jueves, marzo 09, 2006

Teoría práctica de la secesión

No creo que las cuestiones acerca de nacionalidad y secesión se deban enfocar nunca desde un punto de vista teórico. La existencia o no de una nación cultural no es un concepto que pueda ser definida de forma manejable para articular un debate político, ya que la explicación siempre acaba por ser circular.

Uno defiende que un grupo de gente es una nación porque ese determinado grupo de gente se siente como tal, por unas razones u otras, y esas razones le bastan para sentirse de un determinado modo. Si yo creo que mi color de pelo o las voces en mi cabeza es una prueba irrefutable que pertenezco a la gran nación poldava, no habrá evidencia empírica en el mundo que pueda probarme lo contrario. Y como la identidad nacional de un colectivo es o no es, no importa lo que le digamos, no podemos justificar ninguna decisión a base de argumentar que su identidad no existe o es irrelevante; el otro nunca lo entenderá como tal.

El debate sobre si España es una nación o no, por lo tanto, es estupido. España es un estado con una organización política, que algunos de sus habitantes creen que expresa una nación cultural o otros no. Debatir si los visigodos son más importantes que Godofredo el Peludo (me gusta más llamarlo así, que pasa) en demostrar quién es una nación es algo totalmente estéril.

Para solucionar el debate, por tanto, debemos recurrir al método tradicional de la democracia, es decir, contar votos. No importa lo absurdo que nos parezca a algunos, si un nutrido grupo de individuos de una determinada región no está a gusto con nosotros y nuestro idioma, no debería ser un problema dejarlo marchar.

Un voto de estas características, sin embargo, tiene problemas evidentes. Para empezar, la definición del grupo de gente que se quiere largar es complicada. Es evidente que la unanimidad no existe nunca en ninguna región acerca la conveniencia o no de una secesión. Sea cual sea el resultado de la votación, el bando perdedor no estará contento con el resultado y querrá volver a votarlo lo antes posible.

Como se gobiernan territorios, no individuos, no es posible un resultado de referéndum que deje contentos a todos; es necesario por tanto que el resultado sea lo suficiente convincente para el bando perdedor para que acepte la derrota. Una votación de secesión ganada por la mitad más uno de los votos equivaldrá a tener referéndums de unión periódicos por un tiempo indefinido hasta que dos votantes nacionalistas se pongan enfermo y se vuelva al pasado de nuevo. Una mayoría debe ser clara, rotunda y estable en el tiempo para que un paso tan importante como romper un estado pueda hacerse respetando los derechos de la nueva minoría.

De hecho, soy de la opinión que serían necesarias dos impecables mayorías cualificadas (60% mínimo) en dos votaciones separadas por dos años para que estuviera justificada. Si se quiere hilar más fino, exigiría incluso mayorías simples a favor de todas las provincias en cada votación.

En caso de no hacer votaciones condicionadas, imaginad el problema. Cataluña vota por la secesión, sale sí por un 51%, la provincia de Barcelona ha votado no un 55%. En Baix Llobregat i el Garraf, el no llega al 70% de los votantes. ¿Qué debemos hacer? ¿Hacer pasar por el tubo a la mayoría de los ciudadanos de la provincia más poblada del nuevo estado?. En el caso vasco, se vota por la secesión, y sale un sí a favor en agregado, pero Álava vota un 65% en contra. ¿Se les obliga a formar parte del nuevo país? ¿Se les echa de España a patadas?.

Imaginad que al cabo de unos años las elecciones en Cataluña las ganan los partidos unionistas con España, tras una enorme movilización de los castellanoparlantes. ¿Qué debemos hacer? ¿Tener un país intermitente, independiente o no según quien gobierna?. ¿Prohibir su entrada en España tras la secesión? Por no hablar del cachondeo en la Unión Europea. Ahora se está como estado (si el resto de Europa les dejan entrar), ahora como región. Estupendo.

Un cambio tan drástico como una secesión necesita no sólo una solución basada en una lógica democrática, sino una mayoría impecable y estable en el tiempo. No se puede hablar de una simple decisión mayoritaria si se crea un nuevo estado con una inmensa minoría cabreada, abandonada a su suerte por quien les echa de lo que quieren sea su país. Sospecho que esto los nacionalista mayoritarios (PNV y CiU) lo saben, y por eso se pasan la vida pidiendo organizaciones raras. Son muy conscientes que una secesión más que solucionar problemas los causaría, y prefieren autonomías amplias.

Sí, estas salvaguardas hacen una secesión casi imposible en España. Hacerla fácil, sin embargo, sería irresponsable. Y la verdad, ni echando una región del país si un 40% votara sí en el referéndum, ni Cataluña ni Euskadi se independizarían este siglo. En el improbable hecho que se conceda el derecho de autodeterminación, la secesión seguiría siendo una quimera.

23 comentarios:

Sirajoyfueraliberal dijo...

El problema están en definir el conjunto en el que realizar la votación. Elegimos la comunidad autónoma, la provincia, el municipio, la población, el barrio, la calle, el edificio, el piso, la vivienda o los miembros individuales que habitan en una vivienda.

Agradecería contestación.

Coase

Egocrata dijo...

La respuesta sería lo que sea más práctico.

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Efectivamente, el concepto de "práctico" tiene trampa; no hay un método indiscutible. En España, por tradición, supongo que sería la provincia (en Euskadi, casi seguro), lo que no arreglaría demasiado las cosas para los nacionalistas, de todos modos.

El sentido del post, evidentemente, es lo que señalas: no hay una solución práctica para votar la secesión de un territorio.

Si se quiere ser realmente malvado, se puede obligar a votar en todo lo que los nacionalistas consideran territorio propio. De Alicante a Mallorca, Fraga y Perpinyà. El resultado sería delirante. :-).

Berlin Smith dijo...

Bueno, hermano, me he pasado la última semana hablando de esto y me encuentro un poco saturado, pero voy:

lo esencial es que un estado democrático debe tener reglas para el caso de que una mayoría de gente no quiera continuar. Como mínimo, debe hacerse la pregunta.

Tú dices: doble voto, mayoría mínima del 60. te dejas: entre medias negociación sobre cómo hacerla y los derechos de los que no quieren. La segunda votación sirve para ratificar, de nuevo con mayoría cualificada.

Citoyen dijo...

Pues yo estoy con coase. Lo que se gobiernan son individuos y territorios, las leyes son mínimamente personales pero cuando son territoriales hacen referencia indirecta a las personas.

¿Por qué iba a votar solo cataluña? ¿cuantas generaciones de abuelos catalanes hay que tener para votar? (uno de los argumentos de ERC es que como hay tanta inmigración andaluza y extremeña pues su identidad se les ha diluido). Si entramos en esa lógica sería imposible. las fronteras provinciales, autónomicas y demás son hiperarbitrarias, son fronteras administrativas, nada más. Una solución graciosa, sería dividir españa en cuarenta millones de trocitos y luego votar a ver quien quieres dejar su trocito dentro y quien quiere irse. O también, se podría, ya que lo que cuenta para ellos es la identidad, decir que solo puede votar el que se sienta catalán, y como para eso solo hay que ser del barça:p en realidad se podría hacer un referendum de socios en el barça no?

Pero circunscribir la votación a un territorio X es demasiado arbitrario.

Anónimo dijo...

Citoyen: patético argumento. Por qué España no es una arbitrariedad pero Cataluña sí????

Al_turtusi dijo...

Curiosa argumentacion Egocrata, no difiere mucho de lo que dijo su dia el Tribunal (creo que) Supremo de Canada en relacion a una eventual secesion del Quebec.

Claro que aquello no es comparable con lo que tenemos aqui, cuando los francofonos se querian separar los anglofonos les dijeron "No os vayais, os queremos", aqui a los separatistas catalanes les dirian "Si os vais sacamos los tanques por la Diagonal"

Tanto que avanzar....

MiguelNR dijo...

Todos los argumentos expuestos por Egócrata son válidos, unidos al debate anterior sobre porque lo de ETA no ha tenido nunca sentido en democracia ni lo tendrá, se da uno cuenta de que realmente, tanto el argumentario etarra (si es que se le puede llamar argumentario), como parte importante del argumentario nacionalista (guardando las distancias) no se sostiene, ni desde el punto de vista ideológico, ni como hipótesis de trabajo razonable.

Cataluña puede autodeterminarse más españolista que Murcia o Cantabria , (podría quiero decir), pero hay gente que no quiere, realmente, la autodeterminación, sino la segregación impuesta, y si se puede, asesinando.

Si tenemos claro que por ahi no se puede ir, porque la vida humana es sagrada, y porque es dificil no ser demócrata (por aquello de no imponerle a la gente lo que no quiere), podemos empezar a hablar.

Augie March dijo...

Anonymous said...

Citoyen: patético argumento. Por qué España no es una arbitrariedad pero Cataluña sí????


Pues porque el concepto de nación es absoluto y heredado (además de práctico), y por eso Cataluña no es una nación. No está de más recordar esto de vez en cuando mientras admiramos el traje nuevo del emperador. Para patética la pregunta que haces.

Pero te puedes sumergir en lecturas de Ortega y José Antonio, sobretodo, que sin duda dan pábulo a eso tan gracioso de "nación como construcción de los ciudadanos".

Curioso, jajaja. Estamos planteando la posibilidad de disgregar democráticamente una NACIÓN en distintos ESTADOS. No existe la nación Cataluña, ni la nación Euskadi del mismo modo que no existe la nación Europa. Pero podemos escribir lo contratio, por supuesto.

Alex Guerrero dijo...

Viajad un poco.

Tito el Elfo dijo...

Y Augie se pone a hacer el mismo argumento esencialista idiota que Egocrata dice que es totalmente irrelevante. Criticar al nacionalismo usando un argumento nacionalista. Genial.

don-aire dijo...

me sumo al debate, con permiso:

Me parece un gran avance que se haya despojado el concepto de nación de sus atributos objetivos. Me quedo con la definición de que "una nación es un conjunto de personas que se sienten una nación". Que no es poco.
Es fundamental entender este punto porque eso legitima cualquier opción. No nay naciones imposibles o ilegítimas. Todo depende de la opinión de sus ciudadanos.

Por desgracia, esa conclusión es muy poco compartida. Para la mayoría de personas (aquí y en Aquisgrán), el concepto de nación es sobre todo un sentimiento patriótico (hooligan), basado en principios discutibles (territorio, lengua, cultura...). Da igual que Hobsbawn haya demostrado que no hay forma de acotar una nación de forma objetiva. Y el trasfondo de todo seguramente es la reacción contra la globalización, la sacralización de una pretendida identidad como antídoto ante el vacío postmoderno.

Pero ése problema no es nuevo. Forma parte de la esencia del siglo XX.

Ahora el debate es otro. Y creo que es un error reproducir el viejo debate obviando que el mundo ha cambiado:

1. Existe un proceso de internacionalización evidente. Que no quiere decir globalización en el sentido clásico. Quiere decir superación de las coordenadas geográficas clásicas. Casi todo (medio ambiente, economía, cultura, religión...) está operando en escalas que nada tienen que ver con los límites del Estado nación. Los estados se quedan pequeños y obsoletos. Las leyes clásicas de la geografía se han ido a pique hace dos decenios (véase Harvey) y con ellas la escasa capacidad de maniobra de los estados.
Por ejemplo, Madrid es una ciudad europea conectada en una red de nodos metropolitanos altamente vinculados entre sí (y también compitiendo entre sí), mucho más que la capital de una Comunidad Autónoma o que un Estado. Como dijo con acierto Maragall "Madrid se va".

2. La ruptura de las leyes de la geografía ha creado estructuras discontinuas. Christaller ha muerto y con él, el concepto de región. Las relaciones sociales ya no se basan en la idea de territorio, sino en el modelo de grafo. Es una red sin territorio. Lo explica bien Verdú en su último libro.
En este paraje, el triángulo territorio - identidad - organización política ya no sólo falla por el vértice de la identidad (por la mezcla, la interculturalidad y bla bla bla): falla aún más por el vértice del territorio.

En resumen. El debate sobre la secesión (heredado del debate sobre la autoderminación del XIX y principios del XX) es un debate a renovar. El problema ya no es la definición de los límites de un estado, sino la naturaleza misma del estado.

Augie March dijo...

Y Augie se pone a hacer el mismo argumento esencialista idiota que Egocrata dice que es totalmente irrelevante. Criticar al nacionalismo usando un argumento nacionalista. Genial.

Tito el elfo, supongo que para ti controlar tus esfínteres es tarea harto complicada y no te da para mucho más. Texas no es una nación, Euskadi no es una nación y píntalo del color que quieras.

Veeeeeeeeeengaaaaaa, podemos jugar a que sí son una nación. Pero eso sí, hay que tener en cuenta que si jugamos a eso, el coste de que siga siendo una nación es más elevado del que la nación catalana puede asumir: vasos comunicantes, equilibrio...

Todo eso se dirime de que Cataluña, Euskadi y Texas no son una nación. ¿Argumento idiota? Idiota y necio es pensar que la Generalitat puede cargar con el coste de la nacionalización.

Augie March dijo...

¿Sabes lo que es el equilibrio térmico? ¿Sabes lo que cuesta tener tu casa caliente?

No existen fronteras naturales y sí muchos flujos migratorios. Cataluña no pertenece a España porque alguien lo haya decidido puntualmente así. ¿Tan complejo es eso para ti? Ahora bien, juguemos.

Egocrata dijo...

¿Es una unidad de destino en lo universal? Porque tu argumento va en esa dirección, que España es una esencia eterna con estado y el resto como no lo son, se joden.

Sin embargo, no hay razones objetivas para decir qué es una nación; su condición de tener un estado no es bastante. ¿Es Hungria una nación? ¿Lo era antes de la ruptura del Imperio Austriaco? ¿Lo es Eslovaquia? ¿Quebec?

Tu justificación para negar la legitimidad a otros es igual de historicista y vacia que la que ellos usan. Tito tiene razón.

Egocrata dijo...

A todo esto, fantástico comentario, Don-Aire. Siempre digo que como Barcelonés tengo más en común con alguien de Boston, Londres o Madrid que con alguien de Mollerussa o Igualada. Mi ciudad depende más de otras ciudades y compite con ellas más que con la Cataluña mitológica rural.

Augie March dijo...

Jajajaja, ¿negar la L-E-G-I-T-I-M-I-D-A-D? Eso es, ahí le has dado. Mira, a mí el tinglado ese de burguesía catalana me la trae al pairo. ¡Negar la legitimidad, uauuuuu¡

¿Es una unidad de destino en lo universal? Porque tu argumento va en esa dirección, que España es una esencia eterna con estado y el resto como no lo son, se joden.

¿Que mi argumento va en ese sentido? ¿En cuál? Claro, en el de España una, grande y libre, que fino has estado.

Sólo te falta el apelativo, venga, dímelo:

"farcista!!!"

Egocrata dijo...

No, no te llamo fascista. Te llamo esencialista, o nacionalista español si quieres.

Antipov dijo...

Augie, cuerpo, el lenguaje te traiciona: Cataluña no pertenece a España, por supuesto que no, formará parte de España o no pero nunca pertenecerá a España

MiguelNR dijo...

Son nación si sus ciudadanos dicen que lo son.

Es muy dificil sostener otra cosa.

Augie March dijo...

antipov, pocholo, hay que leer más. Te ahorrarás berrinches.

pertenecer.
(Del lat. pertinēre, con el suf. -scĕre).
...
3. intr. Dicho de una cosa: Referirse o hacer relación a otra, o ser parte integrante de ella.

Egocrata dijo...

Genial, argumento de diccionario de la RAE. Nulo.

Anónimo dijo...

Cataluña es una nación porque solo tiene mossos d'esquadra.Ya no hay policia nacional ni guardia civil.Se fueron hace un año.Gracias al estatuto de autodeterminación que hemos aprobado.

Fritz dijo...

Nación es un concepto jurídico que significa objeto único de soberanía, y el resto son peliculitas. La "nación cultural" tiene atributos culturales, no de derecho.

Tratar de convencer a la gente de que la cultura implica poder es un ejercicio demagógico y falaz. El asunto de la "identidad nacional" para la legitimidad del Estado fue un instrumento utilizado para apuntalar y fortalecer al Estado, no para dar libertad al pueblo. Ahora bien, juguemos, si el poder ha de venir determinado por que la gente hable español o cingalés, sea católico o budista, tenga una mayoría reseñable de rh´s positivos o el pelo de color morado, adelante.

Pero en ese caso que no lo vendan como algo racional y, sobre todo, que no pretendan luego que todos los ciudadanos sean iguales porque la cultura no se circunscribe a un ámbito institucional.

Saludos

PD: Los problemas técnicos de realizar un referéndum son, siendo estrictos, irresolubles. Es un poco como determinar qué es una nación cultural. Nadie -serio- duda de que además se rompe la soberanía nacional (la igualdad de los ciudadanos del Estado ante el poder, como "fuente" de poder y legitimidad) y que es difícilmente democrático; la salvaguarda práctica sería que la sede de la representación, el Congreso, lo aceptara, pero eso no ocurrirá así que ya se sabe en qué punto estamos en ese sentido.