jueves, febrero 16, 2006

El estado de bienestar de plástico: EUA y las tarjetas de crédito

Si algo distingue las sociedades europeas de Estados Unidos es la valoración que hacen ambas sociedades del riesgo. En el fondo, el estado del bienestar no es más que una protección colectiva frente a lo inesperado, una red de seguridad que se paga entre todos para asegurar que una caída del trapecio no sea fatal. Uno de los cambios más relevantes (y aterradores) de la sociedad americana en los últimos 10 años ha sido la progresiva transferencia de esta protección al sector privado.

La red de seguridad para la inmensa mayoría de los americanos es de plástico, propiedad de un banco y la llevan en un bolsillo: la tarjeta de crédito. De forma creciente, en Estados Unidos la gente sobrevive a los imprevistos a golpe de deuda rápida, hasta el punto de deber unos 8.500 dólares de media por persona con tarjeta. En caso de un accidente, perder el trabajo, un gasto o reparación imprevista, cada vez más se recurre a esta forma de crédito.

Endeudarse no es algo nuevo; lo que si es nuevo es el volumen, y el fardo en que se ha convertido para muchos americanos. Sólo en el año 2005, dos millones de personas se declararon en bancarrota, 700.000 más que el año anterior. Si bien el incremento es engañoso debido a un cambio en la legislación, más de un millón de bancarrotas anuales, y el constante incremento del volumen de deuda agregado, señalan que el problema es más de fondo.

Primero, es relevante señalar que no es un problema generalizado, ya que la media es engañosa. Sólo un 10% de las familias deben más de 8.000 dólares, aunque eso no hace el problema menos grave. Los mayores niveles de endeudamiento (más de un tercio de los grandes morosos) los tienen familias con ingresos menores a 50.000 dólares, y conforme se disminuye la renta el problema empeora. Traducido a hechos, lo que está sucediendo cada vez más a menudo es que muchas familias responden al infortunio a base de deuda en masa, y que la tasa de problemas imprevistos está incrementándose.

Para empezar, los costes de la sanidad. La proporción de americanos sin seguro médico lleva aumentando sin descanso en los últimos años, al haber cada vez menos empresas que lo ofrecen con el salario (en gran parte por los absurdos costes). En caso de enfermedad o accidente imprevisto, muchas familias de clase media ven como pierden el trabajo (viva el despido libre), el seguro no llega a cubrir los gastos, y se ven obligadas a endeudarse hasta las cejas para salir del paso. Con suerte, llegan a recuperarse, encontrar otro empleo y pagar deudas, pero cada vez más a menudo acaban en la bancarrota.

Otro aspecto menos conocido, los costes de la educación. En los últimos cinco años, el gobierno federal ha cambiado progresivamente las ayudas a la enseñanza superior de becas a créditos (de 60/40 a 40 / 60), en un momento en que los precios de las matrículas se han disparado en todo el país. Como resultado, los estudiantes universitarios acaban la carrera con una deuda media de 20.000 dólares en créditos de estudio, y 4.000 en tarjetas de crédito.

Y esto es para los que acaban. En gran parte debido a la dificultad para pagar los estudios, la mitad de universitarios no acaban la carrera en en este país, saliendo casi igual cargados de deuda y sin título. Muchos estudiantes sin recursos sobreviven en la universidad a base de trabajar (cada vez más horas) y endeudarse, sin que haya otra manera de pagarse su estancia. Una vez en el mercado laboral, endeudados y sin experiencia, cualquier problema por pequeño que sea acaba inundando de deudas impagadas a alguien que no ha tenido tiempo de ahorrar en absoluto.

A eso se le debe sumar la incertidumbre creada por los cambios en la economía. Todo occidente está sufriendo, en menor o mayor medida, una reconversión industrial a todos los niveles. El problema para el trabajador medio americano es que si pierde el empleo, sus opciones son mucho más limitadas. Para empezar, es posible que pierda el seguro médico, algo que puede ser devastador si la salud no acompaña. Por añadido, los subsidios de desempleo son ridículos, las ayudas para encontrar trabajo inexistentes, y los nuevos trabajos en el sector servicios sufren de un salario mínimo ridículo.

Esto hace que los americanos se enfrenten cada vez más a menudo con un engendro típicamente del país: su credit score. Esta puntuación es un número calculado por tres agencias de crédito (Equifax, Experian y Trans Union) que indica la capacidad que un individuo ha tenido de pagar deudas en el pasado. Este número es público, y refleja todos los movimientos, pagos y deudas contraidas y pagadas de una persona durante su vida. Cada vez que alguien paga tarde su tarjeta, se queda sin fondos, debe aplazar un pago o sencillamente solicita información sobre un crédito, su puntuación se resiente. Debido a que toda institución, banco o supermercado tiene acceso a ello, eso equivale a que los intereses aumentan casi automáticamente a cada pérdida.

La situación para alguien que tiene un accidente de coche, pierde el trabajo o se le pone enfermo el marido y pierde la mitad de sus ingresos es que si el problema no se arregla rápido, y la deuda no se paga al momento, las cosas se hacen más difíciles en muy poco tiempo. Para poner las cosas aún más difíciles, es legal para una empresa que esta contratando alguien descartar gente con mal crédito para puestos sensibles, así que si uno era contable, médico o algo por el estilo, incluso encontrar trabajo de de nuevo se le complica.

¿Cual es el resultado? Estados Unidos, cada vez más, es un lugar donde si uno tiene un problema, su red de seguridad social es un banco, una red de protección privada, casi omnisciente e implacable con los que caen en ella. Sea uno culpable o no de su infortunio, si uno tiene un problema está más solo que la una.

La respuesta habitual de la derecha a estos problemas es que es la responsabilidad personal, y no el estado, quien debe vigilar que los imprevistos no sean fatales. El problema es que en un contexto donde los costes de tener mala suerte son cada vez más draconianos, y la posibilidad de protegerse contra ellos cada vez más difícil, la única salida para muchos es únicamente la bancarrota.

6 comentarios:

MiguelNR dijo...

Es una crisis ideológica.

En las propias webs oficiales de la Sanidad pública norteamericana hay artículos que explican como la falta de seguridad sanitaria hace que, cuando se produce el mal, la enfermedad, se producen cada vez más desaucios de hipotécas sin pagar, alquileres, etcétera.

Uno de los beneficios del Estado del Bienestar es que, una vez pagados nuestros derechos sociales (no es caridad, es derecho positivo), de manera progresiva, luego uno solo depende de su propio salario para el resto de cosas, menos elementales.

Uno llega a la conclusión de que el pago de los servicios en general se hace más eficiente y eficaz cuando los ciudadanos no tienen que elegir entre cosas como tener un techo sobre sus cabezas o su propia salud; el endeudamiento es menor y se necesita menos renta para hacer frente a cualquier deuda.

En Estados Unidos se mantiene la tesis de que la gente "tiene que poder endeudarse", y no ven la deuda, en si misma, como un mal estructural, pero de hecho lo es, porque se reduce la capacidad de consumo y el sistema económico es más vulnerable; los riesgos de deudas impagadas se acrecientan, los Bancos tienen cada vez más dificil encontrar a alguien que se haga cargo de las deudas o que estas se puedan pagar.

No es que llegue un nuevo Jueves negro como en el 29, pero algunos parecen trabajar para que llegue.

Egocrata dijo...

Notas al margen:

- La mayoría de estudiantes tienen tarjetas de crédito con un interés del 25-30% anual.

- Los datos provienen del libro "Generation Debt" de Anya Kamenetz.

Citoyen dijo...

Esto me recuerda cuando mi profesor de civil nos decía:

"en nuestra sociedad, el 99 % cumple sus contratos y sus obligaciones con solvencia, si este margen de incumplimiento aumentara, por ejemplo al dos o al tres por ciento, nuestra sociedad tal y como la conocemos desaparecería definitivamente"

Alex Guerrero dijo...

Comprueba ese dato de que "dos millones de personas se declararon en bancarrota".

En el resto del mundo, sólo las personas jurídicas (empresas) pueden declararse en bancarrota. Los ciudadanos de a pie, no.

Si un ciudadano deja de pagar sus deudas, se convierte en un moroso. Si la justicia da la razón a sus acreedores, se procede al embargo de sus posesiones hasta cubrir la deuda. Si no posee nada de valor (p.ej. una casa, una hipoteca), se le embarga el salario, pero no todo, sino una parte que en Europa es:

- 0% hasta el Salario Mínimo Interprofesional
- 30% del tramo entre un SMI y dos SMI.
- 100% de todo lo que supere dos SMI.

La idea es que no se puede embargar la parte básica del salario: el tipo debe poder sobrevivir.

Me pregunto como será allá, puesto que no hay Salario Mínimo.

Egocrata dijo...

El Reino Unido y Canadá también tienen leyes para bancarrota de individuos. La ley americana es más draconiana, no obstante; especialmente tras la reforma.

En EUA hay salario mínimo, pero es patéticamente pequeño; creo que sobre 3.5$ la hora o algo así. Lo que los acreedores pican lo dedice un juez, así que es bastante menos predecible.

Por cierto, deudas de créditos de estudio federales no pueden ser canceladas por bancarrota. A que mola.

Demócrito dijo...

Lo que a mí me gustaría saber son los costes per cápita de diversos sistemas de asistencia sanitaria con relación a sus coberturas y su extensión. Por ejemplo el coste per cápita de medicaid con respecto a nuestra sanidad, o respecto a la alemana o sueca (como paradigmas de estados de bienestar liberal, mediterráneo, conservador-corporatista y socialdemócrata)

Tengo la sospecha, posiblemente infundada, de que las diferencias serían mucho menores de lo esperable. Es decir, que puede haber factores que sean muy determinantes en el coste de la asistencia sanitaria y no asociados al sistema político-administrativo en sí. Se me ocurren a bote pronto los costes de información, barreras artificiales en el mercado sanitario (patentes, colegios médicos restrictivos), costes de la formación universitaria y postuniversitaria sanitaria, competencia imperfecta (grado)en el mercado farmacéutico y / o de seguros médicos, etc...

Habrá que buscar datos por ahí, se admiten sugerencias.