jueves, mayo 03, 2007

La lógica del verdugo (I): siguiendo órdenes

Una de las preguntas recurrentes cuando se habla de los horrores de la guerra, sean pasados o recientes, es entender por qué los verdugos pueden cometer atrocidades. Qué motivos, qué procesos mentales permiten que un soldado o un miliciano, cuando se le pide que dispare o torture a un individuo, ejecute la orden, a menudo sin rechistar. El dilema, el interrogante, es saber si la "defensa Nuremberg" diciendo que uno sólo seguía ordenes tiene algo de cierto, o es sólo una cortina de humo para ocultar maldad.

Eso se preguntaba Stanley Milgram, un psicólogo de Yale, en 1961, unos meses antes que empezara el juicio a Adolf Eichmann en Jerusalén. ¿Realmente un criminal de guerra podía argumentar que "sólo seguía ordenes" mientras mandaba miles de personas al exterminio?

A Milgram, como a otros muchos, la explicación le parecía cínica. Aún así, sintiendo curiosidad, decidió ver qué había de cierto en esa línea de defensa mediante un pequeño experimento. La idea era reclutar a un grupo de personas para que colaboraran en un experimento sobre el aprendizaje, cobrando una pequeña cantidad de dinero. Una vez en el laboratorio con otro voluntario, un doctor con bata blanca les recibía, y sorteaba quién iba a tener el papel de "profesor" y quién de "estudiante". El tipo que salía escogido profesor se le decía que tenía que sentarse delante de un panel con mandos, y leer pares de palabras que el estudiante debía repetir. Si la respuesta era incorrecta, debía darle a un dial para seleccionar un voltaje, y darle una pequeña descarga eléctrica al alumno, que iba aumentando tras cada error hasta llegar a 450V, con gritos y quejidos progresivamente más desesperados del pobre estudiante.

El núcleo del experimento, evidentemente, no era el aprendizaje; tanto el "doctor con bata blanca" como el "alumno" eran actores, y el voluntario siempre era "profesor" merced de un falso sorteo. Lo que le interesaba a Milgran era ver como reaccionaban los voluntarios a las órdenes de freir a descargas eléctricas (ficticias, evidentemente) a un tipo que no conocían y que gritaba, protestaba y pedía clemencia, hasta llegar a quedar casi inconsciente. Antes de empezar con las pruebas, Milgran realizó una pequeña encuesta entre estudiantes y profesores del departamento, preguntándoles qué porcentaje de individuos llegarían a los 450V. El consenso fue que un porcentaje pequeño de la poblacíon (sobre un 1-1,5%) tendría el impulso sádico de freir a un pobre desconocido hasta esos extremos.

Para horror y sorpresa de Milgram y todo el departamento, el resultado fue bastante distinto: un 65% de los voluntarios llegó a los 450V, y nadie paró antes de los 300, con el actor ya desgañitándose de dolor desde hacía rato. Si bien un número considerable de individuos mostraron reparos y protestaban, una mayoría abrumadora seguían torturando al pobre tipo hasta el final, siguiendo órdenes sin rechistar, a pesar que dejar de cumplirlas no conllevaba castigo alguno. Repeticiones posteriores del experimento con la misma configuración han mostrado porcentajes de obediencia muy parecidos, sin que haya diferencias sustanciales en sadismo entre hombre y mujeres.

¿Qué estaba sucediendo? Algunas variaciones sobre el mismo escenario siguiendo a este primer experimento dan pistas sobre la lógica detrás de estos números. La eliminación de la mampara entre víctima y "profesor", por ejemplo, hacía que la obediencia disminuyera; pedir al voluntario que tocara a la victima tenía el mismo efecto. Si se añadía un segundo falso profesor ayudando al pobre voluntario, la obediencia aumentaba aún más (hasta un horrilante 95%); si en cambio el doctor no llevaba bata blanca, la obediencia disminuía de nuevo. Si en vez de hacerse en Yale las pruebas se realizaban en una oficina anónima, el número de participantes que llegaban hasta el final caía hasta un 47.5%.

Con esto podemos sacar algunas conclusiones. La primera, y más aterradora, es que los seres humanos tenemos una aterradora tendencia a seguir órdenes. La segunda, y casi tan grave, es que el grado de obediencia parece tener poco que ver con lo que se nos pide, y mucho con el contexto y con quién está diciéndonos qué hacer. Para empezar, nos ciega el prestigio; si el que da la orden parece que sabe lo que hace, viene de algún sitio importante o parece recibir pleno apoyo de otra persona, somos muchísimo más propensos a seguir órdenes. Como menos contacto tenemos con la víctima y más alejados estamos de ella, más cumplimos. Y si se nos asegura que lo que hagamos no tendrá consecuencias si algo va mal, aún peor.

Sencillamente, cuando Eichmann decía estar siguiendo órdenes, es perfectamente posible que de hecho estuviera siendo sincero. Tristemente, parece que en el contexto adecuado, en situaciones de presión o dejación de responsabilidades, la mayoría de la especie humana es perfectamente capaz de inflingir sufrimiento a terceros sólo siguiendo órdenes. Evidentemente, de dar descargas eléctricas a matar hay una distancia considerable; pero de eso hablamaremos otro día.

A todo esto, el experimento le costó a Milgram su expulsión durante un año de la sociedad americana de Psicología, no se sabe si asustados por la tensión que el experimento sometía a los voluntarios o por los resultados de este. Lo cierto es que hoy en día sería imposible hacer nada por el estilo en Estados Unidos; ninguna universidad permitiría que algo tan duro y políticamente incorrecto le dejara abierta a pleitos.

11 comentarios:

zarevitz dijo...

Muy, muy interesante. Gracias.

X-PAX dijo...

Hace tiempo leí en una biografía de Mengele que entre él y los otros médicos de Awshwitz que seleccionaban el personal para ir a trabajar o a las duchas habían grandes diferencia: mientras unos tenían que ir borrachos para hacer su faena, Mengela la hacía sobrio y concienzudamente.

De todas maneras hay excusas que no cuelan. Y torturar y matar civiles está penalizado incluso en tiempos de guerra.

Me pregunto donde conseguiria tú psicólogo sus voluntarios para semejante experimento.

X-PAX dijo...

Espero que no fuera en la Escuela de las Américas, ahora bautizada con otro nombrecillo.

Lüzbel dijo...

El famoso experimento de Milgram...cuantas veces me lo habré visto en la carrera...

Hay que decir también que el problema de este experimento es el que comentas: la replicación...¿cómo repetir el experimento con la que ya se montó en su momento? Es por eso que hay no pocos psicólogos que ponen en duda sus resultados por no poder replicarse.

Por otro lado quiero incidir en un elemento clave: la dejación de responsabilidad. Si se aseguraba al sujeto que la responsabilidad de lo que le pasara a "la víctima" no sería suya, sino del que le daba ordenes, la gente daba a la descarga en mucha mayor medida.

Milgram pretendía poder explicar el comportamiento nazi desde un punto científico: lo que hicieron los nazis no fue por estar locos, sino que en determinadas circunstancias bien elegidas podía ser cualquiera. Esa interpretación no encajaba en las corrientes psicológicas y políticas de la época, que prefirieron sostener que los nazis cayeron en una locura colectiva.

Espero no haber repetido muchas cosas. Saludos.

Egocrata dijo...

Milgram consiguió los voluntarios con un método muy sencillo: anuncio en el periódico para un experimento sobre aprendizaje, $4.50 de pago se complete o no.

SuperSantiEgo dijo...

Yo también lo estudié en Ética y Filosófía Moral y del Derecho. El profesor siempre recalcaba que el que más lejos había llegado era un cura. También se daba el caso de que se producía mayor benignidad entre personas de distinto sexo.

Carlitos dijo...

Veo un "pero" en el estudio que hace cuestionables los resultados:

El "estudiante" tb. se asume que va voluntario (¿y cobra?), ¿no?.

De no ser así, quizás muchas personas no hubieran obedecido las órdenes hasta los extremos mencionados.

Además, en el experimento el estudiante siempre podía marcharse (supongo). El que no lo hiciera, intuyo que reduce posibles remordimientos en el "profesor" y constituye una mayor descarga de culpabilidad para éste.

En una situación extrema con el estudiante obligado a quedarse, pienso que los porcentajes serían diferentes. Del mismo modo, tb. lo serían si el profesor fuera el obligado. O si ambos fueran coaccionados.

Aunque creo que el experimento tiene algo de verdad, no me parece extrapolable de manera gral.
Añadir otro "bata blanca" o aumentar el contacto parecen juegos con la coacción/dilución de culpabilidad y con la empatía. Que un cura llegase el que más lejos no dice absolutamente NADA. Es 1 cura.

Egocrata dijo...

No, el estudiante que recibe las descargas (vamos, el otro actor) está atado, pidiendo a gritos que paren que duele horrores, y sin posibilidad de irse. No está ahí sentado, apretando los dientes y en plan machote:

"UAAAAAAAAAAAAAAAARGHH!!! nada, nada, otra. Esta vez aprendo... AAAAAAARGHHH... Me muerooo!!!... Otra palabra, que me acuerdo..."

Carlitos dijo...

- "UAAAAAAAAAAAAAAAARGHH!!! nada, nada, otra. Esta vez aprendo... AAAAAAARGHHH... Me muerooo!!!... Otra palabra, que me acuerdo..."


- Coño, tampoco es eso, ¡vaya escandalera!. Es que no lo habías especificado y yo tampoco me he leído el experimento.
Si es como tú dices, entonces tb. habría que ver cuántos se negaron a participar en el experimento.

No sé. Me resulta muy difícil creer que si el estudiante iba supuestamente obligado, nadie renunciara.

Egocrata dijo...

Pues chico, esa era la condición del anuncio. Los voluntarios cobran, se acabe el experimento o no. Lo curioso es que nadie de los "profesores" llega a cuestionar el experimento. Un tercio no llegan al final, pero ni siquiera esos piden que se cancele, o preguntan sobre el otro (ficticio) voluntario y por qué no lo deja. El hecho que cada uno de los voluntarios "dimite" de su responsabilidad moral y va a lo suyo es lo más aterrador.

Carlitos dijo...

- "Pues chico, esa era la condición del anuncio".
- Y a esa pega me estaba refiriendo: emplean un sistema de selección no del todo aleatoria.
Pueden estar incluyendo a personas... Digamos, "raras": gente que necesita la pasta a toda costa, sádicos, masoquistas, psicópatas, etc., que pueden no ser tan representativos de la sociedad. Y, al mismo tiempo, estarían rechazando a los más sensibles, a los cobardes o que más respetan a los demás.
Esto es lo que me hace dudar de muchos experimentos psicológicos: que no se pueden controlar las condiciones tan bien como en un laboratorio o cuando se estudia algún fenómeno fisiológico concreto. Las interferencias a veces llegan a ser muy difíciles -si no imposibles- de evitar.

Con ello no niego que el estudio pueda estar ofreciendo unos resultados bastante próximos a la realidad pero la metodología no es buena. De esta manera no se puede alcanzar un nivel de certeza adecuado.

Por otra parte, existe otra pega: no cuenta con las condiciones sociales ajenas que trae consigo el individuo. Seguro que si se hiciera en Sierra Leona aparecerían más voluntarios que si se realizara en Suiza. En terrenos en conflicto, el miedo y/o los valores morales ante "minucias" (en relación a la posibilidad de morir, pasar hambre o sufrir un daño realmente grave) ni siquiera suelen existir.

- "El hecho que cada uno de los voluntarios "dimite" de su responsabilidad moral y va a lo suyo es lo más aterrador".
- Eso me había parecido.