viernes, octubre 14, 2005

Bienvenidos al circo republicano

La política americana estos días es una agitación constante. No, no están tratando de aprobar un nuevo estatuto para Connecticut (aunque tendría su gracia) ni están debatiendo altos proyectos legislativos (el debate de la -fenecida- reforma de las pensiones), si no de casos, jueces e imputados. El partido republicano, cual un PSOE año 1995 cualquiera, está "disfrutando" de un otoño judicial agitadito, que podría agrietar su posición dominante en la política americana a medio plazo.

O eso es lo que dicen los periodistas. Yo, sin embargo, no estoy tan de acuerdo. Así que ahora viene un triste post sobre política americana...

El último escándalo y posiblemente el menos serio es el de Bill Frist, investigado tras ser acusado de vender acciones usando información privilegiada. Suena a poco para un europeo, pero esto es lo que envió a Martha Stewart (la Ana Rosa Quintana local) a la cárcel, así que poca broma. Bill Frist es el líder de los republicanos en el senado, un cargo importante, y sonaba como posible candidato presidencial en el 2008. Si cae, es un pez gordo.

El segundo caso, ya comentado por aquí, es el de Tom DeLay, lider de la mayoría republicana en el congreso, arquitecto, junto Karl Rove, de la maquinaria de poder del partido, y conocido impresentable sin escrúpulos desde hace tiempo. El tipo ha sido imputado por financiación ilegal y blanqueo de dinero, y lo que le queda. DeLay si es un pez gordo. Él es practicamente el símbolo de cómo los republicanos han manejado (magistralmente) el congreso para pasar su programa con aterradora eficiencia (y verlo recortado en el senado, gracias a Dios), el inventor de las nuevas y agresivas formas de recaudar fondos para el partido, y el creador de una horrible red de relaciones endogámicas entre grupos de presión, iluminados defensores de la biblia, ricachones y congresistas conservadores. Si cae, será también el símbolo de cómo los republicanos se pasaron de la raya que prometieron no cruzar nunca hacia la corrupción.

Mi favorito, sin embargo, es Karl Rove, Scott Libby y el caso Valerie Plame. Karl Rove es el cerebro de esta administración, una de las mentes políticas más brillantes (y despiadadas) del país, y parece que también una de las más peligrosamente faltas de escrúpulos. Se sabe poco aún sobre quién será imputado en el caso Plame (a finales de mes más información) pero si lo pillan, el pollo será mayúsculo. Básicamente, será la demostración, negro sobre blanco, que la Casa Blanca reveló secretos oficiales para destruir a quienes criticaban las falsedades que utilizaron para vender la guerra de Irak. Es un tema serio, muy serio.

Por si fuera poco, están los coletazos de Katrina, y la más inesperada de las patatas calientes, Harriet Miers. Básicamente, Bush ha nombrado a uno de los cargos vitalicios más importantes del país a una persona que tiene como únicas credenciales su amistad con el presidente, y ser religiosa. No es inusual nombrar amigotes, pero el compadreo en esta ocasión ha cruzado la línea de lo presentable; al presidente le caen tortas de todos lados. En fin, ya era hora (esta administración estaba llena de gente así), pero la herida autoinflingida de nominar un peso pluma como Miers al supremo ha sido la gota que colmaba el vaso. Uno puede nominar a un conservador, está en su derecho, siempre que sea un tipo extraordinariamente inteligente (Roberts) pero a una coleguilla, eso ya es pasarse.

En fin, suena como una bateria de incompentecias, crimen y desastres jurídicos importantes. Sin embargo, me temo que no hará gran cosa. ¿Por qué?

La primera razón es el funcionamiento del congreso americano. El poder de los republicanos se basa en la enorme mayoría que tienen en la cámara baja (una mayoría en el senado es menos efectiva; la cámara se rige más por consenso), y esa mayoría será difícil que se pierda. Merced de distritos dibujados sobre el mapa para favorecer a quien tiene el escaño (DeLay es experto), más de un 95% de congresistas es reelegido, en muchos casos ganando con márgenes de 20 puntos. El nivel de catástrofe electoral necesario para romper una mayoría es demasiado alto, especialmente en las legislativas del 2006. Por si fuera poco, incluso en el congreso las regiones más conservadoras y rurales están sobrerepresentas, así que abrirse paso será aún más difícil.

La segunda razón es el mismo partido republicano, y el contraste con el oligofrénico partido demócrata. Dicho en pocas palabras, pero los republicanos no son el clásico grupo de políticos casualmente bajo una misma etiqueta y votando y hablando cada uno por su lado que solían ser los partidos americanos. De hecho, son un partido que haría al PP de Aznar orgulloso: disciplinado, siempre en el mensaje, que trabaja en equipo y no duda en pasar la apisonadora a los gallardones que asomen la cabeza. Si los demócratas tienen un mini como maquinaria electoral, los republicanos tienen un trailer de 18 ruedas. Sencillamente son mejores en ello, y aunque su agenda se reduce a un grito ("bajar impuestos") esconden las diferencias y aprietan como nadie.

La tercera razón es Bush, y el hecho que este es su segundo mandato. Si la administración cae en desgracia (está herida, pero no muerta; no subestimemos a Rove) se apartan y listos. No va a la reelección, y no hará campaña, a no ser que sea aún popular en el 2008. Los demócratas pueden ganar, si presentan un buen candidato (y los cerdos vuelan, vamos), pero el nucleo de poder en las dos cámaras legislativas no lo romperán fácilmente.

¿Todo perdido? No. Soy excelente pifiando predicciones. Pero desconfiar de predicciones y gritos de alegría con cuentos de republicanos en desbandada....