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miércoles, noviembre 26, 2008
¡El Dr. Doom habla!
Nouriel Roubini, alias Dr. Doom, es un economista y pesimista patológico que lleva años prediciendo los peores desastres y acertando una y otra vez. Todo lo ve negro, y resulta que hasta ahora ha estado en lo cierto.
Al bueno de Roubini lo entrevistan en Newsweek estos días, y sus predicciones son estupendas como de costumbre; el fin del mundo está cerca, etcétera, arrepentíos pecadores. Dejando la deprimente futurología, Roubini da su opinión sobre el equipo económico que ha elegido Obama, y cree que son elecciones excelentes. No sé si eso es demasiado relevante, pero al menos parece que no soy el único que ve los nombramientos hasta ahora con buenos ojos.
Echad un vistazo a la entrevista.
Al bueno de Roubini lo entrevistan en Newsweek estos días, y sus predicciones son estupendas como de costumbre; el fin del mundo está cerca, etcétera, arrepentíos pecadores. Dejando la deprimente futurología, Roubini da su opinión sobre el equipo económico que ha elegido Obama, y cree que son elecciones excelentes. No sé si eso es demasiado relevante, pero al menos parece que no soy el único que ve los nombramientos hasta ahora con buenos ojos.
Echad un vistazo a la entrevista.
viernes, noviembre 21, 2008
¿Crédito? ¿Dónde?
Parece que el pánico vuelve a los mercados, esta vez porque no hay ni una sola buena noticia en todo el país, Citi parece ir camino del matadero, la industria automobilística se ahoga en su propia estupidez, y en fin, que estamos jodidos y el gobierno federal está en manos de becarios precarios con fecha de caducidad.
Qué no hace falta excusas. Todo va de pena. Todo Dios está tan seguro que la economía va de cabeza hacia la madre de todas las recesiones que lo único que hacen es dar dinero al gobierno, a pesar que el tipo de interés que dan estos días es literalmente 0,02%. Estamos de nuevo como estábamos a principios de octubre, sólo que 250.000 millones de dólares más pobres "rescatando" bancos".
La verdad, no estoy demasiado seguro que el pánico actual sea del todo racional estos días. Tengo la sospecha (y esto tiene bastante de wishfull thinking) que los mercados están aterrados ante el vacio de poder que Estados Unidos tiene entre administraciones. Nadie sabe nada, nadie se atreve a hacer nada, y nadie se fía de nada de lo que hace un gobierno federal que cambiará de color en dos meses. La larga transición americana está creando muchísima incertidumbre, y parece obvio que los mercados no están llevando el ataque de cagarrinas bien.
Eso, del lado del mercado financiero. En la economía "real", Estados Unidos está despidiendo medio millón de trabajadores a la semana. La recesión será de caballo. No Zimbabwe y sus varios cuatrillones por ciento de inflación anual (sin exagerar: los precios se duplican cada 22 horas), pero durilla.
Lo más patético de toda esta historia es que si la regulación de los mercados financieros americanos no hubiera sido el desastre épico que ha resultado ser, tendríamos una recesión normalita, no una catástrofe en potencia. El resto del mundo no es que hiciera un trabajo estelar regulando bancos en todas partes (preguntad por Islandia), pero el infierno de CDS, instrumentos raros y espantosa indiferencia ante la inutilidad de las agencias de calificación son culpa de un sólo país.
Y sí, estoy de mala leche.
Actualización: Paul Krugman habla también de los efectos perniciosos de la larguísima transición entre administraciones, y su paralelismo con 1932-33. Aunque la verdad, parece que el mercado de crédito está menos mal de lo que parece; el plan Paulson parece haber hecho algo bien.
Qué no hace falta excusas. Todo va de pena. Todo Dios está tan seguro que la economía va de cabeza hacia la madre de todas las recesiones que lo único que hacen es dar dinero al gobierno, a pesar que el tipo de interés que dan estos días es literalmente 0,02%. Estamos de nuevo como estábamos a principios de octubre, sólo que 250.000 millones de dólares más pobres "rescatando" bancos".
La verdad, no estoy demasiado seguro que el pánico actual sea del todo racional estos días. Tengo la sospecha (y esto tiene bastante de wishfull thinking) que los mercados están aterrados ante el vacio de poder que Estados Unidos tiene entre administraciones. Nadie sabe nada, nadie se atreve a hacer nada, y nadie se fía de nada de lo que hace un gobierno federal que cambiará de color en dos meses. La larga transición americana está creando muchísima incertidumbre, y parece obvio que los mercados no están llevando el ataque de cagarrinas bien.
Eso, del lado del mercado financiero. En la economía "real", Estados Unidos está despidiendo medio millón de trabajadores a la semana. La recesión será de caballo. No Zimbabwe y sus varios cuatrillones por ciento de inflación anual (sin exagerar: los precios se duplican cada 22 horas), pero durilla.
Lo más patético de toda esta historia es que si la regulación de los mercados financieros americanos no hubiera sido el desastre épico que ha resultado ser, tendríamos una recesión normalita, no una catástrofe en potencia. El resto del mundo no es que hiciera un trabajo estelar regulando bancos en todas partes (preguntad por Islandia), pero el infierno de CDS, instrumentos raros y espantosa indiferencia ante la inutilidad de las agencias de calificación son culpa de un sólo país.
Y sí, estoy de mala leche.
Actualización: Paul Krugman habla también de los efectos perniciosos de la larguísima transición entre administraciones, y su paralelismo con 1932-33. Aunque la verdad, parece que el mercado de crédito está menos mal de lo que parece; el plan Paulson parece haber hecho algo bien.
jueves, noviembre 20, 2008
Ahora si que toca miedo: deflación
No estamos aún en esas, pero el hecho que los precios hayan bajado este mes pasado con ciertas ganas en Estados Unidos (si, ya sé, el descenso en la inflación subyacente ha sido menor) es de esas cosas que deberían dar escalofríos a cualquier persona seria.
¿Por qué? Bueno, si eres Austríaco no (con esos discutimos luego; su linea argumental dice que esto es estupendo), pero si no lo eres esto es de las cosas que dan miedo. La deflación es una cosa muy, muy seria; una trampa de la que es difícil salir. Es relativamente sencillo "romper" un ciclo inflacionario (subes los tipos, provocas una recesión y punto), pero acabar con una espiral deflacionaria es bastante más complicado.
Cuando uno se mete en una trampa de liquidez, los agentes se dan cuenta de una cosa: la mejor inversión es no gastar. Si pongo el dinero en una hucha cerdito y los precios están bajando, soy cada vez más rico; mi moneda cada vez compra más. Los bancos no dan créditos a nadie (¿para qué? Ponerlo en una caja fuerte es una inversión de riesgo cero), los consumidores no gastan, la demanda agregada cae y la recesión empeora aún más. No importa que vengas de un exceso de crédito y que todo el mundo esté endeudado; si de repente nadie tiene incentivos para gastar, el morrazo de la economía es de impresión.
En teoría, salir de este ciclo debería ser sencillo; el banco central de turno imprime dinero, dice en voz alta que va a crear inflación, e inunda el mercado de monedas, mientras el gobierno gasta como un poseso tratando de recalentar la economía tanto como puede.
A la práctica, no es tan sencillo. Si el gobierno de digamos Bolivia o Burundi prometen crear inflación, los mercados se los creen. No son gente con reputación estelar de gestión equilibrada, así que todo el mundo sabe de sobra que no sólo pueden estrellar el país, sino que lo han hecho ya varias veces. Sin embargo, esto no acaba de funcionar si eres Japón o Estados Unidos; los agentes mirarán al banco central, y se dirán a si mismos "sí, imprimirán moneda, pero a la que haya inflación echaran el freno otra vez. No me lo creo". Por mucha moneda que impriman, los mercados anticipan el conservadurismo futuro y tenemos la situación de Japón en los noventa, en que la política monetaria no funciona en absoluto.
¿Qué podemos hacer si hay una trampa deflacionaria? En palabras de Krugman, el gobierno en cuestión tiene que hacer el equivalente a una promesa creíble sobre su irresponsabilidad futura. Sea un plan de gasto absolutamente gigantesco, sea una promesa de no tocar los tipos de interés en X años, pase lo que pase, las autoridades tienen que meter en el cuerpo de todos los implicados el terror a la moneda menguante. Eso, y confiar que te crean. Y si no lo hacen, ser aún más cafre.
Antes que los gobiernos del mundo que me están leyendo corran a proclamar que van a destruir su moneda gritando desde un balcón con una camisa de fuerza, una nota: no estoy seguro que la deflación sea un problema real. Puede que los precios estos días sean un artefacto estadístico. Aún así, las cosas no pintan nada bien; vamos a ver políticas que hace tres años te hubieran mandado al frenopático. Dias interesantes, sin duda.
¿Por qué? Bueno, si eres Austríaco no (con esos discutimos luego; su linea argumental dice que esto es estupendo), pero si no lo eres esto es de las cosas que dan miedo. La deflación es una cosa muy, muy seria; una trampa de la que es difícil salir. Es relativamente sencillo "romper" un ciclo inflacionario (subes los tipos, provocas una recesión y punto), pero acabar con una espiral deflacionaria es bastante más complicado.
Cuando uno se mete en una trampa de liquidez, los agentes se dan cuenta de una cosa: la mejor inversión es no gastar. Si pongo el dinero en una hucha cerdito y los precios están bajando, soy cada vez más rico; mi moneda cada vez compra más. Los bancos no dan créditos a nadie (¿para qué? Ponerlo en una caja fuerte es una inversión de riesgo cero), los consumidores no gastan, la demanda agregada cae y la recesión empeora aún más. No importa que vengas de un exceso de crédito y que todo el mundo esté endeudado; si de repente nadie tiene incentivos para gastar, el morrazo de la economía es de impresión.
En teoría, salir de este ciclo debería ser sencillo; el banco central de turno imprime dinero, dice en voz alta que va a crear inflación, e inunda el mercado de monedas, mientras el gobierno gasta como un poseso tratando de recalentar la economía tanto como puede.
A la práctica, no es tan sencillo. Si el gobierno de digamos Bolivia o Burundi prometen crear inflación, los mercados se los creen. No son gente con reputación estelar de gestión equilibrada, así que todo el mundo sabe de sobra que no sólo pueden estrellar el país, sino que lo han hecho ya varias veces. Sin embargo, esto no acaba de funcionar si eres Japón o Estados Unidos; los agentes mirarán al banco central, y se dirán a si mismos "sí, imprimirán moneda, pero a la que haya inflación echaran el freno otra vez. No me lo creo". Por mucha moneda que impriman, los mercados anticipan el conservadurismo futuro y tenemos la situación de Japón en los noventa, en que la política monetaria no funciona en absoluto.
¿Qué podemos hacer si hay una trampa deflacionaria? En palabras de Krugman, el gobierno en cuestión tiene que hacer el equivalente a una promesa creíble sobre su irresponsabilidad futura. Sea un plan de gasto absolutamente gigantesco, sea una promesa de no tocar los tipos de interés en X años, pase lo que pase, las autoridades tienen que meter en el cuerpo de todos los implicados el terror a la moneda menguante. Eso, y confiar que te crean. Y si no lo hacen, ser aún más cafre.
Antes que los gobiernos del mundo que me están leyendo corran a proclamar que van a destruir su moneda gritando desde un balcón con una camisa de fuerza, una nota: no estoy seguro que la deflación sea un problema real. Puede que los precios estos días sean un artefacto estadístico. Aún así, las cosas no pintan nada bien; vamos a ver políticas que hace tres años te hubieran mandado al frenopático. Dias interesantes, sin duda.
sábado, noviembre 15, 2008
GM y la quiebra
Para los que están siguiendo la saga de General Motors, Chrysler y Ford y su imparable marcha hacia el abismo de la bancarrota, un -excelente- artículo de Jonathan Cohn sobre el tema. Mi primera idea cuando se empezó a hablar de rescatar a las tres grandes fue que era mejor dejarlas caer en bancarrota y que el mercado rescate lo que pueda.
Parece, sin embargo, que GM y compañía de hecho son en cierto sentido otra víctima de daños colaterales del desastre de Wall Street; las tres empresas se han gastado una cantidad de dinero tremenda reestructurando y reformando sus estructuras, dejándose un buen puñado de reservas en ello y necesitando financiación para hacer estos cambios. Evidentemente, ahora nadie en Wall Street está para finaciar nada (están muy ocupados gruñendo en plan zombi y/o dando vueltas lentamente mientras se acercan al fondo del retrete), así que todos esos planes se han ido a la mierda: están en los libros, están siendo implementados... y la empresa de repente no tiene un duro porque no circula nada.
La verdad, no sé hasta que punto está en lo cierto (y estoy leyendo y repasando más cosas para ver si me lo creo o no), pero es un muy buen artículo. Quizás un rescate tenga sentido, más allá del ser algo conveniente políticamente. Las reestructuraciones, por cierto, siguen siendo una pérdida de capacidad adquisitiva y protección de los trabajadores, tristemente, pero ya se sabe.
Parece, sin embargo, que GM y compañía de hecho son en cierto sentido otra víctima de daños colaterales del desastre de Wall Street; las tres empresas se han gastado una cantidad de dinero tremenda reestructurando y reformando sus estructuras, dejándose un buen puñado de reservas en ello y necesitando financiación para hacer estos cambios. Evidentemente, ahora nadie en Wall Street está para finaciar nada (están muy ocupados gruñendo en plan zombi y/o dando vueltas lentamente mientras se acercan al fondo del retrete), así que todos esos planes se han ido a la mierda: están en los libros, están siendo implementados... y la empresa de repente no tiene un duro porque no circula nada.
La verdad, no sé hasta que punto está en lo cierto (y estoy leyendo y repasando más cosas para ver si me lo creo o no), pero es un muy buen artículo. Quizás un rescate tenga sentido, más allá del ser algo conveniente políticamente. Las reestructuraciones, por cierto, siguen siendo una pérdida de capacidad adquisitiva y protección de los trabajadores, tristemente, pero ya se sabe.
domingo, noviembre 09, 2008
Entendiendo la movilidad social
Naiuru comenta, citando a Norberg, que la movilidad social en Estados Unidos es enorme. Los datos que cita son básicamente convicentes, pero esencialmente estúpidos, ya que no están midiendo movilidad social en absoluto.
La idea en los datos de Norberg es que la probabilidad que alguien que está en la quintila inferior hoy esté en la misma quintila en 10 ó 20 años es muy baja, ergo, la movilidad social es enorme. El problema es que que esto no es un tributo al hecho que si trabajas duro prosperas en Estados Unidos, es de hecho la historia vital de los ciudadados de cualquier país razonable.
Cuando empiezas tu carrera profesional eres un piltrafilla patético y triste. No tienes experiencia, no sabes hacer nada, y no te quieren más que para hacer de becario precario, servir cafés y como mucho ser un triste milerurista haciendo trabajos poco repetitivos. Con los años, sin embargo, empiezas a trepar; sabes más cosas, tienes experiencia y tienes un historial que demuestra que no te ahogas en un vaso de agua, así que poco que hagas tu sueldo aumentará, a no ser que seas un idiota extraordinario. Dicho en otras palabras, en el 20% más pobre de la población hay muchísima gente que no es realmente pobre; sencillamente, o está en la universidad o acaba de empezar a trabajar, cobrando poco a pesar de ser el hijo del jefe.
El problema en Estados Unidos no es la movilidad social individual; la mayoría de población tiende a ir hacia arriba siempre. El problema es la movilidad intergeneracional, que es la que realmente cuenta: en qué medida el nivel de ingresos de tus padres determina el nivel social que tendrán lo hijos. Dicho de otro modo, la igualdad de oportunidades en términos reales; saber si la probabilidad que un niño pobre llegue a millonario es la misma (o razonablemente parecida) a la del hijo de una familia acomodada.
¿Cómo puntua Estados Unidos en este aspecto? Básicamente fatal. Veamos:

No, la movilidad social en Estados Unidos no es elevada. Es de hecho patéticamente baja; muchísimo peor que la Española. Las causas son muchas y variadas, y van desde el sistema educativo y estado de bienestar al espantoso (y creciente) nivel de desigualdad de renta en la sociedad americana. Lo que parece obvio es que eso de la "tierra de las oportunidades" es realmente un mito.
La idea en los datos de Norberg es que la probabilidad que alguien que está en la quintila inferior hoy esté en la misma quintila en 10 ó 20 años es muy baja, ergo, la movilidad social es enorme. El problema es que que esto no es un tributo al hecho que si trabajas duro prosperas en Estados Unidos, es de hecho la historia vital de los ciudadados de cualquier país razonable.
Cuando empiezas tu carrera profesional eres un piltrafilla patético y triste. No tienes experiencia, no sabes hacer nada, y no te quieren más que para hacer de becario precario, servir cafés y como mucho ser un triste milerurista haciendo trabajos poco repetitivos. Con los años, sin embargo, empiezas a trepar; sabes más cosas, tienes experiencia y tienes un historial que demuestra que no te ahogas en un vaso de agua, así que poco que hagas tu sueldo aumentará, a no ser que seas un idiota extraordinario. Dicho en otras palabras, en el 20% más pobre de la población hay muchísima gente que no es realmente pobre; sencillamente, o está en la universidad o acaba de empezar a trabajar, cobrando poco a pesar de ser el hijo del jefe.
El problema en Estados Unidos no es la movilidad social individual; la mayoría de población tiende a ir hacia arriba siempre. El problema es la movilidad intergeneracional, que es la que realmente cuenta: en qué medida el nivel de ingresos de tus padres determina el nivel social que tendrán lo hijos. Dicho de otro modo, la igualdad de oportunidades en términos reales; saber si la probabilidad que un niño pobre llegue a millonario es la misma (o razonablemente parecida) a la del hijo de una familia acomodada.
¿Cómo puntua Estados Unidos en este aspecto? Básicamente fatal. Veamos:

No, la movilidad social en Estados Unidos no es elevada. Es de hecho patéticamente baja; muchísimo peor que la Española. Las causas son muchas y variadas, y van desde el sistema educativo y estado de bienestar al espantoso (y creciente) nivel de desigualdad de renta en la sociedad americana. Lo que parece obvio es que eso de la "tierra de las oportunidades" es realmente un mito.
jueves, noviembre 06, 2008
Las elecciones americanas: primeras impresiones
No escribiré demasiado hoy; ayer dormí poco, hoy he trabajado hasta tarde y la verdad, estoy muerto. Aún así, me parece que vale la pena hacer una primera aproximación a los resultados de las elecciones americanas de ayer. Me centraré en dos o tres temas que me parecen cruciales, y que creo deberían guíar un poco la discusión sobre lo sucedido estos días.
Pero para saber más, mejor vayamos aquí, que estaremos más cómodos. Hala, a Barras y Estrellas.
Pero para saber más, mejor vayamos aquí, que estaremos más cómodos. Hala, a Barras y Estrellas.
viernes, octubre 10, 2008
Un "pequeño" detalle
He hablado mucho de la crisis estas últimas semanas, y la verdad, me parece que con toda la logorrea técnicista sobre causas, instrumentos financieros y rescates espectaculares no he explicado bien un detalle importante: las consecuencias potenciales de todos estos problemas.
¿La verdad? Si todos estos rescates extraños no funcionan, lo que estamos viendo ahora, la crisis actual, será visto como ese prólogo irrelevante que nadie lee. De hecho es bastante probable que incluso con todos los planes funcionando tan bien como un ministro de finanzas puede desear las cosas vayan a peor, con la recesión alargándose durante meses.
Es realmente difícil dar una sensación de urgencia, ya que los problemas del sector financiero a estas alturas no son demasiado visibles a ras de suelo. A no ser que uno esté intentando comprar un coche o conseguir una hipoteca, es difícil ver que es esto de una "restricción de crédito" y qué significa para la economía. Muchas empresas están sobreviviendo a base de inventario, equilibrios con sus reservas y apretar los dientes, pero nada que pueda durar eternamente. Los bancos y entidades financieras viven de prestar dinero a largo plazo y endeudarse a corto; sin mercado de crédito no pueden hacer nada. Y los bancos no pueden quebrar; los problemas para la economía serían aún peores.
La economía de medio mundo anda paseándose al borde del abismo. Si las cosas no salen bien, la caída será realmente tremebunda. No 1932-1933 horrible (gracias a Keynes y años de experiencia, hay más estabilizadores automáticos y menos dudas sobre qué debemos evitar), pero realmente malo. Los problemas de verdad no han llegado a la economía real; esto se tiene que tomar muy, muy en serio.
Ahora que os he puesto de buen humor, unos cuantos enlaces. Primero, un excelente librillo en PDF sobre la crisis con artículos de muchos economistas que saben lo que hablan (Eichengreen, Alesina, DeLong...); vale la pena repasarlo bien. Segundo, impagable la reacción de Krugman cuando Bush ha anunciado que dará un discurso mañana: "Please go away".
Apenas un 25% de los americanos aprueban la gestión del presidente estos días. Ver su careto botijero en televisión dando un discurso farragoso con ese tono suyo de tomar a todo el mundo por tonto hará más mal que bien. Ugh.
¿La verdad? Si todos estos rescates extraños no funcionan, lo que estamos viendo ahora, la crisis actual, será visto como ese prólogo irrelevante que nadie lee. De hecho es bastante probable que incluso con todos los planes funcionando tan bien como un ministro de finanzas puede desear las cosas vayan a peor, con la recesión alargándose durante meses.
Es realmente difícil dar una sensación de urgencia, ya que los problemas del sector financiero a estas alturas no son demasiado visibles a ras de suelo. A no ser que uno esté intentando comprar un coche o conseguir una hipoteca, es difícil ver que es esto de una "restricción de crédito" y qué significa para la economía. Muchas empresas están sobreviviendo a base de inventario, equilibrios con sus reservas y apretar los dientes, pero nada que pueda durar eternamente. Los bancos y entidades financieras viven de prestar dinero a largo plazo y endeudarse a corto; sin mercado de crédito no pueden hacer nada. Y los bancos no pueden quebrar; los problemas para la economía serían aún peores.
La economía de medio mundo anda paseándose al borde del abismo. Si las cosas no salen bien, la caída será realmente tremebunda. No 1932-1933 horrible (gracias a Keynes y años de experiencia, hay más estabilizadores automáticos y menos dudas sobre qué debemos evitar), pero realmente malo. Los problemas de verdad no han llegado a la economía real; esto se tiene que tomar muy, muy en serio.
Ahora que os he puesto de buen humor, unos cuantos enlaces. Primero, un excelente librillo en PDF sobre la crisis con artículos de muchos economistas que saben lo que hablan (Eichengreen, Alesina, DeLong...); vale la pena repasarlo bien. Segundo, impagable la reacción de Krugman cuando Bush ha anunciado que dará un discurso mañana: "Please go away".
Apenas un 25% de los americanos aprueban la gestión del presidente estos días. Ver su careto botijero en televisión dando un discurso farragoso con ese tono suyo de tomar a todo el mundo por tonto hará más mal que bien. Ugh.
jueves, octubre 09, 2008
Abofeteando a los mercados (III)
De todos los programas, reformas, inventos e instrumentos exóticos que los gobiernos están pariendo para tratar de resucitar el paciente financiero, no hay ninguno más fascinante que el cacharro creado por los americanos para atacar el problema. Antes de construir esta legislación digna del Doctor Franz de Copenhagen, los legisladores ya se divirtieron estrellándose contra el barroco sistema legislativo americano, así que el engendro tuvo que ser adornado de forma extensiva para que llegara a buen puerto.
Lo más divertido del plan americano es que no es una solución al problema; son básicamente tres o cuatro. Como buen programa diseñado por comité, la ley tiene un presupuesto, un montón de ideas atadas de mala manera, y una forma simple y sencilla de decidir cómo aplicarlas: pasarle la pelota al Departamento del Tesoro, y resignarse a que ellos decidan. Eso puede ser bueno, ya que permite una respuesta flexible, o malo, si el tesoro sigue con esa alegre tradición de la administración Bush de escoger la peor herramienta posible. Veamos qué herramientas financieras tiene Paulson y su equipo a su disposición, y cuál podemos esperar ver en acción.
1a. Comprar activos tóxicos:
Los bancos americanos, igual que los británicos, están (en teoría) cargaditos de deuda mala. Digo en teoría porque nadie sabe dónde narices anda esa deuda mala; parte del problema es que los bancos no sólo la han esparcido en paquetes raros, sino que ademas han creado una auténtica orgía de instrumentos bastante incomprensibles que se apoyan en esa deuda que nadie sabe donde está. Una especie de pirámide financiera invertida que está cayéndose a pedazos.
La idea inicial de Paulson era ir a los bancos y comprar esa deuda mala. En teoría, los bancos se sacarían el peso de encima, los instrumentos raros volverían a tener valor, y la confianza en los mercados volvería. El problema, claro está, es a qué precio el gobierno compra la deuda; si la compra por cuatro duros, los bancos tienen que comerse un montón de pérdidas, y corren el riesgo de quiebra. Si la compran demasiado cara, tenemos a los contribuyentes subvencionando alegremente a los bancos comprando basura a precio de oro, sin poder recuperar el dinero gastado. Nadie sabe el valor de esos activos, ya que nadie los está comprando; no es un problema fácil.
Por añadido, esto funciona si los mercados tienen problemas de liquidez, de falta de confianza, y no de solvencia. A mediados del año pasado, cuando todo esto empezó a salirse de madre, mi teoría era que cuestión de confianza. Ahora mismo, me temo que es solvencia. Los bancos han creado tantísimos instrumentos derivados sobre deuda mala que es probable que el apalancamiento de los bancos sean insostenibles; no importa si la deuda mala es limpiada milagrosamente, es perfectamente posible que todo el mundo siga igual de aterrado y miedoso que los bancos se hundan porque bueno, de hecho están hundiéndose de verdad.
1b. El tesoro renegocia hipotecas:
Es una variación de la idea anterior, y la última ocurrencia de McCain, que lo propuso ayer en el debate como si fuera idea suya. La idea básica es que el tesoro sanea las deudas comprando todas las hipotecas en que el principal es mayor que el precio de la casa y pase a ser el prestamista, renegociandolas una por una con los morosos en cuestión.
En esencia es la idea de arriba, con dos diferencias básicas: primero, el gobierno federal estaría gastando muchísimo más dinero, ya que se comería la diferencia entre el precio nominal y el real de las deudas él solito. Segundo, el invento es una doble subvención a los dos actores que han hecho el mandril en el asunto, ya que compran mala deuda por encima de precio de mercado (precio completo de algo impagable), regalando dinero al prestamista, y rebajan el precio de la casa al comprador, que se lleva un descuento gratis a costa del presupuesto público.
Ah, y todo eso repitiendo los potenciales problemas de la opción anterior. No es que el plan sea mala idea, es básicamente una estupidez populista mal diseñada. Brad DeLong lo explica mejor que yo.
2. Plan de seguro contra deuda impagada:
Esta es la "maravillosa" idea de los republicanos en la Cámara de Representantes. La idea es que el tesoro cree una especie de seguro de depósitos para títulos de deuda, y que los bancos participen en él. Si alguna entidad se hunde, todos tranquilos, ya que sus deudas están aseguradas.
Dos problemas graves. Primero, los bancos están cortísimos de dinero. Ya me dirán quién va a dedicar parte de su presupuesto a pagar un seguro de este estilo, que será cualquier cosa menos barato. Segundo, y más grave, un seguro funciona bien si los "accidentes" son relativamente poco frecuentes; si todos los asegurados se estrellan contra un arbol a la vez, la aseguradora quiebra. Si lo que tienen los mercados es una crisis de confianza, sí, quizás funcionaría; si es liquidez, agravará el problema y enviará el gobierno federal a la bancarrota. Si es algo intermedio (crisis de confianza, pero esperamos accidentes) el gobierno federal deberá cobrar primas altas, que nadie querrá pagar. Si las primas no son altas, estamos pariendo -otra vez- una subvención directa a los que más tienen.
3. Nacionalización parcial:
Esta es la idea de Chris Dodd, el principal negociador demócrata en el Senado, y la verdad, es la más sensata. El plan parte de la idea que los bancos tienen problemas para mantenerse solventes a corto plazo, en parte porque tienen activos malos, en parte porque la desconfianza acentúa el problema, pero esencialmente son empresas rentables a largo plazo. El departamento del tesoro actuaría, esencialmente, como un inversor que ve un negocio con futuro pero sin dinero; pongo dinero, te ayudo a arreglar las cosas, y a cambio me llevo parte de los beneficios cuando las cosas vayan bien.
En teoría utilizar este sistema arreglaría las dos posibles causas de los problemas: si es sólo falta de confianza, la garantía del estado reactivará los mercados; si es insolvencia, el gobierno federal tendrá que hacer limpieza con cierto entusiasmo, pero recuperando la inversión a medio plazo.
El coste real es en ambos casos relativamente bajo; los mercados están tan aterrorizados estos días que están dispuestos a dejar dinero básicamente gratis si este les da un poco de seguridad. El gobierno federal podría entrar, refinanciar y salir a precio de ganga; las acciones son baratas, son los únicos que tienen crédito y el sistema financiero tarde o temprano tendrá algún valor. Como regalo añadido, al nacionalizar puedes literalmente apisonar accionistas sin miedo, así que castigas a los irresponsables que han creado el problema. Si las cosas salen bien, de hecho, el tesoro puede hacer un montón de dinero.
Obviamente, la nacionalización parcial no es una solución mágica. Puede que los bancos estén tan fritos que la inyección de capital necesaria sea gigantesca, y el dinero no se recupere nunca. El estado puede hacer cosas bien, pero no se distingue por ser un banquero decente; puede que la gestión de los bancos no sea demasiado eficiente durante los meses (o años) con intervención parcial federal. Y por descontado, si ninguna de las teorías es correcta, todo puede fracasar de forma creativa.
¿Qué plan se aprobará? En un principio parecía que la idea era aplicar el modelo 1a, que es caro, arriesgado y poco eficiente. Hoy, sin embargo, Paulson daba pistas que puede que veamos el modelo 3, el preferido por casi todos los economistas, y pariente cercano del plan de Gordon Brown para el Reino Unido.
Sea lo que sea (y espero que sea el modelo 3), el plan más vale que funcione. Si el rescate fracasa de veras, los gobiernos europeos pueden hacer lo que quieran; Estados Unidos probablemente se llevaría todo por delante, no importa lo responsable que haya sido cada gobierno regulando a sus bancos. Los mercados de crédito, ahora mismo, están muertos; si no se hace algo a corto plazo, la recesión será espantosa.
Lo más divertido del plan americano es que no es una solución al problema; son básicamente tres o cuatro. Como buen programa diseñado por comité, la ley tiene un presupuesto, un montón de ideas atadas de mala manera, y una forma simple y sencilla de decidir cómo aplicarlas: pasarle la pelota al Departamento del Tesoro, y resignarse a que ellos decidan. Eso puede ser bueno, ya que permite una respuesta flexible, o malo, si el tesoro sigue con esa alegre tradición de la administración Bush de escoger la peor herramienta posible. Veamos qué herramientas financieras tiene Paulson y su equipo a su disposición, y cuál podemos esperar ver en acción.
1a. Comprar activos tóxicos:
Los bancos americanos, igual que los británicos, están (en teoría) cargaditos de deuda mala. Digo en teoría porque nadie sabe dónde narices anda esa deuda mala; parte del problema es que los bancos no sólo la han esparcido en paquetes raros, sino que ademas han creado una auténtica orgía de instrumentos bastante incomprensibles que se apoyan en esa deuda que nadie sabe donde está. Una especie de pirámide financiera invertida que está cayéndose a pedazos.
La idea inicial de Paulson era ir a los bancos y comprar esa deuda mala. En teoría, los bancos se sacarían el peso de encima, los instrumentos raros volverían a tener valor, y la confianza en los mercados volvería. El problema, claro está, es a qué precio el gobierno compra la deuda; si la compra por cuatro duros, los bancos tienen que comerse un montón de pérdidas, y corren el riesgo de quiebra. Si la compran demasiado cara, tenemos a los contribuyentes subvencionando alegremente a los bancos comprando basura a precio de oro, sin poder recuperar el dinero gastado. Nadie sabe el valor de esos activos, ya que nadie los está comprando; no es un problema fácil.
Por añadido, esto funciona si los mercados tienen problemas de liquidez, de falta de confianza, y no de solvencia. A mediados del año pasado, cuando todo esto empezó a salirse de madre, mi teoría era que cuestión de confianza. Ahora mismo, me temo que es solvencia. Los bancos han creado tantísimos instrumentos derivados sobre deuda mala que es probable que el apalancamiento de los bancos sean insostenibles; no importa si la deuda mala es limpiada milagrosamente, es perfectamente posible que todo el mundo siga igual de aterrado y miedoso que los bancos se hundan porque bueno, de hecho están hundiéndose de verdad.
1b. El tesoro renegocia hipotecas:
Es una variación de la idea anterior, y la última ocurrencia de McCain, que lo propuso ayer en el debate como si fuera idea suya. La idea básica es que el tesoro sanea las deudas comprando todas las hipotecas en que el principal es mayor que el precio de la casa y pase a ser el prestamista, renegociandolas una por una con los morosos en cuestión.
En esencia es la idea de arriba, con dos diferencias básicas: primero, el gobierno federal estaría gastando muchísimo más dinero, ya que se comería la diferencia entre el precio nominal y el real de las deudas él solito. Segundo, el invento es una doble subvención a los dos actores que han hecho el mandril en el asunto, ya que compran mala deuda por encima de precio de mercado (precio completo de algo impagable), regalando dinero al prestamista, y rebajan el precio de la casa al comprador, que se lleva un descuento gratis a costa del presupuesto público.
Ah, y todo eso repitiendo los potenciales problemas de la opción anterior. No es que el plan sea mala idea, es básicamente una estupidez populista mal diseñada. Brad DeLong lo explica mejor que yo.
2. Plan de seguro contra deuda impagada:
Esta es la "maravillosa" idea de los republicanos en la Cámara de Representantes. La idea es que el tesoro cree una especie de seguro de depósitos para títulos de deuda, y que los bancos participen en él. Si alguna entidad se hunde, todos tranquilos, ya que sus deudas están aseguradas.
Dos problemas graves. Primero, los bancos están cortísimos de dinero. Ya me dirán quién va a dedicar parte de su presupuesto a pagar un seguro de este estilo, que será cualquier cosa menos barato. Segundo, y más grave, un seguro funciona bien si los "accidentes" son relativamente poco frecuentes; si todos los asegurados se estrellan contra un arbol a la vez, la aseguradora quiebra. Si lo que tienen los mercados es una crisis de confianza, sí, quizás funcionaría; si es liquidez, agravará el problema y enviará el gobierno federal a la bancarrota. Si es algo intermedio (crisis de confianza, pero esperamos accidentes) el gobierno federal deberá cobrar primas altas, que nadie querrá pagar. Si las primas no son altas, estamos pariendo -otra vez- una subvención directa a los que más tienen.
3. Nacionalización parcial:
Esta es la idea de Chris Dodd, el principal negociador demócrata en el Senado, y la verdad, es la más sensata. El plan parte de la idea que los bancos tienen problemas para mantenerse solventes a corto plazo, en parte porque tienen activos malos, en parte porque la desconfianza acentúa el problema, pero esencialmente son empresas rentables a largo plazo. El departamento del tesoro actuaría, esencialmente, como un inversor que ve un negocio con futuro pero sin dinero; pongo dinero, te ayudo a arreglar las cosas, y a cambio me llevo parte de los beneficios cuando las cosas vayan bien.
En teoría utilizar este sistema arreglaría las dos posibles causas de los problemas: si es sólo falta de confianza, la garantía del estado reactivará los mercados; si es insolvencia, el gobierno federal tendrá que hacer limpieza con cierto entusiasmo, pero recuperando la inversión a medio plazo.
El coste real es en ambos casos relativamente bajo; los mercados están tan aterrorizados estos días que están dispuestos a dejar dinero básicamente gratis si este les da un poco de seguridad. El gobierno federal podría entrar, refinanciar y salir a precio de ganga; las acciones son baratas, son los únicos que tienen crédito y el sistema financiero tarde o temprano tendrá algún valor. Como regalo añadido, al nacionalizar puedes literalmente apisonar accionistas sin miedo, así que castigas a los irresponsables que han creado el problema. Si las cosas salen bien, de hecho, el tesoro puede hacer un montón de dinero.
Obviamente, la nacionalización parcial no es una solución mágica. Puede que los bancos estén tan fritos que la inyección de capital necesaria sea gigantesca, y el dinero no se recupere nunca. El estado puede hacer cosas bien, pero no se distingue por ser un banquero decente; puede que la gestión de los bancos no sea demasiado eficiente durante los meses (o años) con intervención parcial federal. Y por descontado, si ninguna de las teorías es correcta, todo puede fracasar de forma creativa.
¿Qué plan se aprobará? En un principio parecía que la idea era aplicar el modelo 1a, que es caro, arriesgado y poco eficiente. Hoy, sin embargo, Paulson daba pistas que puede que veamos el modelo 3, el preferido por casi todos los economistas, y pariente cercano del plan de Gordon Brown para el Reino Unido.
Sea lo que sea (y espero que sea el modelo 3), el plan más vale que funcione. Si el rescate fracasa de veras, los gobiernos europeos pueden hacer lo que quieran; Estados Unidos probablemente se llevaría todo por delante, no importa lo responsable que haya sido cada gobierno regulando a sus bancos. Los mercados de crédito, ahora mismo, están muertos; si no se hace algo a corto plazo, la recesión será espantosa.
domingo, octubre 05, 2008
Negociaciones y rescates
Imaginad la situación siguiente. Tenemos dos personas, Ana y Pepe, que tienen que decidir cómo se reparten $100. El método escogido para decidir qué le corresponde a cada uno es una negociación un poco acelerada: Ana propone un reparto del dinero, y Pepe decide si acepta la propuesta o no. Si Pepe acepta, el dinero es repartido según la propuesta de Ana; si Pepe dice no, ninguno de los dos recibe nada. La pregunta obvia en este caso es: ¿Qué propuesta debe hacer Ana, y qué reación conviene a Pepe?
La respuesta para Pepe es en teoría bastante sencilla: si Ana le está dando algo de dinero, no importa la cantidad, siempre estará mejor diciendo que sí a la propuesta que diciendo que no. Aún cuando Ana le ofrece un cochino dólar, con una respuesta afirmativa está ganando dinero. Ana no es tonta; sabe que basta darle algo a Pepe para mejorar su situación inicial, así que lo racional para ella será proponer $99 a $1, y aprovechar la situación.
Esa es la estrategia más racional, si miramos el problema desde un punto de vista puramente economicista. El problema es que cuando este juego (juego del ultimatum) es puesto a prueba de forma experimental, Ana y Pepe parecen ser un poco menos racionales. En el mundo real la mayoría de Pepes ahí fuera no tienen el más mínimo problema en decir que no a propuestas de 99-1 de forma consistente (sobre un 80% de los casos), y no acostumbran a aceptar ofertas hasta que no reciben ofertas más o menos justas (un 20% o más) en el reparto. Parece que al tomar decisiones económicas, la mayoría de gente no sólo se centra en motivos puramente racionales, sino que exigen también un cierto nivel de justicia en la toma de decisiones.
Repasando la accidentada aprobación del plan de rescate financiero esta semana, una de las cosas que más me ha sorprendido es la torpeza de la administración al vender la idea, ignorando las lecciones de este pequeño juego. El plan era necesario, pero Paulson nunca se paró a explicar por qué el rescate financiero iba más allá de ser un regalo de 700.000 millones a Wall Street; el reparto no era en ningún caso 99-1 respecto al resto de la economía, pero el plan presentado no incluía garantías explícitas que hablaran de un reparto más justo. El resultado fue un plan tremendamente impopular, que se estrelló con poco ceremonia en un Congreso escéptico.
El plan finalmente ha pasado, con el añadido de toneladas de regalos fiscales y medidas más o menos populistas. Lo que parece obvio, sin embargo, es que los políticos americanos no pueden pretender ya que cualquier "regalo" o programa que favorezca a los ricos, dándo por sentado que los votantes están dispuestos a aceptar repartos injustos. La economía va mal, y los votantes se están tomando esto en serio. Quizás Estados Unidos está cambiando realmente.
La respuesta para Pepe es en teoría bastante sencilla: si Ana le está dando algo de dinero, no importa la cantidad, siempre estará mejor diciendo que sí a la propuesta que diciendo que no. Aún cuando Ana le ofrece un cochino dólar, con una respuesta afirmativa está ganando dinero. Ana no es tonta; sabe que basta darle algo a Pepe para mejorar su situación inicial, así que lo racional para ella será proponer $99 a $1, y aprovechar la situación.
Esa es la estrategia más racional, si miramos el problema desde un punto de vista puramente economicista. El problema es que cuando este juego (juego del ultimatum) es puesto a prueba de forma experimental, Ana y Pepe parecen ser un poco menos racionales. En el mundo real la mayoría de Pepes ahí fuera no tienen el más mínimo problema en decir que no a propuestas de 99-1 de forma consistente (sobre un 80% de los casos), y no acostumbran a aceptar ofertas hasta que no reciben ofertas más o menos justas (un 20% o más) en el reparto. Parece que al tomar decisiones económicas, la mayoría de gente no sólo se centra en motivos puramente racionales, sino que exigen también un cierto nivel de justicia en la toma de decisiones.
Repasando la accidentada aprobación del plan de rescate financiero esta semana, una de las cosas que más me ha sorprendido es la torpeza de la administración al vender la idea, ignorando las lecciones de este pequeño juego. El plan era necesario, pero Paulson nunca se paró a explicar por qué el rescate financiero iba más allá de ser un regalo de 700.000 millones a Wall Street; el reparto no era en ningún caso 99-1 respecto al resto de la economía, pero el plan presentado no incluía garantías explícitas que hablaran de un reparto más justo. El resultado fue un plan tremendamente impopular, que se estrelló con poco ceremonia en un Congreso escéptico.
El plan finalmente ha pasado, con el añadido de toneladas de regalos fiscales y medidas más o menos populistas. Lo que parece obvio, sin embargo, es que los políticos americanos no pueden pretender ya que cualquier "regalo" o programa que favorezca a los ricos, dándo por sentado que los votantes están dispuestos a aceptar repartos injustos. La economía va mal, y los votantes se están tomando esto en serio. Quizás Estados Unidos está cambiando realmente.
viernes, octubre 03, 2008
Debate vicepresidencial
Lo cubro en Barras y Estrellas. La previa del debate, aquí. Mi triunfante repetición de lo obvio, dándome la razón sobre el tema, aquí.
Por cierto: las encuestas dan ganador a Biden.
Por cierto: las encuestas dan ganador a Biden.
jueves, octubre 02, 2008
Desde el principio: la crisis para niños
Hablo mucho de la crisis. Estos días, sin embargo, me parece que no estoy dando sin embargo una idea demasiado clara sobre por qué el rescate es necesario; así que me he planteado escribir un explicación más o menos sencilla sobre cómo justificar por qué esos 700.000 millones de dólares no son una tontería absurda. Dicho en otras palabras, cómo un político americano debería vender la idea del rescate financiero; no es demasiado preciso, pero creo que en general es correcto.
Las noticias estas últimas semanas no son buenas; la crisis financiera sobre la que hablan los medios es bien real y cierta. Aún así, si uno mira a su alrededor, pregunta a sus vecinos, la mayoría le dirán que sí, las cosas no andan tan bien como deberían, pero la verdad, hace tiempo que esto es así; todos esos banqueros tienen poco que ver. Lo realmente frustrante es que los políticos sólo se hayan vuelto locos buscando (y no encontrando) soluciones cuando son los genios de las finanzas los que están en problemas, y no antes.
El enfado es hasta cierto punto natural: el Congreso ha sido un avispero mal avenido estas últimas semanas, trabajando como locos para salvar bancos. Parece que si no tienes dinero, nadie te ayuda. Sin embargo, mal que nos pese, este plan de rescate financiero es necesario, o las cosas irán aún peor.
Los bancos son entidades básicamente antipáticas. Su trabajo consiste básicamente recoger dinero en una ventanilla, prometiendo guardar nuestros ahorros a cambio de un pequeño interés, mientras prestan ese mismo dinero en otra, cobrando un interés un poco mayor. De hecho, un banco no tiene demasiado dinero; es un intermediario entre los que tienen más ahorros que gastos y los que tienen más gastos que ahorros.
Los bancos prestan dinero a mucha gente, para muchas cosas: hipotecas cuando una compra una casa, préstamos para quien tiene un negocio, incluso dinero a otros bancos que necesitan más dinero del que tienen a mano para dar préstamos. Por una serie de problemas que no vienen al caso (derivados de esas dichosas hipotecas subprime) estos días hay bastantes bancos que tienen muchos préstamos malos, prestando dinero que no será devuelto.
Eso en principio no parece que sea un problema; el banco ganará menos dinero y listos. La cuestión es, muchas veces los bancos necesitan dinero constantemente; sus clientes recogen ahorros, tienen que conceder créditos, y pagar a sus empleados, así que muchas veces piden créditos a otros bancos. En condiciones normales, esto no es demasiado difícil, pero estos días todo el mundo anda un poco asustado ¿Cómo sé que este banco que me está pidiendo un préstamo no es uno de los que tiene pérdidas? ¿Y si resulta que no me devuelve el préstamo? Mejor andar sobre seguro, y pedir un interés mayor para compensarme por ese riesgo que estoy tomando.
Ahora imaginemos esto, pero en el mercado en general. Nadie sabe realmente qué bancos son “sanos” y cuáles no lo son. La reacción natural de los prestamistas es ir con muchísimo cuidado, y no prestar dinero a nadie, a no ser que paguen un interés alto. Los bancos tienen problemas para funcionar, ya que no pueden conseguir capital rápidamente; como resultado, todo dinero que prestan es precioso, y sí, cobran intereses altos. El resultado es una situación en que nadie deja dinero a nadie, y si uno quiere un crédito para montar un negocio, comprar una casa o cambiarse el coche, es muy, muy difícil conseguir dinero.
Esto se ve en situaciones muy concretas, a todos los niveles. Es más difícil comprarse una casa. El estado tiene problemas emitiendo deuda; Connecticut hace unos días no pudo conseguir que nadie le prestara dinero. No hace falta decirlo que este problema de los bancos tiene un efecto claro, fuerte y muy doloroso en mucha gente que no tiene nada que ver con el sector financiero, y hace un daño económico enorme. Las casas no se venden, los buenos negocios no pueden conseguir dinero. La crisis de vuelve peor.
¿Es el rescate necesario? Sí, lo es. La situación así lo exige. Es triste que paguen justos por pecadores, y que los excesos de los bancos tengan que ser pagados con los impuestos de todos, pero la alternativa es mucho peor. La hora de pasar cuentas vendrá después, pero ahora es necesario arreglar el problema.
Las noticias estas últimas semanas no son buenas; la crisis financiera sobre la que hablan los medios es bien real y cierta. Aún así, si uno mira a su alrededor, pregunta a sus vecinos, la mayoría le dirán que sí, las cosas no andan tan bien como deberían, pero la verdad, hace tiempo que esto es así; todos esos banqueros tienen poco que ver. Lo realmente frustrante es que los políticos sólo se hayan vuelto locos buscando (y no encontrando) soluciones cuando son los genios de las finanzas los que están en problemas, y no antes.
El enfado es hasta cierto punto natural: el Congreso ha sido un avispero mal avenido estas últimas semanas, trabajando como locos para salvar bancos. Parece que si no tienes dinero, nadie te ayuda. Sin embargo, mal que nos pese, este plan de rescate financiero es necesario, o las cosas irán aún peor.
Los bancos son entidades básicamente antipáticas. Su trabajo consiste básicamente recoger dinero en una ventanilla, prometiendo guardar nuestros ahorros a cambio de un pequeño interés, mientras prestan ese mismo dinero en otra, cobrando un interés un poco mayor. De hecho, un banco no tiene demasiado dinero; es un intermediario entre los que tienen más ahorros que gastos y los que tienen más gastos que ahorros.
Los bancos prestan dinero a mucha gente, para muchas cosas: hipotecas cuando una compra una casa, préstamos para quien tiene un negocio, incluso dinero a otros bancos que necesitan más dinero del que tienen a mano para dar préstamos. Por una serie de problemas que no vienen al caso (derivados de esas dichosas hipotecas subprime) estos días hay bastantes bancos que tienen muchos préstamos malos, prestando dinero que no será devuelto.
Eso en principio no parece que sea un problema; el banco ganará menos dinero y listos. La cuestión es, muchas veces los bancos necesitan dinero constantemente; sus clientes recogen ahorros, tienen que conceder créditos, y pagar a sus empleados, así que muchas veces piden créditos a otros bancos. En condiciones normales, esto no es demasiado difícil, pero estos días todo el mundo anda un poco asustado ¿Cómo sé que este banco que me está pidiendo un préstamo no es uno de los que tiene pérdidas? ¿Y si resulta que no me devuelve el préstamo? Mejor andar sobre seguro, y pedir un interés mayor para compensarme por ese riesgo que estoy tomando.
Ahora imaginemos esto, pero en el mercado en general. Nadie sabe realmente qué bancos son “sanos” y cuáles no lo son. La reacción natural de los prestamistas es ir con muchísimo cuidado, y no prestar dinero a nadie, a no ser que paguen un interés alto. Los bancos tienen problemas para funcionar, ya que no pueden conseguir capital rápidamente; como resultado, todo dinero que prestan es precioso, y sí, cobran intereses altos. El resultado es una situación en que nadie deja dinero a nadie, y si uno quiere un crédito para montar un negocio, comprar una casa o cambiarse el coche, es muy, muy difícil conseguir dinero.
Esto se ve en situaciones muy concretas, a todos los niveles. Es más difícil comprarse una casa. El estado tiene problemas emitiendo deuda; Connecticut hace unos días no pudo conseguir que nadie le prestara dinero. No hace falta decirlo que este problema de los bancos tiene un efecto claro, fuerte y muy doloroso en mucha gente que no tiene nada que ver con el sector financiero, y hace un daño económico enorme. Las casas no se venden, los buenos negocios no pueden conseguir dinero. La crisis de vuelve peor.
¿Es el rescate necesario? Sí, lo es. La situación así lo exige. Es triste que paguen justos por pecadores, y que los excesos de los bancos tengan que ser pagados con los impuestos de todos, pero la alternativa es mucho peor. La hora de pasar cuentas vendrá después, pero ahora es necesario arreglar el problema.
miércoles, octubre 01, 2008
Dos detalles sobre la crisis
Dos apuntes sobre la crisis. Primero, ignorad la evolución de la bolsa estos días. La crisis no está afectando los movimientos a corto plazo de estos índices, al menos de momento. El problema real, y lo que debe dar mucho miedo, son los mercados de crédito, e índices como el LIBOR, el tipo de interés de referencia para préstamos interbancarios, o el TED spread, la diferencia entre el LIBOR y el retorno de las letras del tesoro americano.
Dicho rápido y sucio, nadie se fía de nadie a la hora de prestar dinero. Si los bancos no se fían te cobran un interés alto; si los bancos se cobran intereses altos unos a otros, pedir créditos es carísimo para todo el mundo. Si el TED es grande, eso significa que nadie se atreve a invertir ni borracho; el "coste" que pedimos para dejarte dinero es enorme, ya que preferimos la seguridad de la deuda pública al riesgo que no nos devuelvas el crédito.
Hoy estos índices están fuera de la escala; en posición de pánico histérico horrendo. No hay liquidez. La crisis está aquí.
El segundo, algunos conservadores americanos (y no americanos) dicen que el origen del problema es esta manía de los demócratas de forzar que todos los bancos den dinero a todo el mundo para que todos tengan casa, se lo puedan permitir o no. Todos esos pobres (y minorías) sin dinero sacaron hipotecas basura y nos han arruinado a todos.
Este argumento es básicamente falaz, estúpido y (por qué negarlo) prácticamente racista. "La culpa es de esos negros e hispanos, que tienen hipotecas de discriminación positiva". Basta mirar los números y ver que de hecho ni Fannie Mae ni Freddie Mac daban hipotecas basura (entre otros muchos datos; leed los enlaces) para ver que es una explicación estúpida.
Dicho rápido y sucio, nadie se fía de nadie a la hora de prestar dinero. Si los bancos no se fían te cobran un interés alto; si los bancos se cobran intereses altos unos a otros, pedir créditos es carísimo para todo el mundo. Si el TED es grande, eso significa que nadie se atreve a invertir ni borracho; el "coste" que pedimos para dejarte dinero es enorme, ya que preferimos la seguridad de la deuda pública al riesgo que no nos devuelvas el crédito.
Hoy estos índices están fuera de la escala; en posición de pánico histérico horrendo. No hay liquidez. La crisis está aquí.
El segundo, algunos conservadores americanos (y no americanos) dicen que el origen del problema es esta manía de los demócratas de forzar que todos los bancos den dinero a todo el mundo para que todos tengan casa, se lo puedan permitir o no. Todos esos pobres (y minorías) sin dinero sacaron hipotecas basura y nos han arruinado a todos.
Este argumento es básicamente falaz, estúpido y (por qué negarlo) prácticamente racista. "La culpa es de esos negros e hispanos, que tienen hipotecas de discriminación positiva". Basta mirar los números y ver que de hecho ni Fannie Mae ni Freddie Mac daban hipotecas basura (entre otros muchos datos; leed los enlaces) para ver que es una explicación estúpida.
martes, septiembre 30, 2008
¿Y ahora qué?
En vista del fracaso del plan de rescate hoy, toca sentarse a esperar a ver qué pasa... y rezar porque Nouriel Roubini, que tiene la irritante manía de tener razón, esté equivocado esta vez.
Si acierta de nuevo, basta con decir que Roubini es como un dementor disfrazado de economista; el tipo absorbe toda la felicidad, alegría y buenos pensamientos del mundo y los arrastra un lugar frío, oscuro y muy, muy, muy doloroso.
Con suerte, y si los políticos no hacen nada de provecho, tendremos una recesión de las buenas. Sin suerte, la cosa dolerá aún más. El plan de rescate puede que no funcionara, de acuerdo. Ahora veremos cómo funciona una economía cuando uno destruye los mercados de crédito.
Mañana es ese día en que los mercados realmente salen al exterior y descubren que están en un sitio extraño, desconocido, al que ningún político se ha atrevido a llevar su economía jamás. Veremos si los temores de los expertos eran ciertos o no; no sé si será un desastre a cámara lenta, un trompazo en toda regla, o no sucederá nada. A saber.
Si acierta de nuevo, basta con decir que Roubini es como un dementor disfrazado de economista; el tipo absorbe toda la felicidad, alegría y buenos pensamientos del mundo y los arrastra un lugar frío, oscuro y muy, muy, muy doloroso.
Con suerte, y si los políticos no hacen nada de provecho, tendremos una recesión de las buenas. Sin suerte, la cosa dolerá aún más. El plan de rescate puede que no funcionara, de acuerdo. Ahora veremos cómo funciona una economía cuando uno destruye los mercados de crédito.
Mañana es ese día en que los mercados realmente salen al exterior y descubren que están en un sitio extraño, desconocido, al que ningún político se ha atrevido a llevar su economía jamás. Veremos si los temores de los expertos eran ciertos o no; no sé si será un desastre a cámara lenta, un trompazo en toda regla, o no sucederá nada. A saber.
Noticias de un desastre político
Si queréis una buena explicación sobre el por qué ha fracasado el plan de rescate hoy en el Congreso, hablo de ello en Barras y Estrellas en detalle.
Tras diez días de negociaciones frenéticas, gestos grandilocuentes e muchísima confusión, la Cámara de Representantes votaba hoy el plan de rescate financiero pactado entre demócratas, republicanos y la Casa Blanca. El plan de por sí no era demasiado malo, aunque tenía sus problemas; como parche urgente pre-electoral para evitar que el sistema financiero se hundiera antes de las elecciones era relativamente aceptable. Todo parecía atado y bien atado; todas las partes están de acuerdo, tenemos un programa, es hora de llevarlo a la práctica.
El problema, claro está, es que el plan era una mierda. La cámara de representantes ha votado en contra, llevando los mercados financieros en todo el mundo a un ataque de pánico histérico incontrolable.
lunes, septiembre 29, 2008
Tenemos rescate (...err... no)
Tras algo que habrá parecido una eternidad a más de uno, pero que de hecho es lo más parecido a una negociación relámpago nunca visto en el Congreso americano, finalmente tenemos un plan de rescate financiero. La factura es aún difícil de decir, pero parece que estará en los 700.000 millones, a pagar en cómodos plazos empezando con una entrada de 350.000 milloncejos.
Primero de todo, enlazo el plan, para el masoquista que tenga ganas de leerlo entero. Es excitante y divertido. Los demócratas han hecho pasar por el aro a la administración algo serio; recordad que el primer borrador presentado por Paulson ocupaba tres páginas escasas. Es un plan complejo, no especialmente elegante; aún con los numerosos cambios y añadidos, es un poco un frankenrescate, una mezcla de varias piezas y principios rectores en el que la mano de Paulson, Dodd, Frank e incluso congresistas republicanos montañeses están presentes.
Como toda ley de este tamaño (y creedme, es un plan gigantesco; mirad este gráfico de costes), uno tiene que hacerse dos preguntas. Primero, y más importante, si es una buena ley. Segundo, y algo menos significativo, quién sacará réditos políticos de todo esto. Los medios americanos van a hablar básicamente de lo segundo (los economistas les dan miedo) así que supongo que tendré que responder más la primera.
La verdad, no me atrevo a decir con total seguridad si es un buen o mal plan. Marc Vidal cree que es un parche para retrasar lo inevitable, básicamente un arreglo insuficiente, y puede que tenga algo de razón. La verdad, si sólo consigue hacer eso, ya me parece un buen plan. Las elecciones son dentro de 37 días; sea quien sea el presidente (y la verdad, el ganador empieza a perfilarse bien) tendrá un margen de maniobra mucho mayor. Paulson no deja de ser un hombre de Bush; es un tipo inteligente que no ha cometido demasiados errores graves, pero hay algunas líneas que no cruzará nunca. Si lo que necesita el sistema financiero es algo mucho más radical y ambicioso, como la nacionalización que sugiere Brad DeLong (o Roubini, que ha acertado más que nadie estos últimos meses), es necesario tener otro inquilino en la Casa Blanca.
Aún así, soy de la opinión que el plan de rescate sin ser bueno es relativamente aceptable. Como dice Krugman, da tres herramientas al Departamento del Tesoro: una irrelevante (el plan de seguros que tanto excita a los republicanos), una probablemente equivocada (comprar deuda mala sin más) y una relativamente aceptable (comprar acciones cuando se compra mala deuda). Aunque no es el mejor de los diseños posibles y seguramente había formas menos arriesgadas y más baratas de arreglar el desaguisado, el engendro tiene una probabilidad aceptable de funcionar. Roubini está en lo cierto que el plan tiene bastante de "estado del bienestar para banqueros", pero con esta Casa Blanca no se puede pedir demasiado más; al menos la puerta está abierta para que el sucesor de Paulson pueda nacionalizar alegremente si eso es lo que realmente hace falta.
Lo que es bastante obvio es que esto no se ha acabado. Suceda lo que suceda (y la verdad, el sistema financiero se puede ir a la mierda mañana igual perfectamente; Wall Street está lleno de bipolares egocéntricos en ataque de histeria) el pobre diablo que llegue a la Casa Blanca en enero tendrá muchísimo trabajo pendiente. El nuevo Secretario del Tesoro tendrá la poca envidiable tarea de gobernar un país los problemas fiscales de Brasil (en un mal día) y lleno de tipos alérgicos a las subidas de impuestos (que son, por cierto, bastante bajos), y eso si todo sale bien. Buena suerte.
Sobre ganadores y perdedores políticos... difícil decirlo. Depende en gran parte de cómo sale la votación mañana, y lo cínicos que sean los republicanos hablando del rescate si deciden votar en contra. Hablaré más de eso mañana en Barras y Estrellas, si tengo tiempo.
Para cerrar, echadle un vistazo al estupendo resumen de la crisis y sus orígenes que Barry Ritholz publicaba hoy en Barron´s. Nada que no sea conocido, pero es tristemente cierto. La culpa es de todos, no sólo de los bancos.
Primero de todo, enlazo el plan, para el masoquista que tenga ganas de leerlo entero. Es excitante y divertido. Los demócratas han hecho pasar por el aro a la administración algo serio; recordad que el primer borrador presentado por Paulson ocupaba tres páginas escasas. Es un plan complejo, no especialmente elegante; aún con los numerosos cambios y añadidos, es un poco un frankenrescate, una mezcla de varias piezas y principios rectores en el que la mano de Paulson, Dodd, Frank e incluso congresistas republicanos montañeses están presentes.
Como toda ley de este tamaño (y creedme, es un plan gigantesco; mirad este gráfico de costes), uno tiene que hacerse dos preguntas. Primero, y más importante, si es una buena ley. Segundo, y algo menos significativo, quién sacará réditos políticos de todo esto. Los medios americanos van a hablar básicamente de lo segundo (los economistas les dan miedo) así que supongo que tendré que responder más la primera.
La verdad, no me atrevo a decir con total seguridad si es un buen o mal plan. Marc Vidal cree que es un parche para retrasar lo inevitable, básicamente un arreglo insuficiente, y puede que tenga algo de razón. La verdad, si sólo consigue hacer eso, ya me parece un buen plan. Las elecciones son dentro de 37 días; sea quien sea el presidente (y la verdad, el ganador empieza a perfilarse bien) tendrá un margen de maniobra mucho mayor. Paulson no deja de ser un hombre de Bush; es un tipo inteligente que no ha cometido demasiados errores graves, pero hay algunas líneas que no cruzará nunca. Si lo que necesita el sistema financiero es algo mucho más radical y ambicioso, como la nacionalización que sugiere Brad DeLong (o Roubini, que ha acertado más que nadie estos últimos meses), es necesario tener otro inquilino en la Casa Blanca.
Aún así, soy de la opinión que el plan de rescate sin ser bueno es relativamente aceptable. Como dice Krugman, da tres herramientas al Departamento del Tesoro: una irrelevante (el plan de seguros que tanto excita a los republicanos), una probablemente equivocada (comprar deuda mala sin más) y una relativamente aceptable (comprar acciones cuando se compra mala deuda). Aunque no es el mejor de los diseños posibles y seguramente había formas menos arriesgadas y más baratas de arreglar el desaguisado, el engendro tiene una probabilidad aceptable de funcionar. Roubini está en lo cierto que el plan tiene bastante de "estado del bienestar para banqueros", pero con esta Casa Blanca no se puede pedir demasiado más; al menos la puerta está abierta para que el sucesor de Paulson pueda nacionalizar alegremente si eso es lo que realmente hace falta.
Lo que es bastante obvio es que esto no se ha acabado. Suceda lo que suceda (y la verdad, el sistema financiero se puede ir a la mierda mañana igual perfectamente; Wall Street está lleno de bipolares egocéntricos en ataque de histeria) el pobre diablo que llegue a la Casa Blanca en enero tendrá muchísimo trabajo pendiente. El nuevo Secretario del Tesoro tendrá la poca envidiable tarea de gobernar un país los problemas fiscales de Brasil (en un mal día) y lleno de tipos alérgicos a las subidas de impuestos (que son, por cierto, bastante bajos), y eso si todo sale bien. Buena suerte.
Sobre ganadores y perdedores políticos... difícil decirlo. Depende en gran parte de cómo sale la votación mañana, y lo cínicos que sean los republicanos hablando del rescate si deciden votar en contra. Hablaré más de eso mañana en Barras y Estrellas, si tengo tiempo.
Para cerrar, echadle un vistazo al estupendo resumen de la crisis y sus orígenes que Barry Ritholz publicaba hoy en Barron´s. Nada que no sea conocido, pero es tristemente cierto. La culpa es de todos, no sólo de los bancos.
Actualización: el voto fracasa en el Congreso. Agarraos que vienen curvas.
domingo, septiembre 28, 2008
Para opiniones sobre el debate...
Os remito a Barras y Estrellas:
Empezaré con algo bastante obvio: los debates tienen mucho de test de Roscharch. Dicho en otras palabras, cada espectador tiende a ver en la discusión aquello que refuerza sus percepciones. Un demócrata verá a Obama como el candidato que ha “ganado” la discusión, un republicano dirá que es McCain. Si yo digo que me parece que Obama ha ganado este debate, el lector avispado debe ser consciente que no soy siempre imparcial.
viernes, septiembre 26, 2008
Para quien lleva la cuenta...
Estados Unidos bate otro récord, con la quiebra del banco más grande del país hasta el momento: Washington Mutual, entidad que junto el (ya difunto) Countrywide se dedicó más que nadie a llenar el mundo de hipotecas basura, estira la pata.
JP Morgan Chase, como ya hizo con Bear Sterns, se hará cargo del funeral. Seguramente hará una burrada de pasta, otra vez, aprovechándose de la estupidez de otros.
El plan de rescate, por cierto, anda dando tumbos por Washington, a la espera que John McCain se canse de tocar las pelotas al respetable. Como contribuyente del fisco americano, me muero de ganas de jugarme 700.000 millones de dólares con el resto de pringados. Sí, es necesario, blah, blah, blah. Sigue jodiendo pero bien.
JP Morgan Chase, como ya hizo con Bear Sterns, se hará cargo del funeral. Seguramente hará una burrada de pasta, otra vez, aprovechándose de la estupidez de otros.
El plan de rescate, por cierto, anda dando tumbos por Washington, a la espera que John McCain se canse de tocar las pelotas al respetable. Como contribuyente del fisco americano, me muero de ganas de jugarme 700.000 millones de dólares con el resto de pringados. Sí, es necesario, blah, blah, blah. Sigue jodiendo pero bien.
jueves, septiembre 25, 2008
Soluciones -más serias-
Hablando más en serio, me remito a Paul Krugman para hablar sobre qué pinta debería tener el plan de rescate financiero.
La idea de comprar las hipotecas basura si más es como mínimo arriesgada: si el gobierno no paga lo suficiente, los bancos y compañía estarán tragándose unas pérdidas enormes; aún con el rescate, más de uno se irá a la bancarrota igualmente. Si el gobierno paga demasiado, sin embargo, el contribuyente estará dando una burrada de millones a los bancos por papelajos que no valen nada; dicho en plata, pagando oro por mierda en la subvención a los ricos más descarada de la historia. No está nada claro que el gobierno pueda dar con el precio adecuado (y los bancos no tienen ningún incentivo en darlo); de hecho, es perfectamente posible que no exista, ya que toda esa deuda radioactiva es rematadamente difícil de evaluar.
¿Cuál es la alternativa? De hecho, algo que Paulson y Bernanke ya hicieron con AIG: si tienen problemas de liquidez y/o insolvencia, el gobierno federal puede ejercer de caballero blanco y entrar a saco como inversor con capital: a cambio de dar dinero, tiene opción sobre acciones. Las entidades semi-nacionalizadas tienen automáticamente buen crédito gracias a este respaldo, y el gobierno federal recupera la inversión con relativa facilidad: si las cosas salen bien, la entidad puede pagar el prestamo, y si salen mal, se queda con los activos y puede revenderlos.
Este es, por cierto, el plan de Chris Dodd, líder demócrata en el Senado. Parece que poco a poco, es el plan que se está imponiendo. Sí, la presencia de McCain no es realmente demasiado útil.
La idea de comprar las hipotecas basura si más es como mínimo arriesgada: si el gobierno no paga lo suficiente, los bancos y compañía estarán tragándose unas pérdidas enormes; aún con el rescate, más de uno se irá a la bancarrota igualmente. Si el gobierno paga demasiado, sin embargo, el contribuyente estará dando una burrada de millones a los bancos por papelajos que no valen nada; dicho en plata, pagando oro por mierda en la subvención a los ricos más descarada de la historia. No está nada claro que el gobierno pueda dar con el precio adecuado (y los bancos no tienen ningún incentivo en darlo); de hecho, es perfectamente posible que no exista, ya que toda esa deuda radioactiva es rematadamente difícil de evaluar.
¿Cuál es la alternativa? De hecho, algo que Paulson y Bernanke ya hicieron con AIG: si tienen problemas de liquidez y/o insolvencia, el gobierno federal puede ejercer de caballero blanco y entrar a saco como inversor con capital: a cambio de dar dinero, tiene opción sobre acciones. Las entidades semi-nacionalizadas tienen automáticamente buen crédito gracias a este respaldo, y el gobierno federal recupera la inversión con relativa facilidad: si las cosas salen bien, la entidad puede pagar el prestamo, y si salen mal, se queda con los activos y puede revenderlos.
Este es, por cierto, el plan de Chris Dodd, líder demócrata en el Senado. Parece que poco a poco, es el plan que se está imponiendo. Sí, la presencia de McCain no es realmente demasiado útil.
lunes, septiembre 22, 2008
Emergencias
Parece que Paulson y la Casa Blanca están siguiendo una táctica vieja al hablar del plan de rescate financiero y tratar de conseguir que el Congreso lo apruebe: "la situación es muy peligrosa, tenemos que actuar muy, muy rápido, confiad en mí, que sé lo que me hago". Traducido, es algo como decir "Creedme, Wall Street tiene armas de destrucción financiera masiva, y necesito 700.000 millones de dólares para destruirlas".
Parece que esta vez, en contra de lo que comentaba el otro día por aquí, la cosa no va a ser tan sencilla de aprobar. Hoy, sin ir más lejos, tenemos a Krugman (economista de centro-izquierda) y Kristol (neoconservador de referencia) en el NYT poniendo a parir el plan. Cierto, lo hacen por motivos y bajo persepectivas distintas, pero la reacción airada de no pocos comentaristas ha despertado un cierto espíritu de resistencia en la clase política. Parece que finalmente han aprendido que dar un cheque en blanco al ejecutivo (y más a uno con el glorioso historial de Bush) en un plan que es literalmente un boceto es poco recomendable.
La verdad, estamos en una de esas situaciones maravillosas en que los políticos saben que hay un problema, saben quién se benefició más que nadie cuando este emergió, pero nadie tiene una idea cierta de cómo solucionarlo o cómo asegurar que los culpables del problema salgan beneficiados. No hay precedentes, ni manual, ni nada por el estilo; hay buenas explicaciones teóricas, pero los datos concretos sobre el alcance del problema están más que ofuscados.
¿Es arreglar el desaguisado tan urgente que es necesario improvisar ahora antes que sea tarde? ¿Es mejor pararse a pensar sobre cómo arreglarlo? ¿Realmente es sensato dar carta blanca a un ejecutivo al que le quedan tres meses de mandato? ¿Por qué somos tan gafes que este pollo suceda en un año electoral, cuando todo el mundo tiene problemas para actuar de forma sensata?
En fin, la cosa no es nada sencilla. El plan, como lo ha propuesto Paulson, no me sonaba bien el viernes, y por lo que he leído por ahí, parece que no soy el único escéptico; gente mucho más lista que yo tiene serias dudas. Si esto no es sólo una crisis de liquidez (algo que algunos comentaban ya en Agosto del año pasado) y el sistema de hecho tiene problemas de solvencia, no hará absolutamente nada. En vista de los muy limitados efectos que las inyecciones monetarias casi desesperadas de los bancos centrales han tenido en el mercado de crédito, uno diría que debemos temernos lo peor, y tener en mente algo más radical y ambicioso (y potencialmente más rentable): no rescate, sino entrar como accionista en el sistema.
De momento, por cierto, vemos que el sistema financiero pasará a estar más regulado, con los bancos de inversión pasando a ser bancos comerciales. Es el viejo pacto con el diablo de los bancos que siempre menciona Kantor: acepto más regulación y menores beneficios a cambio de más estabilidad y la posibilidad de ser rescatado si tengo problemas. El sistema financiero va a tener que comprar de nuevo el seguro estatal si quiere ser rescatado. Ya era hora.
Parece que esta vez, en contra de lo que comentaba el otro día por aquí, la cosa no va a ser tan sencilla de aprobar. Hoy, sin ir más lejos, tenemos a Krugman (economista de centro-izquierda) y Kristol (neoconservador de referencia) en el NYT poniendo a parir el plan. Cierto, lo hacen por motivos y bajo persepectivas distintas, pero la reacción airada de no pocos comentaristas ha despertado un cierto espíritu de resistencia en la clase política. Parece que finalmente han aprendido que dar un cheque en blanco al ejecutivo (y más a uno con el glorioso historial de Bush) en un plan que es literalmente un boceto es poco recomendable.
La verdad, estamos en una de esas situaciones maravillosas en que los políticos saben que hay un problema, saben quién se benefició más que nadie cuando este emergió, pero nadie tiene una idea cierta de cómo solucionarlo o cómo asegurar que los culpables del problema salgan beneficiados. No hay precedentes, ni manual, ni nada por el estilo; hay buenas explicaciones teóricas, pero los datos concretos sobre el alcance del problema están más que ofuscados.
¿Es arreglar el desaguisado tan urgente que es necesario improvisar ahora antes que sea tarde? ¿Es mejor pararse a pensar sobre cómo arreglarlo? ¿Realmente es sensato dar carta blanca a un ejecutivo al que le quedan tres meses de mandato? ¿Por qué somos tan gafes que este pollo suceda en un año electoral, cuando todo el mundo tiene problemas para actuar de forma sensata?
En fin, la cosa no es nada sencilla. El plan, como lo ha propuesto Paulson, no me sonaba bien el viernes, y por lo que he leído por ahí, parece que no soy el único escéptico; gente mucho más lista que yo tiene serias dudas. Si esto no es sólo una crisis de liquidez (algo que algunos comentaban ya en Agosto del año pasado) y el sistema de hecho tiene problemas de solvencia, no hará absolutamente nada. En vista de los muy limitados efectos que las inyecciones monetarias casi desesperadas de los bancos centrales han tenido en el mercado de crédito, uno diría que debemos temernos lo peor, y tener en mente algo más radical y ambicioso (y potencialmente más rentable): no rescate, sino entrar como accionista en el sistema.
De momento, por cierto, vemos que el sistema financiero pasará a estar más regulado, con los bancos de inversión pasando a ser bancos comerciales. Es el viejo pacto con el diablo de los bancos que siempre menciona Kantor: acepto más regulación y menores beneficios a cambio de más estabilidad y la posibilidad de ser rescatado si tengo problemas. El sistema financiero va a tener que comprar de nuevo el seguro estatal si quiere ser rescatado. Ya era hora.
viernes, septiembre 19, 2008
Arriba es abajo
Si uno echa un vistazo a los mercados financieros hoy, se puede decir sin niguna duda que estamos en la dimensión desconocida. Es un mundo extraño, inquietante, un lugar dónde el Dow Jones ha subido más de 400 puntos en media debido a un rumor de rescate global del sistema, dónde los bonos del tesoro a corto plazo tienen un tipo de interés parecido al de guardar el dinero bajo el colchón, y dónde realmente nadie parece tener puñetera idea sobre qué va a suceder.
Parece que los políticos tienen un plan. Y la verdad, no sé si es un trabajo de genios, una especie de plan desesperado estilo poner un chicle en una presa que se está agrietando, una especie de chapuza nihilista en que se hace algo a saco a ver si funciona, o un grave brindis al sol para que al menos parezca que hacían algo mientras Roma ardía. Ni idea. Contando que el plan parece haber sido pergueñado en unas pocas horas en un día en que parece que el único actor en los mercados de todo el mundo que daba créditos eran los bancos centrales (y lo hacían como locos. Y ni así nada se movía), lo cierto es que no es que me dé excesiva confianza.
¿En qué consiste el invento? Paul Krugman habla del camarada Paulson llevando la economía a excelsas alturas; si uno lee el plan por encima, parece que la República Popular de Amérika no está tan lejos (o, como le llama Roubini, la República de los Estados Unidos Socialistas de América). La idea es crear un engendro en forma de agencia estatal que compre a los bancos, fondos, inversores y pelagatos financieros la deuda mala que tienen en sus libros a precio de saldo, y tras aclarar qué narices hay en esos extraños bonos, subastarlos a quién los quiera comprar, presumiblemente a mejor precio.
Básicamente, la idea es apostar a que el problema del sistema es que la gente no sabe quién tiene qué deuda basura. Si eso es cierto, una vez quede claro que toda la tiene el gobierno, la agencia federal en cuestión la podrá recolocar a un precio razonable, ya que de hecho no hay tanta mierda en el sistema como parece. Es una asunción hasta cierto punto lógica (y de hecho, mi teoría era la de falta de información como uno de los orígenes del problema) pero que exige unos cuantos saltos de fe realmente aterradores para poder decir que es una buena idea.
Primero, uno tiene que aceptar la idea que la deuda mala es de hecho algo fácilmente identificable y revendible. Los instrumentos financieros nacidos de la desregulación de estos días son cualquier cosa menos sencillos de entender. De hecho, si miramos algunos de los extraños cacharros de deuda que algunos inventaron, saber qué tiene que vender un banco que sea tóxico puede ser complicado. Podemos estar en un escenario en que la noticia que alguien se saca de encima un CDS provoque un pánico sobre otros activos en otros sitio que parecían seguros pero tenían alguna extraña conexión poco implícita, causando una cadena extraña que siga cargándose el sistema igual.
Segundo, y más complicado todavía, la fuente del problema tiene que ser la falta de información, y no el hecho que los bancos y familia están endeudados hasta las cejas de forma totalmente insostenible. Si el sistema realmente es víctima de un exceso de apalancamiento galopante, los contribuyentes americanos acabarán (acabaremos...) con una factura absolutamente espantosa de deuda horrenda que costará lo indecible de sacarse de encima, si no se lleva las cuentas federales por delante.
Hay cientos de razones por las que este invento puede fracasar de forma horrible, creando una factura enorme a los contribuyentes, una continuación del desastre crediticio y una invasión de los Hongos de Yuggoth. El hecho que la SEC vaya prohibiendo chorradas estos días, sin embargo, no es que genere demasiada confianza. Por no hablar del hecho que a la práctica estaríamos poniendo dinero público para salvar a una pila de "genios financieros" de sí mismos, con todos los problemas de riesgo moral que vienen asociados.
¿La verdad? A lo mejor funciona y todo. A saber. Como andan las cosas, no es que tengan demasiado que hacer, y la verdad, ver como la economía entera se va al carajo sin hacer nada no es que fuera una opción agradable.
Un último detalle: por mucho que hablemos de rescates públicos heróicos, fallos de mercado y desastre financiero, esto no quiere decir que el capitalismo sea algo horrible y tengamos que cargar todo de regulaciones y agencias públicas para sobrevivir. Una cosa es el libre mercado, y la otra es la horrenda implementación y falta de control que hemos visto estos últimos años. Los mercados son entes delicados, que necesitan cuidado y buenas leyes. Pero eso es para otro día.
Parece que los políticos tienen un plan. Y la verdad, no sé si es un trabajo de genios, una especie de plan desesperado estilo poner un chicle en una presa que se está agrietando, una especie de chapuza nihilista en que se hace algo a saco a ver si funciona, o un grave brindis al sol para que al menos parezca que hacían algo mientras Roma ardía. Ni idea. Contando que el plan parece haber sido pergueñado en unas pocas horas en un día en que parece que el único actor en los mercados de todo el mundo que daba créditos eran los bancos centrales (y lo hacían como locos. Y ni así nada se movía), lo cierto es que no es que me dé excesiva confianza.
¿En qué consiste el invento? Paul Krugman habla del camarada Paulson llevando la economía a excelsas alturas; si uno lee el plan por encima, parece que la República Popular de Amérika no está tan lejos (o, como le llama Roubini, la República de los Estados Unidos Socialistas de América). La idea es crear un engendro en forma de agencia estatal que compre a los bancos, fondos, inversores y pelagatos financieros la deuda mala que tienen en sus libros a precio de saldo, y tras aclarar qué narices hay en esos extraños bonos, subastarlos a quién los quiera comprar, presumiblemente a mejor precio.
Básicamente, la idea es apostar a que el problema del sistema es que la gente no sabe quién tiene qué deuda basura. Si eso es cierto, una vez quede claro que toda la tiene el gobierno, la agencia federal en cuestión la podrá recolocar a un precio razonable, ya que de hecho no hay tanta mierda en el sistema como parece. Es una asunción hasta cierto punto lógica (y de hecho, mi teoría era la de falta de información como uno de los orígenes del problema) pero que exige unos cuantos saltos de fe realmente aterradores para poder decir que es una buena idea.
Primero, uno tiene que aceptar la idea que la deuda mala es de hecho algo fácilmente identificable y revendible. Los instrumentos financieros nacidos de la desregulación de estos días son cualquier cosa menos sencillos de entender. De hecho, si miramos algunos de los extraños cacharros de deuda que algunos inventaron, saber qué tiene que vender un banco que sea tóxico puede ser complicado. Podemos estar en un escenario en que la noticia que alguien se saca de encima un CDS provoque un pánico sobre otros activos en otros sitio que parecían seguros pero tenían alguna extraña conexión poco implícita, causando una cadena extraña que siga cargándose el sistema igual.
Segundo, y más complicado todavía, la fuente del problema tiene que ser la falta de información, y no el hecho que los bancos y familia están endeudados hasta las cejas de forma totalmente insostenible. Si el sistema realmente es víctima de un exceso de apalancamiento galopante, los contribuyentes americanos acabarán (acabaremos...) con una factura absolutamente espantosa de deuda horrenda que costará lo indecible de sacarse de encima, si no se lleva las cuentas federales por delante.
Hay cientos de razones por las que este invento puede fracasar de forma horrible, creando una factura enorme a los contribuyentes, una continuación del desastre crediticio y una invasión de los Hongos de Yuggoth. El hecho que la SEC vaya prohibiendo chorradas estos días, sin embargo, no es que genere demasiada confianza. Por no hablar del hecho que a la práctica estaríamos poniendo dinero público para salvar a una pila de "genios financieros" de sí mismos, con todos los problemas de riesgo moral que vienen asociados.
¿La verdad? A lo mejor funciona y todo. A saber. Como andan las cosas, no es que tengan demasiado que hacer, y la verdad, ver como la economía entera se va al carajo sin hacer nada no es que fuera una opción agradable.
Un último detalle: por mucho que hablemos de rescates públicos heróicos, fallos de mercado y desastre financiero, esto no quiere decir que el capitalismo sea algo horrible y tengamos que cargar todo de regulaciones y agencias públicas para sobrevivir. Una cosa es el libre mercado, y la otra es la horrenda implementación y falta de control que hemos visto estos últimos años. Los mercados son entes delicados, que necesitan cuidado y buenas leyes. Pero eso es para otro día.
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