lunes, junio 30, 2008

De reputaciones y amistades

Es un tópico gastado decir que es necesario tener una buena reputación para llegar lejos. De hecho, a veces se dice que con tener buena fama basta (cría fama y échate a dormir) para que las cosas le vayan bien a uno; todo el mundo puede nombrar al menos un actor o futbolista que viven de ello.

Siendo la reputación tan importante, sin embargo, hay relativamente pocos estudios más o menos empíricos sobre cómo crearla y mantenerla. Existen modelos formales a patadas (dilema del prisionero repetido indefinidamente, etcétera), pero pocos ejemplos concretos sobre cómo ser hacer que la gente crea que eres maravilloso.

Este estudio que me encontré el otro día es un intento curioso y creo que bastante lógico. El diseño es bastante simple, haciendo encuestas periódicas a estudiantes en una clase de negociación sobre quién es el compañero más fiable y cooperante y quién es el más despiadado. Lo que separa a este estudio, sin embargo, es que añaden otra variable, la popularidad individual de los estudiantes.

La idea es sencilla: para que la gente crea que eres bueno, no basta con hacer el bien; es necesario que la gente lo vea. Esta visibilidad se consigue con el método más clásico de hacer propaganda, que es tener un montón de amigos y conocidos que puedan difundir tus magníficas cualidades en el mercado de reputación local. Si alguien quiere tener la reputación de justo, ecuánime y colaborador no tiene que empezar a plantar árboles, salvar niños en peligro y curar el cáncer; primero tiene que hacer un montón de amigos -preferiblemente periodistas, si le va el estrellato- y entonces, y sólo entonces, acariciar un par de gatos. Si uno tiene una red de contactos sólida, la buena nueva se distribuirá rápida y eficazmente. Si uno es un paria social, no lo hará.

Evidentemente, es sólo un estudio, y una explicación posible. Es curioso, sin embargo, ver un mecanismo lógico detrás del éxito de los "picos de oro" en muchos entornos competitivos. No estamos en un mundo para gente tímida.

Y sí, como todos los frikis que seguramente me están leyendo, alguien me tendría que haber explicado esto cuando tenía 14 años. En fin, gente, ya se sabe que las Ciencias Sociales siempre llegan tarde.