lunes, julio 09, 2007

Pagando por películas

He seguido con cierta curiosidad morbosa las pataletas de algunos políticos y comentaristas acerca del rodaje de un película de Woody Allen en Barcelona. Se ha criticado el uso de dinero público, así como el baboseo bien poco disimulado de algunos representantes públicos cegados por el aura del director.

La verdad, suena familiar. Tan familiar, de hecho, que he estado escuchando invectivas casi idénticas aquí en New Haven, Connecticut, aunque la película es distinta y el director es otro. Durante las tres últimas semanas el tráfico en el centro de New Haven ha sido poco menos que apocalíptico, con multitud de calles cerradas y decenas de tiendas maquilladas como si fueran los años cincuenta. Los vecinos se han quejado de las restricciones, así como del intenso ruido de las decenas de coches y motos de época, sólo empeorado por el barullo aún más exagerado cuando filmaban una persecución. Todo ello, evidentemente, regado con abundante dinero público en forma de exenciones fiscales, ayudas directas y la posibilidad de cerrar calles sin pagar un duro.

¿Por qué? Porque para New Haven, ser una de las localizaciones en Indiana Jones IV es una excelente idea publicitaria. Cierto, el director es Spielberg y la película es sencillamente gigantesca, pero las cuatro o cinco semanas de congestión que ha vivido la ciudad por algo menos de diez minutos de gloria en la película han sido un problema grande en una ciudad de 150.000 habitantes.

Aún así, es algo que definitivamente vale la pena. Para Yale, el hecho de ser la universidad del "Profesor Jones" (aunque en la película no se utilizará el nombre) es un regalo publicitario magnífico. Para New Haven, una ciudad que vive cada vez más de la universidad y de ser un creciente centro de ocio y gastronomia (es la última ciudad "con carácter" de Connecticut), es tener un anuncio eterno en DVDs en todo el país, algo sencillamente impagable.

Barcelona es una ciudad más grande, y obviamente no vive las tremendas angustias económicas y problemas sociales de New Haven y su área metropolitana (unos 500.000 habitantes) con la misma desesperación. Pero ser el telón de fondo de una película de un director gafoso de amplia difusión es una inversión más que interesante para un ciudad que ha hecho del gafapastismo una de sus señas de identidad. Quizás no sea un director demasiado taquillero en Estados Unidos (aunque hacer 20 millones de dólares de forma consistente es más que aceptable), pero sí atrae público a patadas en Europa, todos de un intelectual sofisticado inaguantable que Barcelona quiere atraer.

De acuerdo, el baboseo ministerial y político ha sido excesivo (aquí el alcalde ni siquiera ha aparecido en público con Spielberg) y tanto viajecito pelota a Nueva York queda un poco pueblerino, la verdad. Aún así, si yo fuera político también hubiera estado haciendo lo mismo (a fin de cuentas, soy un allenófilo gafoso de primera), es bastante comprensible. Para la ciudad, no deja de ser un anuncio extraordinario.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece absurdo, que despues de criticar al cine americano en cualquier medio (tv, radio, prensa) durante todo el proceso de creacion de la ley del cine, cuando llega Allen a Barcelona, la exministra pierda el culo por hacerse las fotos de rigor con el director americano. Gran forma de apoyar al cine español

geógrafo subjetivo dijo...

La duda que tengo es si muchas veces estos escenarios son realmente publicitarios. Lo mismo son estupendas lanzaderas, pero a mi me parecen castillos en el aire.

klapton dijo...

Eso pienso yo. ¿Se nota tanto que una ciudad aparezca en una película taquillera?

Carlos dijo...

Claro que se nota. Piensa en la pelis de Spider-Man, hacen que el prota sea la propia ciudad de Nueva York. (Menos las escenas del tren elevado, que son del Loop de Chicago).

Egocrata dijo...

Se nota muchísimo.Las ciudades que reciben un repaso cinematográfico estelar en una película famosa tienen repuntes de turismo; Praga lo notó mucho con Misión Imposible, Lisboa lo notó con Sostiene Pereira y Lisboa, y muerte en Venecia fue la mejor promoción que la ciudad nunca tuvo. Es una buena inversión.

Berlin Smith dijo...

Este es un tema viejo y que, como todo lo que tiene que ver con el cine, repleto de malos entendidos e inquina.

Atraer rodajes es una fuente de riqueza. Lo sabe todo el mundo. Genera turismo, inversión, gasto. De todo. Por eso todas las ciudades que se consideran modernas y punteras se inventan una Film Commission.

No es solo el cine. Es la publicidad, también. Como hay que juzgarlo es como política industrial y no cultural, que eso no tiene que ver. Lo lógico es que las film commissions sean entes de iniciativa privada y pública conjuntas. Como se dice en el artículo, poco se puede hacer si no te ponen un policía para poder cerrar una calle. Pero mal se hace (y en España tiene mucho de este mal) si no se tiene en cuenta a los privados, que tienen buena reprsentación en sus asociaciones sectoriales.

Que Barcelona pague por atraer un rodaje como éste es una excelente inversión. La única pregunta que tiene sentido técnico (o ideológico) responder es si lo tiene que hacer el ciudadano con sus impuestos o debe proceder de fundaciones dedicadas a este fin. O mejor aún, de la iniciativa de productores españoles que invitan a Woody Allen a rodar aquí un guión suyo. Esta última es parcialmente cierta, pues es Mediapro quien se ha metido en la cuestión. ¿Antes o después de saber que quería venir? Woody Allen rueda en Europa porque en EEUU tiene problemas para encontrar dinero y distribución.

Bueno, el sueño industrial es reunir dinero para comprar talento internacional y ser el dueño de los derechos: que vengan a rodar aquí que es más barato y se puede hacer en platós y decorados (el cine es todo mentira) y el ministerio de cultura tendrá que dejar de dar de comer a amigos para que haya cine.

Un fenómeno el del cine, que sólo tiene una verdadera mirada: es un espectáculo por el que se cobra una entrada. Por el camino, de vez en cuando hace arte. Pero eso es como todos los libros que se publican. De vez en cuando hay uno memorable. La subvención ha sido un mecanismo fácil de esconder la cabeza y no asumir los riesgos ni la ambición necesaria para tener una actividad consistente con ello.