Siguiendo con la nacionalización de Fannie Mae y Freddie Mac (o como prefiere Krugman, de-privatización; al fin y al cabo, nacieron públicas), varias cosas hay que añadir al desastre.
Primero de todo, creo que vale la pena repetir lo obvio, una vez más: para una administración que empezó hablando de privatizar, eliminar regulaciones, brillante creatividad de los actores financieros libres de ataduras y el milagro del crédito infinito y el riesgo disperso, han acabado interviniendo en el mercado más que nadie. Lo más divertido (y preocupante) es que más que arreglar la tristemente insuficiente regulación del sistema, de momento andan más preocupados apagando fuegos y nacionalizando cosas. Como casi todo en la administración Bush, patada a seguir y que el problema lo arregle su sucesor.
Eso no quita que el rescate de Fannie y Freddie no fuera urgente, y que cómo bien comentan algunos, sea parecido a hacer salchichas. Ya se sabe, el dicho que hay dos cosas que uno no puede ver nunca como se hacen en vivo, salchichas y legislación (según Bismarck). Añadidle a esta lista las nacionalizaciones de emergencia; un mundo donde los accionistas pierden dinero, los contribuyentes se juegan sus impuestos, y los ex-directivos de las empresas en problemas se irán a casa con 15 millones de dólares por cabeza. Que no lloren los accionistas; son ellos los que deberían vigilar a los gerentes, no yo.
Lo que si me está sorprendiendo de todo este pollo, sin embargo, es la maldita obsesión de no pocos comentaristas y políticos diciendo que lo importante es que suceda lo que suceda, es importante que los herederos de Freddie y Fannie sigan proporcionando "hipotecas asequibles" a los votantes. Ya comenté no hace demasiado que las Mac nacen de la extraña obsesión americana en promocionar la compra de viviendas tanto como sea posible; de todas las funciones del estado, la verdad, me parece una de las más difíciles de justificar.
No es algo exclusivo de Estados Unidos, de hecho. En España compartimos la extraña obsesión de subvencionar la compra de casas a base de desgravaciones, junto con la especial obsesión local de construir y "regalar" vivienda protegida. Ya he comentado que esto del "derecho a la vivienda" no debe ser entendido como "derecho a hipotecarse durante 30 años para comprar una vivienda" o "derecho tener en propiedad una vivienda" a secas. Favorecer la compra de casas suena muy bien, pero en contextos con tipos de interés bajo y crédito fácil es pedir a gritos tener una burbuja y que te estalle en la cara. Y, por si alguien no se ha dado cuenta todavía, eso duele.
Los americanos habían parido básicamente un sistema parapúblico gigantesco para reducir el riesgo hipotecario, con el erario público corriendo parte del riesgo, que a su vez dejaba libre ingentes cantidades de capital libre ocioso para financiar subprimes. No era una buena idea. Lo de España era menos explícito, pero casi igual de absurdo.
Cuando el mercado de la vivienda finalmente resucite, de aquí dos o tres años, no sería mala idea, mientras todo el mundo anda perdiendo el tiempo buscando gangas de eliminar todas esas absurdas subvenciones a la compra, y reforzar el papel del alquiler en estos mercados. A ver si aprendemos.
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martes, septiembre 09, 2008
domingo, agosto 03, 2008
Cuando los precios suben
La última ola de globalización de las últimas décadas ha tenido como uno de sus pilares fundamentales el progresivo descenso de los costes de transporte. Como todo en esta era de petróleo caro, parece que las cosas van a cambiar; el precio de enviar mercancias, piezas y productos de un lado a otro del globo se ha disparado en los últimos dos o tres años, forzando una simplificación de muchas cadenas logísticas. Se acabó esto de comprar metales en Chile, enviarlos a China para que hagan piezas, hacer que estas se monten en Francia y dejar el ensamblaje final para Estados Unidos; pasear productos no acabados es cada vez más caro.
El NYT tiene un artículo estupendo sobre esto este fin de semana, de hecho. Parece que el tener tu proveedor cerca está convirtiéndose en una ventaja, otra vez.
El NYT tiene un artículo estupendo sobre esto este fin de semana, de hecho. Parece que el tener tu proveedor cerca está convirtiéndose en una ventaja, otra vez.
viernes, julio 11, 2008
Otra de desastres hipotecarios
¿Alguien pensaba que después del desastre de Bear Sterns la crisis financiera se había acabado? Craso error. El miedo, temor y crujir de dientes en los mercados sigue siendo cualquier cosa menos limitado; muchos garitos financieros oscuros pero cruciales, sin ir más lejos, siguen camino de criar malvas (y sí, el mercado de bonos a precio de subasta asegurados es muy importante. Descubrí que existía ayer).
El dinero anda asustado, nadie sabe quién ha perdido dinero, y conseguir un crédito vuelve a hacerse cada vez más difícil.
Hasta ahora, sin embargo, la historia de la crisis era básicamente una de bancos de inversión poco prudentes metiéndose en inversiones estúpidas (las dichosas hipotecas basura) y llevándose a medio mercado por delante si no se las rescataba. Esta semana a la lista de entidades financieras produciendo sudores fríos, temblores descontrolados y ataques de nervios a reguladores e inversores por igual se le añade una nueva categoría: Fannie Mae y Freddie Mac, dos entidades que deberían ser los prestamistas más aburridos, insulsos y fiables del sistema financiero americano.
¿Quiénes son estos dos individuos? Son seres curiosos, hijos indirectos del New Deal. Fannie Mae nace en los años treinta, como una empresa pública del gobierno federal creada para comprar hipotecas contratadas a traves del sector privado. Para facilitar la reactivación del moribundo sector bancario tras la gran depresión, Fannie Mae daba liquidez al mercado comprando a los bancos lo que se conoce como conforming loans, hipotecas muy sólidas con entrada alta, primera residencia y casas no demasiado caras, revendiéndolas después a inversores. Mientras tanto, los bancos podían salir y dar más créditos, una vez colocada la deuda en otra parte.
Lo cierto es que Fannie Mae funcionó bien, pero allá a finales de los sesenta ya no tenía demasiado sentido que el gobierno federal fuera por el mundo comprando hipotecas, así que se privatizó. Para evitar que Fannie Mae fuera un monopolio, el Congreso creó Freddie Mac, un entidad con iguales objetivos, limitaciones y privilegios, y los soltó a los dos, bien reguladitos, para que ejercieran de almacen de hipotecas aburridas. Y la cosa ha funcionado relativamente bien, hasta ahora.
El problema es que con una burbuja financiera tan descomunal como la americana, cuando los precios de la vivienda han empezado a caer incluso la más aburrida de las hipotecas se puede convertir en un problema. Los compradores que compraron cuando el mercado estaba ya salido de madre pueden encontrarse que deben más dinero del valor real de su casa, y eso, no hace falta decirlo, es un problema grave. En una crisis inmobiliaria normalita esto no es un gran problema para Freddie y Fannie; ellos sólo tienen en cartera deudas de muy buena calidad, con gente que ha pagado una buena entrada, así que no corren el riesgo de tener equidad negativa. Estos días los precios de la vivienda se han estrellado en serio, así que parece ni estas dos entidades se han salvado.
En condiciones normales, esto no debería ser un problema demasiado grave. Sí, Freddie y Fannie tienen algo de deuda mala, pero son en general solventes. Si intentan conseguir inversores los encontrarán, ya que son entidades seguras; el gobierno federal les da un casi-respaldo, incluso. De nuevo, no andamos por condiciones normales, y tras el morrazo de Bear Sterns, los mercados andan muy poco proclives a poner dinero en ningún sitio, y aún menos en algo que tenga la palabra "hipoteca" o "vivienda" a menos de dos kilómetros de distancia. El resultado es lo que vemos estos días: castañazo tremendo de las dos entidades en bolsa, total incapacidad para atraer inversores, y la posibilidad que las dos agencias se derrumben, llevándose por delante medio sistema financiero.
Recordad, Fannie Mae y Freddie Mac son dos compañías ultraseguras, aburridas y con hipotecas a prueba de balas; todo el mundo en el sector financiero las tiene en su cartera como inversión de cero riesgo. Y como son entidades gigantescas (entre las dos andan por los 12-13 billones de dólares en hipotecas garantizadas) cuando se dice "todo el mundo" es algo literal.
En resumen: si hay dos entidades financieras en el mundo que no pueden derrumbarse, aquí tenéis a dos ejemplos claros. Se está hablando -y mucho- de la posibilidad que el gobierno federal americano tenga que rescatar a las dos agencias, algo que tendría un coste astronómico a corto y largo plazo, y que si bien reduciría el pánico de los mercados -no demasiado- dejaría las finanzas del gobierno federal hechas un desastre.
¿Que sucederá? La verdad, no tengo ni idea. Es otro de esos dilemas de política económica en que uno acabará teniendo que escoger entre la sartén y el fuego, si Fannie y Freddie no consiguen recuperar la confianza de los mercados (y no parece que puedan hacerlo). El problema es que el tortazo lo pagarán los contribuyentes, y enviarán otra ola de pánico más a unos mercados financieros que ya andan maltrechos. En fin.
Actualización: parece que la Casa Blanca y la Reserva Federal se han puesto las pilas, y andan diciendo que si Fannie Mae y Freddie Mac necesitan ayuda, la tendrán. Siguiendo lo que hicieron con los bancos de inversión, Fannie y Freddie podrían llegar a poder pasar por la ventanilla de emergencia de la Reserva Federal si fuera necesario, sin ir más lejos. Paulson (Secretario del Tesoro) dice que no habrá nacionalización, pero que no las dejarán morir. De momento, las acciones han dejado de caer en picado, pero el peligro no ha pasado ni de broma. No se sabe a ciencia cierta la solidez de los dos prestamistas, sólo que el gobierno federal está dispuesto a salvarlas.
El dinero anda asustado, nadie sabe quién ha perdido dinero, y conseguir un crédito vuelve a hacerse cada vez más difícil.
Hasta ahora, sin embargo, la historia de la crisis era básicamente una de bancos de inversión poco prudentes metiéndose en inversiones estúpidas (las dichosas hipotecas basura) y llevándose a medio mercado por delante si no se las rescataba. Esta semana a la lista de entidades financieras produciendo sudores fríos, temblores descontrolados y ataques de nervios a reguladores e inversores por igual se le añade una nueva categoría: Fannie Mae y Freddie Mac, dos entidades que deberían ser los prestamistas más aburridos, insulsos y fiables del sistema financiero americano.
¿Quiénes son estos dos individuos? Son seres curiosos, hijos indirectos del New Deal. Fannie Mae nace en los años treinta, como una empresa pública del gobierno federal creada para comprar hipotecas contratadas a traves del sector privado. Para facilitar la reactivación del moribundo sector bancario tras la gran depresión, Fannie Mae daba liquidez al mercado comprando a los bancos lo que se conoce como conforming loans, hipotecas muy sólidas con entrada alta, primera residencia y casas no demasiado caras, revendiéndolas después a inversores. Mientras tanto, los bancos podían salir y dar más créditos, una vez colocada la deuda en otra parte.
Lo cierto es que Fannie Mae funcionó bien, pero allá a finales de los sesenta ya no tenía demasiado sentido que el gobierno federal fuera por el mundo comprando hipotecas, así que se privatizó. Para evitar que Fannie Mae fuera un monopolio, el Congreso creó Freddie Mac, un entidad con iguales objetivos, limitaciones y privilegios, y los soltó a los dos, bien reguladitos, para que ejercieran de almacen de hipotecas aburridas. Y la cosa ha funcionado relativamente bien, hasta ahora.
El problema es que con una burbuja financiera tan descomunal como la americana, cuando los precios de la vivienda han empezado a caer incluso la más aburrida de las hipotecas se puede convertir en un problema. Los compradores que compraron cuando el mercado estaba ya salido de madre pueden encontrarse que deben más dinero del valor real de su casa, y eso, no hace falta decirlo, es un problema grave. En una crisis inmobiliaria normalita esto no es un gran problema para Freddie y Fannie; ellos sólo tienen en cartera deudas de muy buena calidad, con gente que ha pagado una buena entrada, así que no corren el riesgo de tener equidad negativa. Estos días los precios de la vivienda se han estrellado en serio, así que parece ni estas dos entidades se han salvado.
En condiciones normales, esto no debería ser un problema demasiado grave. Sí, Freddie y Fannie tienen algo de deuda mala, pero son en general solventes. Si intentan conseguir inversores los encontrarán, ya que son entidades seguras; el gobierno federal les da un casi-respaldo, incluso. De nuevo, no andamos por condiciones normales, y tras el morrazo de Bear Sterns, los mercados andan muy poco proclives a poner dinero en ningún sitio, y aún menos en algo que tenga la palabra "hipoteca" o "vivienda" a menos de dos kilómetros de distancia. El resultado es lo que vemos estos días: castañazo tremendo de las dos entidades en bolsa, total incapacidad para atraer inversores, y la posibilidad que las dos agencias se derrumben, llevándose por delante medio sistema financiero.
Recordad, Fannie Mae y Freddie Mac son dos compañías ultraseguras, aburridas y con hipotecas a prueba de balas; todo el mundo en el sector financiero las tiene en su cartera como inversión de cero riesgo. Y como son entidades gigantescas (entre las dos andan por los 12-13 billones de dólares en hipotecas garantizadas) cuando se dice "todo el mundo" es algo literal.
En resumen: si hay dos entidades financieras en el mundo que no pueden derrumbarse, aquí tenéis a dos ejemplos claros. Se está hablando -y mucho- de la posibilidad que el gobierno federal americano tenga que rescatar a las dos agencias, algo que tendría un coste astronómico a corto y largo plazo, y que si bien reduciría el pánico de los mercados -no demasiado- dejaría las finanzas del gobierno federal hechas un desastre.
¿Que sucederá? La verdad, no tengo ni idea. Es otro de esos dilemas de política económica en que uno acabará teniendo que escoger entre la sartén y el fuego, si Fannie y Freddie no consiguen recuperar la confianza de los mercados (y no parece que puedan hacerlo). El problema es que el tortazo lo pagarán los contribuyentes, y enviarán otra ola de pánico más a unos mercados financieros que ya andan maltrechos. En fin.
Actualización: parece que la Casa Blanca y la Reserva Federal se han puesto las pilas, y andan diciendo que si Fannie Mae y Freddie Mac necesitan ayuda, la tendrán. Siguiendo lo que hicieron con los bancos de inversión, Fannie y Freddie podrían llegar a poder pasar por la ventanilla de emergencia de la Reserva Federal si fuera necesario, sin ir más lejos. Paulson (Secretario del Tesoro) dice que no habrá nacionalización, pero que no las dejarán morir. De momento, las acciones han dejado de caer en picado, pero el peligro no ha pasado ni de broma. No se sabe a ciencia cierta la solidez de los dos prestamistas, sólo que el gobierno federal está dispuesto a salvarlas.
miércoles, julio 02, 2008
Se hace lo que se puede
Lo cierto es que el gobierno de Zapatero tiene un trabajo bien poco agradecido: explicar a los votantes que las cosas van mal, y que no es culpa suya. Ambas afirmaciones son ciertas, hasta cierto punto. En ambos elementos de esa frase, sin embargo, los socialistas se han quedado con poca capacidad de maniobra debido a su alegre torpeza retórica y -más importante- un poco oportuno calendario electoral.
Los gobiernos se enfrentan a recesiones a menudo; en países medianos, como España, muchas veces el origen de los problemas es básicamente exterior. Zapatero y Solbes no podían hacer nada para controlar el descontrol financiero en Estados Unidos, limitar la demanda de petróleo en China o mantener los tipos de interés más altos en el BCE para evitar la burbuja inmobiliaria. Cualquier acción o política económica en sus manos era o bien totalmente fantasiosa o tremendamente impopular (penalizar fiscalmente la compra de vivienda), así que dentro de lo que cabe, el gobierno hizo lo que pudo: contuvo el gasto, llenó la hucha cerdito para gastar cuando frenara la economía, y fue liberalizando y retocando detalles en los márgenes de la economía, caso de la -tímida- reforma laboral.
Una vez las cosas se tuercen, un gobierno democrático puede y debe explicarse bien. Debe contar al electorado que las cosas van a peor, que el gobierno tiene un control limitado sobre el asunto, y que tocará hacer cambios y apretarse el cinturón. También debe señalar que entiende las penurias de muchos, y que las medidas van a estar ahí sobre la mesa para cubrir las espaldas a aquellos que no lo están pasando bien con medidas concretas que ayuden a soportar las duras reformas que nos vemos obligados a aplicar para salir de la crisis.
Esto lo han dicho, con variaciones, otros gobiernos socialistas; la reconversión industrial o la crisis del 93 se superaron con crujir de dientes y sudores fríos, pero con un lenguaje claro de "confiad en mí, hay luz al final del túnel". En este caso, sin embargo... pues más bien no. El gobierno ha entrado en esto tarde, mal y a rastras.
Predecir el pasado es muy sencillo, eso está claro, pero me temo que el gobierno se equivocó al no convocar elecciones en octubre. Las cosas iban bien, y el cambio se hubiera percibido como un alegre órdago electoralista barato, pero parece relativamente claro que hubieran ganado igual. Eso se hubiera traducido que en vez de estar con un lenguaje triunfalista hasta marzo de este año, el gobierno podría haber estado advirtiendo de la crisis que venía con más tiempo, y no tener que hacer la danza del eufemismo en tres meses, como lo ha hecho ahora.
¿Está siendo el gobierno "pasivo"? La verdad, creo que no. Está haciendo lo que puede. La crisis está creando problemas complicados en todas partes; no se puede estimular la economía demasiado debido a la inflación, y el aumento del coste de las materias primas está totalmente fuera del control de todos los gobiernos del mundo. El gobierno, dentro de lo que cabe, hizo los deberes y se preparó relativamente bien. El problema es que el cambio de discurso desde marzo -cuando ya se veía que la cosa no pintaba bien ni de broma- hasta ahora ha sido tremendo, y eso hace que la credibilidad de cualquier equipo económico caiga en picado.
La verdad que aunque esperaba un ajuste considerable de la construcción en España, no me imaginé que las restricciones de crédito la hicieran tan inmediata, y que el petróleo se disparara al mismo tiempo, cuando la mayor parte de las economías avanzadas se estancaban. La cosa será dolorosa; a un problema cierto (la burbuja inmobiliaria) se la han añadido dos imprevistos, haciendo que el ajuste sea mucho más rápido en la construcción, y la recuperación mucho más lenta debido al ajuste de los precios.
Los gobiernos se enfrentan a recesiones a menudo; en países medianos, como España, muchas veces el origen de los problemas es básicamente exterior. Zapatero y Solbes no podían hacer nada para controlar el descontrol financiero en Estados Unidos, limitar la demanda de petróleo en China o mantener los tipos de interés más altos en el BCE para evitar la burbuja inmobiliaria. Cualquier acción o política económica en sus manos era o bien totalmente fantasiosa o tremendamente impopular (penalizar fiscalmente la compra de vivienda), así que dentro de lo que cabe, el gobierno hizo lo que pudo: contuvo el gasto, llenó la hucha cerdito para gastar cuando frenara la economía, y fue liberalizando y retocando detalles en los márgenes de la economía, caso de la -tímida- reforma laboral.
Una vez las cosas se tuercen, un gobierno democrático puede y debe explicarse bien. Debe contar al electorado que las cosas van a peor, que el gobierno tiene un control limitado sobre el asunto, y que tocará hacer cambios y apretarse el cinturón. También debe señalar que entiende las penurias de muchos, y que las medidas van a estar ahí sobre la mesa para cubrir las espaldas a aquellos que no lo están pasando bien con medidas concretas que ayuden a soportar las duras reformas que nos vemos obligados a aplicar para salir de la crisis.
Esto lo han dicho, con variaciones, otros gobiernos socialistas; la reconversión industrial o la crisis del 93 se superaron con crujir de dientes y sudores fríos, pero con un lenguaje claro de "confiad en mí, hay luz al final del túnel". En este caso, sin embargo... pues más bien no. El gobierno ha entrado en esto tarde, mal y a rastras.
Predecir el pasado es muy sencillo, eso está claro, pero me temo que el gobierno se equivocó al no convocar elecciones en octubre. Las cosas iban bien, y el cambio se hubiera percibido como un alegre órdago electoralista barato, pero parece relativamente claro que hubieran ganado igual. Eso se hubiera traducido que en vez de estar con un lenguaje triunfalista hasta marzo de este año, el gobierno podría haber estado advirtiendo de la crisis que venía con más tiempo, y no tener que hacer la danza del eufemismo en tres meses, como lo ha hecho ahora.
¿Está siendo el gobierno "pasivo"? La verdad, creo que no. Está haciendo lo que puede. La crisis está creando problemas complicados en todas partes; no se puede estimular la economía demasiado debido a la inflación, y el aumento del coste de las materias primas está totalmente fuera del control de todos los gobiernos del mundo. El gobierno, dentro de lo que cabe, hizo los deberes y se preparó relativamente bien. El problema es que el cambio de discurso desde marzo -cuando ya se veía que la cosa no pintaba bien ni de broma- hasta ahora ha sido tremendo, y eso hace que la credibilidad de cualquier equipo económico caiga en picado.
La verdad que aunque esperaba un ajuste considerable de la construcción en España, no me imaginé que las restricciones de crédito la hicieran tan inmediata, y que el petróleo se disparara al mismo tiempo, cuando la mayor parte de las economías avanzadas se estancaban. La cosa será dolorosa; a un problema cierto (la burbuja inmobiliaria) se la han añadido dos imprevistos, haciendo que el ajuste sea mucho más rápido en la construcción, y la recuperación mucho más lenta debido al ajuste de los precios.
martes, junio 24, 2008
El problema de las subvenciones a la vivienda
Paul Krugman hablaba ayer de uno de las políticas públicas que contribuyeron de forma clave a la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, la enorme cantidad de subvenciones fiscales más o menos descaradas que el gobierno americano da a quienes compran una casa. El hecho que el gobierno federal permita desgravar en el impuesto de la renta los pagos de intereses de una hipoteca hace que el comprar una casa sea más atractivo en comparación al alquiler. La retórica política americana está obsesionada que el "sueño americano" incluye ser propietario de una casita y un terruño, así que el congreso y presidente no dudan en regar a los compradores de ayudas.
No hace falta decir que esto además de ser patéticamente regresivo (la gente de renta baja no compra casas, así que nunca desgravará un duro por hipotecas), es de hecho una distorsión grave del mercado de vivienda, e incluso del mercado de trabajo. Como ha comentado gente más lista que yo a menudo, comprar una casa es a menudo una decisión irracional: cuesta más dinero, limita tus opciones a medio plazo de movilidad laboral, es una inversión arriesgada (¿quién dijo que los precios no bajaban nunca, por cierto?) y tiene poco sentido en muchos casos.
Cuando el estado anda subvencionando un tipo de comportamiento económico que no es el más racional en todos los casos, esto genera problemas. Por ejemplo, demasiada gente quiere ser propietaria, creando un exceso de demanda. Los precios pueden subir más, ya que el estado se está tragando una parte del coste. Más gente invierte en ladrillo, ya que el estado paga parte de mis intereses. El alquilar se encarece, ya que hay menos recursos y ayudas en ese mercado. Y, curiosamente, todo esto tiende a favorecer la aparación de burbujas inmobiliarias, especialmente en épocas con tipos de interés escandalosamente bajos.
No hace falta que diga que todo lo que dice Krugman es aplicable, con muy pocos cambios, al mercado inmobiliario español. Y no hace falta que diga que ahora es un poco demasiado tarde para eliminar todas estas ayudas, con el mercado completamente moribundo. Para evitar disgustos futuros, sin embargo, más que ayudas al alquiler lo que debería estar en la agenda del gobierno es eliminar la miriada de desgravaciones que abaratan la compra de casas. Políticamente costoso, pero económicamente necesario.
No hace falta decir que esto además de ser patéticamente regresivo (la gente de renta baja no compra casas, así que nunca desgravará un duro por hipotecas), es de hecho una distorsión grave del mercado de vivienda, e incluso del mercado de trabajo. Como ha comentado gente más lista que yo a menudo, comprar una casa es a menudo una decisión irracional: cuesta más dinero, limita tus opciones a medio plazo de movilidad laboral, es una inversión arriesgada (¿quién dijo que los precios no bajaban nunca, por cierto?) y tiene poco sentido en muchos casos.
Cuando el estado anda subvencionando un tipo de comportamiento económico que no es el más racional en todos los casos, esto genera problemas. Por ejemplo, demasiada gente quiere ser propietaria, creando un exceso de demanda. Los precios pueden subir más, ya que el estado se está tragando una parte del coste. Más gente invierte en ladrillo, ya que el estado paga parte de mis intereses. El alquilar se encarece, ya que hay menos recursos y ayudas en ese mercado. Y, curiosamente, todo esto tiende a favorecer la aparación de burbujas inmobiliarias, especialmente en épocas con tipos de interés escandalosamente bajos.
No hace falta que diga que todo lo que dice Krugman es aplicable, con muy pocos cambios, al mercado inmobiliario español. Y no hace falta que diga que ahora es un poco demasiado tarde para eliminar todas estas ayudas, con el mercado completamente moribundo. Para evitar disgustos futuros, sin embargo, más que ayudas al alquiler lo que debería estar en la agenda del gobierno es eliminar la miriada de desgravaciones que abaratan la compra de casas. Políticamente costoso, pero económicamente necesario.
martes, junio 10, 2008
Gobiernos respondiendo a huelgas
Para un gobierno, una huelga como la de los transportistas es lo más cercano a una pesadilla. Tienen una minoría que está dedicándose a hacer la vida imposible a todo el mundo y generando unos costes brutales a la economía en general. La tentación de ceder y sacarse del problema de encima es considerable; crear un paquete generoso de medidas bien ofuscadas es relativamente sencillo, y uno puede poner cara de estadista conciliador mientras te bajas los pantalones sin que se note.
Por otro lado, sin embargo, los transportistas están básicamente usando el chantaje como método de protesta; básicamente es un secuestro con rehenes. A ningún político le gusta que le obliguen a hacer cosas, y lo cierto es que lo último que un ministro quiere dar es la sensación que ceden ante estas situaciones. Si encima el origen del problema es completamente externo y la protesta es ligeramente absurda.
El gobierno puede ponerse inflexible, empezando una guerra de desgaste con los huelguistas. El conflicto entonces se convierte en un a ver quien se baja del burro primero: los transportistas, que empiezan a quedarse sin dinero en el banco y tienen deserciones en sus filas, o el gobierno que se queda sin el apoyo de la opinión pública.
Si uno mira quién está participando en la huelga, quién la apoya y qué fuerza tienen en el sector, parece relativamente obvio que el gobierno puede optar por ser inflexible. Una minoría de los transportistas están haciendo ruido; el equipo de comunicación del ejecutivo en bloque debería estar en todas partes de forma incesante explicando cláramente que un grupo de lunáticos malcriados está jodiendo al personal alegremente. La reacción de Zapatero, sin embargo, ha sido ese extraño acto reflejo del talante; se puede negociar, se debe negociar, y se pueden adoptar medidas.
La verdad, no lo acabo de entender. Es posible que el sector del transporte necesite ser regulado de forma distinta (el monopsomio que comentaba ayer), pero un gobierno no debería sentarse en la mesa a hablar de estas cosas con una huelga en las calles. Con un sector del transporte tan dividido, me parece (puede que algo se me escape, no estoy seguro) que el gobierno podría ser un poco más agresivo. Si la huelga sigue durante un par de días más, estoy bastante seguro que las imágenes de policías enfrentándose a huelguistas favorecerán más al gobierno que a los camioneros. Siempre que se vaya con cierto cuidado para evitar que todo el sector se ponga en huelga, no es un conflicto que el gobierno pueda perder.
De hecho, esta huelga no es tanto camioneros contra el gobierno sino un cierto subgrupo de camioneros (autónomos) contra otra grupo dentro del sector (ciertas empresas de transporte). El gobierno está siendo forzado a ejercer de mediador entre dos partes, con una de las dos partes echando la culpa al ejecutivo de males que no tienen nada que ver con el conflicto real. No voy a proponer reformas específicas de un sector del que no tengo números exactos, pero me parece que más que hablar de precios de gasoil, deberían andar todos hablando de contratos y niveles de concentración en el sector. A largo plazo, el petroleo seguirá subiendo; las reformas tienen que ser estructurales, no fiscales.
Aún así, debemos recordar que los camiones son el peor de los transportes posibles (dejando de lado aviones) para mercancias desde un punto de vista de eficiencia energética. No tiene demasiado sentido premiarlos con un mejor tratamiento impositivo, la verdad.
Nota al margen: ¿por qué tan poca gente en RP está hablando sobre esto?
Por otro lado, sin embargo, los transportistas están básicamente usando el chantaje como método de protesta; básicamente es un secuestro con rehenes. A ningún político le gusta que le obliguen a hacer cosas, y lo cierto es que lo último que un ministro quiere dar es la sensación que ceden ante estas situaciones. Si encima el origen del problema es completamente externo y la protesta es ligeramente absurda.
El gobierno puede ponerse inflexible, empezando una guerra de desgaste con los huelguistas. El conflicto entonces se convierte en un a ver quien se baja del burro primero: los transportistas, que empiezan a quedarse sin dinero en el banco y tienen deserciones en sus filas, o el gobierno que se queda sin el apoyo de la opinión pública.
Si uno mira quién está participando en la huelga, quién la apoya y qué fuerza tienen en el sector, parece relativamente obvio que el gobierno puede optar por ser inflexible. Una minoría de los transportistas están haciendo ruido; el equipo de comunicación del ejecutivo en bloque debería estar en todas partes de forma incesante explicando cláramente que un grupo de lunáticos malcriados está jodiendo al personal alegremente. La reacción de Zapatero, sin embargo, ha sido ese extraño acto reflejo del talante; se puede negociar, se debe negociar, y se pueden adoptar medidas.
La verdad, no lo acabo de entender. Es posible que el sector del transporte necesite ser regulado de forma distinta (el monopsomio que comentaba ayer), pero un gobierno no debería sentarse en la mesa a hablar de estas cosas con una huelga en las calles. Con un sector del transporte tan dividido, me parece (puede que algo se me escape, no estoy seguro) que el gobierno podría ser un poco más agresivo. Si la huelga sigue durante un par de días más, estoy bastante seguro que las imágenes de policías enfrentándose a huelguistas favorecerán más al gobierno que a los camioneros. Siempre que se vaya con cierto cuidado para evitar que todo el sector se ponga en huelga, no es un conflicto que el gobierno pueda perder.
De hecho, esta huelga no es tanto camioneros contra el gobierno sino un cierto subgrupo de camioneros (autónomos) contra otra grupo dentro del sector (ciertas empresas de transporte). El gobierno está siendo forzado a ejercer de mediador entre dos partes, con una de las dos partes echando la culpa al ejecutivo de males que no tienen nada que ver con el conflicto real. No voy a proponer reformas específicas de un sector del que no tengo números exactos, pero me parece que más que hablar de precios de gasoil, deberían andar todos hablando de contratos y niveles de concentración en el sector. A largo plazo, el petroleo seguirá subiendo; las reformas tienen que ser estructurales, no fiscales.
Aún así, debemos recordar que los camiones son el peor de los transportes posibles (dejando de lado aviones) para mercancias desde un punto de vista de eficiencia energética. No tiene demasiado sentido premiarlos con un mejor tratamiento impositivo, la verdad.
Nota al margen: ¿por qué tan poca gente en RP está hablando sobre esto?
lunes, junio 09, 2008
Ya de vuelta: notas rápidas
Después de un -estupendo- fin de semana en que nos hemos tragado 1.600 Km conduciendo a través de tres estados (y sólo tres estados; este país es ridículamente grande) unas notas rápidas sobre algunas cosas que merecen comentario:
1. Huelga de transportistas: ya les vale. El precio del petroleo está subiendo para todo el mundo, no sólo para los camioneros. Sí, es su principal coste, y sí, el mercado está tan atomizado que eso complica mucho subir precios. Precisamente por eso el sector de transporte por carretera es tan competitivo comparado con otros medios de transporte; es un mercado que funciona bien.
¿Significa que no debe ser regulado, y que el gobierno debe chuparse la huelga y listos? Sí y no. No creo que el gobierno deba dar concesiones bajo presión, pero puede que valga la pena revisar algunas cosas, ya que este mercado me parece que tiene un cierto problema de monopolio de la demanda, no de la oferta. El equivalente más cercano sería el mercado laboral; expliqué por qué era un monopsomio y cierta regulación tiene sentido. No digo que en el caso de los camioneros esto se produzca, pero valdría la pena estudiarlo. En caso que así sea, la asimetria de poder de negociación merecería cierta regulación, y cosas como precios mínimos (una especie de convenio colectivo o salario mínimo) quizás tuvieran sentido. Sólo quizás.
2. Costa es un cagado: parece que Costa no tiene ganas de ejercer de kamikaze contra Rajoy; no quiere salir a perder por otros. La bola de nieve no ha creado una avalancha, al menos de momento. No me extrañaría que ahora que dice que no reciba más apoyos y gente animándole en privado de críticos aún en el armario, y el ciclo no muera del todo. Si Esperanza Aguirre quiere guerra, que sacrifique uno de los suyos.
3. La química os hará justos: manipular la química del cerebro hace a a la gente más altruista... o menos. Hay una circuitería compartida que nos hace generosos, pero parece se la puede inducir al cortocircuito con brebajes raros. Curioso.
4. Cumpliendo con el ritual, declaro que este año España puede ganar la Eurocopa. En un par de semanas, cumpliendo con el ritual, declararé lo patéticos que somos.
1. Huelga de transportistas: ya les vale. El precio del petroleo está subiendo para todo el mundo, no sólo para los camioneros. Sí, es su principal coste, y sí, el mercado está tan atomizado que eso complica mucho subir precios. Precisamente por eso el sector de transporte por carretera es tan competitivo comparado con otros medios de transporte; es un mercado que funciona bien.
¿Significa que no debe ser regulado, y que el gobierno debe chuparse la huelga y listos? Sí y no. No creo que el gobierno deba dar concesiones bajo presión, pero puede que valga la pena revisar algunas cosas, ya que este mercado me parece que tiene un cierto problema de monopolio de la demanda, no de la oferta. El equivalente más cercano sería el mercado laboral; expliqué por qué era un monopsomio y cierta regulación tiene sentido. No digo que en el caso de los camioneros esto se produzca, pero valdría la pena estudiarlo. En caso que así sea, la asimetria de poder de negociación merecería cierta regulación, y cosas como precios mínimos (una especie de convenio colectivo o salario mínimo) quizás tuvieran sentido. Sólo quizás.
2. Costa es un cagado: parece que Costa no tiene ganas de ejercer de kamikaze contra Rajoy; no quiere salir a perder por otros. La bola de nieve no ha creado una avalancha, al menos de momento. No me extrañaría que ahora que dice que no reciba más apoyos y gente animándole en privado de críticos aún en el armario, y el ciclo no muera del todo. Si Esperanza Aguirre quiere guerra, que sacrifique uno de los suyos.
3. La química os hará justos: manipular la química del cerebro hace a a la gente más altruista... o menos. Hay una circuitería compartida que nos hace generosos, pero parece se la puede inducir al cortocircuito con brebajes raros. Curioso.
4. Cumpliendo con el ritual, declaro que este año España puede ganar la Eurocopa. En un par de semanas, cumpliendo con el ritual, declararé lo patéticos que somos.
martes, mayo 27, 2008
Hora de (no) ajustar el modelo
Parece que la estupidez fiscal al hablar sobre hidrocarburos es contagiosa. Eso, o Sarkozy no es más que un populista de derechas como cualquier otro, algo que por otro lado no debería sorprender a nadie. Con los pescadores y transportistas franceses hablando de ejercer esa tradición tan gala de colapsar el país con saña y gusto para protestar por el precio del gasóleo, el presidente Bling-Bling ha sugerido bajar el IVA europeo sobre este combustible.
Cuando Hillary y McCain propusieron una medida similar en Estados Unidos ya dije que era una estupidez. Lo sigue siendo cuando se traslada esta idea a Europa. Sí, los carburantes están cargados de impuestos en el viejo continente, pero eso es de hecho una buena idea, ya que evita subvencionar actividades poco eficientes.
Evidentemente, Sarkozy es lo suficiente cínico para echar la piedra y esconder la mano. Al hablar de IVA europeo, cualquier "fracaso" de su idea de reducción fiscal es culpa de Bruselas, no suya. Después algunos se preguntan por qué los franceses no aguantan a sus políticos.
A todo esto, el agravio comparativo que mencionan los pescadores y transportistas no lo es tanto. Sí, los autobuses acaban recuperando muchos de estos impuestos. Sin embargo, ya que hablamos de consumo y eficiencia energética, los autobuses son muy eficientes en comparación a otras alternativas prácticas (básicamente, el coche privado); es natural que se intente primar fiscalmente su uso. Los camiones son mucho menos eficientes que otras alternativas (ferrocarriles), así que tratar de penalizar su uso es una buena idea. Es todo cuestión de hacer que los costes reales del uso de combustible se paguen como deben.
Cuando Hillary y McCain propusieron una medida similar en Estados Unidos ya dije que era una estupidez. Lo sigue siendo cuando se traslada esta idea a Europa. Sí, los carburantes están cargados de impuestos en el viejo continente, pero eso es de hecho una buena idea, ya que evita subvencionar actividades poco eficientes.
Evidentemente, Sarkozy es lo suficiente cínico para echar la piedra y esconder la mano. Al hablar de IVA europeo, cualquier "fracaso" de su idea de reducción fiscal es culpa de Bruselas, no suya. Después algunos se preguntan por qué los franceses no aguantan a sus políticos.
A todo esto, el agravio comparativo que mencionan los pescadores y transportistas no lo es tanto. Sí, los autobuses acaban recuperando muchos de estos impuestos. Sin embargo, ya que hablamos de consumo y eficiencia energética, los autobuses son muy eficientes en comparación a otras alternativas prácticas (básicamente, el coche privado); es natural que se intente primar fiscalmente su uso. Los camiones son mucho menos eficientes que otras alternativas (ferrocarriles), así que tratar de penalizar su uso es una buena idea. Es todo cuestión de hacer que los costes reales del uso de combustible se paguen como deben.
miércoles, mayo 21, 2008
Adios al primer gran aeropuerto
Se llama Tempelhof, y fue el primero de los grandes aeropuertos del mundo. El edificio actual, finalizado en 1941, fue en su día el mayor edificio de Europa. Es uno de los raros casos en que los nazis construyeron algo que aparte de megalítico, era útil y ciertamente bonito. Tras varios años de agonía, el ahora pequeño aeródromo cerrará definitivamente sus puertas en noviembre.
El New York Times le dedica hoy un triste, fascinante artículo a este edificio emblemático, que como todo en la capital alemana ha tenido una historia accidentada. Fue la terminal del puente aéreo de Berlín cuando los soviéticos bloquearon la ciudad en 1948, escenario de la guerra, y probablemente uno de los edificios menos conocidos y más influyentes de los últimos 70 años.
Para todos los frikis del transporte, un pequeño icono del siglo pasado se apaga.
El New York Times le dedica hoy un triste, fascinante artículo a este edificio emblemático, que como todo en la capital alemana ha tenido una historia accidentada. Fue la terminal del puente aéreo de Berlín cuando los soviéticos bloquearon la ciudad en 1948, escenario de la guerra, y probablemente uno de los edificios menos conocidos y más influyentes de los últimos 70 años.
Para todos los frikis del transporte, un pequeño icono del siglo pasado se apaga.
domingo, mayo 11, 2008
Disfrutando de vuestra subvención
Hace un par de semanas que vivo de subvenciones a costa de otros. Tras un (más bien poco) ardúo analisis económico, he descubierto varios trucos fácilmente accesibles que me permiten vivir a costa de otros. Mis esquemas son todos perfectamente legales, así que no corro ningún riesgo. Aún así, soy capaz de hurtar cientos de dólares al día a multitud de terceros, sin que nadie pueda hacer nada para impedirlo.
Hola, me llamo Egócrata y conduzco en mi Mazda3 125 Km cada día para ir y volver del trabajo.
La verdad, es un esquema estupendo. Para empezar, pago un precio ridículo por el carburante que utilizo. Gracias a la estupidez / generosidad del gobierno americano, apenas pago 18 céntimos por galón en impuestos al llenar el depósito (Connecticut casca unos céntimos más; nada excesivo). Este dinero es utilizado integramente para pagar por la construcción de carreteras, y lo cierto es que no alcanza para todo; el resto de contribuyentes cubren el gasto sin problema. De corazón, os lo agradezco.
Evidentemente, ese no es el único coste; mi coche emite una cantidad modesta, aunque nada trivial, de pura mierda asesina a la atmósfera. Esos días asquerosos con una neblina opresiva debido a la contaminación podéis ver mi trabajo. Los efectos secundarios de toda esa basura son amplios y notorios; estoy cambiando el clima, matando viejecitos con asma y haciendo que los niños tosan. Me tendrían que multar para pagar por limpiar toda esa mugre, pero nadie lo hace. Joderos bien.
Y no se vayan todavía, aún hay más. El coche lo aparco en la calle. No pago un duro por ella, así que todos esos pringados contribuyentes que están cubriendo con ese gasto: gracias. En Hartford el coche está en un garaje que ocupa un espacio maravillosamente improductivo en el centro de la ciudad. Imaginad todo lo que ese solar podría hacer y no hace, porque un grupo de chupópteros estamos pagando cuatro perras para dejar nuestro emisor personal de mugre.
Por descontado, mi mera presencia en la autopista es un coste para todo el resto de conductores. El hecho que ande con mi cochecito en una infraestructura saturada, incrementando el colapso, hace que todo el mundo gaste un segundo o dos más para llegar al trabajo. Pongamos 300 ó 400 tipos, cada día destruyo 10 o 15 minutos de sueño al mundo. Soy así de molesto.
Además de todas estas subvenciones, el coche y su uso me permiten tomar una serie de decisiones profundamente ineficientes, que no estoy pagando gracias a la colaboración de todos. La primera, y más obvia, el vivir absurdamente lejos de mi lugar de trabajo. ¿Ese modelo urbanístico horrendo, todo disperso? Entre todos nos lo estaís pagando. No hay ni gota de densidad que hagan el transporte público razonable, y la verdad, no quiero gastar una hora o más adicional cada día para ahorraros a vosotros algo de energía. Sería absurdo, ya que todos andáis pagando. Y la verdad, tampoco es que haya alternativa en este aspecto. Obviamente, con todo subvencionando los coches, no queda dinero ni demanda para el transporte colectivo.
Aquí va el más profundo de mis agradecimientos a todos. En Europa ya pagáis para otros no tengamos que hacerlo.

¿Suena ridículo, verdad? Esto es lo que sucede cuando uno no paga el coste real de sus acciones. Mi decisión de conducir es perfectamente racional (básicamente porque no hay otra forma de hacer el trayecto en transporte público con un horario razonable) por la sencilla razón que no estoy pagando el coste real de mis acciones: las externalidades no las pago yo. Esto crea un mercado de transporte profundamente ineficiente, ya que los precios pagados no equivalen a los precios reales, así que la demanda de automóviles está muy por encima de lo que debería ser.
Un sistema de transporte razonable debería tener en cuenta estas cosas, añadiendo precios reales a todos los costes. Eso se traduce en algo tan simple como cobrar los brutales impuestos de hidrocarburos que se cobran en Europa (que deberían ser aún más altos), pero también en cosas menos extendidas como peajes para entrar en ciudades, precios variables según demanda para aparcar, los costes reales al edificar con densidades bajas, y cualquier otra tarifa eficaz y realista que se os ocurra. Cuando los precios cambian, la gente responde; no es nada misterioso.
Subvencionamos parte de los costes de los transportes públicos por buenos motivos: sus externalidades son positivas, no negativas. Usan menos energía, crean distribuciones de población más eficientes, tienen un precio por plaza menor y reducen la congestión al vaciar carreteras. Deberíamos asegurar que el privilegio de disfrutar de la comodidad de un cacharro metálico sucio y egoista de 1.500 Kg cubra sus costes reales, y sea realmente caro.
Hola, me llamo Egócrata y conduzco en mi Mazda3 125 Km cada día para ir y volver del trabajo.
La verdad, es un esquema estupendo. Para empezar, pago un precio ridículo por el carburante que utilizo. Gracias a la estupidez / generosidad del gobierno americano, apenas pago 18 céntimos por galón en impuestos al llenar el depósito (Connecticut casca unos céntimos más; nada excesivo). Este dinero es utilizado integramente para pagar por la construcción de carreteras, y lo cierto es que no alcanza para todo; el resto de contribuyentes cubren el gasto sin problema. De corazón, os lo agradezco.
Evidentemente, ese no es el único coste; mi coche emite una cantidad modesta, aunque nada trivial, de pura mierda asesina a la atmósfera. Esos días asquerosos con una neblina opresiva debido a la contaminación podéis ver mi trabajo. Los efectos secundarios de toda esa basura son amplios y notorios; estoy cambiando el clima, matando viejecitos con asma y haciendo que los niños tosan. Me tendrían que multar para pagar por limpiar toda esa mugre, pero nadie lo hace. Joderos bien.
Y no se vayan todavía, aún hay más. El coche lo aparco en la calle. No pago un duro por ella, así que todos esos pringados contribuyentes que están cubriendo con ese gasto: gracias. En Hartford el coche está en un garaje que ocupa un espacio maravillosamente improductivo en el centro de la ciudad. Imaginad todo lo que ese solar podría hacer y no hace, porque un grupo de chupópteros estamos pagando cuatro perras para dejar nuestro emisor personal de mugre.
Por descontado, mi mera presencia en la autopista es un coste para todo el resto de conductores. El hecho que ande con mi cochecito en una infraestructura saturada, incrementando el colapso, hace que todo el mundo gaste un segundo o dos más para llegar al trabajo. Pongamos 300 ó 400 tipos, cada día destruyo 10 o 15 minutos de sueño al mundo. Soy así de molesto.
Además de todas estas subvenciones, el coche y su uso me permiten tomar una serie de decisiones profundamente ineficientes, que no estoy pagando gracias a la colaboración de todos. La primera, y más obvia, el vivir absurdamente lejos de mi lugar de trabajo. ¿Ese modelo urbanístico horrendo, todo disperso? Entre todos nos lo estaís pagando. No hay ni gota de densidad que hagan el transporte público razonable, y la verdad, no quiero gastar una hora o más adicional cada día para ahorraros a vosotros algo de energía. Sería absurdo, ya que todos andáis pagando. Y la verdad, tampoco es que haya alternativa en este aspecto. Obviamente, con todo subvencionando los coches, no queda dinero ni demanda para el transporte colectivo.
Aquí va el más profundo de mis agradecimientos a todos. En Europa ya pagáis para otros no tengamos que hacerlo.

¿Suena ridículo, verdad? Esto es lo que sucede cuando uno no paga el coste real de sus acciones. Mi decisión de conducir es perfectamente racional (básicamente porque no hay otra forma de hacer el trayecto en transporte público con un horario razonable) por la sencilla razón que no estoy pagando el coste real de mis acciones: las externalidades no las pago yo. Esto crea un mercado de transporte profundamente ineficiente, ya que los precios pagados no equivalen a los precios reales, así que la demanda de automóviles está muy por encima de lo que debería ser.
Un sistema de transporte razonable debería tener en cuenta estas cosas, añadiendo precios reales a todos los costes. Eso se traduce en algo tan simple como cobrar los brutales impuestos de hidrocarburos que se cobran en Europa (que deberían ser aún más altos), pero también en cosas menos extendidas como peajes para entrar en ciudades, precios variables según demanda para aparcar, los costes reales al edificar con densidades bajas, y cualquier otra tarifa eficaz y realista que se os ocurra. Cuando los precios cambian, la gente responde; no es nada misterioso.
Subvencionamos parte de los costes de los transportes públicos por buenos motivos: sus externalidades son positivas, no negativas. Usan menos energía, crean distribuciones de población más eficientes, tienen un precio por plaza menor y reducen la congestión al vaciar carreteras. Deberíamos asegurar que el privilegio de disfrutar de la comodidad de un cacharro metálico sucio y egoista de 1.500 Kg cubra sus costes reales, y sea realmente caro.
jueves, abril 24, 2008
El desastre de las agencias de calificación
Son esa santísima trinidad de empresas privadas que se dedican a decir si los bonos que emite alguien son buenos o no. Moody´s, Standard & Poor´s y Fitch, las tres agencias de calificación de deuda en los mercados financieros internacionales, han tenido mucho que ver con la crisis financiera americana, merced de sus prácticas dudosas y una (des)regulación de los mercados complementamente enloquecida.
Si queréis saber más sobre el papel de estas antaño aburridas instituciones, vale la pena echarle una ojeada al largo, detallado y revelador artículo del NYT que saldrá este fin de semana. Es muy claro, está muy bien escrito y es tremendamente accesible. Muy, muy, muy recomendable.
Sí, está en inglés. Pero oye, no voy a traducir a estas alturas.
Si queréis saber más sobre el papel de estas antaño aburridas instituciones, vale la pena echarle una ojeada al largo, detallado y revelador artículo del NYT que saldrá este fin de semana. Es muy claro, está muy bien escrito y es tremendamente accesible. Muy, muy, muy recomendable.
Sí, está en inglés. Pero oye, no voy a traducir a estas alturas.
sábado, abril 19, 2008
Medidas para la crisis: un buen principio
El gobierno empezó ayer a aprobar una batería de medidas para afrontar la crisis económica. No he tenido la oportunidad de ir más allá de lo que dice la prensa en este aspecto, así que no me he podido meter en detalles, pero lo que he leído en general me parecen bastante acertadas.
Para empezar, es agresivo: estamos hablando de un estímulo fiscal que es sobre un 1,5% del PIB, comiéndose todo el superávit que el estado había puesto en los libros estos últimos años. Es un empujón con todas las letras, anticíclico y muy neokeynesiano; en ese aspecto hay poco que criticar. Vale la pena echar un vistazo a dónde va ir todo ese dinero, de todos modos.
Los problemas de la economía española en este momento son pocos, pero relativamente serios: el primero, el final de la burbuja inmobiliaria. A todos esos que se quejaban del precio de la vivienda, sus plegarias han sido escuchadas, y los precios están finalmente bajando. Eso ha creado un problema relativamente serio a todos los pardillos que compraban pensando que el precio no bajaría nunca, y a todos esos entusiastas promotores e inversores que creían que la mejor forma de hacerse rico era contruyendo barracas por todo el país.
Estos dos grupos de listillos van a perder un montón de dinero, evidentemente. Es justo y necesario, por capullos. El trabajo del gobierno es que la torta descomunal de todos estos alegres capitalistas haga el menor daño posible a la economía en general, asegurando, no obstante, que si eres de los que has hecho el mandril pierdas hasta la camisa, por iluminado.
El primer efecto de un frenazo inmobiliario que debemos tener en cuenta es su efecto sobre el sistema financiero; más que cualquier otro sector, el ladrillo vive de la hipoteca y la deuda para sobrevivir. Los bancos van empezar a tener en sus cuentas todos esos pisos que fueron comprados como inversión y que se han convertido en un lastre cuando el precio ha bajado; el propietario no va a vivir en el chiringuito y está perdiendo dinero, así que la hipoteca le trae al pairo, y el banco no puede hacer nada con la casa, porque el mercado está muy muerto.
Al dar la oportunidad de alargar los plazos de las hipotecas, el gobierno está básicamente reduciendo el coste de cargar con un pago de un vivienda a corto plazo, a cambio de hacer la deuda más rentable a largo. Para los propietarios no especuladores, es un buen negocio si estaban en problemas; pueden pagar más fácilmente. Para quien tenía la casa como inversión y pretendía venderla, le permite escoger entre si quiere perder mucho dinero ahora (vendiendo a saldo) o mucho a largo plazo (chupándose un piso vacio hasta que pueda sacárselo de encima sin ahogarse); haga lo que haga pierde pasta, pero al menos le puede dar otra salida. El mercado se llena menos de viviendas en venta (moderando la caída de precios), los bancos tienen menos créditos impagados, y el estado está ayudando a quien quiere la casa y dejando que quien especulara escoja perder dinero haciendo menos ruido.
Para complementar este cambio, otra buena idea es incentivar las rehabilitaciones. Hay una oferta excesiva de viviendas, así que los precios están bajando. Hemos vistos que esto es malo; trabajar para que las casas en venta tengan más valor es siempre una buena idea, y las rehabilitaciones consiguen eso.
Evidentemente, el hecho que se venden menos casas hace que se tengan que construir menos, así que todos esos recursos que andaban por ese sector tienen que ir a otra parte. Aquí hay dos medidas, una que me parece buena idea, y la otra que no lo es tanto. La buena es acelerar la obra pública; tirar carreteras y trenes a destajo. Eso emplea a gente, crea un efecto multiplicador importante al disminuir costes para todo la economía, y además es más que bienvenido en muchas partes: hay bastantes regiones con importantes cuellos de botella en sus infraestructuras, así que es contruir puentes a ninguna parte precisamente.
La idea que no acabo de entender es la vivienda protegida. Hemos tenido un exceso de oferta galopante, y los precios están sobrevalorados, pero bajando de forma natural. Poner más vivienda subsidiada sólo acelerará la caída (malo), aunque salve el curro de algunos albañiles en el proceso. Supongo que hay algún detalle que se me escapa. Nunca he acabado de entender por qué el estado tiene que construir vivienda privada (no es un bien público, así que ¿para qué?), pero eso es otra cuestión.
El otro lado de la crisis es el derivado del ataque de sudores fríos de la bancos al ver que se pueden comer un montón de deudas malas. Estas deudas son preocupantes hasta cierto punto; en el lado de los bancos sí generan crujir de dientes, en el de las cajas, este temor no es tan urgente al ser para-públicas. En ambos casos, sin embargo, tener números rojos en tu hoja de balances te hace ser un poco más cauto al repartir dinero, así que el sistema financiero, en agregado, duda más al dar créditos. La respuesta del gobierno es reducir los riesgos de las entidades financieras, haciendo que el estado pueda avalar esos créditos, facilitando la inversión para las empresas. Lo último que queremos es que las dudas financieras creen una falta de liquidez.Un banco en apuros es un problema para todos; es buena idea minimizar ese riesgo.
Las medidas para proteger a personas son más clásicas y fáciles de entender. Todo lo que sea ayudar a quien pierde el trabajo a encontrar otra cosa es bueno. El bajar impuestos es relativamente bueno; no brillante, pero si aceptable.
¿Será la cosa durilla? Sí, pero no creo que sea dramática. La construcción de viviendas es una parte significativa del PIB en España (un 9,3%), algo que tiene que reducirse tras tantos años de sobreinversión. Aún así, la reducción no tiene por qué ser dramática; a fin de cuentas la población española sigue creciendo a buen ritmo, hay demanda externa (la Florida de Europa, ya se sabe) y parece que todo el mundo sigue con su alergia a alquilar de siempre (sigh). Un recorte de tres puntos es previsible, y puede ser amortiguado a medio plazo gracias a un uso inteligente del gasto público mientras la economía es llevaba a rastras hacia un equilibrio más razonable.
En contra de lo que dicen algunos catastrofistas, no es una crisis demasiado inusual, y desde luego no es algo nunca visto en España. No es la primera burbuja inmobiliaria. Sí, es más grande que las anteriores, pero la banca goza de mejor salud, la moneda es bastante más fuerte y partimos de un nivel de paro y población activa infinitamente más favorable, con una economía mucho más diversificada.
Y oye, con la productividad tan patética que gastamos ahora, aumentarla será fácil. Y no, el aumento de la productividad no destruye empleo, como dicen algunos luditas. Pero eso es para otro día.
Para empezar, es agresivo: estamos hablando de un estímulo fiscal que es sobre un 1,5% del PIB, comiéndose todo el superávit que el estado había puesto en los libros estos últimos años. Es un empujón con todas las letras, anticíclico y muy neokeynesiano; en ese aspecto hay poco que criticar. Vale la pena echar un vistazo a dónde va ir todo ese dinero, de todos modos.
Los problemas de la economía española en este momento son pocos, pero relativamente serios: el primero, el final de la burbuja inmobiliaria. A todos esos que se quejaban del precio de la vivienda, sus plegarias han sido escuchadas, y los precios están finalmente bajando. Eso ha creado un problema relativamente serio a todos los pardillos que compraban pensando que el precio no bajaría nunca, y a todos esos entusiastas promotores e inversores que creían que la mejor forma de hacerse rico era contruyendo barracas por todo el país.
Estos dos grupos de listillos van a perder un montón de dinero, evidentemente. Es justo y necesario, por capullos. El trabajo del gobierno es que la torta descomunal de todos estos alegres capitalistas haga el menor daño posible a la economía en general, asegurando, no obstante, que si eres de los que has hecho el mandril pierdas hasta la camisa, por iluminado.
El primer efecto de un frenazo inmobiliario que debemos tener en cuenta es su efecto sobre el sistema financiero; más que cualquier otro sector, el ladrillo vive de la hipoteca y la deuda para sobrevivir. Los bancos van empezar a tener en sus cuentas todos esos pisos que fueron comprados como inversión y que se han convertido en un lastre cuando el precio ha bajado; el propietario no va a vivir en el chiringuito y está perdiendo dinero, así que la hipoteca le trae al pairo, y el banco no puede hacer nada con la casa, porque el mercado está muy muerto.
Al dar la oportunidad de alargar los plazos de las hipotecas, el gobierno está básicamente reduciendo el coste de cargar con un pago de un vivienda a corto plazo, a cambio de hacer la deuda más rentable a largo. Para los propietarios no especuladores, es un buen negocio si estaban en problemas; pueden pagar más fácilmente. Para quien tenía la casa como inversión y pretendía venderla, le permite escoger entre si quiere perder mucho dinero ahora (vendiendo a saldo) o mucho a largo plazo (chupándose un piso vacio hasta que pueda sacárselo de encima sin ahogarse); haga lo que haga pierde pasta, pero al menos le puede dar otra salida. El mercado se llena menos de viviendas en venta (moderando la caída de precios), los bancos tienen menos créditos impagados, y el estado está ayudando a quien quiere la casa y dejando que quien especulara escoja perder dinero haciendo menos ruido.
Para complementar este cambio, otra buena idea es incentivar las rehabilitaciones. Hay una oferta excesiva de viviendas, así que los precios están bajando. Hemos vistos que esto es malo; trabajar para que las casas en venta tengan más valor es siempre una buena idea, y las rehabilitaciones consiguen eso.
Evidentemente, el hecho que se venden menos casas hace que se tengan que construir menos, así que todos esos recursos que andaban por ese sector tienen que ir a otra parte. Aquí hay dos medidas, una que me parece buena idea, y la otra que no lo es tanto. La buena es acelerar la obra pública; tirar carreteras y trenes a destajo. Eso emplea a gente, crea un efecto multiplicador importante al disminuir costes para todo la economía, y además es más que bienvenido en muchas partes: hay bastantes regiones con importantes cuellos de botella en sus infraestructuras, así que es contruir puentes a ninguna parte precisamente.
La idea que no acabo de entender es la vivienda protegida. Hemos tenido un exceso de oferta galopante, y los precios están sobrevalorados, pero bajando de forma natural. Poner más vivienda subsidiada sólo acelerará la caída (malo), aunque salve el curro de algunos albañiles en el proceso. Supongo que hay algún detalle que se me escapa. Nunca he acabado de entender por qué el estado tiene que construir vivienda privada (no es un bien público, así que ¿para qué?), pero eso es otra cuestión.
El otro lado de la crisis es el derivado del ataque de sudores fríos de la bancos al ver que se pueden comer un montón de deudas malas. Estas deudas son preocupantes hasta cierto punto; en el lado de los bancos sí generan crujir de dientes, en el de las cajas, este temor no es tan urgente al ser para-públicas. En ambos casos, sin embargo, tener números rojos en tu hoja de balances te hace ser un poco más cauto al repartir dinero, así que el sistema financiero, en agregado, duda más al dar créditos. La respuesta del gobierno es reducir los riesgos de las entidades financieras, haciendo que el estado pueda avalar esos créditos, facilitando la inversión para las empresas. Lo último que queremos es que las dudas financieras creen una falta de liquidez.Un banco en apuros es un problema para todos; es buena idea minimizar ese riesgo.
Las medidas para proteger a personas son más clásicas y fáciles de entender. Todo lo que sea ayudar a quien pierde el trabajo a encontrar otra cosa es bueno. El bajar impuestos es relativamente bueno; no brillante, pero si aceptable.
¿Será la cosa durilla? Sí, pero no creo que sea dramática. La construcción de viviendas es una parte significativa del PIB en España (un 9,3%), algo que tiene que reducirse tras tantos años de sobreinversión. Aún así, la reducción no tiene por qué ser dramática; a fin de cuentas la población española sigue creciendo a buen ritmo, hay demanda externa (la Florida de Europa, ya se sabe) y parece que todo el mundo sigue con su alergia a alquilar de siempre (sigh). Un recorte de tres puntos es previsible, y puede ser amortiguado a medio plazo gracias a un uso inteligente del gasto público mientras la economía es llevaba a rastras hacia un equilibrio más razonable.
En contra de lo que dicen algunos catastrofistas, no es una crisis demasiado inusual, y desde luego no es algo nunca visto en España. No es la primera burbuja inmobiliaria. Sí, es más grande que las anteriores, pero la banca goza de mejor salud, la moneda es bastante más fuerte y partimos de un nivel de paro y población activa infinitamente más favorable, con una economía mucho más diversificada.
Y oye, con la productividad tan patética que gastamos ahora, aumentarla será fácil. Y no, el aumento de la productividad no destruye empleo, como dicen algunos luditas. Pero eso es para otro día.
jueves, febrero 07, 2008
Elecciones Estepaís (II): obviedades y chorradas
Una cuantas alegres notas aleatorias de buena mañana:
- El "contrato del inmigrante" de Rajoy es una chorrada electoralista como cualquier otra, especialmente viniendo de un partido presuntamente amigo de la libertad. Un contrato que obliga individuos a hacer cosas. Bien.
- Lo más ridículo, sin embargo, es que todo lo que está en el contrato es o bien chorradas de sentido común (aprender el idioma y buscar trabajo. En serio, ¿el inmigrante va a vivir del aire?) o bien cosas que ya están el los libros (cumplir la ley y respetar a los otros. Los españoles no lo hacen, ¿no?).
- Es una táctica electoral obvia, y sí, tiene tufo xenófobo. Está señalando todo un colectivo como elemento "de riesgo" que necesita ser vigilado; una especie de marca escarlata del departamento de precrimen y la oficina de protección de la verdadera esencia hispánica. El PP pretende que en campaña se hable de inmigración en esos términos, usando la misma técnica del espantajo que ha lanzado contra nacionalistas, homosexuales, gnomos de jardín y una larga serie de chorradas.
- Lo más triste es que si ignoramos esta propuesta (que repito, es atizar la obviedad en términos cuestionables) la política de inmigración del PP y del PSOE no son demasiado distintas. Rajoy en el gobierno también regularizó inmigrantes, etcétera. La política de los dos partidos son razonables, el lenguaje del PP no lo es.
- Entrando en la política no obvia, el PP hoy se pone a prometer arbolitos. Si el PSOE promete eso, las risotadas de FLJ y la jauria de adyacente hubieran sido de leyenda. A ver qué medios en ese lado dicen algo ahora.
- Para chorradas, la de ERC y sus absurdas condiciones sobre el túnel del AVE. Alguien les tiene que recordar a esos luditas que directamente por debajo de la Sagrada Familia pasan dos líneas de metro, que no hay ciudad en el mundo que limite sus túneles a 50 Km/h, y que las obras ya están licitándose, así que pueden hacer el pino que el túnel ya está en marcha. Túnel que aprobó CiU y el PP, por cierto, con ese mismo trazado, cuando eran alguien y mandaban. Después se quejan que el AVE va tarde.
jueves, diciembre 20, 2007
El absurdo del alquiler forzoso
La ley catalana de la vivienda tiene un montón de ideas cargadas de buenas intenciones, y un número de ideas casi idéntico que resultan ser más bien torpes y poco operativas. Es un ejemplo clásico de ley dedicada a solucionar los problemas de ayer con remedios de hace dos semanas, copiando lo que hacen otros sin demasiado criterio.
Para empezar, es singularmente tonto parir una ley de acceso a la vivienda precisamente cuando el mercado está arreglándote el problema solito: tras tantos años de excesos, la burbuja inmobiliaria ha estallado con ganas. De hecho los precios estan o estancados (y bajando en términos reales) o en descenso con todas las letras; el acceso a la vivienda se está haciendo más sencillo él solito.
La ley tiene dos ideas especialmente torpes. La primera es el interés en la vivienda protegida. El problema de los últimos años no ha sido la falta de oferta de vivienda; el ritmo de construcción ha sido desmesurado durante mucho tiempo. Los precios no estaban subiendo por falta de viviendas en el mercado, sino por que los tipos de interés reales eran negativos, inflando la demanda artificialmente. La única forma de limitar la subida de los precios de forma efectiva era sencillamente hacer la inversión en vivienda menos rentable; no hace falta ser demasiado brillante para darse cuenta que subvencionarla es hacer exactamente lo contrario.
¿Cómo hacer la inversión menos atractiva? El método habitual (subir tipos de interés) está fuera del alcance del gobierno catalán. La alternativa es aumentar los impuestos; eliminar la (muy regresiva) desgravación por hipotecas (también fuera del alcance autonómico), añadir tasas extras, gravar la vivienda vacia o alguna otra figura creativa. Todo patéticamente impopular, por descontado.
La otra idea absurda es la obligación de alquilar viviendas vacias. Es sencillamente poco operativo, e innecesariamente autoritario. Es mucho más sencillo y barato trabajar para que el alquilar una vivienda sea algo de muy bajo riesgo; la creación de una agencia pública de alquiler garantizado (hecha con ganas, no el intento de cuarta regional del gobierno), por ejemplo, que ponga las cosas fáciles a los caseros.
La cuestión no es que los malvados especuladores tienen casas vacías y disfrutan riéndose y tirando cacahuetes a los pobres mileuristas sin casa. Quien tiene una casa vacía está perdiendo dinero, y más con los precios estancados o a la baja. El problema es ser casero es demasiado a menudo un dolor de cabeza, especialmente en pisos baratos: el beneficio es escaso, los costes de tramitación son altos, y si los inquilinos no se portan la cosa se vuelve muy desagradable muy, muy rápido.
En vez de arrastrar a los propietarios a la fuerza a hacer algo que les da reparo con muy buenos motivos (merced de la incompetencia del sistema judicial en estos casos), sería una buena idea hacer del alquiler algo realmente rentable. Para el gobierno autonómico el coste de las medidas sería mucho más bajo (el coste de tramitación de los alquileres forzosos será muy alto, y ni siquiera entro en si la ley es constitucional o no) y para los propietarios la experiencia mucho menos desagradable.
Y sí, esto significa reformar la ley que regula los alquileres, y hacerla draconiana en contra de los inquilinos. Políticamente difícil, etcétera. Con el gobierno lleno de lastres cagamandurrias que hay en la Generalitat (traducido: ERC e IC-V), incapaz de mover nada remotamente impopular (cuarto cinturón, líneas eléctricas, túnel del AVE) lo veo difícil. En fin.
Para empezar, es singularmente tonto parir una ley de acceso a la vivienda precisamente cuando el mercado está arreglándote el problema solito: tras tantos años de excesos, la burbuja inmobiliaria ha estallado con ganas. De hecho los precios estan o estancados (y bajando en términos reales) o en descenso con todas las letras; el acceso a la vivienda se está haciendo más sencillo él solito.
La ley tiene dos ideas especialmente torpes. La primera es el interés en la vivienda protegida. El problema de los últimos años no ha sido la falta de oferta de vivienda; el ritmo de construcción ha sido desmesurado durante mucho tiempo. Los precios no estaban subiendo por falta de viviendas en el mercado, sino por que los tipos de interés reales eran negativos, inflando la demanda artificialmente. La única forma de limitar la subida de los precios de forma efectiva era sencillamente hacer la inversión en vivienda menos rentable; no hace falta ser demasiado brillante para darse cuenta que subvencionarla es hacer exactamente lo contrario.
¿Cómo hacer la inversión menos atractiva? El método habitual (subir tipos de interés) está fuera del alcance del gobierno catalán. La alternativa es aumentar los impuestos; eliminar la (muy regresiva) desgravación por hipotecas (también fuera del alcance autonómico), añadir tasas extras, gravar la vivienda vacia o alguna otra figura creativa. Todo patéticamente impopular, por descontado.
La otra idea absurda es la obligación de alquilar viviendas vacias. Es sencillamente poco operativo, e innecesariamente autoritario. Es mucho más sencillo y barato trabajar para que el alquilar una vivienda sea algo de muy bajo riesgo; la creación de una agencia pública de alquiler garantizado (hecha con ganas, no el intento de cuarta regional del gobierno), por ejemplo, que ponga las cosas fáciles a los caseros.
La cuestión no es que los malvados especuladores tienen casas vacías y disfrutan riéndose y tirando cacahuetes a los pobres mileuristas sin casa. Quien tiene una casa vacía está perdiendo dinero, y más con los precios estancados o a la baja. El problema es ser casero es demasiado a menudo un dolor de cabeza, especialmente en pisos baratos: el beneficio es escaso, los costes de tramitación son altos, y si los inquilinos no se portan la cosa se vuelve muy desagradable muy, muy rápido.
En vez de arrastrar a los propietarios a la fuerza a hacer algo que les da reparo con muy buenos motivos (merced de la incompetencia del sistema judicial en estos casos), sería una buena idea hacer del alquiler algo realmente rentable. Para el gobierno autonómico el coste de las medidas sería mucho más bajo (el coste de tramitación de los alquileres forzosos será muy alto, y ni siquiera entro en si la ley es constitucional o no) y para los propietarios la experiencia mucho menos desagradable.
Y sí, esto significa reformar la ley que regula los alquileres, y hacerla draconiana en contra de los inquilinos. Políticamente difícil, etcétera. Con el gobierno lleno de lastres cagamandurrias que hay en la Generalitat (traducido: ERC e IC-V), incapaz de mover nada remotamente impopular (cuarto cinturón, líneas eléctricas, túnel del AVE) lo veo difícil. En fin.
lunes, octubre 22, 2007
De trenes y socavones
Anda el público todo asilvestrado con las cercanías de Barcelona y el corte de dos de sus líneas. Entre las reacciones más ridículas tenemos al PP, ese mismo partido que decía hace unos meses que el estado estaba invirtiendo demasiado dinero en la rica y próspera Cataluña, diciendo ahora que el gobierno está abofeteando al principado con sus malas infrarestructuras.
Empezando por el hecho que los gobiernos del PP habían prometido el AVE (estación de Sagrera en Barcelona incluida) para el 2004, y mirá lo cerca que se quedaron (apenas llegaron a Lleida), el súbito cambio de opinión de Rajoy es el típico oportunismo de siempre. Lo cierto es que lo sensato sería criticar en todo caso las prisas, y el posible error de tratar de acabar más rápido de lo estrictamente necesario una obra que de todos modos ya iba tarde.
Aún así, lo cierto es que si uno se plantea lo que está haciendo, un corte de unos días no es sólo comprensible, si no que probablemente debería haberse hecho de todos modos. En el tramo en obras circulan apilados en pocos metros líneas de metro, cercanías ancho ibérico, cercanías de FGC en métrico y la línea del AVE. En cualquier otro país con menos experiencia haciendo obra pública (y digan lo que digan, España ahora mismo está entre los países que hacen la mejor obra civil en el mundo) es más que probable que ese enlace hubiera cerrado un par de semanas al menos en agosto. La obra es más que necesaria, es imprescindible. Pero un poco de paciencia no hubiera ido mal.
Lo que sí debería ser algo más irritante es el hecho que alguien en Renfe ha decidido que los trenes de larga distancia acaben todos en Tarragona, no en Sant Vicenç de Calders; Renfe al menos podría poner lanzaderas regionales a Tarragona por la línea de Vilafranca (uno o dos 450 de dos pisos cada hora estaría bien), pero parece que no se les ha ocurrido ni intentarlo.
En fin, no es una buena noticia, y no, no debería haber sucedido. Pero mira, es lo que pasa cuando se hacen obras públicas complicadas en sitios con mucho tráfico ferroviario. Para desastres reales haciendo obras así torpemente buscad cosas sobre la West Coast Mainline en el Reino Unido, por ejemplo.
Nota: aún con esas, soy de la opinión que la ministra debe dimitir. Un gobierno debe reconocer cuando la pifia; por muy comprensible que sea el error, sigue siendo algo que debería haberse evitado.
Empezando por el hecho que los gobiernos del PP habían prometido el AVE (estación de Sagrera en Barcelona incluida) para el 2004, y mirá lo cerca que se quedaron (apenas llegaron a Lleida), el súbito cambio de opinión de Rajoy es el típico oportunismo de siempre. Lo cierto es que lo sensato sería criticar en todo caso las prisas, y el posible error de tratar de acabar más rápido de lo estrictamente necesario una obra que de todos modos ya iba tarde.
Aún así, lo cierto es que si uno se plantea lo que está haciendo, un corte de unos días no es sólo comprensible, si no que probablemente debería haberse hecho de todos modos. En el tramo en obras circulan apilados en pocos metros líneas de metro, cercanías ancho ibérico, cercanías de FGC en métrico y la línea del AVE. En cualquier otro país con menos experiencia haciendo obra pública (y digan lo que digan, España ahora mismo está entre los países que hacen la mejor obra civil en el mundo) es más que probable que ese enlace hubiera cerrado un par de semanas al menos en agosto. La obra es más que necesaria, es imprescindible. Pero un poco de paciencia no hubiera ido mal.
Lo que sí debería ser algo más irritante es el hecho que alguien en Renfe ha decidido que los trenes de larga distancia acaben todos en Tarragona, no en Sant Vicenç de Calders; Renfe al menos podría poner lanzaderas regionales a Tarragona por la línea de Vilafranca (uno o dos 450 de dos pisos cada hora estaría bien), pero parece que no se les ha ocurrido ni intentarlo.
En fin, no es una buena noticia, y no, no debería haber sucedido. Pero mira, es lo que pasa cuando se hacen obras públicas complicadas en sitios con mucho tráfico ferroviario. Para desastres reales haciendo obras así torpemente buscad cosas sobre la West Coast Mainline en el Reino Unido, por ejemplo.
Nota: aún con esas, soy de la opinión que la ministra debe dimitir. Un gobierno debe reconocer cuando la pifia; por muy comprensible que sea el error, sigue siendo algo que debería haberse evitado.
martes, octubre 09, 2007
El ocaso de los intermediarios
Una de las más arraigadas costumbres en la izquierda ha sido desde siempre despreciar a los intermediarios. Nunca he acabado de entender demasiado bien por qué algunos se empeñan en ignorar alegremente la racionalidad económica de contratar expertos o gente que pone en contacto a compradores y vendedores, pero lo cierto es que banqueros, agentes inmobiliarios, vendedores de coches usados y mayoristas siempre se llevan todas las tortas.
Bueno, para todos aquellos que comparten esta peculiar manía, algunas cosas están cambiando. Una de las bellezas de este nuevo mundo conectado en que vivimos es que la información está cada vez más accesible.
Pongamos, por ejemplo, que un servidor quisiera vender una casa que tiene en New Haven. Tengo dos opciones; la primera es ir a un agente inmobiliario, decirle que me venda la casa, y darle una comisión. Es una decisión hasta cierto punto racional; es bastante posible que yo no tenga ni idea qué trámites legales tengo que hacer para vender una casa, lidiar con los bancos, ni tenga la más remota idea sobre cómo está el mercado de venta en New Haven, qué buscan los compradores, o ni siquiera qué puede pedir por mi vivienda. No es una tarea fácil, y la verdad, si un experto sabe lo que hace, es bastante probable que saque más dinero por la casa que lo que yo podría conseguir vendiendo al tuntún.
Evidentemente, siempre puedo decidir lanzarme a la aventura, y tratar de hacer las cosas yo solito. Hace unos años, la cosa era bastante difícil; toda esa información sólo se podía conseguir a base de experiencia, buscar papeles en ayuntamientos y torturarse con horas de autoeducación sobre la materia. Ahora, sin embargo, todo esto es mucho más sencillo: uno no tiene más que utilizar Google, un par de páginas con estimación de precios y listados de casas en venta, y con un esfuerzo razonable pilotar la venta de una casa sin pillarse los dedos.
En términos económicos, esto se traduce en algo muy sencillo: los costes de transacción, y de forma más precisa, los costes de obtener información, han disminuido de forma considerable. Los intermediarios, en su forma más pura, no son más que policías de tráfico, dirigiendo compradores a la ventanilla del vendedor más adecuada (con algunas reservas). Si de repente todos los conductores tienen mejores "mapas" totalmente de gorras, el precio de la información disminuye... y con ello, las comisiones.
¿En que se traduce esto en el mundo real? En que las comisiones medias de los intermediarios en muchos mercados, como por ejemplo los agentes inmobiliarios, están disminuyendo poco a poco. Esta disminución no es excepcional; se repite en todos aquellos mercados donde la información se hace más accesible, desde el mercado de coches de segunda mano a contratar seguros de vida. Sólo en aquellos mercados dónde existen barreras a la entrada más o menos estrictas (notarios, agentes de bolsa y cualquier otra profesión con barreras de carácter gremial) o en mercados que requieren información excepcionalmente especializada (transacciones financieras ultracomplicadas) esta disminución se hace menos aparente.
Y no dudeis, esas barreras caerán. Del mismo modo que muchos contables americanos envían las declaraciones de renta de sus clientes por internet a la India, donde ejércitos de contables a un tercio del sueldo pueden hacerlo igual de bien (beneficiándonos a todos), poco a poco los costes de la información caerán, así como el precio de los intermediarios. Y sí, un mercado con información completa es un mercado más eficiente.
Bueno, para todos aquellos que comparten esta peculiar manía, algunas cosas están cambiando. Una de las bellezas de este nuevo mundo conectado en que vivimos es que la información está cada vez más accesible.
Pongamos, por ejemplo, que un servidor quisiera vender una casa que tiene en New Haven. Tengo dos opciones; la primera es ir a un agente inmobiliario, decirle que me venda la casa, y darle una comisión. Es una decisión hasta cierto punto racional; es bastante posible que yo no tenga ni idea qué trámites legales tengo que hacer para vender una casa, lidiar con los bancos, ni tenga la más remota idea sobre cómo está el mercado de venta en New Haven, qué buscan los compradores, o ni siquiera qué puede pedir por mi vivienda. No es una tarea fácil, y la verdad, si un experto sabe lo que hace, es bastante probable que saque más dinero por la casa que lo que yo podría conseguir vendiendo al tuntún.
Evidentemente, siempre puedo decidir lanzarme a la aventura, y tratar de hacer las cosas yo solito. Hace unos años, la cosa era bastante difícil; toda esa información sólo se podía conseguir a base de experiencia, buscar papeles en ayuntamientos y torturarse con horas de autoeducación sobre la materia. Ahora, sin embargo, todo esto es mucho más sencillo: uno no tiene más que utilizar Google, un par de páginas con estimación de precios y listados de casas en venta, y con un esfuerzo razonable pilotar la venta de una casa sin pillarse los dedos.
En términos económicos, esto se traduce en algo muy sencillo: los costes de transacción, y de forma más precisa, los costes de obtener información, han disminuido de forma considerable. Los intermediarios, en su forma más pura, no son más que policías de tráfico, dirigiendo compradores a la ventanilla del vendedor más adecuada (con algunas reservas). Si de repente todos los conductores tienen mejores "mapas" totalmente de gorras, el precio de la información disminuye... y con ello, las comisiones.
¿En que se traduce esto en el mundo real? En que las comisiones medias de los intermediarios en muchos mercados, como por ejemplo los agentes inmobiliarios, están disminuyendo poco a poco. Esta disminución no es excepcional; se repite en todos aquellos mercados donde la información se hace más accesible, desde el mercado de coches de segunda mano a contratar seguros de vida. Sólo en aquellos mercados dónde existen barreras a la entrada más o menos estrictas (notarios, agentes de bolsa y cualquier otra profesión con barreras de carácter gremial) o en mercados que requieren información excepcionalmente especializada (transacciones financieras ultracomplicadas) esta disminución se hace menos aparente.
Y no dudeis, esas barreras caerán. Del mismo modo que muchos contables americanos envían las declaraciones de renta de sus clientes por internet a la India, donde ejércitos de contables a un tercio del sueldo pueden hacerlo igual de bien (beneficiándonos a todos), poco a poco los costes de la información caerán, así como el precio de los intermediarios. Y sí, un mercado con información completa es un mercado más eficiente.
jueves, septiembre 27, 2007
Inversiones y debates estúpidos
Con un poco de retraso, pero me parece obligado señalar el estupendo artículo que publicaba El País el otro día acerca de cómo se cuenta el gasto de infraestructuras en los presupuestos. Básicamente, señalan algo que cualquier tipo con lógica debería saber (aunque ya se sabe que los periodistas tratan de huir de esto tanto como pueden): mirar las variaciones de un año a otro es una estupidez.
Las inversiones en infraestructuras siempre, siempre, siempre vienen determinadas por el gran proyecto del momento. En los últimos años, los políticos catalanes (incluso durante las dos primeras legislaturas de Zapatero) se pasaban la vida quejándose de lo mucho que recibía Madrid en comparación a Barcelona. Lo que no contaba nadie es que todo ese dinero iba básicamente a un sitio, el aeropuerto de Barajas, y a ningún otro sitio. Cuando en años anteriores el desequilibrio parecía todavía mayor, el motivo principal era el hecho que la LAV Madrid-Barcelona estaba empezando a ser construida a las afueras de la capital, no por otra cosa.
Ahora llega el turno de capital catalana. El AVE está a las puertas de Sants, y siendo como es una de las infraestructuras más caras en construcción en todo el país, es natural que parezca que el gasto se sale de la escala. Por añadido, el aeropuerto del Prat está recibiendo por fin (con casi 10 años de retraso) el dinero que necesita con la construcción de una nueva terminal; si mal no recuerdo, una inversión aún mayor que una LAV, y que nadie puede decir que no sea imprescindible. A fin de cuentas, las terminales actuales están cargando con 30 millones de pasajeros cuando fueron diseñadas para apenas 25, así que ya era hora.
¿Es la inversión de la LAV en Barcelona gasto que "favorece sólo a los catalanes"? Es bastante evidente que no. Cuando Zaragoza era la segunda provincia con más inversión del país (sin ser ni de broma el segundo centro más importante de población) por tener las obras del AVE pasando por Aragón, esa obra no era para los maños, era para todos. Ahora vemos del mismo modo gasto a espuertas en Andalucia (acabando el AVE a Málaga andan, entre otras LAV), Castilla La Mancha (LAV de levante, que aún no llega a Valencia) y Castilla León (LAV de Valladolid). El estado gasta mucho dinero en infraestructuras, pero son estos proyectos de talla XL los que mueven las media de inversión por habitante y hace que hablar de números de esta manera sea totalmente irrelevante.
A todo esto, esos dos "grandes ganadores", Andalucia y Cataluña, reciben un 32%, más o menos, de la inversión. Casualmente, tienen sobre un tercio de los habitantes del país, así que no sé de que se quejan algunos. Evidentemente, a los señores de la lógica difusa liberal esto les importa en comino; lo suyo sería construir Barajas cada año nuevecito, que es el único modo de gastarse 6.185 millones de euros en infraestructuras en una región. Sí, eso es lo que costó la broma; y con todos los AVE de España pasando por Madrid, por cierto.
Resumiendo: las cifras, en este caso, no lo son todo. Especialmente si son utilizadas con torpeza netamente periodística.
Las inversiones en infraestructuras siempre, siempre, siempre vienen determinadas por el gran proyecto del momento. En los últimos años, los políticos catalanes (incluso durante las dos primeras legislaturas de Zapatero) se pasaban la vida quejándose de lo mucho que recibía Madrid en comparación a Barcelona. Lo que no contaba nadie es que todo ese dinero iba básicamente a un sitio, el aeropuerto de Barajas, y a ningún otro sitio. Cuando en años anteriores el desequilibrio parecía todavía mayor, el motivo principal era el hecho que la LAV Madrid-Barcelona estaba empezando a ser construida a las afueras de la capital, no por otra cosa.
Ahora llega el turno de capital catalana. El AVE está a las puertas de Sants, y siendo como es una de las infraestructuras más caras en construcción en todo el país, es natural que parezca que el gasto se sale de la escala. Por añadido, el aeropuerto del Prat está recibiendo por fin (con casi 10 años de retraso) el dinero que necesita con la construcción de una nueva terminal; si mal no recuerdo, una inversión aún mayor que una LAV, y que nadie puede decir que no sea imprescindible. A fin de cuentas, las terminales actuales están cargando con 30 millones de pasajeros cuando fueron diseñadas para apenas 25, así que ya era hora.
¿Es la inversión de la LAV en Barcelona gasto que "favorece sólo a los catalanes"? Es bastante evidente que no. Cuando Zaragoza era la segunda provincia con más inversión del país (sin ser ni de broma el segundo centro más importante de población) por tener las obras del AVE pasando por Aragón, esa obra no era para los maños, era para todos. Ahora vemos del mismo modo gasto a espuertas en Andalucia (acabando el AVE a Málaga andan, entre otras LAV), Castilla La Mancha (LAV de levante, que aún no llega a Valencia) y Castilla León (LAV de Valladolid). El estado gasta mucho dinero en infraestructuras, pero son estos proyectos de talla XL los que mueven las media de inversión por habitante y hace que hablar de números de esta manera sea totalmente irrelevante.
A todo esto, esos dos "grandes ganadores", Andalucia y Cataluña, reciben un 32%, más o menos, de la inversión. Casualmente, tienen sobre un tercio de los habitantes del país, así que no sé de que se quejan algunos. Evidentemente, a los señores de la lógica difusa liberal esto les importa en comino; lo suyo sería construir Barajas cada año nuevecito, que es el único modo de gastarse 6.185 millones de euros en infraestructuras en una región. Sí, eso es lo que costó la broma; y con todos los AVE de España pasando por Madrid, por cierto.
Resumiendo: las cifras, en este caso, no lo son todo. Especialmente si son utilizadas con torpeza netamente periodística.
domingo, septiembre 23, 2007
A vueltas con el arbitraje
El otro día criticaba con ciertas ganas al gobierno (para que después me digan que siempre les hago la pelota) sobre las carencias de su nuevo y flamante plan de promoción de alquileres. Por algún motivo a mí me dio en mis intentos para ser magnánimo juntar churras con merinas y decir que el Plan Nacional de Alquiler Garantizado (PNAG) era la iniciativa del gobierno que sí tenía sentido, y no la subvención a los inquilinos.
Nada, comentar que para variar he metido la gamba, y no, el PNAG no es una idea del gobierno. Es más, es una idea de la junta de arbitraje, totalmente privada, que el ministerio de la vivienda básicamente ignora. Y la verdad, como la ponen por aquí, es bastante probable que sea una idea bastante rarilla, ya que de hecho ofrece menos garantias legales de lo que sería deseable.
Claro, yo no me creo todo lo que dicen en Internet, así que a los picapleitos en la sala: ¿Algún comentario sobre lo que dice ese artículo sobre los arbitrajes?. Por lo que sé, están muy extendidos aquí en Estados Unidos, y te los acostumbras a encontrar en sitios donde no puedes esquivarlos; contratos de trabajo ligeramente cutres que te hacen firmar que si hay un problema irás a arbitraje, no a un sitio con más garantías como son los tribunales. Jessica, no pretendo asustarte :-).
A todo esto, y ya que estamos preguntón, Alex, ¿Dónde has encontrado las medidas para estimular la demanda que hablas?. En la prensa no están; he tenido que hacer eso que no hará nadie no-friki, zambullirme en la página del ministerio y mirar un PDF para leerlo. Mira que se explica mal este gobierno.
Las desgravaciones y otros estímulos a la oferta mejoran bastante el plan, desde mi punto de vista (y anula parte de la crítica de Marc Vidal, que cometía el mismo error miope que yo); aún así, la seguridad jurídica creo que sigue siendo el primer paso. Nunca he sido demasiado amigo de las desgravaciones fiscales, y la verdad, una desgravación a las rentas de alquiler es rematadamente regresiva. Llámame socialista, pero hacer el vivir de rentas fiscalmente más atractivo me parece un poco contraproducente.
En fin, lección aprendida: el hecho que tenga mucho trabajo y sepa de lo que hablo no quiere decir que deba fiarme de los periodistas. Uno no lee artículos, lee políticas. Inexcusable. A escribir 200 veces "nunca más me fiaré de los idiotas estos de la prensa, ya que quedo invariablemente como un idiota", y a recordar que aunque parezca fácil, las medidas de un gobierno son mucho más complicadas de lo que dice la prensa siempre. Nada que no supiera, pero estoy fallón.
Nada, comentar que para variar he metido la gamba, y no, el PNAG no es una idea del gobierno. Es más, es una idea de la junta de arbitraje, totalmente privada, que el ministerio de la vivienda básicamente ignora. Y la verdad, como la ponen por aquí, es bastante probable que sea una idea bastante rarilla, ya que de hecho ofrece menos garantias legales de lo que sería deseable.
Claro, yo no me creo todo lo que dicen en Internet, así que a los picapleitos en la sala: ¿Algún comentario sobre lo que dice ese artículo sobre los arbitrajes?. Por lo que sé, están muy extendidos aquí en Estados Unidos, y te los acostumbras a encontrar en sitios donde no puedes esquivarlos; contratos de trabajo ligeramente cutres que te hacen firmar que si hay un problema irás a arbitraje, no a un sitio con más garantías como son los tribunales. Jessica, no pretendo asustarte :-).
A todo esto, y ya que estamos preguntón, Alex, ¿Dónde has encontrado las medidas para estimular la demanda que hablas?. En la prensa no están; he tenido que hacer eso que no hará nadie no-friki, zambullirme en la página del ministerio y mirar un PDF para leerlo. Mira que se explica mal este gobierno.
Las desgravaciones y otros estímulos a la oferta mejoran bastante el plan, desde mi punto de vista (y anula parte de la crítica de Marc Vidal, que cometía el mismo error miope que yo); aún así, la seguridad jurídica creo que sigue siendo el primer paso. Nunca he sido demasiado amigo de las desgravaciones fiscales, y la verdad, una desgravación a las rentas de alquiler es rematadamente regresiva. Llámame socialista, pero hacer el vivir de rentas fiscalmente más atractivo me parece un poco contraproducente.
En fin, lección aprendida: el hecho que tenga mucho trabajo y sepa de lo que hablo no quiere decir que deba fiarme de los periodistas. Uno no lee artículos, lee políticas. Inexcusable. A escribir 200 veces "nunca más me fiaré de los idiotas estos de la prensa, ya que quedo invariablemente como un idiota", y a recordar que aunque parezca fácil, las medidas de un gobierno son mucho más complicadas de lo que dice la prensa siempre. Nada que no supiera, pero estoy fallón.
miércoles, septiembre 19, 2007
Parche de alquiler
Tanto lloriquear de un servidor para que el gobierno haga algo para incentivar los alquileres, y van y me salen con esto. Subvención directa a jóvenes que alquilan y desgravación fiscal; la subvención moderadamente redistributiva, pero poco eficaz (más luego) y la desgravación un poco regresiva (menos que la muy regresiva desgravación a hipotecas), aunque al menos se limita a las rentas bajas.
El problema, sin embargo, es el de siempre: lo de la falta de alquiler no es sólo falta de demanda; es también falta de oferta. Se habla mucho de eso que lo de querer comprar casitas en España es algo cultural, que somos todos muy conservadores; el problema a menudo es que de hecho hay poco o nada que alquilar.
Un propietario cuando pone una casa en alquiler corre un riesgo; el inquilino es un misterio enorme para él. El tipo puede ser un cretino que no cree en pagar a tiempo, una estrella de rock a tiempo parcial que le destroza el chiringuito, un pirómano peligroso o alguien con mala suerte que es atropellado por un camión, pierde el trabajo y no puede salir de casa ni tiene dinero para pagarle. Tener un piso vacio tiene un coste (pago de hipoteca menos incremento en equidad); tenerlo alquilado tiene una probabilidad determinada de generar ingreso, y otra de tener un desastre entre manos.
Llevo una temporada viviendo en Estados Unidos, y si algo me ha sorprendido mucho es lo despiadado de las leyes de deshaucio en muchos estados. En Connecticut uno se retrasa diez días en sus pagos y es perfectamente posible que antes de dos meses ya esté de patitas en la calle; el casero tiene derecho de paso y los tribunales de arbitraje casi ni te leen el caso antes de echarte. No hace falta que le recuerde a nadie lo "sencillo" que el proceso resulta en España, y la velocidad vertiginosa de los tribunales.
El resultado evidente es que sencillamente los propietarios ven la opción de alquilar con malos ojos; es casi más barato dejar la casa vacia que jugar a la ruleta. La oferta de alquiler es limitada, los avales que piden son ridículos, y los precios altos, y el vivir con una hipoteca se hace mucho más atractivo.
¿Qué sucede cuando el gobierno da una ayuda en el lado de la demanda, pero no toca la oferta?. Primero, los potenciales inquilinos tienen más dinero en el bolsillo para alquilar. Para los propietarios, eso significa que hay más potenciales clientes, al haber más gente con más dinero en el mercado. Más demanda, con más dinero... ostras, subiremos los precios.
En un mercado normal, cuando los precios suben, este se vuelve más atractivo para quien puede vender en él, ya que se puede hacer más dinero. Es posible que algunos propietarios dubitativos, al ver que pueden sablar 280 euros más a esos chavales recién salidos de la universidad (aunque cada vez valga menos), decida saltar al ruedo y ponga su piso en el mercado, pero debido al riesgo relativo de alquilar el mercado, el aumento de la oferta es más que probable que no compense el incremento de la demanda. El resultado: precios ligeramente más altos, unos cuantos pisos más alquilados, y una bonita transferencia de fondos a quien tiene pisos más que a los que los alquila.
El mercado de alquiler es un ejemplo clásico de mercado con costes de transacción altos. Los actores implicados tienen problemas para conseguir información de la otra parte, hacer los contratos efectivos y conseguir que las transacciones estén libres de abogados. Más que dar dinero a unos o a otros, la solución si se quiere incentivar el alquiler es la verdad más barata, aunque menos sencilla.
Aunque claro, cuando el gobierno implementa de forma tan cutre algo como la agencia de alquiler, algo que era exáctamente lo que este mercado pide, no sé qué esperar ya. Sí, hay mecanismos (Jessica comenta uno estupendo, casi totalmente desconocido y mucho más útil que 200 euros al mes a largo plazo), pero claro, eso es más difícil de vender. Soy un firme creyente en el electoralismo, pero espero que al menos los políticos busquen la solución eficiente, no la fácil de (re)vender.
Nota: hoy me explico mal. Remarco, como comenta Jessica más abajo, que el gobierno ya ha hecho cositas como el PNAG para reforzar el lado de la oferta, pero lo ha vendido tan mal que dudo que más de tres propietarios se hayan enterado del asunto. Que alguien les compre un publicista, porque la verdad no saben vender.
Y sí, el efecto neto de ambas medidas debería ser neutral respecto a precios pero aumentando el número de pisos alquilados...si alguien supiera que las medidas existen.
Muchas gracias por las correcciones, de todos modos. Uno está torpe.
Nota 2: la última entrada de Jessica en su bitácora es sencillamente magistral, y le da sopas con honda a este. Así que a leerlo.
Nota 3: me cuentan que el PNAG no es de hecho una iniciativa del gobierno. Recorrijo mi postura, si eso es cierto, y paso a atacar otra vez el plan. ¿Alguien reconfirma lo que dice Ismael?
El problema, sin embargo, es el de siempre: lo de la falta de alquiler no es sólo falta de demanda; es también falta de oferta. Se habla mucho de eso que lo de querer comprar casitas en España es algo cultural, que somos todos muy conservadores; el problema a menudo es que de hecho hay poco o nada que alquilar.
Un propietario cuando pone una casa en alquiler corre un riesgo; el inquilino es un misterio enorme para él. El tipo puede ser un cretino que no cree en pagar a tiempo, una estrella de rock a tiempo parcial que le destroza el chiringuito, un pirómano peligroso o alguien con mala suerte que es atropellado por un camión, pierde el trabajo y no puede salir de casa ni tiene dinero para pagarle. Tener un piso vacio tiene un coste (pago de hipoteca menos incremento en equidad); tenerlo alquilado tiene una probabilidad determinada de generar ingreso, y otra de tener un desastre entre manos.
Llevo una temporada viviendo en Estados Unidos, y si algo me ha sorprendido mucho es lo despiadado de las leyes de deshaucio en muchos estados. En Connecticut uno se retrasa diez días en sus pagos y es perfectamente posible que antes de dos meses ya esté de patitas en la calle; el casero tiene derecho de paso y los tribunales de arbitraje casi ni te leen el caso antes de echarte. No hace falta que le recuerde a nadie lo "sencillo" que el proceso resulta en España, y la velocidad vertiginosa de los tribunales.
El resultado evidente es que sencillamente los propietarios ven la opción de alquilar con malos ojos; es casi más barato dejar la casa vacia que jugar a la ruleta. La oferta de alquiler es limitada, los avales que piden son ridículos, y los precios altos, y el vivir con una hipoteca se hace mucho más atractivo.
¿Qué sucede cuando el gobierno da una ayuda en el lado de la demanda, pero no toca la oferta?. Primero, los potenciales inquilinos tienen más dinero en el bolsillo para alquilar. Para los propietarios, eso significa que hay más potenciales clientes, al haber más gente con más dinero en el mercado. Más demanda, con más dinero... ostras, subiremos los precios.
En un mercado normal, cuando los precios suben, este se vuelve más atractivo para quien puede vender en él, ya que se puede hacer más dinero. Es posible que algunos propietarios dubitativos, al ver que pueden sablar 280 euros más a esos chavales recién salidos de la universidad (aunque cada vez valga menos), decida saltar al ruedo y ponga su piso en el mercado, pero debido al riesgo relativo de alquilar el mercado, el aumento de la oferta es más que probable que no compense el incremento de la demanda. El resultado: precios ligeramente más altos, unos cuantos pisos más alquilados, y una bonita transferencia de fondos a quien tiene pisos más que a los que los alquila.
El mercado de alquiler es un ejemplo clásico de mercado con costes de transacción altos. Los actores implicados tienen problemas para conseguir información de la otra parte, hacer los contratos efectivos y conseguir que las transacciones estén libres de abogados. Más que dar dinero a unos o a otros, la solución si se quiere incentivar el alquiler es la verdad más barata, aunque menos sencilla.
Aunque claro, cuando el gobierno implementa de forma tan cutre algo como la agencia de alquiler, algo que era exáctamente lo que este mercado pide, no sé qué esperar ya. Sí, hay mecanismos (Jessica comenta uno estupendo, casi totalmente desconocido y mucho más útil que 200 euros al mes a largo plazo), pero claro, eso es más difícil de vender. Soy un firme creyente en el electoralismo, pero espero que al menos los políticos busquen la solución eficiente, no la fácil de (re)vender.
Nota: hoy me explico mal. Remarco, como comenta Jessica más abajo, que el gobierno ya ha hecho cositas como el PNAG para reforzar el lado de la oferta, pero lo ha vendido tan mal que dudo que más de tres propietarios se hayan enterado del asunto. Que alguien les compre un publicista, porque la verdad no saben vender.
Y sí, el efecto neto de ambas medidas debería ser neutral respecto a precios pero aumentando el número de pisos alquilados...si alguien supiera que las medidas existen.
Muchas gracias por las correcciones, de todos modos. Uno está torpe.
Nota 2: la última entrada de Jessica en su bitácora es sencillamente magistral, y le da sopas con honda a este. Así que a leerlo.
Nota 3: me cuentan que el PNAG no es de hecho una iniciativa del gobierno. Recorrijo mi postura, si eso es cierto, y paso a atacar otra vez el plan. ¿Alguien reconfirma lo que dice Ismael?
jueves, septiembre 06, 2007
Comunicación política temeraria
Por mucho que diga que la crisis financiera de estos días y la burbuja inmobiliaria sólo va a producir efectos moderados, cualquier político debe andarse con cuidado cuando hace futorología. Nada hace tan feliz a la oposición como una declaración pública brutalmente desmentida por los hechos; sea eso de "lea mis labios, no más impuestos" o "en un año estaremos mejor que estamos ahora" hablando de terrorismo, hacer predicciones optimistas es un juego peligroso.
Entiendo que desde Moncloa y Vivienda se quiera tranquilizar a los mercados ante la inestabilidad de estos días (que incluso por LD no ven como catastrófica), pero cuando uno lanza predicciones sobre cosas fuera de su control directo es mejor ser muy cauto. Decir que el Euribor ha tocado techo, por ejemplo, ciertamente una torpeza, en especial cuando resulta no ser cierto; la afirmación tajante es siempre un riesgo de imagen grave.
Que lo diga una ministra novata pase; que el presidente del gobierno suelte estas cosas es menos comprensible. Zapatero puede decir que la economía española está preparada para afrontar la crisis; lo que no debe hacer es hablar por los bancos. Y la verdad, tiene razón en ello; la tasa de morosidad está a niveles históricamente bajísimos, aún con el aumento del Euribor (que sigue a niveles relativamente moderados), y la banca española tiene una disciplina de crédito sólida. Aún con un frenazo más o menos pronunciado de la construcción (sector que por su propia naturaleza tiene crisis a cámara lenta) el crecimiento no se resentirá demasiado.
Las cosas no van a tan bien como deberían, pero no hay motivos para el catastrofismo. Aún así, no es de recibo que Zapatero y su equipo se pasen el día bordeando el desmentido.
A todo esto, me parece cómico que Rajoy hable del fin de la herencia económica del PP. Tiene razón; la burbuja inmobiliaria es una de los resultados de la maravillosa política económica de los gobiernos Aznar. Aún siendo de la opinión que no hay demasiado que puedan hacerse para evitar estas cosas (o al menos, no hay medidas que sean populares; cargarse las desgravaciones por hipoteca es un alegre suicidio político), Rato y compañía no hicieron nada para limitar el problema. Dentro del buen trabajo que hizo Aznar en el apartado económico, esta crisis viene de uno de sus peores errores.
Entiendo que desde Moncloa y Vivienda se quiera tranquilizar a los mercados ante la inestabilidad de estos días (que incluso por LD no ven como catastrófica), pero cuando uno lanza predicciones sobre cosas fuera de su control directo es mejor ser muy cauto. Decir que el Euribor ha tocado techo, por ejemplo, ciertamente una torpeza, en especial cuando resulta no ser cierto; la afirmación tajante es siempre un riesgo de imagen grave.
Que lo diga una ministra novata pase; que el presidente del gobierno suelte estas cosas es menos comprensible. Zapatero puede decir que la economía española está preparada para afrontar la crisis; lo que no debe hacer es hablar por los bancos. Y la verdad, tiene razón en ello; la tasa de morosidad está a niveles históricamente bajísimos, aún con el aumento del Euribor (que sigue a niveles relativamente moderados), y la banca española tiene una disciplina de crédito sólida. Aún con un frenazo más o menos pronunciado de la construcción (sector que por su propia naturaleza tiene crisis a cámara lenta) el crecimiento no se resentirá demasiado.
Las cosas no van a tan bien como deberían, pero no hay motivos para el catastrofismo. Aún así, no es de recibo que Zapatero y su equipo se pasen el día bordeando el desmentido.
A todo esto, me parece cómico que Rajoy hable del fin de la herencia económica del PP. Tiene razón; la burbuja inmobiliaria es una de los resultados de la maravillosa política económica de los gobiernos Aznar. Aún siendo de la opinión que no hay demasiado que puedan hacerse para evitar estas cosas (o al menos, no hay medidas que sean populares; cargarse las desgravaciones por hipoteca es un alegre suicidio político), Rato y compañía no hicieron nada para limitar el problema. Dentro del buen trabajo que hizo Aznar en el apartado económico, esta crisis viene de uno de sus peores errores.
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