Pobre de mí. Citoyen me pregunta por aquí que trate de explicar qué narices está sucediendo en el PP, quién es aliado de quién, y cuál es el sentido profundo de la existencia de Mariano Rajoy. ¿Aspira realmente este tipo el fabuloso hombre piñata? Veamos.
Sinceramente, ando casi tan perdido como todo el mundo. Tengo una teoría ligeramente rebuscada y espero que razonablemente lógica sobre qué explica esta merienda canibal en que se ha convertido el partido gaviotil (pronto buitre) de la derecha española. Vayamos por partes.
Primero, Rajoy es de hecho un moderado. Es un tipo pragmático, que aspira ante todo a ganar elecciones. Quiere ser presidente del gobierno, y para ello se aplica la cita Marxista (rama Groucho) de "estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros". No es que sea capaz de abrazar el comunismo por unos votos, pero digamos que no tiene demasiados reparos en ser menos arribaespañista si eso le da la presidencia del gobierno. Es una criatura de partido, nacida durante la larga travesía hacia el centro del aznarismo pre-imperial; conservador, sí, pero tampoco nada demasiado integrista.
Durante la pasada legislatura, tras perder las elecciones de forma sorprendente, Rajoy se encuentra que manda en el partido, pero nadie sabe exactamente por qué. Sí, Aznar lo nombró heredero, etcétera, pero ¿quién ama al bueno de Mariano realmente?. Nadie realmente sabe qué apoyos tiene.
Al mismo tiempo un sector del partido bastante ruidoso decide seguir con los dictados de los años finales del aznarato, el rollo "liberal" versión FJL. Con la "protección" de la derecha mediática vociferante y aprovechando de la debilidad relativa de Rajoy, que no tiene una base clara, esta gente pueden controlar con relativa facilidad el discurso del partido. El bueno de Mariano seguramente cree que todas esas declaraciones apocalípticas no dan votos, pero también sabe que liarse a guantazos con medio partido, con el trauma que llevan, haría imposible su objetivo de llegar a la Moncloa. No le queda más que resignarse, seguirles la corriente, y a ver si gana a base de mantener el partido tranquilo y centrado en tratar de morder a los socialistas.
El pequeño problema, claro está, es que llegan las elecciones y el partido vuelve a morder el polvo. Con la derrota, el bueno de Mariano mira las encuestas, ve que si en vez de perseguir nacionalistas imaginarios hubieran hablado de economía quizás hubieran ganado, y decide que ya vale de tanta tontería, es hora de moderarse. La derecha mediática montañesa y sus amiguetes ven esto, deciden que esto de centrarse es cosa de traidores, gallardones y gente de mal vivir, y deciden liarse a tortas con el jefe.
El problema para el PP, ahora mismo, es que no hay manera humana de saber cómo es el partido realmente. ¿Es la mayoría del partido un grupo de gente pragmática, que creen que centrarse y moderarse es lo que te da las elecciones? ¿O son los que creen que sólo se ganan elecciones con ideas (y si se pierden, tanto da) mayoría? Ambos bandos, ahora mismo, andan metidos en una compleja danza ritual de berridos, mostrar plumaje y parecer fiero y fuerte que viene a ser básicamente un juego de señal.
Esto parece muy bonito, claro está, pero esta danza antropófaga de la derecha montañesa tiene otros alicientes. Del mismo modo que nadie sabe realmente cuánto apoyo tiene Rajoy, lo mismo sucede con el nutrido grupo de aspirantes a la poltrona que andan revoloteando y soltando puñaladas. Todos ellos estan estos días dando mandobles y echando guiños a FJL y Pedrojota a ver si caen en gracia, con la lideresa, por descontado, en el centro de la pista. La cuestión es salir al ruedo, tratar de darle el mayor tortazo a Rajoy -con elegancia- que uno pueda, y quedar como fuerte y valerosa y Mariano como tonto y debilucho. No es ya cuestión de ganar el favor de la mayoría; ahora se trata de dejar al presidente del partido tan malherido que no le dejen entrar ni en los bares de su pueblo.
De hecho, no ha cambiado nada desde marzo: no es que acertara cuando decía que habrían tortas, es que era bastante evidente. Lo que parece bastante claro es que con la que está cayendo en el plano económico, tener al PP todo distraido en estas alegres festividades no les debe estar haciendo favores en las encuestas. Ah, la división de los partidos. Que bonito espectáculo.