martes, marzo 18, 2008

Cerrando puertas

Andaba leyendo las bitácoras de Geógrafo Subjetivo y Citoyen ayer (muy recomendables, por cierto) y me daba cuenta que aunque no lo parezca, ayer ambos hablaban de lo mismo. Citoyen habla de cómo reformar la universidad española (buena suerte), mientras the GS comentaba las paradojas del trabajo voluntario, tanto en internet como en organizaciones sociales.

Los dos mundos, el académico y el de las organizaciones sin ánimo de lucro, parecen muy distintas en la forma, pero son muy parecidas en el fondo. La primera parece una sociedad cerrada, autista, vágamente oligofrénica y muy poco amiga del cambio, capaz de recibir a cualquier persona vágamente amenazadora a mordiscos. La segunda pretende ser abierta, ansiosa de reclutar gente, incluyente y siempre dispuesta a aceptar la ayuda de todos.

En ambos casos, sin embargo, uno tiene que hacer contorsiones ridículas para conseguir meterse "dentro" del sistema y trabajar cobrando para ellas. En la universidad el sistema es ese lento, interminable proceso de cobrar de profesor asociado / pringado hipercualificado dano más clases que nadie, publicando como se pueda y limpiando botas a destajo, o bien una encantadora oposición para una de esas plazas de funcionario que son misteriosamente adaptadas para gente que conoce gente. En una ONG, uno tiene que someterse a menudo a ese interminable proceso de trabajar a cambio de bocatas, estar en todos sitios y mostrar una infinita devoción por la causa a ver si uno de los directores decide contratarle a uno como becario con un contrato temporal de tercera, mientras el inevitable listillo de turno es gerente en ocho sitios y se pasa el día de reunión en reunión.

En ambos casos, lo que las instituciones están creando son largas, absurdas series de barreras a la entrada a la hora de seleccionar y reclutar personal. En jerga económica a eso se le llaman barreras a la entrada, y es algo que se aplica tanto a mercados como a organizaciones. Estas barreras pueden ser un coste inicial para competir prohibitivamente alto (creando monopolios naturales), sútiles torturas chinas en forma de comités, una ley electoral que perjudica muchísimo a partidos políticos pequeños, o un proceso de selección que filtra todo elemento indeseable con mayor o menor estilo.

En muchas organizaciones sociales, las barreras a la entrada no son explícitas. Basta haberse movido una temporada en el mundillo de las organizaciones y agentes sociales (ese "capital social" que tanto fascina a algunos) para darse cuenta que a menudo son las mismas personas las que estan inevitablemente en todas partes, conociendo a todo el mundo y que tienen su agenda como su arma más importante. En las universidades, siempre hay el típico catedrático que parece tener una capacidad ilimitada de imponer candidatos que le caen bien, siempre con su séquito de víctimas académicas besando donde pisa. En los partidos políticos hay el clásico cacique de agrupación, y el inevitable bicho de partido con cientos de contactos. Al abrir negocios uno tiene que rendir pleitesía (y quizás "protección") al jefecillo mafioso local. En el mundo empresarial, el grupo de compañeros de pupitre de Deusto / Esade que se dan negocio y favores unos a otros. Y así sucesivamente.

Estas barreras a la entrada sociales, no por mérito o por capacidad, todas tienen un coste. Sea por la limitación de talento a aquellos que son pelotas y conocen a gente, sea por la imposición de costes adicionales, sea por la dictadura de la gente con exceso de tiempo libre, estos procesos desperdician recursos de un modo u otro. No he hecho cálculos (y buena suerte haciendo estimaciones), pero no me extrañaría que el origen de mucha ineficiencia en muchas organizaciones venga de estas barreras a la entrada, y no de otro sitio.

Aún así, no estoy del todo seguro que estas barreras sean siempre ineficientes. En algunos casos recurrir a alguien que conoces para que haga algo es racional; los costes de información (esto es, encontrar alguien mejor) son mayores que el beneficio adicional que daría contratar a alguien más competente. Esto puede ser especialmente cierto en sectores donde la información es muy cara o difícil de obtener (crimen organizado; por algo la mafia es tan familiar), sin ir más lejos. En otros casos imponer una "cuota" de entrada puede ser también algo eficiente; el ejemplo más claro son los impuestos que pagan las empresas para financiar al estado (o la mafia) que garantiza la estabilidad jurídica.

Es un tema interesante, el de las barreras a la entrada. Hay muchas situaciones y problemas sociales que dependen o son provocadas por estas, y cualquier análisis debería tenerlas en cuenta.