El desarrollo imposible: Zimbabwe
Cuando se habla de desarrollo económico a nivel académico, los sesudos economistas, intelectuales y politólogos metidos en el tema tienden a dejar de lado el continente africano. No porque no sea pobre, poco interesante o porque su situación no sea preocupante; es una cuestión de desesperación.
Pongamos el caso de Zimbabwe. Durante el mes de septiembre, la inflación en este país africano de 12 millones de habitantes fue de un 8.000%. Sí, ocho mil. Los precios en un mes se multiplicaron por 80, algo que hace la compra como mínimo interesante. El problema es que este dato es ya lo de menos; el responsable de estadística del país ya ha dicho que para octubre no hay datos. No hay tiendas que vendan nada, vamos. Para qué calcular.
¿Qué narices lleva a un país como Zimbabwe a tener la economía destrozada de esta manera? La verdad, la respuesta es más sencilla de lo que parece; uno puede decir que cualquier error imaginable, idea alocada, cretinez corrupta, maldad, desastre e incompetencia posible han azotado el país de un modo u otro, y la verdad, el país está tan hecho una mierda que uno no sabe por donde empezar. Quizás tratar de combatir una tasa de inflación del 100.000% (estimado) es una buena idea, pero con los "instrumentos" a mano del "estado" de Zimbabwe es como tratar de hundir un acorazado con un matamoscas.
Con la inmensa mayoría de la población recurriendo al trueque, emigración, uso de moneda enviada desde el exterior o pasándose al rollo cazadores-recolectores, el estado en este país africano básicamente ha dejado de existir. La moneda, en esencia, no tiene valor alguno; toda la economía está lanzándose como puede a operar en dinero negro, sin que el estado tenga la más remota capacidad de recaudar o regular nada. Mugabe y los suyos, de hecho, están más preocupados en actuar como bandidos puros que cualquier otra cosa, el escaso poder estatal (basado en el más puro matonismo a estas alturas) se concentra simplemente en tratar de robar todo lo que puedan al desgraciado que les pase cerca, sea nacional, foráneo, pobre o rico.
El regimen de Mugabe, de hecho, ha sido básicamente una máquina de redistribuir renta de quien la tiene (sea poca o mucha) a los bolsillos de la dictadura. Este comportamiento ha destruido todas las bases de la existencia de una economía capitalista funcional: las reglas son arbitrarias, los derechos de propiedad no son respetados, el entorno no es estable, la información sobre el futuro sólo está en manos de unos pocos ladrones, y el éxito o fracaso de una empresa se basa no en su mérito económico sino en lo bien que caiga a la dictadura y el tamaño de los cañones que la respalden. Todo ello, evidentemente, con una ámplia dosis de cinismo, total falta de racionalidad económica y alegre desprecio a todo lo que no sea el lujo propio.
La verdad a estas alturas es difícil decir que Zimbabwe, como tal, exista. El estado esencialmente no está allí; el gobierno es un pequeño colectivo de matones armados capaz de mantenerse en el poder, pero nada de lo que hace tiene nada que ver con la realidad. El dinero que imprime no vale nada. Los controles de precios son inútiles. Y por mucho que encarcele a "especuladores", de hecho todo el país está haciendo exáctamente lo mismo. Las estadísticas que da el gobierno no tienen sentido, el control sobre el territorio es nulo, no hay estado.
Y eso sin hablar de SIDA (de lejos el país con las peores cifras en este sentido), las cada vez más frecuentes sequías, y el hecho que todo esto no le importa una mierda a nadie. Ni las multinacionales rapaces están ya por hacer nada; total, para que las nacionalicen, el país se meta en guerra civil o que ellas tengan que ejercer de estado por sí sólas, no tienen nada que hacer...
¿Cómo puede salir un país así de esta clase de pozo? La verdad, nadie sabe ya que hacer con ellos. No hay nada que funcione. Sólo derribando el gobierno actual, fusilando todos los responsables y milicianos, imponiendo el órden y creando una burocracia y un marco jurídico y funcional razonablemente cercano al de una república bananera se podría hablar de hacer reformas, y eso implicaría o bien un milagro de bondad eterna por parte de cualquier opositor que tome el poder, o una intervención militar neocolonial hecha por un ejército de elfos cantores. O eso, o el país sigue implosionando hasta que no queda nada y se han ido todos, y se puede empezar de cero, metafóricamente.
Puede que Bolivia lo tenga chungo. Es más, es posible que sea la mismísima Britney. Pero los bolivianos, al menos, tienen un gobierno que al menos tiene un relativo control del territorio a ratos, pretende (aunque sea en plan tarugo) tirar el país adelante, y bandidos que aprietan pero no ahogan.
El problema de África va más allá de vacunas, comida, comercio justo (aunque la verdad, eliminar todos los aranceles a imporataciones de países de la región sería el mejor regalo que podríamos darles) y Bono cantándoles baladas llenas de esperanza. En muchos, demasiados países, estamos hablando de empezar del cero más absoluto.
Un día de estos, con tiempo, será cuestión de repasar el origen del fracaso del África postcolonial y el origen de estos estados fallidos y dictaduras de rapacidad extrema. Lo que es importante tener en mente, sin embargo, es que el problema es más político que cualquier otra cosa, y muchas veces totalmente autoinflingido. Cuando la cosa es estructural, no podemos hablar de ayudas; sirven de bien poco.