien de todos.
Es la política que se sigue ahora, y la que se ha seguido desde hace 25 años. En todo este tiempo, el único partido contrario al sistema (el PP) saca un impresionante 7-12% de los votos. Será que los catalanes están a gusto, en su inmensa mayoría, con aceptar que todos ceden, y ninguna lengua prevalece.
La cuestión central del debate es aceptar compromisos. El multilingüismo, como dice el Conseller, no es totalmente satisfactorio para nadie. Él no puede ver en Barcelona cine doblado al catalán ni tener un móvil en ese idioma. Un castellanohablante de L'Hospitalet se encontrará que un funcionario en una ventanilla le responde en catalán, a no ser que le pida que cambie de idioma, aunque irá al cine tranquilo. Y yo, que soy un pedante, estoy harto que las películas las doblen a cualquier cosa, e insistiré en mis salas gafosas en versión original subtitulada.
El problema lingüístico no existe en Cataluña, por mucho que se empeñe la Cope, ya que la gente ha aceptado que con absolutismos y sistemas separados no se llega a ninguna parte. En el colegio todo el mundo aprende los dos idiomas (y con índices de comprensión lectora idénticos al resto de España en ambos) y en la vida cotidiana todo el mundo se mueve usando ambos. Ni un catalanista tendrá todo siempre en catalán como siempre ha deseado, ni un españolista tendrá todo sólo en castellano, como en los viejos tiempos en que todo era tan sencillo y patrio. El modelo catalán es que todo el mundo cede y todos se aguantan, y se acepta que si se deja una cosa a medias, es por el bien de todos.
Es la política que se sigue ahora, y la que se ha seguido desde hace 25 años. En todo este tiempo, el único partido contrario al sistema (el PP) saca un impresionante 7-12% de los votos. Será que los catalanes están a gusto, en su inmensa mayoría, con aceptar que todos ceden, y ninguna lengua prevalece.
Después dirán que no están asilvestrados...
Entre el tonto del tren de Cercanías, uno hablando de Tejero, Rajoy acusando a Conde-Pumpido de tiranía fiscal y Astarloa clamando que se intercambiarán armas por naciones (como si que te llamen nación o nacionalidad te cambie el color de pelo, vamos), espero que nadie desde la derecha se atreva a decir ahora que es el PSOE el que crispa, vamos.
Allá el PP y su imagen histérica. De momento, están metidos en un callejón, y parece que allí seguirán, ya que siguen sin asimilar que han perdido las elecciones. Ahora hace días que no se les oye decir eso que no usarán el terrorismo como arma política, por cierto. Tanta unidad de los demócratas y tantas historias, pero cuando el gobierno no hace lo que ellos dicen, entonces no vale.
Allá el PP y su imagen histérica. De momento, están metidos en un callejón, y parece que allí seguirán, ya que siguen sin asimilar que han perdido las elecciones. Ahora hace días que no se les oye decir eso que no usarán el terrorismo como arma política, por cierto. Tanta unidad de los demócratas y tantas historias, pero cuando el gobierno no hace lo que ellos dicen, entonces no vale.
martes, enero 17, 2006
Geografía económica (II): el mito de la arcadia rural
Tercera parte de la serie de posts sobre urbanismo y ciudades (I, II) y continuación a las notas sobre geografía económica. Si, se empieza a acumular texto por aquí...
Uno de los mitos recurrentes en el subconsciente americano, y como tal exportado a medio mundo, es el de las maldades de la vida urbana en comparación a la plácida y libre vida rural. El culpable que se menciona habitualmente de esta obsesión es Jefferson, con su manía de considerar el pequeño terrateniente rural el más libre y democrático de los individuos, virtuoso y alejado del vicio, lascivia, juego y pecado de las urbes. De esta tradición de pensamiento se deriva muchas veces el ver las ciudades como lugares abigarrados, caóticos, llenos de pobreza y contrarios al "orden natural" de las sociedades humanas.
Esta concepción es un error, y el origen de muchos de los desastres urbanísticos en los Estados Unidos. Para empezar, las ciudades ya albergan más de la mitad de la población mundial. Como señalaba el Economist no hace demasiado, en el 2006, por primera vez en la historia, habrá más gente viviendo en ciudades que en zonas rurales. El porqué de este fenómeno tiene mucho de natural y poco de ordenado, ya que se produce siguiendo un único incentivo, el bienestar material.
En contra de lo que muchos creen, si hay algún lugar lleno de pobreza en una sociedad humana es en las zonas rurales, especialmente en el tercer mundo. Los campesinos y granjeros en zonas poco desarrolladas de Brasil o Bolivia no viven alegremente haciendo la cosecha, celebrando fiestas populares y gozando del clima tropical, sean propietarios o no de la tierra que cultivan. Su existencia es barro, rezar para que el tiempo sea bueno, y mucho crujir de dientes cada año para sobrevivir hasta el siguiente. Si algo les lleva a trasladarse de zonas rurales a las favelas o los barrios marginales de las ciudades es la posibilidad de enriquecerse, no alguna fuerza del mal.
Cuando se ve cientos de trabajadores chinos metidos en una fábrica trabajando doce horas al día fabricando muñecas, esa gente está ahí por ese motivo. Más allá de eso, esos obreros no vuelven a sus lugares de origen porque prefieren la fábrica a pasarse la vida cultivando arroz, comiendo arroz y sin poder ir al cine. Tienen un trabajo horrible y un salario espantoso, pero prefieren eso a otra estancia en el campo, y todo porque su bienestar material ha aumentado.
Resulta que es en las ciudades donde la mayor parte de la riqueza se crea en cualquier sociedad humana, y esto es así por varios motivos. El más importante es la mejor conexión de la ciudad, en comparación a cualquier otro punto del territorio, a las redes de la economía nacional y global.
En esencia, una ciudad moderna es un nudo de infraestructuras y servicios concentrados en un punto, al servicio de industrias y otros servicios. Cuando una fábrica abre sus puertas en una zonas urbana, a su disposición tiene una serie de recursos que nunca tendrá si se construye en medio de los Monegros. Para empezar, carreteras, aeropuertos y vías ferreas, ya colocadas en la zona, esperando dar servicio a las industrias de la zona. Segundo, mano de obra y consumidores a tiro, sin tener demasiados problemas de logística para enviar la producción a los clientes o reclutar ingenieros o limpiadores. Tercero, y casi tan importante como los otros dos, bancos, gestores, publicistas y abogados, todos acostumbrados a trabajar para fábricas y fácilmente accesibles, y probablemente a buen precio si hay competencia suficiente.
Más allá de sus facilidades para empezar un negocio, una ciudad próspera tiene otro elemento importante que el resto de territorio no tiene, una buena conexión al mercado global. Si mi fábrica de patinetes en Soria tiene que exportar a Japón, el dinero que me gastaré buscando dinero, contactos y abogados en Zaragoza será casi suficiente como para convencerme que casi mejor trasladar la fábrica. Una ciudad grande no sólo permite encontrar capital a mejor coste, apoyo a bajo precio y mercados más fácilmente a nivel local, también da una mejor salida a productos a nivel nacional o mundial.
Sea en el primer mundo o en el tercero, estos nodos de servicios y comunicaciones que son las ciudades tienen ventajas evidentes a la hora de hacer negocios y generar riqueza. Su crecimiento no obedece a tragedias humanas, sino a su inmensa capacidad de crear bienestar en comparación a vivir detras de bueyes y arando campos. Este bienestar no está necesariamente bien repartido (aunque considerando la distribución de la propiedad de la tierra en muchos sitios, está mejor repartido que en zonas rurales), pero es innegable.
Como nota final, decir que la existencia de fábricas malolientes y jornadas horrorosas no es, por otro lado, permanente. Cuando en Shangai se ven hordas de trabajadores haciendo muñecas es el resultado de un contexto donde la mano de obra es barata, ya que es abundante. En cuanto empiecen a escasear trabajadores y empiece a ser más difícil llenar fábricas, los empresarios tendrán dos opciones, como todo el mundo: ofrecer más dinero para hacer el mismo trabajo, o tratar de substituir esos obreros más caros por maquinaria, y usar menos manos pero mejor pagadas. Los salarios siguen siempre la productividad global de una economía; en cuanto sea necesario aumentarla (y los datos de inflación en China hacen pensar en ello), los salarios seguirán, como lo hicieron en todos los países que se industrializaron antes.
Uno de los mitos recurrentes en el subconsciente americano, y como tal exportado a medio mundo, es el de las maldades de la vida urbana en comparación a la plácida y libre vida rural. El culpable que se menciona habitualmente de esta obsesión es Jefferson, con su manía de considerar el pequeño terrateniente rural el más libre y democrático de los individuos, virtuoso y alejado del vicio, lascivia, juego y pecado de las urbes. De esta tradición de pensamiento se deriva muchas veces el ver las ciudades como lugares abigarrados, caóticos, llenos de pobreza y contrarios al "orden natural" de las sociedades humanas.
Esta concepción es un error, y el origen de muchos de los desastres urbanísticos en los Estados Unidos. Para empezar, las ciudades ya albergan más de la mitad de la población mundial. Como señalaba el Economist no hace demasiado, en el 2006, por primera vez en la historia, habrá más gente viviendo en ciudades que en zonas rurales. El porqué de este fenómeno tiene mucho de natural y poco de ordenado, ya que se produce siguiendo un único incentivo, el bienestar material.
En contra de lo que muchos creen, si hay algún lugar lleno de pobreza en una sociedad humana es en las zonas rurales, especialmente en el tercer mundo. Los campesinos y granjeros en zonas poco desarrolladas de Brasil o Bolivia no viven alegremente haciendo la cosecha, celebrando fiestas populares y gozando del clima tropical, sean propietarios o no de la tierra que cultivan. Su existencia es barro, rezar para que el tiempo sea bueno, y mucho crujir de dientes cada año para sobrevivir hasta el siguiente. Si algo les lleva a trasladarse de zonas rurales a las favelas o los barrios marginales de las ciudades es la posibilidad de enriquecerse, no alguna fuerza del mal.
Cuando se ve cientos de trabajadores chinos metidos en una fábrica trabajando doce horas al día fabricando muñecas, esa gente está ahí por ese motivo. Más allá de eso, esos obreros no vuelven a sus lugares de origen porque prefieren la fábrica a pasarse la vida cultivando arroz, comiendo arroz y sin poder ir al cine. Tienen un trabajo horrible y un salario espantoso, pero prefieren eso a otra estancia en el campo, y todo porque su bienestar material ha aumentado.
Resulta que es en las ciudades donde la mayor parte de la riqueza se crea en cualquier sociedad humana, y esto es así por varios motivos. El más importante es la mejor conexión de la ciudad, en comparación a cualquier otro punto del territorio, a las redes de la economía nacional y global.
En esencia, una ciudad moderna es un nudo de infraestructuras y servicios concentrados en un punto, al servicio de industrias y otros servicios. Cuando una fábrica abre sus puertas en una zonas urbana, a su disposición tiene una serie de recursos que nunca tendrá si se construye en medio de los Monegros. Para empezar, carreteras, aeropuertos y vías ferreas, ya colocadas en la zona, esperando dar servicio a las industrias de la zona. Segundo, mano de obra y consumidores a tiro, sin tener demasiados problemas de logística para enviar la producción a los clientes o reclutar ingenieros o limpiadores. Tercero, y casi tan importante como los otros dos, bancos, gestores, publicistas y abogados, todos acostumbrados a trabajar para fábricas y fácilmente accesibles, y probablemente a buen precio si hay competencia suficiente.
Más allá de sus facilidades para empezar un negocio, una ciudad próspera tiene otro elemento importante que el resto de territorio no tiene, una buena conexión al mercado global. Si mi fábrica de patinetes en Soria tiene que exportar a Japón, el dinero que me gastaré buscando dinero, contactos y abogados en Zaragoza será casi suficiente como para convencerme que casi mejor trasladar la fábrica. Una ciudad grande no sólo permite encontrar capital a mejor coste, apoyo a bajo precio y mercados más fácilmente a nivel local, también da una mejor salida a productos a nivel nacional o mundial.
Sea en el primer mundo o en el tercero, estos nodos de servicios y comunicaciones que son las ciudades tienen ventajas evidentes a la hora de hacer negocios y generar riqueza. Su crecimiento no obedece a tragedias humanas, sino a su inmensa capacidad de crear bienestar en comparación a vivir detras de bueyes y arando campos. Este bienestar no está necesariamente bien repartido (aunque considerando la distribución de la propiedad de la tierra en muchos sitios, está mejor repartido que en zonas rurales), pero es innegable.
Como nota final, decir que la existencia de fábricas malolientes y jornadas horrorosas no es, por otro lado, permanente. Cuando en Shangai se ven hordas de trabajadores haciendo muñecas es el resultado de un contexto donde la mano de obra es barata, ya que es abundante. En cuanto empiecen a escasear trabajadores y empiece a ser más difícil llenar fábricas, los empresarios tendrán dos opciones, como todo el mundo: ofrecer más dinero para hacer el mismo trabajo, o tratar de substituir esos obreros más caros por maquinaria, y usar menos manos pero mejor pagadas. Los salarios siguen siempre la productividad global de una economía; en cuanto sea necesario aumentarla (y los datos de inflación en China hacen pensar en ello), los salarios seguirán, como lo hicieron en todos los países que se industrializaron antes.
Tanto ruido y tantas tonterías...
Al final, tras tanto ruido y ataques de cagarrinas sin sustancia de la tropa histérica de siempre y sus allegados del PP, el congreso de los marvados vascongados no se celebrará. En contra de lo que dice la noticia de LD, sin embargo, el fiscal general del Estado sí instó ayer al fiscal de la audiencia nacional a pedir la prohibición. Me indignaría, pero el patetismo periodístico del panfleto en cuestión está ya más allá de eso. Tanto llamar al presidente del gobierno aliado de los terroristas, y resulta que la ley de partidos de ha aplicado como se escribió, y la decisión la ha tomado quien debía tomarla, un tribunal.
¿Pedirán disculpas por decir estupideces como estas? Por supuesto que no. Seguirán con su machacona cantinela de echarle la culpa de todo al gobierno, incluso de no aplicar leyes que dicen que quien ilegaliza y sanciona partidos son los tribunales. Será verdad que no les interesa acabar con el terrorismo mientras puedan acabar con Zapatero. Algunos dejan claro que la legitimidad de las urnas les importa un pimiento.
Nota al margen: ¿soy yo, o la página de LD tiene la mala costumbre de colgar al Firefox de vez en cuando? Me temo que tanto usar Java y tonterías de estas (en serio, ¿tanto cuesta programar una página tan normalita visualmente sin esas paridas?) acaban por atragantarse al navegador, que funciona de vicio en cualquier otro sitio. En fin.
¿Pedirán disculpas por decir estupideces como estas? Por supuesto que no. Seguirán con su machacona cantinela de echarle la culpa de todo al gobierno, incluso de no aplicar leyes que dicen que quien ilegaliza y sanciona partidos son los tribunales. Será verdad que no les interesa acabar con el terrorismo mientras puedan acabar con Zapatero. Algunos dejan claro que la legitimidad de las urnas les importa un pimiento.
Nota al margen: ¿soy yo, o la página de LD tiene la mala costumbre de colgar al Firefox de vez en cuando? Me temo que tanto usar Java y tonterías de estas (en serio, ¿tanto cuesta programar una página tan normalita visualmente sin esas paridas?) acaban por atragantarse al navegador, que funciona de vicio en cualquier otro sitio. En fin.
lunes, enero 16, 2006
Pasándose el fardo sanitario unos a otros: Wal-Mart contra Maryland
He comentado a menudo lo patéticamente ineficiente que resulta el sistema sanitario americano, con su monstruoso híbrido entre seguros privados, sanidad pagada por empresas y caridad estatal.
En teoría, los contratos laborales incluyen como parte del salario un seguro médico, de modo que cuando trabajas es la empresa que se hace cargo de pagarte la sanidad. En caso que esto no suceda, uno gasta parte de su salario en un seguro médico para tener cobertura. Cuando uno no tiene trabajo o tiene muy pocos ingresos (y son muy pocos; un becario precario como yo cobra demasiado...), el sistema público medicaid, pagado a medias entre gobierno federal y estados, es el que te cubre.
El problema, claro está, es que la teoría no cuadra por ninguna parte. Primero, los seguros privados se pasan el día tratando de cargar el gasto a otros. Segundo, los hospitales viven en un magnífico infierno de papeleo constante, lidiando con docenas de esquemas y polizas. Tercero, todo el sistema vive bajo la confusión de problemas de información asimétrica. Y cuarto, y quizás más sangrante, toda aseguradora que se precie se desvive por asegurarse que todo paciente caro, sea por enfermedades crónicas, accidente de coche o caída de un asteroide en su casa, acabe dando con sus huesos en cualquier sitio menos en su cuenta de resultados. O dicho en otras palabras, en medicaid, a cargo de papá estado.
El resultado es un sistema que pierde un montón de tiempo en papeleo y echarse el muerto unos a los otros, que acaba con aseguradoras conservando a los pacientes baratos y gastándose el dinero en burocracia y echar a los caros, y un sistema público que se come la factura de todo aquel que resulta estar demasiado enfermo. El resultado es un sistema caro, injusto y mortalmente ineficiente, digno del Kafka de un día de resaca.
Uno de los grandes amigos de sacarse de encima empleados caros de asegurar en Wal-Mart, que cuenta ya con una larga tradición en la materia. Su afición principal estos días es ofrecer un seguro médico a sus empleados a un precio patéticamente fuera de lo razonable para el triste salario que les paga, añadiendo en la carpeta de bienvenida instrucciones de cómo rellenar el papeleo para Medicaid si no lo quieres. Muchos de ellos optan por el sistema público, ahorrándose dinero a cambio de un seguro bastante lamentable, y permitiendo a Wal-Mart librarse de pagar ingentes cantidades de dinero en lo que sería su parte de los pagos sanitarios. O dicho en otras palabras, cargando el muerto de la sanidad a los impuestos de todos.
Bueno, Maryland se ha hartado de esta práctica, y con una legislación del todo inusual, ha ido a por la compañía con todo el equipo. La ley obliga a toda empresa con más de 10.000 trabajadores en el estado (casualmente, sólo hay una: Wal-Mart) a destinar al menos un 8% se sus nóminas a seguros sanitarios, o en su defecto, a pagar esa cantidad a un fondo del estado para asistencia sanitaria a personas sin recursos. Traducido, obliga a Wall-Mart a escoger entre gastarse el dinero en seguros o pagar ese seguro a golpe de impuestos. A todos los efectos, un monstruo mutante legislativo con todas la letras.
¿Es la ley eficaz en mejorar la cobertura sanitaria de los trabajadores de Maryland? Aún es temprado decirlo. Es posible que Wal-Mart reduzca negocio a 9.999 empleados y y deje a los legisladores con cara de tonto. También puede resultar que la cobertura de los empleados mejore, pero en compensación la compañía simplemente reduzca los salarios, o suba los precios para compensar el incremento de costes. También puede ser que se aprieten el cinturón, reduzcan susn enormes beneficios, y traguen con el coste, mientras presionan furiosamente para que la ley se extienda a todos los empleadores del estado, para que todo el mundo se chinche. A saber. Lo que está muy claro es que este engendro legal sólo existe debido a lo patéticamente ineficaz del sistema americano.
En un sistema de sanidad con seguro público universal, Wal-Mart viviría más tranquila. Los costes de la sanidad son iguales para todo el mundo, así que su reducción a base de echar empleados fuera de su seguro médico no estarían en ningún caso en la agenda. Por añadido, en ausencia de los delirantes problemas del sistema privado, los pagos de un seguro público serían menores que los que tiene en Estados Unidos actualmente.
En fin, ya se cansarán. Lo relevante de la noticia es que los políticos empiezan a darse cuenta (y aún más importante, los votantes empiezan a valorar) que el sistema está fuera de control. De momento, funcionan a base de parches, pero ya acabarán por plantearse una reforma en profundidad.
En teoría, los contratos laborales incluyen como parte del salario un seguro médico, de modo que cuando trabajas es la empresa que se hace cargo de pagarte la sanidad. En caso que esto no suceda, uno gasta parte de su salario en un seguro médico para tener cobertura. Cuando uno no tiene trabajo o tiene muy pocos ingresos (y son muy pocos; un becario precario como yo cobra demasiado...), el sistema público medicaid, pagado a medias entre gobierno federal y estados, es el que te cubre.
El problema, claro está, es que la teoría no cuadra por ninguna parte. Primero, los seguros privados se pasan el día tratando de cargar el gasto a otros. Segundo, los hospitales viven en un magnífico infierno de papeleo constante, lidiando con docenas de esquemas y polizas. Tercero, todo el sistema vive bajo la confusión de problemas de información asimétrica. Y cuarto, y quizás más sangrante, toda aseguradora que se precie se desvive por asegurarse que todo paciente caro, sea por enfermedades crónicas, accidente de coche o caída de un asteroide en su casa, acabe dando con sus huesos en cualquier sitio menos en su cuenta de resultados. O dicho en otras palabras, en medicaid, a cargo de papá estado.
El resultado es un sistema que pierde un montón de tiempo en papeleo y echarse el muerto unos a los otros, que acaba con aseguradoras conservando a los pacientes baratos y gastándose el dinero en burocracia y echar a los caros, y un sistema público que se come la factura de todo aquel que resulta estar demasiado enfermo. El resultado es un sistema caro, injusto y mortalmente ineficiente, digno del Kafka de un día de resaca.
Uno de los grandes amigos de sacarse de encima empleados caros de asegurar en Wal-Mart, que cuenta ya con una larga tradición en la materia. Su afición principal estos días es ofrecer un seguro médico a sus empleados a un precio patéticamente fuera de lo razonable para el triste salario que les paga, añadiendo en la carpeta de bienvenida instrucciones de cómo rellenar el papeleo para Medicaid si no lo quieres. Muchos de ellos optan por el sistema público, ahorrándose dinero a cambio de un seguro bastante lamentable, y permitiendo a Wal-Mart librarse de pagar ingentes cantidades de dinero en lo que sería su parte de los pagos sanitarios. O dicho en otras palabras, cargando el muerto de la sanidad a los impuestos de todos.
Bueno, Maryland se ha hartado de esta práctica, y con una legislación del todo inusual, ha ido a por la compañía con todo el equipo. La ley obliga a toda empresa con más de 10.000 trabajadores en el estado (casualmente, sólo hay una: Wal-Mart) a destinar al menos un 8% se sus nóminas a seguros sanitarios, o en su defecto, a pagar esa cantidad a un fondo del estado para asistencia sanitaria a personas sin recursos. Traducido, obliga a Wall-Mart a escoger entre gastarse el dinero en seguros o pagar ese seguro a golpe de impuestos. A todos los efectos, un monstruo mutante legislativo con todas la letras.
¿Es la ley eficaz en mejorar la cobertura sanitaria de los trabajadores de Maryland? Aún es temprado decirlo. Es posible que Wal-Mart reduzca negocio a 9.999 empleados y y deje a los legisladores con cara de tonto. También puede resultar que la cobertura de los empleados mejore, pero en compensación la compañía simplemente reduzca los salarios, o suba los precios para compensar el incremento de costes. También puede ser que se aprieten el cinturón, reduzcan susn enormes beneficios, y traguen con el coste, mientras presionan furiosamente para que la ley se extienda a todos los empleadores del estado, para que todo el mundo se chinche. A saber. Lo que está muy claro es que este engendro legal sólo existe debido a lo patéticamente ineficaz del sistema americano.
En un sistema de sanidad con seguro público universal, Wal-Mart viviría más tranquila. Los costes de la sanidad son iguales para todo el mundo, así que su reducción a base de echar empleados fuera de su seguro médico no estarían en ningún caso en la agenda. Por añadido, en ausencia de los delirantes problemas del sistema privado, los pagos de un seguro público serían menores que los que tiene en Estados Unidos actualmente.
En fin, ya se cansarán. Lo relevante de la noticia es que los políticos empiezan a darse cuenta (y aún más importante, los votantes empiezan a valorar) que el sistema está fuera de control. De momento, funcionan a base de parches, pero ya acabarán por plantearse una reforma en profundidad.
Jugando con fuego en Pakistán
Lo de la "guerra contra el terrorismo" está empezando a convertirse en un juego peligroso. Por desgracia, no lo es tanto para los terroristas, si no para los aliados de Estados Unidos. La semana pasada a alguna luminaria de la CIA se le ocurrió lanzar unos cuantos misiles en una fiesta en Pakistán ya que tenía informes que uno de los malos malosos (Zawahiri) podía andar de juerga por allí.
El problema: pues no es tan seguro que que estuviera. El resultado, a ojos de la población local, es un avión americano bombardeando civiles en una guerra que su gobierno (una dictadura militar como cualquier otra) apoya. No han tardado en aparecer las ya tradicionales manifestaciones con pancartas de "muerte a América", y un presidente con otro problema más en su agenda en un país no especialmente estable. Dicho de otro modo: si cometen otro error, el escenario iraní de otra revolución islámica empezaría a ser una posibilidad preocupante.
La guerra contra el terrorismo ha acabado siendo una combinación de grandes palabras (liberar pueblos, democracia, acabar con la opresión) con cínico realismo (bombardear aliados, apoyar dictaduras, ataque de cagarrinas respecto a Irán), haciendo más daño que bien a la imagen de los Estados Unidos en el mundo. Por añadido, la señal dada una y otra vez es que América luchará contra toda dictadura que no les haga la pelota y no tenga armas nucleares, algo que ha llevado a todos aquellos no dispuestos al peloteo a tratar de obtener armas nucleares.
Que bonito, un retorno a la paz nuclear, versión cafre de la paz democrática que decían buscar. Llamando al doctor Strangelove....
El problema: pues no es tan seguro que que estuviera. El resultado, a ojos de la población local, es un avión americano bombardeando civiles en una guerra que su gobierno (una dictadura militar como cualquier otra) apoya. No han tardado en aparecer las ya tradicionales manifestaciones con pancartas de "muerte a América", y un presidente con otro problema más en su agenda en un país no especialmente estable. Dicho de otro modo: si cometen otro error, el escenario iraní de otra revolución islámica empezaría a ser una posibilidad preocupante.
La guerra contra el terrorismo ha acabado siendo una combinación de grandes palabras (liberar pueblos, democracia, acabar con la opresión) con cínico realismo (bombardear aliados, apoyar dictaduras, ataque de cagarrinas respecto a Irán), haciendo más daño que bien a la imagen de los Estados Unidos en el mundo. Por añadido, la señal dada una y otra vez es que América luchará contra toda dictadura que no les haga la pelota y no tenga armas nucleares, algo que ha llevado a todos aquellos no dispuestos al peloteo a tratar de obtener armas nucleares.
Que bonito, un retorno a la paz nuclear, versión cafre de la paz democrática que decían buscar. Llamando al doctor Strangelove....
viernes, enero 13, 2006
Pregunta: ¿Si la paz vale un congreso, la aceptarían?
La ya tradicional reacción histérica de los de siempre a una asamblea de la izquierda abertzale que todavía ni se ha celebrado viene con algunos comentarios curiosos. Ignacio Villa se pregunta si tolerarla (nota: aún ni siquiera ha sucedido) es el precio político para la tregua.
Oye, ¿Y si lo fuese? Me parece a mí que una reunión de independentistas que odian España, pacíficos todos haciendo discursos en un salón, es un precio más que aceptable por una tregua. Y si esa tregua acaba por llevar al final de la violencia, aún más.
Es evidente, claro y transparente que la única manera de acabar con ETA será prometiéndoles que una vez han dejado la violencia, podrán defender sus posturas en democracia sin problemas. Y me parece bastante claro que sin garantías que esto suceda, los terroristas no se decidirán a dejar las armas. La actitud inflexible del PP lo único que consigue es que el gobierno no pueda dar señales creíbles a los terroristas que una vez haya paz podrán volver al juego democrático.
En otras palabras, el PP pone las cosas difíciles. Es probable que tenga razón, y que el acto sea ilegal, pero a estas alturas se debería estar hablando de que la ley de partidos se derrogará en cuanto ETA renuncie a la violencia. La posición del PP es lógica, pero quizás no sea útil; es hora de dar a Batasuna una salida. Y sí, eso incluirá ser magnánimos con aquellos que se rinden. Como el PSOE hizo en la última tregua, es necesario dar margen de acción y un voto de confianza al gobierno.
Oye, ¿Y si lo fuese? Me parece a mí que una reunión de independentistas que odian España, pacíficos todos haciendo discursos en un salón, es un precio más que aceptable por una tregua. Y si esa tregua acaba por llevar al final de la violencia, aún más.
Es evidente, claro y transparente que la única manera de acabar con ETA será prometiéndoles que una vez han dejado la violencia, podrán defender sus posturas en democracia sin problemas. Y me parece bastante claro que sin garantías que esto suceda, los terroristas no se decidirán a dejar las armas. La actitud inflexible del PP lo único que consigue es que el gobierno no pueda dar señales creíbles a los terroristas que una vez haya paz podrán volver al juego democrático.
En otras palabras, el PP pone las cosas difíciles. Es probable que tenga razón, y que el acto sea ilegal, pero a estas alturas se debería estar hablando de que la ley de partidos se derrogará en cuanto ETA renuncie a la violencia. La posición del PP es lógica, pero quizás no sea útil; es hora de dar a Batasuna una salida. Y sí, eso incluirá ser magnánimos con aquellos que se rinden. Como el PSOE hizo en la última tregua, es necesario dar margen de acción y un voto de confianza al gobierno.
miércoles, enero 11, 2006
De información y coches de segunda mano
Uno de los campos más fascinantes de las ciencias sociales es cómo los humanos trabajamos con falta de información. Muchas veces, un político o un inversor tiene que tomar decisiones sin saber cuál es la situación exacta ahí fuera, confiando que la gente en la que se apoya no le esté mintiendo. Algunas voces defienden que las ciencias sociales y la teoría de juegos son incapaces de explicar esta clase de cosas, sin conocer demasiado, me parece, cómo funcionan. Pondré un ejemplo de economistas, siempre conscientes de la importancia que la información perfecta tiene en los mercados, y como han trabajado con ello.
Todo el mundo alguna vez ha tenido que comprar alguna cosa de segunda mano. Un objeto usado, sea en internet o en alguna otra parte, siempre tiene algo de salto al vacio; nunca sabes si el flamante BMW que según el vendedor se pasó tres años en un garaje de un hombre enfermo es realmente una ganga o no, o al menos no hasta que eventualmente te deja tirado.
Esto que en un principio parece un problema relativamente trivial, para los economistas es un problema grave. Una de las cosas que definen una economía de mercado es que los mercados gozan de información abundante, de modo que un comprandor sabe lo que compra, y un vendedor sabe que le pagan. En el caso de un mercado de segunda mano (siendo coches el ejemplo clásico), estos factores no están necesariamente allí, y el mercado tiene problemas para funcionar.
Supongamos que estoy vendiendo coches de segunda mano. Mi primera intuición será poner un precio bajo a los cacharros y un precio alto a los que están en un estado razonable en el caso que los compradores sepan lo que tienen delante. Sin embargo, es fácil darse cuenta que con un poco de abrillantador y 3 en 1 puedo hace que un coche con la transmisión y los bajos destrozados tenga un aspecto estupendo, así que si tengo ganas de hacer dinero, haré eso, pondré un precio como si estuviera en buen estado, y trataré de venderlo.
El problema está en que los potenciales compradores, si piensan un poco, empezaran a darse cuenta que la mayoría de vendedores tratan de dar gato por liebre, y empezarán a sospechar. Un precio alto no será señal que el coche que tienen delante está en bueno estado, así que comprarán con mucho menos entusiasmo. Los vendedores siempre pueden hacer algo para incrementar la demanda, que es bajar los precios, pero la señal para los consumidores seguirá siendo confusa. Lo que es peor, según los coches se deban vender por menos, habrá menos gente dispuesta a llevar un buen vehículo al mercado de segunda mano, ya que cada vez podrá conseguir menos dinero. Al poco tiempo, lo único que llegara al mercado serán cacharros auténticos, con precios por los suelos, y con un mercado muerto.
Tenemos entonces un mercado en que la información asimétrica entre compradores y vendedores acaba por apagar los intercambios. Hay gente dispuesta a vender coches, y hay gente dispuesta a comprarlos, pero como los precios no están dando ninguna información relevante entre tanto vendedor sin escrúpulos, el mercado se queda vacio.
¿Qué opción le queda al vendedor que sabe que tiene un buen producto para no resignarse a vender a bajo precio? George Akerlof, en un trabajo que le dio el premio Nóbel, explicó qué hace que estos mercados funcionen. Simplemente, quien tiene un coche decente recurre a prometer de manera creíble que tiene un buen producto, y lo hace en forma de garantías. Al saber que su producto es bueno y funcionará de manera razonable, puede ofrecer al comprador hacerse cargo de las reparaciones de este de manera gratuita por un año, algo que ningún vendedor de un vehículo poco fiable se puede permitir hacer. Los compradores no pueden observar directamente si algo es bueno o malo, pero pueden deducir por los riesgos en los que incurre el vendedor si el producto funcionará o no.
Este problema, evidentemente, no es exclusivo de los coches de segunda mano; cualquier producto en que el vendedor tenga mucha más información que el consumidor puede estar sujeto a estas complicaciones. Ejemplos hay multitud, y cada mercado soluciona sus problemas de información de manera distinta.
La próxima vez que lleveis el coche al taller, sin ir más lejos. ¿Cómo sabéis si el mecánico que os dice que hay que cambiar el inversor de fluzo no os está engañando?. Una de las opciones es preguntar en otro taller, pero si uno está ocupado, pagará más dinero y se irá al concesionario oficial, que "compra" reputación al fabricante para indicar que es honesto. En caso de necesitar un abogado por difamación de un bitacorero de red liberal, uno sabe con bastante seguridad que el suyo al menos sabe algo de derecho al comprobar que está colegiado. Ir al médico se hace más sencillo si para ejercer uno necesita una licencia, sólo obtenible tras demostrar algún conocimiento. Y en un campo algo más sofisticado, las agencias de calificación te pueden decir si Liberia realmente podrá devolverte ese préstamo al 40% de interés que le estás dando o no, o la CMT vigilará que ese tipo que dice invierte tu dinero en Mali no te está robando impunemente.
Resumiendo, hay básicamente tres maneras de tratar con este problema de información asimétrica. El primero es que el vendedor haga una promesa creíble sobre la calidad de su producto, como son las garantías de los coches. El segundo es que una agencia o empresa externa celosamente neutral se dedique a calificar productos, como sucede con el mercado de la deuda. El tercero es que el estado vigile que los servicios y productos ofrecidos tengan una calidad mínima para eliminar los "cacharros" más evidentes. Si no es el estado, los mismos profesionales pueden dedicarse a ello, aunque siempre pueden caer en la tentación gremial de restringir la entrada de nuevos miembros para tener más trabajo y hacerse de oro, como un piloto de aerolínea cualquiera.
No todos los mercados pueden autoregularse de manera creíble, y no siempre el uso de terceras empresas asegura que lo que dice alguien sea cierto (que pregunten a los accionistas de Enron). Aún así, la compra y venta de información y reputación está bien establecida en las sociedades occidentales, y en muchas ocasiones el estado se dedica a asegurarse que la información sea pública.
La pregunta que queda en el aire, claro está, es esta: ¿Cómo sabemos que un político es bueno, si todos prometen ser igual de maravillosos?. La respuesta os la dejo a vosotros.
Todo el mundo alguna vez ha tenido que comprar alguna cosa de segunda mano. Un objeto usado, sea en internet o en alguna otra parte, siempre tiene algo de salto al vacio; nunca sabes si el flamante BMW que según el vendedor se pasó tres años en un garaje de un hombre enfermo es realmente una ganga o no, o al menos no hasta que eventualmente te deja tirado.
Esto que en un principio parece un problema relativamente trivial, para los economistas es un problema grave. Una de las cosas que definen una economía de mercado es que los mercados gozan de información abundante, de modo que un comprandor sabe lo que compra, y un vendedor sabe que le pagan. En el caso de un mercado de segunda mano (siendo coches el ejemplo clásico), estos factores no están necesariamente allí, y el mercado tiene problemas para funcionar.
Supongamos que estoy vendiendo coches de segunda mano. Mi primera intuición será poner un precio bajo a los cacharros y un precio alto a los que están en un estado razonable en el caso que los compradores sepan lo que tienen delante. Sin embargo, es fácil darse cuenta que con un poco de abrillantador y 3 en 1 puedo hace que un coche con la transmisión y los bajos destrozados tenga un aspecto estupendo, así que si tengo ganas de hacer dinero, haré eso, pondré un precio como si estuviera en buen estado, y trataré de venderlo.
El problema está en que los potenciales compradores, si piensan un poco, empezaran a darse cuenta que la mayoría de vendedores tratan de dar gato por liebre, y empezarán a sospechar. Un precio alto no será señal que el coche que tienen delante está en bueno estado, así que comprarán con mucho menos entusiasmo. Los vendedores siempre pueden hacer algo para incrementar la demanda, que es bajar los precios, pero la señal para los consumidores seguirá siendo confusa. Lo que es peor, según los coches se deban vender por menos, habrá menos gente dispuesta a llevar un buen vehículo al mercado de segunda mano, ya que cada vez podrá conseguir menos dinero. Al poco tiempo, lo único que llegara al mercado serán cacharros auténticos, con precios por los suelos, y con un mercado muerto.
Tenemos entonces un mercado en que la información asimétrica entre compradores y vendedores acaba por apagar los intercambios. Hay gente dispuesta a vender coches, y hay gente dispuesta a comprarlos, pero como los precios no están dando ninguna información relevante entre tanto vendedor sin escrúpulos, el mercado se queda vacio.
¿Qué opción le queda al vendedor que sabe que tiene un buen producto para no resignarse a vender a bajo precio? George Akerlof, en un trabajo que le dio el premio Nóbel, explicó qué hace que estos mercados funcionen. Simplemente, quien tiene un coche decente recurre a prometer de manera creíble que tiene un buen producto, y lo hace en forma de garantías. Al saber que su producto es bueno y funcionará de manera razonable, puede ofrecer al comprador hacerse cargo de las reparaciones de este de manera gratuita por un año, algo que ningún vendedor de un vehículo poco fiable se puede permitir hacer. Los compradores no pueden observar directamente si algo es bueno o malo, pero pueden deducir por los riesgos en los que incurre el vendedor si el producto funcionará o no.
Este problema, evidentemente, no es exclusivo de los coches de segunda mano; cualquier producto en que el vendedor tenga mucha más información que el consumidor puede estar sujeto a estas complicaciones. Ejemplos hay multitud, y cada mercado soluciona sus problemas de información de manera distinta.
La próxima vez que lleveis el coche al taller, sin ir más lejos. ¿Cómo sabéis si el mecánico que os dice que hay que cambiar el inversor de fluzo no os está engañando?. Una de las opciones es preguntar en otro taller, pero si uno está ocupado, pagará más dinero y se irá al concesionario oficial, que "compra" reputación al fabricante para indicar que es honesto. En caso de necesitar un abogado por difamación de un bitacorero de red liberal, uno sabe con bastante seguridad que el suyo al menos sabe algo de derecho al comprobar que está colegiado. Ir al médico se hace más sencillo si para ejercer uno necesita una licencia, sólo obtenible tras demostrar algún conocimiento. Y en un campo algo más sofisticado, las agencias de calificación te pueden decir si Liberia realmente podrá devolverte ese préstamo al 40% de interés que le estás dando o no, o la CMT vigilará que ese tipo que dice invierte tu dinero en Mali no te está robando impunemente.
Resumiendo, hay básicamente tres maneras de tratar con este problema de información asimétrica. El primero es que el vendedor haga una promesa creíble sobre la calidad de su producto, como son las garantías de los coches. El segundo es que una agencia o empresa externa celosamente neutral se dedique a calificar productos, como sucede con el mercado de la deuda. El tercero es que el estado vigile que los servicios y productos ofrecidos tengan una calidad mínima para eliminar los "cacharros" más evidentes. Si no es el estado, los mismos profesionales pueden dedicarse a ello, aunque siempre pueden caer en la tentación gremial de restringir la entrada de nuevos miembros para tener más trabajo y hacerse de oro, como un piloto de aerolínea cualquiera.
No todos los mercados pueden autoregularse de manera creíble, y no siempre el uso de terceras empresas asegura que lo que dice alguien sea cierto (que pregunten a los accionistas de Enron). Aún así, la compra y venta de información y reputación está bien establecida en las sociedades occidentales, y en muchas ocasiones el estado se dedica a asegurarse que la información sea pública.
La pregunta que queda en el aire, claro está, es esta: ¿Cómo sabemos que un político es bueno, si todos prometen ser igual de maravillosos?. La respuesta os la dejo a vosotros.
De lenguas y oficialidades
Tras tanta polémica estúpida, irritante y cansina sobre política lingüística y el empecinamiento de algunos que en todas partes sea obligado el castellano, me parece que puede ser interesante hablar un poco de cómo se hace esto en otros lares.
Para mí el caso más interesante es el de Estados Unidos, un país con multitud de inmigrantes de todo el mundo en el que se hablan literalmente decenas de lenguas, y con algunas minorías, como la hispana, que componen un porcentaje importante de la población. La solución tomada en este país desde el origen para tratar esta diversidad es sencilla: no tienen lengua oficial. Nada. Cero. Ninguna. Nadie tiene la obligación de aprender ningún idioma.
Eso no hace el gobierno federal, estados o autoridades locales inmune a la diversidad lingüística, todo lo contrario. Su obligación es servir a la población, y con ello se esfuerzan en ser atendidos. En New Haven, cualquier oficina de atención al cliente tiene formularios en inglés, castellano y chino; en algunos barrios, incluso en ruso. Sobre la educación, aquí cada uno aprende el idioma que quiere. El sistema público da las clases en inglés, porque así lo votan los consejos escolares, pero hay muchos distritos donde se da castellano de forma habitual. En la administración pública, se contrata lo que se necesita; ahora mismo hablar castellano se valora mucho, y así será durante años, ya que no se obliga a nadie a aprender un idioma.
No estaría mal, la verdad, abolir la tontería de los idiomas oficiales en España. Que cada uno aprenda lo que quiera y hable como le plazca, y fuera tantas historias de quién impone a quién. Los catalanes a buen seguro seguirían votando a gobiernos y políticos que harían el enseñar catalán una prioridad, y en Cataluña saber el idioma seguiría abriendo muchas puertas, del mismo modo que hablar francés ayuda a prosperar en Francia o el castellano en Murcia. Lo que les revienta a algunos es que los catalanes votan a partidos que defienden el catalán, lo dejan bien claro en sus programas sin engañar a nadie, y la gente les apoya.
Suceda lo que suceda, en Cataluña el catalán seguirá dando ventaja a los nativos, por pura cuestión de preferencia social. Si a alguno le jode que otro prefiera que los funcionarios le hablen en su lengua materna, la verdad es que respeta la libertad de otros bien poco.
Por cierto, lo de los informes médicos es para variar una polémica irrelevante. Mirar en qué idioma están redactados no vulnera la confidencialidad del historial clínico, y más si en la base de datos resultante no se asocia el historial a un nombre. La recopilación de estadísticas es legal y no vulnera la confidencialidad, y los gobiernos lo hacen constantemente. ¿De dónde se creen los de LD que vienen las estadísticas de listas de espera, cancer, donación de órganos o los informes de la agencia tributaria?. Lo de El Mundo es patético.
Y sí, es interesante saber cosas del uso social del catalán, y resulta fascinante ver como en medicina se usa mucho más que en la justicia, por ejemplo.
Para mí el caso más interesante es el de Estados Unidos, un país con multitud de inmigrantes de todo el mundo en el que se hablan literalmente decenas de lenguas, y con algunas minorías, como la hispana, que componen un porcentaje importante de la población. La solución tomada en este país desde el origen para tratar esta diversidad es sencilla: no tienen lengua oficial. Nada. Cero. Ninguna. Nadie tiene la obligación de aprender ningún idioma.
Eso no hace el gobierno federal, estados o autoridades locales inmune a la diversidad lingüística, todo lo contrario. Su obligación es servir a la población, y con ello se esfuerzan en ser atendidos. En New Haven, cualquier oficina de atención al cliente tiene formularios en inglés, castellano y chino; en algunos barrios, incluso en ruso. Sobre la educación, aquí cada uno aprende el idioma que quiere. El sistema público da las clases en inglés, porque así lo votan los consejos escolares, pero hay muchos distritos donde se da castellano de forma habitual. En la administración pública, se contrata lo que se necesita; ahora mismo hablar castellano se valora mucho, y así será durante años, ya que no se obliga a nadie a aprender un idioma.
No estaría mal, la verdad, abolir la tontería de los idiomas oficiales en España. Que cada uno aprenda lo que quiera y hable como le plazca, y fuera tantas historias de quién impone a quién. Los catalanes a buen seguro seguirían votando a gobiernos y políticos que harían el enseñar catalán una prioridad, y en Cataluña saber el idioma seguiría abriendo muchas puertas, del mismo modo que hablar francés ayuda a prosperar en Francia o el castellano en Murcia. Lo que les revienta a algunos es que los catalanes votan a partidos que defienden el catalán, lo dejan bien claro en sus programas sin engañar a nadie, y la gente les apoya.
Suceda lo que suceda, en Cataluña el catalán seguirá dando ventaja a los nativos, por pura cuestión de preferencia social. Si a alguno le jode que otro prefiera que los funcionarios le hablen en su lengua materna, la verdad es que respeta la libertad de otros bien poco.
Por cierto, lo de los informes médicos es para variar una polémica irrelevante. Mirar en qué idioma están redactados no vulnera la confidencialidad del historial clínico, y más si en la base de datos resultante no se asocia el historial a un nombre. La recopilación de estadísticas es legal y no vulnera la confidencialidad, y los gobiernos lo hacen constantemente. ¿De dónde se creen los de LD que vienen las estadísticas de listas de espera, cancer, donación de órganos o los informes de la agencia tributaria?. Lo de El Mundo es patético.
Y sí, es interesante saber cosas del uso social del catalán, y resulta fascinante ver como en medicina se usa mucho más que en la justicia, por ejemplo.
Cuando nombrar las cosas por su nombre es un escándalo
Más allá de lo patético está el exabrupto en forma de noticia de los idiotas de LD hoy. Un tipo del PNV dice que el ejército es una "organización armada", y resulta que es noticia. Será que el tío miente y realmente Aznar tenía en mente convertirlo en una ONG, o algo así.
La cuestión, claro está, es que ha comparado al ejercito presúntamente con ETA. A ver, el tipo ha dicho que el gobierno vasco detesta el papel que se arroga la organización terrorista sobre la política vasca. Cuando un militar como el señor Mena se arroga el mismo papel, resulta que eso no es malo, siguiendo la lógica de esta publicación.
Vamos, que el ejército puede salvarnos si le place. Estupendo. Es sólo coerción y mala lecha armada si habla en vasco, supongo.
Por cierto, el artículo ocho que tanto se cita como anacronismo estos días no lo es tanto. Las fuerzas armadas están subordinadas de manera muy clara a la ley y la constitución, sin que tengan ninguna clase de autonomía para tomarse las cosas a la brava. No es un artículo anormal en otras constituciones, dicho sea de paso.
La cuestión, claro está, es que ha comparado al ejercito presúntamente con ETA. A ver, el tipo ha dicho que el gobierno vasco detesta el papel que se arroga la organización terrorista sobre la política vasca. Cuando un militar como el señor Mena se arroga el mismo papel, resulta que eso no es malo, siguiendo la lógica de esta publicación.
Vamos, que el ejército puede salvarnos si le place. Estupendo. Es sólo coerción y mala lecha armada si habla en vasco, supongo.
Por cierto, el artículo ocho que tanto se cita como anacronismo estos días no lo es tanto. Las fuerzas armadas están subordinadas de manera muy clara a la ley y la constitución, sin que tengan ninguna clase de autonomía para tomarse las cosas a la brava. No es un artículo anormal en otras constituciones, dicho sea de paso.
martes, enero 10, 2006
De Telefónica y otros monstruos
Ahora que la Comisión Europea ha aprobado (con condiciones) la fusión entre Telefónica y O2, es momento de reflexionar sobre un dato que publicaba el Economist el otro día. Tras la operación, el monstruo resultante será la tercera mayor compañía de telecomunicaciones del mundo en términos de ingresos.
Lo que digo tan a menudo, y que la mayoría de españolitos no perciben, es que Alfonso Guerra tenía razón. Efectivamente, a España no la reconoce ni la madre que la parió. Anda que no nos ha sentado bien la democracia, oiga.
En fin, aunque Telefónica siga siendo para mí la compañía malvada empeñada en cobrarme facturas que no son mías de siempre, uno debe reconocer que ha llegado lejos. Lo que demuestra que quizás estar 25 años hablando del sistema autonómico era buena idea, oiga. Tanta banderita nos habrá ahorrado la economía creativa y la retórica hinchada de alguno de nuestros vecinos. Y sí, pienso en Francia.
Lo que digo tan a menudo, y que la mayoría de españolitos no perciben, es que Alfonso Guerra tenía razón. Efectivamente, a España no la reconoce ni la madre que la parió. Anda que no nos ha sentado bien la democracia, oiga.
En fin, aunque Telefónica siga siendo para mí la compañía malvada empeñada en cobrarme facturas que no son mías de siempre, uno debe reconocer que ha llegado lejos. Lo que demuestra que quizás estar 25 años hablando del sistema autonómico era buena idea, oiga. Tanta banderita nos habrá ahorrado la economía creativa y la retórica hinchada de alguno de nuestros vecinos. Y sí, pienso en Francia.
De fragatas y polémicas estúpidas
Que triste que el PP haga ruido por algo tan idiota como lo de la fragata Alvaro de Bazán en el Golfo Pérsico. Si el Pentágono y la US Navy, nada sospechosos de ser discípulos de Polanco, sectarios del PSOE o miembros de Red Progresista, dicen que la fragata no participó en nada remotamente parecido a combates ni se acercó a aguas territorias iraquíes, me parece que el tema está bastante cerrado.
La Bazán estaba acompañando al Roosvelt, probando si el sistema de defensa aérea AEGIS que equipa es compatible con la versión del sistema utilizada por la marina americana. Básicamente lo que hizo fue pasearse con un radar al lado de un portaviones que estaba bajo riesgo cero de ataque, sin intervenir en nada en sus operaciones aéreas, que eran controladas por otros barcos del grupo de combate. La US Navy tiene literalmente docenas de fragatas y cruceros AEGIS, la Bazán estaba literalmente en viaje de pruebas.
La verdad, no sé cómo quieren que probemos los juguetes que le compraron ellos a la Armada...
A todo esto, gracias de corazón a la gente de LD por tratar de descabezar con ese entusiasmo a José Bono. Si Zapatero lo metió de ministro era para que dejara de actuar como francotirador con fantasías de presidente de gobierno desde el muy seguro y blindado cargo de presidente de Castilla - La Mancha, y empezara a ganarse tortas a nivel nacional. Con el PP y los medios afines haciendo de Bono su objetivo, están linchando a uno de los pocos miembros del PSOE que tenían alguna remota capacidad de hacerle sombra a Zapatero.
Ya puestos, que continuen aplaudiendo a los militares. El electorado recuerda muy bien lo estupendo que resultó tenerlos 40 años metidos en política, así que este hacer la pelota al PP le dará una imagen estupenda. En serio. Que salen monísimos, vamos.
La Bazán estaba acompañando al Roosvelt, probando si el sistema de defensa aérea AEGIS que equipa es compatible con la versión del sistema utilizada por la marina americana. Básicamente lo que hizo fue pasearse con un radar al lado de un portaviones que estaba bajo riesgo cero de ataque, sin intervenir en nada en sus operaciones aéreas, que eran controladas por otros barcos del grupo de combate. La US Navy tiene literalmente docenas de fragatas y cruceros AEGIS, la Bazán estaba literalmente en viaje de pruebas.
La verdad, no sé cómo quieren que probemos los juguetes que le compraron ellos a la Armada...
A todo esto, gracias de corazón a la gente de LD por tratar de descabezar con ese entusiasmo a José Bono. Si Zapatero lo metió de ministro era para que dejara de actuar como francotirador con fantasías de presidente de gobierno desde el muy seguro y blindado cargo de presidente de Castilla - La Mancha, y empezara a ganarse tortas a nivel nacional. Con el PP y los medios afines haciendo de Bono su objetivo, están linchando a uno de los pocos miembros del PSOE que tenían alguna remota capacidad de hacerle sombra a Zapatero.
Ya puestos, que continuen aplaudiendo a los militares. El electorado recuerda muy bien lo estupendo que resultó tenerlos 40 años metidos en política, así que este hacer la pelota al PP le dará una imagen estupenda. En serio. Que salen monísimos, vamos.
¿Se recurirá el PP a sí mismo?
El PP se ha decidido a recurrir al constitucional la ley del consejo audiovisual de Cataluña (CAC), organismo que tantos elogios cosechó con sus informes hasta el día que habló de la Cope. Como mencionaba José Antonio Donaire el otro día, el CAC no es un organismo único en España. Es más, hay multitud de comunidades del PP (empezando por Madrid) que tienen organismos igual o más restrictivos, y con procesos de selección de sus miembros mucho menos restrictivos que el organismo catalán.
¿Recurrirá el PP esas leyes de sus compañeros autonómicos? ¿O será que no meterse con la Cope te salva de la ira de Zaplana?. En fin, nada nuevo.
¿Recurrirá el PP esas leyes de sus compañeros autonómicos? ¿O será que no meterse con la Cope te salva de la ira de Zaplana?. En fin, nada nuevo.
lunes, enero 09, 2006
Teme a tus amigos
Según todos los estudios, alrededor de un 50% de jefes de gobierno y líderes de partido caen en desgracia y pierden el cargo no por sus derrotas electorales, si no por las entusiastas puñaladas de sus compañeros.
Apunten al listado de víctimas a Charles Kennedy, ex-líder de los liberal demócratas británicos, que tras llevar al partido al mejor resultado electoral de su historia, ha sido ejecutado en el cargo sin demasiado ceremonia por los diputados que tanto ayudo a llegar a la poltrona. Como siempre, las razones son variadas en teoría, pero bastante simples en la práctica. La excusa ha sido los problemas de alcoholemia de Kennedy, bien conocidos desde hace tiempo, y que por lo que se ve no han sido horribles hasta ahora que llevaba meses sin beber. La realidad, por descontado, es algo menos placentera: la lucha entre la izquierda del partido, con ganas de aprovecharse del desgaste de los laboristas, y la derecha, con ganas de seguir haciendo daño a los conservadores. La izquierda estaba harta de la equidistancia de Kennedy, y parece que se ha decidido a ir a por él. A la que han visto que su jefe se convertía en un fardo para el partido y lo que creen es la mejor estrategia de éxito, se lo han cargado. Lo típico.
¿El sustituto? Probablemente Menzies Campbell, centro izquierda, cariñosamente apodado "Ming the Mercyless" por su partido. Con amigos así, para que quiere uno elecciones, oiga.
Apunten al listado de víctimas a Charles Kennedy, ex-líder de los liberal demócratas británicos, que tras llevar al partido al mejor resultado electoral de su historia, ha sido ejecutado en el cargo sin demasiado ceremonia por los diputados que tanto ayudo a llegar a la poltrona. Como siempre, las razones son variadas en teoría, pero bastante simples en la práctica. La excusa ha sido los problemas de alcoholemia de Kennedy, bien conocidos desde hace tiempo, y que por lo que se ve no han sido horribles hasta ahora que llevaba meses sin beber. La realidad, por descontado, es algo menos placentera: la lucha entre la izquierda del partido, con ganas de aprovecharse del desgaste de los laboristas, y la derecha, con ganas de seguir haciendo daño a los conservadores. La izquierda estaba harta de la equidistancia de Kennedy, y parece que se ha decidido a ir a por él. A la que han visto que su jefe se convertía en un fardo para el partido y lo que creen es la mejor estrategia de éxito, se lo han cargado. Lo típico.
¿El sustituto? Probablemente Menzies Campbell, centro izquierda, cariñosamente apodado "Ming the Mercyless" por su partido. Con amigos así, para que quiere uno elecciones, oiga.
Bienvenidos al circo republicano (II)
No hace demasiado hablaba de los problemas que estaba teniendo el partido republicano en Estados Unidos. Entre los varios casos pendientes y hogueras que tenían que apagar, el procesamiento de de Tom Delay era una de las bombas de relojería que mencionaba, aunque sin mostrarme demasiado convencido que el caso acabará llegando demasiado lejos.
Bueno, me equivoqué, como de costumbre. Uno de los socios de Tom Delay en su cruzada por convertir el partido republicano en una máquina electoral despiadada, Jack Abramoff, ha caído con todo el equipo. Abramoff es un lobbyist, un agente de relaciones públicas profesional que se dedica a recaudar fondos, hacer la pelota, pagar viajes y lamer botas a políticos a cambio de favores para sus clientes. El jefe informal de Abramoff, y el director de su orquesta de recaudar fondos y apretar a congresistas por votos, no es otro que Tom Delay, el líder de los republicanos en la cámara de representantes.
Pues bien, el señor Abramoff, bajo investigación despiadada del muy independiente y mortalmente tozudo cuando se pone en serio sistema judicial americano, ha decidido llegar a un acuerdo con el fiscal, comerse 30 años de cárcel, y cantar como un pajarito sobre sus socios y amiguetes. Es decir, sobre Tom Delay, que en vista que la mierda va a llover a cántaros en su barrio, ha renunciado definitivamente (eufemismo para "ha sido echado a gorrazos") al liderazgo de su partido en el congreso.
El escándalo ha pillado a los dos partidos, pero sobretodo al republicano, que por algo es el que tiene el poder. Aún peor, ha añadido otra espada de Damocles colgada sobre las cabezas de los gobernantes del país. Al caso Valerie Plame y la posible muerte política de Karl Rove si las cosas van a peor en ese frente, se le suma un escándalo que hace añicos la base más sólida de poder republicano, su fuerte y disciplinada mayoría en la cámara de representantes. Bush ahora tiene un problema serio, ya que se ha quedado sin la capacidad de pasar legislación en plan apisonadora en una de las dos cámaras del congreso, y se enfrenta al problema de tener varios senadores republicanos que empiezan a pensar más en la carrera a la Casa Blanca que en su partido.
¿Es para alegrarse? A ser sincero, no demasiado. Primero, porque tras un extensivo y patético uso del redibujado creativo de distritos electorales, un cambio de mayoría en las legislativas de noviembre sigue siendo espantósamente difícil. Segundo, porque aún con sus errores, me temo que es mejor tener un presidente capaz de pasar legislación que un inútil inoperante, y más con un país en guerra y con problemas económicos en el horizonte.
Veremos, sin embargo, si la coalición republicana resiste. Ahora mismo, hay tres facciones unidas por un sólo mantra (bajar impuestos), pero sin la mano de hierro y el talento recaudatorio (y corrompido) de Delay, no es tan fácil que sobrevivan. Conservadores religiosos, defensores del gobierno pequeño y la responsabilidad fiscal y neoconservadores amantes del déficit y la extinción del estado no combinan bien si no se las aprieta, y no está claro que sigan cooperando.
Bueno, me equivoqué, como de costumbre. Uno de los socios de Tom Delay en su cruzada por convertir el partido republicano en una máquina electoral despiadada, Jack Abramoff, ha caído con todo el equipo. Abramoff es un lobbyist, un agente de relaciones públicas profesional que se dedica a recaudar fondos, hacer la pelota, pagar viajes y lamer botas a políticos a cambio de favores para sus clientes. El jefe informal de Abramoff, y el director de su orquesta de recaudar fondos y apretar a congresistas por votos, no es otro que Tom Delay, el líder de los republicanos en la cámara de representantes.
Pues bien, el señor Abramoff, bajo investigación despiadada del muy independiente y mortalmente tozudo cuando se pone en serio sistema judicial americano, ha decidido llegar a un acuerdo con el fiscal, comerse 30 años de cárcel, y cantar como un pajarito sobre sus socios y amiguetes. Es decir, sobre Tom Delay, que en vista que la mierda va a llover a cántaros en su barrio, ha renunciado definitivamente (eufemismo para "ha sido echado a gorrazos") al liderazgo de su partido en el congreso.
El escándalo ha pillado a los dos partidos, pero sobretodo al republicano, que por algo es el que tiene el poder. Aún peor, ha añadido otra espada de Damocles colgada sobre las cabezas de los gobernantes del país. Al caso Valerie Plame y la posible muerte política de Karl Rove si las cosas van a peor en ese frente, se le suma un escándalo que hace añicos la base más sólida de poder republicano, su fuerte y disciplinada mayoría en la cámara de representantes. Bush ahora tiene un problema serio, ya que se ha quedado sin la capacidad de pasar legislación en plan apisonadora en una de las dos cámaras del congreso, y se enfrenta al problema de tener varios senadores republicanos que empiezan a pensar más en la carrera a la Casa Blanca que en su partido.
¿Es para alegrarse? A ser sincero, no demasiado. Primero, porque tras un extensivo y patético uso del redibujado creativo de distritos electorales, un cambio de mayoría en las legislativas de noviembre sigue siendo espantósamente difícil. Segundo, porque aún con sus errores, me temo que es mejor tener un presidente capaz de pasar legislación que un inútil inoperante, y más con un país en guerra y con problemas económicos en el horizonte.
Veremos, sin embargo, si la coalición republicana resiste. Ahora mismo, hay tres facciones unidas por un sólo mantra (bajar impuestos), pero sin la mano de hierro y el talento recaudatorio (y corrompido) de Delay, no es tan fácil que sobrevivan. Conservadores religiosos, defensores del gobierno pequeño y la responsabilidad fiscal y neoconservadores amantes del déficit y la extinción del estado no combinan bien si no se las aprieta, y no está claro que sigan cooperando.
De militares y acrobacias populares
Vaya pollo ha armado el General Mena con sus tonterías sobre el estatuto y la unidad de España. Incluso Federico Jiménez Losantos se ha metido con él, vamos. Más allá de lo fuera de lugar de las declaraciones, lo cierto es que todo el circo ha puesto en evidencia lo fuera de juego que se ha quedado el PP en el debate sobre el estatuto.
Lo comentaba el otro día. A mi parecer, las profecías del fin del mundo del PP han acabado por llevarlos a un callejón sin salida fuera del debate, mientras es el PSOE el que se bate el cobre con los nacionalistas enmendando y limitando el estatuto. Las piruetas verbales de Rajoy y compañía reaccionando a los comentarios de Mena han hecho evidente que la posición del PP se ha hecho difícilmente sostenible.
Zaplana ha echado la culpa al gobierno de que alguien repita las posiciones de su partido en voz alta; ahora que la persona que defiende sus tesis resulta ser un militar, parece que es problema del departamento de reeducación y control mental del ministerio de defensa que alguien repita sus opiniones. Si no es "culpa" del PP que Mena diga estas cosas, tampoco es culpa del gobierno, pero parece que a Zaplana no le importa.
La exhibición acrobática de Rajoy ha sido aún más impresionante y bizantina. Ha criticado a Mena, para seguidamente darle la razón diciendo que la patria está en peligro, etcétera. O en otras palabras, un general no puede decirlo por ser militar, pero el PP puede dar la culpa al PSOE que un tipo de uniforme hable de intervenir con todo el equipo. La culpa no es del que dice la burrada, es del gobierno porque se la ha buscado. Un argumento peligrosamente cercano a decir que realmente el tipo tiene razón, pero que no debería haberlo dicho.
El PP no es un partido golpista, de ningún modo. Y en un país como España, con su nivel de renta alto, una intervención del ejército es practicamente imposible. Aún así, si el principal partido de la oposición tiene que hilar tan fino en sus declaraciones sobre un tema así, sin distanciarse tanjantemente de una burrada tan clara, es que realmente han perdido el norte. Se lanzaron en contra del estatuto con todo el equipo, confiando que la carta del malvado nacionalista catalán les daría votos, para pasarse de largo de cualquier sentido común y moderación y quedarse sólos.
No veo ningún problema que el PP esté en contra del estatuto; es una posición coherente con su trayectoria. La estrategia apocalíptica que han seguido, sin embargo, los está echando fuera del tablero a marchas forzadas.
Lo comentaba el otro día. A mi parecer, las profecías del fin del mundo del PP han acabado por llevarlos a un callejón sin salida fuera del debate, mientras es el PSOE el que se bate el cobre con los nacionalistas enmendando y limitando el estatuto. Las piruetas verbales de Rajoy y compañía reaccionando a los comentarios de Mena han hecho evidente que la posición del PP se ha hecho difícilmente sostenible.
Zaplana ha echado la culpa al gobierno de que alguien repita las posiciones de su partido en voz alta; ahora que la persona que defiende sus tesis resulta ser un militar, parece que es problema del departamento de reeducación y control mental del ministerio de defensa que alguien repita sus opiniones. Si no es "culpa" del PP que Mena diga estas cosas, tampoco es culpa del gobierno, pero parece que a Zaplana no le importa.
La exhibición acrobática de Rajoy ha sido aún más impresionante y bizantina. Ha criticado a Mena, para seguidamente darle la razón diciendo que la patria está en peligro, etcétera. O en otras palabras, un general no puede decirlo por ser militar, pero el PP puede dar la culpa al PSOE que un tipo de uniforme hable de intervenir con todo el equipo. La culpa no es del que dice la burrada, es del gobierno porque se la ha buscado. Un argumento peligrosamente cercano a decir que realmente el tipo tiene razón, pero que no debería haberlo dicho.
El PP no es un partido golpista, de ningún modo. Y en un país como España, con su nivel de renta alto, una intervención del ejército es practicamente imposible. Aún así, si el principal partido de la oposición tiene que hilar tan fino en sus declaraciones sobre un tema así, sin distanciarse tanjantemente de una burrada tan clara, es que realmente han perdido el norte. Se lanzaron en contra del estatuto con todo el equipo, confiando que la carta del malvado nacionalista catalán les daría votos, para pasarse de largo de cualquier sentido común y moderación y quedarse sólos.
No veo ningún problema que el PP esté en contra del estatuto; es una posición coherente con su trayectoria. La estrategia apocalíptica que han seguido, sin embargo, los está echando fuera del tablero a marchas forzadas.
viernes, enero 06, 2006
Volando voy, volando vengo (III)
Pues mañana de vuelta a las américas. Así que si este fin de semana no veis escritos en vuestra bitácora amiga no es que me haya quedado de golpe sin opiniones, no; es que estoy entre desfases horarios, aeropuertos, y hacer la compra para llenar una nevera vacia.
Por cierto, si aún queda alguien que me considera un tipo inteligente, un dato: mañana tengo mi vuelo de Barcelona a Amsterdam a las seis de la mañana. Se tiene que ser una categoría muy especial de tarugo para comprar billetes a estas horas; la próxima vez que leais una tontería de post recordad que mi capacidad no llega ni a mirar horas de salida al comprar por internet. Limitado que es uno.
Por cierto, si aún queda alguien que me considera un tipo inteligente, un dato: mañana tengo mi vuelo de Barcelona a Amsterdam a las seis de la mañana. Se tiene que ser una categoría muy especial de tarugo para comprar billetes a estas horas; la próxima vez que leais una tontería de post recordad que mi capacidad no llega ni a mirar horas de salida al comprar por internet. Limitado que es uno.
El problema de la acción colectiva (o cómo cooperar es difícil)
Eso que los extremos políticos se parecen a veces, a pesar de ser un topicazo que se utiliza demasiado, es en ocasiones bastante cierto. Tanto la derecha más libertaria (los habitantes más entusiastas de liberalismo.org) como la izquierda anarquista (que se queja cuando hablo de asambleas) tienden a subestimar uno de los problemas claves de toda organización social, los dilemas de la acción colectiva.
Uno de los problemas centrales de la Ciencia Política en los últimos años es explicar los problemas de cooperación y bienes públicos. Hay algunas cosas en las sociedades que producirlas resulta tremendamente costoso, pero que cuando existen favoren a todos. Hablo de cosas como la seguridad ciudadana, cloacas, alumbrado público o calles asfaltadas. Uno puede vivir en un barrio en que la calle en la que conduce para ir al trabajo no está asfaltada, y estar muy interesado en convertir ese barrizal en una avenida. No es demasiado racional, sin embargo, pagar el asfaltado del propio bolsillo, ya que uno estará chupándose un coste enorme del que otros se aprovecharan, y que no puedo restringir su entrada. La definición de bien público en persona, vaya.
Uno puede tener varias opciones. Una evidente es hacer una colecta para que los interesados paguen una parte y se haga la obra, aunque es probable que no se recaude demasiado. Lo más racional es actuar de gorrones (free riding) y confiar en que sea otro el que ponga el dinero, que yo ya disfrutaré de la carretera en cuanto pueda. Otra opción es pagarla yo y pedir un peaje, solución poco práctica si simplemente se puede ir por otra calle, y que hará una gracia tremenda a todos los que tengan que pagar para llegar a su casa. La tercera opción es juntarse unos cuantos, hacer una colecta, y contratar unos matones que rompan las piernas a todos los que se beneficien y no paguen. En otras palabras, ejercer de estado y hacer de la cooperación por el bien común algo no del todo voluntario.
Los radicales del libre mercado llamarían el cobrar impuestos para garantizar calles asfaltadas opresión o algo por el estilo, ignorando que cualquier otra solución resulta poco práctica. Se ignora a menudo que el libre mercado es extremadamente eficiente (izquierdosos: no estoy diciendo "justo"; eso es para luego) en distribuir bienes privados, pero que en cuestión de bienes públicos el incentivo individual es a gorronear, no cooperar. Otorgar derechos de propiedad puede eliminar parte del problema, pero en ocasiones crea ineficiencias mayores de las que soluciona tratar el problema como un bien común. Es mejor tener una policia eficiente que no seguridad privada para ricos y gente pobre en favelas, por ejemplo, ya que la criminalidad tiende a hacer la vida incomoda a todos.
El problema para los anarquistas es cuando hablan de sistemas políticos extremadamente descentralizados y asamblearios, y la participación política, o la cooperación entre varios colectivos. El problema de coordinación es el mismo; si nadie obliga a cooperar dos ciudades para que se conecten por una vía de tren, ninguna de las dos tiene ningún incentivo en hacer la obra o pagar su parte. Llegar a cualquier acuerdo es costoso, y controlar su cumplimiento conlleva pérdidas de tiempo enormes. Y eso sin tener en cuenta los habitantes de pueblos intermedios, que quizás no tienen ningunas ganas de poner las cosas fáciles a los vecinos.
Estamos de nuevo en la base de cualquier argumento de Ciencias Sociales serias: nada sale gratis. No hay ningún sistema de organización social que no tenga que soportar costes de coordinación, de un modo u otro. Hay bienes necesarios que no aparecen espontaneamente, y hay costes en ponerse de acuerdo y obligar a que algo se haga que son mucho mayores de lo que parecen. Cuando las sociedades, en el mundo real, funcionan de un modo determinado, es normalmente por una buena razón. Los estados están allí por algo.
Uno de los problemas centrales de la Ciencia Política en los últimos años es explicar los problemas de cooperación y bienes públicos. Hay algunas cosas en las sociedades que producirlas resulta tremendamente costoso, pero que cuando existen favoren a todos. Hablo de cosas como la seguridad ciudadana, cloacas, alumbrado público o calles asfaltadas. Uno puede vivir en un barrio en que la calle en la que conduce para ir al trabajo no está asfaltada, y estar muy interesado en convertir ese barrizal en una avenida. No es demasiado racional, sin embargo, pagar el asfaltado del propio bolsillo, ya que uno estará chupándose un coste enorme del que otros se aprovecharan, y que no puedo restringir su entrada. La definición de bien público en persona, vaya.
Uno puede tener varias opciones. Una evidente es hacer una colecta para que los interesados paguen una parte y se haga la obra, aunque es probable que no se recaude demasiado. Lo más racional es actuar de gorrones (free riding) y confiar en que sea otro el que ponga el dinero, que yo ya disfrutaré de la carretera en cuanto pueda. Otra opción es pagarla yo y pedir un peaje, solución poco práctica si simplemente se puede ir por otra calle, y que hará una gracia tremenda a todos los que tengan que pagar para llegar a su casa. La tercera opción es juntarse unos cuantos, hacer una colecta, y contratar unos matones que rompan las piernas a todos los que se beneficien y no paguen. En otras palabras, ejercer de estado y hacer de la cooperación por el bien común algo no del todo voluntario.
Los radicales del libre mercado llamarían el cobrar impuestos para garantizar calles asfaltadas opresión o algo por el estilo, ignorando que cualquier otra solución resulta poco práctica. Se ignora a menudo que el libre mercado es extremadamente eficiente (izquierdosos: no estoy diciendo "justo"; eso es para luego) en distribuir bienes privados, pero que en cuestión de bienes públicos el incentivo individual es a gorronear, no cooperar. Otorgar derechos de propiedad puede eliminar parte del problema, pero en ocasiones crea ineficiencias mayores de las que soluciona tratar el problema como un bien común. Es mejor tener una policia eficiente que no seguridad privada para ricos y gente pobre en favelas, por ejemplo, ya que la criminalidad tiende a hacer la vida incomoda a todos.
El problema para los anarquistas es cuando hablan de sistemas políticos extremadamente descentralizados y asamblearios, y la participación política, o la cooperación entre varios colectivos. El problema de coordinación es el mismo; si nadie obliga a cooperar dos ciudades para que se conecten por una vía de tren, ninguna de las dos tiene ningún incentivo en hacer la obra o pagar su parte. Llegar a cualquier acuerdo es costoso, y controlar su cumplimiento conlleva pérdidas de tiempo enormes. Y eso sin tener en cuenta los habitantes de pueblos intermedios, que quizás no tienen ningunas ganas de poner las cosas fáciles a los vecinos.
Estamos de nuevo en la base de cualquier argumento de Ciencias Sociales serias: nada sale gratis. No hay ningún sistema de organización social que no tenga que soportar costes de coordinación, de un modo u otro. Hay bienes necesarios que no aparecen espontaneamente, y hay costes en ponerse de acuerdo y obligar a que algo se haga que son mucho mayores de lo que parecen. Cuando las sociedades, en el mundo real, funcionan de un modo determinado, es normalmente por una buena razón. Los estados están allí por algo.
jueves, enero 05, 2006
De reformas estatutarias y la posición del PP
Estos días navideños, cuando nadie estaba mirando, el PP ha decidido que su estrategia con el proyecto de reforma del estatuto catalán estaba empezando a hacer agua. Sin dejar de repetir que el mal es Carod-Rovira y su habitual catálogo de espantajos, Rajoy ha decidido dejar de pegar alaridos desde la puerta y ha puesto el partido a presentar enmiendas. Será que el estatuto sí tiene solución, y no es el terror perfecto y absoluto que decían hará unas semanas...
¿Por qué el PP ha entrado en el juego? Hay varios factores importantes. El primero, y más obvio, es que las encuestas a finales de diciembre señalan un repunte del PSOE, no más desgaste. Tras tanto berrido y predicción del apocalipsis, el electorado ha visto que la catástrofe no llega, y ha empezado a desconfiar. El cambio de las encuestas está dentro del margen de error, pero es consistente con el hecho que cuando se pregunta a los españoles sobre los problemas del país, la desintegración de España o los nacionalismos no aparece nunca en la lista, y ha sido así desde hace meses.
El segundo factor, quizás más crucial, es que una vez en negociaciones, el control de la agenda política está totalmente en manos del PSOE de nuevo, y el PP lo sabe. Con los partidos catalanes y el gobierno sentados en una mesa, y los nacionalistas quejándose amargamente una y otra vez de la tacañería de Solbes (de manera equivocada, creo yo), Rajoy sabe que la imagen de inflexible guardián de las esencias patrias deja de ser exclusiva suya. Cuando ERC sale en las noticias se quejan de Rubalcaba, no de Acebes, negando el papel de paladín enmascarado constitucional a los populares. El PSOE monopoliza la imagen de controlador, mientras que los gritos del PP lo han dejado con la imagen de negadores compulsivos que no tenían ganas de hablar con nadie.
Tercero, y casi tan importante, se les han acabado los mensajes sencillos y llenos de humo, ahora que se ha descendido a hablar de cosas concretas. La mayoría de las grandes afirmaciones del PP al protestar contra el estatuto eran como mínimo poco rigurosas, siendo algunas singularmente extravagantes o críticas con prácticas habituales ya ahora del sistema autonómico. Tras la singular burrada de Rajoy diciendo que las autonomías "sólo están para hacer carreteras" y controlar cosas poco importantes como "sanidad y educación" (vamos, 35% o más del gasto público, como mínimo; son las políticas más caras), y presentar enmiendas que de hecho son más restrictivas que el estatuto actual (y la misma constitución) y no llegar con su mensaje a ninguna parte, está visto que tienen poco margen. Simplemente, tras tanto vociferar y hablar de abstractos han quedado a contrapié cuando ha tocado lo concreto, y sin un discurso posible en esa arena que no sea absurdamente restrictivo, y contrario a una percepción general que el sistema autonómico ha funcionado.
El PP ha llegado finalmente al final de sus contradicciones. Al Congreso se presentó un proyecto aprobado siguiendo estrictamente la legalidad, con el acuerdo del 90% del parlamento catalán, y de modo estrictamente pacífico y democrático. Si se siguen todas las reglas, se consigue un amplísimo consenso, y el PP se niega a escuchar, ¿qué tiene que hacer Cataluña para cambiar su estatuto, desde su punto de vista?. La imagen de los miembros del gobierno podando, recortando y hablando sobre el proyecto, mientras el PP echaba pestes sin descanso, ha acabado por forzar a los conservadores al redil.
El problema para Rajoy, me temo, es que ha llegado tarde, cuando ya no es creíble que su partido se sume a la negociación. Si el estatuto se aprueba, tras mucho crujir de dientes y protestas de los nacionalistas y con recortes (reales o simbólicos) visibles, el PP puede que acabe por ser el perdedor de esta historia.
¿Por qué el PP ha entrado en el juego? Hay varios factores importantes. El primero, y más obvio, es que las encuestas a finales de diciembre señalan un repunte del PSOE, no más desgaste. Tras tanto berrido y predicción del apocalipsis, el electorado ha visto que la catástrofe no llega, y ha empezado a desconfiar. El cambio de las encuestas está dentro del margen de error, pero es consistente con el hecho que cuando se pregunta a los españoles sobre los problemas del país, la desintegración de España o los nacionalismos no aparece nunca en la lista, y ha sido así desde hace meses.
El segundo factor, quizás más crucial, es que una vez en negociaciones, el control de la agenda política está totalmente en manos del PSOE de nuevo, y el PP lo sabe. Con los partidos catalanes y el gobierno sentados en una mesa, y los nacionalistas quejándose amargamente una y otra vez de la tacañería de Solbes (de manera equivocada, creo yo), Rajoy sabe que la imagen de inflexible guardián de las esencias patrias deja de ser exclusiva suya. Cuando ERC sale en las noticias se quejan de Rubalcaba, no de Acebes, negando el papel de paladín enmascarado constitucional a los populares. El PSOE monopoliza la imagen de controlador, mientras que los gritos del PP lo han dejado con la imagen de negadores compulsivos que no tenían ganas de hablar con nadie.
Tercero, y casi tan importante, se les han acabado los mensajes sencillos y llenos de humo, ahora que se ha descendido a hablar de cosas concretas. La mayoría de las grandes afirmaciones del PP al protestar contra el estatuto eran como mínimo poco rigurosas, siendo algunas singularmente extravagantes o críticas con prácticas habituales ya ahora del sistema autonómico. Tras la singular burrada de Rajoy diciendo que las autonomías "sólo están para hacer carreteras" y controlar cosas poco importantes como "sanidad y educación" (vamos, 35% o más del gasto público, como mínimo; son las políticas más caras), y presentar enmiendas que de hecho son más restrictivas que el estatuto actual (y la misma constitución) y no llegar con su mensaje a ninguna parte, está visto que tienen poco margen. Simplemente, tras tanto vociferar y hablar de abstractos han quedado a contrapié cuando ha tocado lo concreto, y sin un discurso posible en esa arena que no sea absurdamente restrictivo, y contrario a una percepción general que el sistema autonómico ha funcionado.
El PP ha llegado finalmente al final de sus contradicciones. Al Congreso se presentó un proyecto aprobado siguiendo estrictamente la legalidad, con el acuerdo del 90% del parlamento catalán, y de modo estrictamente pacífico y democrático. Si se siguen todas las reglas, se consigue un amplísimo consenso, y el PP se niega a escuchar, ¿qué tiene que hacer Cataluña para cambiar su estatuto, desde su punto de vista?. La imagen de los miembros del gobierno podando, recortando y hablando sobre el proyecto, mientras el PP echaba pestes sin descanso, ha acabado por forzar a los conservadores al redil.
El problema para Rajoy, me temo, es que ha llegado tarde, cuando ya no es creíble que su partido se sume a la negociación. Si el estatuto se aprueba, tras mucho crujir de dientes y protestas de los nacionalistas y con recortes (reales o simbólicos) visibles, el PP puede que acabe por ser el perdedor de esta historia.
miércoles, enero 04, 2006
El mito del CAC: lectura obligada
Un enlace obligado al excelente post de Jose Antonio Donaire, el último de una serie, sobre los mitos y falsedades repetidos una y otra vez sobre el CAC estos días. De lectura obligada para liberales hipercríticos y que tengan algún respeto por la realidad.
Puestos a enlazar, con cierto retraso menciono a Isidoro y su excelente post sobre la izquierda en América Latina. Cita a Carles Boix (tipo que enlazo cada vez que puedo), así que sólo puede ser interesante.
Puestos a enlazar, con cierto retraso menciono a Isidoro y su excelente post sobre la izquierda en América Latina. Cita a Carles Boix (tipo que enlazo cada vez que puedo), así que sólo puede ser interesante.
De asambleas y el mito de la igualdad participativa
Desde hace algún tiempo veo con cierta perplejidad un mito recurrente en algunos sectores de la izquierda más idealista / ingenua / iluminada (táchese lo que no proceda) consistente en una fe desmedida en las asambleas como forma de organización política. Si surge un problema y se tiene que decidir qué hacer, siempre hay alguien que sale hablando de democracia directa, movimientos asamblearios y juntar a 98.000 personas en el Camp Nou para discutir cómo organizar el transporte público en el barrio.
Esta obsesión parte de una concepción de la democracia y la participación política extensiva, incluyente, un tanto irritante y la verdad, un poco agotadora, consistente en votar y discutir todo el mundo, todo el rato, sobre todo, de modo que la unión entre los ciudadanos y política sea presuntamente perfecta e igualitaria. Como teoría es estupenda, pero por desgracia ignora ciertos elementos de sentido común que hacen de cualquier asamblea algo menos democrático de lo que aparenta, o al menos algo mucho menos igualitario.
La participación política tiene siempre un precio. En una democracia representativa al estilo europeo, los partidos políticos son tanto un instrumento de participación como una barrera de entrada, con sus ferreos mecanismos de selección de candidatos y su poderosa capacidad organizativa y maquinaria electoral. En el sistema americano, la gran barrera de entrada es el dinero, y la necesidad de recaudar como un poseso para pagarse la publicidad. En contraposición, um sistema asambleario abierto a todos no tiene más barrera de entrada que la de levantarse y pedir el micrófono, o eso es lo que parece a primera vista.
Bien, no exactamente. Hay dos "precios" que uno tiene que pagar para participar en un sistema de este estilo, que son interés en la materia a tratar y tiempo. Ambos crean una asimetria en la participación que hace la representitividad de toda asamblea dudosa a largo plazo, y su capacidad de ser verdaderamente democrática.
El interés relativo en los temas a tratar es importante. En un barrio no todo el mundo está interesado en todo lo que se debe decidir de manera colectiva, de modo que no toda votación o debate tendrá el mismo grado de participación. Si se tiene que trazar una línea de tranvia o de metro el interés será probablemente alto, pero si se tiene que votar sobre cloacas y sistemas de drenaje la presunta fascinación colectiva con las aguas fecales probablemente no lleve tanto público. Decidir si la basura la recoge un contratista u otro probablemente sólo lleve a la votación a los trabajadores de cada empresa, y gestión de zonas verdes y bosquecillos llevará a los botánicos y ecologistas de turno.
Puede que a primera vista suene inocente, pero no es recomendable tener votaciones de este modo. Primero, porque el votante medio no tiene porque parecerse en opiniones a los cuatro gatos obsesionados por una determinada materia, y segundo porque el nivel de interés de un ciudadano y la intensidad de sus preferencias no debería ser un criterio de atribución de poder político. Si sólo votan sobre un determinado tema aquellos que están extremadamente interesados en él (sólo votan sobre luces los vendedores de bombillas) la decisión no tiene porque ser remotamente cercana al interés general o la voluntad mayoritaria de la ciudadanía.
El origen del problema es evidentemente el tiempo. La mayoría de la población tiene cosas mucho mejores que hacer con su tiempo libre que debatir de manera inacabable sobre protección de espacios naturales y capacidad de colectores. De hecho, incluso el más aguerrido escribidor de la blogocosa tiene problemas para permanecer despierto cuando el cuarto abuelete de la tarde habla de los mirlos del monte verde de al lado y los jabalíes que había allí cuando él era pequeño, y lo mal que iría poner otra carretera en la montaña para los mirlos que quedan, etcétera. La toma de decisiones en una asamblea abierta es una cosa lenta, farragosa y pesada, que sólo los más tozudos activistas parecen encontrar realmente interesante.
Volvemos entonces a la representatividad. Si un sistema de toma de decisiones sólo acaba por atraer a las votaciones y debates a los aguerridos activistas capaces de soportar intervención tras intervención, esa igualdad en la participación no existe. La motivación / capacidad de resistencia a abueletes no debería ser un criterio de selección de los votantes de un sistema político, y en un sistema asambleario acaba por serlo.
Este es uno de los motivos principales por los que en movimientos de protesta, asociaciones y demás "siempre acaban siendo los mismos" en todas las reuniones. Al principio, cuando surge un problema, la motivación general es alta, y la gente participa bastante. Según la preocupación disminuye y empiezan a quedar sólo aquellos más preocupados o motivados, el tono de las reuniones pasa de representar más o menos fielmente a los miembros de una comunidad a representar la visión de aquellos con más ganas y tiempo libre. La paciencia es una virtud, cierto, pero no debería ser una virtud para participar en política.
Cuando se pide "más democracia", o "democracia real", se tienden a ignorar estas cosas, pero a mayor escala. Ya comenté hace unos meses el porqué de la democracia representativa, y la argumentación no difiere en exceso a la de ahora. No es un sistema bonito, pero es realista y funciona razonablemente bien, y eso a veces basta.
Toda organización de participación voluntaria, si no limita el valor del tiempo dedicado o racionaliza la participación de modo que no sea excesivamente costosa tiene este problema de radicalización espontanea. El volumen de los gritos no es un buen indicador de su peso dentro de una sociedad, y no debe ser un criterio en quién toma las decisiones. No por participar menos en un debate el voto debe contar menos.
Y sí, estoy pensando en esto, ahora que parece tener tanto eco ahí fuera. Y no, no me voy porque soy un cínico y me va bien la publicidad. Yo sólo quiero ser famoso...
Esta obsesión parte de una concepción de la democracia y la participación política extensiva, incluyente, un tanto irritante y la verdad, un poco agotadora, consistente en votar y discutir todo el mundo, todo el rato, sobre todo, de modo que la unión entre los ciudadanos y política sea presuntamente perfecta e igualitaria. Como teoría es estupenda, pero por desgracia ignora ciertos elementos de sentido común que hacen de cualquier asamblea algo menos democrático de lo que aparenta, o al menos algo mucho menos igualitario.
La participación política tiene siempre un precio. En una democracia representativa al estilo europeo, los partidos políticos son tanto un instrumento de participación como una barrera de entrada, con sus ferreos mecanismos de selección de candidatos y su poderosa capacidad organizativa y maquinaria electoral. En el sistema americano, la gran barrera de entrada es el dinero, y la necesidad de recaudar como un poseso para pagarse la publicidad. En contraposición, um sistema asambleario abierto a todos no tiene más barrera de entrada que la de levantarse y pedir el micrófono, o eso es lo que parece a primera vista.
Bien, no exactamente. Hay dos "precios" que uno tiene que pagar para participar en un sistema de este estilo, que son interés en la materia a tratar y tiempo. Ambos crean una asimetria en la participación que hace la representitividad de toda asamblea dudosa a largo plazo, y su capacidad de ser verdaderamente democrática.
El interés relativo en los temas a tratar es importante. En un barrio no todo el mundo está interesado en todo lo que se debe decidir de manera colectiva, de modo que no toda votación o debate tendrá el mismo grado de participación. Si se tiene que trazar una línea de tranvia o de metro el interés será probablemente alto, pero si se tiene que votar sobre cloacas y sistemas de drenaje la presunta fascinación colectiva con las aguas fecales probablemente no lleve tanto público. Decidir si la basura la recoge un contratista u otro probablemente sólo lleve a la votación a los trabajadores de cada empresa, y gestión de zonas verdes y bosquecillos llevará a los botánicos y ecologistas de turno.
Puede que a primera vista suene inocente, pero no es recomendable tener votaciones de este modo. Primero, porque el votante medio no tiene porque parecerse en opiniones a los cuatro gatos obsesionados por una determinada materia, y segundo porque el nivel de interés de un ciudadano y la intensidad de sus preferencias no debería ser un criterio de atribución de poder político. Si sólo votan sobre un determinado tema aquellos que están extremadamente interesados en él (sólo votan sobre luces los vendedores de bombillas) la decisión no tiene porque ser remotamente cercana al interés general o la voluntad mayoritaria de la ciudadanía.
El origen del problema es evidentemente el tiempo. La mayoría de la población tiene cosas mucho mejores que hacer con su tiempo libre que debatir de manera inacabable sobre protección de espacios naturales y capacidad de colectores. De hecho, incluso el más aguerrido escribidor de la blogocosa tiene problemas para permanecer despierto cuando el cuarto abuelete de la tarde habla de los mirlos del monte verde de al lado y los jabalíes que había allí cuando él era pequeño, y lo mal que iría poner otra carretera en la montaña para los mirlos que quedan, etcétera. La toma de decisiones en una asamblea abierta es una cosa lenta, farragosa y pesada, que sólo los más tozudos activistas parecen encontrar realmente interesante.
Volvemos entonces a la representatividad. Si un sistema de toma de decisiones sólo acaba por atraer a las votaciones y debates a los aguerridos activistas capaces de soportar intervención tras intervención, esa igualdad en la participación no existe. La motivación / capacidad de resistencia a abueletes no debería ser un criterio de selección de los votantes de un sistema político, y en un sistema asambleario acaba por serlo.
Este es uno de los motivos principales por los que en movimientos de protesta, asociaciones y demás "siempre acaban siendo los mismos" en todas las reuniones. Al principio, cuando surge un problema, la motivación general es alta, y la gente participa bastante. Según la preocupación disminuye y empiezan a quedar sólo aquellos más preocupados o motivados, el tono de las reuniones pasa de representar más o menos fielmente a los miembros de una comunidad a representar la visión de aquellos con más ganas y tiempo libre. La paciencia es una virtud, cierto, pero no debería ser una virtud para participar en política.
Cuando se pide "más democracia", o "democracia real", se tienden a ignorar estas cosas, pero a mayor escala. Ya comenté hace unos meses el porqué de la democracia representativa, y la argumentación no difiere en exceso a la de ahora. No es un sistema bonito, pero es realista y funciona razonablemente bien, y eso a veces basta.
Toda organización de participación voluntaria, si no limita el valor del tiempo dedicado o racionaliza la participación de modo que no sea excesivamente costosa tiene este problema de radicalización espontanea. El volumen de los gritos no es un buen indicador de su peso dentro de una sociedad, y no debe ser un criterio en quién toma las decisiones. No por participar menos en un debate el voto debe contar menos.
Y sí, estoy pensando en esto, ahora que parece tener tanto eco ahí fuera. Y no, no me voy porque soy un cínico y me va bien la publicidad. Yo sólo quiero ser famoso...
De vuelta ya...
Aunque la verdad, cansado y con unos días bastante cargados antes de volver a Estados Unidos. Tengo algunos bonítos artículos en cartera, a la espera de pasar a una gloriosa existencia digital pronto.
De momento, el próximo escrito será sobre asambleas y (falsa) igualdad de participación, si estoy inspirado, siguiendo con mis tozudos cantos en defensa de la representación política. Tras ello, un poco más del estatuto y su reforma (¿os pensabais que había acabado?), tráfico, montañas, turismo y matemáticas, y con suerte, algunas notas de política americana. A ver cuando os vuelvo a dar la vara en serio...
De momento, el próximo escrito será sobre asambleas y (falsa) igualdad de participación, si estoy inspirado, siguiendo con mis tozudos cantos en defensa de la representación política. Tras ello, un poco más del estatuto y su reforma (¿os pensabais que había acabado?), tráfico, montañas, turismo y matemáticas, y con suerte, algunas notas de política americana. A ver cuando os vuelvo a dar la vara en serio...
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