sábado, agosto 18, 2007

Buscando soluciones donde no las hay

Un comentario más en la saga de la hipotecas. Comentaba Antonio Flórez que tras dos artículos cargados de tecnicismos, no había aportado ninguna solución para aquellos que no pueden pagar la hipoteca y van a perder la casa.

Acepto con pesar el hecho que tiene razón. Sin embargo, eso es por un motivo muy sencillo: no hay solución ni sencilla ni viable a estas alturas para las hipotecas impagadas. Estos créditos son el origen del problema y el origen de las turbulencias que estamos viendo en los mercados; si fuera sencillo arreglarlas sin causar más daño, se hubiera hecho sin pensarlo.

La verdad, no hay salidas fáciles. La más ortodoxa en términos de mercado es una bajada entusiasta de los tipos de interés, volviéndolas a hacer mucho más fáciles de pagar. Un cuarto o medio punto no nos vale; a fin de cuentas, muchas de las hipotecas realmente malas están pagando un interés lo suficiente alto como para hacer un cambio cosmético irrelevante. Un recorte más fuerte, sin embargo, se metería rápidamente en la zona de los efectos secundarios perniciosos. Primero, porque podría enviar el mercado inmobiliario otra vez hacia una burbuja artificial, algo que únicamente retrasaría el ajuste (y lo haría aún peor), segundo, porque el exceso de crédito reciente también se agravaría, algo que requeriría de nuevo un ajuste más doloroso en el futuro.

La otra opción, más heterodoxa, sería que el estado interviniera de algún modo "rescatando" las hipotecas con problemas de impago. Eso sería una noticia excelente para los que tienen esos créditos; gente que no perdería sus casas, y prestamistas que se irían de rositas después de haber repartido dinero de forma espantosamente arriesgada. En otras palabras, los dos grupos que han cometido todos los errores en este circo recibirían el estupendo premio de ser salvados por los contribuyentes.

Estaríamos en ese dilema que tanto se repite y que tantas veces los políticos de izquierda (y de derechas, que tienen las mismas tentaciones) cometen sin pensar en las consecuencias: salvar a los que la pifian. Si una empresa, inversor o contribuyente toma un riesgo de forma voluntaria para tratar de ganar dinero, sea montando una fábrica, comprando billetes de lotería o enviando dinero a un príncipe Keniata por internet, estos están tomando un riesgo. Nadie les obliga a lanzarse a la aventura y jugarse el dinero más allá de lo necesario; si ganan, el premio su beneficio. Lo que no puede ser es que cuando alguien meta la pata, el séptimo de caballería sea automático en forma de subvención.

El estado del bienestar es una red de protección contra el infortunio, no contra el riesgo voluntario. Si uno pierde su trabajo porque su empresa cierra, eso es mala suerte. El estado entra y te echa un cable. Si te caes por las escaleras por un resbalón o pillas la peor gripe nunca vista, no es que te lo hayas buscado, es infortunio. La ayuda estatal está justificada. Tu anciana madre está grávemente enferma y necesita cuidado y ayuda permanente, el estado de bienestar debe ayudar todo lo posible.

Un riesgo tomado de forma gratuita, como es una hipoteca sin tener capacidad de pagarla... bueno, eso es un error, no mala suerte. El estado ayudará a que no te estrelles de forma irreparable (evitando que dejes de tener seguro médico mientras haces lo imposible por pagar, por ejemplo) pero no debe darte un premio por tu irresponsabilidad. No sería justo, en especial para la gente que paga religiosamente sus letras sin ninguna ayuda.

Por añadido, no es en absoluto seguro que una ayuda estatal no tuviera efectos contraproducentes. Una moratoria en pagos sólo retrasa el problema; quien no puede pagar hoy, es posible que no pueda hacerlo mañana. Una refinanciación y rescate de los malos créditos sólo hace que el estado se coma el marrón de una pila de impagos; buena suerte viviendo con ese déficit, y todos esos pisos embargados a medio plazo.Una subvención directa es aún peor. Y las desgravaciones fiscales son regresivas, enormemente ineficientes y siguen sin arreglar el problema fundamental que hay gente que no paga porque no puede.

Ahora no es hora de dar soluciones a la gente que no puede pagar. Es tarde, tristemente. El problema podría haberse solucionado antes; y no se hizo a nada. Fuera regulando (y limitando) la capacidad de dar hipotecas dudosas, fuera haciendo el sistema de calificación de deudas más estricto (las agencias de calificación dieron notas espantosamente generosas a muchas deudas poco creíbles), sea aumentando la transparencia de esas inversiones y fondos tan complicados, había cosas que podían hacerse.

Al no hacerse todos estos cambios a tiempo el mercado salió de su equilibrio. Se concedió por debajo de su precio real, a base de ofuscar información y dejar que fondos y bancos manipularan de forma creativa su deuda. Cierto, todo esto no era culpa de los que se metieron a comprar casa en plan torpe. Lo es aún menos de los que no lo hicieron, en especial cuando el remedio sería peor que la enfermedad.

11 comentarios:

Carlos dijo...

Hoy, curiosamente, el New York Times tiene puesta como "cita del día" la siguiente frase de un tipo del banco Boulder West:
All of the old-timers knew that subprime mortgages were what we called neutron loans — they killed the people and left the houses.

Cris dijo...

El estado no se puede hacer cargo de la deudas de los que no puedan pagar, basta con recordar l que paso cuando el gobierno insistió en no repercutir la subida de precios de los carburantes en los precios de consumo y hacerse cargo la administración de la subida...luego la subida fué aún más fuerte y a demás se diponia de menos recursos.
Una "solución" seria declararse en suspensión de pagos ya como último recurso y negociar con los bancos, ya hay algun caso así aunque no se si jurisprudencia.

geógrafo subjetivo dijo...

Absolutamente de acuerdo. En la actividad empresarial hay un riesgo, esto es, que porque se puede ganar también se puede perder. Ya está bien de "empresarios" que cuando ganan es por sus méritos pero que cuando pierden el coste los pagan los otros. Peor todavía cuando esto está elevado a rango de Ley para evitar pérdidas de puesto de trabajo. Esto sólo provoca administraciones poco responsables.

JAL dijo...

Esta banca creativa puede toparse con más de un obstáculo. Ya veremos si este no resuta ser el menos grave

Fritz dijo...

Buen artículo, sí señor. Buena expresión de lo que es y debe ser el Estado del Bienestar.

Saludos

Roberto Iza dijo...

Recuerdos

Nach dijo...

PLAS, PLAS, PLAS, muy bueno el artículo, sobretodo por no caer en la demagogia habitual cuando se habla de estos temas

Manuel dijo...

Muy buen artículo escalarecedor desde un punto de vista técnico de lo que ocurre y ocurrió con este tema.

Pero me parece que hay algo en lo que discrepo. Si el error de los compradores de esos pisos fue fruto de una mala política económica y de los bancos, está claro que no toda la irresponsabilidad es de los compradores. No puede ser eso que dicen algunos derechistas de que la culpa de la pobreza es siempre de los pobres. Porque la negligencia hay que sancionarla, sí, pero ninguna merece una condena tan severa como para despojar de la dignidad de persona a alguien al dejarle sin vivienda. Estamos hablando de errores de los compradores, no de delitos o infracciones. Estos siempre deben ser duramente sancionados, pero condenar a una familia a dormir debajo de un puente nunca es democrático ni ético, ni en el caso, siquiera, de cometer un delito.

Y no está reñido con el punto de vista técnico el asunto de que no se puede primar el interés del mercado respecto al derecho de la vivienda, porque una política favorecedora de la cobertura de este bien básico y derecho inalienable, también evita que ocurran estas cosas.

Anónimo dijo...

Errr... ¿Bajo un puente? Y lo de alquilar un pisito, ¿qué?

Joder, como exageramos.

Anónimo dijo...

He querido comentar esto en otro post de la polémica, pero no sé por qué no ha salido; a ver si esta vez hay más suerte:
Perdonadme si reabro un tema ya muerto, pero siento que casi todos han pasado por sus argumentos el discutible axioma de que los que contratan las hipotecas toman decisiones INFORMADAS. Yo no me considero tonto, pero aún hoy, después de pasar por cuatro hipotecas y dos cambios de inmueble, sigo aprendiendo montones de cosas sobre toda la "historia" de un préstamo hipotecario, desde que se "piensa" en unas arras, con o sin dinero "B", hasta que a medio plazo suceden imprevistos, o cambian los tipos de interés, lo que ocurre si no se cumple uno o dos o tres plazos, si se va a juicio, si se impugnan subastas, si se renegocia, las posibilidades legales, vigencia de la deuda... Y HE LEIDO MANUALES DE ESOS DE "Cómo comprar una vivienda, en 100 páginas".
Sinceramente, para tomar una DECISIÓN INFORMADA al comprar una vivienda con hipoteca de alto riesgo hay que tener (y se nota leyéndoles) un conocimiento enciclopédico de leyes, economía, etc... y sobre todo una eficiente bola de cristal sobre la evolución económica de tu "zona" a 50 años vista, con sus picos críticos incluidos... ¿decisión informada? La conclusión ingenua es que los que se van a quedar sin hogar son víctimas de un anónimo y desalmado sistema (i.e. sin alma concreta, no necesaria o intrínsecamente malo: es como es) que, según convenga a sus fuerzas internas (ingenuamente: al dinero), empuja las decisiones de sus pobres peones de un lado o de otro.

Yo a falta de sabiduría me quedo con la ingenuidad de estas conclusiones. Pero me puedo equivocar, claro ;-)

Manuel dijo...

Pues el Anónimo anterior me parece que es de los mejores comentarios que aquí se han escrito, a ras del suelo de la calle y sin pedanterías.

Alguien dirá que estoy haciendo demagogia pero no se puede justificar lo injustificable.