Partiendo de que la monarquía no me parece una institución demasiado relevante (un presidente-florero al estilo alemán o irlandés es más o menos lo mismo a efectos prácticos, sin caer en leyes medievalistas), me parece cómica la súbita oleada de preocupación de algunos en el tema hereditario. Sea por alergia a tocar la constitución, sea por temor a que los votantes puedan opinar en nada relativo a la Casa Real, algunos están muy suceptibles estos días.
Mi opinión: no debe cambiarse el orden sucesorio. La monarquía es esencialmente una antigüedad; un legado folklórico- legal de uso ciertamente limitado que sobrevive como oscuro tributo a nuestra historia. Por ese motivo, igual que no le cambiamos el peinado a las meninas para que Velázquez parezca moderno, no cambiamos el orden sucesorio tradicional para que darle una patina igualitaria a una institución que no lo es. Es como ponerle un alerón de F1 a un 600; por muy molón que quede, seguirá sin ser un deportivo.
La verdad, aún con una cierta preferencia republicana, la corona no me molesta demasiado. Lo de tratar de legitimarla dándole retoques populistas, sin embargo, me parece absurdo.
Por cierto, puestos a reclamar, quiero que vuelvan los Habsburgo. Que cojones, que vuelvan los Trastámara. O que me busquen herederos de Wilfredo el Velloso, ya puestos. Ya que estamos historicistas... La verdad, hay otras reformas constitucionales más urgentes.
martes, septiembre 26, 2006
domingo, septiembre 24, 2006
ETA habla de armas
ETA ha decidido recordar al mundo que tienen armas y siguen muy, muy cabreados, con el mundo, y que lo de la violencia aún no lo tienen descartado. Se quejan amargamente que el gobierno no ha dado pasos para contribuir al proceso de paz.
¿De quién es la culpa? Según el PP, del gobierno. Tiene su gracia. El PP se ha pasado seis meses diciendo que al enemigo ni agua, que cualquier cesión es una rendición. ETA se queja que el gobierno no cede, y amenaza con volver a liarse a tiros. El gobierno ha dicho lo que decía el PP, según los terroristas mismos, así que si ETA mata de nuevo la culpa es ¿de Zapatero?.
Desde que empezó la tregua, la situación en Euskadi ha cambiado poco o nada. No hay asesinatos, el estado sigue prohibiendo actos de Batasuna, el gobierno de Vitoria sigue bajo el estatuto de Guernika, Navarra sigue a lo suyo; incluso algún idiota quema cosas de vez en cuando. El PP se exclama de no sé qué camino de locos del gobierno, pero lo cierto es que a efectos prácticos el único en mover ficha ha sido ETA.
La respuesta de Zapatero ha sido en la linea de siempre, la que dice el PP que el PSOE no está siguiendo: legalidad, no hay precio político, sólo se negocia en ausencia de violencia. Repetirle a Batasuna que haga política y punto. Rajoy pide que se vuelva al pacto antiterrorista, pero lo cierto es que el gobierno no es que esté diciendo cosas demasiado distintas a lo que dice el PP.
Mi impresión, ahora mismo, es que el PP ha conseguido bloquear el proceso de paz. De hecho, ha conseguido que no empiece siquiera. Con el paso de los meses, el PSOE ha ido perdiendo margen de maniobra al tratar de atraer a Rajoy a su redil dándole algunas concesiones, hasta el punto que se ha quedado sin capacidad para hacer gestos conciliadores a la izquierda abertzale. Cuando Batasuna se queja de inmobilismo, este viene en parte por la tozudez del PP, en parte por la cobardía del PSOE. No hay proceso de paz porque Zapatero no se atreve a ir solo, y con cierta razón.
La pregunta evidente es cuál es la alternativa al proceso de paz, si es que hay alguna. Si el proceso avanza, probablemente se acerquen presos, se vote un nuevo estatuto, y Navarra vote que no a unirse a Euskadi, siguiendo el mecanismo que establece la constitución para ello. Si ETA se decide a romper la tregua, estaremos en un escenario con 5-10 muertos al año, escoltas, extorsión y violencia callejera; algo parecido a lo que sucedía a principios de esta década. Un terrorismo ocasionalmente doloroso, pero patéticamente insuficiente para que el estado se dé por aludido y renuncie a nada. Sí, habrá muertos unos cuantos años más, pero no cambiarán realmente nada, hasta que ETA se canse y muera de aburrimiento, o declare otra tregua implorando clemencia como ahora.
¿Qué prefiere cada uno de los implicados? ETA probablemente prefiere dejarlo ahora de forma más o menos aceptable, y extinguirse con cierta honrilla. El gobierno prefiere que ETA lo deje ahora, minimizando la honrilla que ETA pueda obtener. ¿El PP? Me temo que prefieren cuatro o cinco años más con muertos, 20-25 funerales, y decir que la culpa es del PSOE.
Tanto PP como PSOE están en ello por los votos. La diferencia es que uno de los partidos parece estar basando su estrategia en que las cosas vuelvan a ser como antes. La alternativa a la paz es que haya muertos, algo que deben tener en mente quien se opone a un proceso de paz.
¿De quién es la culpa? Según el PP, del gobierno. Tiene su gracia. El PP se ha pasado seis meses diciendo que al enemigo ni agua, que cualquier cesión es una rendición. ETA se queja que el gobierno no cede, y amenaza con volver a liarse a tiros. El gobierno ha dicho lo que decía el PP, según los terroristas mismos, así que si ETA mata de nuevo la culpa es ¿de Zapatero?.
Desde que empezó la tregua, la situación en Euskadi ha cambiado poco o nada. No hay asesinatos, el estado sigue prohibiendo actos de Batasuna, el gobierno de Vitoria sigue bajo el estatuto de Guernika, Navarra sigue a lo suyo; incluso algún idiota quema cosas de vez en cuando. El PP se exclama de no sé qué camino de locos del gobierno, pero lo cierto es que a efectos prácticos el único en mover ficha ha sido ETA.
La respuesta de Zapatero ha sido en la linea de siempre, la que dice el PP que el PSOE no está siguiendo: legalidad, no hay precio político, sólo se negocia en ausencia de violencia. Repetirle a Batasuna que haga política y punto. Rajoy pide que se vuelva al pacto antiterrorista, pero lo cierto es que el gobierno no es que esté diciendo cosas demasiado distintas a lo que dice el PP.
Mi impresión, ahora mismo, es que el PP ha conseguido bloquear el proceso de paz. De hecho, ha conseguido que no empiece siquiera. Con el paso de los meses, el PSOE ha ido perdiendo margen de maniobra al tratar de atraer a Rajoy a su redil dándole algunas concesiones, hasta el punto que se ha quedado sin capacidad para hacer gestos conciliadores a la izquierda abertzale. Cuando Batasuna se queja de inmobilismo, este viene en parte por la tozudez del PP, en parte por la cobardía del PSOE. No hay proceso de paz porque Zapatero no se atreve a ir solo, y con cierta razón.
La pregunta evidente es cuál es la alternativa al proceso de paz, si es que hay alguna. Si el proceso avanza, probablemente se acerquen presos, se vote un nuevo estatuto, y Navarra vote que no a unirse a Euskadi, siguiendo el mecanismo que establece la constitución para ello. Si ETA se decide a romper la tregua, estaremos en un escenario con 5-10 muertos al año, escoltas, extorsión y violencia callejera; algo parecido a lo que sucedía a principios de esta década. Un terrorismo ocasionalmente doloroso, pero patéticamente insuficiente para que el estado se dé por aludido y renuncie a nada. Sí, habrá muertos unos cuantos años más, pero no cambiarán realmente nada, hasta que ETA se canse y muera de aburrimiento, o declare otra tregua implorando clemencia como ahora.
¿Qué prefiere cada uno de los implicados? ETA probablemente prefiere dejarlo ahora de forma más o menos aceptable, y extinguirse con cierta honrilla. El gobierno prefiere que ETA lo deje ahora, minimizando la honrilla que ETA pueda obtener. ¿El PP? Me temo que prefieren cuatro o cinco años más con muertos, 20-25 funerales, y decir que la culpa es del PSOE.
Tanto PP como PSOE están en ello por los votos. La diferencia es que uno de los partidos parece estar basando su estrategia en que las cosas vuelvan a ser como antes. La alternativa a la paz es que haya muertos, algo que deben tener en mente quien se opone a un proceso de paz.
viernes, septiembre 22, 2006
La cucaracha, la cucaracha....
Tras la última revelación espantosa de Pedro Jota, acusando a ETA y los terroristas del 11-M de usar el mismo producto para matar cucarachas, me parecía que el PP se callaría de una puñetera vez. Pues bueno, no; parece que algunos miembros del partido siguen jugando a "cuanto peor, mejor" para fusilar a su bienamado lider barbudo, y siguen a su pelota.
A ver, señores. Si, un borrador fue revisado y se eliminaron referencias a ETA. La pregunta para los palizas conspiranoicos es, ¿Que puta importancia tiene que un etarra de cientos y los islamistas se limpien los pies usando el mismo producto? Es crimen por asociación (Carod habla con ETA, Maragall habla con Carod, Zapatero con Maragall, ¡ZP es ETA!) llevado al paroxismo de los objetos de la vida cotidiana. Espero que Acebes no respire oxígeno como hace Otegui (y oye, lo dice la policía en sus informes médicos, seguro), porque sino estamos jodidos.
País.
A ver, señores. Si, un borrador fue revisado y se eliminaron referencias a ETA. La pregunta para los palizas conspiranoicos es, ¿Que puta importancia tiene que un etarra de cientos y los islamistas se limpien los pies usando el mismo producto? Es crimen por asociación (Carod habla con ETA, Maragall habla con Carod, Zapatero con Maragall, ¡ZP es ETA!) llevado al paroxismo de los objetos de la vida cotidiana. Espero que Acebes no respire oxígeno como hace Otegui (y oye, lo dice la policía en sus informes médicos, seguro), porque sino estamos jodidos.
País.
miércoles, septiembre 20, 2006
Equilibrio pernicioso aplicado: Marbella
No hace demasiado trataba de explicar por qué algunas organizaciones e instituciones terminan por funcionar mal, muy mal, y no parecen tener ninguna intención de cambiar. En jerga de ciencia política, comentaba que un resultado estable en una organización le llamamos un equilibrio, y que básicamente se resume en una situación en la que nadie de los implicados tiene ningún incentivo para cambiar las cosas.
Estos días uno puede leer un ejemplo casi de libro de una institución metida en un equilibrio pernicioso, el ayuntamiento de Marbella. Tenemos un consistorio corrupto de arriba a abajo, probablemente desde hace más de una década, sin que en apariencia nadie relevante en el municipio moviera un dedo para cambiar las cosas. Que los políticos se dedicaran a pedir comisiones sin parar es, hasta cierto punto, comprensible; lucro personal y listos. Que Jesús Gil trabajara para enriquecerse de forma ilegal, también. La pregunta que requiere un poco más de detalle es por qué los empresarios consentían, sin rechistar, la extorsión constante.
La corrupción política en casos como Marbella consiste básicamente en la conversión de la ley en una subasta. Los políticos saben que cada permiso, licencia o concesión municipal es un "vale" para hacer dinero, y que los empresarios quieren acceder a ello. Nada como añadir un sencillo paso intermedio para decidir a quién se da paso.
La dificultad para el político corrupto, en este caso, es cuánto pedir, y cómo organizar los pagos. Si el precio es demasiado alto, ningún empresario querrá hacer negocio, y se quedará sin soborno. Si el precio es demasiado bajo, tendrá un exceso de ofertas, y correrá el riesgo de dejar demasiados inversores cabreados. Por añadido, debe ser capaz de asegurar que todos los empresarios ganen de vez en cuando; si hay alguien que se queda sin negocio de forma consistente, la posibilidad que alguien hable aumenta. Básicamente necesita construir un sistema cerrado con un número limitado de inversores, asegurarse que estos hagan dinero de forma consistente, y que todos los que están dentro estén lo suficiente contentos como para seguir pagando.
Para acabar de pulir el sistema, el político también necesita que la competencia política sea limitada. Sea porque la oposición es irrelevante (a golpe de sobornos o compra de votos), sea porque todo el mundo participa del pastel, la cuestión es que nadie tenga interés en romper con el sistema. El resultado es un sistema muy estable, donde los empresarios pagan a gusto, y los políticos mantienen el chiringuito bajo control sin problemas. Si nadie desde dentro habla, que el pastel se descubra es rematadamente difícil, como así ha resultado en Marbella.
¿Qué puede llevar a un sistema come este a romperse? Hay varios mecanismos. El más clásico, la "inflación"; los políticos empiezan a pasarse de avariciosos (sea porque hay demasiados metidos en el ajo, sea porque los sobornos han acabado por estrangular la economía), y para los empresarios implicados el negocio deja de valer la pena. Otro, también habitual (y el que creo ha sucedido en Marbella) es la falta de acuerdo entre los recaudadores. Los políticos, por un motivo u otro, empiezan a tener problemas decidiendo cómo se reparte el pastel, y acaban por hacer que alguien que sabe demasiado se sienta excluido. Eso no tiene por qué ser un problema (cuando la mafia es la que hace estas cosas, siempre saben como "motivar" para obtener silencio), pero no todo el mundo tiene esa clase de agallas, o la capacidad de intimidar sin ser descubierto.
Es necesario señalar que en este caso, como peor van las cosas (más corrupción, peor economía, más políticos participando) más propenso es el sistema a cambiar. Cuando se habla de destruir una organización para salvarla en ocasiones se está más cerca de la realidad de lo que parece. Por eso los partidos tienden a renovarse cuando se la pegan, y no antes; y por eso a veces hay gente que trata de demoler su propia casa sin mirar qué se llevan por delante. El "como peor, mejor" es de hecho una estrategia racional a veces. Quién iba a decirlo.
Estos días uno puede leer un ejemplo casi de libro de una institución metida en un equilibrio pernicioso, el ayuntamiento de Marbella. Tenemos un consistorio corrupto de arriba a abajo, probablemente desde hace más de una década, sin que en apariencia nadie relevante en el municipio moviera un dedo para cambiar las cosas. Que los políticos se dedicaran a pedir comisiones sin parar es, hasta cierto punto, comprensible; lucro personal y listos. Que Jesús Gil trabajara para enriquecerse de forma ilegal, también. La pregunta que requiere un poco más de detalle es por qué los empresarios consentían, sin rechistar, la extorsión constante.
La corrupción política en casos como Marbella consiste básicamente en la conversión de la ley en una subasta. Los políticos saben que cada permiso, licencia o concesión municipal es un "vale" para hacer dinero, y que los empresarios quieren acceder a ello. Nada como añadir un sencillo paso intermedio para decidir a quién se da paso.
La dificultad para el político corrupto, en este caso, es cuánto pedir, y cómo organizar los pagos. Si el precio es demasiado alto, ningún empresario querrá hacer negocio, y se quedará sin soborno. Si el precio es demasiado bajo, tendrá un exceso de ofertas, y correrá el riesgo de dejar demasiados inversores cabreados. Por añadido, debe ser capaz de asegurar que todos los empresarios ganen de vez en cuando; si hay alguien que se queda sin negocio de forma consistente, la posibilidad que alguien hable aumenta. Básicamente necesita construir un sistema cerrado con un número limitado de inversores, asegurarse que estos hagan dinero de forma consistente, y que todos los que están dentro estén lo suficiente contentos como para seguir pagando.
Para acabar de pulir el sistema, el político también necesita que la competencia política sea limitada. Sea porque la oposición es irrelevante (a golpe de sobornos o compra de votos), sea porque todo el mundo participa del pastel, la cuestión es que nadie tenga interés en romper con el sistema. El resultado es un sistema muy estable, donde los empresarios pagan a gusto, y los políticos mantienen el chiringuito bajo control sin problemas. Si nadie desde dentro habla, que el pastel se descubra es rematadamente difícil, como así ha resultado en Marbella.
¿Qué puede llevar a un sistema come este a romperse? Hay varios mecanismos. El más clásico, la "inflación"; los políticos empiezan a pasarse de avariciosos (sea porque hay demasiados metidos en el ajo, sea porque los sobornos han acabado por estrangular la economía), y para los empresarios implicados el negocio deja de valer la pena. Otro, también habitual (y el que creo ha sucedido en Marbella) es la falta de acuerdo entre los recaudadores. Los políticos, por un motivo u otro, empiezan a tener problemas decidiendo cómo se reparte el pastel, y acaban por hacer que alguien que sabe demasiado se sienta excluido. Eso no tiene por qué ser un problema (cuando la mafia es la que hace estas cosas, siempre saben como "motivar" para obtener silencio), pero no todo el mundo tiene esa clase de agallas, o la capacidad de intimidar sin ser descubierto.
Es necesario señalar que en este caso, como peor van las cosas (más corrupción, peor economía, más políticos participando) más propenso es el sistema a cambiar. Cuando se habla de destruir una organización para salvarla en ocasiones se está más cerca de la realidad de lo que parece. Por eso los partidos tienden a renovarse cuando se la pegan, y no antes; y por eso a veces hay gente que trata de demoler su propia casa sin mirar qué se llevan por delante. El "como peor, mejor" es de hecho una estrategia racional a veces. Quién iba a decirlo.
Ibarra lo deja
Y por una vez, no es una sorpresa, como fue la "caída" de Clos. Ni siquiera tiene motivos tácticos evidentes como la de Trinidad Jiménez. Lo cierto es que por una vez, un político se va exactamente por el motivo que dice, su salud precaria.
El PP puede decir lo que quiera, acusando a Zapatero de exterminar la disidencia. Supongo que Zaplana cuando habla de socialismo nacional, aparte de hacer eso de clasificar entre buenos y malos que tanto le gusta, también se referirá a Maragall, claro. Lo cierto es que lo que estamos viendo es algo mucho más simple, una renovación generacional perfectamente predecible. Maragall, Ibarra, Bono y Vázquez llevaban en política, a lo tonto, 20-25 años. En casi cualquier país razonable, eso es una eternidad; hay muy pocos sitios en los que un dirigente no aparta del medio tras dos décadas en activo.
De hecho, estos cambios son necesarios. Igual que la alternancia entre dos partidos (incluso en Suecia) es algo que es bueno que suceda de vez en cuando, la progresiva extinción de dinosaurios políticos forma parte de la misma democracia.
Por cierto, repasad la carrera política de Jaques Chirac, o la clase política francesa en general. Cuando alguien se pregunta por qué Francia parece encallada en un mar de políticos caducos, aquí teneis una de las razones.
Ah, y descuidad, los barones no han desaparecido. A los derrotados (o sus herederos) sólo les queda esperar en silencio, como las semillas...
(Gracias a Saint-Exupéry por el símil forzado)
El PP puede decir lo que quiera, acusando a Zapatero de exterminar la disidencia. Supongo que Zaplana cuando habla de socialismo nacional, aparte de hacer eso de clasificar entre buenos y malos que tanto le gusta, también se referirá a Maragall, claro. Lo cierto es que lo que estamos viendo es algo mucho más simple, una renovación generacional perfectamente predecible. Maragall, Ibarra, Bono y Vázquez llevaban en política, a lo tonto, 20-25 años. En casi cualquier país razonable, eso es una eternidad; hay muy pocos sitios en los que un dirigente no aparta del medio tras dos décadas en activo.
De hecho, estos cambios son necesarios. Igual que la alternancia entre dos partidos (incluso en Suecia) es algo que es bueno que suceda de vez en cuando, la progresiva extinción de dinosaurios políticos forma parte de la misma democracia.
Por cierto, repasad la carrera política de Jaques Chirac, o la clase política francesa en general. Cuando alguien se pregunta por qué Francia parece encallada en un mar de políticos caducos, aquí teneis una de las razones.
Ah, y descuidad, los barones no han desaparecido. A los derrotados (o sus herederos) sólo les queda esperar en silencio, como las semillas...
(Gracias a Saint-Exupéry por el símil forzado)
sábado, septiembre 16, 2006
Crítica semantico-teológica
Lo de Libertad Digital es realmente cómico. Después que el Papa se metiera en un lío dialéctico con los majaras psicóticos de siempre, desde el Vaticano ha emitido el siguiente comunicado:
Mientras clasifica la postura del PSOE como "servil con los islamistas".
A ver si nos aclaramos. Según la teología de LD, si yo lamento profundamente haber hecho algo, no estoy arrepentido. Estoy orgulloso de haber dicho lo que he dicho, supongo, y todo el mundo que entienda que estoy pidiendo perdón, diciendo que me equivocado o tratando de arreglar las cosas tiene como intención pegarle fuego al Papa, y aplaudir a los enemigos de la democracia. Oh, y criticar a la Iglesia Católica equivale a querer hacer cosas feas con animales y despreciar la democracia, por cierto. En fin, que ahora le llaman periodismo a cualquier cosa. Y oye, un buen liberal debe ser Católico, Apostólico y Romano, claro.
A todo esto, la reacción de algunos sectores del mundo islámico ha sido sencillamente patética. Una expresión más del complejo de inferioridad y derrota de los que no se han dado cuenta que los tiempos han cambiado, amén de alegre manipulación de palabras.
"El Santo Padre está extremadamente disgustado porque algunos de los pasajes de su discurso puedan haber sido ofensivos para las sensibilidades de los creyentes musulmanes y porque las hayan podido interpretar de una manera que no corresponde en absoluto a sus intenciones"El PSOE, en boca de Diego López Garrido, ha declarado:
"El Vaticano se ha disculpado. Creo que todos debemos ir en esa interpretación"El titular de Libertad Digital, que venderían a su madre si eso les permite cagarse en los socialistas, reza lo siguiente:
"El PSOE aplaude un inexistente arrepentimiento del Papa y cree que "todos deberíamos pedir disculpas" a los musulmanes"
Mientras clasifica la postura del PSOE como "servil con los islamistas".
A ver si nos aclaramos. Según la teología de LD, si yo lamento profundamente haber hecho algo, no estoy arrepentido. Estoy orgulloso de haber dicho lo que he dicho, supongo, y todo el mundo que entienda que estoy pidiendo perdón, diciendo que me equivocado o tratando de arreglar las cosas tiene como intención pegarle fuego al Papa, y aplaudir a los enemigos de la democracia. Oh, y criticar a la Iglesia Católica equivale a querer hacer cosas feas con animales y despreciar la democracia, por cierto. En fin, que ahora le llaman periodismo a cualquier cosa. Y oye, un buen liberal debe ser Católico, Apostólico y Romano, claro.
A todo esto, la reacción de algunos sectores del mundo islámico ha sido sencillamente patética. Una expresión más del complejo de inferioridad y derrota de los que no se han dado cuenta que los tiempos han cambiado, amén de alegre manipulación de palabras.
50 años de TV española a traves de YouTube
Os recomiendo que no dejéis de leer en Pixel Y Dixel el artículo sobre el aniversario de los 50 años de la televisión en España, tienen unos cuantos de videos (vía youtube) sobre momentos “estelares” (o no tan estelares) de la televisión.
Seguro que muchos de estos videos os trasladaran otra vez a vuestra infancia, en mi caso este ha sido el que me la ha hecho recordar:
Para los frikis del programa, si realizáis una búsqueda en YouTube, encontrareis unos cuantos videos del programa ;).
Bueno y como en este articulo no se hablado aun de mi libro, me levanto y me voy del programa ;).
viernes, septiembre 15, 2006
Frenos estúpidos al crecimiento
Un ejemplo muy claro: España es el cuarto país de la OCDE en el que es más difícil abrir un negocio.
Esta es la clase de políticas que deberían poner a todo el mundo de los nervios. A ver, que se abran nuevas empresas es bueno. Crean empleo, hacen gente rica, la economía va bien, etcétera. ¿Por qué narices tiene que ser algo tan rematadamente lioso? Dejando de lado la legislación laboral (algo de lo que ya he hablado otras veces), que uno se tenga que tirar 45 días de ventanilla en ventanilla antes de abrir el chiringuito es ganas de poner las cosas difíciles a quien está haciendo algo que ayuda a todos.
Cambiar estas leyes es relativamente fácil. Gente en Moncloa como Miguel Sebastián han hablado de ello antes de entrar en el gobierno. ¿Por qué narices las cosas han cambiado tan poco? Es una medida pequeña, de las que nadie se entera, fácil de pasar, y que haría mucho bien por bien poco trabajo.
Esta es la clase de políticas que deberían poner a todo el mundo de los nervios. A ver, que se abran nuevas empresas es bueno. Crean empleo, hacen gente rica, la economía va bien, etcétera. ¿Por qué narices tiene que ser algo tan rematadamente lioso? Dejando de lado la legislación laboral (algo de lo que ya he hablado otras veces), que uno se tenga que tirar 45 días de ventanilla en ventanilla antes de abrir el chiringuito es ganas de poner las cosas difíciles a quien está haciendo algo que ayuda a todos.
Cambiar estas leyes es relativamente fácil. Gente en Moncloa como Miguel Sebastián han hablado de ello antes de entrar en el gobierno. ¿Por qué narices las cosas han cambiado tan poco? Es una medida pequeña, de las que nadie se entera, fácil de pasar, y que haría mucho bien por bien poco trabajo.
Oscuridad y presupuestos
Una de las razones que hacen de la democracia un sistema político relativamente efectivo es el control al que están sujetos los políticos. El papel de guardianes lo tiene en última instancia el electorado, y debe estar en el interés de todos maximizar la capacidad de los votantes para vigilar a los políticos, mientras nos aseguramos que estos no sepan a quién deben hacer la pelota de forma específica.
Esto suena muy bonito, hasta que nos damos cuenta que quizás los políticos no tengan un interés excesivo en que esto sea fácil. Una muestra de ello es el fracaso de un cambio legal reciente en el Congreso de los Estados Unidos, que de tan patético es casi lastimoso.
No hace demasiado, un tal Jack Abramoff, lobbyist (representante de grupos de presión) del congreso fue pillado con las manos en la masa sobornando legisladores a cambio que se comprometieran a introducir partidas en los presupuestos para sus clientes. El sistema legislativo americano funciona de modo que casi cualquiera puede añadir enmiendas en presupuestos y aprobarlas (a base de "yo voto lo tuyo, tu votas lo mío") así añadir chapucillas estilo "doce minolles para la investigación en la cría del congrio en Bumblefuck, Nebraska" en una ley no es demasiado complicado. En jerga legislativa americana, a estos engendros se les llaman "earmarks", y son el ejemplo estrella de lo que habitualmente se llama "pork barrel politics"; gasto público centrado en regar de dinero a gente de tu distrito electoral.
Bueno, la cosa lleva bastante salida de madre desde hace años, así que en el Congreso han aparecido varias propuestas de legislación tratando de cortar estas prácticas. La mayoría incluían restricciones limitadas sobre los contactos entre grupos de presión y los legisladores, y los regalos que pueden hacerse, algo razonable y lógico... y que han sido masacradas en comité, sin que hayan llegado a ningún sitio. La más humilde de las reformas, sin embargo, era un curioso intento de mejorar la transparencia del proceso legislativo, mediante el sencillo método que cada enmienda incluya el nombre del legislador que la añadió. Al menos así sabremos el cretino que hace los regalos, ¿no?
Bueno, pues tampoco. Añadir "tanta" transparencia al sistema ha sido considerado excesivo por los miembros del comite de presupuestos, quizá asustados que el gasto adicional de tinta sea insostenible, supongo. Dejando de lado el hecho que es probable que no habrá más que diez personas en todo el país lo suficiente masoquistas como para leerse todas las leyes a ver quien está subvencionando el museo de Elvis en Dakota del Norte, los miembros del comité ya han dicho que se cargarán cualquier legislación que introduzca un nivel de publicidad tan limitado.
Lo peor de todo esto, es una reacción perfectamente racional. Los políticos no toman deciones que les vayan a perjudicar, y en un sistema tan bizantino como el americano, ocultar el cinismo detrás de comités oscuros esto es ridículamente fácil. Debido al caracter territorial de los distritos electorales, además, la capacidad de control es mucho más limitada; mientras cada miembro del comité que bloquea la legislación riegue de dinero a su distrito, el cabreo del resto del país le trae sin cuidado, ya que saldrá reelegido. Y como los partidos no son realmente organizaciones nacionales, el pecado de un congresista no afecta necesariamente el resto.
En fin, un recordatorio sobre por qué mantener los sistemas políticos sencillos, claritos, fáciles de entender y bien visibles es una buena idea. Los gobernantes en una democracia siempre tomarán las mejores decisiones posibles... si temen a sus votantes lo suficiente.
Esto suena muy bonito, hasta que nos damos cuenta que quizás los políticos no tengan un interés excesivo en que esto sea fácil. Una muestra de ello es el fracaso de un cambio legal reciente en el Congreso de los Estados Unidos, que de tan patético es casi lastimoso.
No hace demasiado, un tal Jack Abramoff, lobbyist (representante de grupos de presión) del congreso fue pillado con las manos en la masa sobornando legisladores a cambio que se comprometieran a introducir partidas en los presupuestos para sus clientes. El sistema legislativo americano funciona de modo que casi cualquiera puede añadir enmiendas en presupuestos y aprobarlas (a base de "yo voto lo tuyo, tu votas lo mío") así añadir chapucillas estilo "doce minolles para la investigación en la cría del congrio en Bumblefuck, Nebraska" en una ley no es demasiado complicado. En jerga legislativa americana, a estos engendros se les llaman "earmarks", y son el ejemplo estrella de lo que habitualmente se llama "pork barrel politics"; gasto público centrado en regar de dinero a gente de tu distrito electoral.
Bueno, la cosa lleva bastante salida de madre desde hace años, así que en el Congreso han aparecido varias propuestas de legislación tratando de cortar estas prácticas. La mayoría incluían restricciones limitadas sobre los contactos entre grupos de presión y los legisladores, y los regalos que pueden hacerse, algo razonable y lógico... y que han sido masacradas en comité, sin que hayan llegado a ningún sitio. La más humilde de las reformas, sin embargo, era un curioso intento de mejorar la transparencia del proceso legislativo, mediante el sencillo método que cada enmienda incluya el nombre del legislador que la añadió. Al menos así sabremos el cretino que hace los regalos, ¿no?
Bueno, pues tampoco. Añadir "tanta" transparencia al sistema ha sido considerado excesivo por los miembros del comite de presupuestos, quizá asustados que el gasto adicional de tinta sea insostenible, supongo. Dejando de lado el hecho que es probable que no habrá más que diez personas en todo el país lo suficiente masoquistas como para leerse todas las leyes a ver quien está subvencionando el museo de Elvis en Dakota del Norte, los miembros del comité ya han dicho que se cargarán cualquier legislación que introduzca un nivel de publicidad tan limitado.
Lo peor de todo esto, es una reacción perfectamente racional. Los políticos no toman deciones que les vayan a perjudicar, y en un sistema tan bizantino como el americano, ocultar el cinismo detrás de comités oscuros esto es ridículamente fácil. Debido al caracter territorial de los distritos electorales, además, la capacidad de control es mucho más limitada; mientras cada miembro del comité que bloquea la legislación riegue de dinero a su distrito, el cabreo del resto del país le trae sin cuidado, ya que saldrá reelegido. Y como los partidos no son realmente organizaciones nacionales, el pecado de un congresista no afecta necesariamente el resto.
En fin, un recordatorio sobre por qué mantener los sistemas políticos sencillos, claritos, fáciles de entender y bien visibles es una buena idea. Los gobernantes en una democracia siempre tomarán las mejores decisiones posibles... si temen a sus votantes lo suficiente.
miércoles, septiembre 13, 2006
De organizaciones y equilibrios
No hace demasiado señalaba el talento único que tienen algunas organizaciones (la FSM, para ser concreto) en ser horriblemente incompetentes, y mantenerse tozudamente sin cambios. Por algún motivo extraño, los miembros de una institución, club, partido político o sociedad acaban en una situación en que los objetivos que se habían marcado no se cumplen, pero dejan que el tinglado siga funcionando sin que les lleve a ninguna parte.
El porqué esto sucede es uno de los problemas clásicos que trata la Ciencia Política. Es tan importante saber por qué las instituciones y partidos cambian como explicar por qué hay arreglos institucionales que son estables en el tiempo, estén funcionando como deben o no. ¿Por qué Estados Unidos ha sido una democracia durante más de 200 años, mientras que Argentina no ha sido capaz de ello? ¿Por qué la mafia es fuerte en unos lugares y no otros? ¿Qué tiene que suceder en el PP para que Acebes pierda el cargo?
Hay varias aproximaciones a esta clase de problemas. La más extendida en lugares serios (y mi preferida) es tratar las instituciones como resultados de interacciones estratégicas; en jerga de la disciplina, como equilibrios de un juego.
Me explico. Cuando un determinado grupo de individuos más o menos racionales deciden organizarse de algún modo, hacen una serie de elecciones sobre cómo van a funcionar las cosas. Estos individuos pueden estar hablando entre ellos y cooperando genuinamente, hablando entre ellos pero apuñalándose alegremente por la espalda, o bien trabajando activamente para organizar las cosas de un modo que les favorezca a ellos. La institución resultante será una expresión de este juego de negociación, conflicto y control mental en que se han metido, un resultado de la multitud de organizaciones posibles.
En muchas ocasiones, el resultado obtenido es ligeramente chapucero, por un motivo a otro. Puede que en el debate se haya excluido a un determinado grupo que tenía bastante que decir. Puede que haya un determinado grupo que no tenga ningún incentivo a aceptar ningún consenso. Puede que el arreglo decidido sea excepcionalmente confuso y no haga feliz a nadie. Cuando esto sucede, la institución no tiene una esperanza de vida demasiado larga, y acaba por romperse de forma a veces bastante aparatosa, creando otro ciclo de cambio. El partido no acepta a su nuevo líder y lo fuerza a dimitir. Los vecinos del quinto se niegan a pagar para pintar la fachada. La constitución no es respetada, y el país cae en guerra civil. Las cosas no funcionan, y la inestabilidad vuelve a aparecer.
A veces, sin embargo, el resultado sí acaba llevando a la organización a una situación estable. La mayoría de los actores (jerga para ¨personitas¨) quedan en una situación en que prefieren que las cosas permanezcan como han establecido, no que cambien. Eso puede incluir algo tan simple como pagar a la comunidad cada mes para que se arregle el ascensor, o algo tan complicado como aceptar deja el gobierno y no sacar los tanques a la calle al perder elecciones. Nadie tiene incentivos (ni poder) suficiente para pegarle una patada a la mesa y decidir cambiar las reglas del juego, y la institución (que supongo habreis deducido es jerga para "cosa grande organizada") sobrevive.
En Ciencia Política, el resultado de un juego en que nadie tiene incentivos para cambiar sus decisiones para mejorar su situación se le llama un equilibrio. El problema con los equilibrios, sin embargo, es que a veces su única "virtud" es el hecho que son estables. En otras palabras, a veces todo el mundo puede acabar estando muy feliz tirándose piedras sobre su propio tejado.
La FSM es, por desgracia, un ejemplo de estos casos. El objetivo inicial (ganar elecciones de vez en cuando) se ha visto progresivamente substituido por el de vegetar sin hacer nada. Gran parte de la federación vive de mantener el cargo, así que tiene todo el interés del mundo en comprar su seguridad usando de clientelismo a aburrir a las ovejas. El resultado es un partido lleno de gente concentrada en aplaudir al jefe a cambio de favores, y unos líderes que tienen como único objetivo asegurar que las cosas siguen así. Nadie dentro de la organización tiene ningún interés en que las cosas cambien, y de hecho se emplean a fondo en asegurarse que nadie con ideas raras se lo pase bien.
Claro, cuando alguien quiere ganar elecciones en Madrid (Zapatero, por ejemplo), lo único que puede hacer es ignorar a la FSM completamente. Sobre cómo reformar estos engendros (de los que hay multitud), hablaré otro día.
El porqué esto sucede es uno de los problemas clásicos que trata la Ciencia Política. Es tan importante saber por qué las instituciones y partidos cambian como explicar por qué hay arreglos institucionales que son estables en el tiempo, estén funcionando como deben o no. ¿Por qué Estados Unidos ha sido una democracia durante más de 200 años, mientras que Argentina no ha sido capaz de ello? ¿Por qué la mafia es fuerte en unos lugares y no otros? ¿Qué tiene que suceder en el PP para que Acebes pierda el cargo?
Hay varias aproximaciones a esta clase de problemas. La más extendida en lugares serios (y mi preferida) es tratar las instituciones como resultados de interacciones estratégicas; en jerga de la disciplina, como equilibrios de un juego.
Me explico. Cuando un determinado grupo de individuos más o menos racionales deciden organizarse de algún modo, hacen una serie de elecciones sobre cómo van a funcionar las cosas. Estos individuos pueden estar hablando entre ellos y cooperando genuinamente, hablando entre ellos pero apuñalándose alegremente por la espalda, o bien trabajando activamente para organizar las cosas de un modo que les favorezca a ellos. La institución resultante será una expresión de este juego de negociación, conflicto y control mental en que se han metido, un resultado de la multitud de organizaciones posibles.
En muchas ocasiones, el resultado obtenido es ligeramente chapucero, por un motivo a otro. Puede que en el debate se haya excluido a un determinado grupo que tenía bastante que decir. Puede que haya un determinado grupo que no tenga ningún incentivo a aceptar ningún consenso. Puede que el arreglo decidido sea excepcionalmente confuso y no haga feliz a nadie. Cuando esto sucede, la institución no tiene una esperanza de vida demasiado larga, y acaba por romperse de forma a veces bastante aparatosa, creando otro ciclo de cambio. El partido no acepta a su nuevo líder y lo fuerza a dimitir. Los vecinos del quinto se niegan a pagar para pintar la fachada. La constitución no es respetada, y el país cae en guerra civil. Las cosas no funcionan, y la inestabilidad vuelve a aparecer.
A veces, sin embargo, el resultado sí acaba llevando a la organización a una situación estable. La mayoría de los actores (jerga para ¨personitas¨) quedan en una situación en que prefieren que las cosas permanezcan como han establecido, no que cambien. Eso puede incluir algo tan simple como pagar a la comunidad cada mes para que se arregle el ascensor, o algo tan complicado como aceptar deja el gobierno y no sacar los tanques a la calle al perder elecciones. Nadie tiene incentivos (ni poder) suficiente para pegarle una patada a la mesa y decidir cambiar las reglas del juego, y la institución (que supongo habreis deducido es jerga para "cosa grande organizada") sobrevive.
En Ciencia Política, el resultado de un juego en que nadie tiene incentivos para cambiar sus decisiones para mejorar su situación se le llama un equilibrio. El problema con los equilibrios, sin embargo, es que a veces su única "virtud" es el hecho que son estables. En otras palabras, a veces todo el mundo puede acabar estando muy feliz tirándose piedras sobre su propio tejado.
La FSM es, por desgracia, un ejemplo de estos casos. El objetivo inicial (ganar elecciones de vez en cuando) se ha visto progresivamente substituido por el de vegetar sin hacer nada. Gran parte de la federación vive de mantener el cargo, así que tiene todo el interés del mundo en comprar su seguridad usando de clientelismo a aburrir a las ovejas. El resultado es un partido lleno de gente concentrada en aplaudir al jefe a cambio de favores, y unos líderes que tienen como único objetivo asegurar que las cosas siguen así. Nadie dentro de la organización tiene ningún interés en que las cosas cambien, y de hecho se emplean a fondo en asegurarse que nadie con ideas raras se lo pase bien.
Claro, cuando alguien quiere ganar elecciones en Madrid (Zapatero, por ejemplo), lo único que puede hacer es ignorar a la FSM completamente. Sobre cómo reformar estos engendros (de los que hay multitud), hablaré otro día.
Todo por la pasta
"Mientras el periódico El Mundo pague, si yo estoy fuera, les cuento la Guerra Civil española"Bonitas palabras de Trashorras, confidente, fuente de todas las teorías de Pedro Jota, y persona absolutamente de salvar el culo y ya de paso forrarse. A ver si los "peones negros" y toda la cohorte de conspiranoicos enloquecidos también encuentran una explicación a esto. ¿O acaso los padres también están en el ajo?
lunes, septiembre 11, 2006
Escogiendo candidatos en Madrid
Ha habido bastante ruido y comentarios acerca del cambio de candidato del PSOE para la alcaldía de Madrid, con algunas críticas bastante atinadas, por una vez, desde la derecha. Tienen razón los que dicen que el tener la ejecutiva federal metiéndose a seleccionar alcaldables es ligeramente cuestionable; aún así, me parece que interesante explorar las razones detrás de estas interferencias.
Antes de empezar, me parece que es necesario citarme a mí mismo. No hace demasiado hice un repaso a los diversos métodos a nivel comparado que los partidos políticos pueden emplear para escoger a sus líderes / candidatos. La conclusión, como de costumbre, es que no hay un método perfecto. Ni primarias, ni dedazos, ni votaciones más o menos restringidas, ni listas abiertas son métodos perfectos; todos son perfectamente capaces de escoger a inútiles, malos candidatos o tipos totalmente alejados de la realidad por motivos diversos.
El método que la dirección del PSOE parece haber escogido para la alcaldía de Madrid es una combinación de dedazo y lanzamiento en paracaidas del aguerrido político al frente. Este sistema tiene problemas bastante evidentes.
Primero, el hecho de enviar un tipo que no ha estado currandose el electorado en el ayuntamiento obliga al partido a un esfuerzo adicional para darlo a conocer. Es, en cierto modo, empezar con una mano atada a la espalda; cuando un partido se decide a hacer algo así probablemente tiene un buen motivo, no capricho. El segundo problema es que el partido a nivel local no tiene por qué tomárselo a buenas; es más, puede que decidan no hacer campaña con demasiado entusiasmo para apoyar al "turista". Tercero, y ligeramente irrelevante, no es demasiado democrático. Digo irrelevante porque los partidos políticos nunca lo son demasiado (en ninguna parte), y por el hecho que Zapatero tiene la autoridad como lider escogido por las bases para cambiar sus subordinados, hasta cierto punto.
¿Qué motivos han llevado al PSOE a meterse en el berenjenal de un cambio de candidato? Como de costumbre al hablar de política, porque no tenían más remedio. Para empezar, confiar en el talento de la federación socialista madrileña es un poco absurdo; si de algo andan sobrados por esos lares es de una enorme capacidad para hacer el ridículo. El PSOE no puede jugarse una elección tan importante como Madrid a base de rezar que la FSM mágicamente produzca un candidato potable sin liarse a tortas entre ellos; algo tan improbable más vale no intentarlo. De hecho, les caiga bien el nuevo candidato o no, tampoco es que hayan sido demasiado buenos haciendo campaña, así que tampoco eso será un gran problema.
El otro factor, bastante evidente, es que Trinidad Jiménez era una candidata bastante patética, y más contra alguien como Gallardón. Para ganar la alcaldía, el PSOE tiene que presentar a alguien con bastante peso, y rezar para que los sectores más radicales de la derecha se dediquen a tirar piedras contra su propio tejado algo más de la cuenta. Básicamente, confiar que Gallardón se vea forzado a apaciguar a sus bases demasiado, perdiendo el centro, o que las críticas constantes desmovilizen parte del electorado conservador, confiando que entre eso y la novedad de un nuevo nombre salte la sorpresa.
La decisión de Zapatero se debe basicamente a las armas limitadas que tiene a su disposición. La FSM no es lo suficiente competente como para trabajar por sí sola, y eso obliga al PSOE a imponer cambios desde arriba. La pregunta, claro está, es por qué nadie se ha dedicado a hacer una limpieza en profundidad del partido en Madrid. La respuesta es compleja; por una lado, existe la selección adversa del que hablaba no hace demasiado. Por añadido, reformar un partido no es precisamente fácil. Pero de la resistencia al cambio de organizaciones disfuncionales hablaré otro día.
Antes de empezar, me parece que es necesario citarme a mí mismo. No hace demasiado hice un repaso a los diversos métodos a nivel comparado que los partidos políticos pueden emplear para escoger a sus líderes / candidatos. La conclusión, como de costumbre, es que no hay un método perfecto. Ni primarias, ni dedazos, ni votaciones más o menos restringidas, ni listas abiertas son métodos perfectos; todos son perfectamente capaces de escoger a inútiles, malos candidatos o tipos totalmente alejados de la realidad por motivos diversos.
El método que la dirección del PSOE parece haber escogido para la alcaldía de Madrid es una combinación de dedazo y lanzamiento en paracaidas del aguerrido político al frente. Este sistema tiene problemas bastante evidentes.
Primero, el hecho de enviar un tipo que no ha estado currandose el electorado en el ayuntamiento obliga al partido a un esfuerzo adicional para darlo a conocer. Es, en cierto modo, empezar con una mano atada a la espalda; cuando un partido se decide a hacer algo así probablemente tiene un buen motivo, no capricho. El segundo problema es que el partido a nivel local no tiene por qué tomárselo a buenas; es más, puede que decidan no hacer campaña con demasiado entusiasmo para apoyar al "turista". Tercero, y ligeramente irrelevante, no es demasiado democrático. Digo irrelevante porque los partidos políticos nunca lo son demasiado (en ninguna parte), y por el hecho que Zapatero tiene la autoridad como lider escogido por las bases para cambiar sus subordinados, hasta cierto punto.
¿Qué motivos han llevado al PSOE a meterse en el berenjenal de un cambio de candidato? Como de costumbre al hablar de política, porque no tenían más remedio. Para empezar, confiar en el talento de la federación socialista madrileña es un poco absurdo; si de algo andan sobrados por esos lares es de una enorme capacidad para hacer el ridículo. El PSOE no puede jugarse una elección tan importante como Madrid a base de rezar que la FSM mágicamente produzca un candidato potable sin liarse a tortas entre ellos; algo tan improbable más vale no intentarlo. De hecho, les caiga bien el nuevo candidato o no, tampoco es que hayan sido demasiado buenos haciendo campaña, así que tampoco eso será un gran problema.
El otro factor, bastante evidente, es que Trinidad Jiménez era una candidata bastante patética, y más contra alguien como Gallardón. Para ganar la alcaldía, el PSOE tiene que presentar a alguien con bastante peso, y rezar para que los sectores más radicales de la derecha se dediquen a tirar piedras contra su propio tejado algo más de la cuenta. Básicamente, confiar que Gallardón se vea forzado a apaciguar a sus bases demasiado, perdiendo el centro, o que las críticas constantes desmovilizen parte del electorado conservador, confiando que entre eso y la novedad de un nuevo nombre salte la sorpresa.
La decisión de Zapatero se debe basicamente a las armas limitadas que tiene a su disposición. La FSM no es lo suficiente competente como para trabajar por sí sola, y eso obliga al PSOE a imponer cambios desde arriba. La pregunta, claro está, es por qué nadie se ha dedicado a hacer una limpieza en profundidad del partido en Madrid. La respuesta es compleja; por una lado, existe la selección adversa del que hablaba no hace demasiado. Por añadido, reformar un partido no es precisamente fácil. Pero de la resistencia al cambio de organizaciones disfuncionales hablaré otro día.
sábado, septiembre 09, 2006
Que se vaya a la mierda la puta España
Así, sin comillas. No estoy citando a Rubianes ni ostias de estas; lo digo yo con todo el cariño, desde mi muy española boquita. Así de claro. A la mierda.
A la mierda los jodidos pijos del barrio de Salamanca; monstruos adolescentes vestidos en serie, hijos de papá con acentos irritantes despilfarrando dinero. A la mierda lo jodidos imbéciles salvapatrias intelectuales de las radios; todólogos de medio pelo, eternamente echando mierda sobre todo lo que no les cae bien. A la mierda todos los escritores de bitácoras, desfaciendo entuertos, peleándose por a ver quien dice la gilipollez más ofensiva para salir en la foto. A la mierda los actores de izquierdas; viviendo en pisos de lujo, clamando por injusticias que no han padecido en su vida y ocultando sus fobias en alta retórica de pancarta. A la mierda los jodidos nacionalistas periféricos; todo el puto día hablando de identidades y del tamaño de su pene lingüístico, pidiéndonos a todos que nos sintamos culpables por todo lo que ha pasado en los últimos 500 años.
A la mierda los periodistas, esa banda de gilipollas más preocupados de caer bien a un partido y ser el niño bonito de sus colegas que en contar la verdad. A la mierda los cruzados por causas estúpidas, defendiendo gilipolleces que no importan a nadie y que trafican con el miedo. Miedo al terrorismo, miedo a los nacionalistas, miedo a los inmigrantes, miedo a las reformas, miedo al mercado, miedo a los homosexuales, miedo a la Iglesia. A la mierda las despreciables sabandijas que viven de perseguir los monstruos de otros.
A la mierda los jodidos políticos, emperrados en tratar a los ciudadanos como imbéciles, lanzando discursos de cinco palabras por que nos creen demasiado tontos como para debatir nada. A la mierda sus maniobras para ayudar a sus amiguetes, su asquerosa hipocresia, su tono de voz despreciativo. A la mierda los famosos, sabandijas que viven de la oligofrenia del resto; haciendo de la imbecilidad un virtud y de la debilidad mental un orgullo.
A la mierda los castellanos. A la mierda los andaluces, extremeños, canarios, gallegos y melillenses. A la mierda los catalanes, cántabros, baleares, asturianso, vascos y navarros. A la mierda Madrid. Ojalá se hundan en su propio vómito. Ojalá se ahoguen en su propio pus. Ojalá desaparezcan todos, y nos dejen en paz de una puta vez.
En fin, ahora que ya he ofendido a todo el mundo, creo que no puedo trabajar ya en ninguna parte en España. Desde que el ejercicio de la libertad de expresión equivale a una especie de autoexclusión masoquista del mercado laboral, la cosa está imposible. Opinar está cada vez más caro, señor; uno no puede trabajar en un sitio por haber ofendido en el pasado. Valiente democracia.
Como Rubianes, formo parte de buena parte de los grupos a los que insulto. Si uno, como Español, no puede insultar a su propia tierra, no nos queda absolutamente nada de lo que hablar.
A la mierda los jodidos pijos del barrio de Salamanca; monstruos adolescentes vestidos en serie, hijos de papá con acentos irritantes despilfarrando dinero. A la mierda lo jodidos imbéciles salvapatrias intelectuales de las radios; todólogos de medio pelo, eternamente echando mierda sobre todo lo que no les cae bien. A la mierda todos los escritores de bitácoras, desfaciendo entuertos, peleándose por a ver quien dice la gilipollez más ofensiva para salir en la foto. A la mierda los actores de izquierdas; viviendo en pisos de lujo, clamando por injusticias que no han padecido en su vida y ocultando sus fobias en alta retórica de pancarta. A la mierda los jodidos nacionalistas periféricos; todo el puto día hablando de identidades y del tamaño de su pene lingüístico, pidiéndonos a todos que nos sintamos culpables por todo lo que ha pasado en los últimos 500 años.
A la mierda los periodistas, esa banda de gilipollas más preocupados de caer bien a un partido y ser el niño bonito de sus colegas que en contar la verdad. A la mierda los cruzados por causas estúpidas, defendiendo gilipolleces que no importan a nadie y que trafican con el miedo. Miedo al terrorismo, miedo a los nacionalistas, miedo a los inmigrantes, miedo a las reformas, miedo al mercado, miedo a los homosexuales, miedo a la Iglesia. A la mierda las despreciables sabandijas que viven de perseguir los monstruos de otros.
A la mierda los jodidos políticos, emperrados en tratar a los ciudadanos como imbéciles, lanzando discursos de cinco palabras por que nos creen demasiado tontos como para debatir nada. A la mierda sus maniobras para ayudar a sus amiguetes, su asquerosa hipocresia, su tono de voz despreciativo. A la mierda los famosos, sabandijas que viven de la oligofrenia del resto; haciendo de la imbecilidad un virtud y de la debilidad mental un orgullo.
A la mierda los castellanos. A la mierda los andaluces, extremeños, canarios, gallegos y melillenses. A la mierda los catalanes, cántabros, baleares, asturianso, vascos y navarros. A la mierda Madrid. Ojalá se hundan en su propio vómito. Ojalá se ahoguen en su propio pus. Ojalá desaparezcan todos, y nos dejen en paz de una puta vez.
En fin, ahora que ya he ofendido a todo el mundo, creo que no puedo trabajar ya en ninguna parte en España. Desde que el ejercicio de la libertad de expresión equivale a una especie de autoexclusión masoquista del mercado laboral, la cosa está imposible. Opinar está cada vez más caro, señor; uno no puede trabajar en un sitio por haber ofendido en el pasado. Valiente democracia.
Como Rubianes, formo parte de buena parte de los grupos a los que insulto. Si uno, como Español, no puede insultar a su propia tierra, no nos queda absolutamente nada de lo que hablar.
viernes, septiembre 08, 2006
Martillos de herejes y el fin del mundo mundial
Lüzbel escribe hoy sobre el sospechoso parecido de la verborrea de Losantos y allegados prediciendo una especie de fin de los tiempos permanente, mientras luchan sin descanso contras las hordas de idiotas y herejes que asolan el mundo, con otros discursos parecidos. Entre los ilustres parientes de palabras altisonantes hablando del desastre, tenemos los viejos comunistas revolucionarios, esos otros adoradores del dogma y fracasados habituales.
Las ideas y predicciones de hundimiento; una fe religiosa como cualquier otra. Cosas de neoconservadores. Vale la pena leerlo.
Las ideas y predicciones de hundimiento; una fe religiosa como cualquier otra. Cosas de neoconservadores. Vale la pena leerlo.
jueves, septiembre 07, 2006
Perdiendo como siempre (II)
Un pequeño recordatorio de lo que ya escribía después del Mundial: Luis Aragonés es un incompetente, y debe dejarlo. Por algún motivo que se me escapa, la prensa se quedó como atontada después que Francia nos echara con una facilidad insultante; ahora que les da por hablar de fracaso, sería cuestión de recordarles que no es un problema nuevo.
A ver, lo de ayer en Belfast no es cuestión de un día. España ya se clasificó para el Mundial tarde, mal y a rastras, con una patética excursión a la repesca después de un buen puñado de partidos lamentables. Y la verdad, no es que al equipo le falte talento; el gran problema es que nunca han jugado una mierda, y que parecen coleccionar entrenadores fracasados. Clemente no se comía un rosco desde hacía años, Camacho tenía como talento gritar ¨Pacheta¨ ( y cagarse en su madre) en la banda, Sáez no había olido fútbol de élite en su vida, y a Luis Aragonés se le había pasado el arroz desde hacía años.
La federación, claramente, no tiene puñetera idea de manejar un equipo, y así les va. Quizás la razón que explica el éxito de las selecciones inferiores es algo tan sencillo como que quien las maneja no es Villar y compañía. Son gente de fútbol, trabajan sin tanta presión mediática, y toman las decisiones de forma racional y ordenada, sin divismos ni megalomanías raras. Y caramba, funciona.
¿Suena familiar esta argumentación? Aunque no lo parezca, hay una pequeña lección de ciencia política detrás de todo esto. De hecho, hay varias. La primera, y más evidente, es que si la prensa se duerme al volante, cualquier sistema que dependa en evaluar la capacidad de un cargo político se rompe. La crítica es un gran motor de cambio y eliminación de incompetentes. Segundo, la dirección puede cargarse cualquier cosa, no importa lo buena que sea la materia prima. Basta ver el partido de ayer. Tercero, cuando un político / presidente de federación no teme perder el cargo, la inutilidad se enquista. Si encima el el jefe idiota de turno tiene la capacidad (y es empujado por la prensa) a meter sus zarpas en todo asunto, sin dejar trabajar a nadie en paz, la cosa se hace sencillamente imposible.
¿Tiene la cosa arreglo? Pff, ni idea. El día que Raul no vaya convocado, creeré que hay algo de esperanza. A este paso, y mientras la prensa siga diciendo que Torres es el futuro (promete mucho, y seguirá prometiendo mucho toda su vida), seguiremos haciendo pena. Como siempre.
Oh, la selección no es el único engendro que funciona de este modo en España. Hay cierto partido de derechas al que la prensa afín le rie todas las gracias (o locuras), con unos cuadros intermedios (Zaplana y Acebes) capaces de hacer al partido antipático en cualquier circunstancia y un líder que no ha sido realmente elegido en las urnas y no parece capaz de dar un puñetazo en la mesa. Si encima el pobre jefe está cada vez más a merced de ciertos medios vociferantes, rompiendo lo poco que hay razonable en el partido, pues que me vais a contar.
A ver, lo de ayer en Belfast no es cuestión de un día. España ya se clasificó para el Mundial tarde, mal y a rastras, con una patética excursión a la repesca después de un buen puñado de partidos lamentables. Y la verdad, no es que al equipo le falte talento; el gran problema es que nunca han jugado una mierda, y que parecen coleccionar entrenadores fracasados. Clemente no se comía un rosco desde hacía años, Camacho tenía como talento gritar ¨Pacheta¨ ( y cagarse en su madre) en la banda, Sáez no había olido fútbol de élite en su vida, y a Luis Aragonés se le había pasado el arroz desde hacía años.
La federación, claramente, no tiene puñetera idea de manejar un equipo, y así les va. Quizás la razón que explica el éxito de las selecciones inferiores es algo tan sencillo como que quien las maneja no es Villar y compañía. Son gente de fútbol, trabajan sin tanta presión mediática, y toman las decisiones de forma racional y ordenada, sin divismos ni megalomanías raras. Y caramba, funciona.
¿Suena familiar esta argumentación? Aunque no lo parezca, hay una pequeña lección de ciencia política detrás de todo esto. De hecho, hay varias. La primera, y más evidente, es que si la prensa se duerme al volante, cualquier sistema que dependa en evaluar la capacidad de un cargo político se rompe. La crítica es un gran motor de cambio y eliminación de incompetentes. Segundo, la dirección puede cargarse cualquier cosa, no importa lo buena que sea la materia prima. Basta ver el partido de ayer. Tercero, cuando un político / presidente de federación no teme perder el cargo, la inutilidad se enquista. Si encima el el jefe idiota de turno tiene la capacidad (y es empujado por la prensa) a meter sus zarpas en todo asunto, sin dejar trabajar a nadie en paz, la cosa se hace sencillamente imposible.
¿Tiene la cosa arreglo? Pff, ni idea. El día que Raul no vaya convocado, creeré que hay algo de esperanza. A este paso, y mientras la prensa siga diciendo que Torres es el futuro (promete mucho, y seguirá prometiendo mucho toda su vida), seguiremos haciendo pena. Como siempre.
Oh, la selección no es el único engendro que funciona de este modo en España. Hay cierto partido de derechas al que la prensa afín le rie todas las gracias (o locuras), con unos cuadros intermedios (Zaplana y Acebes) capaces de hacer al partido antipático en cualquier circunstancia y un líder que no ha sido realmente elegido en las urnas y no parece capaz de dar un puñetazo en la mesa. Si encima el pobre jefe está cada vez más a merced de ciertos medios vociferantes, rompiendo lo poco que hay razonable en el partido, pues que me vais a contar.
miércoles, septiembre 06, 2006
Explicando la conspiranoia
Ahora que toda la tropa mediática ha vuelto del descanso veraniego, los cruzados de la causa conspiratoria se han lanzado a toda clase de burradas tras unos cuantas "espeluznantes" revelaciones. No me voy a poner a desmontar cada una de las paridas que se están lanzando desde los altavoces habituales; hay otras bitácoras más sabias y que están haciendo un trabajo excelente en ese aspecto.
Lo que no dejo de preguntarme es por qué. En España tenemos el caso único de un periódico presuntamente serio y una cadena de radio con una cierta reputación en el pasado que se han lanzado, a tontas y a locas, a reventar cualquier atisbo de credibilidad a base de perseguir quimeras. Hoy mismo, los teníamos clamando al cielo que el hecho que un empleado de un Carrefour no fuera interrogado tras probablemente confundir a un tipo cualquiera con un terrorista, sin ir más lejos. Y el tema de la semana, claro está, es la interpretación como evengelio de lo que dice un pobre diablo tratando de salvar el culo a base de inventarse fábulas fantásticas. Todo por defender una teoría que implica que varios centenares de funcionarios, policias y jueces (y al menos dos bandas criminales, todas con control policial) estuvieron conspirando (y siguen con ello) para hacer un golpe de estado y romper España.
El motivo de este patético empecinamiento es algo que me tiene un tanto confundido. Si pretenden cargarse el gobierno, la verdad, han fracasado. Tras dos años de bombardeo constante de ideas locas, teorías que no cuadran y explicaciones absurdamente complejas para problemas sencillos (siempre suponiendo cuatrocientos motivos oscuros, a medida contradictorios), El PSOE sigue con la misma ventaja de siempre en las encuestas, y no parece que esto vaya a cambiar. El acoso y derribo parece cada vez más absurdo, con cada revelación haciendo la teoría más complicada todavía.
El resto de opciones son si cabe más preocupantes. Es posible que Pedro Jota y compañía sencillamente se crean todo lo que dicen. Aparte de hacer la factura de su psiquiatra algo escandaloso, la enorme, gigantesca capacidad de negación de la realidad de lo que pretende ser un periódico influyente y una pequeña horda de medios de comunicación es francamente patética.
Es posible que en algún punto de toda esta gigantesca farsa alguno de los vociferantes tarados que persiguen fantasmas se hayan percatado que lo suyo es un invento, pero que aún así hayan seguido. En algunos casos, es probable que esto sea porque lo de ser el niño bonito de la derecha radical mediática da pingües beneficios, y porras, incluso yo estoy dispuesto a decir bobadas a cambio de un buen cheque. Joder, lo hago gratis en esta bitácora; no me costaría demasiado vender humo a tanto por palabra (señores de El País: sigo buscando trabajo). También podría ser que tras haber malgastado tanto tiempo haciendo el indio, el ego descomunal de algunos les impida dar marcha atrás.
La otra opción que se me ocurre es que FJL, Pedrojota y cuatro otros cruzados hayan decidido erigirse en los nuevos líderes de la derecha española. A sabiendas que en la oposición hace mucho frío, y que Rajoy es un líder mucho más débil de lo que parece, se han propuesto lanzar su particular OPA hostil en forma de contrarrevolución conservadora para desfacer los entuertos que Aznar no combatió. Y eso, de un modo u otro, incluye lanzar el PP al abismo, a ver si aprende a volar por si sólo... o bueno, es destruido para salvarlo.
Cogiendo una página de ese partido republicano que tanto admiran, se han decidido a tratar de purificar el PP hasta que llegue a la misma esencia que los conservadores americanos: bajar impuestos, sentirse perseguidos por la malvada tiranía progre, y clamar por los valores tradicionales de arreglar todo a tortas y temer a Dios. Eliminar cualquier ambigüedad en el partido, olvidarse de un lenguaje moderado, y arrastrarlo a un recio populismo de derechas. En otras palabras, dejar atras la vieja tradición conservadora y apuntarse a la ¨nueva ola¨... justo cuando en Estados Unidos se dirige lentamente hacia una dolorosa derrota electoral.
La última opción, sin embargo, es la más sencilla, y la más creíble: la paranoia vende. Quizás el público de la Cope o El Mundo estén más escorados a la derecha, pero también parece que estén haciendo más dinero. El aprecio por la ética periodística, la verdad o cualquiera de estas vaguedades, claro, está fuera del programa. Pero oye, desde cuando la realidad puede estropear un buen titular.
A saber. Lo cierto es que sigo sorprendido.
Lo que no dejo de preguntarme es por qué. En España tenemos el caso único de un periódico presuntamente serio y una cadena de radio con una cierta reputación en el pasado que se han lanzado, a tontas y a locas, a reventar cualquier atisbo de credibilidad a base de perseguir quimeras. Hoy mismo, los teníamos clamando al cielo que el hecho que un empleado de un Carrefour no fuera interrogado tras probablemente confundir a un tipo cualquiera con un terrorista, sin ir más lejos. Y el tema de la semana, claro está, es la interpretación como evengelio de lo que dice un pobre diablo tratando de salvar el culo a base de inventarse fábulas fantásticas. Todo por defender una teoría que implica que varios centenares de funcionarios, policias y jueces (y al menos dos bandas criminales, todas con control policial) estuvieron conspirando (y siguen con ello) para hacer un golpe de estado y romper España.
El motivo de este patético empecinamiento es algo que me tiene un tanto confundido. Si pretenden cargarse el gobierno, la verdad, han fracasado. Tras dos años de bombardeo constante de ideas locas, teorías que no cuadran y explicaciones absurdamente complejas para problemas sencillos (siempre suponiendo cuatrocientos motivos oscuros, a medida contradictorios), El PSOE sigue con la misma ventaja de siempre en las encuestas, y no parece que esto vaya a cambiar. El acoso y derribo parece cada vez más absurdo, con cada revelación haciendo la teoría más complicada todavía.
El resto de opciones son si cabe más preocupantes. Es posible que Pedro Jota y compañía sencillamente se crean todo lo que dicen. Aparte de hacer la factura de su psiquiatra algo escandaloso, la enorme, gigantesca capacidad de negación de la realidad de lo que pretende ser un periódico influyente y una pequeña horda de medios de comunicación es francamente patética.
Es posible que en algún punto de toda esta gigantesca farsa alguno de los vociferantes tarados que persiguen fantasmas se hayan percatado que lo suyo es un invento, pero que aún así hayan seguido. En algunos casos, es probable que esto sea porque lo de ser el niño bonito de la derecha radical mediática da pingües beneficios, y porras, incluso yo estoy dispuesto a decir bobadas a cambio de un buen cheque. Joder, lo hago gratis en esta bitácora; no me costaría demasiado vender humo a tanto por palabra (señores de El País: sigo buscando trabajo). También podría ser que tras haber malgastado tanto tiempo haciendo el indio, el ego descomunal de algunos les impida dar marcha atrás.
La otra opción que se me ocurre es que FJL, Pedrojota y cuatro otros cruzados hayan decidido erigirse en los nuevos líderes de la derecha española. A sabiendas que en la oposición hace mucho frío, y que Rajoy es un líder mucho más débil de lo que parece, se han propuesto lanzar su particular OPA hostil en forma de contrarrevolución conservadora para desfacer los entuertos que Aznar no combatió. Y eso, de un modo u otro, incluye lanzar el PP al abismo, a ver si aprende a volar por si sólo... o bueno, es destruido para salvarlo.
Cogiendo una página de ese partido republicano que tanto admiran, se han decidido a tratar de purificar el PP hasta que llegue a la misma esencia que los conservadores americanos: bajar impuestos, sentirse perseguidos por la malvada tiranía progre, y clamar por los valores tradicionales de arreglar todo a tortas y temer a Dios. Eliminar cualquier ambigüedad en el partido, olvidarse de un lenguaje moderado, y arrastrarlo a un recio populismo de derechas. En otras palabras, dejar atras la vieja tradición conservadora y apuntarse a la ¨nueva ola¨... justo cuando en Estados Unidos se dirige lentamente hacia una dolorosa derrota electoral.
La última opción, sin embargo, es la más sencilla, y la más creíble: la paranoia vende. Quizás el público de la Cope o El Mundo estén más escorados a la derecha, pero también parece que estén haciendo más dinero. El aprecio por la ética periodística, la verdad o cualquiera de estas vaguedades, claro, está fuera del programa. Pero oye, desde cuando la realidad puede estropear un buen titular.
A saber. Lo cierto es que sigo sorprendido.
domingo, septiembre 03, 2006
De "victoria para los buenos" a "resultado dudoso"
Por algún motivo que se me escapa, los comentaristas conservadores se pasan el día diciendo que toda noticia procedente de Oriente Medio es un signo claro, clarísimo que los buenos están ganando la guerra contra el terrorismo. El truco consiste en fijarte en cualquier detalle positivo, por insustancial que parezca, y darle toda la relevancia posible. Una especie de teoría de la conspiración, pero centrada en combatir la realidad, vamos. Aquí no estamos hablando de inventarse fantasmas pasados, si no en tratar de demostrar que la tierra es plana.
Empecemos con Afganistan. Universalmente aplaudido por los halcones como una muestra del triunfo del bien contra la tiranía, parece deslizarse lentamente al infierno que solía ser. Para empezar, esa sólida base económica que sostuvo a terrorismos pasados, el opio, vuelve a ser el motor de los resurgentes talibanes. Mientras tanto, la violencia en Irak sigue creciendo a un ritmo aterrador; incluso publicaciones nada sospechosas de blandenguería como el Economist (que apoyó la guerra), son cada vez más pesimistas. Quien acumula victorias pírricas parece ser Estados Unidos, no los malos.
El problema, me temo, es el hecho que Estados Unidos está luchando la guerra equivocada, o más concretamente, no se ha dado cuenta que el conflicto de ¨guerra¨tiene poco. Si, el terrorismo debe ser combatido y controlado, pero el problema es que no se está luchando por territorio. Los malos no pretenden controlar territorios, pretenden avanzar una agenda. La idea es ganar sociedades, no conquistar naciones. Poner una pica en Mesopotamia puede ser un acto de fuerza, pero es como tratar de ganar un debate a base de abofetear al adversario.
Estados Unidos ha decidido que está en un combate de boxeo, mientras el islamismo radical tiene en mente una partida de Backgammon. Sí, usan la violencia, en parte porque el lenguaje de fuerza es parte de su discurso, pero una democracia no puede decir que defiende ciertos derechos mientras reparte tortas de forma indiscriminada. Es hora de sacarnos de encima la mentalidad de ¨guerra¨, y volver a pensar en terrorismo como lo que es, política fuera de control.
Empecemos con Afganistan. Universalmente aplaudido por los halcones como una muestra del triunfo del bien contra la tiranía, parece deslizarse lentamente al infierno que solía ser. Para empezar, esa sólida base económica que sostuvo a terrorismos pasados, el opio, vuelve a ser el motor de los resurgentes talibanes. Mientras tanto, la violencia en Irak sigue creciendo a un ritmo aterrador; incluso publicaciones nada sospechosas de blandenguería como el Economist (que apoyó la guerra), son cada vez más pesimistas. Quien acumula victorias pírricas parece ser Estados Unidos, no los malos.
El problema, me temo, es el hecho que Estados Unidos está luchando la guerra equivocada, o más concretamente, no se ha dado cuenta que el conflicto de ¨guerra¨tiene poco. Si, el terrorismo debe ser combatido y controlado, pero el problema es que no se está luchando por territorio. Los malos no pretenden controlar territorios, pretenden avanzar una agenda. La idea es ganar sociedades, no conquistar naciones. Poner una pica en Mesopotamia puede ser un acto de fuerza, pero es como tratar de ganar un debate a base de abofetear al adversario.
Estados Unidos ha decidido que está en un combate de boxeo, mientras el islamismo radical tiene en mente una partida de Backgammon. Sí, usan la violencia, en parte porque el lenguaje de fuerza es parte de su discurso, pero una democracia no puede decir que defiende ciertos derechos mientras reparte tortas de forma indiscriminada. Es hora de sacarnos de encima la mentalidad de ¨guerra¨, y volver a pensar en terrorismo como lo que es, política fuera de control.
jueves, agosto 31, 2006
China, deslocalizaciones y la inflación
Los caminos de la macroeconomía son a menudo inescrutables. En los últimos 12-15 años la economía mundial ha crecido a un ritmo considerable, con los Estados Unidos tirando del carro. Una expansión tan larga que no se ha visto acompañada, de forma ligeramente sorprendente, por tensiones inflacionistas graves, algo relativamente inusual.
Si bien el crecimiento no ha sido tan notable en todas partes (Italia, Alemania y Francia han hecho el pardillo a menudo), la baja inflación ha sido una sorpresa. Incluso con los considerables incrementos en la productividad, hay otro factor que no se menciona demasiado a menudo: China. El despertar industrial del gigante oriental, con sus enormes reservas de mano de obra y su aparentemente ilimitada capacidad productiva ha contribuido a que los precios en todo el mundo se mantengan estables; la exportaciones de productos a bajo coste contribuyendo a que el consumo voraz americano no creciera más rápido que la capacidad industrial del país.
Las cosas, sin embargo, parecen estar cambiado. Primero, porque el crecimiento chino (e indio) ha acabado por presionar al alza los precios de la energía. El segundo problema, y más significativo a largo plazo, es de que de hecho estos costes bajos parecen empezar a evaporarse. Incluso en China, el país que parecía tener toda la mano de obra del mundo, se está empezando a hacer difícil encontrar trabajadores lo suficiente cualificados para llenar las fábricas. No es algo nuevo; las noticias hablaban no hace demasiado de un fenómeno parecido en la India.
¿Qué significa esta escasez relativa de trabajadores? Para empezar, que los empresarios están viéndose forzados a competir por conseguir obreros, y oh milagro, deben ofrecer salarios algo mayores. Si los sueldos aumentan, tratar de aumentar la productividad de los empleados empieza a valer la pena, ya que contratar a nuevos ya no es necesariamente la opción más barata. Si la productividad aumenta, tenemos obreros cualificados, que para quedarse deben obtener mejores salarios. Con un una política económica adecuada, el desarrollo económico empieza a extenderse.
Sí, ha historias de horror en algunas deslocalizaciones. Pero el traslado de empresas a países en desarrollo, si se siguen produciendo en un volumen suficiente, son un poderoso motor económico para las sociedades que las reciben. Visto desde el punto de vista de un Banco Central en el mundo desarrollado, el aumento de costes en China es una mala noticia por lo que respecta a la inflación. Para los obreros chinos, no es más que una buena noticia.
A todo esto, es cierto que algunas deslocalizaciones producen externalidades negativas en forma de contaminación, al haber empresas que se trasladan a lugares con legislación menos estricta. Es un problema, sin embargo, de alcance limitado. Para empezar, una empresa que contamina es probablemente menos eficiente en consumo energético; incluso en un lugar con menos regulación, ser sucio no es necesariamente lo más racional. Por añadido, la externalidades son factor que los estados están teniendo cada vez más en cuenta; aún con el exito limitado del protocolo de Kyoto, los esfuerzos decididos de coordinación han dado resultado.
¿Es la globalización un proceso perfecto? No, evidentemente. Lo que si que está claro es que todos los que participan en ella tienen beneficios claros. Sean contribuyendo a una inflación menor y una mayor eficiencia del resto de la economía debido a ello, sea mediante un aumento de renta, participar de la economía mundial es algo que no debe inspirar miedo.
Si bien el crecimiento no ha sido tan notable en todas partes (Italia, Alemania y Francia han hecho el pardillo a menudo), la baja inflación ha sido una sorpresa. Incluso con los considerables incrementos en la productividad, hay otro factor que no se menciona demasiado a menudo: China. El despertar industrial del gigante oriental, con sus enormes reservas de mano de obra y su aparentemente ilimitada capacidad productiva ha contribuido a que los precios en todo el mundo se mantengan estables; la exportaciones de productos a bajo coste contribuyendo a que el consumo voraz americano no creciera más rápido que la capacidad industrial del país.
Las cosas, sin embargo, parecen estar cambiado. Primero, porque el crecimiento chino (e indio) ha acabado por presionar al alza los precios de la energía. El segundo problema, y más significativo a largo plazo, es de que de hecho estos costes bajos parecen empezar a evaporarse. Incluso en China, el país que parecía tener toda la mano de obra del mundo, se está empezando a hacer difícil encontrar trabajadores lo suficiente cualificados para llenar las fábricas. No es algo nuevo; las noticias hablaban no hace demasiado de un fenómeno parecido en la India.
¿Qué significa esta escasez relativa de trabajadores? Para empezar, que los empresarios están viéndose forzados a competir por conseguir obreros, y oh milagro, deben ofrecer salarios algo mayores. Si los sueldos aumentan, tratar de aumentar la productividad de los empleados empieza a valer la pena, ya que contratar a nuevos ya no es necesariamente la opción más barata. Si la productividad aumenta, tenemos obreros cualificados, que para quedarse deben obtener mejores salarios. Con un una política económica adecuada, el desarrollo económico empieza a extenderse.
Sí, ha historias de horror en algunas deslocalizaciones. Pero el traslado de empresas a países en desarrollo, si se siguen produciendo en un volumen suficiente, son un poderoso motor económico para las sociedades que las reciben. Visto desde el punto de vista de un Banco Central en el mundo desarrollado, el aumento de costes en China es una mala noticia por lo que respecta a la inflación. Para los obreros chinos, no es más que una buena noticia.
A todo esto, es cierto que algunas deslocalizaciones producen externalidades negativas en forma de contaminación, al haber empresas que se trasladan a lugares con legislación menos estricta. Es un problema, sin embargo, de alcance limitado. Para empezar, una empresa que contamina es probablemente menos eficiente en consumo energético; incluso en un lugar con menos regulación, ser sucio no es necesariamente lo más racional. Por añadido, la externalidades son factor que los estados están teniendo cada vez más en cuenta; aún con el exito limitado del protocolo de Kyoto, los esfuerzos decididos de coordinación han dado resultado.
¿Es la globalización un proceso perfecto? No, evidentemente. Lo que si que está claro es que todos los que participan en ella tienen beneficios claros. Sean contribuyendo a una inflación menor y una mayor eficiencia del resto de la economía debido a ello, sea mediante un aumento de renta, participar de la economía mundial es algo que no debe inspirar miedo.
martes, agosto 29, 2006
De alcaldes y ministros
En teoría el funcionamiento interno de los partidos políticos es mi especialidad. Es lo que más he estudiado, así que sus movimientos y conflictos no deberían sorprenderme demasiado. Bueno, eso es lo que dice mi estantería de libracos; en la práctica, hoy me han dejado a cuadros.
Sí, estoy hablando de la substitución de Montilla por Clos en el ministerio de industria, algo que ni yo ni creo que ningún analista tenía en mente. Mi primera reacción ha sido llamar al PSC y pedir que pasen algo de lo que se están fumando estos días, que tiene que ser fuertecillo. Tras un poquito de reflexión, creo haber encontrado algo de lógica a todo este asunto.
Primero, lo que si debe quedar claro es lo que Clos es: un alcalde decente, aunque bastante torpe. En otras palabras, no es un engendro estilo Álvarez del Manzano (Dios me libre), aunque tiene el estupendo talento de su predecesor para meter la pata en tonterías. Los grandes errores que le encuentran en LD son bastante menores, la verdad. El túnel del Carmelo fue un problema de ingeniería, no político; accidentes de este estilo han pasado en otras ciudades sin que se hablara de desastre. La ordenanza de civismo es una medida política dura, pero que un periódico de derechas se queje de que se sea estricto es de chiste. El colectivo Okupa o los Latin Kings no es algo que haya creado el alcalde; es como acusar a Gallardón de la existencia del Frente Atlético. Por no hablar de la irrelevancia de no defender la Cope, como si un ayuntamiento tuviera algo que ver.
Queda el Fórum, un proyecto que fue idea de Maragall, no de Clos, y que dentro de lo que cabe se las arregló para salvar los muebles. Con un gasto público relativamente limitado, Barcelona ha resucitado un barrio moribundo, ha escondido una depuradora, ha creado un palacio de congresos como Dios manda y ha mejorado el transporte público de una zona olvidada de la ciudad. Para ser un ¨fracaso¨(y a ver, no es que fuera nada del otro mundo) el legado para la ciudad es realmente estupendo, y muy bien de precio. Mientras tanto, la economía de la ciudad ha seguido igual que siempre (sólo hace mirar el precio de las oficinas), y el turismo se ha disparado, algo que no deja de ser bueno.
Aún así, es cierto que Clos no es que tuviera un futuro electoral brillante en Barcelona. CiU finalmente ha aprendido que tirar tipos en paracaidas cada cuatro años a ver si rascaban algo no tenía demasiado sentido, y con Trias esta vez tienen un candidato aceptable. Clos, entre patinadas variadas, su aspecto tontín y su porte de funcionario no era un oponente imbatible para el candidato nacionalista. El cambio sí tiene algo de patada para arriba, aunque no por sacarse de encima un mal gestor, si no un mal político.
Lo que no tiene demasiado sentido es esta curiosa manía que tiene el PP de acusar de antidemocrático un cambio de alcalde. En las municipales no se vota por un candidato, se vota a un partido, y el PSC ha hecho un cambio nada extraordinario. Es más, el PP tenía por costumbre hacer lo mismo cuando estaba en el gobierno, tanto con alcaldes (Rudi) como presidentes autonómicos (Zaplana, Matas, Lucas).
Lo que si es cierto es que el PSC se la juega. Moviendo un buen gestor (aunque sin experiencia) al gobierno, dejan de estar a la defensiva en una elección que tenían muy difícil. Es un cambio electoralista (algo que no tiene nada de malo), y bastante creativo.
Por cierto; es probable que Clos, como ministro, tenga menos poder que Montilla, especialmente con el pollo energético que deja su antecesor. No estoy seguro (y la verdad, no le he prestado la atención que debería), pero me parece que Solbes está recuperando el control de una política que no le acababa de entusiasmar. Si Clos no hace demasiado ruido, espero ver más coherencia en ese sector.
Sí, estoy hablando de la substitución de Montilla por Clos en el ministerio de industria, algo que ni yo ni creo que ningún analista tenía en mente. Mi primera reacción ha sido llamar al PSC y pedir que pasen algo de lo que se están fumando estos días, que tiene que ser fuertecillo. Tras un poquito de reflexión, creo haber encontrado algo de lógica a todo este asunto.
Primero, lo que si debe quedar claro es lo que Clos es: un alcalde decente, aunque bastante torpe. En otras palabras, no es un engendro estilo Álvarez del Manzano (Dios me libre), aunque tiene el estupendo talento de su predecesor para meter la pata en tonterías. Los grandes errores que le encuentran en LD son bastante menores, la verdad. El túnel del Carmelo fue un problema de ingeniería, no político; accidentes de este estilo han pasado en otras ciudades sin que se hablara de desastre. La ordenanza de civismo es una medida política dura, pero que un periódico de derechas se queje de que se sea estricto es de chiste. El colectivo Okupa o los Latin Kings no es algo que haya creado el alcalde; es como acusar a Gallardón de la existencia del Frente Atlético. Por no hablar de la irrelevancia de no defender la Cope, como si un ayuntamiento tuviera algo que ver.
Queda el Fórum, un proyecto que fue idea de Maragall, no de Clos, y que dentro de lo que cabe se las arregló para salvar los muebles. Con un gasto público relativamente limitado, Barcelona ha resucitado un barrio moribundo, ha escondido una depuradora, ha creado un palacio de congresos como Dios manda y ha mejorado el transporte público de una zona olvidada de la ciudad. Para ser un ¨fracaso¨(y a ver, no es que fuera nada del otro mundo) el legado para la ciudad es realmente estupendo, y muy bien de precio. Mientras tanto, la economía de la ciudad ha seguido igual que siempre (sólo hace mirar el precio de las oficinas), y el turismo se ha disparado, algo que no deja de ser bueno.
Aún así, es cierto que Clos no es que tuviera un futuro electoral brillante en Barcelona. CiU finalmente ha aprendido que tirar tipos en paracaidas cada cuatro años a ver si rascaban algo no tenía demasiado sentido, y con Trias esta vez tienen un candidato aceptable. Clos, entre patinadas variadas, su aspecto tontín y su porte de funcionario no era un oponente imbatible para el candidato nacionalista. El cambio sí tiene algo de patada para arriba, aunque no por sacarse de encima un mal gestor, si no un mal político.
Lo que no tiene demasiado sentido es esta curiosa manía que tiene el PP de acusar de antidemocrático un cambio de alcalde. En las municipales no se vota por un candidato, se vota a un partido, y el PSC ha hecho un cambio nada extraordinario. Es más, el PP tenía por costumbre hacer lo mismo cuando estaba en el gobierno, tanto con alcaldes (Rudi) como presidentes autonómicos (Zaplana, Matas, Lucas).
Lo que si es cierto es que el PSC se la juega. Moviendo un buen gestor (aunque sin experiencia) al gobierno, dejan de estar a la defensiva en una elección que tenían muy difícil. Es un cambio electoralista (algo que no tiene nada de malo), y bastante creativo.
Por cierto; es probable que Clos, como ministro, tenga menos poder que Montilla, especialmente con el pollo energético que deja su antecesor. No estoy seguro (y la verdad, no le he prestado la atención que debería), pero me parece que Solbes está recuperando el control de una política que no le acababa de entusiasmar. Si Clos no hace demasiado ruido, espero ver más coherencia en ese sector.
lunes, agosto 28, 2006
De ciudades y peajes
De vez en cuando algún político con conciencia ecológica y/o tendencias suicidas decide sugerir uno de esos peajes para entrar en coche en las grandes ciudades. El hecho que el último en poner esta idea sobre escrito haya sido el PSOE ha hecho que los de siempre se lancen al ruedo hablando de liberticidio y atentado al mercado, aunque sea diciendo una larga sarta de tonterías.
Lo cierto es que el impuesto de congestión en las ciudades sí tiene cierta lógica, y tiene bien poco de ataque al mercado o al sagrado derecho a hacer lo que uno le plazca. La razón, como de costumbre, recae en costes ocultos y externalidades.
Lo primero que debe ser mencionado es que el sistema ha funcionado razonablemente bien en la primera ciudad que lo implementó, Londres. Una reducción de un 30% en el tráfico en las zonas cubiertas no tiene nada de trivial, especialmente cuando consideramos que el descenso del volumen de la circulación normalmente proporciona un descenso mayor porcentualmente en los tiempos de desplazamiento. Sea una medida popular o no, ha conseguido su objetivo, y ha puesto más gente en el transporte público.
Lo primero que hay que tener en mente al hablar de entrar en coche al centro en una ciudad como Madrid o Barcelona es que hacerlo no es gratis, incluso sin peajes. El coste está allí, aunque
sea no en forma de un coste monetario concreto; se mide en tiempo perdido. Si para ir de Leganés a Ortega y Gasset en coche uno se tira una hora, en vez de los 30 minutos que gastaría sin congestión, un conductor ya está pagando un coste para entrar en Madrid. Ese impuesto sobre la congestión no lo recauda nadie, pero lo sufre todo el mundo a base de horas de sueño perdidas.
El colapso de cada mañana y tarde proviene de uno de los problemas clásicos de la economía, el de la tragedia de los comunes. Las calles de una ciudad tienen una capacidad limitada; su uso, sin embargo, no está racionado, y no tiene un coste directo para los conductores que deciden entrar en la ciudad. En un mercado normal, cuando un bien tiene una fuerte demanda, el precio sube, haciendo que la capacidad instalada no se vea superada por el volumen de usuarios. Las calles de la ciudad, sin embargo, sencillamente se colapsan; como los conductores no tienen un incentivo en limitar su uso ("oye, que el coche lo dejen en casa los otros") el volumen de tráfico supera la capacidad existente.
Lo que pretende una tasa de congestión para entrar en ciudades es sencillamente traducir los costes en tiempo a costes monetarios. Los minutos perdidas cada mañana y tarde, ese coste que todo conductor sufre al competir con otros por usar las calles, dejan paso a un cálculo sencillo sobre si la comodidad de conducir vale o no ocho libras. La decisión ya no depende de un confiar que sean otros conductores los que se cansen de vivir en un atasco; ahora el cálculo pasa a ser exclusivamente sobre precios.
En cierto modo, cuando uno conduce su coche por la Puerta del Sol, está produciendo dos clases de externalidades negativas. Por un lado, la contaminación atmosférica, algo que en Europa ya se paga a golpe de impuestos. El otro aspecto, menos evidente, es la fracción de segundo de retraso que uno añade al resto de conductores con su presencia. Pagarlo en tiempo perdido es, en cierto sentido, una solución subóptima, ya que uno internaliza el precio pero no elimina el coste externo. Una tasa de congestión es, en cierto sentido, traducir esta externalidad a una cifra concreta; si uno escoge desperdiciar el tiempo de los otros, uno paga en consecuencia.
¿Es una idea que debe ser implementada? No necesariamente. Como todo en las políticas de transporte, una medida no puede ser aprobada en el vacio, si no que necesita de políticas que la complementen. Una ciudad con la red de transporte público saturada, por ejemplo (como Barcelona en algunos corredores) no hará más que echar a gente del centro, sin reducir congestión de manera apreciable. Por añadido, esta tasa debe tener sus excepciones para residentes, y sólo afectar a los sectores de la ciudad que realmente estén congestionados.
Aún así, y a pesar de su presunta impopularidad, las tasas de congestión deberían estar en la mesa en algunas ciudades como una opción a considerar. Sencillamente, tiene sentido, y contribuyen a hacer las ciudades más habitables.
Lo cierto es que el impuesto de congestión en las ciudades sí tiene cierta lógica, y tiene bien poco de ataque al mercado o al sagrado derecho a hacer lo que uno le plazca. La razón, como de costumbre, recae en costes ocultos y externalidades.
Lo primero que debe ser mencionado es que el sistema ha funcionado razonablemente bien en la primera ciudad que lo implementó, Londres. Una reducción de un 30% en el tráfico en las zonas cubiertas no tiene nada de trivial, especialmente cuando consideramos que el descenso del volumen de la circulación normalmente proporciona un descenso mayor porcentualmente en los tiempos de desplazamiento. Sea una medida popular o no, ha conseguido su objetivo, y ha puesto más gente en el transporte público.
Lo primero que hay que tener en mente al hablar de entrar en coche al centro en una ciudad como Madrid o Barcelona es que hacerlo no es gratis, incluso sin peajes. El coste está allí, aunque
sea no en forma de un coste monetario concreto; se mide en tiempo perdido. Si para ir de Leganés a Ortega y Gasset en coche uno se tira una hora, en vez de los 30 minutos que gastaría sin congestión, un conductor ya está pagando un coste para entrar en Madrid. Ese impuesto sobre la congestión no lo recauda nadie, pero lo sufre todo el mundo a base de horas de sueño perdidas.
El colapso de cada mañana y tarde proviene de uno de los problemas clásicos de la economía, el de la tragedia de los comunes. Las calles de una ciudad tienen una capacidad limitada; su uso, sin embargo, no está racionado, y no tiene un coste directo para los conductores que deciden entrar en la ciudad. En un mercado normal, cuando un bien tiene una fuerte demanda, el precio sube, haciendo que la capacidad instalada no se vea superada por el volumen de usuarios. Las calles de la ciudad, sin embargo, sencillamente se colapsan; como los conductores no tienen un incentivo en limitar su uso ("oye, que el coche lo dejen en casa los otros") el volumen de tráfico supera la capacidad existente.
Lo que pretende una tasa de congestión para entrar en ciudades es sencillamente traducir los costes en tiempo a costes monetarios. Los minutos perdidas cada mañana y tarde, ese coste que todo conductor sufre al competir con otros por usar las calles, dejan paso a un cálculo sencillo sobre si la comodidad de conducir vale o no ocho libras. La decisión ya no depende de un confiar que sean otros conductores los que se cansen de vivir en un atasco; ahora el cálculo pasa a ser exclusivamente sobre precios.
En cierto modo, cuando uno conduce su coche por la Puerta del Sol, está produciendo dos clases de externalidades negativas. Por un lado, la contaminación atmosférica, algo que en Europa ya se paga a golpe de impuestos. El otro aspecto, menos evidente, es la fracción de segundo de retraso que uno añade al resto de conductores con su presencia. Pagarlo en tiempo perdido es, en cierto sentido, una solución subóptima, ya que uno internaliza el precio pero no elimina el coste externo. Una tasa de congestión es, en cierto sentido, traducir esta externalidad a una cifra concreta; si uno escoge desperdiciar el tiempo de los otros, uno paga en consecuencia.
¿Es una idea que debe ser implementada? No necesariamente. Como todo en las políticas de transporte, una medida no puede ser aprobada en el vacio, si no que necesita de políticas que la complementen. Una ciudad con la red de transporte público saturada, por ejemplo (como Barcelona en algunos corredores) no hará más que echar a gente del centro, sin reducir congestión de manera apreciable. Por añadido, esta tasa debe tener sus excepciones para residentes, y sólo afectar a los sectores de la ciudad que realmente estén congestionados.
Aún así, y a pesar de su presunta impopularidad, las tasas de congestión deberían estar en la mesa en algunas ciudades como una opción a considerar. Sencillamente, tiene sentido, y contribuyen a hacer las ciudades más habitables.
sábado, agosto 26, 2006
Inmigración y colegios en América
Un artículo en el New York Times de hoy merece lectura; básicamente por ser un anticipo de lo que encontraremos pronto en las páginas de los periódicos españoles. Este otoño Estados Unidos tendrá el mayor número de estudiantes en colegios de su historia, 55 millones. Lo realmente remarcable, un 43% de ellos pertenecen a "minorías", es decir, no son blancos caucásicos. Es el grupo más diverso en los últimos 100 años, y es una muestra, de nuevo, de la casi ilimitada capacidad de la sociedad americana para atraer y asimilar inmigrantes.
Estados Unidos es un ejemplo claro de las oportunidades que la inmigración presenta. Con las políticas adecuadas, es decir, sin paranoia, tratando a todo el mundo igual y sin meterse en cruzadas culturales estupidas (ni multiculturalismo absurdo ni uniformidad obligatoria), la sociedad americana ha aprovechado las llegadas, y ha mantenido una sociedad envidiablemente dinámica.
Europa debe dejar de temer la inmigración de una vez, y empezar a pensar en los beneficios que puede conllevar. Dejarse de inventos, y copiar lo que funciona.
Estados Unidos es un ejemplo claro de las oportunidades que la inmigración presenta. Con las políticas adecuadas, es decir, sin paranoia, tratando a todo el mundo igual y sin meterse en cruzadas culturales estupidas (ni multiculturalismo absurdo ni uniformidad obligatoria), la sociedad americana ha aprovechado las llegadas, y ha mantenido una sociedad envidiablemente dinámica.
Europa debe dejar de temer la inmigración de una vez, y empezar a pensar en los beneficios que puede conllevar. Dejarse de inventos, y copiar lo que funciona.
jueves, agosto 24, 2006
El síndrome del 45
La política exterior americana tiene un problema grave desde hace tiempo, y me parece que se resume en algo bastante sencillo: la segunda guerra mundial.
Desde hace unos años, los americanos miran constantemente a esa guerra. Llaman a los veteranos de ese conflicto the greatest generation, y hablan con orgullo de como ellos derrotaron a la tiranía y al mal que representaba el nazismo. Obviando el hecho que fue un régimen casi igual de malvado que el de Hitler el que hizo la mayor parte del trabajo (los soviéticos), se aprecia una cierta nostalgia por los enormes, colosales logros que el país realizó para ganar la guerra.
La fuente de esa nostalgia, me temo, es la causa del problema: la percepción que la guerra fue justa y necesaria. Obviamente, eso es cierto, lo que no es tan sencillo es extrapolar esa percepción a todas las guerras. Los americanos, desde Reagan, son víctimas de una retórica quijotesca de buenos y malos un tanto insidiosa. Es cierto que todos los países hablan usando esa retórica; sin embargo, esto no implica que sus líderes se la crean.
Tras la segunda guerra mundial, Truman y el departamento de estado hablaban en grandes palabras, pero actuaban usando la más fría de las racionalidades. El telegrama largo de George Kennan era cualquier cosa menos poético; veía un problema (la Unión Soviética), y delineaba una táctica (la contención) que equivalía a meterse en guerras por motivos estratégicos, no ideológicos. Aún viendo a los rusos como el imperio del mal, los americanos nunca se cortaron un pelo en hablar con ellos, mientras prometían su exterminio en caso de guerra nuclear. Si la victoria final necesitaba de apoyar dictadores, meterse en guerras en agujeros inmundos y pegar tiros en repúblicas bananeras, se hacía y punto. El fin justificaba los medios.
De un tiempo a esta parte, sin embargo, Estados Unidos parece estar substituyendo el realismo de la guerra fría por una especie de absolutismo moral. Hablar con los malos equivale a darles la razón, todo lo que se hace es por altos motivos morales, no cálculos estratégicos, y debido a la maldad del oponente, el único compromiso / paz posible es la del cementerio.
Si bien tener el compas moral bien regulado es digno de alabanza, el utilizarlo de manera inflexible como herramienta de política exterior es poco realista. Al ver todo conflicto como un sistema binario (yo bueno, él malvado), Estados Unidos se pasea por el mundo con una mano atada a la espalda. No admiten, en ningún caso, el compromiso, y sin embargo, no tienen los recursos necesarios para que todas sus negativas sean creíbles.
Ser inflexible y tozudo al negociar con Iran es útil siempre que uno pueda enseñar el garrote y amenazar de manera creíble. Estados Unidos, ahora mismo, no se puede permitir una guerra, así que su pose Churchiliana no deja de ser de cruzado de pecho de lata. La cabezonería america ahora mismo es peor que un apaciguamiento; no son capaces de frenar nada mediante concesiones, y no obtienen nada mediante el miedo ya que su amenaza no es creíble.
Cuando la lista de enemigos en el mundo es tan larga, y la capacidad de disuadir es tan limitada, el absolutismo moral en la política exterior acaba siendo inútil. En el fondo, Estados Unidos es como uno de esos tipos berreando amenazas de derribar el gobierno desde una esquina. Ruido hacen, pero no tienen capacidad de hacerlo. Es hora que bajen del burro, y busquen objetivos quizás no tan moralmente perfectos, pero al menos vagamente realizables. Ahora mismo, su bravuconería no aporta nada.
Desde hace unos años, los americanos miran constantemente a esa guerra. Llaman a los veteranos de ese conflicto the greatest generation, y hablan con orgullo de como ellos derrotaron a la tiranía y al mal que representaba el nazismo. Obviando el hecho que fue un régimen casi igual de malvado que el de Hitler el que hizo la mayor parte del trabajo (los soviéticos), se aprecia una cierta nostalgia por los enormes, colosales logros que el país realizó para ganar la guerra.
La fuente de esa nostalgia, me temo, es la causa del problema: la percepción que la guerra fue justa y necesaria. Obviamente, eso es cierto, lo que no es tan sencillo es extrapolar esa percepción a todas las guerras. Los americanos, desde Reagan, son víctimas de una retórica quijotesca de buenos y malos un tanto insidiosa. Es cierto que todos los países hablan usando esa retórica; sin embargo, esto no implica que sus líderes se la crean.
Tras la segunda guerra mundial, Truman y el departamento de estado hablaban en grandes palabras, pero actuaban usando la más fría de las racionalidades. El telegrama largo de George Kennan era cualquier cosa menos poético; veía un problema (la Unión Soviética), y delineaba una táctica (la contención) que equivalía a meterse en guerras por motivos estratégicos, no ideológicos. Aún viendo a los rusos como el imperio del mal, los americanos nunca se cortaron un pelo en hablar con ellos, mientras prometían su exterminio en caso de guerra nuclear. Si la victoria final necesitaba de apoyar dictadores, meterse en guerras en agujeros inmundos y pegar tiros en repúblicas bananeras, se hacía y punto. El fin justificaba los medios.
De un tiempo a esta parte, sin embargo, Estados Unidos parece estar substituyendo el realismo de la guerra fría por una especie de absolutismo moral. Hablar con los malos equivale a darles la razón, todo lo que se hace es por altos motivos morales, no cálculos estratégicos, y debido a la maldad del oponente, el único compromiso / paz posible es la del cementerio.
Si bien tener el compas moral bien regulado es digno de alabanza, el utilizarlo de manera inflexible como herramienta de política exterior es poco realista. Al ver todo conflicto como un sistema binario (yo bueno, él malvado), Estados Unidos se pasea por el mundo con una mano atada a la espalda. No admiten, en ningún caso, el compromiso, y sin embargo, no tienen los recursos necesarios para que todas sus negativas sean creíbles.
Ser inflexible y tozudo al negociar con Iran es útil siempre que uno pueda enseñar el garrote y amenazar de manera creíble. Estados Unidos, ahora mismo, no se puede permitir una guerra, así que su pose Churchiliana no deja de ser de cruzado de pecho de lata. La cabezonería america ahora mismo es peor que un apaciguamiento; no son capaces de frenar nada mediante concesiones, y no obtienen nada mediante el miedo ya que su amenaza no es creíble.
Cuando la lista de enemigos en el mundo es tan larga, y la capacidad de disuadir es tan limitada, el absolutismo moral en la política exterior acaba siendo inútil. En el fondo, Estados Unidos es como uno de esos tipos berreando amenazas de derribar el gobierno desde una esquina. Ruido hacen, pero no tienen capacidad de hacerlo. Es hora que bajen del burro, y busquen objetivos quizás no tan moralmente perfectos, pero al menos vagamente realizables. Ahora mismo, su bravuconería no aporta nada.
Nota para cruzados de la ley de partidos
El hecho que Batasuna sea una organización ilegalizada no implica que sus antiguos miembros tengan sus derechos políticos revocados. En otras palabras, Barrena, Otegui y compañía pueden seguir diciendo lo que quieran y acudiendo a las manifestaciones que les plazca, siempre que no sea en nombre de un partido fuera de la ley.
Algunos parecen creer que la ley de partidos es una excusa para crear un grupo de ciudadanos de segunda clase con derechos individuales recortados, algo que sería totalmente inconstitucional. Las manifestaciones de estos días son legales, aunque los convocantes tuvieran alguna relación con Batasuna, ya que la ley de partidos no veta personas, sino organizaciones. Es la única manera que el texto sea presentable, vamos.
A todo ello, me parece profundamente divertido que a ciertos sectores de la derecha le irrite tanto que la izquierda radical vasca quiera ejercer derechos políticos, y hable de soluciones políticas. A veces realmente parece que echen de menos las bombas.
Algunos parecen creer que la ley de partidos es una excusa para crear un grupo de ciudadanos de segunda clase con derechos individuales recortados, algo que sería totalmente inconstitucional. Las manifestaciones de estos días son legales, aunque los convocantes tuvieran alguna relación con Batasuna, ya que la ley de partidos no veta personas, sino organizaciones. Es la única manera que el texto sea presentable, vamos.
A todo ello, me parece profundamente divertido que a ciertos sectores de la derecha le irrite tanto que la izquierda radical vasca quiera ejercer derechos políticos, y hable de soluciones políticas. A veces realmente parece que echen de menos las bombas.
martes, agosto 22, 2006
Realidades alternativas
Para los aficionados a los mundos imaginarios de ciertos sectores de la derecha, Estados Unidos es un lugar fascinante. Y para alguien como yo, que escucha la Cope en el trabajo para no aburrirse, es una especie de paraiso terrorífico.
Pongamos el ejemplo de los programas de talk radio conservadores, los equivalentes al gran inefable hispánico en gringolandia. Para que os hagais una idea de la profundidad intelectual de estos programas, una pequeña muestra.
No hace demasiado, un tal Ned Lamont ganaba las primarias demócratas en Connecticut, derrotando al senador actual Joe Lieberman. Lamont es un niño bien de buena familia, con una modesta fortuna alrededor de los 300 millones de dólares y con un próspero negocio de televisión por cable. El tipo se ha gastado como mínimo un par de millones de dólares de su bolsillo en la campaña. Pues bien, si uno escucha la radio conservadora, lo que escucha es que Lamont es un comunista antiamericano.
La lógica es la siguiente. Primero, Lamont ha recibido el apoyo de Moveon.org, organización política financiada, entre otros, por George Soros. Sí, el Soros especulador internacional, amante del liberalismo económico, y que no comparte ideas políticas con Bush. Según los contertulios radiofónicos (y algún idiota televisivo, como Sean Hannity), Soros es un comunista peligroso antiamericano, que tiene como objetivo desestabilizar el país. Como un tipo que cuenta su fortuna en miliardos es amante del comunismo se me escapa, pero el hecho que apoye a Lamont hace de Lamont un comunista.
La cosa no sería preocupante hasta que tuve la ocasión de hablar con un republicano (incluso en Connecticut hay) que me repitió la presunta maldad bolchevique de Lamont y la conspiración roja palabra por palabra. El horror.
Lo más divertido / aterrador del tema es el hecho que uno escucha estas radios, y acaba por deducir que los republicanos son una especie perseguida por una horda de arrogantes intelectuales progres que quieren hacer abortar a madres y dar sus fetos a los terroristas a la mínima que se descuiden. El pequeño detalle de la derecha controlando Congreso, Senado, Tribunal Supreno y Presidente parece pasar desapercibido.
La polarización de la política americana, en parte derivada de la baja participación electoral, en parte derivada de las (brillantes) tácticas republicanas, da pie a estas cosas. Eso explica también que con la que está cayendo, las encuestas no acaben de dar un resultado claro para noviembre; aunque la verdad, la incompetencia de los demócratas tiene algo que ver.
Nota: siento no haber escrito más estos días. Entre la visita de mis padres, ayudar en mudanzas, y que porras, no ha pasado nada interesante estos últimos días (y de manifestaciones en Euskadi ya hablé) pues he estado un pelín falto de motivación. A ver si hay más desastres, que es lo que nos pone a todos...
Pongamos el ejemplo de los programas de talk radio conservadores, los equivalentes al gran inefable hispánico en gringolandia. Para que os hagais una idea de la profundidad intelectual de estos programas, una pequeña muestra.
No hace demasiado, un tal Ned Lamont ganaba las primarias demócratas en Connecticut, derrotando al senador actual Joe Lieberman. Lamont es un niño bien de buena familia, con una modesta fortuna alrededor de los 300 millones de dólares y con un próspero negocio de televisión por cable. El tipo se ha gastado como mínimo un par de millones de dólares de su bolsillo en la campaña. Pues bien, si uno escucha la radio conservadora, lo que escucha es que Lamont es un comunista antiamericano.
La lógica es la siguiente. Primero, Lamont ha recibido el apoyo de Moveon.org, organización política financiada, entre otros, por George Soros. Sí, el Soros especulador internacional, amante del liberalismo económico, y que no comparte ideas políticas con Bush. Según los contertulios radiofónicos (y algún idiota televisivo, como Sean Hannity), Soros es un comunista peligroso antiamericano, que tiene como objetivo desestabilizar el país. Como un tipo que cuenta su fortuna en miliardos es amante del comunismo se me escapa, pero el hecho que apoye a Lamont hace de Lamont un comunista.
La cosa no sería preocupante hasta que tuve la ocasión de hablar con un republicano (incluso en Connecticut hay) que me repitió la presunta maldad bolchevique de Lamont y la conspiración roja palabra por palabra. El horror.
Lo más divertido / aterrador del tema es el hecho que uno escucha estas radios, y acaba por deducir que los republicanos son una especie perseguida por una horda de arrogantes intelectuales progres que quieren hacer abortar a madres y dar sus fetos a los terroristas a la mínima que se descuiden. El pequeño detalle de la derecha controlando Congreso, Senado, Tribunal Supreno y Presidente parece pasar desapercibido.
La polarización de la política americana, en parte derivada de la baja participación electoral, en parte derivada de las (brillantes) tácticas republicanas, da pie a estas cosas. Eso explica también que con la que está cayendo, las encuestas no acaben de dar un resultado claro para noviembre; aunque la verdad, la incompetencia de los demócratas tiene algo que ver.
Nota: siento no haber escrito más estos días. Entre la visita de mis padres, ayudar en mudanzas, y que porras, no ha pasado nada interesante estos últimos días (y de manifestaciones en Euskadi ya hablé) pues he estado un pelín falto de motivación. A ver si hay más desastres, que es lo que nos pone a todos...
jueves, agosto 17, 2006
Irak: ¿cobardía americana?
Tras las noticias que durante el mes de julio han muerto en Irak más de 3.400 civiles entre atentados, ataques, tiroteos y explosiones variadas (batiendo el récord local), la realidad del fracaso de la política americana se hace cada vez más evidente.
Lo peor, aparte de la violencia, es la patética, cobarde actitud de pecho de hojalata de la administración Bush mientras Irak se sumerge en el caos. La actitud de la administración ante la inexorable desintegración del país sigue siendo vociferar que hay progreso, hay que mantenerse fuertes y que el terrorismo será derrotado. A la práctica, lo único que hacen es dejar las tropas en el país, esconderlas, y no hacer nada para detener la violencia. Lejos de enviar más tropas, tomar más riesgos y tratar de ganar la guerra a los insurgentes, siguiendo la heróica retórica de lucha y guerra que tanto repite, Bush se ha quedado a medio camino. Ni se atreve a reconocer el error y retira las tropas, ni se pone serio y trata de arreglar el desaguisado.
El resultado, me temo, es que tanto esperar y confiar en lo mejor ha acabado por sobrepasar el esfuerzo americano. Irak está en guerra civil. Invadieron el país, rompieron todo lo que encontraron, y han dejado un vacio de poder que ni han sabido ni han podido llenar. Ahora no tienen agallas para ganar la guerra, ni pueden permitirse retirarse reconociendo la derrota.
Irak se acerca, cada vez más, a la insufrible solución pragmática. Sea la instauración de otra brutal dictadura que mantenga el orden, sea la partición del país, dándole en bandeja a Irán un bonito estado vasallo, Estados Unidos debe empezar a pensar que cualquier solución es mejor que dejar que el país acabe sumido en el caos.
No importa qué elijan, deben hacer algo. Está claro que la estrategia actual no funciona.
Lo peor, aparte de la violencia, es la patética, cobarde actitud de pecho de hojalata de la administración Bush mientras Irak se sumerge en el caos. La actitud de la administración ante la inexorable desintegración del país sigue siendo vociferar que hay progreso, hay que mantenerse fuertes y que el terrorismo será derrotado. A la práctica, lo único que hacen es dejar las tropas en el país, esconderlas, y no hacer nada para detener la violencia. Lejos de enviar más tropas, tomar más riesgos y tratar de ganar la guerra a los insurgentes, siguiendo la heróica retórica de lucha y guerra que tanto repite, Bush se ha quedado a medio camino. Ni se atreve a reconocer el error y retira las tropas, ni se pone serio y trata de arreglar el desaguisado.
El resultado, me temo, es que tanto esperar y confiar en lo mejor ha acabado por sobrepasar el esfuerzo americano. Irak está en guerra civil. Invadieron el país, rompieron todo lo que encontraron, y han dejado un vacio de poder que ni han sabido ni han podido llenar. Ahora no tienen agallas para ganar la guerra, ni pueden permitirse retirarse reconociendo la derrota.
Irak se acerca, cada vez más, a la insufrible solución pragmática. Sea la instauración de otra brutal dictadura que mantenga el orden, sea la partición del país, dándole en bandeja a Irán un bonito estado vasallo, Estados Unidos debe empezar a pensar que cualquier solución es mejor que dejar que el país acabe sumido en el caos.
No importa qué elijan, deben hacer algo. Está claro que la estrategia actual no funciona.
martes, agosto 15, 2006
Deslocalizaciones y buenas noticias
Escolar enlazaba el otro día un fragmento de una obra de teatro de Jazmina Reza que vale la pena tener en mente:
Mal que les pese a algunos (o a muchos, si tenemos que hacer caso al volumen de almas ofendidas en los comentarios), hay bastante de verdadero en este fragmento. En contra de lo que dice mucho de la progresía, las desigualdades a nivel mundial no están aumentando, sino disminuyendo, y es en gran medida debido al fenómeno descrito arriba.
Sí, muchas de las empresas que dejan Europa o Estados Unidos acaban convertidas en factorias de aspecto francamente horroroso en China o la India. Y sí, tener a críos de 14 años trabajando diez horas del día haciendo juguetes suena bastante horrible, pero uno tiene que tener en cuenta qué hay detrás del cambio. Primero, en el primer mundo ha desaparecido un lugar de trabajo para mano de obra poco cualificada, sin posibilidades de llegar nunca a generar demasiados ingresos. Hay alguien que se va a la calle, pero casi nunca es de un puesto de trabajo que valga demasiado la pena conservar; como dice Reza, minero no es precisamente un oficio atractivo.
Algo que se debería decir más a menudo desde la izquierda y que es necesario recordar: el estado del bienestar protege personas, no empleos. Es preferible, desde un punto de vista económico y social, dejar que las empresas cierren cuando no dan beneficios y ayudar a los empleados, no regar a los empresarios de subvenciones. La economía ya va hacia donde puede hacer dinero; el estado debe concentrarse en ayudar a que todos puedan subir el tren, no en mantener empresas en respiración asistida.
En el otro lado, el de los países en desarrollo que recibe la nueva empresa, debemos tener en mente antes de juzgar cuál era la situación anterior de los presúntamente explotados trabajadores. En otras palabras, dónde estaría ese chaval que se pasa el día fabricando Bratz en China si no hubiera llegado la fábrica. La respuesta es sencilla: en algún villorrio perdido en una zona rural, arando un campo o recogiendo arroz y viviendo en condiciones mucho más insalubres que en la ciudad. A pesar de lo horroroso de las condiciones laborales, él y su familia han dejado el campo y se han quedado en la ciudad, trabajando en la fábrica, porque oh milagro sus condiciones de vida han mejorado.
Y sí, de aquí viene la disminución de las desigualdades a nivel global. Básicamente, un tercio de la humanidad vive en economías que están creciendo a velocidad de vértigo, India y China, y eso está teniendo efectos claros y reales sobre su población. En algunos lugares, incluso, la falta de mano de obra está haciendo subir los salarios, y todo gracias al libre comercio. Es cierto que estos cambios no están afectando a todo el mundo, y que lugares en Africa son de hecho más pobres que hace 70 años, pero eso no significa que la pobreza esté aumentando. También es cierto que dentro de las sociedades occidentales, algunos países han tenido un dramático incremento de las desigualdades en las últimas décadas (Estados Unidos especialmente), pero eso es el resultado de decisiones políticas, no sólo el malvado capitalismo global.
Estamos de nuevo en lo de siempre, la izquierda de la consigna fácil. A riesgo de parecer un pedante, hay muchos que se lanzan a opinar y pontificar sin ni siquiera conocer el mundo en el que viven. No se puede hablar de "malvadas deslocalizaciones" en general, sin tener en cuenta que sus efectos varían enormemente dependiendo de cómo el sistema político de cada país se enfrenta a ellas. No se puede hablar de la globalización creadora de desigualdades, sino en todo caso el por qué parece que hay vastas regiones del mundo que no parecen salir nunca del agujero.
La primera tarea de todo político se enfrenta es identificar los problemas. Como norma general, las consignas panfletarias no acostumbran a ser demasiado precisas.
"Te voy a contar un secreto, me pongo muy contento cuando me entero de una deslocalización. Personas que se morían de hambre en el Tercer Mundo van a tener trabajo, van a empezar a integrarse en un sistema económico. ¿Por qué debería ser menos solidario con los desgraciados de la India o Bangladesh que se mueren de hambre que con el tío que cobrará indemnizaciones aquí? Es el futuro del mundo lo que está en juego, la paz, la prosperidad. En cuanto al tipo que echan a la calle en Alençon, en vez de continuar cortando burdamente camisetas horribles, recibirá una formación, participará en productos que tendrán el doble de valor añadido, es la oportunidad de su vida. Vivimos en un sistema de la compasión, en el que hace falta drama por todas partes. ¿Me puedes decir por qué no se organizó una fiesta nacional el día en que se cerró la última mina? Tenemos carbón bajo los pies pero ya no hace falta enviar a pobres desgraciados seiscientos metros bajo tierra para intentar extraerlo mientras cogen la silicosis o se libran de una explosión de grisú. Es maravilloso. En vez de eso, tuvimos que soportar un discurso lacrimógeno del estilo es una parte de la historia de la clase obrera que desaparece. ¡Coño, pues tanto mejor! ¿Te gustaría tener a tus hijos en el fondo de una mina? Es extraordinario vivir en un país que tiene carbón bajo sus pies y que puede prescindir de ir a buscarlo, que ya no necesita mandar a personas a arrastrarse como ratas por los túneles y a dar martillazos a algo repugnante. El mundo mejora, nos guste o no".
Mal que les pese a algunos (o a muchos, si tenemos que hacer caso al volumen de almas ofendidas en los comentarios), hay bastante de verdadero en este fragmento. En contra de lo que dice mucho de la progresía, las desigualdades a nivel mundial no están aumentando, sino disminuyendo, y es en gran medida debido al fenómeno descrito arriba.
Sí, muchas de las empresas que dejan Europa o Estados Unidos acaban convertidas en factorias de aspecto francamente horroroso en China o la India. Y sí, tener a críos de 14 años trabajando diez horas del día haciendo juguetes suena bastante horrible, pero uno tiene que tener en cuenta qué hay detrás del cambio. Primero, en el primer mundo ha desaparecido un lugar de trabajo para mano de obra poco cualificada, sin posibilidades de llegar nunca a generar demasiados ingresos. Hay alguien que se va a la calle, pero casi nunca es de un puesto de trabajo que valga demasiado la pena conservar; como dice Reza, minero no es precisamente un oficio atractivo.
Algo que se debería decir más a menudo desde la izquierda y que es necesario recordar: el estado del bienestar protege personas, no empleos. Es preferible, desde un punto de vista económico y social, dejar que las empresas cierren cuando no dan beneficios y ayudar a los empleados, no regar a los empresarios de subvenciones. La economía ya va hacia donde puede hacer dinero; el estado debe concentrarse en ayudar a que todos puedan subir el tren, no en mantener empresas en respiración asistida.
En el otro lado, el de los países en desarrollo que recibe la nueva empresa, debemos tener en mente antes de juzgar cuál era la situación anterior de los presúntamente explotados trabajadores. En otras palabras, dónde estaría ese chaval que se pasa el día fabricando Bratz en China si no hubiera llegado la fábrica. La respuesta es sencilla: en algún villorrio perdido en una zona rural, arando un campo o recogiendo arroz y viviendo en condiciones mucho más insalubres que en la ciudad. A pesar de lo horroroso de las condiciones laborales, él y su familia han dejado el campo y se han quedado en la ciudad, trabajando en la fábrica, porque oh milagro sus condiciones de vida han mejorado.
Y sí, de aquí viene la disminución de las desigualdades a nivel global. Básicamente, un tercio de la humanidad vive en economías que están creciendo a velocidad de vértigo, India y China, y eso está teniendo efectos claros y reales sobre su población. En algunos lugares, incluso, la falta de mano de obra está haciendo subir los salarios, y todo gracias al libre comercio. Es cierto que estos cambios no están afectando a todo el mundo, y que lugares en Africa son de hecho más pobres que hace 70 años, pero eso no significa que la pobreza esté aumentando. También es cierto que dentro de las sociedades occidentales, algunos países han tenido un dramático incremento de las desigualdades en las últimas décadas (Estados Unidos especialmente), pero eso es el resultado de decisiones políticas, no sólo el malvado capitalismo global.
Estamos de nuevo en lo de siempre, la izquierda de la consigna fácil. A riesgo de parecer un pedante, hay muchos que se lanzan a opinar y pontificar sin ni siquiera conocer el mundo en el que viven. No se puede hablar de "malvadas deslocalizaciones" en general, sin tener en cuenta que sus efectos varían enormemente dependiendo de cómo el sistema político de cada país se enfrenta a ellas. No se puede hablar de la globalización creadora de desigualdades, sino en todo caso el por qué parece que hay vastas regiones del mundo que no parecen salir nunca del agujero.
La primera tarea de todo político se enfrenta es identificar los problemas. Como norma general, las consignas panfletarias no acostumbran a ser demasiado precisas.
viernes, agosto 11, 2006
Una víctima más de la guerra
El martes Connecticut fue el centro de la vida política americana por un día. No que el presidente visitara el estado o algo por el estilo; sino por unas elecciones primarias con un significado y consecuencias que van mucho más alla de New Haven y su distrito electoral.
La votación era para dirimir si el actual senador por Connecticut, Joe Lieberman (el tipo que hubiera sido vicepresidente con Al Gore), volvía a ser el candidato del partido demócrata en noviembre, tras 18 años de servicio. El hecho que un senador en activo se tuviera que enfrentar a unas promarias es ya de por sí inusual; lo que es aún más sorprendente es el hecho que la elección sea competida de veras. Lieberman se enfrentaba a Ned Lamont, un millonario con poca experiencia política. La mayor diferencia entre ambos, y lo que ha centrado el debate en la campaña, ha sido su posición respecto a la guerra de Irak.
Lieberman ocupa un puesto de especial infamia dentro del partido demócrata por el hecho de haber sido, desde el principio, uno de los más furibundos halcones de la cámara alta americana. No es que entre la presunta oposición a la administración republicana faltaran senadores apoyando al presidente (Hillary Clinton le siguió marcando el paso), pero el señor Lieberman se ha distinguido por alabar la política exterior de Bush hasta que Lamont empezó a acercarse en las encuestas.
Demasiado tarde. El martes, tras una carísima campaña (Lamont se ha dejado cuatro millones de dólares) Lieberman era derrotado en las urnas 52-48, en unas primarias con una participación altísima (44%) para lo que es habitual en Estados Unidos. La guerra de Irak se cobraba, al fin, su primera víctima política... en el partido de la oposición.
La elección, en contra de lo que han comentado muchos, no ha sido tanto un referéndum sobre la guerra de Irak, sino sobre la actitud de ciertos sectores del partido demócrata frente a la guerra. Los votantes americanos en general han dado finalmente la espalda al presidente en su aventura iraquí (todas las encuestas dan a más de un 60% de americanos en contra); las primarias del martes dan a entender que la actitud subserviente, seguidista y estúpidamente pasiva de los demócratas tambien ha acabado con su paciencia.
Sencillamente, no es sólo la guerra lo que ha preocupado a muchos votantes de Connecticut; la patética rendición de quienes deben vigilar al ejecutivo ha acabado por hartarlos. No basta con garantizar dinero y puestos de trabajo para el estado; es también necesario cumplir con una función de control que no puede ser ocultada bajo la excusa del patriotismo.
¿Hasta qué punto es significativo este resultado? Como todo en política, su importancia es relativa y difícil de predecir. Para empezar, Connecticut es un de los estados más liberales (progres, en el vocabulario local) del país; si bien el cabreo con la guerra está extendido por todo el país, aquí en Nueva Inglaterra es especialmente importante. Aún así, es necesario insistir que no estamos ante una derrota electoral cualquiera: es un senador veterano, echado a patadas por los activistas de su propio partido no por ir a la guerra sino por apoyarla. Más importante aún, ha perdido contra un total desconocido, que ha ganado contra un senador que tenía todo el apoyo de la maquinaria del partido.
Hay dos cosas claras: la primera, los votantes demócratas estan hartos que el partido se esconda cada vez que el presidente hace una burrada. La segunda, hay signos muy claros que una parte significativa del electorado quiere un cambio real en cómo se hace política en el país. Que eso se traduzca en un cambio de mayoría en las legislativas de noviembre es otra cosa; pero lo cierto es que parece haber un movimiento de fondo en la izquierda americana.
Nota al margen: si leeis en alguna parte que esta ha sido la campaña de la nueva política, la blogosfera y gaitas parecidas, no hagais caso. Lamont ha tenido el apoyo de muchas bitácoras y ha armado ruido en internet, pero se ha gastado una millonada al viejo estilo, en anuncios en televisión, prensa y radio. Los temas quizás han variado y la publicidad ha sido más ingeniosa, pero no ha sido una campaña de insurgencia barata.
La votación era para dirimir si el actual senador por Connecticut, Joe Lieberman (el tipo que hubiera sido vicepresidente con Al Gore), volvía a ser el candidato del partido demócrata en noviembre, tras 18 años de servicio. El hecho que un senador en activo se tuviera que enfrentar a unas promarias es ya de por sí inusual; lo que es aún más sorprendente es el hecho que la elección sea competida de veras. Lieberman se enfrentaba a Ned Lamont, un millonario con poca experiencia política. La mayor diferencia entre ambos, y lo que ha centrado el debate en la campaña, ha sido su posición respecto a la guerra de Irak.
Lieberman ocupa un puesto de especial infamia dentro del partido demócrata por el hecho de haber sido, desde el principio, uno de los más furibundos halcones de la cámara alta americana. No es que entre la presunta oposición a la administración republicana faltaran senadores apoyando al presidente (Hillary Clinton le siguió marcando el paso), pero el señor Lieberman se ha distinguido por alabar la política exterior de Bush hasta que Lamont empezó a acercarse en las encuestas.
Demasiado tarde. El martes, tras una carísima campaña (Lamont se ha dejado cuatro millones de dólares) Lieberman era derrotado en las urnas 52-48, en unas primarias con una participación altísima (44%) para lo que es habitual en Estados Unidos. La guerra de Irak se cobraba, al fin, su primera víctima política... en el partido de la oposición.
La elección, en contra de lo que han comentado muchos, no ha sido tanto un referéndum sobre la guerra de Irak, sino sobre la actitud de ciertos sectores del partido demócrata frente a la guerra. Los votantes americanos en general han dado finalmente la espalda al presidente en su aventura iraquí (todas las encuestas dan a más de un 60% de americanos en contra); las primarias del martes dan a entender que la actitud subserviente, seguidista y estúpidamente pasiva de los demócratas tambien ha acabado con su paciencia.
Sencillamente, no es sólo la guerra lo que ha preocupado a muchos votantes de Connecticut; la patética rendición de quienes deben vigilar al ejecutivo ha acabado por hartarlos. No basta con garantizar dinero y puestos de trabajo para el estado; es también necesario cumplir con una función de control que no puede ser ocultada bajo la excusa del patriotismo.
¿Hasta qué punto es significativo este resultado? Como todo en política, su importancia es relativa y difícil de predecir. Para empezar, Connecticut es un de los estados más liberales (progres, en el vocabulario local) del país; si bien el cabreo con la guerra está extendido por todo el país, aquí en Nueva Inglaterra es especialmente importante. Aún así, es necesario insistir que no estamos ante una derrota electoral cualquiera: es un senador veterano, echado a patadas por los activistas de su propio partido no por ir a la guerra sino por apoyarla. Más importante aún, ha perdido contra un total desconocido, que ha ganado contra un senador que tenía todo el apoyo de la maquinaria del partido.
Hay dos cosas claras: la primera, los votantes demócratas estan hartos que el partido se esconda cada vez que el presidente hace una burrada. La segunda, hay signos muy claros que una parte significativa del electorado quiere un cambio real en cómo se hace política en el país. Que eso se traduzca en un cambio de mayoría en las legislativas de noviembre es otra cosa; pero lo cierto es que parece haber un movimiento de fondo en la izquierda americana.
Nota al margen: si leeis en alguna parte que esta ha sido la campaña de la nueva política, la blogosfera y gaitas parecidas, no hagais caso. Lamont ha tenido el apoyo de muchas bitácoras y ha armado ruido en internet, pero se ha gastado una millonada al viejo estilo, en anuncios en televisión, prensa y radio. Los temas quizás han variado y la publicidad ha sido más ingeniosa, pero no ha sido una campaña de insurgencia barata.
miércoles, agosto 09, 2006
Nota sobre incendios
Si, tragedia que Galicia se queme, desastre ecológico, etcétera. Estaría bien que alguien echara un ojo a las estadísticas generales sobre bosques en España, sin embargo, antes de ir hablando de mega tragedia ecológica. ¿Por qué? Por el simple motivo que en los últimos veinte años (como mínimo) la superficie forestal de España ha aumentado.
¿Sorpresa? No tanta. El motivo es muy sencillo, el abandono de la agricultura. Según abandonamos cultivos y pastos e incrementamos la productividad de los que quedan, el bosque vuelve a ocupar el espacio que antes ocupaba. Incluso con las recalificaciones flamígeras que algunos impulsan (por cierto, muy bonito lo de echar la culpa del fuego al gobierno, no al que lo enciende), tenemos ahora más bosque que hace veinte años.
Sí, los incendios son una tragedia que debe ser evitada, pero no estamos ante el fin del bosque en España. Y no, los datos arriba no se contradicen con el incremento de la desertización; la retirada de los cultivos no siempre hace aparecer arbolitos, y tras un incendio no siempre aparece un bosque. Si lo que se quiere es preservar el medio que tenemos ahora, sin embargo, debemos tener en mente que dejó se ser natural hace tiempo. Del arte de convivir con él, sin embargo, os remito a otros que saben mucho más que yo.
¿Sorpresa? No tanta. El motivo es muy sencillo, el abandono de la agricultura. Según abandonamos cultivos y pastos e incrementamos la productividad de los que quedan, el bosque vuelve a ocupar el espacio que antes ocupaba. Incluso con las recalificaciones flamígeras que algunos impulsan (por cierto, muy bonito lo de echar la culpa del fuego al gobierno, no al que lo enciende), tenemos ahora más bosque que hace veinte años.
Sí, los incendios son una tragedia que debe ser evitada, pero no estamos ante el fin del bosque en España. Y no, los datos arriba no se contradicen con el incremento de la desertización; la retirada de los cultivos no siempre hace aparecer arbolitos, y tras un incendio no siempre aparece un bosque. Si lo que se quiere es preservar el medio que tenemos ahora, sin embargo, debemos tener en mente que dejó se ser natural hace tiempo. Del arte de convivir con él, sin embargo, os remito a otros que saben mucho más que yo.
Problemas que no lo son
En Batiburrillo citan cinco noticias que dicen demostrar que el sistema automático es un fracaso, y no funciona en absoluto. Lo que las cinco noticias hacen, la verdad, es demostrar que algunos no han entendido en qué consiste esto de la descentralización política. Veamos.
Esta idea absurda que una decisión hecha en Madrid es más justa, verdadera o democrática porque afecta a más gente no tiene sentido. No es menos democracia Andorra que la India por el hecho de ser un país pequeño, y no tiene menos peso la decisión de una comunidad de incluir dentistas en la sanidad que el hecho que la comunidad vecina no crea que valga la pena. Si hay prestaciones distintas es porque así lo vota el electorado en un sitio, y la verdad, el derecho a bajarse los impuestos a cambio de tener peores médicos debe ser respetado, si hay gente que quiere esas cosas.
En Madrid se vota lo que queremos que sea común, pero no se vota sobre lo que queremos que cada electorado regional sea. Las Cortes deciden qué se comparte, no cómo se hacen las cosas.
- Extremadura propone que se devuelvan algunas competencias a Sanidad: según ellos, lo queh hay es descontrol. En la práctica, lo que hay es un sistema sanitario que debe ser vigilado no por el gobierno central, en plan papá, sino por los votantes de cada autonomía. Si el gobierno de Extremadura dice que todos los españoles deben ser tratados igual, sólo tiene que ofrecer los mismos servicios que el resto de ejecutivos regionales. Quien decide si el sistema es bueno o no es el electorado de cada región, y listos.
- El PP propone restar competencias de protección civil a las autonomías: ¿Qué garantiza que el gobierno central lo hará mejor? Los políticos estatales pueden ser igual de incompetentes. En el raro caso que una emergencia afecta más de una comunidad, el gobierno central puede coordinar sin que haga falta crear más comités; para algo están los ministros.
- Uso del agua: no, no es demencial que una región tenga regulaciones distintas a las otras. De nuevo, cada autonomía es juzgada por sus votantes, que para algo hablamos de democracia. Lo que es importante es que el electorado sepa quién toma las decisiones y vote según lo acertado de estas, y punto. Si en un lugar con sequía no quieren restringir el consumo, allá ellos; ya se lo encontrarán. Evidentemente, el agua se trasvasará sólo para gastos imprescindibles, no para salvar una economía que alguien haya decidido arruinar despilfarrando poniendo regadios en un desierto.
- Distribuyendo menores inmigrantes: inmigración es estatal, pero servicios sociales es competencia autonómica. Cuando un tema toca a todos, todos colaboran. Sorpresa, hay muy pocos temas en que no haya más de una administración involucrada.
- Documental sobre toros: ya se sabe, mostrar el lado oscuro de la realidad está prohibido en España. Lo de los toros, como si fuera la monarquía, oye; intocable. Haya la mierda que haya, oiga. Siguiendo esta lógica, que le devuelvan a Landis el Tour, que esto de demoler tradiciones francesas es pecado.
Esta idea absurda que una decisión hecha en Madrid es más justa, verdadera o democrática porque afecta a más gente no tiene sentido. No es menos democracia Andorra que la India por el hecho de ser un país pequeño, y no tiene menos peso la decisión de una comunidad de incluir dentistas en la sanidad que el hecho que la comunidad vecina no crea que valga la pena. Si hay prestaciones distintas es porque así lo vota el electorado en un sitio, y la verdad, el derecho a bajarse los impuestos a cambio de tener peores médicos debe ser respetado, si hay gente que quiere esas cosas.
En Madrid se vota lo que queremos que sea común, pero no se vota sobre lo que queremos que cada electorado regional sea. Las Cortes deciden qué se comparte, no cómo se hacen las cosas.
lunes, agosto 07, 2006
El hablar absurdo
Llevamos unos días escuchando tonterías desde los lugares de siempre sobre lo malvado, irresponsable, patético etcétera que es ese monstruo llamado Zapatero al enviar a Moratinos a hablar con Siria. Ya se sabe, lo mismo que está haciendo Francia mientras trabaja con Estados Unidos para pasar una resolución en el consejo de seguridad.
Parece mentira, pero algunos en la derecha tienen la extraña idea que para solucionar un conflicto sólo se puede hablar con los amigos, no con la gente que está tocándote las narices. Como tratar de solventar que el vecino te haya abollado el coche al aparcar llamando a tu primo de Cuenca para decirle que es necesario combatir a los conductores bandidos, vaya.
En un conflicto entre dos partes, el diálogo no es un premio, es un instrumento. Nadie tiene como objetivo hablar; soltar proclamas al viento es gratis. Decir que la diplomacia es conceder al otro una victoria es una estúpida celebración del autismo, y una absurda muestra de arrogancia. Estar sentados alrededor de una mesa no es una victoria, es una herramienta para solucionar un problema.
A todo esto, y ya de paso, decir que el gobierno debe prohibir la manifestación de Batasuna porque es una concesión a los terroristas tiene su miga. Un partido político que defiende la violencia decide hacer un acto pacífico clásico de toda democracia (y que el PP parece tan aficionado a convocar) y la reacción de algunos es decir que permitirlo es una rendición. El problema de Batasuna son los métodos, no los objetivos que persiguen; cuando hacen algo tan sencillo como ejercer el derecho a manifestarse, eso no debería provocar pánico.
Parece mentira, pero algunos en la derecha tienen la extraña idea que para solucionar un conflicto sólo se puede hablar con los amigos, no con la gente que está tocándote las narices. Como tratar de solventar que el vecino te haya abollado el coche al aparcar llamando a tu primo de Cuenca para decirle que es necesario combatir a los conductores bandidos, vaya.
En un conflicto entre dos partes, el diálogo no es un premio, es un instrumento. Nadie tiene como objetivo hablar; soltar proclamas al viento es gratis. Decir que la diplomacia es conceder al otro una victoria es una estúpida celebración del autismo, y una absurda muestra de arrogancia. Estar sentados alrededor de una mesa no es una victoria, es una herramienta para solucionar un problema.
A todo esto, y ya de paso, decir que el gobierno debe prohibir la manifestación de Batasuna porque es una concesión a los terroristas tiene su miga. Un partido político que defiende la violencia decide hacer un acto pacífico clásico de toda democracia (y que el PP parece tan aficionado a convocar) y la reacción de algunos es decir que permitirlo es una rendición. El problema de Batasuna son los métodos, no los objetivos que persiguen; cuando hacen algo tan sencillo como ejercer el derecho a manifestarse, eso no debería provocar pánico.
sábado, agosto 05, 2006
De cuba y tiranos varios
Ya sé que citarse a uno mismo no es precisamente elegante, pero cuando uno lee tantas estupideces concentradas sobre dictaduras y tiranuelos vale la pena recordar lo ya escrito. Entre los mitos, el decir que los cubanos están adoctrinados, que la represión es aleatoria e irracional, o que la opresión es infinita.
A todo esto, un par de notas sobre una posible transición democrática en la isla. Para empezar, el principal problema al que se enfrenta una dictadura es solucionar la sucesión de su líder. Si un régimen autoritario tiene un mecanismo de selección de tiranos ordenado y aceptado por todos los actores relevantes (ejército, los cuatro chupóteros y alta burocracia) su supervivencia es muy probable, a no ser que haya un cataclismo económico o algún factor imprevisto externo. Es por eso que las monarquías tienden a ser tan estables, ya que el mecanismo de sucesión es muy claro. Cuba no parece tener el problema solucionado, así que la enfermedad de Castro es de hecho una gran oportunidad.
Lo que no debe llevarnos, sin embargo, a una vociferante y cejijunta ingerencia en los asuntos de la lista como pide el PP. El régimen cubano lleva sobreviviendo a base de represión y echar las culpas al enemigo exterior desde hace casi veinte años, una vez que los subsidios soviéticos se agotaron. Un gobierno externo tomando partido decidido por una facción u otra, no importa lo justa que sea la causa, al iniciar la transición sería un error mayúsculo. Para que una transición llegue a buen puerto, lo mejor que puede pasar es que el país llegue a un nuevo equilibrio democrático de forma endógena, no a patadas desde el exterior.
¿Puede Cuba convertirse en una democracia? Si no se entra como el proverbial elefante en una cacharrería, sí, sin duda. Siempre que se tenga en cuenta que una democracia incluye a todos (incluso a viejos comunistas), la distribución de renta en la isla es razonablemente igualitaria, y podría sostener el sistema. Debe evitarse escuchar excesivamente al exilio y no ser un integrista de "devolver lo que nos robaron", y dejar que sean la urnas las que hablen, no gente con apoyos indefinidos. Votar debe ser lo primero, siempre.
- De la fortaleza de los dictadores (I)
- De la fortaleza de los dictadores (II): represión y gobierno.
- De la fortaleza de los dictadores (III): apoyos reales y ficticios.
A todo esto, un par de notas sobre una posible transición democrática en la isla. Para empezar, el principal problema al que se enfrenta una dictadura es solucionar la sucesión de su líder. Si un régimen autoritario tiene un mecanismo de selección de tiranos ordenado y aceptado por todos los actores relevantes (ejército, los cuatro chupóteros y alta burocracia) su supervivencia es muy probable, a no ser que haya un cataclismo económico o algún factor imprevisto externo. Es por eso que las monarquías tienden a ser tan estables, ya que el mecanismo de sucesión es muy claro. Cuba no parece tener el problema solucionado, así que la enfermedad de Castro es de hecho una gran oportunidad.
Lo que no debe llevarnos, sin embargo, a una vociferante y cejijunta ingerencia en los asuntos de la lista como pide el PP. El régimen cubano lleva sobreviviendo a base de represión y echar las culpas al enemigo exterior desde hace casi veinte años, una vez que los subsidios soviéticos se agotaron. Un gobierno externo tomando partido decidido por una facción u otra, no importa lo justa que sea la causa, al iniciar la transición sería un error mayúsculo. Para que una transición llegue a buen puerto, lo mejor que puede pasar es que el país llegue a un nuevo equilibrio democrático de forma endógena, no a patadas desde el exterior.
¿Puede Cuba convertirse en una democracia? Si no se entra como el proverbial elefante en una cacharrería, sí, sin duda. Siempre que se tenga en cuenta que una democracia incluye a todos (incluso a viejos comunistas), la distribución de renta en la isla es razonablemente igualitaria, y podría sostener el sistema. Debe evitarse escuchar excesivamente al exilio y no ser un integrista de "devolver lo que nos robaron", y dejar que sean la urnas las que hablen, no gente con apoyos indefinidos. Votar debe ser lo primero, siempre.
Derechos a veto y huelgas aeroportuarias
Desded los lugares habituales se ha criticado mucho la actitud y actuación del gobierno tras la famosa huelga de los trabajadores del Prat la semana pasada. Los alaridos de rendición habituales se han mezclado con críticas a los sindicatos y a los malvados nacionalistas, que ya se sabe que están detrás de todo lo malo que sucede en España. Todo por dar una explicación muy complicada a un problema muy sencillo, y que aparece de forma repetida en todo el mundo: actores ejerciendo su poder de veto.
Para empezar, esta huelga presuntamente inaudita tiene multitud de precedentes. Sin ir demasiado lejos, el año pasado Heathrow "disfrutó" de una huelga singularmente desalmada de personal de tierra. British Airways y casi todo el mundo que operara desde Londres se enfrentó a 36 horas de paro, dejando tirados 100.000 pasajeros y ocasionando pérdidas millonarias. Aún más cerca, los controladores de tráfico aéreo franceses son igual de cafres, siguiendo de manera periódica la vieja tradición gala de tocar las narices a todo el continente para arreglar conflictos domésticos. Si queremos mirar historias pasadas, esta semana ha hecho 25 años de la gran huelga de controladores en Estados Unidos, esa que Ronald Reagan solucionó despidiendo 10.000 trabajadores.
Son sólo tres ejemplos de huelgas muy parecidas al reciente desastre del aeropuerto de Barcelona. Todas ellas tienen en común un factor crucial, la capacidad de veto económico de sus protagonistas. En los tres casos, un grupo relativamente pequeño de trabajadores de una determinada empresa pueden parar totalmente todo el sistema, y tiene por tanto una capacidad de negociación enorme. Son el equivalente económico a un derecho a veto, y funcionan de manera parecida.
Dicho de manera sencilla, ninguna empresa puede permitirse el lujo de hacer algo que cabree en exceso un actor con derecho a veto, ya que sus huelgas duelen en serio. Como más cualificados estén (los pilotos, por ejemplo), más difícil resulta para la compañía tratar con ellos, ya que no tiene capacidad real para reemplazarlos rápidamente. Si la empresa es además una compañía de transporte, y los clientes se cabrean de veras cuando las cosas no van bien, el problema es aún mayor.
¿Qué ocurrió en Barcelona? un bonito ejemplo de por qué combinar empresas con actores con capacidad de veto y una organización tan estúpida como Aena es una mala idea. Por una lado, Aena maneja los aeropuertos no como una empresa de transportes, si no como si fuera un cortijo personal. En vez de tener en cuenta a sus clientes, las compañías aéreas, al gestionar al personal de tierra, el estúpido monopolio estatal repartió concesiones pensando en como recortar gastos sin más. Al hacerlo, saca a Iberia de un lugar, sin tener en cuenta, en ningún caso, la enorme capacidad de presión que los empleados tienen. Total, no están en mi nómina, así que no es mi problema, o eso debían pensar. El resultado, un cabreo monumental de un grupo de currantes que pueden paralizar todo el aeropuerto sin ningún problema.
El origen del problema no es por tanto la inactividad del gobierno o la falta de mano derecha de Iberia. El problema se deriva, sencillamente, de la enorme capacidad de negociación que tiene los trabajadores de un aeropuerto. Un conflicto de este estilo es muy difícil de evitar, no importa quien esté en el gobierno.
Hay algunos mecanismos que hacen problemas de esta clase menos habituales, pero no son en nigún caso garantía de paz y calma. El primero, y más evidente, es el método Ronald Reagan de cargarse huelgas: todos a la calle, y asunto solucionado. Un escarmiento para dar ejemplo, y a ver quién se mueve. Suena fácil, pero no lo es tanto. Para empezar, una maniobra así tiene un coste político inasumible en casi todas partes. En el caso de una empresa privada, con recursos finitos en comparación al gobierno federal, el coste económico puede ser desastroso. Más allá de eso, y debido a la asimetría del mercado laboral, facilitar esta solución contribuiría a aumentar las desigualdades, algo que no me parece aceptable.
Otra idea sería hacer que la dirección del aeropuerto fuera más cercana a su funcionamiento, o en otras palabras, que la gestión estuviera descentralizada. Si el aeropuerto de Barcelona hubiera dependido del ayuntamiento y no de Madrid, el interés en evitar conflictos hubiera sido mucho mayor; de hecho, es probable que la contratación del handling no estuviera externalizada. Si se me apura, con un aeropuerto integramente privado el problema hubiera sido incluso menos probable.
La última solución, y quizás la menos intuitiva, es agrandar los sindicatos. Si pilotos, trabajadores de tierra, administrativos y personal de limpieza de la aerolinea cada uno tiene su propio sindicato, los intereses de cada uno acabaran por colisionar. En caso de problemas, se preocuparán más en mantener sus nóminas que en garantizar el beneficio de todos, y serán más propensos a ejercer vetos en planes de restructuración. Si todos los trabajadores están bajo un único sindicato, sin embargo, la tendencia a pegarse unos a otros será mucho menor.
En cualquier caso, ninguna de las tres soluciones es ideal. Las aerolíneas americanas siguen sufriendo huelgas periódicas, los maquinistas de Renfe siguen protestando, y los camioneros franceses siguen cortando autopistas, precisamente porque pueden hacerlo.
Un último comentario: me gustaría saber qué pretendía el PP pidiendo a la policía que cargara para disolver a los manifestantes. Sí, las pistas se hubieran vaciado, pero con los trabajadores molidos a palos, el aeropuerto no hubiera reabierto. La única manera de poner aviones en el aire era hablando, no enviando gente al hospital. Las acusaciones de debilidad son sencillamente absurdas. La verdad, a veces parece que el PP sólo tiene un martillo, y que ve todos los problemas como clavos.
Nota: la teoría que sindicatos grandes son más eficientes que multitud de sindicatos pequeños, por cierto, es aplicable a nivel nacional. No funciona siempre, y debería hablar más de ello, pero lo cierto es que hacen la gestión de la economía más sencilla.
Para empezar, esta huelga presuntamente inaudita tiene multitud de precedentes. Sin ir demasiado lejos, el año pasado Heathrow "disfrutó" de una huelga singularmente desalmada de personal de tierra. British Airways y casi todo el mundo que operara desde Londres se enfrentó a 36 horas de paro, dejando tirados 100.000 pasajeros y ocasionando pérdidas millonarias. Aún más cerca, los controladores de tráfico aéreo franceses son igual de cafres, siguiendo de manera periódica la vieja tradición gala de tocar las narices a todo el continente para arreglar conflictos domésticos. Si queremos mirar historias pasadas, esta semana ha hecho 25 años de la gran huelga de controladores en Estados Unidos, esa que Ronald Reagan solucionó despidiendo 10.000 trabajadores.
Son sólo tres ejemplos de huelgas muy parecidas al reciente desastre del aeropuerto de Barcelona. Todas ellas tienen en común un factor crucial, la capacidad de veto económico de sus protagonistas. En los tres casos, un grupo relativamente pequeño de trabajadores de una determinada empresa pueden parar totalmente todo el sistema, y tiene por tanto una capacidad de negociación enorme. Son el equivalente económico a un derecho a veto, y funcionan de manera parecida.
Dicho de manera sencilla, ninguna empresa puede permitirse el lujo de hacer algo que cabree en exceso un actor con derecho a veto, ya que sus huelgas duelen en serio. Como más cualificados estén (los pilotos, por ejemplo), más difícil resulta para la compañía tratar con ellos, ya que no tiene capacidad real para reemplazarlos rápidamente. Si la empresa es además una compañía de transporte, y los clientes se cabrean de veras cuando las cosas no van bien, el problema es aún mayor.
¿Qué ocurrió en Barcelona? un bonito ejemplo de por qué combinar empresas con actores con capacidad de veto y una organización tan estúpida como Aena es una mala idea. Por una lado, Aena maneja los aeropuertos no como una empresa de transportes, si no como si fuera un cortijo personal. En vez de tener en cuenta a sus clientes, las compañías aéreas, al gestionar al personal de tierra, el estúpido monopolio estatal repartió concesiones pensando en como recortar gastos sin más. Al hacerlo, saca a Iberia de un lugar, sin tener en cuenta, en ningún caso, la enorme capacidad de presión que los empleados tienen. Total, no están en mi nómina, así que no es mi problema, o eso debían pensar. El resultado, un cabreo monumental de un grupo de currantes que pueden paralizar todo el aeropuerto sin ningún problema.
El origen del problema no es por tanto la inactividad del gobierno o la falta de mano derecha de Iberia. El problema se deriva, sencillamente, de la enorme capacidad de negociación que tiene los trabajadores de un aeropuerto. Un conflicto de este estilo es muy difícil de evitar, no importa quien esté en el gobierno.
Hay algunos mecanismos que hacen problemas de esta clase menos habituales, pero no son en nigún caso garantía de paz y calma. El primero, y más evidente, es el método Ronald Reagan de cargarse huelgas: todos a la calle, y asunto solucionado. Un escarmiento para dar ejemplo, y a ver quién se mueve. Suena fácil, pero no lo es tanto. Para empezar, una maniobra así tiene un coste político inasumible en casi todas partes. En el caso de una empresa privada, con recursos finitos en comparación al gobierno federal, el coste económico puede ser desastroso. Más allá de eso, y debido a la asimetría del mercado laboral, facilitar esta solución contribuiría a aumentar las desigualdades, algo que no me parece aceptable.
Otra idea sería hacer que la dirección del aeropuerto fuera más cercana a su funcionamiento, o en otras palabras, que la gestión estuviera descentralizada. Si el aeropuerto de Barcelona hubiera dependido del ayuntamiento y no de Madrid, el interés en evitar conflictos hubiera sido mucho mayor; de hecho, es probable que la contratación del handling no estuviera externalizada. Si se me apura, con un aeropuerto integramente privado el problema hubiera sido incluso menos probable.
La última solución, y quizás la menos intuitiva, es agrandar los sindicatos. Si pilotos, trabajadores de tierra, administrativos y personal de limpieza de la aerolinea cada uno tiene su propio sindicato, los intereses de cada uno acabaran por colisionar. En caso de problemas, se preocuparán más en mantener sus nóminas que en garantizar el beneficio de todos, y serán más propensos a ejercer vetos en planes de restructuración. Si todos los trabajadores están bajo un único sindicato, sin embargo, la tendencia a pegarse unos a otros será mucho menor.
En cualquier caso, ninguna de las tres soluciones es ideal. Las aerolíneas americanas siguen sufriendo huelgas periódicas, los maquinistas de Renfe siguen protestando, y los camioneros franceses siguen cortando autopistas, precisamente porque pueden hacerlo.
Un último comentario: me gustaría saber qué pretendía el PP pidiendo a la policía que cargara para disolver a los manifestantes. Sí, las pistas se hubieran vaciado, pero con los trabajadores molidos a palos, el aeropuerto no hubiera reabierto. La única manera de poner aviones en el aire era hablando, no enviando gente al hospital. Las acusaciones de debilidad son sencillamente absurdas. La verdad, a veces parece que el PP sólo tiene un martillo, y que ve todos los problemas como clavos.
Nota: la teoría que sindicatos grandes son más eficientes que multitud de sindicatos pequeños, por cierto, es aplicable a nivel nacional. No funciona siempre, y debería hablar más de ello, pero lo cierto es que hacen la gestión de la economía más sencilla.
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