jueves, noviembre 15, 2007

"Oda" al votante entusiasta

Hay algunos temas en política que parecen no morir nunca. Pongamos el tema del aborto en Estados Unidos, sin ir más lejos. Desde tiempo inmemorial (o para ser más específico, desde finales de los setenta) los políticos americanos llevan dándose de tortas de forma obsesiva sin llegar realmente a ninguna parte.

Lo más curioso, e irritante, es que si uno mira las encuestas realmente no parece que haya demasiado que discutir. Los americanos en general parecen estar de acuerdo en que el aborto debe ser legal, con algunas restricciones más o menos razonables. Una posición relativamente moderada... que tiene muy poco que ver con la enorme, enloquecida cantidad de retórica que los políticos sueltan de forma constante.

¿Por qué sucede esto? ¿Qué tienen estos temas (aborto, control de armas, derechos homosexuales, discriminación positiva...) que les lleva a estar en el debate político constantemente, sin que llegar nunca a ninguna parte? La respuesta tiene mucho que ver con los problemas y distorsiones derivados de la representación política.

El voto, no hace falta decirlo, es un instrumento de participación relativamente poco sofisticado. Cuando uno pasa por las urnas en unas elecciones está respondiendo a una pregunta demasiado sencilla para lo complicado de las materias a tratar. El votante medio, en la mayoría de ocasiones, debe decir qué candidato entre todos los posibles es el que le parece mejor. Cada político ofrece un determinado "paquete" de ideas, posiciones y diatribas variadas, y el pobre ciudadano mira lo que le ponen delante y escoge la oferta más cercana a sus ideas.

Evidentemente, no todo el mundo escoge mirando a los políticos de la misma forma. Cada votante tiene su particular lista de obsesiones y problemas, y ve algunos problemas como totalmente cruciales y otros como totalmente irrelevantes. Uno puede estar obsesionado con la política de transportes, y escoger a su candidato en base a quien promete más kilómetros de metro, mientras que otro puede creer que la defensa de las selecciones autonómicas es lo que me define como persona. Hay gente para todo.

Hay algunos temas que siguen, sin embargo, una distribución de votantes curiosa. Si bien la mayor parte de la población no tendría ningún problema en llegar a un relativo consenso, o existe incluso un acuerdo amplio sobre qué solución es la correcta, hay un grupo de votantes con una postura muy clara, muy firme, y que están muy, muy, muy preocupados por que las cosas sean como ellos dicen. En otras palabras, no sólo tienen las cosas claras, sino que deciden qué votan sólo en base a la posición del político en ese tema en particular.

Es lo que en Estados Unidos llaman los "values voters" o "issue voters"; dicho de forma un poco menos educada los podríamos llamar los pesados monotema. Tipos que votan en bloque, todos a una, siguiendo únicamente uno, dos o tres temitas. Son los votantes evangélicos en Estados Unidos, por ejemplo; un 10%-20% de los votantes (según a quien preguntes) y que hacen todo lo que pueden para estar todo el día en la tele.

Sus posturas no son mayoritarias, pero son capaces de condicionar las acciones de los políticos. La inmensa mayoría de los votantes pueden no estar de acuerdo con lo que defienden, pero a diferencia de los pesados monotema, no deciden su voto según ese dilema y nada más. Es decir, puede que no esté de acuerdo con ese político por lo que respecta al tema X, pero el paquete entero me gusta más que el de ese otro tipo que si defiende lo que creo respecto a este tema.

El resultado es resultados absurdamente contradictorios. Nadie vota contra los políticos antiabortistas, pero mucha gente vota a favor; como resultado, hay muchos más antiabortistas saliendo elegidos de lo que se deduciría de las encuestas. Lo mismo vale para cosas como la inmigración, el antiterrorismo histérico, el control de armas, la discriminación positiva, los derechos de los homosexuales, y alguno otro que se me olvida.

No hace falta ser demasiado brillante para darse cuenta que la mayoría de esos temas están dentro de la agenda conservadora. Para los republicanos, de hecho, ha sido una maniobra sorprendentemente efectiva hasta hace muy poco; confiar en las minorías decididas para ganar elecciones. La política americana, en cambio, no ha hecho más que meterse en un espiral centrífugo que no ha hecho más que polarizar el debate.

¿Suena familiar? La derecha española lleva una temporada tratando de usar la misma táctica. Si en España hablamos tanto de educación para la ciudadanía, la unidad de España, el peligro del separatismo y el malvado, malvado, malvado comunismo ecologista es por algo. el problema para el PP, me temo, es que los españoles son bastante ácratas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Las personas ácratas no votamos:no se es ácrata por no votar al PP, sino por no votar a ningún partido y preferir la anarquía a la democracia

Egocrata dijo...

Gñe... licencia poética.