martes, marzo 13, 2007

De la promiscuidad de los materiales

Cuando se habla de propiedad intelectual el debate tiende a girar siempre sobre unos pocos problemas. Los conflictos se centran, básicamente, en el derecho a copia privada y en los instintos depredadores de unos cuantos reclamando derechos de autor en bodas bautizos y comuniones. Temas importantes, no hay duda, pero que tienden a ignorar el otro lado del problema: el de los autores y la frontera entre inspiración y plagio.

Jonathan Lethem es un escritor americano convencido que entre uno y otro concepto la diferencia es mucho más sutil y menos estricta de lo que algunos pretenden; de hecho, tiene defiende que el arte no es nunca original, y tiene más de copia y mejora que de originalidad pura. La tendencia estos días es la de poner barreras a este proceso; tenemos por ejemplo músicos tratando de cobrar por el uso de samples de sus canciones por otros artistas. En cierto sentido, es como si Garcilaso de la Vega exigiera a todos los poetas posteriores derechos de autor cada vez que quisieran comparar una mujer con una flor, solo sustituyendo notas musicales con palabras.

La idea de Lethem ha sido darle la vuelta a esta idea, colgando en su página web lo que el llama materiales promiscuos. Básicamente, ha dejado a disposición del público una serie de relatos, poemas y letras de canciones para que sean adaptadas, cantadas o recitadas como cada uno crea conveniente. El resultado ha sido curioso, cuanto menos; no hay nada como tener cincuenta canciones totalmente distintas sobre la misma letra o varias adaptaciones de un mismo relato al teatro, todo derivado de un alegre colaboración entre artistas que enviaría la SGAE al hospital con un ataque de nervios.

De hecho, hablaba de algo parecido cuando explicaba el funcionamiento (o la inexistencia) de derechos de propiedad intelectual en otra industria que parece generar muchos más beneficios que la música, el mundo de la moda. La copia entre creadores, de hecho, no es necesariamente algo que represente una pérdida para estos; el prestigio de ser imitado puede generar unos beneficios adicionales que no existirían en un mercado cerrado.