jueves, mayo 01, 2008

El problema de los ex-políticos

Estos días hemos visto dos casos bastante evidentes de ex-políticos saltando al sector privado de un modo que suena ligeramente forzado: Zaplana a Telefónica y (más sospechoso) David Taguas a la patronal de las constructoras. Ambos son personas se supone extraordinariamente inteligentes, muy bien preparadas y con una valiosa (para qué nos vamos a engañar) red de contactos.

Evidentemente cuando un político salta al sector privado siempre tenemos la sospecha que su nuevo despacho no es más un pago de favores pasados. La cuestión es, tratar de lidiar con este problema no es demasiado fácil.

Estamos ante otro caso de una ley, en este caso la de incompatibilidades, que si bien es muy razonable sobre el papel es bastante difícil de aplicar de forma aceptable en el planeta Tierra. Queremos que nuestros políticos sean independientes, imparciales y competentes y que estén cercanos a los problemas de los ciudadanos. A su vez, queremos evitar que la clase política sea una casta funcionarial de políticos profesionales que se pasan la vida haciéndose favores entre ellos y dándose pensiones y prebendas majestuosas. Si tenemos un tipo competente, un gran gestor, tenemos también a alguien que tiene un valor enorme para cualquier empresa en el mercado privado. Si tenemos lo segundo nos toca sufrir la clase política oligofrénica que sufren los italianos de vez en cuando.

No podemos hacer la clase política totalmente impermeable al sector privado. Para empezar, no queremos que la única posibilidad que un secretario de estado se compre un yate sea saqueando las arcas públicas. Tampoco podemos convertir la política en una especie de carrera burocrática cerrada sin ningún contacto con el exterior. Sin embargo, tenemos que evitar que un cargo público haga su trabajo pensando en el jugoso contrato que le espera en un par de años, ganado a base de favores.

La ley de incompatibilidades española busca un cierto equilibrio, permitiendo volver al sector privado en sectores que uno ha regulado, pero estableciendo un plazo de dos años para hacerlo. Si uno ha trabajado en el ministerio de economía o en presidencia del gobierno, sin embargo, uno tiene que tomarse lo de "sector" de forma muy limitada, o estará viviendo del aire durante dos años. No es que sea un problema para un ex-ministro o presidente del gobierno (que tienen su pensión y siempre pueden escribir un libro o dedicarse a dar conferencias), pero para muchos cargos públicos es algo más complicado. Los límites sobre lo regulado y lo que no son siempre difíciles de definir, dejando la puerta abierta para demasiados grises.

¿Se pueden controlar estas cosas de forma razonable? La verdad, no sé cómo. Si alguien tiene una solución razonable para el reciclaje de políticos en democracia, que la diga. No parece que hayan sido capaces de arreglarlo en ningún sitio que conozca.

11 comentarios:

Manitú dijo...

Fácil, se estipula un cobro de por vida a todo aquel que haya ocupado un cargo público importante igual al salario mínimo interprofesional del país y se le prohibe volver a ocupar puestos importantes en empresas durante una buena cantidad de tiempo (digamos 10 años, por ejemplo).

Así se ahorran tentaciones, se asegura que no haya tanta gente metida en política 'para forrarse' y además que no tengan problemas una vez acaben sus cargos electos.

socioapatia dijo...

No tengo ni la más remota idea de qué habría que hacer.

Bueno sí, enlazarte que llevo un par de semanas leyéndote y me he hecho fanboy de tu blog ;)

Saludos

Egocrata dijo...

¿Manitú, le estás pidiendo a un tipo con un nivel de preparación suficiente para gestionar miles de millones de euros que viva con 600 euros al mes durante 10 años? ¿Quién va a ser el idiota que se meta en política?

Aún poniendo el salario mínimo a algún nivel absurdo (yo que sé, 2.000 al mes), un tipo que ha sido ministro puede aspirar a cobrar muchísimo más que eso. Con esas condiciones, nadie va a sacrificar 10 o más años de su vida cobrando una castaña para salir en la foto...

Manitú dijo...

La política debería ser una cosa en la que entrara gente con la convicción de mejorar el país, no un negocio en el que enriquecerse a costa de fastidiarlo. Si alguien realmente tiene la capacidad para gestionar correctamente esos miles de millones será difícil que lo echen de su puesto, porque el país mejorara; si al contrario está allí solamente para beneficiar a sus amigotes se va a encontrar más solo que la una una vez se le acabe el chollo de la política.

Esto es, sin duda alguna, lo más justo que debería hacerse. Así nos desharíamos de Zaplanas, Aznares y Pizarros mientras que mantendríamos a gente con la capacidad de Gonzalez, Anguita o Pujol.

Manitú dijo...

Es que, lo más importante de todo, la política NO es un negocio. NO es una forma de enriquecerse.

Lo que es, es tomar las riendas del país y mejorarlo en todo lo posible. Y la ley debería reglarlo para que realmente fuera así y todo aquel con aspiraciones a enriquecerse a costa de los contribuyentes se mantuviera tan apartado de esta como fuera posible.

O acaso crees que no quedaría gente con intención de ser presidente si supieran que no iban a hacerse de oro por ello? No seas ingenuo egócrata, porque a veces con este tipo de ideas lo pareces.

Egocrata dijo...

¿La verdad? No, no creo que pudiéramos tener demasiados candidatos válidos. La política es un trabajo bastante horrible: horas interminables, sueldos ya ahora muy por debajo del mercado, maltrato público a todas horas, escoltas, cero lujos y muy, muy mala leche.

Si un potencial político muy bien cualificado sabe que aparte de aguantar todas estas historias va a tener que dedicarse a comer pan duro y hacer ganchillo durante diez años cuando pierda el sillón, te puedes creer que se lo pensará dos veces. Los únicos que se quedarán serán o bien los egomaníacos compulsivos que están ahí por su gloria, cuatro quijotes mal contados y gente que ya tiene tanta pasta que está en política por vicio. Sí, los políticos tienen que estar ahí para servir, pero no quieres un sistema que seleccione sólo a ricos o a masoquistas. Queremos gente normal.

Y obviamente, una ley yan draconiana es imposible de aprobar. un montón de tipos irán locos por cambiar la ley de incompatibilidades lo más pronto posible.

Tito el Elfo dijo...

Creeme, no quieres una casta de políticos profesionales. No somos ángeles; en nada estarían dándose pensiones vitalicias unos a otros de espanto.

Te diré...

Anónimo dijo...

Por cierto, un ex-político que tenga una paga al mes de 6000 €. ¿Cuánto tendría que cotizar a la INSS y qué tiempo para llegar a tenerla?. ¿En qué baremo entran esas pagas?.
Los políticos entran en ese mundo por que saben que saldrán forrados, con valía y sin valía. Independientemente que los haya honrados, que los hay, la mayoría no aprobaría ni una sola ley que les redujese ese chollo y son ellos en el Parlamento quienes marcan la pauta y los sueldos.

Simplemente Marina :-) dijo...

En mi opinión, Como es TODA LA POLÍTICA, sin el uso de tanta demagogia las cosas quizás se acercarían, peligrosamente, a la simple realidad.

A ver, chicos, no hay que oblidar que los políticos NACEN Y SE HACEN en sociedad...
O sea, en cada uno de ellos, no hay más que un "Triumfito" dedicado exclusivamente a su carrera y su prestigio personal.

Alatriste dijo...

No hay solución posible a un problema cuando se le exigen requisitos contradictorios:

- Por un lado todo el mundo (y cuano digo todo el mundo, quiero decir todos los periodistas) considera que "político profesional" es una palabrota, y que la gente no debería dedicarse a la política durante toda su vida activa. El porqué eso es malo, no lo sé, y ellos no lo explican. Es malo, punto.

- Por otro lado, cuando entran en la política asumen unas pérdidas financieras innegables y muy altas, tanto directas, en sueldos, honorarios y beneficios no percibidos, como en años de progreso perdidos que en muchas profesiones son sencillamente irrecuperables. Un abogado, por ejemplo, no puede abandonar su bufete durante a los 36 o 40 años, pasar 8 años en política, volver con 44 o 48 y esperar que su cartera de clientes vuelva nunca a ser lo que fue. Y si los años pasados en polñitica son más, ya es una cosa de chiste.

- Y por si fuera poco resulta que cuando abandonan la política se considera que deben aplicarse para siempre (porque a las edades de las que hablamos, 8 o 10 años casi equivalen a decir para siempre profesionalmente hablando) unas limitaciones draconianas. No aceptar sueldos altos, no trabajar en nada relacionado con lo que hayan hecho en política (o sea, empezar desde cero en campos que no conozcan... a sus años), no ser contratados por nadie que no caiga simpático "urbi et orbe", no trabajar para compañías extranjeras, no trabajar para lobbies...

Y encima, como puede verse aquí mismo, no falta quien sostenga que el político debe combinar el silencio del trapense con el ascetismo del cartujo, la mansedumbre del franciscano y la firmeza del jesuita. Y vivir, él y su familia durante todo lo que le quede de vida con el subsidio de paro.

La verdad, un mínimo de seriedad vendría bien...

simplemente marina :-) dijo...

¿Alatriste, guapo, tu critica va dirigida a los políticos en general?

TODOS ESTAMOS EN RIESGO DE PARECER PATETICOS.... ( Y además sin darnos cuenta...)