jueves, febrero 01, 2007

Volviendo al tranvía

Las propuestas de Miguel Sebastián ayer han recibido los habituales gruñidos cínicos hablando de electoralismo. Una lástima, porque hay algunas ideas estupendas que merecen ser consideradas.

Empezaré por la peatonalización de la Gran Vía, que sospecho no es una idea demasiado mala. Si bien no hay demasiadas alternativas para cruzar el centro de este a oeste, la Gran Vía es una calle con una capacidad de tráfico bastante limitada, y patéticamente congestionada a cualquier hora del día. Los autobuses que la utilizan ahora mismo son bastante inútiles a según qué horas del día, ya que es más rápido andar, así que es bastante evidente que hay un problema.

Aumentar la capacidad es sencillamente imposible, eso no tiene demasiada discusión. No hay sitio, ni bajo tierra (hay metro a mansalva) ni por encima de ella, para poner otra calle en la zona, y de todos modos la demanda de desplazamientos es lo suficiente alta como para hacer cualquier aumento de capacidad inútil. Al ser la congestión inevitable, es razonable directamente prohibirla y hacer del transporte público de superficie en la zona algo útil. El tráfico debería evitar cruzar el centro, así que forzarlo alrededor si bien no ideal es una solución aceptable; y con la cantidad de transporte público en la zona, llegar a Gran Vía es tan fácil que la falta de tráfico rodado no reducirá el negocio de los comercios.

La idea realmente necesaria, y que llega unos veinte años tarde, es el tranvia de la Castellana. El trazado propuesto sigue aproximadamente el recorrido del autobús 27, que tuve la desgracia de sufrir a diario durante bastante tiempo. Esta línea usa en exclusiva autobuses articulados de gran capacidad, y pasa cada tres minutos en hora punta(el límite práctico para este transporte); todo ello inútil. La línea está consistentemente saturada en horas punta, y los autobuses siguen llenándose durante el resto del día, aún conservando altas frecuencias de paso. La cantidad de vehiculos que lanza esta línea a la Castellana es de hecho suficiente para comportar un problema; ya tiene que hacer un giro extraño (buscando calle Delícias) para evitar saturar (más) Carlos V, y aún así genera problemas.

Un tranvia, sin ser una solución perfecta, sería un alivio más que considerable. Para empezar, la capacidad de transporte es prácticamente el doble por vehículo, pudiendo mantener una frecuencia de paso parecida. Si los tranvías circulan en doble, algo factible organizando el tráfico de forma racional, la diferencia es aún más exagerada, (2.600 contra 8.000 pasajeros/hora, pasando cada tres minutos). Sigue sin llegar al nivel de un metro (que puede mover 30.000 personas/hora sin demasiado problema con trenes largos, 16.000-20.000 en Madrid), pero sería un incremento de capacidad impresionante.

Lo cierto es que si hay un sitio donde el tranvia es la solución perfecta es la Castellana. La avenida tiene espacio de sobra en superficie, pero no demasiado bajo tierra (el tunel de la risa y el metro en muchos tramos no dan para más). El tranvia permitiría aprovechar la capacidad de las infraestructuras existentes y a la vez cubriría los extensos espacios entre estaciones a nivel de calle con un medio de transporte más limpio, elegante y eficiente.

¿Arreglaría los problemas de congestión? Ni de broma; Madrid, como todas las ciudades grandes, es un caso imposible. Como mucho uno puede tratar de hacer la ciudad más tolerable, pero no mucho más que eso. El tranvia sería una buena ayuda, no un milagro; pero es una inversión estupenda.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente comentario, como siempre

Alex Guerrero dijo...

Política local + Trenes = Egócrata. ;)

Los tranvías son los trenes urbanos, al fin y al cabo. :)

Papelera dijo...

Los políticos son una tomadura de pelo tan grande como los analistas polítcos... se alimentan de lo mismo y producen la misma basura...