domingo, julio 23, 2006

Estados y conflicto

La guerra sigue, y los problemas enquistados en varias regiones del mundo parecen no querer desaparecer. Más allá del desastre de Oriente Medio, me parece necesario echar un vistazo a un detalle que no ha sido señalado en demasiadas ocasiones por los analistas, y que debería servir de guía al estudiar muchos conflictos: el papel crucial de los estados, o la ausencia de estos.

Tradicionalmente, la guerra había sido una cuestión de los estados. Un ejercito regular ataca, el otro defiende, y los reyes, presidentes o dictadores de turno luchan hasta que es razonable hacerlo. Cuando un bando pierde la guerra, los gobernantes aceptan, tragan con lo que se negocie en el armisticio, y ordenan a su ejercito parar. La guerra es algo letal, caótico y caro, pero tiene cierto orden subyacente. Los estados (con contadas excepciones) van a la guerra siguiendo alguna racionalidad, se lían a tortas siguiendo ciertas convenciones (no recurren a menudo a violencia gratuita) y cuando les pegan un paliza entienden el mensaje.

En muchos de los conflictos actuales, uno de los elementos que contribuyen al orden relativo de los conflictos no existe, ya que uno de los contendientes o bien no es un estado, o bien es un estado fallido. En ambos casos, los actores implicados tienden a ser mucho menos razonables. Primero, algo tan sencillo como aceptar que no se puede ganar una guerra deja de existir. Un estado gana o pierde controlando o perdiendo territorio; una organización como Hezbollá gana o pierde según el nivel de ruido que haga. Cuando se tiene como principal objetivo una idea y no se tiene los medios para llevarla a cabo de forma convencional, convencer a alguien que ha perdido es ligeramente más difícil.

El segundo gran problema son los estados fallidos. El ejemplo claro estos días es Líbano. El gobierno libanés es perfectamente consciente que Israel puede pegarles una paliza sin apenas inmutarse, así que su única esperanza es opener suficiente resistencia para que al menos invadir salga caro. El problema, claro está, es que Líbano no controla su territorio, y que hay otros agentes haciendo lo que les place y buscando sus objetivos. Hezbollá, en cierto sentido, sabe que sus acciones les benefician a ellos si tienen éxito, pero que es Líbano quien paga el coste si fracasan, ya que como guerrilla sufren relativamente pocos daños.

El otro ejemplo claro es Irak estos días. El gobierno iraquí no controla el país ni de broma, así que viven el suplicio de pelear con grupos que siguen la lógica de "gano yo, pierdes tú, ganas tú, perdemos los dos" hasta el final.

En contraposición, tenemos a Hamás en Gaza estos días. Sin llegar a ser un estado, Hamás gobierna los territorios palestinos, y eso significa que tiene algo concreto y tangible que perder en una guerra: territorio. El resultado es que los tradicionalmente chalados terroristas islámicos han captado el mensaje de fuerza de Israel bastante más rápido que Hezbollá, y han ofrecido una tregua.

¿Qué debemos deducir de esto? Primero, que es mejor vérselas con gobiernos que con bandidos, no importa cuántos tanques tenga un ejército convencional. Segundo, a veces es una buena idea hacer que los locos tengan algo que perder, más allá de sus vidas. Tercero, que un estado debe ser muy consciente que la lógica que otros actores no estatales siguen es muy distinta a la suya, hasta el punto que una derrota les puede reportar beneficios.

Lo que está claro es que debemos olvidarnos de ver todos los problemas desde la óptica de las guerras antiguas. Ganar batallas no acerca, muchas veces, a ganar una guerra. La lógica del martillo y ver todos los problemas como clavos no debe ser siempre nuestra guía.

Nota al margen: Israel no es que tuviera otra salida, no obstante. Forzar a la comunidad internacional a intervenir, haciendo del gobierno libanés algo real, era una de las pocas opciones que le quedaban.

4 comentarios:

Gulliver dijo...

No esta nada mal el post excepto la nota al margen.

Poco puede esperar Israel de la intervención de la Comunidad Internacional. Ya ha habido alto el fuego antes y hay fuerzas de la ONU que bostezan en la frontera. Y el gobierno libanés seguirá siendo igual de real o irreal que antes.

Parece que Israel quiera intentar reducir la capacidad de agresión de Hezbolá, destruyendo armamento, o si no fuese posible, al menos que no les salga gratis la última agresión. Hacer que el gobierno libanés reaccione es pedir demasiado.

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