sábado, diciembre 02, 2006

Pequeñas preguntas que no lo son tanto.

Muchas veces al hablar de política sólo se tratan problemas rematadamente complicados. No nos lo parece, porque algunos temas están sobre la mesa constantemente, pero la cantidad de factores enormemente complejos detrás de temas aparentemente de rutina es algo que nos debería llamar la atención.

Tomemos un ejemplo reciente, los casos de corrupción urbanística. Uno se debe preguntar de inmediato por qué la ley se vulnera, para empezar. ¿Es un texto mal redactado, que crea incentivos perversos? ¿Es una buena ley, ya que permite que los que hacen mal sean descubiertos rápidamente? ¿Es un problema de cálculo, un número de reglas con consecuencias no esperadas? ¿Por qué se redacto así? ¿No sabían lo que hacían? ¿Lo sabían y es una mala ley hecha aposta Si la ley es mala, ¿Por qué no hay más corrupción?.

Todos estas preguntas son previas al objetivo de la ley, es decir, qué modelo de uso del territorio la ley pretende incentivar (o como trata de no tener modelo, y cede a otras administraciones). Las competencias sobre uso del suelo y urbanismo, por añadido, están muy repartidas; deberíamos preguntarnos por qué la constitución no le da demasiado poder al estado, y evidentemente respondernos todo lo que nos hemos preguntado hasta ahora diecisiete veces para ver cómo funcionan las cosas en cada autonomía. Y a todo esto, se debe añadir el efecto del sistema tributario (y las absurdas deducciones a las hipotecas), política monetaria. Más allá de todo ello, debemos responder también si la proliferación de casos indica si la corrupción ha aumentado (y si es culpa de la ley) o si de hecho es indicativo que está descendiendo, ya que el gobierno se ha decidido a combatirla con fuerza (a lo que toca responder por qué no sucedía antes).

Todo esto, para hablar de un tema relativamente pequeñito, y eso para una evaluación preliminar, sin comparar con otros modelos, y sin entrar a hablar en términos normativos de modelos de crecimiento. No es demasiado sencillo, la verdad.

Antes de meternos en temas demasiado complejos, por tanto, puede que sea una buena idea tratar de responder con cierta calma una serie de preguntas un poco más básicas, que son de hecho las que están en el centro del "misterio" de la Ciencia Política. Hay unas cuantas preguntas que están detrás de todo sistema político, y que parece que puede ser interesante discutirlas para tener una cierta idea sobre qué se esconde detrás de los obtrusos problemas que genera la inmensa complejidad de las sociedades actuales. Hagamos pues una pequeña lista.
  • ¿Por qué la gente coopera, y no se muele a palos más a menudo?
Probablemente la pregunta más complicada, aunque no lo parezca. Todo parte del dilema del prisionero, del que he hablado otras veces; o cómo resolvemos el problema de que demasiado a menudo aprovecharse del prójimo (que el otro trabaje para después robarle mientras duerme) es más sencillo y agradable que cooperar con él (trabajar juntos). En el mundo real, es un problema constante, a los que destinamos gran cantidad de recursos para combatir (los tribunales, por ejemplo), pero esta organización no nace de forma precisamente espontánea.
De todas las creaciones humanas, el invento de un sistema que hace que unos individuos den órdenes a otros es quizás el más peculiar. Si además tenemos en cuenta la enorme, gigantesca variedad de modelos que hemos utilizado para ello (esclavismo, feudalismo, repúblicas, teocracias, tribus, loterias), la respuesta a la pregunta debe ser necesariamente algo curiosa.
  • ¿Por qué tantos sistemas distintos?
Parece bastante claro que con tantos sistemas distintos, no hay algo que podamos llamar "sistema político natural". Explicar por qué cada sociedad es distinta no es un problema trivial; la Ciencia Política tiene como obsesión tradicional hablar sobre qué permite que existan democracias, así que no hablamos de temas sencillos. Pero también podemos ir más lejos; un engendro tan fascinantemente complejo como la Europa Feudal aparece probablemente por muy buenos motivos.
  • ¿Por qué la ley se obedece en algunos sitios, y no en otros?
Esto incluye explicar por qué no hay más revoluciones, por qué hay países más corruptos que otros, por qué hay países donde nadie hace puñetero caso al gobierno central, y por qué Canadá necesita menos policías por cápita que Estados Unidos (y sigue teniendo menos crimen).

No creo que pueda responder a todo esto, pero me parece que tenerlas en mente es algo necesario. Esencialmente, los problemas a los que nos enfrentamos ahora son en esencia los mismos a los que se enfrentaba Julio César, a diferente escala y con distinta tecnología. Los gobernadores de provincias, al fin y al cabo, también podían estar malgastando esos impuestos.

En los próximos días, si hay interés, miraré de dar un repasito a cómo la Ciencia Política (y un servidor, que también tiene teorías) responde estás cuestiones. Espero comentarios.