jueves, enero 24, 2008

De la flexibilidad de los partidos

José Rodriguez escribía hoy sobre partidos políticos y sus problemas en cuando a organización interna. En su explicación, los partidos son mediocracias, organizaciones burocráticas relativamente inflexibles diseñadas para ganar elecciones. Su explicación tiene algo de verdad, pero peca de simplista; en contra de lo que pueda parecer los partidos son organizaciones que han cambiado muchísimo desde el nacimiento de la política de masas a finales del siglo XIX, y son maquinarias mucho más ágiles y eficientes de lo que aparentan.

Eso no quiere decir "honestas", "justas" o "mentalmente estables", por cierto. Veamos por qué.

Los partidos políticos de principios del siglo XXI son unas maquinarias curiosas, que tratan de parecer ser muchas cosas sin serlo. Para empezar, deben respetar a los antiguos. Como toda institución que valora la estabilidad y fidelidad de sus miembros, un partido político debe respetar ciertas convenciones de los viejos partidos de masas: hablar de compañeros, tener militantes pegando carteles y repartiendo octavillas, honrar a los fundadores y usar viejas estructuras organizativas y nombres. La política estos días no tiene nada que ver con la creación de conciencia de clase, tener agrupaciones en las fábricas y publicar octavillas; sin embargo partidos como el PSOE respetan y honran ese pasado de forma más o menos explícita.

Por añadido, los partidos no sólo son máquinas de convencer electores, también son el oyente fiel que escucha y atiende a los deseos de los electores. Las organizaciones están llenas de puntos de contacto con el electorado, reales o ficticios; los candidatos escuchan, se habla con las organizaciones sociales, se abren a la blogosfera, todo para saber lo que quiere el pueblo.

Con eso, los partidos representan; no son sólo agentes persuasivos y buenos oyentes, también son una encarnación del país. Por ahí van todos diciendo que ellos son España / Cataluña / Euskadi / Poldavia, y que sus líderes son mejores que nadie representando a los votantes. Y esperad, que aún falta como mínimo otro aspecto; aún tienen que pretender ser tecnócratas competentes, cargados de visión de futuro y capaces de inspirar al país a hacer grandes cosas.

Cuando una organización pretende estar haciendo tantas cosas, es importante tratar de discernir cuál es el principal objetivo de la organización antes de caracterizar como funciona. José señala de forma acertada que un partido político de entidad quiere, ante todo, ganar elecciones (desde la oposición no se cambia el mundo), pero se equivoca en identificar qué parte del partido está haciendo ese trabajo.

Aunque parezca mentira, los cuadros intermedios de un partido realmente no pintan absolutamente nada. De hecho, si me apuráis, los militantes a los que estos cuadros intermedios se pasan el rato deprimiendo con su maravillosa mediocridad pintan más o menos lo mismo. En los partidos modernos todo lo que va de candidato / presidente / tipo en algún gobierno para abajo son básicamente ruido de fondo, con muy pocas excepciones.

Los partidos estos días son organizaciones muy distintas a los partidos de masas del siglo XIX. Son maquinarias relativamente pequeñas, muy profesionalizadas y extraordinariamente concentradas en llegar al poder y mantenerse en él. Los únicos que realmente están implicados en esta tarea son un grupo relativamente limitado de gente: candidatos, gente variada en cargos políticos, y el grupo de notables y cerebros políticos en Génova, Férraz y sus equivalentes autonómicos y en ciudades grandes. Se les describe como partidos cártel, y la verdad tienen bastante de eso.

Los políticos profesionales (creedme, no hay otra clase. En ninguna parte) saben que la política ha cambiado radicalmente. Las campañas no se hacen en la calle; la gente no recibe sus noticias e ideas de un político hablando en el mercado o leyendo el periódico del partido; ahora los ven en la tele, los escuchan en la radio, los leen en la prensa nacional o en internet. Realmente uno no necesita a los militantes más allá de como mano de obra barata y agitadores de banderitas en mítines; como máquinas de convencer al personal no son demasiado útiles (o eso creen).

Por añadido, los militantes ni siquiera son necesarios para pagarte las campañas. En Europa, gente como tú, otros políticos, se han preocupado que papá estado asegure tu imparcialidad a base de financiación pública; sólo en Estados Unidos un político ve a sus seguidores como un cajero automático (y tenderá a buscar a los que tienen un saldo alto). Para hacer las cosas aún más encantadoras, el sistema electoral y de financiación está redactado por otros políticos como tú, así que no deberás preocuparte que alguien cambie las reglas del juego.

¿Son los partidos organizaciones poco flexibles? En absoluto. De hecho, se han adaptado maravillosamente a la nueva realidad de medios de masas, votantes menos ideológicos y sociedades menos polarizadas. Es un mundo donde las elecciones se ganan manteniendo un mensaje consistente, claro, concentrado y profesional, diseñando políticas públicas eficaces y atractivas y adaptándose rápidamente a un contexto que cambia rápidamente. Los partidos viven en un entorno relativamente estable en las reglas, pero muy competitivo a la hora de ganar elecciones, y se tienen que adaptar para competir de forma efectiva. Y lo hacen con ganas.

La cuestión es, el partido, como tal, no es el que está cambiando, adaptando el mensaje, moviéndose constantemente. Es el pequeño de cuadro de candidatos, sabios y notables que toma las decisiones, recluta nuevos talentos (no necesariamente dentro del partido; mirad a Solbes, Piqué, Pizarro...) y decide quién será el siguiente candidato (a menudo de forma bastante torpe), mientras que el resto del partido actúa como un elaborado ruido de fondo. Una parte muy significativa del partido, esos cuadros intermedios, son de hecho reliquias de tiempos pasados actuando como operaciones de imagen; su capacidad influencia es realmente limitada.

Y sí, la estulticia de esa mediocracia es a veces desesperante (un saludo a mis compañeros de la FSM. Ellos saben quienes son), pero de hecho su peso real en el partido es muy, muy limitado. Los partidos son organizaciones mucho menos burocratizadas de lo que parecen a la hora de tomar decisiones.

9 comentarios:

Enrique Castro dijo...

Pues si. En este caso yo también estoy de acuerdo con tu análisis.

Un saludo.

Jose R. dijo...

Hola Egócrata:

Dos pinceladas, porqué merece una respuesta en un artículo a tí y a un extenso comentario que me dejaron.

- Los partidos han cambiado, sí. La cultura interna no, como tú lo has dicho. Y en eso es lo que yo entro.

- La mediocracia pinta poco en la alta toma de decisiones, pero gestiona poder. Son cargos de confianza, regidores, diputados, gerentes, etc... Son cargos que ejercen funciones públicas de cara a los ciudadanos. No se trata que ZP no sea un mediócrata, que no lo es, pero cualquier cargo intermedio termina tocando chicha en la administración y terminan atendideno problemas de los ciudadanos.

Anónimo dijo...

En momentos como éste, en los que tengo bastante que decir pero no sé si es aplicable, es cuando me doy cuenta de la especificidad de la forma de pensar del historiador frente a la de otras disciplinas.
Me falta marco cronológico a la hora de juzgar sobre la adaptabilidad de los partidos. ¿De qué periodo estáis hablando? ¿Desde los 30?¿desde los 70? Si son tiempos más cortos no tengo nada que añadir, pero sostener que en esos periodos la forma de hacer política de los partidos no ha variado me parece algo arriesgado.

Sea como fuere, hay que entender que la selección de cargos "mediocráticos" que tienden a la estabilidad es también una estrategia y una adaptación al medio (en los términos darwinistas que usa JR) de la que puede ser traumático salir una vez cambien las circunstancias, pero útil al fin y al cabo.

Al margen, por puro prurito histórico yo revisaría eso de "los partidos políticos de masas del siglo XIX". Para Europa yo no hablaría de tales hasta los tiempos de la I GM.

Tersites.

Egocrata dijo...

José:

- Regidores, diputados del montón y similares son relleno. Votan por disciplina de partido, y trabajan para que los notables (cargos ejecutivos y candidatos) los "descubra" y les dé un ascenso. Un cargo de confianza o gerente de designación directa ya no es un mediócrata; son tipos que políticos con poder ya les están escogiendo a dedo.

Anónimo:

Hablar de cronología es complicado, ya que cada país europeo "inventa" a los partidos de masas en épocas distintas. El SPD alemán es una criatura del XIX, los laboristas son de la primera década del XX, el PSOE es post-I GM, y así sucesivamente.

Después del II GM, la mayoría de partidos cambian; el foco es en la creciente clase media, así que más que ser una "masa" de militantes el foco es ser "partido para todos". De nuevo, no todos los partidos lo hacen al mismo tiempo; el partido socialista francés no se entera de nada hasta los 70, y en Italia no lo hace nadie hasta los 90 y la emergencia de partidos nuevos. Y aún así, sigue habiendo partidos viejos que no son de masas, si no cuadros de notables difusos, como el partido liberal alemán o la mayoría de la derecha francesa.

Los partidos se "cartelizan" a partir de finales de los 70; pero de nuevo, no todos al vez y no todos igual. El partido comunista italiano no lo hará nunca; el frente nacional francés o el CDS tampoco. Así les va. :-).

Los partidos son animales muy, muy diversos. :-)

Edgar Rovira dijo...

Se adaptan a su gusto, claro.

Continúan no abriéndose todo lo que deberían. Tienen problemas de adaptación a las nuevas tecnologías, aunque no lo parezca, para muestra el lío que se montó en la web del PSOE con el tema del canon.

En mi opinión se están empezando a quedar atrás. Un catch-all party es por definición un traidor a muchas causas. Y en ésta época, en la que los movimientos sociales salen de debajo de las papeleras, esto les va a pasar factura.

Digo yo.

Geógrafo Subjetivo dijo...

Egócrata, creo que tu análisis es acertado si lo circunscribimos a nivel nacional y autonómico, y empieza a flaquear en autonomías pequeñas y desde luego en casi todos los municipios.

Es evidente que en una campaña nacional los militantes son comparsas, aunque hay alguna función.

Si un partido tuviese tres millones de militantes tendría tres millones de propagandistas, de acceso en término de "puertas calientes" a la gente. Por eso ahora se mandan argumentarios hasta a las bases.

Esta función es aún más visible y fuerte en elecciones municipales (en ciudades medianas y pueblos grandes)donde crear un estado de opinión en la calle es fundamental, creando además un tejido social que entra o saca cuetiones con las que el partido tendría escasa rentabilidad. Por ejemplo es mejor que la AAVV se queje del estado de las aceras (aunque realmente sea una sucursal de un partido) a que lo haga el partido, porque tiene una credibilidad mayor para esos asuntos. Luego el partido lo refuerza.

Egocrata dijo...

Más movimientos sociales de los que nacieron en los 70 no creo que salgan, y mira lo bien que los partidos absorbieron todas esas causas. Nah, sobrevivirán sin problema.

Sobre internet, lo he dicho a menudo: cambia la política, pero muy poco. El problema es que para que un votante medio lea de política de internet debe buscar activamente; tu no te encuentras un anuncio o una noticia en la web, la tienes que buscar. Las bitácoras no llegan a aquellos que no quieren leerlas, así que su capacidad de influencia real es relativamente menor; es el reino de los mediócratas de la red, básicamente.

Egocrata dijo...

Sobre elecciones "pequeñas", sí y no. Uno puede ser cínico y argumentar que la verdad la alcaldía de Alpedrete importa relativamente poco :-). Aún así, los candidatos incluso en un municipio pequeño son un grupo minúsculo; muchas veces de hecho casi todos los militantes del partido están en listas... No hay "ejércitos" de militantes en pueblos pequeños; están los que son, y poco más.

chaeyeon dijo...
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